Karamatsu despertó con lentitud y lo primero que vio fue el rostro durmiente de su novio, una sonrisa se le dibujo al instante. Al observar detenidamente se percató que ambos estaban desnudos, lo que trajo a su memoria lo hecho por la noche; se cubrió el rostro al sentir una combinación entre la alegría y la vergüenza.

- Buenos días.

La voz de Atsushi hizo saltar al Matsuno - Oh, estas despierto, buenos días – respondió tímidamente.

- ¿Dormiste bien? ¿Te duele algo? – cuestionó al pasar una mano por el cabello del otro, jugando con algunos mechones.

- Estoy bien, nunca estuve mejor – admitió con un visible sonrojo antes de acercarse y acurrucarse en el pecho del otro, considerando que podría quedarse en tal posición por siempre - ¡¿Qué hora es?! – se levantó abruptamente al recordar que debía ir a trabajar.

Atsushi no pudo evitar reír un poco por la reacción – tranquilo, le avise a Akemi que no asistirías hoy.

- Bueno, supongo que está bien, pero, ¿No sospechara de nosotros?

- Ah, sobre eso, ya lo sabe – confesó divertido por la mueca de su novio – prácticamente lo saben todos en la agencia.

- ¿Cómo es posible? ¿Quién se los dijo?

- Al parecer somos más obvios de lo que creíamos.

Karamatsu meditó lo escuchado, si todos lo sabían entonces podrían expresar su querer con mayor libertad, pero le preocupaba afectar al otro – Significa que, podrían asumir que el rumor es cierto – mencionó desanimado. Ante el silencio continuó – eso de que sales con cada modelo que has recomendado.

- Esas son tonterías – se sentó para estar a la par del otro – y en todo caso, no me importa lo que digan, solo me interesa tú opinión – aseguró al acercarse para besarlo.

- Supongo que, tendré que informarle también a mis Karamatsu girls de lo nuestro – bromeó a la par que sujetaba la mano ajena.

- Oh, creo que romperás muchos corazones – afirmó al abrazarlo para recostarse nuevamente.

El par disfrutaría un poco más de la compañía mutua, olvidándose por completo del resto del mundo.

Platicaron largo y tendido recostados cómodamente, tomaron una ducha juntos, desayunaron lo preparado entre ambos y se acomodaron en el sofá para ver un poco la televisión. Cual pareja en luna de miel, se comportaban tiernos y melosos.

Pero todo llega a su fin, y eso incluía su pacifico día, el cual fue interrumpido por el insistente timbrado del celular de Atsushi.

Karamatsu mantuvo su atención en su novio cuando este se dignó a responder, observando a detalle como la expresión malhumorada cambiaba a una de sorpresa, después a la aparente confusión y finalmente regresaba a una expresión de enojo - ¿Todo está bien? – preguntó en cuanto el otro finalizó su llamada.

- No realmente – respondió masajeando suavemente su sien – era Akemi, te necesita cuanto antes.

- ¿Él está bien?

- Sí, pero, tus hermanos se encuentran en la agencia.

La mente de Karamatsu quedó en blanco ante la noticia, sin saber cómo reaccionar o que decir.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Los cinco hermanos Matsuno se encaminaron temprano a la agencia de modelaje, tras su conversación del día anterior y ante la obvia preocupación por el segundo, Ichimatsu terminó confesando el lugar de trabajo del mayor, y a su pesar, el propio.

Tras una larga discusión con personal del lugar y guardias de seguridad, Akemi se hizo presente para resolver el problema.

Osomatsu se rehusaba a responderle algo al rubio, exigiendo solamente obtener la ubicación de su hermano, claro que, terminaría cambiando su actitud cuando un fornido hombre con apariencia de guardaespaldas intervino para presentarse como el entrenador de Kara, aclarándoles a la par que debían ser más educados con su jefe o lo podrían lamentar.

Ahora los ninis aguardaban en la zona de cafetería degustando unos refrescos mientras eran vigilados a la distancia por Max y otros trabajadores, cuestión que solo acrecentaba el mal humor del primogénito.

Karamatsu no tardó mucho en hacer acto de presencia acompañado de su novio, con el pantalón del día anterior y una camisa blanca prestada. Tan solo bastó que cruzara la puerta para que varios de los hermanos se levantaran casi en un brinco.

- ¡Por fin apareces! – Todomatsu fue el primero en hablar, se mantuvo de pie con las manos sobre la mesa y sin ocultar su descontento.

- No deberían estar aquí – contestó el segundo ignorando lo dicho por el más joven y dedicando una rápida vista a Ichimatsu, quien se limitó a esquivar la mirada, confirmándole así que el menor habría revelado el secreto.

- ¿Por cuánto tiempo pensabas seguir con la mentira? – increpó Osomatsu con los brazos apoyados sobre la mesa y las manos entrelazadas, su tono era calmado, contrario a lo que su semblante reflejada.

- Causaran problemas, vayan a casa – sentenció con frialdad el segundo.

- Escucha Karamatsu nii san – intervino Choromatsu – no vinimos a pelear, solo queremos aclarar unas cosas por tu seguridad.

Ante el rostro confuso del segundo Todomatsu tomó la palabra – Nii san, ya sabemos que tienes problemas – explicó al colocar en la mesa el sobre amarillo.

Karamatsu retuvo un momento el aliento – no tenían derecho a revisar mis cosas – se quejó en un vano intento de desviar el tema.

- No es el punto – Osomatsu habló nuevamente – Sabemos quién es y ahora podemos hacernos cargo.

- ¿Karamatsu? – Atsushi le nombró con claro desconcierto ante el tema hablado.

El sextillizo oprimió los labios sin saber cómo explicarle a Atsushi lo que estaba ocurriendo.

- ¡Tranquilo Karamatsu nii san! – El de amarillo salto en su lugar – esta vez no lo dejare ir, lo citaremos en un callejón sin policías cercanos – anuncio con emoción, como si estuviese hablando de cualquier travesura infantil.

- ¿Qué has dicho? – preguntó en voz baja Karamatsu.

- Oh, lo siento – el menor se cubrió la boca al instante y miró al de rojo que rascaba su nuca con aparente frustración.

- Ya no importa – Osomatsu sacó de su bolsillo el teléfono de carcasa azul, extendiendo el brazo en una clara indicación de entregárselo a su respectivo dueño.

- ¿Lo tuviste todo este tiempo? – cuestionó furioso mientras se acercaba.

- Solo lo use para saber más del tal Kanaye, no tienes por qué causar un alboroto – explicó el primogénito con clara molestia.

Karamatsu dio un manotazo a la mano del mayor, provocando que el móvil cayera estrepitosamente – Eres un idiota – alegó furioso.

- ¿Qué demonios pasa contigo? Intento protegerte. Queremos ayudarte – aseguró con un tono similar al otro.

- ¡No te necesito! Nunca se interesaron en mi o mis asuntos, ¿Por qué ahora? – ante la ausencia de respuesta prosiguió – es por Atsushi ¿Cierto? Porque encontré a alguien que me aprecia y ustedes tenían que intervenir de algún modo.

El resto de sextillizos se mantuvo en silencio, la mayoría de trabajadores que presenciaron la escena optaron por marcharse, mientras unos pocos se quedaban a terminar de ver el espectáculo.

- Será mejor que se retiren – opinó Atsushi al acercarse para colocar una mano en el hombro de Kara, intentando así transmitirle un poco de seguridad.

- No te metas niño rico, esto es entre hermanos. Ojala nunca se hubiesen conocido – advirtió hostilmente Osomatsu.

- Suficiente… - murmuró Karamatsu antes de tomar el refresco más cercano y arrojarlo sobre el de rojo – No permitiré que le hables de ese modo.

Los cuatro hermanos restantes reaccionaron por inercia al levantarse y retroceder un par de pasos, apenas siendo salpicados por la soda.

- Sí así lo quieres – Osomatsu limpio su rostro con una mano antes de imitar la acción previa y arrojarle también una bebida, en seguida se lanzó contra el menor para sujetarle por la ropa, provocando que ambos cayeran de forma abrupta.

Los presentes nombraron al unísono a quienes comenzaban a pelear, sin tiempo a perder se apresuraron a separarlos, siendo Atsushi quien sujetó a su novio mientras al otro lo detenían Choromatsu y Jyushimatsu, logrando así evitar un mayor daño fuera de las prendas mojadas y arrugadas.

- Este no es un lugar para pelear – la voz de Max se fue escuchando al acercarse a los sextillizos – compórtense como los adultos que se supone que son – finalizó su reprimenda al posicionarse entre Oso y Kara, cruzándose de brazos para enfatizar su descontento.

El de rojo rechisto en respuesta mientras Kara bajaba la mirada arrepentido – Lo siento Max.

- Claramente tienen algo importante de que hablar, pero si no se calman todos tendrán que marcharse – indicó el hombre relajando un poco su postura – deberían cambiarse – refirió por las notorias manchas en ambos.

- Estoy bien – aseguró Osomatsu cuando sus hermanos le liberaron, retirándose la polera y quedando solo con una camiseta blanca.

Por su parte, Karamatsu observó la camisa, no tenía otra prenda debajo por lo que accedió a la sugerencia.

- ¿Puede alguien acompañarle? – cuestionó el hombre hacia los trabajadores que seguían en el lugar.

- Lo haré yo – respondió un chico de gorra cerca de la puerta.

- Vamos Karamatsu – indicó Atsushi.

- Esta bien, aguarda aquí por favor – pidió en voz baja, inseguro aun de como explicarle lo ocurrido – prometo decirte todo, solo esperame.

Atsushi solo asintio antes de verlo marcharse.

El ambiente se volvió incomodo en cuanto Kara se marchó, los menores se dedicaron a levantar lo que cayó de la mesa, Osomatsu y Atsushi se mantuvieron de pie, dedicándose miradas retadoras pero sin hacer ningun movimiento ante la atenta vigilancia de Max. El resto de espectadores por fin optaron por marcharse.

Karamatsu fue guiado hasta uno de los tantos vestidores, maldiciendo internamente por la situación y la forma tan abrupta en la que su perfecta mañana habría acabado. Al ingresar en el cuarto comenzó a desabotonar la camisa sin prestarle mucha atención al chico que le acompañó.

- Ponte esto – indicó el otro al extenderle una prenda.

El sextillizo dejo la camisa abierta al recibir la ropa. Su mirada se quedó fija en la tela azul que reposaba en sus manos, su usual sudadera.

- Te encontré – habló animadamente su acompañante, retirando la gorra para dejar ver la pelirroja cabellera.

El Matsuno se congeló al ver a Kanaye - ¿Cómo...? – su pregunta quedo inconclusa, ligeramente temeroso por las últimas acciones del otro no tenia en claro siquiera que cuestionar.

- Tus hermanos causaron mucho alboroto en la mañana, pero eso mismo me permitió entrar sin ser visto, deberé agradecerles luego, aunque sigo un poco molesto con dos de ellos, ¿Sabias que me amenazaron para alejarme de ti?

Karamatsu se limitaba a escucharlo, considerando sus opciones la mejor idea era un enfrentamiento, después de todo, ahora no estaba bajo la influencia de ningun narcótico.

- No lo sabias ¿Cierto? ¡Claro que no! – Se respondió al instante – tú mismo lo has dicho, ellos solo se entrometieron, claramente están celosos de lo nuestro.

- ¿Lo nuestro? – repitió con una extraña sensación en el estomago. ¿El masajista habría enloquecido?

- Lo se, lo se, quizá hemos tenido un par de tropiezos, pero estoy más que seguro que nuestro destino es estar juntos.

- ¿Como puedes llamar tropiezo a lo que me has hecho? – Cuestionó con verdadera furia – tú enviaste esas amenazas a mi casa.

- ¡Estas confundido! Nunca te amenace, solo quería demostrarte que estaba ahí para ti, cuidándote ¿Te gustaron las fotos? El idiota de mi ex jefe creyó haberme quitado todas – se jactó sin demostrar vergüenza por sus actos.

Karamatsu frunció más el ceño al comprender que el masajista fue el responsable del acoso desde un inicio – Estas loco, nunca debí confiarme.

- Comprendo que estes un poco molesto, todos te han mentido con ideas erróneas y ahora estas confundido. Pero ya estoy aquí, podemos arreglarlo – aseguró al extender los brazos en una clara invitación.

- Ni siquiera estas escuchando. ¡Yo ya tengo a alguien!

- ¿Eh? ¿Ese amiguito tuyo? Él no sabe apreciar tu verdadero valor, solo se fija en tu físico, pero yo soy diferente, veo la belleza interior que posees. Pero no debes preocuparte, él no será un problema.

Karamatsu dudó de seguir replicando cuando le vio sacar de entre sus prendas un cuchillo mediano de cocina.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Osomatsu y Atsushi estaban sentados ante una de las mesas, frente a frente se mantenían en silencio. Tras unos minutos de ausencia por parte de Karamatsu, el mayor de los sextillizos no soporto estar más tiempo callado, terminado por contarle absolutamente todo y provocando el actual tenso escenario.

Atsushi meditaba la situación, ligeramente dolido porque su novio no tuviese la confianza de contárselo antes, pero a la vez comprendiendo el problema.

- Quiero que Karamatsu regrese a casa, en donde podre vigilarlo – indicó Osomatsu repentinamente ante la sorpresiva expresión de sus hermanos menores que desconocían dicho plan y se limitaban a escuchar.

- Dudo que sea buena idea, lo mejor será dar parte a las autoridades y dejar que se encarguen – alegó Atsushi con calma.

- ¿Qué pasara si ese tipo se acerca primero? ¿Cómo vas a proteger a Karamatsu? ¿Arrojando un fajo de billetes? – cuestionó con burla.

- Si con mi dinero puedo asegurar su bienestar no dudare en hacer todo lo que este a mi alcance, conseguiré el mejor sistema de seguridad, contrataré guardaespaldas, lo sacaré del país si es necesario – aseguró al levantarse – y si todo eso no es suficiente, daré mi propia vida para protegerlo.

Osomatsu sentía una vena saltar en su frente ante la insolencia del otro - ¿Por qué asumes que él siquiera se marcharía?

- A estas alturas estoy más que seguro de que aceptaría.

- ¡Hey, ese es Karamatsu nii san! – interrumpió repentinamente Todomatsu al acercarse a la ventana, observando a través de la misma que el segundo caminaba por la acera.

El resto no tardó en acercarse para confirmar lo escuchado, el sextillizo de sudadera azul andaba aparentemente acompañado por otro chico.

Los primeros en salir corriendo fueron Osomatsu y Atsushi.

XXXXXXXXX

Gracias por leer (^_−)