Capítulo 11
Unida a tí
El día anterior Sakura había jugado un poco con el orgullo de Sasuke, eso sin duda la ponía un poco alegre, especialmente esa mañana se sentía de mejor humor que de costumbre. Cuando tomó el desayuno con mucho apetito no hizo más que recordar la graciosa cara de él aún aturdido cuando ella detuvo "su momento", tanto que por poco se ahoga con el zumo de naranja.
—Veo que amaneciste divertida. —Sasuke apareció frente a ella. La pelirrosa arrugó la nariz.
—Después de verte a ti, creo que me siento menos agradable. —El pelinegro lucía una expresión larga, con ojeras oscuras debajo de los ojos. —¿Dormiste bien?
Ella sabía que no debía burlarse de algo como aquellos, pero al imaginarse al pobre de su marido teniendo que tomar una ducha fría para bajar el nivel de excitación con el que había quedado el día anterior, era imposible no dejar salir una que otra carcajada. Ahora corría el riesgo de que él ya no confiase en ella para tener intimidad, pero sus ganas de obtener un poco de venganza se hicieron más fuertes conforme lo tenía a su merced. No se arrepentía.
Sasuke giró su mirada hacía ella y sus grandes ojos verdes expectantes, sospechosamente esperaba su respuesta con muchas ansias. —En realidad después de un rato dormí bastante bien. Tarde pero bien.
—Oh, ya veo. —Respondió ella con ironía. —Me pregunto la razón de tu insomnio.
Un brillo especial saltó en la cara del joven cuando realizó el hecho de que su esposa estaba jugando de nuevo con él.
—Tuve que dormir un poco más tarde de lo normal debido a un problema. Sabes que soy un hombre con buenas cualidades para la resolución de esos mismos, así que logré hacerme cargo. —Logró percibir como su voz era más ronca paulatinamente. —No te preocupes, querida.
Ella, que estaba sentada frente a la barra de mármol blanco, de repente sintió que el apetito de hace unos momentos se le esfumaba en un abrir y cerrar de ojos, y uno nuevo comenzaba a aparecer. Tal como imaginaba, seguía teniendo ganas de él. Quería a Sasuke completo para ella, no importaba que tener un pensamiento así de posesivo fuese peligroso para su corazón, en ese momento solo quería dejar que sus palabras siguieran a las de él y ver dónde terminaba el hilo de todo aquello.
—¿Puedo saber cómo te hiciste cargo? O, ¿Se trata de algo muy personal? Cómo un asunto de Estado… —Su mirada se volvió afilada y sagaz.
—Siempre y cuando a mi querida esposa no le escandalice lo que pudiera escuchar si sigue insistiendo, no tengo ningún problema en decirlo. —Replicó. Se acercó en silencio hasta quedar detrás de ella, frente a su espalda, cuya piel se encontraba cubierta por la tela de su pijama.
—Tendrías que comprobar mi límite, supongo.
Había movido su plato del almuerzo varios centímetros lejos de ella. Sintió como las palmas de Sasuke atrapaban las suyas contra la superficie del mármol. Él también se había acercado peligrosamente hasta su cuello y sentía como la respiración suya hacía que cada centímetro de su piel se erizará poco a poco. —Será un placer.
Guardó silencio esperando la revelación del pelinegro. Aunque estaba de espaldas a él, podía sentir con seguridad la sonrisa lasciva que estaba gesticulando.
Sasuke subió a través de la longitud de los brazos de Sakura con sus dedos índice, llegando hasta su cuello y comenzó a masajearla suavemente. —Como debería comenzar mi relato… —Vaciló sensual. Sakura dejó salir una pequeña risa. —Ayer no pude dejar de pensar en lo maravillosa que la señora Uchiha se ve cuando el agua resbala por su generoso cuerpo.
La sangre se le arremolino a la altura de los pómulos, haciendo que se tornaran color carmesí. —¿Te pareció ardiente verme?
—Creo que eso quedó muy claro ayer. —Sentir como Sasuke le susurraba aquello al oído ponía todos sus sentidos alerta y listos para explotar. —El verdadero problema vino después, para ser más específico, cuando te fuiste.
—¿Si? —La pelirrosa dejó salir aquello como una súplica. Con un movimiento, Sasuke la alentó a ponerse de pie, recargando su cuerpo sobre la barra y quedando inclinada sugerentemente hacía él. La tela del pijama era apenas gruesa.
El pelinegro deslizó una de sus manos por su caliente espalda. —Fuiste mala. —Dió una suave nalgada, procurando no ser demasiado fuerte como para lastimarlo a ella o a su hijo.
Sakura gimió.
Sasuke comenzó a acariciar su trasero, esta vez con ambas manos. —Y me sentí muy frustrado todo el día. Toda la noche. Fue imposible para mí tratar de conciliar el sueño por un largo rato. —Mordisqueó unos segundos el lóbulo de su oreja. —La única solución fue tocarme mientras pensaba en mi flamante esposa.
Ella abrió muy grande sus ojos anteriormente entrecerrados por el placer. —¿Lo hiciste?
—¿Debería estar avergonzado, verdad? Pero pensar que estabas al lado de mi habitación a unos cuantos pasos, lo hizo aún mucho más excitante. —Subió sus manos hasta sus pechos, colándose por la tela de su ropa.
—¿Y yo debería estar escandalizada, cierto? Pero justo ahora pensar que te incito a hacer algo así me pone más caliente. —Se inclinó hasta rozar sus nalgas sobre él, sintiendo su dureza. Volvió a gemir.
—¿Qué debería hacerte, esposa mía? Que Alá me ilumine porque has sido un poco malvada.
Sakura se volteó hasta quedar frente a él. De repente pensó que las facciones matutinas de su marido lo hacían mucho más guapo de lo que había advertido antes. Era todo un manjar de hombre. Suspiró. —Aceptaré cualquier cosa que quieras hacerme para remediar mi impertinencia.
La mirada seductora de ella lo robó por completo. Junto sus labios a los de ella, probando nuevamente el dulce sabor que estaba por volver loco. Se separaron durante algunos segundos solamente para tomar un poco de aire y no quedar asfixiados. El pelinegro la levantó hasta sentarla sobre la barra.
—Tomaré tu palabra ya que estás tan decidida a compensarme. —Desabrochó uno a uno los botones del pijama y le sacó el sostén de un tirón. Sakura arqueó su espalda y apoyo sus palmas sobre la superficie.
Volvió a gemir cuando el atrapó uno de sus pechos en la humedad que proporcionaba la cavidad de su boca. —Me encantan tus pezones… —Mordisqueo con ligereza uno de ellos. —Son perfectos.
—Quiero verte también. —Le sacó la camisa, exponiendo su desnudo y fornido torso.
Sasuke volvió a concentrarse en sus pechos. Eran del tamaño correcto para encajar con su boca, también suaves como para volverse adicto a ellos, tanto que le costó despegarse de ellos pero cuando por fin lo logró bajo por su abdomen, abandonando pequeños besos a lo largo que le arrancaban jadeos a su esposa. Sakura se arqueó más y Sasuke arrancó sus pantalones, dejándola expuesta a él, solo la diminuta ropa interior seguía cubriéndola, con un dedo la hizo a un lado, luego se arrodilló frente a ella y comenzó a estimular su clítoris con la legua. Mientras el se encontraba haciendo movimientos circulares para darle placer, Sakura sólo sabía gritar en respuesta. De cuando en cuando lograba mantener un poco sus gemidos y trataba de mirar hacía abajo para encontrarlo, pero entonces Sasuke le devolvía la mirada desde abajo, con el deseo brillando en sus pupilas dilatadas mientras dejaba salir más saliva de su boca para recogerla con la lengua. Se sintió de maravilla luego de un rato cuando se corrió.
Él la tomó en los brazos y sin dejar de besarla consiguieron llegar a un lugar más cómodo, el sofá blanco de la sala de estar. La depositó allí con cuidado. Sakura lo tomó de la mano para que la siguiera y se sentara con ella.
Ella se levantó y se arrodilló ante él. —Mi turno. —Deslizó su pene dentro de su boca, provocando que él fuera el que viniera esta vez. A Sakura le reconfortaba saber que era solo ella quien podría hacerlo sentir así en ese momento. Recorrió toda su longitud con la boca hasta llegar su borde, el cual empezó a besar ávidamente.
Sasuke echó su cabeza hacia atrás, apoyándola sobre el respaldo del sofá. Esta mujer sí que estaba probando su límite, y lo hacía muy bien. No podía controlarse teniéndola toda para dispuesta para él. Con las manos tomó su cabello, revolviendo y recogiéndolo entre sus palmas para guiar sus movimientos más profundo en su boca. Se sentía un poco primitivo mientras se juraba a sí mismo hacer que ella jamás olvidara su forma de follarla. Era un poco estúpido, lo aceptaba, porque estaban casados y era lógico que ella solo lo conocería a él de esa forma, pero los pensamientos de que hubiera pasado si no los hubieran comprometido lo asaltaban de vez en cuando. Si ellos no se hubieran casado, ¿Con quién lo hubiera hecho? ¿Quién sería el hombre que estaría tocándole y gozando de ella? Odiaba no encontrarse a sí mismo como respuesta. Repudiaba pensar en otro hombre estando con ella.
Derramó todo su semen sobre sus pechos cuando el orgasmo provocado por los labios de Sakura llegó. Su cremosa piel llena de él era una visión casi gloriosa.
—¿Qué me estás haciendo? —Jadeó hacía ella. Necesitaba encontrar un respuesta a su falta de autocontrol en todo lo referente a Sakura.
Ella se sentó sobre él y le guiñó un ojo con suma coquetería. —Haré todo lo que querias. Estoy haciendo realidad tus deseos.
Volvió a besarla hasta que recuperó el aliento y entonces bajo sus dedos para comprobar lo empapada que seguramente se encontraba. Los fluidos de ella inundaron sus dedos y volvió a acariciar un poco antes de jugar dentro de ella. Sakura se sentía en éxtasis tremendo, la forma en que cualquier roce de él por más pequeño que fuera la hacía gritar de placer era extraordinaria, estaba toda entregada a ese hombre.
—Necesito entrar. —Gruñó contra ella.
—Por favor, házlo. —Concedió.
Con cuidado empezó a meter su duro pene en la cálida vagina empapada de Sakura, lentamente iba más profundo en ella y se sentía como el paraíso. Esperó unos segundos a que ella se acostumbrara a la intrusión.
—¿Estás bien? ¿No duele? —Ella negó. —Muy bien, voy a continuar.
Sakura asintió y sintió las mano de él a cada lado de sus caderas, al mismo ritmo que él. Por primera vez se sintió unida a él satisfactoriamente, y no sólo físicamente, sentía algo extraño en su pecho. Algo nuevo que la hacía sentirse emocionalmente unida a él. Conforme sus respiraciones se mezclaban lo sentía aún más. Quería sentirse para siempre de esa forma, fuera lo que fuera.
—¿Segura que no te sientes adolorida? —Volvió a preguntarle. Sabía que ninguno de los dos quería lastimar al fruto de ambos que descansaba dentro de ella.
Tomó una bocanada de aire que le permitiera calmarse un poco más y responder. —No duele absolutamente nada, al contrario. —Sonrió.
—¿Entonces puedo moverte un poco más rápido? —Sakura respondió que sí.
El pelinegro aumento la velocidad con la que movía el trasero de ella encima de él. Gimió más fuerte con la voz ronca y capturó su boca contra la suya mientras la penetraba deliciosamente. Haber encontrado un poco de tiempo a sola para ambos, era la mejor decisión que pudo haber tomado, no cambiaría ese momento con ella por nada del mundo.
—Sasuke… —Ella quiso decirle algo más pero no pudo hacerlo. Su sonrojada cara brillante se arrugó mientras su interior empezaba a contraerse alrededor de él, indicándole que estaba en medio del clímax. Los gritos femeninos entrecortados se iban haciendo más ruidosos cada vez.
Continuaron unidos hasta que Sasuke tuvo su propio orgasmo, más fuerte que el anterior, y que la hizo derramarse aún dentro de ella. Sakura tenía las uñas clavadas en su espalda, obligandolo a estar más cerca de ella, podía sentir sus gotas de sudor caer y sus pechos azotarle en el torso desnudo.
"Estoy perdida" Pensó "¿Cómo voy a lograr mantener mis sentimientos lejos de Sasuke luego de esto?"
La cabellera rojiza de la chica frente a Ino dió un brinco hacía atrás, atónita y sin poder creer a quien tenía frente a ella.
—Usted… —Parecía como si quisiera formular alguna frase pero simplemente el asombro no se lo permitía.
—Puedes llamarme Ino. —Se sonrojó.
Ella se levantó rápidamente para inclinarse. —Su alteza. —Al parecer había logrado reconocerla rápidamente. Si bien la rubia sabía que no era exactamente popular, también sabía que siendo hija de Fugaku su existencia no era desconocida.
—Ino, por favor. —Le recordó. —No hacen falta formalidades. Te encontraste antes con el invitado de mi hermano ¿Cierto?
—¿Se refiere al tipo de antes? ¿Suigetsu? —Preguntó y la rubia asintió con la mirada.
—Te ruego lo perdones si te incómodo con lo impertinente que puede llegar a ser. —Le ofreció con amabilidad una taza de té.
La aceptó. —Al contrario, siento haberles causado más molestias de las que me gustaría. —Desvió su mirada hacía otro lado.
—Para mí no es una molestia tenerte aquí. —Tomó su mano entre las suyas. —De hecho, me sentía bastante sola hace unos días luego de que mi mejor amiga saliera de viaje. Es muy agradable conocerte.
La pelirroja formó una sonrisa. —Así que gracias al hombre de cabello blanco terminé aquí. Estoy muy agradecida, pero tengo que irme. —Replicó. —No puedo seguir molestando más un minuto.
Ino frunció el sueño. Suigetsu le había advertido previamente sobre lo reacia que era la chica a quedarse un poco más, siquiera hasta que sus heridas hubieran sanado por completo. Incluso esa era la razón por lo que el amigo de su hermano le había casi rogado de rodillas que convenciera a la pelirroja en nombre de él. Imaginaba que un poco de persuasión femenina vendría mucho mejor, Karin había sufrido una desgracia tras otra debido a los hombres. Sentía natural que ella no pudiera confiar en él y en la pureza de su ayuda. Pero Ino era mujer, y Suigetsu estaba seguro que le sería más fácil a Karin confiar en ella que en él.
Movió sus ojos azules. —Admiro tu sentido de independencia, pero aún estás lastimada. Y mi conciencia me haría eco el resto de mi vida si te dejo ir así como así, sabiendo que el mundo afuera puede ser bastante cruel. —Ella realmente sentía que se arrepentiría si dejaba sola a aquella mujer. —Por favor, quédate hasta que sea más seguro.
En toda su vida aquella chica jamás había sentido un atisbo de preocupación de alguien externo hacía ella. Hasta Suigetsu, y ahora Ino. Realmente sus huesos aún dolían en extremo y caminar le costaría varios lamentos en cada paso.
La rubia volvió a sujetar su mano. —Por favor.
Entonces Karin no pudo negarse. No teniendo a una princesa frente a ella preocupada por su bienestar. Esperaría a que se recupera físicamente antes de marcharse.
—¿Dónde está él? —Preguntó de repente, sin haberlo pensado demasiado antes de hablar. Fue un impulso.
—¿Suigetsu? —Le sostuvo la mirada. —Él tuvo que irse, pero te ha dejado a mi cuidado. Regresará en un par de días, no te preocupes.
—¿Yo? ¿Preocupada? Ni siquiera lo conozco.
—No seas tan reacia a él. Sólo quiere ayudarte y no es una mala persona. Ha sido el mejor amigo de mi hermano por años, o ¿Acaso desconfías del Rey?
—Para nada. —Se apresuró a negar. —Pero sigue siendo un hombre.
—Ya veo… —Ino le dedicó una cara dulce, tratando de transmitirle toda su sinceridad posible. —Pero puedes apoyarte en mí, ¿Verdad que sí? Las mujeres solo nos tenemos a nosotras mismas, y se hace más llevadero cuando tenemos una amiga.
Aquel comentario de la rubia tocó las fibras más sensibles del interior de Karin. Era cierto que las mujeres estaban solas, solo se podía proteger ella misma. No tenía a su madre viva, ni conocía a sus familiares, tampoco tenía amigas o conocidas que la ayudaran. Simplemente era ella sola en una cruel realidad. Sentía las lágrimas cristalinas resbalar por sus mejillas rosadas.
Luego de haberle dado la medicina y calmarla un poco, Ino dejó a Karin nuevamente durmiendo. Sus energías necesitaban ser repuestas, era por eso que le daba tanta somnolencia, Sai se lo había explicado.
Sai… No había pensado en él durante toda la mañana, lo que claramente calificó como un logro. Hasta que sus pies la conducieron hasta la entrada de su consultorio. Tocó varias veces para comprobar si estaba disponible.
—Adelante. —Confirmó él mismo sin saber que era ella quien estaba del otro lado.
Tener todo un cuerpo médico real encargado de los nobles siempre le había parecido una estupidez. Cuando tenía siete años habría preferido ir a un hospital normal cuando se enfermó de la gripe estacionaria, como la gente normal, pero su padre siempre le decía lo mismo: "Es una tradición. Solo puede atenderte un médico real. No olvides que eres mi hija, Ino" Le había guardado un rencor tremendo a los médicos de su infancia, como si fuese su culpa que su vida fuera tan controlada. Hasta que conoció a Sai hace años, era callado y misterioso. Siempre sentía curiosidad por él, haciéndola dejar de tener miedo al ir dónde el médico. Incluso a veces lo buscaba fuera de sus horas de trabajo, a lo que el siempre respondía gruñón "No deberías estar aquí".
Asomó su cabeza por la puerta, notando como el alzaba su cabeza para encontrarla. Estaba haciendo varias anotaciones sobre algunos expedientes, quizás de pacientes que acababa de atender.
—No deberías estar aquí. —Le dijo con esa voz tranquila y sin emoción, propia de él.
Debería estar desilusionada pero en lugar de eso soltó una carcajada bastante tierna. Había predecido sus palabras segundos antes, ahora se sentía como en un dejavu.
—Diré que vine a consulta si alguien me interroga. —Sonrió aún más.
—Está bien. —La observó entrar y sentarse frente a él.
—Te traje algo. —Susurró con timidez y alargó un pequeño sobre hacía él. Por el tamaño era obvio lo que estaba ofreciéndole. —No es mucho, lo tomé de mis ahorros. Mi padre me ha prohibido la herencia de mi madre hasta que me case. Pero es suficiente para agradecerte por atender a Karin.
Sai la miró con atención. —No espero un recompensa por hacer mi trabajo, Ino.
—Lo sé, pero aún así quiero hacerlo.
—Insisto que no. —Regresó la mirada a sus apuntes. —Gracias. Si eso es todo, tengo mucho trabajo aún.
Ella bajó la mirada, tratando de no sentirse amarga. —¿Por qué siempre me rechazas así? —Las palabras de ella lo hicieron sorprenderse. Sin embargo, no podía permitirse más. —Solo quiero ser amable.
—Alteza. —Llamó su atención. —Últimamente se ha comenzado a rumorear que el Rey y su padre están decidiendo su matrimonio. Estoy seguro que comprende que no puede seguir visitandome repentinamente una vez que se comprometa. Agradezco su amabilidad, pero eso daña su imagen no podré con mi consciencia.
Lo que le había dicho había caído sobre su cabeza como un balde de agua helada. —Tienes razón… —Comentó fría. —Mi hermano me ha consultado si tengo a alguien en mente para desposarme, y pronto lo decidiré. Alguien distinguido… y muy guapo. Me casaré con alguien como…
—¿Como el tipo de cabello blanco? —Completó. —Ciertamente su Alteza merece casarse con un hombre de mucha alcurnia como él. Y que además, es cercano a su hermano. Felicidades por su compromiso. Me temo que no llegaré a presenciar su boda.
—Lo sé. Estás tan desesperado por terminar tu servicio médico militar e irte a casa. Lo sé muy bien… Y me alegro mucho de que estes por terminarlo pronto. Sé que odias estar aquí. Gracias por tus felicitaciones, aunque seguro podrás ver mi boda en las noticias de cualquier lugar al que vayas. Ya ves que la de Sasuke fue muy mediática, seguramente la mía también lo será —Finalizó. Las manos le temblaban un poco y estaba afligida.
Abandonó casi corriendo el lugar.
