Capítulo 13

Realidad


Sasuke dió vueltas en la habitación, conteniendo sus ganas de gritarle al peliblanco. Él no era exactamente una persona paciente, su papel como gobernante lo obligaba a ser de una forma distinta. Había esperado durante días la vuelta de Suigetsu para arreglar el nuevo lío en que se había metido el susodicho.

—Es que no entiendo nada. Primero llega Ino y me cuenta sobre esta chica, pensé que era una invitada de su parte. Ahora resulta que es tu esposa. —Tomó aire profundamente. —Necesito que me des una explicación lógica para entender porque te has casado de la nada, y peor aún, porque has dejado a tu joven esposa abandonada en mi palacio en lugar de llevarla contigo.

—Antes que nada quiero aclarar que no es mi esposa. —Dijo. El pelinegro rodeó los ojos. Suigetsu lo ignoró antes de proseguir. —En realidad es una historia bastante larga, y veo que Ino no te ha dado muchos detalles. Me alegro mucho, yo le pedí que no te los diera, la muerte de tu padre estaba tan reciente que pensé que lo mejor era tomarse un poco de tiempo antes de decirte lo que hice por esa joven.

La sangre comenzó a hervir por las venas de Sasuke, se acercó hasta el otro joven y lo tomó fuertemente del cuello de la camisa. —Espero no hayas hecho ninguna tontería. Me importa poco lo que hagas con tu vida privada fuera de mi territorio, pero si te atreviste a tocarle un solo pelo a alguna mujer de Suna, no seré nada blando contigo. No puedes engañar a alguien con la promesa del matrimonio y luego desecharla fácilmente negando que sea tu esposa.

El otro rió, al menos le alegraba saber lo protector que era Sasuke con su gente. —No es nada por el estilo, puedes estar muy tranquilo. Yo lo llamaría, más bien, una situación de emergencia.

—¿Una situación de emergencia?

—Fue la única opción que tenía disponible para salvarla. —Su tono fue más serio al hablar, también dió una bocanada de aire. —No me gusta adjudicarme de héroe, no soy para nada un ciudadano modelo que se merezca tal apelativo, pero tampoco soy la clase de hombre que se detiene a ver cómo ocurre algo inhumano frente a él y no hace nada. Karin estaba golpeada, su cuerpo lleno de magulladuras y casi inconsciente, estoy seguro que habría perdido la vida si hubiese recibido un golpe más.

—¿Me estás diciendo que casarte con ella era la única forma de evitar que muriera?

—Era la única forma de poder sacarla del lugar donde estaba sin armar un revuelo que la lastimara más. Tampoco es como que sepa hablar el idioma local o cual es el número de emergencias.

Sasuke meditó lo que escuchó, de cierta manera lo que decía el peliblanco era cierto.

—Quiero escuchar toda la historia. —Dijo autoritariamente.

El peliblanco lo hizo.

—Y bueno eso es todo. —Finalizó luego de varios minutos. —No te voy a negar que me genera un poco de conflicto ético el haber comprado a una mujer, pero su vida está a salvo y eso me da más tranquilidad al dormir por las noches. Karin ya no está en manos de ningún proxeneta.

El pelinegro hizo una expresión de alivio.

Suigetsu continuó. —Además me voy a divorciar de ella.

Sasuke enmarcó la mirada. —Deberías pensar en eso un poco más.

—¿Insinuas que no debo divorciarme?

—Piensalo un poco mejor. —Empezó a exponer su punto de vista. —En este momento ella no tiene a nadie más en su vida, es una mujer en extremo vulnerable. Estuve investigando un poco sobre ella, ya había estado antes en la fundación de Izumi pero escapó. Luego de que se divorcien mi deber es dejarla nuevamente en manos de la fundación de mujeres, pero si vuelve a escapar ¿No crees que podría regresar nuevamente al círculo de violencia del cual acaba de salir? No tiene, además, ningún familiar a parte de su padre.

—Antes muerto a qué regrese a las manos de ese proxeneta. —Replicó inmediatamente con rabia.

Palmeo la espalda del peliblanco y se acercó a él con seriedad. —En el momento en que te involucraste en su vida tomaste un poco de responsabilidad sobre ella. Y no tiene a nadie más que a ti ¿Comprendes eso, verdad? Las personas no son juguetes, Suigetsu. No puedes ser su salvador y luego abandonarla a su suerte, mucho menos si ya hay un vínculo legal entre ambos.

Aquellas palabras continuaron rondando en la mente del joven empresario. Tenía una decisión que tomar respecto a lo que había hecho, al final de cuentas fue él quien la trajo.

—Está bien, lo pensaré con más cautela. —Dijo al final.

Sasuke sonrió.

Suigetsu se fué inmediatamente después de concluida su conversación. Ahora se dirigía para encontrarse con el jefe de los médicos que había pedido una audiencia personal para hablar de un tema de "delicada importancia" con él. Mientras caminaba a través de los pasillos con su porte imponente, él cuál buscaba airear la seguridad de un rey, pensaba cuáles serían esos motivos por los cuales el médico requería hablar de forma casi urgente con un ocupado Rey.

Cuándo llegó a su oficina tomó asiento luego de saludar al anciano erudito que fungía como encargado de salud. Era un viejo amante de la medicina hipocrática con más de cuarenta años de experiencia que rara vez atendía a cualquiera que no fuese el Rey. Sasuke le había pedido hace unas semanas que se encargará él mismo del embarazo de Sakura.

—Su majestad. —Saludó. —Salaam.

—Salaam. —Devolvió el saludo. —Gracias por esperar por mí.

—Al contrario. —Respondió el viejo. —Es un honor para mí servir a su majestad. Verá, usted podrá recordar la amable tarea que me ha encomendado. He estado vigilando con especial atención la gestación de la Reina.

Frunció el ceño. —¿Ha ocurrido algo?

—Afortunadamente no. —Se apresuró a decir. —Pero podría haber sucedido si yo no me hubiera dado cuenta a tiempo.

—No entiendo.

—Permítame explicarme con mejor detalle. —Aclaró su garganta. Lo siguiente que iba a decir estaba seguro que provocaría la ira del Rey y por consiguiente estaría en medio de un lío, pero su deber ético le impedía guardarse el hallazgo para sí mismo. —Hace siete días la reina presentó un sangrado anormal, no muy abundante, pero si lo necesariamente importante. Eso me desconcertó mucho, ya que ella ha seguido las medidas y cuidados que se le han indicado al pie de la letra, sin contar que, en el chequeó rutinario del mes pasado no hubo ninguna anormalidad. —Hizo una breve pausa y luego volvió a continuar. —Estos días continúe preguntándome e investigando el factor causante de ese sangrado anormal, me dí cuenta que estuvo a casi nada de sufrir una amenaza de aborto espontáneo si yo no le hubiese dado medicina antiabortiva.

El rostro del pelinegro se tornó pálido de un instante a otro. Sintió el frío recorrer a lo largo de cada extremidad de su cuerpo. —¿Están bien ahora?

—Lo están. —Confirmó. —Encontré la causa hace unos días cuando visité los aposentos de la reina para hacerle una toma rutinaria de presión arterial. Me di cuenta que había un par de inciensos quemándose en la habitación, me llamaron mucho la atención y le pedí que me dejara mandarlos a examinar.

—¿Unos inciensos? ¿No es común que algunas personas quemen inciensos por el olor relajante?

El anciano asintió. —El almizcle es un popular ingrediente de algunos inciensos, proporciona un olor fuerte pero agradable que a mucha gente le gusta. Usted sabe que llevo casi toda mi vida sirviendo al Cristal, las paredes de este palacio me han formado en su totalidad, y gracias a mi experiencia sé que no es la primera vez que se utiliza el almizcle como método abortivo en el Harén. De hecho, era un método popular en la época feudal, usualmente las esposas de mayor rango del Rey lo usaban para lograr que las esposas de menor rango abortaran o no pudieran concebir un heredero. ¿Entiende a lo que voy, cierto?

—¿Los inciensos de la habitación de mi esposa contenían almizcle?

—Así es. Y cuando la consulté sobre la procedencia de ellos, me dijo que los había recibido como regalo de bodas hace poco.

—Hay alguien tratando de hacer que Sakura aborte. —Completó. Apretó uno de sus puños, le molestaba de sobremanera que estuvieran tratando de hacerle daño a ella y a su hijo no nato.

—Ella no lo sabe. Decidí primero decírselo a usted, su majestad.

—Hizo bien. —Se apresuró. —No quiero que lo sepa y que eso la haga preocuparse de más, podría afectar su condición de salud. Estuvo a nada de tener una amenaza de aborto, no sería bueno que se estresara. Gracias.

El médico se reverenció. —Estoy para servirle. Vigilaré estrictamente cualquier cosa que entre y salga de la habitación de la reina, incluso su comida. No tiene que preocuparse su majestad.

La noticia del embarazo de Sakura no era una noticia de índole pública aún, eso significaba que había alguien vigilando cada paso que ella daba para aprovecharse. Probablemente alguien a quien no le convenía que Sakura diese a luz un heredero de él. Ordenaría a sus hombres de confianza que investigaran el asunto.


—¿No crees que deberías contarle a Sasuke sobre lo que pasó? —Le dijo Ino con cuidado.

—No quiero causar preocupaciones innecesarias, además el médico dijo que ya pasó. —Le respondió. —Debe estar muy ocupado con sus responsabilidades de Estado, yo y el bebé estamos bien, no hay necesidad de crear un alboroto.

—Bueno… —La rubia estaba poco convencida, a su punto de vista era algo que debía contarle a su hermano. No le gustaba que Sakura comience a guardar las cosas para sí misma. Ella mejor que nadie sabía que eso no era saludable.

—Oye Ino… ¿Estás segura de lo que vas a hacer? —La consultó nuevamente. Tomó sus manos entre las suyas. —Me aseguraré de que Sasuke te apoye si no quieres hacerlo.

Ella miró hacía otro lado de la habitación, evitando los ojos verdes de su amiga. —Yo misma le pedí a Sasuke que arreglara una visita prematrimonial con un buen candidato de su elección. —Sonrío con ternura. —Puedo decir con seguridad que confío en mi hermano.

—"Buen candidato" ¿Porqué eso suena como un negocio fríamente manipulado? No hay amor en ninguna de tus palabras. —Le insistió. —No hagas nada de lo que no estés segura, podrías arrepentirte después.

Ino titubeó antes de responder. —¿No es lo mismo que tú viviste con Sasuke? Ambos se casaron premeditadamente, y ahora tú estás enamorada de él ¿No? —Preguntó. —Quizás yo pueda también enamorarme de mi esposo.

—¡No! —La pelirrosa estaba tratando de hacerla entrar en razón, casi gritándole que no dejará la razón por el impulso. —Hay una diferencia en nuestras situaciones, yo no estaba enamorada de

nadie al momento de casarme con tu hermano, por eso el amor pudo crecer en mí, pero… ¡Tú ya estás enamorada de alguien! No ignores tus sentimientos, por favor.

—Pero jamás serán correspondidos.

—¿Y tú piensas que los míos lo son? —Le preguntó. —A pesar de tener claro mi amor por Sasuke, yo no sé si él siente lo mismo por mi. Mi amor es igual de unilateral que el tuyo. El está casado conmigo por responsabilidad, claro que es amable y me respeta, pero nunca sé cuándo sus sentimientos son románticos o por responsabilidad.

—Pero Sasuke te dijo que serías su única esposa, ¡Está claro lo que él siente por tí, Sakura!

—No, no lo está. —Respiró hondo. —Su razón para no tener otras esposas es más personal que eso. Está lastimado por todo lo que su madre sufrió cuando era esposa de Fugaku, quiere evitar que yo sufra algo parecido sólo para honrar la memoria de Mikoto, no lo hace por amor a mí.

—No lo había pensado de esa forma… —La rubia cayó en cuenta que lo que Sakura decía era, de hecho, muy lógico. Sasuke no quería cometer los mismos errores de su padre que condenaron a su madre.

Sakura volvió a mirarla directo a los ojos. —Te apoyaré en cualquier decisión que tomes pero ¿Puedes prometerme que lo vas a pensar?

—Lo haré. —Aseguró.


Caída la noche Sasuke entró en silencio en su habitación, hace días le había hecho la proposición a Sakura de mudarse a con él y gracias a Alá había aceptado por fin. Estaba dormido profundamente, su semblante descansando realzaba la belleza de sus facciones y no pudo evitar darse cuenta de lo hermosa que se veía a pesar de la escasa iluminación. Debido a los cambios hormonales que su cuerpo estaba sufriendo últimamente, dormía bastante, no quiso perturbar su sueño así que caminó en silencio hasta el borde de la cama. Desde allí siguió observándola. Justo de esa forma ella lucía tan vulnerable, como una rosa intacta en medio de un millón de espinas. ¿Qué sería de su vida sin Sakura? Ni siquiera tenía que pensarlo demasiado, sin Sakura el brillo de la luna en sus noches era falso, la arena dorada que protegía con orgullo no tenía sentido. Simplemente los días sin su esencia dejarían de avanzar.

Se maldijo internamente una y otra vez. Sakura era su aliento, su pulso, simplemente era su vida… Y se había dado cuenta muy tarde, debido a él ahora intentaban hacerle daño. Quién quiera que fuera la mente maestra detrás de todo, sabía perfectamente que Sakura era su debilidad. Y él, era un fracaso como hombre y como esposo al no poder proteger correctamente a la mujer que amaba. Era de su saber que había muchas personas dispuestas a hacerle daño a él, pero hasta el día de hoy jamás se había planteado la posibilidad de que utilizaran a Sakura como medio para derribarlo a él, eso lo enfureció.

Se acercó hasta alcanzar su mejilla y la acarició, estaba fría y algo más pálida de lo normal. Sintió su respiración muy cerca.

—Perdóname por ponerte en peligro. —Susurró contra su mejilla. Sentía el corazón encogido, las lágrimas a punto de brotar y escapar de sus ojos. Las contuvo únicamente para no turbar el sueño tan profundo de ella y alarmarla en mitad de la noche.

A decir verdad era bueno admitir sus sentimientos hacía su esposa, pero por otro lado no quería agobiarla con ellos. Mientras los días seguían pasando, uno tras otro, se preguntaba que tan bueno era atarla a un lugar en el cual ella no eligió estar desde el principio. Un lugar en el que además, no la respetaban como reina e incluso se atrevían a atentar contra su vida. ¿Sería más feliz Sakura si ella siguiese viviendo en Konoha? Un lugar donde no era desconocida, dónde tenía familia y amigos cercanos en dónde apoyarse. ¿Sería más feliz si se hubiese casado con un hombre de su misma situación social? Con la misma cultura, que fuera cercano a sus familiares, que pudiera darle una estabilidad en Konoha y no en un país lejano en el que seguro que no estaba nada cómoda. El tiempo pasaba y mientras más profundizaba el vínculo afectivo con ella, más se sentía culpable de arrastrarla a una vida que no se merecía.

Se merecía enamorarse, vivir un noviazgo normal con una persona que ella eligiese porque le gustaba. Se merecía comprometerse y casarse por amor bilateral. Él había frustrado la posibilidad de todo aquello en la vida de Sakura. No se sentía para nada bien con eso, por una parte quería dejarla ir para evitar que sufriera, pero por la otra tenía un lado egoísta que se negaba a soltarla. Quería vivir una vida con ella. Quería formar una familia con ella. Volverla su única oración a adorar todos los días.

¿Estaba bien retenerla solamente para buscar su felicidad propia, sin importar la de ella? Sakura nunca se quejaba, pero Sasuke era plenamente consciente de que ella no era en absoluto feliz. Podía verlo con facilidad en la ausencia del brillo en sus ojos, o en cómo únicamente confiaba en Ino. Antes le había molestado la forma en que la madre de ella controlaba cada pequeño detalle de su vida, en cómo siempre mantenía a Sakura en disposición de cumplir sus sueños frustrados, encerrándola una nube de responsabilidades que no le concernían. Su madre, Mebuki, la había privado de su libertad para enamorarse y hacer su vida como a ella más le gustara.

Y él había sido cómplice de todo eso. Lo seguía siendo. Mantenía a Sakura encerrada en la misma vida que llevaba antes, una vida de responsabilidades políticas. Casarse por conveniencia, tener hijos por crear descendencia, cargar con la maldición de un título nobiliario aún más importante. Le estaba contando las alas.

—Perdoname por todo. —Volvió a repetir. Esta vez una ligera lágrima logró correr por la superficie de su piel. —No te merezco.

Con la palma de sus manos se limpió la humedad de las mejillas y recorrió las sábanas del cuerpo de Sakura para poder recostarse junto a ella.

Lo que encontró lo dejó helado y atónito. Subió sus ojos negros hasta Sakura, podía ver su pecho elevarse por la respiración. Acercó una de sus manos para comprobar si era lo que él estaba pensando.

—¡Sakura! —Agitó su cuerpo. —Respóndeme, ¿Estás bien? —Volvió a agitarla pero ella no despertó.

La pelirrosa arrugó su nariz luego de que la llamara varias veces más, pero ella quería seguir dormida a pesar de la insistencia del pelinegro con forzarla a despertar.

—¡Sakura! Despierta. —Palmeó su hombro con suavidad. —Tienes que despertar ahora

Ella abrió los ojos a regañadientes. Encontrando el rostro preocupado de esposo frente a ella. ¿Qué diablos quería Sasuke en plena madrugada?

—¿Qué pasó? —Su voz seguía adormilada.

Él ni siquiera esperó a que ella terminará de incorporarse. Se apresuró a tomar su cuerpo entre sus manos, levantándola para sacarla de allí en busca que ayuda.

—¿Que hacés Sasuke? —Siseó molesta.

—¡Estás sangrando! —Para cuando dijo eso ya se estaba alejando hacía la salida.

Sakura abrió sus ojos en un instante, giró su cuello hacía atrás mientras Sasuke avanzaba con ella cargada en sus brazos. Pudo observar una gran mancha roja en la tela de las sábanas.