Capítulo 4
Una agrdable llegada
Cuando Ino y Sakura regresaron al Cristal, su sorpresa fue enorme cuándo una gran bola de empleados las avalancharon casi en la entrada del Palacio Menor, suspiraban de alivio y le preguntaban cosas en el idioma local, el cual claramente no entendía ni un poco y ni la más pequeña palabra.
La rubia se tornó pálida en un instante mientras una de las empleadas le explicaba algo. Sus ojos giraron directamente hacía Sakura, tratando de decirle con la mirada que algo no estaba bien. ¿Qué querría decirle exactamente? La pelirrosa hizo una mueca ya que no entendía nada. Ino continuó dándole instrucciones a otras de las empleadas.
Sakura la dejó atrás, con la intención de ir a su habitación y reflexionar acerca del último suceso. A medida que avanzaba por el camino un pensamiento cayó sobre sus hombros fuertemente, haciéndola poner los pies sobre la tierra de una forma realista. ¿Cuánto tiempo más soportaría estar sin saber cómo comunicarse con alguien que no sea Ino o su marido? En todo caso era reprochable que no entendiera ni el más básico nivel del idioma de Suna.
¿Qué pasaría con ella si algún día Sasuke o Ino estaban lejos y ella quedaba a la deriva de una ineptitud para hablar con otras personas? Tenía que apurarse en aprenderlo. Mientras más lo pensaba, menos le disgustaba esa idea. Sabía hablar al menos cinco idiomas de forma fluida, y de hecho, la idea de comenzar a estudiar algo le emocionó bastante ya que estaba encontrando un motivo para mantenerse ocupada y eso era muy bueno. Con Sasuke todos los días lejos le preocupaba ser una carga para su dama de compañía.
—Por Alá... —Sus ojos se abrieron repentinamente cuando se dio cuenta de lo que escuchaban sus oídos. Su marido estaba allí, en su habitación y sentado sobre el diván. —Pensé que te habías perdido. —Se levantó rápidamente hacía ella, dejando escuchar un tono pesado en su pronunciación.
La pelirrosa se perdió un momento en su rostro, su barba había crecido un poco más y lucía notables oscurecimientos debajo de la línea de las pestañas inferiores. Sus ojeras sin duda completaban su aspecto cansado. De pronto se sintió algo mal por guardarle algo de resentimiento por no pasar más tiempo con ella que unas cuantas cenas después del trabajo.
—Salí con Ino. —Respondió, luego caminó hacía él armario para quitarse el velo de una buena vez. Lo abrasador del calor hacía imposible soportarlo un segundo más.
—Eso es evidente. —Sakura percibió que su tono regresó a ser aquel carente de emoción. Ella no hizo nada cuando la siguió al vestidor. —Será mejor que te quedes así. —Señaló el velo.
—¿Qué?
—Llevo más de una hora y media tratando de averiguar dónde estabas. —Notó que estaba algo molesto mientras hablaban. —Pero después hablaremos de eso, por ahora solo tenemos diez minutos para estar con el consejo. —Sakura se preguntó acerca de su falta de tacto para decir las cosas, desde un principio lo consideró una persona directa, pero mientras lo veía explicarle lo que tenía que hacer frente a los líderes de forma autoritaria, se preguntó si aquella forma directa de ser no era más bien una actitud que rozaba en lo descarado.
—¿Cuándo se suponía que me avisarías apropiadamente? Me refiero a, con consideración de tiempo, no de un segundo a otro. —Le reclamó mientras volvía a acomodar el insoportable velo.
Sasuke giró los ojos. —Si te complace —Le ofreció su brazo. —Podemos posponer nuestra tan esperada primera pelea de casados para cuando regresemos. El consejo es muy importante, Sakura. Y la impuntualidad es impertinente.
Descarado, por seguro.
—Veo que se te da bien la comedia. —Torció los labios.
—No has visto nada, querida. —Finalizó.
La verdad es que Sasuke tenía miles de cosas que preguntarle, otras miles más que dejar en claro. A decir verdad sí estaba un poco molesto. La espera siempre le daba jaqueca, y nunca acostumbraba a esperar a nadie. Claro que está situación iba mucho más lejos de lo que él haría o no, solo por esa razón se contenía un poco. Lo importante era presentar ahora a Sakura antes de que comenzaran a reprenderlo por no recibir la bendición a su esposa y futura reina.
Para ella la verdad era muy absurdo que tuvieran que acompañarla doce doncellas hasta la entrada del Palacio Mayor. La rubia Ino era quien iba caminando directamente a su lado.
—¿Por qué está haciendo eso? —Susurró en su oído.
Ino cubrió su boca con la tela de su atuendo. Frente a ella había un anciano de unos setenta años recitando lo que parecían unas oraciones, y lo más extraño para ella, rompiendo un coco en el piso.
—Es el Imam Sakura. Él se encarga de dirigir los rezos, y está bendiciendo tu entrada en la casa de tu marido. El coco se rompe para predecir si tendrán o no una buena relación matrimonial, se cree que dependiendo de la dirección que tome el agua dentro del fruto cuando se rompe, es como será el matrimonio.
—¿Me estás bromeando, cierto? —Exclamó. De por sí el fuerte olor a incienso era demasiado para su sensible olfato, las supersticiones no ayudaban.
La rubia se rió en silencio debajo de su velo. —Bienvenida a Suna, mi Reina. —Fue irónica.
—Dijiste que solo la reina era quién tenía el derecho a entrar en El Palacio Mayor, ¿Por qué estoy haciendo este ritual?
—Eso sólo quiere decir una cosa... —Soltó. —Que Sasuke ha sido completamente aprobado por el consejo para ser el heredero de Fugaku, necesitan conocerte para poder llevar a cabo la coronación... Si, eso debe de ser. Cómo de todos modos serás la Reina no creo que importe que entres un poco antes de tu coronación.
—¿Sabes? Siento que esto es algo muy importante, y yo estoy vestida con las mismas ropas de la tarde...
Ino quiso soltar otra risa, pero la reprimió. Corrían el riesgo de que les llamaran la atención por no guardar silencio. Luego de unos diez minutos, el Imam terminó de hablar y se dirigió hacía la pelirrosa para envolverla aún más en el humo del oloroso incienso. Sakura tosió varias veces.
Le indicaron que podía proceder solamente ella, sin necesidad de las demás doncellas que la acompañaban. Sasuke la esperaba del otro lado del umbral. Cuando lo alcanzó este tomó su mano y comenzó a avanzar siguiendo un camino adornado con diminutas velas blancas.
Al final del camino estaba algo parecido a un templo, los techos altos y blancos con adornos arquitectónicos arabescos. El lugar era muy espacioso, sobre el piso de mármol también blanco estaban hincados en túnicas de color verde turquesa aproximadamente veinte hombres que desconocía. Luego, una pileta atravesaba el centro para encontrarse con una serie de cinco lugares que simulaban unos tronos o algo por el estilo. Cinco ancianos de barbas larguísimas se sentaban sobre ellos y sus túnicas eran distintas a las del resto, siendo estas de color blanco.
— Salaam Alaikum —Sasuke hizo un gesto con la mano derecha, pasándola por delante de su rostro, a la altura de su nariz.
—Y cuéntame ¿Qué tal está allí dentro? —Emocionados y saltones, los ojos azules de Ino fueron los primeros que la recibieron de vuelta.
—No es la gran cosa —Comentó sin interés. —Y tampoco no entiendo porque las demás mujeres no pueden entrar, suena algo tonto.
Ino comenzó a cepillar sus cabellos rosados frente al espejo con un fino peine. —¿Y el consejo? ¿Qué dijeron ellos?
Sakura bufó. —No entendí una sola palabra... Y Sasuke tampoco mostró el más leve interés por traducirme. Pero, supongo que salió bien porque él estaba contento cuando salimos de allí.
—¿Sasuke contento?
—¿Increíble verdad? Dudo haberlo visto sonreír de forma no irónica más de dos veces, pero pasó. —Imitó la cara del pelinegro. La rubia casi tira el cepillo de la risa..
—Bueno, sin duda hoy fue más interesante que ayer.
—Ni que lo digas, solo con el hecho de haber salido de aquí me siento infinitamente más satisfecha. —Sin embargo, ahora había otra cosa que le preocupaba. Sostuvo su barbilla con una mano. —Pero...
—¿Huh?
Sakura la hizo abandonar el cepillo y se giró para observar mejor. —Ino, ¿Tú podrías ayudarme a aprender la lengua materna de Sasuke?
—¿Yo...? Me temo que jamás recibí lecciones de cómo ser una maestra.
Las orbes jade de su señora comenzaron a vagar por todos lados en la habitación. —Por favor, no quiero ser una reina que no sabe lo básico sobre su reino. El idioma es algo primordial... Hasta María Antonieta siendo una pésima reina sabía hablar francés.
—Tienes razón. Creo que debo esforzarme con mis habilidades de enseñanza entonces, estoy a tus órdenes Jequesa.
A la mañana siguiente Ino le comunicó que, por esta vez, no almorzaría en su habitación. Sasuke la esperaba en el jardín para que ambos tomaran juntos los primeros alimentos del día.
—¿No te parece extraño? —Le preguntó a la rubia. — Me dió la sensación de que ayer estaba algo molesto, pero después de visitar el Palacio Mayor no vino a reprenderme como yo lo esperaba...
—Bueno, él no es tan malo como puede aparentar.
—¿Bromeas? Apenas y habla conmigo desde que llegué. Creo que comparada con esta situación, prefiero mis días de noviazgo por mucho.
—¿Sasuke era distinto cuando estaban en Konoha?
—Ni te imaginas. Me visitaba todos los días y hablaba mucho más desinhibido, otra personalidad por seguro...
—Yo jamás lo he conocido de otra forma que no sea serio. —Le contó Ino antes de que salieran de la había para dirigirse al jardín.
Sasuke se dió cuenta de la llegada de su esposa cinco minutos después de que él mismo llegara, Ino la acompañaba detrás. La pelirrosa vestía unos pantalones largos de color crema a la cintura y una blusa de seda japonesa rosa claro con adornos florales, no llevaba maquillaje. Aunque tampoco lo necesitaba. Su cabello iba suelto y largo.
—Buenos días. —Lo saludó mientras una mucama le indicaba su asiento. Frente a él.
Sasuke hizo a un lado el periódico que estaba revisando. —¿Cómo dormiste?
Ella casi suelta una burla que logró reprimir olímpicamente. —Excelente. — Cómo cualquier mujer cuyo marido no le ha hecho el amor desde la primera noche puede Pensó.
Sasuke percibió rara su intento de sonrisa. —Yo igual. Espero que disfrutes la comida, me tomé la libertad de pedir el desayuno inglés para ti, esperando no agobiarte con la comida de aquí. —Señaló el contenido de la mesa.
—Tú siempre tan considerado cariño. —Percibió el creciente escarnio en su voz. Se preguntó si había dicho algo mal para que ella se comportara de forma arisca.
—¿Perdón? —Sakura ignoró su pregunta concentrándose en el plato que tenía delante. —¿Estás enojada conmigo, mi señora?
—Oh, mi señor. Fuiste tú quien dijo que pospondremos nuestra primera pelea de pareja. ¿No estabas también molesto ayer?
—Pensé que si dejaba el tema de lado lo olvidaremos, no me gusta discutir por cosas innecesarias.
—¿Innecesarias? —Ella giró la cabeza hacía su dama de compañía, parada detrás de ella. —¿Ino, crees que soy innecesaria? Porque entonces podría regresar a mi hogar en este instante si nadie me considera un poco importante aquí.
Ino se quedó pasmada, obviamente sin responder.
—Este es tu hogar. —Contestó mirándola a los ojos verdes.
—No, no lo es. Y tú tampoco cooperas de tu parte para que lo sea.
—Sakura.
Ella giró los ojos hasta ponerlos en blanco —Olvídalo. Tienes razón, mejor hay que fingir que no pasa nada. —Empezó a comer.
—¡Por Alá! ¿Interrumpo algo? —Escuchó la voz de una mujer detrás.
Sasuke se levantó inmediatamente para saludarla. Atuendo tradicional era de color violeta y no llevaba el hiyab, por lo que su castaño cabello iba anudado en una coleta.
—Izumi. —El pelinegro la abrazó. —Llegaste una semana antes. No esperaba verte de vuelta tan pronto.
La recordó. Había sido la única familiar de Sasuke en asistir a su boda en Konoha, allí la conoció. Al parecer había estado de viaje después de la celebración, porque no la había visto en el Cristal desde el día en que se mudó oficialmente.
Terminó de saludarlo. —Mi intuición me decía que lo mejor sería abandonar mi viaje para regresar a mi tierra. Y yo creo fervientemente en los presagios, hermanito.
—Cuando terminó de decirle aquello, casi corrió para abrazar a su cuñada. —¡Sakura, querida! Eres diez veces más bella que la última vez que tuve la dicha de admirar tu rostro.
Sakura le devolvió el saludo. —Tú también luces preciosa. —Y era cierto, la mujer frente a ella tenía unas facciones perfectas y unos ojos cafés que sacaban el aliento de cualquiera. —Me alegro de volverte a ver.
Izumi ordenó que le sirvieran también el desayuno y se sentó junto a la joven pareja en la mesita blanca del jardín. Primero comenzó a alabar la belleza de los nuevos geranios que se habían plantado, al parecer, antes de que ella saliera de viaje y que ahora estaban totalmente floreciendo. Ino sonrió cuando la castaña la alabó por el perfecto cuidado y dedicación que le prestaba a las flores en su ausencia. Sasuke y Sakura solo la escuchaban en silencio, asintiendo de vez en cuando.
—A mí nada me maravilla más que hablar de flores. —Declaró. —Pero no puedo evitar hacer oídos sordos a la conversación que sostenían justo cuando llegué. —Los miró directamente.
—Hermana, no tienes de qué preocuparte. Es natural que mi esposa y yo tengamos algunas diferencias. —Trató de tranquilizarla, pero la mayor no se caía ante las largas fácilmente, ella tenía varios años más que Sasuke en experiencias de vida.
—Si no te conociera también lo dejaría de lado, pero tu temperamento es algo que yo mejor que nadie conoce. Así que no confiaré en tus palabras está vez. —Dirigió su atención a la pelirrosa. —Querida cuñada, ¿Podrías contarme qué cosa mala te hizo el inepto de mi hermano?
—Yo no le he hecho nada… —El primer instinto del Jeque fue defenderse de las garras de su fiereza hermana.
—Sasuke. —Lo calló. —No es tu turno de hablar. Sakura adelante.
Ella miró primero a su esposo, después volvió a centrar la mirada en Izumi tratando de encontrar que decirle.
—Tiene razón, él no... —La interrumpió.
—Qué tercos son los dos. Los problemas se resuelven hablandolos, es una sencilla pregunta ¿Cómo es que se les dificulta tanto responder apropiadamente? —Sasuke bufó.
—Estás exagerando hermana. —Se tocó la sien con los dedos, masajeando para diseminar el dolor de cabeza que sintió justo cuando Izumi tocó el tema.
A la mayor no le importaron sus palabras, estaba decidida a saber la situación para poder ayudarlos. —Ino —Llamó.
La rubia se acercó rápidamente hasta dónde estaba Izumi, intercalando la mirada entre las tres personas sentadas. —¿Si?
—La verdad, querida. Si eres tan amable.
—Ahm... Yo...
—Ino... solo dilo. Llegado a este extremo, considero que eres la única persona en quién puedo confíar.
Ella asintió, y carraspeó un poco la garganta antes de proceder a contarle todo lo ocurrido desde el día número uno, desde las ausencias de Sasuke hasta el incidente del día de ayer.
—¿Dejaste sóla a tu esposa en plena luna de miel? —Lo regaño casi en un grito, el pelinegro agachó los hombros. —Ni siquiera te tomaste dos segundos para darle un recorrido tu mismo por el Cristal y la ciudad. Y añadido a todo eso, no tomas en cuenta su opinión para situaciones importantes como es lo relacionado al consejo. ¡Hacerle saber, aunque sea, los planes más pequeños se llama delicadeza! Y careces completamente de.
—Hay una explicación… —Volvió a tratar de explicarle pero Izumi no lo dejó continuar.
—Aún no termino de hablar. —Levantó una mano para indicarle que no siguiera. —Sakura, te pido una sincera disculpa, todo esto es mi culpa por no educar bien a mi hermano. Te ruego que lo comprendas. —Tomó sus manos entre las suyas.
La joven esposa se quedó sin habla por un rato, increíble de saber que Izumi tenía tanta influencia en la vida de Sasuke, hasta el punto dónde podía callarlo sin que él se ofendiera. Incluso se notaba que el menor le guardaba mucho respeto —No pasa nada —Soltó.
—¡Claro que pasa! —Exclamó poniendo las manos sobre la mesa. —Es inaudito lo que mi hermano está haciendo. Te prometo que charlaremos al respecto ¿Verdad?
Sasuke afirmó.
—Discúlpate con ella. —Le ordenó después.
Se removió en su asiento, echando una mirada profunda hacia ella. —Lo siento, Sakura. —Dijo finalmente. La mayor sonrió de oreja a oreja después de escucharlo.
Izumi extendió su brazos hacia ellos tomando a cada uno de la mano correspondiente. —Chicos el matrimonio no es fácil, menos si ambos son jóvenes e inexpertos. Deben aprender a comunicarse y a tener confianza para decirse las cosas, cuando ambos se encierran dentro de su propio orgullo las palabras se vuelven difíciles. El cimiento de toda relación se encuentra en saber escuchar lo que tú pareja te comunica. Decir que nunca tendrán problemas es tonto, los tendrán y mucho, la respuesta está saber lidiar con ellos ¿Está bien? —Ambos asintieron.
—Gracias. —Sakura decidió hablar antes que él. Después Sasuke también le agradeció.
—Por cierto. —Llamó a la chica nuevamente. —¿Eras presidenta de varias fundaciones benéficas en Konoha, cierto? Encontré un artículo tuyo en una revista durante mi viaje. Leí mucho acerca de tu trabajo como filántropa y estoy bastante impresionada al respecto.
—¿En serio lo leíste? Me pregunto qué fue lo que escribieron. No suelo leer las revistas. —Comentó.
—Sobre la clínica de Salud mental para niños que lograste financiar, y tus grandes aportes en los orfanatos de Konoha. —Explicó Izumi —Me alegra mucho saber que tienes ese toque humanitario.
Recordó aquello como si fuera ayer. —Gracias de nuevo, Izumi. Mi trabajo no es la gran cosa, creo que los medios siempre exageran. Siempre intento hacer lo que debo por la gente que lo necesita, todos debemos ayudarnos unos a los otros. Además, la realeza vive del pueblo, es lo menos que podía hacer.
Había empezado a involucrarse desde los quince años en ese tipo de actos, primero pasando tiempo de calidad con los niños del área de cáncer en el Hospital de Konoha durante sus vacaciones escolares. Luego, durante la universidad se interesó por la salud pública y participó en varias campañas para fomentar la importancia de la salud mental, llegando a inaugurar la susodicha clínica. También realizaba actos benéficos de vez en cuando a los orfanatos y asilos del país. La tía Tsunade siempre la felicitaba por eso.
—Estoy completamente de acuerdo con cada palabra llena de verdad que has dicho. Y si me permites contarte, yo también hago un poco de trabajo parecido por aquí.
—¿En serio? —Exclamó.
Sasuke se dispuso a intervenir en la plática de las damas.
—Izumi dirige nuestra Asociación de Derechos hacía la mujer y participa activamente en varios programas para fomentar la educación infantil gratuita y la salud pública en personas de bajos recursos.
A Sakura le brillaron los ojos.
—Puedes llamarme hermana de ahora en adelante, Sakura. —Propuso la castaña. —Y puesto que Sasuke cometió el error de encerrarte días después de la boda, me temo que soy yo quién debe hacerse cargo de los platos rotos para remediarlo. ¿Qué te parece si me acompañas a la fundación cuándo tengas un poco de tiempo libre?
—¿Puedo? —Respondió muy rápido.
—Por supuesto, tienes conocimientos en el área que me vendrían muy bien. Hay mucho trabajo que hacer por aquí, y como me tomé unas vacaciones debe estar acumulado.
—¡Acepto! —Ni siquiera lo pensó una segunda vez. —Hermana.
Sasuke sonrió al ver la cara de felicidad de su esposa. Lo que él no sabía cómo lograr, Izumi lo había hecho en menos de veinte minutos con una pequeña conversación.
Imam: Término procedente del árabe que significa "el que difunde la fe", en las comunidades musulmanas es la persona encargada de conducir las oraciones en la mezquita y ejerce como guía en los rezos.Salaam Alaikum: Literalmente significa "Que la paz esté/sea contigo". Es la forma más común de saludarse entre las personas que practican el Islam.
