Capítulo 10
Desconfianza
Cuando llegó la hora de irse a dormir, Sakura ingenuamente había pensado que iban a compartir habitación después de mucho tiempo con su marido. Su sorpresa se hizo evidente en el rostro cuando Sasuke le confirmó lo contrario, se habían preparado dos habitaciones separadas para ambos. Trató de ocultar la desilusión fingiendo darle poca importancia, pero dentro de ella había un caos de emociones, principalmente de preguntas como ¿Por qué está evitando dormir conmigo?
A la mañana siguiente, Sasuke se comportó de forma natural con ella. Desayunaron juntos y fueron a dar un paseo, a ojos de cualquiera sería algo "normal" pero ella libraba una lucha interna con sus propios sentimientos. Quizás lo más lógico, y lo que todo el mundo concluiría como más fácil, era preguntarle directamente a su marido que era lo que estaba pasando, así al menos tendría clara cuál era la situación entre ambos. Claramente un matrimonio normal no era. A pesar de que estaban casados y en la espera de su primer hijo, no compartían la misma cama, tampoco se amaban profundamente el uno al otro, ni siquiera se besaban de vez en cuando.
Lo cierto era que no sabía cómo reaccionar ante todo aquello, con anterioridad se encerró en el consuelo que le traía que quizás durante el viaje se ablandara un poco hacia ella, que compartiera un poco más acerca de su pasado o que rompiera la barrera entre ellos que daba paso al contacto físico. Pero todo seguía igual que en Suna, y a decir verdad la desesperaba bastante.
Alargó una de sus manos hasta su cabeza para sostener el sombrero de temporada que llevaba y evitar que este saliera volando hacía cualquier dirección. Estaba sentada sobre una manta frente a la piscina, observando al viento estamparse en la superficie del agua. El pelinegro le había anunciado que él se quedaría adentro leyendo algo, ella sinceramente no recordaba el título del documento que le había mencionado, de hecho le parecía aburrido. Volteó de reojo hacía la puerta de cristal corrediza que conectaba con la sala de estar, estaba sentado en un sillón de simulación de cuero negro.
Ni siquiera le estaba prestando atención.
Sakura decidió ignorarlo por completo, el clima era hermoso y ella no iba a perder su tiempo, al menos aprovecharía el lugar para relajarse y quitarse el estrés de encima antes de regresar a su asfixiante vida en Suna. Iba a disfrutar del día ella sola, no lo necesitaba a él, eso era seguro.
Con las yemas de sus dedos se sacó el pareo veraniego blanco del cuerpo, quedando únicamente con el bañador de dos piezas rosa que se había puesto esa tarde. Por varios instantes le dió un poco de vergüenza, quizás hubiera sido mejor opción el traje de baño completo de una sola pieza que el que eligió. Tocó su vientre con delicadeza, lo bueno es que aún no comenzaba a hincharse, además de que nadie la vería en aquel momento. Se metió directamente al agua y la sintió totalmente refrescante, no recordaba cuándo había sido la
última vez que nadó en una piscina. Probablemente antes de dejar Konoha. Se sumergió para lograr empapar sus cabellos rosados y empezó a moverse dentro del agua.
Era imposible para Sasuke poder concentrarse en las páginas que tenía frente a él luego de observar a la perfecta silueta de su esposa quedar semidesnuda ante él. Desde hace mucho que trataba de contener las ganas de acercarse y estrecharla entre sus brazos. Temía que pudiera tener demasiado efecto sobre él, más de lo necesario. Sintió como el calor en él creció luego de verla salir del agua como si de Afrodita se tratara, las gotas resbalan una a una sobre su cuerpo mientras que el cabello rosado descansaba en sus hombros. Si la palabra perfección decidiera adoptar un nombre, él apostaría toda su fortuna a que tomaría el de Sakura Haruno, o mejor dicho, Sakura Uchiha.
Ella estaba casada con él, ¿Por qué debería contener el deseo que tenía hacía su esposa? Lo cierto era que tenía una y mil razones personales, pero todas y cada una de ellas se esfumaron en el aire cuando las caderas de ella se movieron de un lado al otro al momento de caminar de nuevo a la manta donde estaba sentada antes.
Sakura recordó que había pasado un rato desde que se había untado el bloqueador solar, ya era hora de volver a aplicarse un poco sí no quería broncearse de más. Tomó una toalla blanca y comenzó a secar su cuerpo de arriba a abajo, también su cabello para evitar que el agua de este siguiera cayendo. Pasaron unos minutos hasta que estuvo lista para aplicarse la crema protectora, tomó un poco entre sus manos para esparcirla a lo largo de su piel. Empezó por la cara, luego el pecho y al final las extremidades superiores e inferiores. Sólo le quedaba un lugar, y realizó una mueca de disgusto al tratar de alcanzar toda su espalda.
—Yo lo haré. —No había sentido para nada la presencia del pelinegro, hasta que ese susurro suyo en sus oídos le provocó una sensación placentera por dentro.
Sasuke tomó el protector en las manos. Ella se retiró el cabello para dejar la espalda descubierta. —Gracias.
Su cuerpo por poco tembló al momento de sentir su tacto, el recorrido de Sasuke era lento y eso logró excitarla de un momento a otro. Podía sentir sus músculos tensarse poco a poco a medida que las palmas de él acariciaban sus omóplatos para luego continuar hacía un lugar más prohibido. Ella quería contener la respiración y las recién descubiertas ganas por querer gemir, no le mostraría lo mucho que la estaba afectando físicamente luego de que la hubiera rechazado la noche anterior.
Lastimosamente sus pezones no pensaron lo mismo, se erizaron inmediatamente, y era bastante notorio a través de la tela húmeda del top del bañador. Los dedos de él hicieron un recorrido casi escandaloso por debajo de esa misma tela y supo que si seguía con eso su plan de resistirse no tendría ningún éxito.
—¿Qué haces? —En medio de todo aquello logró formular aquella pregunta sin escucharse demasiado excitada.
Por detrás, Sasuke besó su cuello. —Estoy tocandote y creo que te gusta. —Acarició la dura punta de sus pechos. —¿O no?
Sakura respondió dejando salir el gemido que venía guardando. Él gesticuló una sonrisa de medio lado con una mirada profunda. Retiró sus manos del cómodo lugar en el que estaban para desatar el nudo que sostenía el top a su pecho. Iba a desnudarla.
—¿Aquí? —preguntó la pelirrosa de pronto. —Estamos al aire libre.
—Nadie nos verá. —Respondió. —La isla es mía y nadie puede acercarse a mi residencia en al menos dos kilómetros.
—¿Y el ama de llaves?
Sasuke terminó de remover la prenda dejando a su vista sus senos. —Hablas demasiado.
La pelirrosa se dió la vuelta hasta terminar frente a él. —¿Te parece?
—Me parece que quieres esto. —La cargó entre sus musculosos brazos para llevarla hasta la tumbona frente a la piscina. La recostó allí, muerto de desesperación por seguir aquello. Besó sus muslos y luego subió hasta detenerse en el área de su vientre, dándole un tierno beso. Logró conmoverla un poco antes de infiltrar su mano por debajo la última prenda que le quedaba.
Sasuke sintió como de a poco su esposa se empezaba a relajar. Comenzó a masajear su clítoris provocando que la espalda de ella se arqueara, continúo el movimiento repetitivo en círculos hasta que comenzó a gemir más alto. Sentía sus dedos empapados por sus fluidos y eso lo prendió más. Introdujo primero un dedo dentro de su cálida vagina, metiéndolo y sacándolo lentamente para ir aumentando de velocidad conforme sus paredes se acostumbraran a la intrusión. Luego de un rato introdujo otro, y luego el tercero.
Mientras la masturbaba no dejaba de observar las expresiones que se formaban en su rostro femenino sonrojado, estaba seguro que nunca podría olvidarse de aquellos gestos por más que quisiera. El rostro extasiado de Sakura era la clara evidencia innegable del placer que solo él la hacía sentir. Después de un tiempo ella acabó teniendo un orgasmo.
Cuando recuperó el aliento por fin, la pelirrosa se encontró con la mirada fija y profunda de Sasuke, como si ella fuese su presa y quisiera devorarla entera. Con la punta del dedo acarició su barbilla y procedió a contornear la línea de su mandíbula. Amaba la virilidad en su rostro, y cómo parecía estarle implorando con la mirada que lo besara. No esperó un segundo más para
cumplir su petición, se acercó hasta juntar ambos labios en un apasionado movimiento. Sasuke ya se había sacado la camisa para ese instante, pero seguía con los pantalones puestos, Sakura empezó a desabrocharlos. Quitó todos los intermediarios entre ellos hasta dejarlo en la misma desnudez que ella y tomó su miembro entre las manos.
—Oh. —Suspiró al sentir las agradables manos de ella jugando con su endurecido pene.
Podía percibir como ella lo miraba traviesa, haciéndolo enfurecer aún más. Parecía la personificación total de su mayor fantasía sexual. Lucía como una diosa, aún más bella que en la noche de bodas. Más desinhibida y más ardiente. —¿Te gusta? —Le preguntó con voz lasciva.
Su respuesta fue un profundo gemido.
Continuó estimulando su miembro hasta que terminó por venirse. La imagen sexy de Sakura provocándolo siguió rondando en su cabeza aún varios minutos después del orgasmo.
Hasta que la observó comenzar a vestirse de nuevo y tomar sus cosas.
—¿Estás bien? —Sakura no le respondió. —¿Te dijo algo el médico sobre no tener relaciones sexuales?
Ella terminó de acomodarse el pareo nuevamente. —No. Me dijo que el sexo no lastimara al embrión siempre y cuando no sea algo muy rudo. —Sasuke no tuvo un buen presentimiento, de repente se había tornado fría al hablar.
—¿Entonces?
—Entonces… —Lo miró. Había tenido que tomar una gran fuerza de voluntad para frenar aquel encuentro. —Yo vuelvo a mi habitación sola. Cómo todas las noches. Como siempre, no será muy diferente a Suna. No te preocupes.
—¿Me estás queriendo reclamar algo en específico? —Sakura se sorprendía de que por fin estuviese captando la problemática.
—¡Bingo! —Rodeó los ojos. —Su Majestad por fin se dió cuenta que abandonó a su esposa luego del primer día. Gracias, me conmueve demasiado.
Sasuke se levantó casi de un salto, comenzó a vestirse también. —Hablamos de eso antes, te dije que estaba ocu…
—No hablamos de eso antes, no trates de involucrarme en conversaciones que nunca he tenido. Lo que hiciste fue escudarte en decir que tenías demasiadas cosas que hacer para no tocarme una sola vez luego de la noche de bodas. ¿Crees que voy a ser fácil ahora?
—Sakura, yo no estaba tratando de evitarte porque no me gustaras o no quisiera tocarte. Estás equivocada en eso.
—Pero tengo algo de razón, me estabas evitando ¿No? —Lo interrogó. Ya no estaba dispuesta a seguir guardando las cosas que le causaban conflicto, quería sacarlo todo y explotar de una vez.
Sasuke desvió la mirada de ella con un poco de culpabilidad. —Yo… si… pero
—No quiero saber más. —Trató de calmarse y sonreír relajada. —Lograste embarazarme y cumplir con tu responsabilidad en un solo intento. No tendrás que volver a acostarte conmigo en un buen tiempo, así que cosas como las que acaban de pasar aquí no las vuelvas a repetir.
—¿En serio crees que acostarme contigo es una responsabilidad? —Sasuke se preguntó que otros pensamientos malentendidos tendría sobre él.
—Bueno, para nadie es un secreto que debes mantener la línea sucesoria del Clan Uchiha en el trono. No me sorprende para nada, mi madre básicamente me parió para evitar que alguien que no llevara sangre de los Senju fuera heredero de Tsunade cuando está decidió no tener hijos. Al menos durante los primeros meses de mi infancia así fue, hasta que nació Naruto. Ya conoces la ley que favorece a los varones por encima de las mujeres para heredar un reino. Con suerte no tendrás que tener sexo conmigo nunca más si este bebé que llevó dentro resulta hijo y no una hija. —Se dió la vuelta enfurecida.
El pelinegro avanzó rápidamente para bloquearle el paso. —No es cómo lo estás planteando.
—¿Ah, no?
—No. Tú me gustas de verdad, acostarme contigo no es un martirio. Al contrario, me ha costado mucho controlar las ganas de dormir contigo todos los días.
Ella se quedó sin palabras. —Si eso es cierto, explica por qué incluso aquí estamos durmiendo en habitaciones separadas.
—Creí que era lo más cómodo para ti. Estás embarazada, y yo duermo bastante horrible. No quiero perturbar tu sueño. —Acarició su mejilla. —Y en el palacio estaba tratando de darte tu espacio para que te acostumbraras, sin contar que realmente estaba ocupado cada día.
Ella seguía un poco enfadada, pero notó que comenzaba a cambiar de expresión a una menos tensa.
—Perdón. Te dije que haría mi mejor esfuerzo como esposo pero está claro que no lo he hecho, he pasado tus sentimientos por alto y te has sentido humillada al respecto. De verdad te pido una disculpa. —La abrazó de nuevo y lentamente se volvió menos reacia a su agarre. —Pero todos los días sin falta pienso en tí.
—¿De verdad? —preguntó con la mirada.
El asintió. Se agachó hasta quedar a la altura de su oreja. —Y en situaciones que me daría vergüenza contarte. —Susurró.
—¿Vergüenza?
—Luego de un largo y cansado día de mucho trabajo y reuniones políticas, me gusta llegar a mi habitación y pensar en lo hermosa que es mi esposa mientras me toco. —Todo su rostro se tornó rojo en menos de una milésima de segundo.
La respiración de ella se volvió más pesada. —Solo estás tratando de contentarme.
—Solo te estoy diciendo la verdad. —Corrgió. —Elegir creerla o no, es cosa tuya. —Sasuke la acompañó dentro de la residencia. —Por hoy creo que es suficiente. Demasiadas emociones fuertes le harán daño al bebé, deberías descansar. —Dijo antes de dejarla allí de pie.
Su cuerpo estaba adolorido y apenas podía moverse cuando despertó en algún lugar que no reconocía, pero que sin duda era mucho mejor al que estaba acostumbrada. Estaba recostada sobre una cama con sábanas de seda, tenía el área de las costillas vendadas y también su brazo izquierdo.
—¿Despertaste? —
Por instinto, se tapó el cuerpo con las manos para protegerse. No sabía dónde estaba ni la identidad del tipo que estaba sentado frente a ella. No contestó.
Empezó a mirar a todos lados buscando la forma de escapar, sin embargo, al más mínimo movimiento sintió una sensación horrible extenderse en ella. Dolía horrible.
—Ten cuidado. —La detuvo el hombre, ella rehusó el contacto de él como si le quemara. —Aún no se han curado tus heridas.
Era el hombre más extraño que había visto en toda su vida, su disparatado cabello era de color blanco y lucía como si no hubiese dormido en bastante tiempo. Necesitaba entender porque estaba con él. ¿La habían vuelto a vender? Si era así, volvería a escapar como diera lugar. Maldijo su cuerpo por estar tan adolorido al punto de no dejarla mover un solo centímetro.
—¿Agua? —Ofreció el peliblanco. —Dormiste casi todo un día, debes sentir la boca reseca.
Lo miraba con desconfianza, pero lastimosamente tenía razón. Su garganta estaba seca en su totalidad. Tomó un sorbo muy a la defensiva de él.
—¿Cómo te llamas?
No respondió.
—Bueno. Te llamaré bruja si no me respondes.
Siguió sin emitir un solo sonido.
—Yo soy Suigetsu Hozuki, por si te interesa. Tú padre me dijo que eras capaz de entenderme, pero comienzo a creer que no hablamos el mismo idioma…
A la pelirroja se revolvió el estómago solo de escuchar la mención de su terrible padre. Aquel imbécil de cabellos blancos era igual que todos los hombres que había conocido, la había comprado aprovechando que estaba al borde de la vulnerabilidad.
—¿Cuánto dinero le diste a Orochimaru? —Suigetsu hizo una mueca, por fin estaba dirigiendole la palabra. Recordó al tipo que decía ser el padre de la chica, ¿Ese era el nombre del padre malnacido?
—¿Orochimaru es tu papá?
—Esa basura no es mi padre, solo compartimos sangre por casualidad. —Señaló con dureza.
—Ya lo creo. —Respondió. —La cantidad es algo irrelevante en este momento. Me siento inhumano por haber tenido que pagar para sacarte de allí, pero era la única manera de hacerlo antes de que te matarán. —Señaló sus hematomas. —Pero no te preocupes, no voy a hacerte daño.
Ella se rió con ironía. —Me han dicho eso las veces suficientes antes de hacerme daño, como para dejar de creer en palabras vacías.
—Estoy seguro que has tenido muchos momentos difíciles. —Complementó. —Por lo tanto comprendo que no puedas creerme tan fácil. De hecho, es muy inteligente de tu parte.
—Quiero irme de aquí. —Dijo sin rodeos. —Dígame cuál fue la cantidad que le dió a esa escoria por mí, y se la regresaré tan pronto la tenga.
—¿Tienes un trabajo?
Ella negó.
—¿Siquiera tienes un lugar en el cual quedarte fuera de aquí?
—Ese no es su problema, señor.
—Solo quiero ayudarte.
—No necesito la ayuda de nadie.
—Eso no es lo que parecía el otro día, estabas incluso drogada. Y el tal Orochimaru negociaba tu matrimonio con alguien de mala muerte.
—¿Matrimonio? —Entrecerró los ojos. No podía ser, aquel pedazo de escoria había vuelto a hacerlo. —¿Usted se casó conmigo?
—No me iba a dejar sacarte de allí de lo contrario. —Contestó.
Ella empezó a llorar de la nada. Era la misma situación que vivió antes, solo que ahora en lugar de un anciano había tenido la suerte de venderle el matrimonio con alguien decente.
Suigetsu se quedó de piedra sin saber que decir para calmarla. Realmente no podía hacer nada, trató de ponerse en su lugar para comprender que por más que quisiera entenderla no podría. Aparentaba tener unos veinte años de edad, a su corta experiencia de vida había sufrido maltrato y abuso por su padre, la persona que se supone debería ser el primero en protegerla. Y conforme recordaba, ella ya había sido vendida una vez a un anciano que murió inmediatamente después de la ceremonia de casamiento. No existían palabras para consolarla, era poco más que una niña. Y estaba sola en una cruel realidad.
Se limpió las lágrimas con las palmas de las manos. —No se preocupe. Podemos anularlo todavía, yo nunca he tenido relaciones sexuales. Soy casta, el matrimonio se puede anular. —Declaró.
—Lo sé. No me costaría nada anularlo, pero ¿Qué harás después? ¿Pensaste en eso? Yo no quiero aprovecharme de tí, sólo quiero ayudarte. Temo que sí te dejo ir regresarás a lo mismo de antes, incluso más peligroso.
La pelirroja analizó su vestimenta, luego volvió a echarle un vistazo a la habitación. —Señor, usted parece alguien importante. No ensucie su apellido con una mujer de la calle, le conviene anular el matrimonio antes de que alguien de su círculo social lo desprestigie por conseguir una esposa de dudosa procedencia.
Suigetsu cayó en cuenta de que convencerla de quedarse iba a ser más difícil de lo que esperaba en un inicio. Si tan solo Ino estuviera allí para ayudarlo, estaba segura que un toque que persuasión femenina ayudaría a la pelirroja a sentirse más segura y creer que de verdad no tenía una sola mala intención con ella. Pero Ino había salido, dejándolo solo para cuidar de la chica.
