Capítulo 8

Decidida


—¿Todo está en orden? —Preguntó Sasuke. Hace más de media hora que el doctor real se encontraba revisando a su esposa. Después de la cena, Sakura comenzó a sentirse peor, básicamente no soporta el olor de cualquier alimento, y esto, le impedía probar bocado.

El doctor era un hombre canoso de unos cincuenta años, su vida la había dedicado completamente a formar parte del cuerpo médico real, y ahora era el médico en jefe. —Su Alteza se encuentra durmiendo ahora, el cansancio es un síntoma normal por su estado. Le he prescrito un medicamento para controlar las náuseas y el asco, cuando despierte debería ser capaz de comer alimentos sin grasas ni irritantes. —De un momento a otro, el anciano se inclinó ante él. —Que Alá proteja a su futuro príncipe o princesa, mi señor.

Cuando escuchó las palabras salir de la boca del médico se quedó prácticamente helado, ¿Tan pronto iba a ser padre? Se sentía básicamente irreal, nadie lo había preparado para recibir una noticia de ese estilo, y menos para recibirla tan rápido.

Tardó más de unos segundos en reaccionar a la noticia, el anciano lo miraba expectante. Una sonrisa se formó en el rostro de él cuando empezó a repetirse constantemente de forma mental "Vamos a tener un bebé". Mientras asimilaba iba calmandose poco a poco, lo que más le preocupaba hasta ese momento era que Sakura se hubiese enfermado de algo grave, pero no era así, ella estaba embarazada y eso no era algo de lo cual alarmarse.

—Me alegro de ver qué está tan contento. —Respondió. —Un hijo siempre es una buena noticia. Cambiando de tema, cuando la reina despierte, sería aconsejable que acuda al Hospital Real para realizar una ecografía y checar que todo esté bajo control.

—Muchas gracias. —Sasuke le ofreció la mano al doctor, el cuál la tomó y terminaron el saludo. —El embarazo de mi esposa debe mantenerse en secreto hasta que nosotros decidamos cuándo anunciarlo. —Le recordó. El otro asintió y se retiró rápidamente.


—¿Estás segura de lo que escuchaste? —Preguntó con voz dura. Le había dado la orden a su informante de vigilar estrictamente la habitación de la Jequesa, y además, de informarle rápidamente de las cosas importantes que escuchara.

La sirvienta afirmó. —Claro que sí, mi señora, jamás me atrevería a mentirle. El líder del cuerpo médico real fue en persona a atenderla, y logré escuchar cada palabra que intercambio con el Jeque. —A continuación le recitó a la perfección la conversación entre los dos hombres, sin omitir ninguna palabra.

La mujer de aspecto rudo, volteó los ojos y llevó dos de las yemas de sus dedos a masajear sus sienes. —Esto me provoca dolor de cabeza. ¿Nadie te vió?

—Me aseguré de que no hubiera nadie cerca. La doncella Ino estaba fuera buscando las medicinas que indicó el doctor, por lo que, estoy segura que no pudo darse cuenta de mi presencia. Tampoco el Jeque ni el médico real.

Sin quitar la expresión de disgusto que tenía, abrió uno de sus cajones y sacó de allí un sobre. Se lo entregó a la criada y ella lo tomó rápidamente con mucho gusto. —Si te enteras de algo más debes decirme inmediatamente. Cualquier cosa que me sirva para expulsar a Sakura de aquí.

Los grandes ojos de la chica brillaron, seguir consiguiendo información para su señora le era una excelente forma de conseguir dinero. —Estaré alerta, mi señora. —Se reverenció antes de dar la vuelta para salir.

—Una simple extranjera no debería ser demasiado problema para mí. —Se repitió a sí misma cuando la joven criada se fue.


—Sasuke, ¡Estoy seguro de lo que ví! Te lo voy a repetir la veces que sean necesarias. —Luego de abandonar la habitación de su esposa para dejarla descansar, el pelinegro se había encontrado con la presencia de su amigo peliblanco en su despacho. La imagen de Suigetsu le pareció bastante curiosa, llevaba ropa deportiva y sudor cayendo a gotas por su frente, evidenciando que había corrido. —¡Era un mercado de mujeres!

Era cierto que no era la primera vez que escuchaba aquel rumor de que existía un "mercado ilegal de esposas" en la ciudad, pero el mismo se había encargado de buscar el dichoso lugar con sus mejores detectives y jamás lo había encontrado, así que concluyó que era solo un mito. Ya se lo había explicado a su escandaloso amigo peliblanco, pero él parecía no entender una sola palabra, porque seguía insistiendo a más no poder.

—¡Lo ví con mis propios ojos! Cuando salí a dar mi caminata, suelo alejarme mucho y terminé en un barrio que desconozco. Estaban todas las chicas formadas en una línea, los hombres ofrecían por ellas como si fuera una subasta de mujeres, incluso se peleaban. ¿En qué siglo estamos? ¿No va eso en contra de los derechos humanos? En cuanto me vieron, empezaron a ofrecerme todo tipo de chicas, no siquiera sabían hablar tan bien mi idioma pero aún así usaban los traductores de sus teléfonos para ofrecerme mujeres ¡Es repugnante!

—Quizás sólo te perdiste y terminaste en una calle de prostitutas. —Imaginó Sasuke. —La ley de nuestro país no prohibe el trabajo sexual, siempre y cuando las trabajadores se realicen las pruebas de salud cada dos meses, si su certificado médico está en forma no hay ningún problema. Ellas lo ven como trabajo y no les podemos prohibir trabajar. ¿Por qué te sorprende tanto? ¿Acaso en Londres no tienen prostitutas? Estoy seguro que has visitado dos o tres burdeles antes. —Le recordó.

Suigetsu suspiró. —Está bien, sé que no soy exactamente un Santo ¡Pero tampoco soy un enfermo! Te lo puedo jurar, ellos me preguntaron si buscaba esposa o simplemente una mujer con que divertirme, dijeron que si les pagaba el precio adecuado simplemente me podía llevar a la que yo quería ¡Como si estuviera comprando una maldita cosa! —Trató de aspirar más aire para calmarse y continuar. —Va más allá de si una mujer decide trabajar sexualmente o no, ¡Están traficando mujeres! Estoy pensando que es probable que cambien cada cierto tiempo de ubicación para burlar a la policía.

Sasuke se puso más serio al respecto, si era verdad lo que le estaba contando, quería decir que ese mercado de esposas realmente existía y él había sido incompetente para encontrarlo. —¿Recuerdas dónde se ubica? Me harías un gran favor al decirme, me encargaré de averiguar lo demás.

Hizo una mueca. —No sé leer los nombres de las calles, y te recuerdo que estaba perdido cuando llegué a ese horrible lugar. Tuve que utilizar mis pobres dotes de orientación para llegar con éxito al centro de la ciudad.

—Ya veo... —Comenzó a darle vueltas al asunto, no debería dejarlo pasar, así que le informó a su amigo que le informaría a la policía que revisara las zonas de la ciudad que creyeran más sospechosas.


Cuando Sakura abrió sus ojos ya era otro día, se sorprendió cuando Ino le contó que había dormido más de doce horas seguidas.

—Creo que tú bebé a pesar de que es muy pequeño demanda toda tu energía. —La rubia, además de Sasuke y el médico, era la única persona que sabía sobre el estado de ella (o eso creía). —Sasuke vino temprano en la mañana, pero dijo que no te despertaramos ya que tienes que descansar bastante.

—¿De verdad? —Aquello la tomó por sorpresa, pensó que se había ido luego de dejarla en manos del médico, ayer por la tarde.

Ino sonrió algo boda. —Si, y se quedó unas horas más cuidándote. Lo ví bastante preocupado, debe estar muy feliz.

Sakura no quería dejarse llevar por las palabras de su amiga, ni mucho menos hacerse ilusiones que no tenían cabida. —Claro que debe estar feliz... —Repitió, a diferencia de la rubia, sin ánimo. —Ino, ¿Crees que es bueno que esté embarazada?

Hizo una mueca. —Claro que sí, ¿Por qué lo preguntas?

—No lo sé... Siento todo tan rápido que es bastante extraño. De pronto siento una gran mezcla de nervios. —Acarició su vientre, aún plano. —Y no sé porque no puedo terminar de sentir felicidad por mi bebé, hay algo que me preocupa.

La rubia se sentó a su lado. —¿No has escuchado que las mujeres embarazadas son especialmente sensibles? Creo que te estás preocupando demasiado por nada, deberías tratar de relajarte, o de lo contrario el estrés puede perjudicar al bebé.

Ino estaba en lo correcto, lo más probable es que las hormonas que se empezaban a disparar dentro de ella para dar lugar al desarrollo de su nueva vida le estuvieran causando los cambios emocionales y nervios repentinos. Debía controlarlos.


La ceremonia de coronación resultó exactamente como Sasuke se había esmerado tanto en planear, primero fue proclamado príncipe heredero y después se llevó a cabo la ceremonia de abdicación oficial de Fugaku Uchiha, dejando a su hijo varón como Rey y gobernante único de Sunagakure, y con ello su pelirrosa esposa pasó a ser la Reina de la Nación. Fuera del palacio, se llevaron a cabo fiestas y rituales durante tres días en toda la ciudad, en los cuales los habitantes oraron por la longevidad y salud de los nuevos monarcas. Medios periodísticos de todo el globo terráqueo acudieron para capturar las mejores tomas del momento, estaban especialmente curiosos por sacar fotos del Rey y su Reina.

Sakura mantuvo la compostura y sonrió amena en todo momento, aún incluso cuando no se sentía del todo bien. Las náuseas y el asco, así como el cansancio habían ido en aumento justo ese día. Debido a que ella y su marido acordaron, después de una larga plática, anunciar su embarazo al público luego de que comenzara a hacerse visible el vientre hinchado característico de las mujeres gestantes, tenía que disimular su estado. El feto aún era diminuto y el doctor confirmó que tenía diez semanas, ella y Sasuke no estaban sorprendidos, sabían con exactitud en qué momento lo concibieron.

—¿Estás bien? —preguntó él cuando todo el meollo por la coronación comenzaba a calmarse. Sakura dijo que sí. —Tenemos una agenda ocupada luego de Diciembre, ya sabes visitas de Estado para asuntos políticos en otros países, cenas benéficas y esas cosas. Comienzo a preguntarme si será necesario cancelarlas. No creo que sea bueno para el bebé exponernos demasiado viajando.

Ella escuchó su sugerencia y le respondió que lo mejor era consultar al médico. —Solamente él puede decirnos si es riesgoso o no. Yo por mi parte me siento muy bien, a excepción de las náuseas matutinas, claro.

Sasuke tomó su brazo para pasear con ella en el jardín. Hacía un día excelente con el cielo brillantemente despejado y el calor del desierto no se sentía tan bochornoso como en otras ocasiones. El sol se estampaba en el rostro de su esposa creando un reflejo dorado. —Escuché que disminuirán después del primer trimestre.

Ella sonrió. Le gustaba la atención que estaba recibiendo de su parte, estaba contento con la noticia y, según sus palabras, incluso investigó sobre cuidados prenatales y maternos. Se notaba la dedicación que Sasuke ponía y su esfuerzo como futuro padre. —Sí, eso también me lo dijo Ino. —Respondió.

Pero ¿Realmente se preocupaba por ella o era todo por el bebé? Pensar en aquella pregunta cuya respuesta no tenía, le produjo un poco de celos, aunque fuera ridículo. Claro que era por el bebé, era su hijo y claramente se preocupa más por él o ella, y Sakura como madre, debía de alegrarse por eso y no sentirse insegura. Se repitió una y otra vez. No estaba enamorada de él, no debía esperar nada más.

—Por cierto, ¿Qué opinas de Ino estás últimas semanas? —La pelirrosa se vió interrumpida por Sasuke. ¿Ino? Era bastante inusual que él preguntara por ella, nunca solía hacerlo. Aún recordaba aquellas palabras de la rubia hace unas semanas atrás "Sasuke no considera a nadie, más que a Izumi, como su hermana"

—¿Por qué la pregunta? —Primero debía averiguar que planeaba. Sasuke resopló.

—El consejo me ha estado recordando, con demasiada frecuencia, que está agotando su edad para casarse. —La verdad escuchar aquello la desilusionó un tanto, dentro de sí esperaba que hubiera recapacitado y comenzara a preocuparse por ella sinceramente como una hermana de verdad. Pero no "El consejo esto", "El consejo el otro". Sasuke siempre era así.

—No entiendo.

—¿Qué es lo que no entiendes? —Frunció el ceño.

—Es una chica joven. ¿Desde cuándo existe una edad límite para contraer matrimonio? —Preguntó. Sasuke pensó unos segundos.

—Bueno, no es como tal una regla. Es más una costumbre social, se espera que las mujeres se casen antes de los veinticinco años.

—Ya veo... —Respondió. —Pero... Ella no es una chica cualquiera. Es tu hermana. Además, es inteligente y perspicaz, no deberían cortarle las alas simplemente casándose y encerrándola a merced de su marido. Ella... tiene sueños, claro que no lo sabes, pero si le dieras la mitad de libertad que tiene Izumi para conocer el mundo, Ino podría lograr cosas estupendas.

Él se tensó. —Ino sabe perfectamente cuál es su papel aquí. Y las responsabilidades que eso conlleva, igual que tú y yo lo sabemos. —Sakura sintió que la miraba duramente. —Izumi no tiene nada que ver con esto.

—No tengo ningún problema con ella. —Sakura replicó inmediatamente refiriéndose a Izumi. —Pero tu sangre no es la misma que la de ella, y aún así la prefieres por sobre de Ino, que es tu verdadera familia.

—No hables de mi familia como si la conocieras. —Le dijo bruscamente. —Se va a casar. Dile que si tiene algún chico que le guste mente me lo haga saber, o de lo contrario, deberé de buscarle un prometido. —Finalizó antes de darse la vuelta y desaparecer.

Sakura se quedó sentada en el jardín, molesta por la actitud que había adoptado Sasuke. ¿Por qué se ponía así de reacio cada vez que le recordaba que Ino era su hermana? No solo ella, tenía otras seis hermanas casadas con nobles y jamás escuchaba de ellas. O las pequeñas gemelas hijas de la consorte favorita de Fugaku que a veces veía jugar en los jardines, eran solo unas niñas y jamás lo vió acercarse a ellas.

—¿Por qué luces tan molesta? —Momentos más tarde la rubia la encontró. Sakura estaba afligida e Ino se dió cuenta.

Miró sus ojos azules. Era joven, aún había sueños y esperanzas reflejados en sus pupilas. —Ino... ¿Estás enamorada? —Le soltó de repente. Fue directamente al grano.

La joven princesa dió un paso atrás. —¿Enamorada, yo? Por Alá Sakura, ¿De quién iba a estarlo? —Rio.

—Bueno... Debe haber algún chico... ¿O no?

Se puso pensativa, sosteniendo la barbilla con la yema de los dedos. —Me temo que no. —Contestó finalmente, aún confundida por lo repentino del tema. —No he conocido a nadie que me atraiga lo suficiente como para atreverme a decir que estoy enamorada. —Sonrío con la frescura de siempre.

Esa era toda la respuesta que necesitaba escuchar. —Gracias Ino. —Le regresó la sonrisa.

Buscó a Sasuke y lo terminó encontrando en su estudio, estaba sentado justo al medio del gigante escritorio de roble, con montañas de documentos a los lados y hojeando varios papeles que ella no sabía de qué hablaban. Tocó la puerta y él le permitió entrar, posó sus ojos en ella y se dió cuenta que tenía una expresión decidida en el rostro. Nunca antes la había visto despidiendo un aura tan fuerte.

Ella dió unos pasos adelante con decisión hasta quedar a dos metros de él. —¿Cuál es mi papel aquí, su Majestad?

¿Por qué le hacía esa pregunta? Era claro. Se dio cuenta de lo molesta que seguía cuando le dijo "Majestad" en lugar de simplemente llamarlo por su nombre. —Eres mi esposa, Sakura. —Respondió sin dudar. —Eres la Reina.

—Exacto soy la Reina ¿Y qué más? —Puso la frente en alto.

—¿Acaso es una pregunta capciosa? —No entendía a dónde buscaba llegar. Sakura solo le dijo que respondiera su pregunta anterior. —Eres la madre de mi hijo o hija, y ... —Pensó más a fondo. —La jefa del Harén Real.

Su expresión cambió, puso una sonrisa de punta a punta. —Si. Soy la jefa del Harén. Y todas las mujeres de aquí que pertenezcan a el son mi responsabilidad, se supone que soy yo quién cuide y vele por ellas. Incluyendo a Ino. No me meto en tus asuntos de gobierno, ni tampoco en los asuntos del Sagrado Consejo. Así que ustedes no deberían opinar sobre las mujeres de mi Harén. No estoy de acuerdo en que Ino se case si no quiere, tampoco estoy de acuerdo es que intentes quitarme la autoridad y el status que tú mismo me has dado. Soy la Jefa y yo soy quién decidirá qué es lo mejor para todas. —Concluyó. —Además… —agregó al final. — Sabría más sobre tu vida familiar si tan solo te dignaras a contarme un poco de ti. Me temo, su majestad, que tengo que enterarme de su infancia por palabras de otras personas. Lo único que tú me has dicho por cuenta propia es que tu hermano Itachi murió, y estabas borracho. —Le recordó. —Eso es todo lo que tengo para decir. Gracias por su atención.

Salió de allí y regresó a su habitación. Sasuke estaba totalmente equivocado si creía que ella lo iba a dejar pasar por alto su autoridad. Hacía mal en no darse cuenta, o no querer aceptar, que no tenía una esposa para nada sumisa. Una cosa era la imagen que Sakura quería darle al mundo y a su familia, y otra muy distinta, la verdadera naturaleza de su personalidad, la cual por supuesto ella se encargaría de dársela a conocer poco a poco a su marido.