Capítulo 6
Un brindis por confesión
En las siguientes dos semanas después Sakura continuó con la pequeña rutina que afortunadamente se había creado: Se levantaba muy temprano en la mañana, desayunaba, estudiaba en la biblioteca personal de Sasuke con ayuda de Ino, y si había tiempo después conversaba con él cuando se desocupaba de sus deberes reales. También acudía tres veces a la semana con Izumi a visitar a las mujeres de la fundación. Agradecía mucho tener algo en qué ocupar su tiempo, y a Sasuke le sorprendió saber que su esposa fuese tan activa en el día a día.
Justo durante esa tarde calurosa en la cual daba una de las vueltas rutinarias en la fundación fue cuando una cabellera de inusual color le llamó la atención. Izumi se había ido a una reunión, como encargada y presidenta de la fundación tenía compromisos que no se podían posponer, por lo tanto, ella estaba sola mientras se llevaban a cabo las actividades de recreación entre las mujeres.
Miró el semblante de la chica... Era normal que algunas de allí fueran algo cohibidas debido a que provenían de situaciones familiares complicadas, algunas eran huérfanas, otras madres solteras e incluso había mujeres víctimas de violencia intrafamiliar que habían escapado de sus respectivos maridos. Sin embargo, siempre trataba de incorporar a todas para que se sintieran en compañía y no les faltara alguien con quién hablar. Recibían terapia y se les instruía en oficios que pudieran servir a largo plazo para mantenerse a ellas mismas, y a los hijos que tenían algunas. No iba a mentir, era complicado teniendo en cuenta la educación del estrato social al que pertenecían. Muchas pensaban que estar lejos de su familia o marido era un pecado, pero Izumi trataba lo mejor posible de cambiar esa mentalidad, y se notaba una mejora gigante en comparación al primer día que la acompañó. Todas eran más abiertas, todas menos ella...
Se acercó a la joven de mirada pérdida, por su aspecto no debía de tener más de unos veinte años, se atrevería a jurar que incluso era más joven que ella misma. Llevaba su velo cubriendo su cabeza pero unos cuantos mechones rojizos se le escapaban por la abertura de la tela de lino y quedaban expuestos a la luz de los ojos esmeralda de Sakura. Cuando la joven notó que la pelirrosa se acercaba automáticamente dió varios pasos hacia atrás, tratando de alejarse lo más posible de ella.
—Hola... —Le dijo en su idioma, por fin todo lo que Ino le estaba enseñando tenía un uso que no fuera practicar horas infinitas dentro de cuatro paredes. —¿Estás bien?
Los ojos de la joven eran de un café rojizo excepcional que combinaban muy bien con los mechones de su cabellera.
—Tranquila. —Sakura quiso decirle más pero su conocimiento en vocabulario aún era bastante pobre, trataba la fórmula de decir una oración completa pero todavía se le dificultaba.
Ella la miró y tomó rápidamente el velo blanco y se envolvió rápidamente en él cubriendo bien cada parte de su cuerpo que no fuese su rostro, la túnica que vestía también era blanca. De
hecho, ahora que Sakura lo recordaba nunca la había visto vestir de otro color que no fuese blanco... Las pocas veces que la había visto con anterioridad siempre vestía ese color.
—No estaré aquí por mucho tiempo así que no se preocupe por mí. —Sakura se quedó impactada al notar que la chica tenía conocimiento en inglés, su acento era bueno.
Sonrió de la forma más amigable, tratando de transmitirle un poco de comodidad. —Que bueno que podemos entendernos. —Dijo.
Ella no contestó, simplemente la ignoró y siguió mirando hacía cierto punto vacío de la habitación. Las demás mujeres estaban entretenidas aprendiendo a tejer pero ella apenas y había tocado la aguja. —Veo que eres algo tímida pero ¿Podrías decirme tu nombre? —Trató de indagar más profundo, algo en ella le llamaba mucho la atención desde la primera vez que la vió.
—¿Mi nombre? —Arrugó el entrecejo mirándola como una extraña a la que no le tenía ni un poco de confianza.
Comprendió aquello, no podía exigir que aceptara de la nada responder las preguntas de alguien a quien no conocía. —Bueno. —Rio tratando de aligerar el momento con suavidad. —Todos tenemos uno. —Señaló. —Es obligatorio que nos registren con uno al nacer.
La pelirroja la miró de arriba a abajo varias veces hasta que suavizó un poco su expresión. Sakura no le parecía una persona que fuera a hacerle daño, aunque claramente su previa mala experiencia le prohibía confiarse.
—Karin. —Respondió secamente.
La pelirrosa sintió un aire de triunfo en su pecho. —Ese es un nombre bastante hermoso. —Su sonrisa se volvió más alta. —Oye Karin, ¿Te gustaría unirte conmigo a tejer? —Llevaba en sus manos dos agujas y un poco de hilo de tela que le habían proveído —Yo también estoy aprendiendo por primera vez.
—¿Por qué desperdiciar el tiempo conmigo? —Preguntó. Para la pelirroja era totalmente una pérdida de tiempo que una mujer con tanta clase siquiera le dirija la palabra. Todas querían lo mismo "hacer caridad con la chica que luce miserable".
—Escuche que tú familia te dejo aquí. ¿Quieres hablar de eso? —Recordó haber escuchado aquello de Izumi.
—Intercambiar la palabra "abandono" por "dejo" es completamente innecesario de su parte, alteza. No necesita tenerme lástima. —Las palabras de Karin cayeron como un balde de agua fría sobre ella, aunque su voz era muy calmada podía percibir que estaba llena de resentimiento y dolor. Probablemente guardaba muchas cosas mientras se hacía la fuerte.
—No era mi intención ofenderte. —Trató de excusarse. —Solo quería hacerte saber que no estás sola aquí, y por lo tanto tampoco deberías excluirte de pasar el rato con las demás mujeres. —Explicó haciendo entender que no trataba de burlarse de ella o algo por el estilo.
—Lo estoy. —Karin la corrigió. Sakura lucía tan pura e inocente tratando de ayudar a todos allí, pero eso no quitaba que a vista de la pelirroja solo era una noble que creció en una burbuja de privilegios y que claramente no la entendería en lo absoluto. Decidió levantarse y cortar la conversión. —Estoy sola aquí.
El resto del día Sakura se quedó pensando en el tono resentido que la joven dejaba salir de su boca cada vez que pronunciaba una sola palabra. No debía tener más de veinte años cumplidos, ¿Por qué una chica como ella que era tan pequeña daba la impresión de que ya había sufrido bastante en la vida?
—¿Estás bien? —La voz de Sasuke la interrumpió.
—¿Hmmm? —Sakura seguía atrapada en sus pensamientos. —Perdón, creo que estoy un poco cansada. Tuve un día largo. —Señaló, tratando de excusar su falta de atención.
Sasuke y ella se encontraban paseando en silencio aquella noche. Izumi se había ocupado bastante y no tuvo tiempo de acompañarlos en la cena, por lo que esa noche solo estarían él y ella en compañía única de la luz de luna.
—Los preparativos para la coronación están listos. —Avisó él mientras caminaban hacia la terraza. —El consejo me ha avisado está tarde que han elegido la fecha más auspiciosa para llevar a cabo la ceremonia.Mi padre también está de acuerdo.
Sakura hizo una mueca. —Suena como algo bastante surrealista que digas "mi padre". —Observó con una sonrisa.
—Lo siento. Lo verás durante la ceremonia, debido a su salud tan frágil no tiene permitido recibir visitas de forma frecuente.
—Está bien.
—¿Esto es bastante extraño para ti, verdad?
—Creo que lo encuentro bastante normal —Sonrió.
—Una pareja normal primero se enamora, conoce a la familia y después, al final, se casan. Nosotros estamos haciendo todo al revés…Ni siquiera has visto a mi padre.
—Supongo que es la forma en que tiene que pasar. —A Sakura le hubiese gustado gritar que le hubiese encantado enamorarse y casarse con alguien a quien de verdad quisiera, pero el fondo sabía que era inútil. —Aunque nuestras culturas sean distintas, tenemos algo en común, Sasuke: ambos nacimos bajo familias nobles que decidieron nuestro futuro mucho antes de que nosotros pudiéramos mínimamente pensar en ello. Entre más rápido nos acostumbremos a eso, será mucho mejor y más fácil.
—¿Quieres decir que te sientes obligada a estar casada conmigo?
Sakura rodeó los ojos. —No. Lo que trato de decirte es que ambos somos dueños de la responsabilidad que conlleva este matrimonio, así que no necesitas disculparte por no darme una relación normal porque jamás esperé una. Desde joven supuse cuál sería mi destino. No lo veo como obligación sino como parte de mi vida.
—Pues difiero completamente contigo Sakura. Yo no fuí educado para nada de esto —Señaló. —Ni siquiera viví aquí durante años. —No se dió cuenta en qué momento había soltado más de la cuenta hasta que se escuchó a sí mismo.
—¿Qué? —La sorpresa en el rostro de su esposa se hizo visible. ¿Cómo podía decir aquello cuando era el heredero de la corona? Sakura pensó que quizás le estaba tomando el pelo otra vez.
Sasuke la miró fijamente con sus oscuros ojos negros. —Mi hermano Itachi fue el hijo varón mayor de la familia… —Confesó.
—¿Itachi? —Ella nunca había escuchado ese nombre antes. O si había sido mencionado en su presencia o algún medio de comunicación simplemente lo había olvidado por completo.
De pronto el pelinegro sintió la necesidad de contarle toda la historia a su esposa, pero ¿Por qué? ¿Por qué cuando estaba con Sakura se sentía distinto? Usualmente nunca sentía la obligación de aclarar o dar detalles de su vida a alguien que no los requería. Parecía como si su boca se suavizará y comenzará a dejar salir palabras por su propia cuenta, ya que cuando menos lo acordó estaba diciéndole todo a la joven de cabello rosado.
—El heredero de mi padre. —Llegaron hasta un pequeño lugar en el que se alcanzaban a ver las estrellas plateadas del cielo. Tomaron asiento en una de las bancas —Era un excelente hijo, y además muy talentoso para básicamente todo. Fue a él a quien educaron para ser el Rey… no a mí.
Ella se paró en seco y se posicionó frente a él, enmarcando sus verdes ojos expectantes en su rostro. —¿Tu hermano? —Logró preguntar finalmente.
—Mi madre al ser la reina y tener a los dos únicos hijos varones del Rey se convirtió en la mujer más respetada del harén. Sin embargo, su corazón se marchitó cuando mi padre eligió a
otra consorte como su favorita. Ella sabía que el corazón de Fugaku nunca le pertenecería por completo, había tantas esposas y reclamar cariño solamente para ella sería considerado envidia. No soportaba su vida aquí y decidió dejar el Cristal, jamás se divorció de mi padre por miedo al rechazo social pero logró llevarme con ella y viví toda mi adolescencia a la par de mi familia materna. Itachi tuvo que quedarse ya que siendo el heredero no le permitían vivir en el extranjero, sólo podía ser educado dentro del Palacio. Pero... murió cuando yo recién me gradué de Oxford. La universidad donde conocí a mi mejor amigo. —
—Ambos, él y mi madre tuvieron un accidente automovilístico cuando se reunieron juntos después de muchos años. Y dejé Reino Unido inmediatamente porque me designaron heredero al ser el único varón con vida, Fugaku solo ha tenido hijas con sus demás consortes. Yo tuve que adaptarme a un sin fin de expectativas y también soportar las críticas.
—¿Críticas? —Frunció el ceño. Sasuke era el modelo de hombre perfecto que nació para ser Rey, no creería aquello.
—Había quienes decían que era demasiado joven o inexperto. O que simplemente no era tan bueno como Itachi, tampoco querían un heredero que fuera soltero. Aquí los gobernantes tienen que poner el ejemplo y el matrimonio es sagrado según el Corán, un buen hombre se casa para poner el ejemplo.
—Debió ser muy duro para ti. —agregó ella y sostuvo su mano entre las suyas.
—Me esforcé día y noche para borrar esos comentarios y para que mi padre se diera cuenta que yo también era un buen hijo. ¿Sabes? Él nunca me miró antes, era el segundo hijo así que no importaba tanto. Me hice cargo de todo lo que Itachi dejó inconcluso y me gané el respeto poco a poco. Siempre admiré a Itachi y era como mi modelo a seguir, me esforcé por él también.
Sakura acarició su brazo. —Por supuesto que sí.
—Por eso no comparto tu mismo sentimiento de responsabilidad del todo. Claro que crecí sabiendo que tendría que casarme algún día, pero nunca me lo imaginé de esta forma. Sabía que el consejo me presionaría para conseguir una esposa antes de los treinta años y, a mi parecer, con suerte se conformarían con que eligiera alguien de mi edad y tuviera algunos hijos con ella. Pero jamás pensé en la forma tan estricta en que hasta mi matrimonio fue concertado...
—Ya veo... —Sakura miró hacia abajo unos instantes. De repente se sentía algo culpable al respecto.
—Hace unas semanas hablé con un amigo cercano. Él le tiene fobia a las relaciones formales, y mucha más al matrimonio. Me dije que cómo era posible que existieran hombres como él que nunca han sentido la necesidad de contraer matrimonio. A todo esto, estoy casi seguro que
Suigetsu morirá soltero o con cuántas amantes que le durarán menos de un mes. Para mí es impensable —Añadió. —Pero ahora entiendo porque. Yo siempre supe que me casaría llegado cierta etapa de mi vida, por eso lo reacio que es Suigetsu al matrimonio me escandalizo. Cuando te expones a cosas desconocidas es natural que no lo aceptes. —
—Suigetsu no sabe lo que es el matrimonio debido a que sus padres no permanecieron casados mucho tiempo antes de divorciarse. Yo no conozco la responsabilidad porque no fuí criado como heredero, y tú no conoces otra cosa que no sea responsabilidad gracias a que tu madre siempre controla tu vida y ves todo como una responsabilidad para complacerla.
—¿Mi madre controla mi vida? —Repitió enojada. —Nadie controla mi vida. —Soltó. Sus saltones ojos verdes lo acorralaron.
—Vamos Sakura, recuerdo lo dije en nuestra noche de bodas y no he cambiado de pensar al respecto. Aceptaste casarte conmigo para complacer a tus padres, especialmente a tu madre y ligado a eso también debo recalcar que tu actitud en Konoha es completamente distinta a tu verdadera personalidad. Cuando tus padres están presentes eres sumisa y aceptas todo lo que ellos digan. Cuando estás aquí eres otra tú. Menos insípida y con más personalidad, me agrada bastante.
El rostro de ella se tornó algo molesto y Sasuke pudo darse cuenta. —Creí haberte aclarado que puedo ser lo suficientemente independiente de mis padres. No todo en mi vida gira alrededor de complacerlos
—No lo sé... Pero aún así te agradezco.
—¿Agradecerme? ¿Sobre qué?
—No sé con qué tipo de mujer me hubiera terminado casando el consejo si tú hubieses ido en contra de la voluntad de tus padres y hubieras rechazado mi propuesta de compromiso. Estar casado contigo no es tan malo.
—¿Tan malo? —Soltó una carcajada. —¿Debo aceptar eso como un cumplido? Déjame decirte que no funge como tal.
—Creeme, en el peor de los casos pudieron haberme casado con Izumi. Eso jamás lo aceptaría, pero estar casado contigo se ha vuelto interesante en un muy buen camino.
Sakura casi se desmaya cuando escuchó aquello. ¿Izumi? —¿Qué? ¿Estás diciendo locuras otra vez? ¿Por qué te casarías con tu propia hermana? Eso es totalmente inaceptable. Solo de pensarlo me revuelve el estómago.
—Hay una vieja tradición en la Familia Real, si el heredero real muere el hermano toma su posición, y también desposa a su viuda.
—Viuda… Izumi es...
Sasuke asintió.
—Entonces... ¿Izumi e Itachi estuvieron casados? —Él respondió que sí.
—Izumi viene del Norte del país, es hija de un importante noble de por allá. Cuando cumplió dieciocho años la trajeron al Cristal para que se convirtiera en esposa de mi hermano. —Relató. —No llevaban más de cinco años de casados cuando ocurrió el accidente de mi madre e Itachi. Ellos han sido la única pareja que conozco que realmente se han amado mutuamente a pesar de casarse por arreglo… Como si fueran una pareja de cuento.
—No puedo creer todo lo que me estás contando, yo pensaba que ella era tu hermana de sangre, no tu cuñada! —Exclamó, poniéndose sumamente pálida.
—La respeto como si fuera mi hermana mayor —aclaró. —Ciertamente es de mi familia. Por eso me pareció completamente inmoral que trataran de continuar la tradición y me casaran con ella. Jamás podría ver en ella algo que no fuera la mujer de mi hermano. La opción de casarme contigo fue diez mil veces más acertada en todos los sentidos.
—¿A qué sentidos te refieres? —Inquirió.
—Bueno, me agradas y además eres linda. Lo demás sucederá con el tiempo supongo. —Sasuke se acercó a su lado y acomodó un mechón rosa detrás de su oreja. —Tu cabello es bastante rebelde a veces.
—¿Esperas algo más? —Sintió su cercanía a él bastante agradable, otra vez sentía aquel cosquilleo en el estómago que sólo se presentaba cuando Sasuke cerraba el espacio entre ambos.
—No soy exigente, solo espero respeto y comprensión entre ambos. —Por algún motivo esperaba escuchar algo más de la boca de Sasuke, pero no sucedió. Volvió a recordar que lo suyo era un matrimonio de arreglo y no un cuento de hadas como el de Izumi. No terminaría enamorándose de él…
—Y... ¿Familia? ¿No has pensado que llegara el momento en que debamos tener hijos? —El lado sensato de su cabeza le arrojó aquella idea. Todas las familias reales no importaba la ubicación, religión o cultura, necesitaban bebés para continuar el linaje. —Se sonrojó al recordar su noche de bodas.
Sasuke se acercó lentamente hacia ella, después posicionó sus dedos dando un suave golpe en su frente. —Hablaremos luego de eso. —Sus pómulos se alzaron en una sonrisa. Sasuke
no dejó pasar por alto la hermosa imágen de Sakura a la luz de la luna tratando de observar sus dedos en su piel. Era tierna.
Sakura tocó su frente aún reciente al tacto de él, preguntando que había sido eso, de repente le contaba todo y segundos después se ponía reacio a hablar sobre hijos y familia.
—Por cierto, Suigetsu llegará mañana. —Sasuke trató de romper la tensión, haciendo olvidar a sí mismo que le había regalado a esa mujer el gesto más especial que su hermano le hacía de pequeño.
Oh claro, Sakura había olvidado por completo que su esposo esperaba a su mejor amigo para la coronación. Claramente Sasuke fue a recibirlo puntualmente la tarde siguiente cuando su avión arribó a Suna, y durante la tarde comió con ellos e Izumi.
—Una lástima esa chica. —La mayor estaba contando como una joven había abandonado la fundación sin que el personal se diera cuenta. Sakura le prestaba atención mientras comía. Sasuke y el peliblanco igualmente la escuchaban. —De verdad quería ayudarla, no sé cómo escapó.
—¿La conozco? —Le preguntó Sakura. Tenía curiosidad de saber cuál de las mujeres se había ido. Y más que nada saber porqué, allí no se les trataba mal ni tampoco se les obligaba a hacer cosas o tareas que no quisieran. Hacía todo por ayudarlas.
—Karin Uzumaki. —Respondió. Inmediatamente se acordó de ella y de su plática el día anterior. —Se fue durante la noche. Espero que Allah la ampare, tiene solo veinte años.
—Sin duda es muy joven. —Comentó el peliblanco, dando un sorbo a su copa. —El mundo afuera es cruel, espero que recapacite y regrese con ustedes.
—¡Yo también! —Exclamó la castaña. —Ni se imaginan la cantidad de cosas horribles que ha sufrido en su corta edad. —Sasuke le hizo la pregunta. —¡Su padre la casó a los quince años con un señor que tenía sesenta! Es asqueroso solo de pensarlo. Obviamente era pobre y quería deshacerse de su hija y obtener dinero al mismo tiempo.
—Dios, que horror. —agregó Sasuke. La pelirrosa no paraba de recordar lo triste de la mirada de la joven.
—Su matrimonio duró unos pocos meses. Su esposo falleció naturalmente y la dejó viuda, a merced de una familia política cruel. Los hijos se negaban a verla como una madrastra, tenían incluso una edad mayor a la de ella. La maltrataron por años física y psicológicamente hasta que la echaron a la calle. Fue ahí cuando la rescatamos.
Se sentía amarga al escuchar el relato de la vida de Karin, sin duda el destino no era bueno con ella desde el inicio. Perdió el apetito y su rostro se tornó bastante sombrío.
—Vaya, vaya. Hey, pero no hay que hablar de cosas tristes en la mesa. —Suigetsu alzó su copa en un brindis. Notó cierto aire de tristeza y lástima entre los presentes. —Hay un viejo dicho en mi familia que dice que a la hora de comer solo se habla de cosas buenas o se desean cosas buenas. Por tanto, deseo que a esa chica Karin la vida le recompense todo el daño que le ha hecho, y que Allah esté de su lado de ahora en adelante. —Fue el único en beber su copa. Sakura no era fanática del alcohol, e Izumi y Sasuke al ser musulmanes tenían prohibido beber alcohol.
Si alguien le hubiese dicho en ese momento al querido amigo de nuestro protagonista el giro de 360 que daría su vida gracias a ese brindis en honor a una desconocida, terminaría escupiendo el alcohol de la copa que tanto disfrutaba…
