Capítulo 2
La unión
Tres meses después del primer encuentro los preparativos estaban por fin listos. El día de su boda estaba por celebrarse a nada menos de un cuarto de hora; y con toda la pompa y el estilo de Konoha en pleno esplendor. La multitud de gente acampando afuera del palacio para poder ver a la princesa salir hacia la iglesia era gigante, niños y adultos esperando poder tener algún vistazo exclusivo del cual hablar al día siguiente. Sasuke echó nuevamente un vistazo por la ventana para comprobarlo.
—¿Qué? —Escuchó la voz de su padrino de bodas, Suigetsu. —¿Estás planeando escapar por ahí? —Hizo una mueca examinando la vista con sus ojos color violeta. —Yo no te lo recomendaría, creo que sería más inteligente escapar por el área de servicio.
Sasuke lo miró pesadamente. —No digas tonterías. Sólo por hoy y como regalo de bodas, por favor, cállate Suigetsu.
El joven de cabello blanco soltó una risotada ante la respuesta de su amigo. —Bueno, tampoco es como que reflejes mucha felicidad por tener que casarte. —Empezó a acomodar en grueso moño rojo del smoking de bodas negro del azabache.
Sasuke detuvo su mano, entonces, se acomodó él mismo el moño y el ramillete del bolsillo. —No estoy contento con la situación, claro está. —Camino hasta encontrar un espejo dónde mirarse. —Pero...
—¿Pero? —Suigetsu lo interrogó con una mirada brillante de curiosidad, esperando que su amigo le confesara algo jugoso e interesante.
—Pero daré mi mejor esfuerzo ya que tengo que hacerlo. —La voz de Sasuke era algo fría.
Su amigo hizo una mueca desagradable. —Sonaba más interesante la idea de escapar del matrimonio concertado por el área de servicio. —Comentó sarcástico.
Sabía que las palabras de su amigo nunca eran en serio. De hecho, el noventa por ciento de las cosas que Suigetsu decía, jamás iban con seriedad. Le agradaba su amistad debido a eso, él siempre era serio y su amigo despreocupado, hacían una especie de personalidades contrastantes bastante interesante. Sin contar, obviamente, los largos años de amistad entre ambos que ayudaban a soportar las diferencias de uno y otro.
La primera vez que se conocieron fue en el instituto a más de una década atrás, entonces, fueron buenos amigos hasta el día que estuvieron graduados. Nunca perdieron el contacto a pesar de que Sasuke tuvo que regresar a vivir bajo la vista de su padre biológico, y de que Suigetsu aplicará para entrar a una universidad en el extranjero.
—Algún día te casarás, y estarás en la misma posición que yo. —Le recordó. —Tal vez no tengas que hacerte cargo de un país entero, pero la empresa de tu familia no puede quedar en
el olvido y el peso recae en tus hombros. Tarde o temprano tus padres te exigirán que continúes el legado.
—Me gusta disfrutar de mi libertad. Creo que llegué a la conclusión de que no puedo pertenecer a una sola mujer. —Bromeó. —Agh, te envidio tanto. Si tan solo mi religión me permitiese tener más de una esposa como a ti, todo sería más fácil.
—Eres un idiota. —Concluyó. Ahora estaba acomodando un par de gemelos de oro con esmeraldas.
—Soy un idiota pero soltero. —Hizo la observación. —Ahora dime, ¿Qué piensas hacer con tu nueva esposa una vez que acabe la ceremonia? —Preguntó. —Me refiero al futuro, no quiero escuchar la parte pervertida de la noche de bodas.
Rodeó los ojos negros. —¿Qué más haré? Pues claro que llevarla a Suna, no tengo tiempo para darle un viaje de Luna de Miel ni tampoco tengo la intención de hacerlo. El consejo está esperando conocer a mi esposa lo antes posible para poder nombrarme heredero. —Explicó.
—¿Se lo has contado ya?
Sasuke asintió. —Estos días estuve visitando a Sakura, y le comenté la necesidad que tengo de regresar a Suna tan pronto como se firme el acta matrimonial. Pareció no tener objeción alguna.
—O eso es lo que te dijo, pero ninguna mujer estaría contenta de irse a un lugar en medio de la nada sin una sola persona conocida.
—¿Qué? ¿Ahora eres experto en mujeres?
—Siempre lo he sido —Guiñó uno de sus ojos.
En la otra punta, lejos de la habitación dónde el novio se arreglaba, una temblorina pelirrosa enfundada en un frondoso vestido blanco que ni siquiera le permitía respirar bien, estaba recibiendo los últimos arreglos antes de partir a la iglesia.
—¿Es muy hermosa, no cariño? —La duquesa Mebuki estaba en la habitación, colgada del brazo de su esposo mientras observaba con mucho orgullo a su hija. —Siempre supe que Sakura nació para ser mucho más que una simple princesa secundaria. No se merece nada menos que el título de reina.
Su madre, Mebuki había nacido como la prima de la reina Tsunade, y el mayor título al que pudo aspirar conforme crecía era el de "Duquesa" algo que claramente le parecía muy poca cosa, teniendo en cuenta el status de sus familiares. Afortunadamente para ella, el Rey
consorte Dan falleció pocos años después de su boda con la Reina, dejando a esta devastada y sin intención de volver a casarse. Y claramente: sin un heredero al trono. Por lo que su querida Sakura fue la única princesa nacida dentro del castillo. Mebuki suspiró de alivio cuando esto sucedió, pensando que Sakura sería incluída en la línea sucesoria como heredera directa de Tsunade.
Hasta que poco menos de un año y seis meses después de que ella diera a luz, el hermano de la reina, Minato, tuvo un hijo varón al que llamó Naruto. Esté siendo sobrino directo de Tsunade, no como Sakura que era su sobrina secundaria, recibió el título de príncipe heredero. Su sueño se esfumó tan pronto como llegó.
Pero no todo estaba perdido, el matrimonio que decidió para su hija traería múltiples beneficios para Konoha, pero aún más, pondría en la cabeza de su niña la corona de un reino.
Sakura por supuesto odiaba las ideas tan clasistas que madre tenía sobre el "status" que ella se merecía, y del cual creía que era merecedora únicamente por ser su hija. Su padre, Hizashi, solo la escuchaba fingiendo interés, pero realmente él no era un hombre al que le agradara complicarse la vida con los discursos de su mujer, por lo que, simplemente hacía un comentario banal de vez en cuando fingiendo estar interesado en el tema.
Estaba preocupada porque no quería estar encerrada en algo como lo de ellos. Un matrimonio dónde lo único que existe es respeto pero no amor, y lo que más le molestaba era que ella misma nunca había conocido otra cosa que no fuera eso. Todos los matrimonios nobles que conocía eran lo mismo, personas que se casaban por intereses mutuos sin una pizca del ingrediente llamado 'cariño'. Algunos terminaban en divorcio, otros soportandose a duras penas como sus papás. ¿Cómo podría escapar de un matrimonio así cuando ni siquiera conocía el amor?
La vida del cuento de hadas con un príncipe azul que llega a rescatar a la princesa en peligro para enamorarse 'a primera vista', no eran más que mentiras dramatizadas por la películas y series de televisión. Las princesas en realidad no viven un cuento de hadas. Ellas viven con responsabilidades dictadas desde su nacimiento, y a la cuáles no se pueden oponer por más que quieran.
Cerró los ojos sin sentir que el tiempo ya había corrido lo suficiente para que su madre le recordara que ya era hora de proseguir. Tenían planeado llevarla hasta la capilla en un carruaje blanco con corceles, así podría saludar al público que se arremolinaba en las calles hasta la iglesia.
Sasuke estaba de pie junto al altar, con su mejor amigo al lado de él. En el trono a la derecha del sacerdote estaba sentada la Reina Tsunade en finísimo vestido discreto de color azul zafiro. Frente a él, en la primera banca estaban los miembros de la familia real de Konoha: El príncipe
heredero Naruto, sus padres, después sus futuros suegros y otros tíos y primos lejanos de su -en pocos momentos- esposa.
De parte del novio solo asistía Suigetsu, algunos representantes de los funcionarios de Suna y su querida hermana Izumi Uchiha, quién había bajado de un avión esa mañana puntualmente solo para asistir a su boda. Sasuke sonrió por lo bajo.
Las campanas sonaron anunciando la llegada de la novia, sin embargo, Sasuke no pudo alcanzar a visualizarla bien ya que frente a ella caminaban un total de quince o veinte niñas vestidas de blanco y cantando en coro. A medida que Sakura recorría el largo pasillo que la haría llegar frente a él, podía observar un poco más, siendo más consciente de los detalles en el encaje de su ajuar o en el ramo de narcisos blancos que sostenía temblorosamente. Parecía un espectáculo divino, como un ángel entrando al cielo y llenando de luz la habitación.
Sakura tampoco pudo evitar notar lo guapo que Sasuke era con su espalda ancha cubierta por su traje, su perfecta estatura que le sacaba cuando menos una cabeza de más. Le temblaban las piernas solo de visualizar lo atractivo que era.
La ceremonia prosiguió de acuerdo a lo planeado, intercambiaron los votos y los anillos de oro blanco antes de recibir la bendición del sacerdote y la reina respectivamente. Terminaron firmando los papeles y el acta de matrimonio legal para después salir fuera de la iglesia como una pareja casada y saludar a los habitantes que esperaban fuera, así como a las numerosas cámaras de noticieros -probablemente de todo el mundo- que acudieron a obtener la exclusiva de la boda del año entre dos príncipes, algo muy jugoso que estaría protagonizando portadas y notas de revisitas por meses.
A Sakura le dolían los pómulos de tanto forzar una perfecta sonrisa cuando se encontraba de vuelta a su habitación. La recepción se había llevado a cabo en el salón exclusivo de la reina. También le dolían los pies por bailar con numerosas personas a lo largo de la noche, además del vals con su marido, Sakura bailó con los caballeros más importantes de Konoha, y algunos otros miembros de la realeza europea que acudieron a su boda para estrechar lazos políticos con Konoha.
Dos de sus mucamas la ayudaron a quitarse el pesado e incómodo vestido y a deshacerse del elaborado peinado hecho por los estilistas, dejando sus mechones rosas caer libremente por su espalda. Se puso una bata de seda color crema anudada por la cintura.
—Su alteza. —Se dirigió una de las dos mucamas. —Su madre me ha pedido informarle que partirá a Sunagakure mañana por la mañana.
Sakura caminó hacía la salita de estar de su habitación. —Está bien. —Respondió amablemente. —¿Otra cosa?
La chica que tenía los ojos saltones, asintió repetidas veces, dándole a Sakura la impresión de que sus ojos eran más saltones de lo que ya había notado previamente. —Pidió que se alistará para dormir en la habitación del Jeque.
—¿Es eso necesario? —Preguntó. Sakura tomó el control del televisor y lo encendió. —¿No quiere también enviarme un séquito de doncellas que se queden afuera de la habitación del Jeque esperando la confirmación de mi desvirgamiento? Tal cual edad media —Fingió escuchar un programa mientras hacía lo mejor por ocultar su enojo.
—Espero no ofenderte, mi señora, pero su madre así me lo específica. —Tenía razón, no podía culpar a la mucama por seguir las órdenes que le habían dado. Además ahora era una mujer casada, y siguiendo la anticuada línea de pensamiento de su madre, debía estar donde su marido estuviese.
—Está bien. —Respondió.
Cuando la noche comenzó a caer Sakura fue conducida por sus dos mucamas hasta la habitación de Sasuke. Tocaron la puerta y le permitieron entrar. Las mucamas desaparecieron tan pronto ella cruzó el umbral de la habitación. Cerró la puerta tras de sí y permaneció estática apreciando la suite en tonos café chocolate, oscura y con acabados elegantes que combinaban a la perfección con el pelinegro.
Sasuke estaba sentado frente a una mesa de centro de mármol, ojeando un puñado de papeles. Despegó su vista para encontrarla.
—Adelante. —Repitió. Notaba a la joven bastante inhibida, como temblorosa por dar un paso más dentro de la habitación. —Tus cosas han sido traídas aquí, puedes tomar un baño o cambiarte si lo deseas. Mis recomendaciones personales son que descanses lo suficiente, puesto que el viaje hasta Suna será muy largo —Informó.
Sakura entró poco a poco. No llevaba nada con ella más que un simple vestido color morado que se había puesto rápidamente antes. —Gracias. —Respondió por lo bajo.
El joven se levantó de su asiento hasta encontrarse con ella, tenía la intención de mostrarle rápidamente el interior de la suite de modo que no se sintiera como una desconocida. Ella notó que Sasuke era amable.
Claro, que era un gesto que sabía desde antes. En los tres meses que habían transcurrido desde la confirmación de su compromiso, Sasuke se había alojado en el palacio, visitandola de forma constante para conocerse un poco mejor. Salían de paseo, o a dar caminatas por los jardines y hablaban de sus respectivos intereses.
Descubrió que a Sasuke le gustaba la equitación y el ajedrez, que era bastante bueno en las partidas de polo y que odiaba el golf, pero lo jugaba de vez en cuando cuando Suigetsu lo invitaba al club. Si bien ya no eran completamente extraños, tampoco estaba segura de que fueran demasiado cercanos. Esos fueron los pensamientos que inundaron sus cabeza mientras tomaba su primer baño de casada.
Cuando salió decidió vestirse con uno de sus camisones preferidos de seda rosa oro y le quitó el exceso de humedad a sus cabellos con la secadora.
Afuera Sasuke estaba ya sentado sobre las sábanas de la cama. Hasta ese momento ella no había alcanzado a hacerse la idea de que tendrían que compartirla. Miró a todos lados con algo de vergüenza, como buscando una piedra para esconderse -la cuál obviamente no encontró- simplemente la amplia habitación, la sala de estar y el área del vestidor. La última era su mejor opción para desaparecer.
—¿Hmp? —Sasuke la miró, dándose cuenta de sus evidentes nervios. —¿Necesitas algo Sakura? —Preguntó ligeramente captando su atención.
—Yo- yo... —Ella trató de buscar una excusa lo mejor creíble para poder decirle que quería dormir en el vestidor. Sasuke levantó una de sus cejas negras.
Cuando se rindió en buscar su excusa, Sakura caminó tomando la mayor valentía para posicionarse en la cama de Sasuke. Logró escabullirse debajo de las cobijas, escondiendo todo su cuerpo bajo ellas.
Sasuke notó su actitud cada vez más rara. —¿Segura que estás bien durmiendo a mi lado? Puedo escoltarte a tu habitación si no te sientes cómoda...
—Pero... —No terminó la pregunta. Se tapó hasta el cuello con el extremo de una manta.
—¿Pero? —La incentivo a responder.
—Es nuestra noche de bodas... Mi madre quiere que la pasemos juntos. —Ella se sonrojó un poco.
Sasuke soltó una pequeña risa y dejó el libro que sostenía en la mesita de noche. De pronto se hundió cada vez más de las sábanas y se acercó hasta estar más cerca de ella, tomándola por la cintura.
—¿Sabes lo que eso significa? —Acercó peligrosamente su labios a su cuello.
Desde que la conoció Sasuke había concluido que era más que hermosa, por lo que desearla no era para nada un reto ni un martirio. Al contrario, se encontraba cada vez más tentado a consumar el deseo que Sakura despertó en él aquellos tres meses.
Se despegó de ella, soltando su mano que estaba alrededor de su cintura y se acomodó a su lado. —Cuando se trata de placer debes pensar en ti, no en tu madre Sakura.
Ella sintió su fría mirada apagar todo lo que previamente había encendido sintiendo su calidez cerca de ella. Había jugado un poco con ella, y ella quizás estaba algo molesta por eso.
Sakura se volteó dándole la espalda y sin dirigirle una sola palabra.
—Oye, si estás enojada dímelo. Presiento que estás acostumbrada a guardar las cosas y hacer lo que tú madre diga. —Le dijo después de unos segundos. —Perdón si te moleste, pero no me gustaría hacerte el amor mientras hablas de tu mamá.
—Eres alguien bastante peculiar ¿Nunca te lo habían dicho? La mayor parte del tiempo finges no prestarle importancia a nada y ser alguien serio, pero en realidad eres bastante observador, directo, y tienes un lado bromista bastante sarcástico. —Respondió algo enfadada.
—Lo digo por tu bien. Desde que entraste a esta habitación se nota claramente que estás nerviosa. No quiero que sientas que tienes la obligación de acostarte conmigo solo porque estamos casados. Podemos esperar un tiempo para que te sientas más cómoda con la idea.
Sakura se sentó a un lado de él, apoyándose en el cabecero de la cama. Jugando con sus dedos venció un poco la vergüenza que tenía por decir lo que tenía en mente.
—Hoy durante la boda me pareciste bastante atractivo. —Estaba más sonrojada y le había costado mucho juntar el valor para hablar. —Es sólo que no sé cómo decirlo, es una sensación nueva para mí. —Confesó.
Sasuke extendió una mano hacia ella tratando de hacerla mirarlo a los ojos. Parecía no mentir. —¿De verdad, Sakura?
Ella asintió con timidez. —No estoy muy contenta con este matrimonio, como supongo que tú tampoco lo estás. Pero... me gustó hace un momento cuando te acercaste a mi cuello, creo que eso es lo que se siente cuando te atrae alguien ¿No?
—Vaya... —Bajo la mano hasta su cuello y lo acarició. —Con que también sabes ser directa con lo que quieres. Bueno es un punto en común.
Ella agachó la mirada, pero después volvió a alzarla está vez más decidida. —Pero si eres tú quien no está listo, podemos esperar, Sasuke. —Sasuke rió al notar que ella le estaba devolviendo sus mismas palabras.
Respondió besando su suave piel. Sakura sintió como cada folículo en ella comenzaba a erizarse a medida que la lengua de su marido descendía hasta llegar gustosamente al ángulo de su acromio. — Y también eres buena en las bromas con sarcasmo. Otro punto en común.
El azabache removió el tirante de su camisón para tener un mejor acceso a la piel de su hombro, la cual besaba. Por instinto Sakura arqueó su espalda un poco hacía él, haciendo que la tela cayera dejando descubierto una porción de su pecho. Aunque los ojos de Sasuke ya eran casi negros, ella podía jurar que los notaba aún más oscuros y dilatados. No sé resistió un segundo más y acarició sus labios con los suyos, atrapandolo después en un beso largo que la dejó sin respiración.
La recostó sobre el colchón y terminó de retirar su camisón, debajo Sakura no llevaba sostén por lo que pudo apreciar sus rosados pezones erizados, ella trató de cubrirse con sus manos pero él la interceptó, pegando su vista a ella durante momentos que parecieron eternos.
Sakura se ruborizó. —¿Está todo en orden? —Logró preguntarle. —Sé que no soy tan menuda como otras mujeres pero...
Él la tomó del brazo y la pegó a su torso, impidiendo que continuara hablando. —No me interesa compararte con nadie. —Susurró antes de meter uno de sus tersos pechos en la boca. Sakura dejó salir un pequeño gemido con una seductora voz que hasta ese momento no sabía que tenía. Sasuke continuó jugueteando con sus senos, utilizando la lengua para recoger el sabor que venía de ella, quién sentía la necesidad de gemir cada vez un poco más fuerte.
—Sasuke... —Dijo en un suspiro, sintiendo la mano de él bajar hasta el nivel de sus bragas y haciendo a un lado la tela de estás para colar sus dedos entre sus piernas. Él se sentía más excitado cada vez que repetía su nombre con voz entrecortada.
—¿Qué? —preguntó seductoramente. Removió sus bragas por completo e insertó primero un dedo dentro de su cavidad vaginal.
Sakura soltó un grito.
Preocupado, Sasuke trató de sacarlo pero ella lo detuvo. —Estoy bien.
—¿Segura? Si te duele debes decirme para parar. —Trataría de que su primera vez fuera lo más placentera posible.
—No me dolió. —Respondió ella. —De hecho me está gustando bastante. —Confesó.
Él se acercó y beso su labios. —Relajate ¿Está bien? Déjate llevar por la excitación y te prometo que no dolerá. El sexo no debe doler Sakura, por favor dime si sientes que te estoy lastimando.
Ella asintió y él volvió a hundir su dedo, con la otra mano empezó a frotar su clítoris con los dedos para estimularla de una forma más eficaz. La respuesta de la pelirrosa fue a base de gemidos, Sasuke sonrió y cuando estuvo lista introdujo un segundo y tercer dedo en ella hasta que Sakura ya no pudo contenerse más. Volvió a depositar varios besos en sus pechos mientras ella se recuperaba.
La joven notó que su marido se puso de pie para comenzar a desvestirse, se sacó primero la camisa del pijama y después los pantalones, ella notó que a través de los calzoncillos su erección era ya bastante visible y grande. Su pecho musculoso volvió a robarle el aliento mientras el pelinegro terminaba de desnudarse.
—¿Estás segura? —Preguntó justo antes de acomodar los muslos de ella a su alrededor.
—Lo estoy. —Respondió decidida. Por mucho que estuviera en contra de su matrimonio no podía ocultar que Sasuke le gustaba sexualmente.
El introdujo su pene en su vagina con mucho cuidado, dejando unos segundos a qué ella se acostumbrara a la nueva invasión, y entonces comenzó a moverse lentamente. Sujetó las caderas de su esposa y ella apretó sus piernas más fuerte en él.
—Te sientes tan bien, Sakura. —Soltó en medio de jadeos. Dentro de ella se sentía cálido y algo estrecho, sensación que le agradó desde el principio, y que a medida que aumentaba la velocidad de sus movimientos le gustaba más.
—¡Sasuke! —Sakura repetía su nombre a gritos mientras se agarraba con fuerza a las sábanas. Sus mejillas rojas y los labios hinchados pidiendo por más lo tomaron por sorpresa.
—Aquí estoy. —Dió una estocada con un poco más de intensidad, Sakura gimió melodiosamente.
Continuó hasta que terminaron. Después lo hicieron dos o tres veces más, Sakura perdió un poco la cuenta debido a lo cansada que estaba. De hecho, la mañana siguiente cuando abordaron el jet privado, Sasuke notó sus ojeras con las ganas de dormir reflejadas en sus ojos y le dijo algo como: "Te dije que descansaras bien porque el vuelo será pesado" antes de caer dormida en el avión todo el camino a Sunagakure.
Cuando volvió a abrir sus ojos esmeraldas, se encontró con un lugar desconocido. Parpadeo varias veces obligando a sus ojos a acostumbrarse a la luz del sol que entraba por las ventanas de los mosaicos. Estaba en una cama con un dosel hermoso que la ocultaba de la vista de fuera, Sakura abrió la cortina del dosel y se levantó.
Observó el lugar con detenimiento. ¿Estaba ya en Suna? ¿Dónde estaba Sasuke? Los decorados tradicionales del papel tapiz y los vitrales estilo árabe en los mosaicos de las ventanas respondían su primera pregunta.
Todo el decorado de la habitación era quizás con influencia del estilo persa y marroquí. Frente a la cama había un gran diván de telas preciosas y una pequeña sala, de hecho era muy espaciosa.
Una mujer enfundada en un traje de punto entró en ese momento y Sakura dió un paso atrás. Llevaba una bandeja con comida y la depositó en una mesita cercana. Era rubia y muy hermosa, definitivamente no era la hermana de Sasuke, a quien conoció durante la boda.
La chica se acercó a ella después de acomodar los cubiertos. Se inclinó en una reverencia. —Buenos días Jequesa. Permítame presentarme, soy Ino Yamanaka y fuí asignada por la princesa Izumi como su nueva dama. —Sus ojos azules resplandecían de emoción. —Le he traído el desayuno, el Jeque ordenó que no la despertaramos y la dejáramos descansar. Aquí en Suna ya es de medio día.
Sakura hizo una mueca de horror. Odiaba despertar tan tarde. Sin embargo, ignoró aquello ya que su estómago rugía de hambre. Ino le explicó el menú rápidamente y empezó a comer.
—¿Dónde está mi marido? —Le preguntó.
—El Jeque ha tenido que salir está mañana muy temprano, tiene asuntos de negocios que tratar, pero estará en el palacio para tomar la cena con usted.
Sakura agachó un poco la mirada. ¿Estaba tan ocupado que tenía que desaparecer justo en su tercer día de matrimonio? Ignoró aquello, no se pondría a llorar porque no era una colegiala enamorada.
—¿Puedo referirme a usted cómo señora, o prefiere alteza, Jequesa?
—Mejor Sakura. ¿Qué te parece?
Ino sonrió. —Señora Sakura, le explicaré todo. Esta es su habitación, fue elegida especialmente para usted por el Jeque, bueno ya pudo probar lo cómoda que es la cama, y esta es la estancia. Pero en la habitación contigua de allí se encuentra el baño y el vestidor, además de un salón completamente privado para usted sola. Allí puede invitar a sus amigas a
tomar el té, o ver un poco de televisión. Cualquier cosa, este espacio es solo de usted. Ya acomodé sus maletas en el vestidor.
—Muchas gracias Ino. —Dijo después de dar otro bocado a su pan tostado. —La verdad tengo muchísima ropa, debió ser cansado para ti. ¿No estorbo con la ropa de Sasuke? —Inquirió.
Ino se puso casi pálida. —En realidad no, señora Sakura...
—Hmmm que raro, usualmente ocupo yo sola un armario completo.
Su dama de compañía tomó aire antes de proseguir. —El Jeque no ocupará esta habitación, pero se encuentra muy cerca de aquí, de hecho cruzando el corredor al fondo está la habitación de él.
Sakura dejó caer su mordisco. —¿Estás diciendo que él no va a dormir aquí?
La otra asintió. —Verá, el Jeque está muy ocupado, especialmente en estos momentos que se está arreglando su designación como príncipe heredero, y como futuro Rey. Debido a que trabaja mucho ha decidido no molestarla ocupando la misma habitación, él dijo que podría entrar en la madrugada y turbar su sueño.
Sakura suspiró, tratando de ignorar el hecho de que se sentía abandonada tan pronto como había llegado. No volvió a decir más y se concentró nuevamente en su desayuno.
