Capítulo 14.1
Luz de Luna llena
Al abrir los ojos Sakura descubrió que la cabeza le dolía insoportablemente, como si hubiera recibido un golpe en la parte lateral de su mejilla. El perfecto techo blanco frente a ella fue lo primero que su vista logró captar, sin duda estaba confundida porque tardó varios minutos en descifrar el lugar dónde estaba. Fuerte olor a antiséptico, blanco y pulcritud. Conforme iba uniendo los hilos de su memoria, sentía una extraña sensación extenderse por su vientre.
"Estás sangrando" La alterada voz de Sasuke la noche anterior volvió a retumbar en su subconsciente, advirtiendo que no había sido una pesadilla nada de lo sucedido.
Estaba en un hospital. Todo había sucedido tan rápido antes de que perdiera el conocimiento y ahora seguía confundida. Trató de sentarse en el borde de la cama, pero su cuerpo adolorido no le permitió llevar a cabo tal acción. Comenzaba a inquietarse, y ver los catéteres en sus brazos no le ayudaba a poder tranquilizarse.
Una aterradora sensación fría le recorría por todas sus terminales nerviosas, no podía ni siquiera controlar las temblorosas manos pálidas que poco a poco, con mucho miedo, fue bajando hasta la zona ventral de su cuerpo. Llevaba puesto uno de esos camisones característicos de los pacientes internados. A través de la tela colocó su mano en el lugar donde se suponía debía estar su hijo.
—¿Dónde está mi bebé? —Gritó. Miró a todos lados tratando de buscar a una enfermera o algún doctor que pudiera darle una respuesta.
Pero en la habitación solo estaba un pelinegro recostado sobre el borde de una silla, claramente aún dormido. ¿Sasuke estaba cuidando personalmente de ella?
Debido al ruido de su voz, el pelinegro se despertó tan pronto cómo pudo, corriendo a su lado tan pronto cómo le fue permitido por sus piernas. La pelirrosa no pudo evitar echarse en sus brazos cuando lo tuvo lo suficientemente cerca, aspirando su aroma masculino y sintiéndose cálida en su lecho. —Por favor, dime qué está bien. —Dijo entre lágrimas. —Nuestro hijo está bien, ¿Verdad?
Sasuke la apretó más fuerte contra él, pudiendo incluso sentir los latidos de su corazón. No sabía qué palabras escoger para hablar con ella, temía que cualquiera de ellas la hiriera aún más. —Sakura… —No podía mirarla a los ojos, se sentía tan culpable de todo.
—¿Qué pasó con mi hijo Sasuke? —Tornó su voz en desesperación por obtener una respuesta. —Dímelo… —Susurró con más lágrimas brotando de sus ojos enrojecidos.
Se le hizo un nudo en la garganta. Cómo padre, como hombre, como persona… era difícil decir algo así. Tragó saliva. —Los médicos no nos han dado un buen pronóstico.
—¿Qué? Explícate.
—El bebé aún está contigo. Pero… me han dicho que en cualquier momento puede dejar de estarlo. —Su corazón se apretó. ¿Cómo le explicaba a su esposa que el bebé creciendo en ella podría morir en cualquier momento? Esa definitivamente era una prueba que Alá les estaba poniendo.
Sakura susurró una plegaria. —Dilo.
—Tú cuerpo, por alguna razón, está tratando de expulsar a nuestro hijo. Sufriste una amenaza de aborto, y como estas en una etapa tan temprana de la gestación nada es seguro. —Mientras le explicaba todo a su esposa podía percibir como el brillo de sus orbes esmeralda se iba apagando de a poco, y aquello era el equivalente a apuñalarlo diez mil veces a él. —Tienes indicado reposo absoluto, y algunos medicamentos antiabortivos. Pero…
—¿Puede morir en cualquier momento? —preguntó desilusionada. Sasuke asintió.
—Lo siento. —Tomó su mano entre las de él y las besó. Comenzaría a llorar si no fuera por el hecho de que debía mantenerse fuerte para Sakura. Francamente a él también le dolía.
La pelirrosa levantó su mentón con la yema de sus dedos, atrayendo los ojos negros para que la miraran. Su marido estaba apunto de desbordarse pero retenía sus sentimientos para no preocuparla.
—El bebé está vivo. —Esta vez fue ella quien lo consoló. —No demos por sentado cosas que aún no han ocurrido.
Después de dar dos golpes seguidos, la puerta se abrió y de ella se dejó ver a una pelirroja sobre la discreta abertura de este. Suigetsu se alegró mucho al ver su aspecto más recobrado que el de antes, las heridas físicas seguían muy bien su curso de sanación, incluso el color palidezco de la última vez y los halos violáceos de hematoma se habían esfumado por completo para ser reemplazados por una vívida piel saludable.
—Buenos días, Karin. —Saludó. Ella lo miró de arriba a abajo, aferrándose al marco de la puerta en una extraña posición de defensa.
—¿A qué ha venido? —Soltó en voz baja.
—Me preguntaba si sería posible invitarte a dar un paseo. —Explicó. Prudentemente el peliblanco había pensado que sería incómodo para ella estar en un lugar cerrado con un hombre, después de todo lo que había sufrido a manos del sexo opuesto, consideraba que iba a ser difícil que ella pusiese confianza en él. Por eso reunirse con ella en un lugar al aire libre tenía extremas ventajas, la primera era que el clima no era tan bochornoso ese día así que sería agradable disfrutar de él, la segunda ventaja era que ella podía sentirse tranquila.
La chica asintió con la mirada, su cara seguía inmóvil y sus ojos lo miraban detenidamente.
—Excelente. —Exclamó. —Te espero en el jardín principal en diez minutos más, si te parece bien. —Dijo en el tono más amable que tenía.
Karin respondió con una mueca y volvió a asentir para después cerrar la puerta de su habitación con cuidado.
Sin faltar a su palabra, diez minutos más tarde Suigetsu acomodó la corbata de su perfecto traje, ajustando esta al nivel de su cuello, sentado en una de las bancas del jardín. Karin apareció casi de inmediato y descubrió que ella no era una persona impuntual, eso le agradó bastante. Como hombre de negocios cada segundo era importante y valioso en su vida, ya sea para cerrar un trato importante o para jugar sus acciones en la bolsa.
—Salaam Aleikum —La pelirroja realizó el saludo típico, poniendo los cuatro dedos de su mano enfrente de la nariz.
—Que la paz esté contigo, Karin. —Respondió. Después de la infinidad de años de amistad con Sasuke, claro que había aprendido un poco de Sunagakure. Sabía cómo responder ese saludó y aquello llamó la atención de la fémina.
Tomó asiento frente a él. Llevaba un vestido blanco y largo, con bordes de hilos dorados haciendo un patrón de figuras encantadoras. Se había dado cuenta que no usaba el Hiyab como otras mujeres del lugar, Karin solo llevaba un fino velo echado alrededor de su cabeza para cubrir sus cabellos rojos como el bermellón. De hecho, ninguna de las veces en que la había visto con anterioridad ella había usado el Hiyab.
—Mencionó que tenía un asunto del cual hablar conmigo. —El peliblanco tuvo el impulso de soltar una carcajada, ella realmente iba al grano y sin rodeos. Obviamente no lo hizo. —Quisiera saber si es sobre el divorcio. Confío en que ya lo ha pensado bien.
Al escuchar aquello recordó lo que le había dicho con anterioridad, acerca del divorcio, y también la profunda conversación que mantuvo con el Rey Sasuke.
—Así es, es sobre eso. —Afirmó y ella dió un suspiro de alivio. —Lo estuve pensando demasiado. Le dí vueltas al asunto durante días enteros para poder llegar a la conclusión más adecuada para ambos.
Karin frunció el ceño. De repente lo volvió a mirar con desagrado, estaba consciente de que era el hombre que mejor la había tratado nunca, pero también sabía que los hombres no eran criaturas que hicieran una buena acción sin esperar algo a cambio. Así que no se dejaría engañar fácilmente por él. Para protegerse debía ser muy cautelosa en todo momento.
—¿Para ambos? —Preguntó. —No hubo ni habrá un ambos.
Suigetsu se apresuró. —No me malentiendas, no lo digo con ese propósito. Al decir ambos, me refiero a que nuestra separación legal sea lo más pacífica posible. Sin dañar a ninguna de las partes involucradas, que somos tú y yo.
—Ya veo.
—Karin. —Suspiró, trató de sincerarse lo más posible respecto a su situación. —Voy a serte franco. No tienes un lugar a donde ir, tampoco estudios o familiares que te acojan. Escapaste varias veces del centro de ayuda de mujeres, y si vuelves a ir allí, seguro lo harás de nuevo.
—Y ese no es problema de usted. —Dijo tornándose hostil —Le agradezco el haberme salvado y ayudado, pero hasta ahí llega mi agradecimiento. —Entre más rápido lo dejara claro era mejor, o eso pensaba la pelirroja.
—No quiero que vuelvas a estar en situación de calle. —Confesó. —No es un panel digno para ningún ser humano, y si tengo en mis manos la posibilidad de evitarlo, lo haré. —Era verdad. Suigetsu Hozuki tenía un lado humanitario muy de admirar, cada año era puntual en sus donaciones a orfanatos de bajos recursos o a la gala benéfica para madres solteras que se realizaban en el Hotel de su familia. A ojos de otros proyectaba una imágen equivocada de Playboy reacio al compromiso, pero en realidad era un hombre que no soportaba ver a otros en situaciones difíciles sin prestar su ayuda siempre que fuera posible.
Ella movió la cabeza de un lado a otro. —¿No se va a divorciar de mí? ¿Es a lo que quiere llegar? —Preguntó.
La decepción de ella lo alcanzó hasta donde estaba sentado. —No creo que sea el momento más adecuado de hacerlo. —Respondió.
—¿Adecuado? —Se levantó rápidamente de su asiento. —Creí que usted era distinto, pero ya veo que no es así. Al final, usted también quiere aprovecharse de mí
—¡No! —Ella se dió la vuelta, y trató de alcanzarla. —Eres menor de edad ¿No?
Karin se detuvo súbitamente al escucharlo.
—Te faltan unos meses hasta los veintiuno. Lo ví en tu registro. —Explicó. —Espero que no te moleste, pero hace unos días, yo sí tenía la intención de divorciarme de ti. Hasta que lo consulté con mi abogado y él me informó que no eres una ciudadana legal todavía. Las leyes de Suna son bastante extrañas, y no puedes vivir en solitario hasta que seas mayor de edad o estés casada. Cuéntame Karin ¿Cómo fue que terminaste en la fundación de ayuda a mujeres?
Ella entrecerró los ojos y se maldijo a sí misma. —Me escapé de la casa de mis suegros, y no quería volver a la de mi padre. —Justo como él lo había intuido.
—¿Y te llevaron allí luego de que descubrieran que eras menor de edad? ¿Cierto? —Preguntó. No le quedó más remedio que aceptarlo.
—Fue mi casera quien lo reportó. Ella fue quién descubrió que yo no era mayor de edad. Luego, la familia de mi esposo me encontró y me… —Tragó profundo. Podía visualizar el dolor reflejándose en sus ojos rojos, y sin una explicación Suigetsu sintió rabia también. —Eso no importa. Volví a escapar y así fue como terminé en ese lugar, el albergue de mujeres.
—¿Y porque huiste también de allí? —La pelirroja volteó hacia otro lado, tratando de esquivar el dar una respuesta a su pregunta.
—Está bien. —Suigetsu sacó el pañuelo de su traje y se lo acercó para que limpiará las pequeñas gotas húmedas de sus ojos. —No es necesario que te fuerces a contarmelo. —Le sonrió. —Lo respeto.
—Gracias.
—Te plantearé mi idea. Si después de escucharme aún estás decidida al divorcio, te lo otorgaré sin decir una sola palabra. —Ofreció, decidido a hacerle ver qué en realidad ella se llevaba todo el beneficio.
—Está bien. —Aceptó escuchar su propuesta. Estaba nerviosa todavía, y también algo enojada aún, pero respiró profundo y volvió a tomar asiento frente a él.
—Solo te quedan seis meses antes de la mayoría de edad, lo que significa que debes vivir con tu familiar más cercano hasta entonces. —Puntualizó. —Y por el momento, como tú cónyuge legal, yo soy esa persona. Sin embargo, no tenemos porqué vivir juntos necesariamente. De hecho, yo tengo mis propias ocupaciones en Londres y no puedo vivir en Sunagakure por más que lo quiera. Entonces, el plan es este: Seguiremos casados esos seis meses, tú seguirás viviendo aquí en Sunagakure mientras yo atiendo mi trabajo en Londres. Así podrás vivir con la protección legal que te proporcione mi apellido.
—¿Vivir aquí? —Señaló el Palacio. —¿Estás loco? No tengo ni siquiera el derecho de ver a los ojos a alguien como la princesa Ino, menos para atreverme a vivir en el mismo lugar que los nobles. Yo no puedo vivir aquí, no tengo la sangre azul ¿Entiendes?
—No es necesario que la tengas. El Rey Sasuke es de mis amigos más cercanos en el mundo, soy un invitado directo de él. Nadie se atrevería a oponerse a que yo o mi esposa nos hospedemos en el Palacio. —Karin aún no parecía muy convencida. —Si tanto te preocupa lo de la sangre azul, tranquilízate, el tatarabuelo de mi madre era un barón inglés.
—¿De verdad crees que me tranquiliza? Solo me preocupa más. —Soltó— Estás, sin duda, desperdiciando tu tiempo ayudándome cuando podrías estar buscando una esposa adecuada para ti, de tu mismo estrato social y de una familia que tu madre apruebe. Yo soy todo lo contrario. —Quería abrirle los ojos para que la dejara en paz.
—Por eso no te preocupes Karin, de todas formas, yo no pensaba casarme nunca. Verás, no creo mucho en los lazos conyugales, así que ya estaba decidido a no hacerlo. —Sonrió de lado. Quizás explicándole su ideología sobre las relaciones maritales, ella entendería que no quería aprovecharse de ella. —No creo tampoco demasiado en el amor, así que estoy feliz de saber que si me he casado fue para realizar una buena acción. Cuando nos divorciemos no pienso casarme de vuelta.
—¿Y los hijos? Las personas como tú, suelen tener descendientes que heredan su linaje.
Él soltó una carcajada. —Suenas igual que mi madre.
—¿Qué? ¿No es así?
El peliblanco se revolvió el cabello —Dime, ¿Te gustaría casarte solo para darle un hijo a alguien? Cómo tal, solo para tener hijos.
Ella se arrugó la nariz.
—¿Lo ves? Suena inhumano. Si solo me caso con alguien para que tenga a mi hijo, no le estaría dando a esa esposa más valor que a una incubadora.
Él tenía bastante claro que las posibilidades de que terminara enamorado y feliz con la elección matrimonial de su madre, eran muy nulas. El uno en un millón había sido Sasuke, quién aunque no lo aceptara, estaba completamente flechado por su esposa de conveniencia. Podía asegurar casi con certeza, había caído enamorado de Sakura de Konoha, o mejor dicho , Sakura Uchiha de Sunagakure.
—Tienes razón.
—Como sea —Continuó. —Un segundo matrimonio no está contemplado para el futuro de mi vida.
—De todas formas… ¿No te preocupa que alguien se entere que estás casado con una mujer como yo?
—¿Cómo tú? No comprendo.
—Viuda. —Respondió.
—¿Eso tiene algo que ver?
—Tiene mucho. —Ella se acomodó el velo, apretando la tela contra su suave piel. —Respondiendo a tu pregunta anterior. La razón por la cual escapé de la fundación de mujeres fue, de hecho, bastante estúpida. Cuando mi padre me casó creí que lo había hecho porque quería una vida mejor de la que él podía darle a su hija, por eso guardé silencio y me casé con un hombre que me triplicaba la edad. No quería causarle más problemas a mi padre. Mi marido murió poco después de la boda, me dejó a merced de su familia, sus padres y sus hijos que eran incluso mayores que yo. Nadie me quería allí y me maltrataron porque me veían al mismo nivel que una prostituta o una cucaracha. Creí que al salir de ahí mi vida mejoraría, pero no fue así. Traté de vivir sola y no pude. Entonces pensé que lo lógico sería regresar con mi padre, cosa que no quería hacer desde un principio por el miedo a preocuparlo, pero regresar a él fue la peor decisión de mi vida. Jamás le importé, sólo le importaba lo mucho que podía sacar vendiendome. Y descubrí que no solo me lo hizo a mí, había muchas otras mujeres a las que vendía en condiciones aún peores. Pensé que era la persona en quien más podía confiar, pero ni siquiera en el hombre que me dió la vida puedo apoyarme.
—Karin… —Estaba sin palabras.
—Soy una mujer que ha pasado por muchas cosas. Mismas que podrían manchar tu reputación, y debido a lo mucho que te agradezco el haberme salvado de las manos de mi horroroso padre, es por eso que no te quiero perjudicar de ninguna forma.
—No te preocupes. Tomaré la responsabilidad de cada acción que decida tomar.
—Yo… No lo sé.
—Acepta, Karin. —La alentó. —Hazlo por los beneficios que te trae. Incluso puedo ayudarte a reanudar tus estudios si así lo deseas, lo único que tienes que hacer es aceptar.
—¿Sólo seis meses? —Volvió a preguntar.
—Sólo seis meses. —Aseguró. —¿A cambio de qué? Te lo dije antes. No creo en las personas que ayudan a otros sin esperar algo a cambio.
Suigetsu sonrió. Él iba a demostrarle que sí se podía.
—Trabajó. —Dijo sin pensar. —Cuando termines la escuela me pagarás trabajando en alguna de mis propiedades o empresas.
—Acepto.
—Su majestad. —Se inclinó el encargado de seguridad, Jūgo, ante la llamada de su Rey.
—Gracias por venir. —Saludó. —Tengo varias peticiones que deberán ser ejecutadas de inmediato, sin margen de error.
—Estoy a sus órdenes, mi señor. —Respondió.
—El personal de seguridad encargado de la protección de la Reina deberá ser reforzado al doble. —Dictó. —Cualquier cosa sospechosa deberá ser reportada inmediatamente ante mí. También necesito que investigues la procedencia de todos los regalos de boda que ella ha recibido, desde los más simples hasta los más costosos, quiero que me digas quién ha enviado cada uno de ellos. Y finalmente, estará prohibido que siga recibiendo regalos. Mi esposa necesita de mucha tranquilidad en estos momentos así que espero que hagan bien su trabajo.
El súbdito volvió a inclinarse ante él. —Recibir un encargo directamente de su majestad es una bendición de Alá. Me encargaré de honrar esa bendición como se debe —Aseguró.
—Deposito mi confianza en ti, entonces. —Lo miró con signo de aprobación.
—Mi señor…
—¿Si?
—El desfile anual del Diwali está muy cerca. Cómo es una costumbre que la familia Real participe en él, me estaba preguntando cuáles son las medidas que debo pautar para la seguridad de la Reina en él.
Había olvidado por completo que esa fecha estaba a nada menos que unas tres semanas de distancia. Era una celebración de cuatro o cinco días al año, generalmente durante los meses de octubre o noviembre, celebrada por los miembros de varias religiones en las que se conmemoraba la victoria simbólica del bien sobre el mal, así como el año nuevo en el calendario hinduísta. Si bien, la familia real no profesaba esa religión, la mayor parte de la población no musulmana de Sunagakure sí lo hacía. Para nadie era desconocido que las diferencias religiosas entre los musulmanes e hinduístas los habían convertido en enemigos a lo largo de la historia, y que debido a esto incluso se habían peleado guerras. Su abuelo, el rey que fue padre de Fugaku, para evitar las exclusiones entre estos dos bandos profesantes y por ende los conflictos, empezó a incorporar lo mejor de ambas religiones en su mandato. Adoptando costumbres hinduístas como el Diwali. Cada año la familia real completa asistía al desfile dónde se quema la estatua de Ravana…
Pero el embarazo de Sakura era crítico. No tenía ánimos de asistir, ni de poner a su esposa en un riesgo probablemente innecesario. Sin embargo, también sabía que el consejo no le permitiría no acudir, la finalidad de este evento era mantener la paz entre los religiosos hindúes
e islámicos. Por lo tanto si el Rey faltaba, siendo musulmán, los hinduístas lo tomarían como una ofensa o menosprecio a sus creencias ideologicas.
—La Reina no asistirá.
Hiyab: El hiyab es un velo que cubre la cabeza y el pecho que las mujeres musulmanas que se usa en presencia de personas que no sean de su familia inmediata.
Diwali: El Diwali es un festival indio que dura cinco días y se celebra en el mes de Kartika. El festival comienza en el día denominado Dhanteras, el cual se celebra en el décimo tercer día lunar de Krishna Paksha del mes Ashvin.
Ravana: En la mitología hinduista, Ravana era el rey de los demonios raksasas. Hermano de Kubera, el tesorero de los dioses. Su nombre aparece por primera vez en los textos épicos Ramaiana y Majabhárata. Durante el Diwali se suele quemar una estatua de madera de él para simbolizar la caída del mal.
