Capítulo 3
Saliendo del Cristal
A medida que pasaban los días Sakura descubrió en Ino una persona bastante servicial y agradable. Durante la mañana la mañana la rubia se encargaba de servirle el desayuno y elegir su atuendo del día. Sakura usualmente le pedía que le contara más acerca de su nuevo hogar. La rubia era parlanchina, solo bastaba hacerle una simple pregunta para que ella empezara a enlistarle un millón de frases que pudiesen ayudarle a comprender sus dudas sobre el lugar. Cuando caía el mediodía Ino le ofrecía pasear por el palacio, siempre alegando que "su marido estaba ocupado con asuntos diplomáticos", por lo que los únicos momentos en que veía a Sasuke era durante la cena, cuando el sol ya se había ocultado, y banalmente hablaban sobre cómo habían ido sus días mientras comían. Él siempre mencionaba lo mismo: Sus tareas como futuro rey eran numerosas, y no podía tomarse el lujo de abandonarlas, a lo que ella respondía un "está bien" tratando de ocultar su desagrado.
Sakura suspiró, que su última semana hubiese sido así de predecible solo le confirmaba una cosa: Su esposo no tenía intención de ocuparse de ella. Y se reprochó por haber pensado lo contrario cuando estaba acostumbrada a esas situaciones, especialmente su madre se lo había repetido en numerosas ocasiones: "El Jeque debe ser una persona atareada, trata de no ser una carga más para él. Las esposas deben ser un alivio." Así que la idea de preguntarle a Sasuke cuando iba a dedicarle más que una simple cena quedó rápidamente descartada.
Desde un principio Sakura sabía lo que le esperaba, por lo que, se le hacía algo tonto que hubiese esperado algo más de él simplemente por el atractivo sexual que percibía en Sasuke. Probablemente esa era la respuesta, quizás su molestia provenía de haber sido iniciada en un sexo excelente para después ser privada de él. Sus pensamientos se tranquilizaron un tanto cuando cayó en cuenta de eso, no era que extrañara a Sasuke como tal, quizás se debía únicamente a que lo extrañaba en su cama. Sonrió por lo bajo.
Claro, eso debía ser, porque ella no estaba enamorada y tampoco esperaba estarlo. Aunque no negaba que la rutina era aburrida, y sorprendentemente se encontraba incluso extrañando a su irritable madre.
Fue entonces cuando tomó una decisión, mientras Ino le contaba una larga historia sobre el origen de una de las bellas especies de flores que crecían solamente en esa región y que en el palacio lucían esplendidas, ella buscó las palabras correctas para hacerle su pedido.
—¿Crees que podrías enseñarme la ciudad? —Preguntó después de mucho pensarlo. Decidió que ser directa era la opción más factible. —Creo que estoy comenzando a sofocarme aquí dentro. — Señaló las paredes de su habitación, esperando que ella captara sus palabras.
La rubia dudó un poco antes de responder su pregunta.
—No estoy muy segura de sí tengo permitido hacerlo. — Confesó. —Necesitaría consultarlo primero con el Jeque, pero ya sabe de su apretada agenda, así que quizás deba esperar hasta mañana para saber la respuesta. —Ino estaba algo miedosa ante su petición, sin embargo, Sakura sentía la necesidad de salir a conocer, por lo que continuaría insistiendo hasta que cediera.
—¿Te parezco el tipo de mujer que necesita la aprobación de su marido hasta para respirar? Vamos Ino, me caes bien. ¿No te parece injusto que yo me la pase encerrada aquí todo el tiempo mientras ni siquiera sé dónde está mi marido? —Esperaba tener algún efecto sobre ella.
— Bueno, ahora que lo menciona creo que es algo desconsiderado… sí. Pero podría meterme en problemas. Además… —Sakura la interrumpió, aquel "además" no sería continuado mientras ella hiciera uso de su poder persuasivo.
—¡No te meterás en problemas! Por qué yo asumiré toda la responsabilidad. —Respiró. —Ino, todo esto es tan nuevo para mí. Mi marido, el palacio, los sirvientes, incluso tú. No estoy acostumbrada a vivir dentro de solo cuatro paredes, no le veo nada de malo a que tú me enseñes un poco la ciudad, y ciertamente, a Sasuke tampoco debería de enfadarle.
—Mi señora… yo… —Enmarcó sus brillantes ojos azules en una mirada con algo de vacilación.
—Olvídalo. —De pronto la interrumpió. —Tienes razón, sobre todo en el punto de que podrías ser reprendida debido a mí.
—Las blancas palomas anhelan la brisa y los cielos azules, si son captivas, aunque sea en una jaula de estambres de oro, no llegarán más que a perder sus alas. —Ino masculló algo en el idioma local y luego regresó al que Sakura entendía. —Creo que lo dije bien en tu idioma.
—Eres bella con las palabras. —Contestó. La rubia se quedó unos instantes frente a ella antes de correr hacía el vestidor y buscar entre una serie de artículos.
Cuando por fin regresó Sakura observó que sostenía en la palma de sus manos dos pedazos de tela de lino guinda con un bordado magnífico que le robó la atención.
—Debes usar este velo para cubrirte. —La chica empezó a acomodar la tela tapando sus cabellos rosados, y de la mejor forma posible, su cuello.
—¿Es necesario? —Hizo una mueca de disgusto en los labios. Suna era de por sí un lugar bastante caluroso, llevar más tela encima solo provocaría que esa calidez aumentara hasta volverse insoportable. —Pensé que solo las mujeres que profesan el Islam debían cubrirse.
La rubia negó. —Sería socialmente inaudito y mal visto que salieras sin algo que cubra tu cuello. —Trataba de escoger las palabras más adecuadas para explicarle la situación a su señora sin llegar a perturbarla. —Las mujeres pueden decidir usar o no el hiyab en sus hogares, pero en publico eso podría causar problemas
Sakura se quedó reflexionando durante todo el camino.
No querían llamar mucho la atención, dentro de las múltiples cosas que Ino le explicó antes de salir era que su llegada al palacio como esposa del Jeque no era de conocimiento público. Debido a los medios europeos, la gente estaba al tanto de que Sasuke se había casado, pero ella todavía no estaba presentada ante el consejo de Suna y menos al pueblo. Por lo que causar revuelos en las calles sería un problema el cual debían evitar.
Volvió a asegurarse de que el cabello inusual de Sakura estuviese totalmente a la incógnita de los demás, suficiente problema podría tener con sus saltones ojos verdes que no eran propios del fenotipo en la región. Sakura cubrió incluso sus labios.
Ya en el corazón de la ciudad, llegaron a la altura de la plaza principal. La rubia le había dicho que no planearía llevarla demasiado lejos, la plaza estaba relativamente cerca del palacio y las mejores tiendas departamentales se situaban alrededor, esperaba que eso fuera suficiente para la recién casada.
—Déjeme darle la mano su alteza. —Insistió cuando estaba caminando.
Sakura meneó la cabeza.
—Dijiste que no llamaramos la atención, si te sigues comportando de esa forma podría resultar sospechoso. —La otra joven sonrió y la dejo continuar por su cuenta.
—Espera aquí, estaremos de vuelta pronto. —Le dijo Ino al conductor que las había trasladado.
Tuvo la sensación de que su dama de compañía se sentía algo rígida a medida que avanzaban. Sakura soltó una risita que llamó la atención de la otra, después enganchó su brazo al de esta y le sonrió más alto, haciendo que los hoyuelos de sus mejillas se resaltaran.
—Debemos dar el papel de que somos dos simples amigas dando un paseo. —Ino le devolvió un poco la sonrisa con algo de inseguridad. —No queremos que nos descubran.
—Como sabrá. —Continuaron caminando e Ino comenzó a contarle sobre la economía. — Somos un país con buenos recursos. La mayoría de estos provienen de la pureza de petróleo que se extrae de los yacimientos existentes, sin embargo, tuvimos un mal momento en la década de los ochenta, cuando el Rey Fugaku tuvo una disputa con un país influyente local que bloqueó nuestras rutas de comercio y exportación en el resto del continente. Al no poder vender nuestro principal generador de ingresos, padecimos desde entonces una crisis económica muy grave. Con el tiempo se resolvieron los conflictos y nos hemos recuperado casi por completo. —Ino señaló la arquitectura de los alrededores. —Poco a poco se ha iniciado un plan para incluir las nuevas tecnologías e infraestructuras en el reino, aunque por ahora, esta es la mejor parte de la ciudad. —Finalizó.
Sakura observó la gran plaza, las personas paseaban de un lado otros, algunos hombres vestían totalmente de colores turquesa o vino y sus largas barbas destacaban. Si bien, los edificios no eran rascacielos, tampoco eran anticuados. Se notaba como poco a poco se incorporaba el lujo en las remodelaciones. Había tiendas departamentales en dirección a lo que suponía era el centro de la ciudad, en realidad lucía bastante limpio y no le debía nada las grandes ciudades de otros países que ella conocía.
—Es bueno ver que se está buscando un progreso general y no solo de la ciudad, me imagino que todo esto se realiza para brindarles mayores beneficios a los ciudadanos. —Comentó. —El Rey Fugaku debe estar invirtiendo mucho esfuerzo en tomar las decisiones pertinentes, sin duda hace un trabajo excelente.
—No. —Negó Ino. —El estado de salud del Rey es todo un caso, lleva muchos años enfermo. Lo más probable es que muera dentro de poco ¿No se lo mencionó su Alteza?
—Me temo que olvidó ese detalle —Respondió. —Aunque, claro que me hizo saber que tenía cierto asunto con su padre que lo llevaba a requerir casarse lo más pronto posible para poder ser nombrado sucesor.
—Es cierto —Le dijo. —Sasuke es quién se esfuerza en realizar todos estos cambios —Señaló con sus manos. —Ha logrado a punta de esfuerzo todo lo que Suna goza ahora, y estoy segura de que el Rey lo sabe. Es como si el Jeque hubiese nacido para ser Rey, todos sabemos que cada decisión que toma lo hace con certeza de lo que busca obtener. Sin embargo, la realeza de esta parte del mundo en bastante marcada por los conservadores y la tradición, ningún príncipe soltero puede ser nombrado heredero y mucho menos gobernante absoluto si no tiene, aunque sea una esposa. Y las leyes son bastante duras al respecto.
—¿De verdad? —Sakura recordó el bendito protocolo de su familia, eran situaciones bastante similares.
—Su Alteza podría ser incluso expulsado de la doctrina islámica si desobedece las órdenes. —Explicó. —El matrimonio según los versos del Corán es sagrado. Siglos atrás cuando se estableció la dinastía del Clan de los Uchiha, el cual derrotó y expulsó a los persas de estas tierras, las leyes fijaron que el Rey debe estar unido en matrimonio para poder garantizarle al pueblo descendencia y también eterna fidelidad al Corán. Esto crea una especie de confianza en los habitantes, un hombre que está cerca de Alá es un buen hombre, y para ellos nadie debe de ser mejor hombre que el mismísimo Rey.
—¿Ino cómo es que sabes tanto? —Preguntó. —Sin el afán de ofenderte no pareces local, tu cabello y ojos no son de por aquí ¿Cierto? Aunque apuesto que sabes más que cualquier ciudadano nativo totalmente de Suna.
—No me ofendo. —Era amable. —También soy una ciudadana de Suna. Aunque mi madre es extranjera, nací y me crie desde que tengo memoria en este país.
Sakura exclamó con sorpresa. —¿Tu madre se casó, como yo, con alguien de Suna?
Ella asintió. —De hecho, fue una de las esposas de bajo rango de Fugaku.
La pelirrosa soltó un gritito llamando un poco las miradas de las personas que caminaban cercanas a ellas, se disculpó brevemente con Ino y su rostro pálido gesticuló verdadero asombro. —¿Entonces eres mi cuñada? —Preguntó con evidente sorpresa. No podía creerlo, la mujer que le habían asignado como dama de compañía, y básicamente su sirviente ¡Era en realidad su pariente por matrimonio! ¿Cómo podían permitirlo siquiera?
Las manos de Ino comenzaron a jugar entre ellas tornándose un poco nerviosa. —Sasuke solo considera a la princesa Izumi como su hermana, y yo no sería tan avariciosa como para esperar que el Jeque me considere como tal. Mi madre solo fue una simple concubina, de las muchas que tuvo el Rey Fugaku.
—Pero, aun así, ustedes comparten la misma sangre. ¿No es eso suficiente para formar un vínculo? Ino me siento algo incómoda con esta situación, si eres mi hermana política no deberías de estarme sirviendo.
—Para mí es un honor. Usted es la futura reina, no cualquier dama de la corte puede ser su dama de compañía, es por eso por lo que me asignaron a mí, una simple princesa de rango muy bajo.
—Mencionaste antes que el Rey tuvo muchas esposas y concubinas. —De pronto se sentía muy curiosa al respecto.
—Es cierto.
—¿Entonces Sasuke tiene más hermanos? —Le pareció irónica la idea de tratar de saber más de su esposo por terceros, pero no tenía otra opción con que satisfacer su creciente nueva curiosidad.
—Solo hermanas. Además de mí e Izumi, hay otras ocho. Seis de ellas se han dado en matrimonio a los líderes políticos locales, debido a que sus madres eran consortes, y no solo concubinas de Fugaku, eso permitió que pudieran casarse favorablemente con otros nobles de por aquí. Las restantes dos son Izanagi e Izanami, ambas gemelas son las más pequeñas de la casa Real. Tienen solo doce años, su madre es la actual jefa del harén.
—¿La reina? —Ino negó.
—No hay reina. —Se retractó de sus palabras. —Bueno, mejor dicho, hasta que tú no seas coronada no hay reina. Ella es solo la consorte con mayor rango actualmente, pero cuando asumas tu puesto serás la única jefa del harén Real.
—Harén. Eso suena algo rudimentario.
—Lo es.
—¿Y de qué va eso exactamente?
—Pues básicamente ahí pertenecen todas las mujeres del palacio desde sirvientas, concubinas y esposas de los nobles hasta las esposas y concubinas del Rey. Claramente es una jerarquía, donde la primera esposa del gobernante asume el papel de Reina y con ello las responsabilidades de la administración de los recursos, y claro, se asegura del bienestar de todas mujeres que forman parte.
—Suena como un lío.
—Lo es. —Repitió.
—Como un gran compromiso del cuál no sabía que me tengo que hacer cargo, y que claramente, no tengo ni la más mínima idea que existía. —Ino percibió un poco de enojo en sus palabras a medida que seguían conversando.
—Parecer ser que he abierto la boca de más. —Se recriminó.
—Tranquila, no tienes la culpa de que mi marido no tenga la delicadeza de explicarme las cosas más básicas sobre su familia, y sobre el lugar en el que vivimos.
—Bueno, deduzco que quizás tenía planeado hacerlo pronto. —La rubia trató de arreglar un poco el momento, pero obviamente era inútil porque Sakura no esperaba ser consolada.
—No puedo vivir en base a deducciones. —Percibió un toque de confianza en ella. —Llevo una semana aquí y ni siquiera sabía que tenía otra cuñada además de Izumi, tampoco conozco al padre de Sasuke y él muy a penas se consigue una hora para cenar forzosamente a mi lado.
—Pero… —Sakura no quería que ella inventara excusas solo para hacerla sentir bien.
—Olvídalo Ino, debe ser un martirio para ti tener que escuchar mis quejas de forma tan repentina. Además, no es tu culpa lo que sea que este pasando por la cabeza de tu hermano. —Sujetó las manos de la rubia y le pidió que le mostrará las calles siguientes.
Como acababa de terminar las oraciones del Asr, tercer rezo del día que toma tiempo durante la tarde, Sasuke aún vestía la túnica y el kufi blancos del atuendo para rezos. No tenía mucho tiempo para cambiarse de ropa ni para preocuparse por eso. A medida que avanzaba a través de los pisos de mármol del Palacio Menor en dirección a la habitación de su esposa, pudo sentir las miradas expectantes de los sirvientes. No era usual que el Jeque apareciera por allí antes de que se ocultara el sol. Su mirada fría y penetrante no se detenía ni un momento en aquellos que se reverenciaban en los costados del camino.
Por fin había conseguido un espacio libre el cual utilizar para reunirse con el consejo y presentar a Sakura con los líderes de las Leyes musulmanas de su reino. Necesitaba la aprobación de estos antes de llevarla ante el Rey Fugaku como su nuera.
Llegó hasta la entrada de la habitación de la pelirrosa, llamó bastante su atención que había dos sirvientas custodiando la entrada. Al notar la presencia de él, estas se reverenciaron bastante nerviosas.
—Anúncienle a la Jequesa que deseo verla. —Dijo fríamente. Las sirvientas se miraron una a la otra rápidamente, su miedo se sentía palpable. Sasuke volvió a repetirlo. Ellas se arrodillaron en el suelo.
—La Jequesa no está en su habitación, su Alteza. —Declaró una de las dos. —No sabemos a donde ha ido, la buscamos en los jardines, pero no estaba allí ni tampoco en el Palacio Mayor.
—Quiero ver a Ino. —Pidió entonces.
—Ella tampoco esta, mi señor. —Contestó la otra.
Sasuke respiró profundamente rodeando los ojos, conteniendo una creciente molestia. —¿Cómo es posible que la Jequesa haya desaparecido? Búsquenla inmediatamente. Se supone que debían cuidarla…
Asr: Es la oración diaria correspondiente a la tarde recitada por los musulmanes practicantes. Es la tercera de las cinco oraciones diarias requeridas (salat). Dichas 5 oraciones colectivamente forman uno de los cinco pilares del Islam, en el sunismo, y uno de los diez Furoo-ul-deen, de acuerdo al chiismo. La asr está conformada por 4 rak'ah y se ora silenciosamente.
Kufi: El gorro kufi es un sombrero tradicional para el hombre, y en muchos países de las regiones forma parte del traje tradicional. Este tiene su origen en los cristianos, musulmanes y judíos africanos. Muchas personas de avanzada edad lo usan todos los días como símbolo de autoridad, sabiduría o estatus. Los hombres musulmanes suelen llevarlo puesto al momento de rezar.
Palacio Menor y Palacio Mayor: El Palacio donde vive Sasuke es conocido como el "Cristal de Jade" y esta dividido en dos extensiones. La primera llamada "Palacio menor" corresponde al treinta por ciento del Cristal de Jade, allí viven las mujeres y se encuentra como la sede del Harén real. El "Palacio Mayor" ocupa el setenta por ciento restantes del Cristal de Jade, allí se encuentra el Consejo Real de Suna y se considera el hogar de los hombres nobles. La única mujer que tiene permitido entrar al palacio Mayor es la Reina.
