Capítulo 7

Beber para olvidar


Sakura estaba alistándose para dormir, se había recogido los mechones rosados en una trenza, y tenía ya puesta su bata de dormir al momento de escuchar a alguien llamando a su puerta. ¿Era Ino? Bastante extraño que ella viniera tan noche, usualmente la dejaba a solas después de la cena, así Sakura podía relajarse sola antes de dormir.

Un golpe, dos golpes más en la entrada. ¿Qué era tan importante para que la rubia acudiera casi a media noche? Tomó el abrigo a juego con su bata de dormir y se lo puso, comenzando a caminar hasta la perilla de la puerta.

—¡Sakura! —Se echó a sus brazos. —Te extraño mucho. —Comenzó a llorar luego de decir esas palabras.

No era Ino.

—Estoy harto de todos, quiero estar contigo. —Su aliento a alcohol le inundó las fosas nasales conforme él se sostenía pobremente en sus hombros. Nunca antes lo había visto en semejante estado.

—¿Estuviste bebiendo? —Lo cuestionó, tratando de sostenerlo para que no cayera al suelo.

Sasuke comenzó a reírse. —Un poco. —Hizo una seña con sus dedos.

La pelirrosa bufó. —¿En serio? Yo diría que te terminaste el bar entero, ¿No tienes prohibido beber? O al menos eso fue lo que le dijiste a Suigetsu ayer.

—No le vayas a decir a nadie —Sonrió. Sus palabras eran mal pronunciadas debido a la embriaguez. —Si el consejo o mi padre se enteran son capaz de expulsarme de la iglesia islámica, ¿Guardarás el secreto por mí verdad?

Ella dejó salir una maldición. —¿Entonces por qué lo hiciste? No eres un adolescente para que te recuerden lo que debes o no debes hacer. —Tomó uno de sus brazos y lo pasó por su espalda

—Necesitaba un trago.

—Si, ya me di cuenta. —Le dijo con sarcasmo. —Ven, te ayudaré a llegar a tu habitación. —Dejo salir un bufido de su boca, Sasuke era muy pesado.

—No puedes. —Le contestó. —Se darán cuenta que bebí si me llevas allá, además —la abrazó. —Quiero estar contigo.

—¿No te parece que puede que alguien ya te haya visto así de camino aquí? —El negó.

—Suigetsu me ayudó a venir. —Confesó.

—Así que ese imbécil fue él que te hizo beber así... —Entrecerró los ojos, mañana hablaría seriamente con ambos.

—Yo le dije que quería olvidarme de la pelea que tuve con mi padre, tomé un trago y después perdí la cuenta. —Volvió a soltar una carcajada. —¿Es gracioso, no?

—No. —Respondió ella cortante. —¿Qué se supone que haga? Esta es mi habitación.

—Habibi, solo deja que tu marido duerma aquí por esta vez.

—¿Habibi?

—¿No te gusta? Significa "mi amor"

Primero "Dulce Jequesa" y ahora "Habibi". Sasuke tenía una extraña inclinación por otorgarle apodos bastante penosos.

Sakura llevo su mano hasta su frente, checando su temperatura corporal. —Cállate, no quiero escucharte.

Él estaba bien, afortunadamente no había indicios de que pudiese caer en un coma etílico o algo parecido, agradeció. Arrastró el cuerpo de él hasta el borde de la cama y lo recostó como pudo allí, Sasuke estaba tan ejercitado que el peso de sus músculos era difícil de llevar.

—Duerme, mañana hablaremos. —Ella se dió la vuelta.

—¿A dónde vas? —Le tomó la mano, evitando que se fuera. —Te dije que te extraño, quédate conmigo. —A estás alturas, la pelirrosa lo veía como un niño haciendo un berrinche.

—Dormiré en el sofá. —Respondió.

Ella no pudo dar ni siquiera un paso más allá cuando Sasuke tiró de la mano que tenía sostenida para acercarla a él en la cama. La acomodó junto a su cuerpo, rodeándola con sus brazos. —Tengo sueño, deja de hacer un alboroto.

—¿Seguro que soy yo quién está haciendo un alboroto? —Reclamó, sin embargo, Sasuke seguía abrazándola mientras trataba de concebir el sueño.

Llegó un momento en el que creyó que él ya estaba dormido, porque no escuchaba nada más que su respiración, y sus brazos que la envolvían se habían relajado un poco.

—Peleé con mi padre hoy. —La pelirrosa se sorprendió, ella estaba a punto de quedarse dormida cuando lo escuchó.

—¿Si?

—Le conté sobre mi plan de hacer que mi coronación fuese abierta al público, que todos pudiesen verla. Transmitirla en vivo, no sé, me pareció una buena idea para estrechar relaciones con los habitantes. Pero se negó rotundamente, diciendo que es una tradición que solo los nobles asistan a la coronación del Rey.

—¿Él te dijo eso?

—Me dijo muchas cosas más, pero no quiero recordarlas o voy sentirme peor. Cuando lo escuché decir que "Itachi jamás hubiese hecho una propuesta tan ridícula" sentí mi sangre hervir. ¿Por qué tenía que traer a mi hermano a la conversación?

—Bueno, ciertamente no está bien que siga haciendo comparaciones entre ambos. ¿Alguna vez le has dicho cómo te sientes? Justo como me lo estás diciendo a mi ahora...

—¿Para qué? ¿Solo para que él se ría? Seguramente haría eso y después llamaría débiles a mis sentimientos.

—Yo...

—Mejor durmamos... —Cortó tajantemente. Sakura se quedó con un sabor de boca amargo en cuanto a lo que su marido acababa de contarle.

¿Por qué bebe la gente? Un trago, después dos, y cuando menos te los esperas estás tratando de olvidar aquello que lástima en al corazón, con más copas de las planeadas, cuando uno bebe incluso la amargura se siente un poco más dulce mientras baja por la garganta... ¿Es por eso que la bebida se vuelve un hábito? ¿O es porqué aligera las razones de la tristeza? Esas preguntas rondaban por su cabeza mientras cerraba los ojos para entregarse al sueño de la noche...


La mañana siguiente fue un poco caótica para Sasuke, abrió los ojos encontrando los adornos rosados que había mandado a traer especialmente para la habitación de Sakura, recordó un poco como había llegado allí anoche antes de que su garganta y su boca, que se sentían extremadamente secas a causa del alcohol, le molestaran mientras la cabeza le dolía igualmente horrible con unas punzadas que fueron el principal desencadenante de que despertara.

Extendió sus brazos sobre las sábanas buscando el cuerpo de su esposa pero no encontró nada, estaba él solo.

—¿Sakura? —Intentó llamarla. Parpadeó varias veces para que la luz del nueva día no dañará sus orbes recién despiertas.

Se sentó sobre el colchón y la buscó con la mirada mientras se acostumbraba a la susodicha luz. —¿Sakura? —Volvió a llamarle.

Las puertas del vestidor se abrieron y ella salió con unas prendas perfectamente dobladas en las manos—Ya despertaste. —Más que una pregunta, aquella frase era una afirmación bastante fría, y acompañada de una mueca. —Levántate. —Le ordenó

¿Había escuchado bien? ¿Ella le estaba hablando autoritariamente a él? Abrió y cerró los ojos varias veces más.

Sakura se acercó hasta el borde de la cama y lo tomó por el brazo. Sasuke se dió cuenta que aún llevaba la misma ropa de ayer, y tenía un olor penetrante a alcohol. El olor a whisky no fue impedimento para que su esposa lo tomara del brazo y lo arrastrara hacía quien sabe dónde.

—Debemos hablar más tarde. —Le dijo ella sin emoción. Llegaron al cuarto de baño y ella empezó a acomodar las toallas y los jabones.

—¿Qué haces? —Le preguntó él.

—Desvístete —Ordenó. Sus ojos saltones verdes lo miraban fijamente y Sasuke sintió una extraña sensación recorriendo su espina dorsal.

Él la miró pícaramente. —¿Quieres hacerlo ahora mismo? —Sus ojos negros se dilataron un poco, se acercó y la tomó por la cintura.

Sakura se removió, soltándose de sus brazos —Cállate. —Ella comenzó a desabrocharle los botones de la camisa, dejando su espalda desnuda. Después le quitó los pantalones.

—Sakura, no sabía que eras así de espontánea. —Sonrió.

Ella empujó su pecho hasta la ducha y abrió el grifo del agua fría, dejando que el agua helada cayera sobre él.

—No me acuesto con gente que no está sobria. —Sakura cerró la puerta corrediza de la ducha, dejándolo adentro. —Te dejé ropa en el lavabo, cuando termines de darte un baño sal a desayunar, le encargué a Ino que te sirviera aquí.

—¿Qué fue eso de allí? —El pelinegro entró nuevamente a la recámara de la pelirrosa, limpio y sin ese olor a whisky que le daba náuseas a Sakura. —¿Sabes quién soy?

Ella estaba sentada en la mesa de la habitación, Ino estaba a un lado de ella, probablemente acababa de servir el desayuno.

Sakura lo miró de arriba a abajo y después volteó en dirección a su amiga. —Ino, recuérdame quien es el sujeto que está frente a mí.

Ino se quedó pasmada, ¿Qué se suponía que debía de responder? No estaba segura, pero al parecer estaba presenciando una pelea matrimonial. —Pues... Él es su marido.

—¡Bingo, Ino! Es mi marido...

—Y también soy el Jeque, futuro Rey. Y acabas de hablarme como si fuera tu sirviente para dejarme a la deriva del agua más helada de mi vida. —Completó.

—Oh... —Sakura puso sobre la mesa el libro que estaba leyendo antes de que saliera del baño.

—Creo que yo me voy... —La rubia se volteó rápidamente, tratando de escapar. No quería estar en medio de una discusión, y menos una de recién casados.

—Ino, te quedas. —Dijo Sakura, y la joven sintió una especie de sudor frío. Después volvió a dirigirse al pelinegro. —¿No dijiste que odiabas la idea de tener una esposa sumisa? No pensé que te asustaras tan fácil a la primera que una inofensiva esposa como yo mostrara algo de carácter.

—¿Podemos hablar en privado? —Refiriéndose a la rubia.

—No. —Respondió Sakura.

—¿Entonces que me tienes permitido hacer, mi señora? —Preguntó con sarcasmo.

—Siéntate y bebe esto. —Señaló un vaso. Sasuke la miró algo molesto y accedió a regañadientes.

—¿Qué diablos es esto? —Escupió el líquido luego de un pequeño sorbo.

Ino fue quien le respondió. —Es un remedio para la resaca, la Jequesa lo preparó ella misma para usted.

Sasuke la miró. —¿Acaso me quieres matar? Esto sabe horrible.

—Ganas no me faltan. —Continuó la lectura de su libro. —Bébelo todo.

—Está bien. —A pesar de que esa cosa sabía horrible, terminó haciendo lo que ella decía. Lo bebió de un trago y reprimió las ganas de vomitarlo.

—Odio a la gente que no se sabe controlar cuando bebe alcohol. —¿Acaso ella le estaba reclamando?

—Es la primera vez que me pasa, lo siento. Debí molestarte ayer.

—Lo hiciste.

—No volverá a pasar...

—Por supuesto no. Hablaré yo misma con Suigetsu para que deje de alentarte a la bebida. Tú mejor que nadie sabes lo restringido y mal visto que está el alcohol en esta parte del mundo. Agradece que no te dejé afuera borracho, cualquier otra esposa en mi situación lo hubiera hecho, y todos se hubieran dado cuenta. ¿Qué harías si el consejo se entera que bebiste hasta embriagarte? ¿Cómo cargarías con las consecuencias si te expulsan del Islam? O peor, si cancelan la coronación porque el heredero rompió las leyes del Corán. Sasuke no te creas que por haber dormido conmigo una vez en nuestra noche de bodas es porque estoy enamorada y aguantaré escenas como las de ayer, recuerda que este matrimonio no le trae ningún beneficio a Konoha si te metes en un escándalo. Porque eso es lo que es esto, no lo olvides, un acuerdo para beneficiar a mi país.

—¿Eso es todo, Sakura? ¿O necesitas dejarme claro otra cosa?

—Es todo. ¿Ino hiciste la llamada que te pedí?

—La hice.

—Gracias.


Cierto peliblanco se encontraba dando un paseo matinal por las calles de Suna, era un aficionado a dar largas caminatas antes de empezar las actividades del día, cuando se encontraba en su apartamento de Londres recorría hasta cinco kilómetros diarios, lo hacía sentirse mucho más despierto y le daba energía para llevar las riendas del negocio familiar ahora que era el nuevo CEO de la compañía. Era un alivio tener unas vacaciones luego de meses de estar trabajando sin parar, estaba envejeciendo y con ello también se volvió un poco adicto al trabajo. "Se llama madurez" le dijo Sasuke el día anterior cuando le externó como se sentía.

Comenzaba a preocuparle está nueva etapa en su vida, sin fiestas, sin salidas o viajes de soltero, todo se reducía a trabajo. El único día que se pudo tomar libre, fue el día de la boda de Sasuke y Sakura, lo acompañó en el altar e inmediatamente después partió a Suiza para reunirse con potentes inversionistas.

La vida que odiaba se estaba apoderando cada vez más de él..

Suspiró, quizás todos los sermones de su amigo estaban haciendo un efecto. De tanto que su madre le repetía que era tiempo de que se consiguiera una esposa, y Sasuke apoyando esa idea de su progenitora, estaba terminando por creer que era cierto que necesitaba una. Pero, tendría que hacer una búsqueda exhaustiva porque no aceptaría a esas chiquillas insípidas con las que su mamá le organizaba citas a ciegas. Según ella seleccionaba a las solteras de la alta sociedad londinense más educadas, respetables y procedentes de las mejores familias, pero a Suigetsu le parecía más bien que seleccionaba a las más aburridas y superficiales.

Sacó su teléfono inteligente del bolsillo de su ropa deportiva, revisando la ubicación en tiempos real de Google Maps, caminó tanto que había terminado perdiendose. No sabía que tan alejado está del centro de la ciudad, además, hacía un calor de los mil demonios.

Estaba en algo parecido a un barrio de vendedores ambulantes, sinceramente no parecía un lugar muy seguro, y lo miraban extraño por ser extranjero. Escuchó murmuros en el idioma local a la par que seguía avanzando por el lugar que le indicaba el mapa del celular.

Todo pasó demasiado rápido, una pelirroja se estampó frente a él, haciendo que su teléfono cayera al suelo.

—¿No te fijas por dónde vas? —Le reclamó

La chica que tenía una mirada asustadiza en el rostro, volteó hacía atrás para ver si aún la estaban siguiendo.

—Lo siento. —Murmuró con voz temblorosa y siguió corriendo a gran velocidad.

—¿Qué le pasa? —Recogió el dispositivo del suelo y empezó a limpiarlo, se había estrellado un poco de la pantalla pero afortunadamente aún funcionaba correctamente. —¿Y ese cabello qué? Del lugar donde vengo solo las brujas son pelirrojas, en tiempos de la inquisición la habrían incinerado… —Se quedó mirando en dirección a dónde ella desapareció.

Justo unos minutos de aquel incidente apareció un hombre alto, afligido y gritando cosas que él no entiendía por todos lados. Se notaba bastante enojado. Decidió ignorar todo aquello y continuar con su camino de vuelta al Palacio.


—Sakura. —Horas más tarde Ino interrumpió sus clases de idioma. —Te han devuelto la llamada telefónica que me pediste hacer en la mañana.

Ella estaba haciendo algunos apuntes con su pluma, la cual bajo y dejó de lado. —Pasámelo, por favor. —Ino le entregó el telefóno inalámbrico y acomodó la bocina cómodamente en su oreja.

—¡Hola! Tía Tsunade, tanto tiempo desde la última vez que hablamos.

—Hola querida, no esperaba una llamada tuya tan pronto, cómo estás recién casada pensé que estarías ocupada con tu marido. ¿Cómo estás?

—Estoy muy bien, te extraño mucho, a todos los extraño tanto.

—Ni niña, yo también te extraño demasiado. ¿Cómo va tu matrimonio? ¿Está todo en orden? Si ese hombre te trata mal dime y yo..

—No, no, tía. Mi matrimonio está bien. —No era exactamente "feliz" en toda la extensión de la palabra, pero Sasuke no la trataba mal ni tampoco faltaba el respeto de por medio. No había necesidad de mortificar a su tía. —Y de hecho, quería pedirte un favor.

—¿Un favor? Dímelo, y si está a mi alcance lo haré de inmediato.

—Se me ocurrió una idea, ¿No crees que en Konoha la gente amaría ver la coronación de mi marido en vivo? No quiero alardear, pero soy bastante popular por allá, me gustaría que la gente de Konoha se siga sintiendo cerca de mí, a pesar que ahora estoy muy lejos.

—Ya veo... ¿Pero cómo podría ayudarte yo, mi cielo?

—Si tú llamas al Rey Fugaku y se lo propones, estoy segura que él no se negara a un pedido tuyo, aceptara la idea si la propones tú...

—Entiendo, entiendo corazón. Me encargaré de comunicarme con tu suegro en breve.

—Muchas gracias tía.

Sakura colgó el teléfono después de intercambiar unas cuantas frases más con Tsunade, se había relajado bastante después hablar con ella y escuchar una voz familiar.

—De casualidad… —La rubia se acercó rápidamente hasta donde estaba ella luego de dejar el teléfono en su lugar. —¿Hiciste eso por el Jeque? —Sakura se sonrojó.

—Estás delirando.

—Pero si Sasuke desde hace meses que le ha propuesto la idea a nuestro padre, y siempre ha sido rechazado. ¿Cómo te enteraste?

—Ino…

—¿Fue anoche que estuvo aquí? —Preguntó emocionada, le encantaba ser entrometida.

—Quizás. —Respondió e Ino no paraba de sonreír como colegiala averiguando un chisme.

—Oye. ¿No crees que fuiste muy dura con él esta mañana? —Preguntó de pronto. —Yo me sentí muy incómoda de estar presente mientras discutías con él, te juro que en toda mi vida jamás había presenciado algo semejante. ¡Nadie se atreve a hablarle así al Jeque, y menos a ordenarle! Y me sorprendió aún más como Sasuke lo permitió.

—Ino.. ¿Sabes cuál es la diferencia? —Ella negó moviendo su cabeza de un lado a otro horizontalmente. —Que no soy cualquier persona, soy su esposa. Todas las mujeres odiamos que nuestro esposo llegué a casa de noche, borracho, y haciendo un alboroto. Al menos yo lo detesto. Tiene que aprender a ser más responsable si quiere beber, ayer pudo causar un problema si alguien que no fuésemos nosotras o Suigetsu se daba cuenta de que ingirió más alcohol del permitido por la ley musulmana.

—En eso último tienes bastante razón.

—Él quería una esposa con carácter no una marioneta cuyos hilos son manejados por su madre, lo dejó claro desde nuestra noche de bodas, y la tiene. Muy diferente a lo que él piensa, puedo llegar a ser una mujer con mucho carácter cuando agotan mi paciencia. Así que tiene lo que quería desde el principio.

—Vaya… te enojaste bastante. —Añadió.

—No tolero alcohol, y muchos menos a las personas que crean problemas por eso. Sasuke no es un puberto para dejarse llevar por sus emociones a la primera que pelea con su padre.


Dos días después Sakura se dió cuenta del excelente estado de ánimo que su esposo tenía durante su cena habitual. No podía decir lo mismo de ella, a decir verdad, Sakura no estaba para nada de buen humor.

Ino y ella habían pasado gran parte de la tarde estudiando en la biblioteca de Sasuke, pero cuando regresó al harén escucharon una conversación poco grata entre dos jóvenes que, según Ino, eran hijas de unos ministros.

—Escuché que el Jeque durmió por fin en la habitación de la extranjera, está mañana lo vieron salir de allí. Parece que no pudo posponer más su deber, pobre no lo culpo ¿Has visto lo flacucha y pálida qué es? Me sorprende que alguien quiera dormir con ella.

—Las europeas no son ni la mitad de hermosas que las mujeres de Suna, si lo hubieran casado con una de nosotras ya estaríamos esperando un heredero.

Que no nos sorprenda si el Jeque busca otra esposa más una vez que lo conviertan en Rey. Necesita una mujer de verdad y no una extranjera que no sabe cómo mantenerlo en su cama.

—Y vaya que si, pasaron casi dos meses desde que la trajo y a penas durmieron juntos, que decepción.

Y lo que más rabia le daba a la pelirrosa era que las palabras que salían de las lenguas venenosas de esas mujeres no eran del todo mentira. Sasuke no había ido a dormir con ella ni una sola vez desde la noche de bodas, y si no hubiese sido por el efecto del alcohol en su sangre la noche anterior, tampoco habría ido ayer. Él no tenía la intención de acostarse con ella otra vez, al parecer, y se sentía sumamente irritada por eso. Odiaba ser tema de cotilleos.

—Sakura. —La ronca voz de él la sacó de su ensimismamiento. —¿Escuchaste lo que te dije?

Ella lo miró confusa. —Lo siento. ¿Decías algo?

—Dije "gracias por todo". Mi padre aceptó esta mañana que la coronación fuera abierta al público, y me enteré que fue gracias a una sugerencia que tu tía, la reina, hizo. Supongo que tuviste que ver.

—¿Yo? —Dió un bocado. —No te preocupes no lo hice por ti. Lo hice porque me parece demasiado clasista que solamente los privilegiados tengan derecho de asistir. —Obviamente no le diría que claro que lo hizo por él, Sakura no era una mujer enamorada.

El pelinegro alzó su copa de agua. —Aunque esos sean los motivos que te influenciaron quiero agradecerte.

Sakura sintió sus mejillas arder. Dió un bocado nuevamente, pero lo escupió en una servilleta blanca que tenía de lado a sus cubiertos tan pronto el sabor amargo en sus papilas gustativas la inundó.

—¿Por qué esto tiene un sabor tan horrible? —Alejó el plato de ella.

Sasuke tomó un bocado del suyo y lo probó. —¿Qué tiene de malo? A mí me sabe muy bien.

—Ni siquiera soporto su olor. —Sasuke le hizo una seña a la camarera para que retirara la comida de su esposa.