Capítulo 5
Inesperado encuentro
—Maldita sea. —Se escuchó al lado de la línea. —¡Tengo que hacer algo!
Sasuke dió un sorbo de té negro, limpió la comisura de sus labios, y sin darle mucha importancia a las desesperadas e infantiles palabras de su amigo, prosiguió.
—Tal como te lo dije la última vez que nos vimos, el siguiente en casarse serás tú. —Un fuerte reproche comenzó a escucharse, y despegó su oído de la bocina del teléfono celular para evitar aturdirse.
—¿Tú me imaginas casado, Sasuke? —preguntó el otro apresurado. —¡Porque yo no! Me parece algo absurdo, y si algún día llego a hacerlo, será por una buena razón, o porque tuvieron que emborracharme para llevarme hasta el altar.
—Suigetsu, cálmate. —Si seguía con aquel drama solo le iba a provocar jaqueca. Sasuke no estaba acostumbrado y no le gustaban las voces escandalosas. ¿Qué tenía de malo el matrimonio? ¿Por qué todos los jóvenes de su rango de edad tendían a rehusarlo?
Al menos, él siempre tuvo presente que llegaría el día en que tendría que tener una esposa como mínimo, por eso no terminaba de entender las mentes de los hombres como su amigo.
—Si ese "cálmate" significa "claro amigo, eres bienvenido en mi palacio el tiempo que quieras para evitar que te comprometan" entonces, mi estimado Sasuke, me complace aceptar tu amable oferta. —Contestó con su marcado acento. El pelinegro rodeó los ojos, ¿Estaba loco?
—Disculpa, pero si mi sinapsis neuronal no me falla, creo recordar perfectamente que no dije nada como eso. —Contestó. —¿Te das cuenta que estás exagerando? Sólo te invitaron a una boda.
Del otro lado de línea el peliblanco dió un trago hondo a su whisky, sintiendo su garganta arder antes de proseguir con la misma neurosis de antes. —¡No! Te pido con todo el respeto del mundo que no minimices mis problemas, ¿Acaso conoces a mi madre? Pasará semanas hablándome de lo feliz que sería tener pronto una boda mía, o conjeturando a mis espaldas citas a ciegas con las damas de honor. En cualquiera de los dos casos, no estoy dispuesto a abandonar mi tranquila vida de soltero para aguantar chiquillas sin gracia.
—¿Entonces quién se hará cargo de la empresa familiar? —Estaba tratando de hacerlo entrar en razón. La verdad no le parecía algo descabellado, quizás Suigetsu plantara los pies sobre la tierra y madurara un poco respecto a sus responsabilidades si encontraba una buena esposa con la cual casarse. —Bien lo dijo Austen "Es una verdad mundialmente reconocida que todo hombre poseedor de una gran fortuna necesita una esposa" Vamos, nos conocimos en Oxford así que estoy haciendo uso de mi conocimiento en literatura inglesa para abrirte los ojos y persuadir un tanto a tu cerrada cabeza.
—Ya sea Austen o Brönte, o incluso puedes citar a Woolf si quieres, pero tú lado conservador siempre va a ser derrotado por la razón de mi lado libertino. El cual, te recuerdo, fue fielmente instruido por la lectura de Wild.
Sasuke soltó una risa. —Sigues demostrando el pésimo puntaje que obtuviste en Literatura, me sorprende como te pudiste graduar.
—Creéme, no quiero hablar de los métodos poco morales que utilicé para conseguir mi título Universitario. En vez de eso, prefiero tener una amigable charla y puntualizar que en la parte del globo terráqueo de dónde yo vengo, los matrimonios por arreglo no son la práctica más común, exactamente hablando. Al menos no en la actualidad.
—Hablas como si tu madre ya hubiese elegido a la novia. Probablemente aún ni siquiera sabe el nombre de las damas, hará falta que lleguen a Birmingham para eso. —Definitivamente disfrutaba jugar con los nervios del joven.
—Oh, no, ni lo pienses ¡No pienso tener siquiera medio centímetro del pulgar de mi pie en Inglaterra para cuando pase! —Exclamó. —Sé que soy más inteligente que eso, y también sé que tengo un inigualable amigo que me aceptará unos días en su Palacio.
—¿Nunca te dijeron que molestar recién casados es irritante?
—Vamos, Sasuke, conociéndote si siquiera has pasado un día completo con tu esposa por estar metido en los arreglos de la coronación. —Arrugó la nariz. Odiaba que tuviera la razón en eso.
—Imbécil.
—Gracias. —Casi pudo imaginarse la pícara mueca del otro, a miles de kilómetros de distancia se seguían conociendo muy bien.
—Lo tomaré como afirmación, así que espérame por allí en unas dos semanas.
—Su Alteza, deberíamos tomar un descanso. —Sugirió la rubia mientras la otra despegaba sus grandes ojos verdes de los libros.
Sakura cruzó los brazos con ímpetu, haciendo que los bordes de su blusa se arrugaron. —Te lo he dicho, disfruto más cuándo me llamas por mi nombre de pila. ¿No me consideras lo suficientemente cercana? Pasamos todos los días juntas.
Ino reaccionó rápidamente negando aquello. —No, es eso. Simplemente a veces es un poco de costumbre, aquí todos utilizan honoríficos. —Sonrió haciendo que se resaltarán sus mejillas.
La pelirrosa cerró el grueso libro que leía segundos antes. —¿Es hora de la merienda?
Ino negó. —Aún faltan dos horas. —Informó. —Pero es que has estado estudiando tan apasionadamente desde temprano en la mañana, pensé que sería bueno que descansaras.
Agachó la cabeza. —¿De verdad me estoy esforzando mucho? Lo siento por preocuparte, suelo ser algo intensa cuando me propongo algo. Debe ser malo a veces aferrarte tanto a las cosas ¿No? —Comenzó a guardar sus apuntes en un bolso espacioso que llevaba con ella todas las tardes a la biblioteca del Cristal.
—Para nada. —Replicó mientras la ayudaba. —La perseverancia trae consigo los mejores frutos, y yo admiro la dedicación que le pones a cada actividad que haces. Ayer no podías pronunciar bien la fonética de la mayoría de letras, pero hoy mejoraste notablemente.
—Solo porque te tengo a ti de maestra. —Era cierto, había pasado en vela la noche practicando su pronunciación, pero nada de eso sería posible si ella no estuviese a su lado para corregirla o aclararle cualquier duda. Ino era su salvación.
—Me atribuyes un reconocimiento que no merezco. —Llevó las manos a sus mejillas sonrojadas. Ino nunca había sido precisamente la más alabada del harén. Era respetada, de eso no cabía ninguna duda, cualquier pariente del Rey lo era. Pero al ser una princesa de rango muy bajo e hija de la esposa "extranjera" que estaba al grado de una concubina, nadie le prestaba más atención que a cualquier otro noble normal. Le gustaba escuchar que por fin alguien le hiciera un cumplido de vez en cuando, Sakura podía notarlo en la tierna expresión de su rostro.
Tenía cierta preocupación al respecto... ¿Serían con ella de la misma forma que fueron con la madre de Ino? Claro que deseaba que no, pero siempre cabía la posibilidad de desagradar al pueblo, y ser una extranjera facilitaba ese desagrado, más situándose en el contexto actual del país donde ahora vivía. Las personas, a pesar de todo el progreso tecnológico que Sasuke se esforzaba por introducir, seguían siendo fieles a sus pensamientos conservadores, especialmente aquellos que eran guiados por la religión.
Recordó las palabras que la Tía Tsunade le dijo alguna vez, cuando aún era pequeña e iba a tomar el té con ella todos los viernes sin falta después de su clase de etiqueta y modales.
"El pueblo no nace amándote de un día para otro, tú haces que ellos te amen. ¿Sabes cómo lo haces? Lo haces, naturalmente, a base de dedicación y compromiso a ellos."
Siempre guardaba y llevaba consigo esas palabras, grabadas en un pedazo de su corazón.
Todas las niñas, durante su infancia, soñaban con ser lo más parecido a los padres que admiraban, a diferencia claro de ella que soñaba con ser como Tsuande. Y con eso no se refería simplemente a ser reina, Sakura nunca aspiró a serlo y siendo Naruto el proclamado heredero de la nación, nunca tuvo intención de usurparle nada. Ella, más bien, se refería a ser una mujer extremadamente comprometida con lo que hacía, honorable y llena de fuerza y valentía ganada a base de esfuerzo. Tsunade poseía todas las cualidades de una mujer admirable en toda la extensión de su significado, lo cual ella creció anhelando.
Sin embargo, a pesar de no desear ser reina, gracias al empeño de su madre, la cual también poseía dotes sumamente reconocibles de perseverancia, estaba a nada de serlo. Por lo que, los consejos de la tía Tsunade cobraban plausiblemente más importancia. No podía ganarse el amor de su futuro pueblo si no se esforzaba primero por entender su historia y comunicación. Quizás era por eso que se volvía intensa respecto al tema de la educación...
—Sakura. —La voz de su dama la sacó de la nube es que se había metido, regresando al abrasador calor del camino al jardín.
—¿Eh? —Respondió.
Ino extendió una de sus manos hacia ella. —Te decía que cerca de la biblioteca está el jardín dónde viven los pavo reales, podríamos verlos en lo que esperamos la merienda.
—¿Pavo reales? ¡¿En serio?! —Dibujó una gran sonrisa al aceptar su mano. —Deben ser muy hermosos, solo unas pocas veces ví unos cuantos en un zoológico de mi país.
—Sasuke los mandó traer directamente desde la India. —Comenzó a guiarla al momento que le contaba ello. —Hace unos años, Izumi comentó en una de las cenas reales que durante uno de sus múltiples viajes se enamoró de un mito hinduísta el cual mencionaba a los pavo reales en su historia. Pasó un mal momento después de eso, ya que Fugaku la reprendió severamente por "interesarse en otra religión que no es la del Corán" y, entonces, para animarla un poco Sasuke mandó a conseguir unos pavo reales parecidos a los del relato y se los regaló el día de su cumpleaños. Fue muy lindo de su parte ¿No crees? Es un excelente hermano. —Ino parecía como si hubiera acabado de contar un cuento de hadas de las mil y una noches.
Sakura la seguía, pero el corazón se le hizo pequeño a medida que sentía lo feliz que era la rubia con cosas tan pequeñas, siendo que ella debería recibir lo mismo. —Si, es lindo...
—¿Eh? ¿No te gustó la historia? Pensé que te ayudaría a cambiar un poco tu percepción sobre Sasuke, realmente es muy buena persona. —Ella seguía sin comprender a Sakura. —¡Mira, está por allá! —Señaló la entrada del jardín.
—No es eso... A ojos de cualquiera es el relato de un bonito suceso familiar.
—¿Es por la excentricidad del regalo? Sé que está mal comprar animales exóticos, pero te juro que son cuidadosamente atendidos y alimentados aquí, se les ha recreado su hábitat y son mucho más felices de que habrían sido en Mumbai.
—Confío en que tienen los cuidados necesarios. —Respondió. —Pero se siente raro saber que mi marido tiene preferencias entre sus propias hermanas. No me malinterpretes, Izumi me cae muy bien y disfruto mucho el tiempo con ella cuando vamos juntas a la fundación, pero ¿Alguna vez Sasuke te ha dado algún regalo así? Ni siquiera te llama hermana, y te rebaja al trato de otra simple doncella. Eso es molesto para mí.
Ino se paró en seco un momento, tratando de ocultar sus verdaderos sentimientos. —Estoy acostumbrada, te lo dije hace un mes cuando surgió el tema de mi parentesco con él, estoy bien con eso. Aquí no se acostumbra a qué los hijos de diferentes madres sean cercanos, en el harén, siempre hay peleas por poder. Claramente las mujeres que lo anhelan tratan de sabotear a las demás esposas... por eso los hijos crecen siendo indiferentes unos a otros.
—Sasuke... ¿Tiene la misma madre que Izumi? —En su cabeza aquello tenía lógica...
Ino dudó en si proseguir, o mejor no tocar ese tema. —Bueno, no del todo... Es bastante complicado de explicar, y tengo prohibido hablar sobre eso. ¿Qué te parece si vamos por comida para los pavo reales? —Señaló el lugar que se encontraba a pocos metros, cambiando radicalmente la conversación.
¿Complicado? Ino recalcó que tenía prohibido hablar de ello, ¿Qué era tan complicado como para que se prohibiera hablar de eso? Era extraño...
Sakura acercó una de sus manos acunando el alimento en el hueco que formó, y lentamente lo acercó al pico del ave que lucía sus plumas de colores preciosos mientras comía de ella. Ella sonreía como boba.
Ino estaba al otro lado del lugar, buscando a la encargada de los pavo reales para que pudiera proveer de más comida para alimentarlos, en lo que Sakura le daba a su favorito las últimas migajas que tenía. Empezó a tararear una canción mientras miraba aquel pavo real, era una melodía bastante popular de Konoha.
—Su nombre es Sapna. —La pelirrosa casi se cae de bruces cuando escuchó la voz de su esposo provenir de algún lado. Luego de mantener el equilibrio a raya, la gran cuestión era ¿Dónde estaba él? Se levantó rápidamente para girarse en dirección al sonido.
Lo encontró parado detrás de ella en una posición relajada, como si llevará un buen rato así. Sakura se puso colorada. —¿Cuánto tiempo llevas viéndome?
—Desde que Ino se fue a buscar a Zalima —Se acercó a ella para asegurarse que estuviera bien. —Le hice una señal para que no te dijera que yo estaba aquí.
Trató de pronunciar alguna respuesta pero las palabras se le fueron por completo al momento que se perdió en la imágen de él con la luz del sol recayendo en su reluciente cabello oscuro, en su piel clara y en sus ojos opuestos al color del cielo. Segundos antes Sasuke se había acercado a ella, seguían en la misma posición y el impulso de querer pegar su cuerpo al de él en un abrazo creció dentro de ella, pero lo reprimió. Lo único que pudo hacer fue acercar la yema de su dedo a la piel de su mejilla y bajarla lentamente a su mentón, trazando el camino con cuidado mientras observaba cada centímetro de su rostro.
—Tu barba ha crecido. —Dijo al final. Se mentalmente ¿Eso era lo mejor que podía decirle? Sasuke sonrió ligeramente.
—Si. —Tomó la mano de ella en la de él, cálidamente. —Cuando estoy en el extranjero la llevo corta, pero me temo que aquí debo dejarla crecer.
—Ya veo... —Susurró. Alejó su mano de golpe, teniendo que estuviera haciendo algo que él considerase erróneo.
Se sobresaltó cuando ella se volteó nerviosamente otra vez en dirección al ave. —¿Así que Sapna, eh? Pensé que era macho.
—Los machos tienen el plumaje más grande y llamativo. —Explicó. Acto seguido se puso a la altura del pavo real para indicarle el tamaño de un macho. —Sapna significa "sueño" en hindi, Izumi le puso ese tipo de nombres a todos, creo que al otro lado de aquí hay algunos machos. Su favorito se llama Raj literalmente "príncipe".
Ella sonrió. —Es un alivio que puedas explicarme esos nombres ya que me temo que mi conocimiento en lenguas orientales es nefasto. —Sasuke se puso de pie.
—Estoy para ayudarte siempre que me externes tus preocupaciones. —Comentó. Él comenzó a caminar a través del verde pasto, mientras Sakura repetía en su conciencia sus palabras, sospechaba haber advertido un poco de reclamo en ellas.
La joven siguió sus pasos a través del pasto, con la mirada en la nuca de él. —¿Necesitas decirme algo? —Trató de utilizar su voz más amigable.
Sasuke se detuvo y posicionó una de sus manos en la cadera, mirando el estado de algunas plantas antes de mirarla a ella. —El mes pasado me metiste en un lío con mi hermana. Sé que no soy el mejor esposo de la vida, pero intento serlo mientras me hago cargo de todas las demás responsabilidades que tengo. —Empezó a contarle. —Mi señora, me temo que la adivinación no es un don que se me otorgó al nacer, no puedo saber lo que piensas si tú no me lo dices. Y a excepción del día que explotaste contra mí en presencia de Izumi, nunca me dijiste que era lo que estaba haciendo mal para poder corregirlo.
Se quedó boquiabierta. ¿Ahora ella era la que tenía la culpa? —Hace unos segundos creí que habías dejado tu arrogancia en la oficina. Me acabo de dar cuenta que no.
—No estoy siendo arrogante, te estoy siendo sincero. No me quiero imaginar qué idea tienes de mí, pero quiero que sepas que ese prejuicio que los occidentales tienen sobre que a los musulmanes nos gustan las mujeres sumisas, al menos no aplica en mí.
—Gracias por dejarlo claro, aunque en mi lista de cosas imprescindibles no está el hacer algún esfuerzo por gustarte. Y no soy sumisa.
Sasuke se rió por lo bajo. —Sea esto o aquello, en este matrimonio falta comunicación.
—¿Y te tomó todo un mes decirlo? —Recalcó con sorpresa.
—Bueno, para llegar a una conclusión primero hay que meditar, y para eso se lleva tiempo. Es mi primer matrimonio y soy nuevo en esto, mi dulce Jequesa.
"Mi dulce Jequesa" que clase de mal chiste era aquel, se le revolvió el estómago con ese apodo. —Vuelve a decirme así y me voy a lanzar sobre tí. —Advirtió.
—¿Con tu pequeña estatura? No puedes ni hacerme un rasguño. —Comentó burlón. —Por cierto, ¿Qué tal te fue con Izumi a ti? —Preguntó de repente.
—Genial. Cada tercer día la acompañó a las labores de la fundación. —Iban a ver asilos de mujeres ancianas, orfanatos de niñas y también hacían pláticas sobre temas de educación femenina y programas para combatir la violencia de género.
—Que raro. —Comentó. —Pensé que irías todos los días. —Recordó que su castaña hermana le había comentado que pensaba hacerle una invitación diaria a su esposa.
—Lo que pasa es que los días restantes me quedo aquí y mi dama de compañía me enseña en la biblioteca. —Explicó de forma normal. Aquello lo dejó sorprendido.
—¿Te enseña en la biblioteca? ¿Podría saber sobre que? —Trató de indagar y eso le agradó a la pelirrosa, haciendo una sonrisa mientras decidía que contarle.
—Quiero aprender a hablar como las demás personas de Suna. Y sobre los deberes del harén, Ino me tradujo algunos libros del tema. —Agregó. —Debo ser una carga para ella —Comentó con gracia.
—Estoy sorprendido. —Comentó.
—¿Pensabas que me entregaba al ocio? Me frustro cuando no tengo un día productivo, así que no.
—Sakura, te ofrezco una disculpa. —Reflexionó un poco. Ella tenía toda la razón desde el principio y estaba en todo su derecho de sentirse abandonada y de lado, y él mismo era el culpable de ello, ni siquiera sabía ese tipo de detalles tan básicos del día a día en la vida de su esposa.
—¿Mmm? ¿Por qué? —Le resultó repentino recibir una disculpa de su parte.
—Yo tampoco te pregunté que era en lo que te sentías incómoda. —Soltó
Ella sonrió.
—Te imploro que veas en mí la confianza para decirme cualquier cosa que te angustie. Es cierto que empecé las cosas mal, y por eso me estoy proponiendo arreglarlas.
—¿Ah, si? —Levantó las cejas al preguntar.
—Si. Después de la coronación, podré tomar un descanso. Pienso dedicarlo completamente a resolver nuestro pequeño incidente sobre la comunicación. ¿Estás dispuesta a ayudarme?
—Supongo. —Se sonrojó.
—Mi dulce Jequesa.
—¡Te dije que no dijeras eso! —Comenzó a perseguirlo.
—¿Por qué no? Eres Jequesa y también dulce. —Se reía de ella a carcajadas, la imágen de su pequeña esposa tratando de seguirle el paso era mejor que cualquier comedia existente.
—¡Es vergonzoso! Y deja de reírte de mí. —Exclamó.
—Está bien. —Sasuke tranquilizó su risa a pedido de ella. Se recuperó y después volvió a adoptar su porte de seriedad. —Ino. —Llamó a su dama y justo entonces Sakura recordó que la estaba esperando, con el encuentro de su marido se había olvidado de ella.
Se sobresaltó cuando la rubia salió de detrás de un arbusto con la bolsa de comida de pavo real en la mano, ¿Estaba escondida y Sasuke la había descubierto?
—Su Alteza. —Hizo una reverencia con timidez, quizás estaba escuchándolos a hurtadillas. Sasuke ignoró totalmente ese posible hecho.
—Cuando la Jequesa quiera estudiar puede utilizar mi biblioteca personal. Hay una variedad más extensa de libros, incluso en el idioma de ella. —Ofreció.
—Lo entiendo, alteza. —Ino volvió a hacer una reverencia, Sakura se dió cuenta que tenía una gran sonrisa de oreja a oreja.
—Mi esposa tiene acceso a todas mis áreas privadas y puede utilizarlas en cualquier momento que ella desee.
