Capítulo 15
La segunda esposa
A Sasuke le dolía la cabeza solo de encontrarse en esa desagradable situación. No había llegado ni siquiera al medio día y ahora estaba en boca de todos en el Cristal. Odiaba que los nobles tuvieran tanto tiempo de ocio, en especial las integrantes del Harén, ya que gracias a sus dotes comunicativos no hacía falta demasiado tiempo para que un cotilleo fuera de arriba a abajo en el palacio con la velocidad de un pestañear.
—Por Alá. —Masajeó una de sus sienes, tratando de disipar la molestia, sin embargo, bien sabía que faltaba mucho más que eso para que su molestia cesara. —Ino, en que te metiste… —Susurró para sí mismo.
Recordó otra vez el nuevo tema caliente del Palacio, aquel del cuál, seguro ya todos habían hecho sus propias conclusiones: La huérfana princesa rubia se ha escabullido por la noche hacía la habitación del médico más joven, y todos se habían enterado puesto que alguien la fotografió. Escandaloso. Ni más ni menos. Suspiró más profundo. No solo estaba tremendamente ocupado con los asuntos de gobierno, sino que también debía pensar en una manera de solucionar el problema de su hermana sin arruinar su reputación. En realidad había dos temas que eran tendencia es mañana: El embarazo de la reina y el escándalo de la princesa. Como el primero era algo que se esperaba que pasará en algún punto del matrimonio no llamó tanta la atención como el segundo, el cual era un acto imprudente y de descaro que manchaba el linaje del noble clan Uchiha.
Y ni hablar del consejo, esa bola de ancianos aún más entrometidos que las mujeres del Harén, tampoco iban a dejar pasar un asunto tan delicado. Más teniendo en cuenta que hace poco menos de unas semanas el matrimonio de Ino estaba en discusión, esto claramente podría arruinarle las posibilidades a la princesa de encontrar un marido aceptable si no lo manejaba con mucho cuidado.
Cómo si fuera una terrible broma del destino, o como si hubiese invocado lo peor, tocaron la puerta de su despacho personal. Era su secretario en turno y ni siquiera se sorprendió un solo cabello cuando el hombre le informó que había recibido una notificación por parte de consejo pidiendo una audiencia "urgente" con su majestad.
Era muy obvio que querían tratar el tema de Ino cuanto antes.
—Está bien. —Sakura acarició su cabello, tratando de consolarla. Aquel día empezó demasiado catastrófico para su amiga, y como era de esperarse estaba inconsolable. —Vamos, cálmate un poco.
—No puedo —Replicó con los ojos goteando. Nunca la había visto en aquel estado. —Fuí demasiado imbécil, acabo de provocar un problema gigante. Y lo peor es que no sé cómo lo voy a resolver.
La pelirrosa limpió sus lágrimas. —Pero explícame bien qué fue lo que sucedió. Estoy un poco confundida, ¿Si fuiste a buscarlo ayer por la noche?
La joven titubeó pero al final terminó contándole todo a su cuñada. —Me quedé pensando en lo que estuvimos hablando acerca de que quizás él no se ha dado cuenta de mis sentimientos porque yo no se los he confesado primero. —Explicó. —Tontamente creí que sería una buena idea confesarme ayer. Fue más bien como un impulso, de pronto mis pies estaban dirigiéndose dónde él.
—Entonces…
—¡Entonces, nada! —Ino escondió su cara llena de vergüenza entra las palmas de sus manos. —No tuve valor, me dió mucho miedo cuando abrió la puerta. Sentí una gran oleada de pánico al rechazo y supe que no podré decírselo nunca, a menos que, esté segura que él también está interesado en mí. —Chilló. —Inventé una excusa, le dije que había estado paseando cerca y que creí que era buena idea visitarlo. Fue una excusa muy mediocre, no lo pienso negar. Sai simplemente me dijo que era tarde y me acompañó de vuelta al palacio, no sé si fue demasiado caballero o demasiado estúpido.
—Seguro quería evitar habladurías como las que están circulando ahora. —Si estuviera en el papel de Sai ella hubiera hecho lo mismo.
—¡Lo sé! Extrañamente justo eso terminó sucediendo. Y no me lo explico, ya que estuve menos de cinco minutos en su puerta. —De hecho, hasta ese momento no había pensado en lo raro que era todo aquello. —Igual ya no quiero pensar en eso. Tengo que resignarme a ser soltera de hoy en adelante.
Aquello le produjo a la pelirrosa un tanto de gracia. —¿No estás yendo un poco lejos?
—¡No estoy exagerando! Tuve un escándalo y ahora todos en el palacio piensan que tengo un amorío. Probablemente también están poniendo en duda mi castidad, y eso traerá como consecuencia que nadie quiera casarse conmigo. —Ino pensó que odiaba las malditas leyes tan conservadoras de Suna. —Igual tampoco es que me importe demasiado, creo que por mucho prefiero vivir soltera el resto de mi existencia a vivir encerrada con un hombre al que no amo. Pero ¡Mi herencia! Jamás voy a poder salir de aquí. Además, esto le causará muchos más problemas a Sai de los que me pudiera crear a mí. —Concluyó. Se levantó apresuradamente —¡Debo ir a buscarlo!
Sakura la detuvo. —No creo que sea una buena idea hacer eso en este momento. —Sostuvo su mano para evitar que se fuera. —Puede que sigan malinterpretando aún más la situación si alguien te sigue y te ve encontrándote otra vez con él.
—Es cierto. —Suspiró desanimada. —Estoy siendo impulsiva otra vez.
—Calmate primero. —Recomendó.
—Aunque… —Las palabras anteriores de Sakura seguían acuñadas en su cabeza. —Qué alguien me siga, fue lo que dijiste hace unos segundos… ¿Crees que eso sería posible?
La pelirrosa sonrió. —Ino, no dejas de ser una princesa. Seguro hay mucha gente que se preocupa más por tus asuntos que por los suyos propios.
La rubia se quedó pensando en aquella nueva posibilidad.
—Siento haberte arruinado la mañana, Sakura. —Agachó la mirada.
—No hay nada de lo que debas pedir disculpas. —Contestó. —Los aristócratas tienen la tendencia a ser entrometidos y crueles por naturaleza. Seguro mañana encuentran un nuevo chisme y se olvidan de lo de ayer. Tranquila.
Eso sonaba lógico.
—¿Has visto a Sasuke? —Encogió los hombros. —¿Sabes si está muy enfadado conmigo? Odiaría que me volviera a tratar distante ahora que por fin se ha acercado un poco más a mí.
—Hablando con sinceridad, la verdad es que no lo he visto desde que salió apresurado al amanecer. —Respondió su pregunta. —No sé si ya lo sabe.
—Estoy segura de que lo sabe. —Sakura logró percibir que estaba muy desanimada. Era una chica aún bastante joven y no solo estaba lidiando con la presión de un reciente escándalo, si no también con el miedo que conlleva defraudar al hermano que tanto admira.
—¡Tengo una idea! —Sakura de repente actuó con entusiasmo, luego tomó su mano y la sacó de allí. —Vamos a visitar a Karin. —Sonrió. —La mejor manera de olvidar un momento amargo es divirtiéndonos entre mujeres.
La rubia le devolvió la sonrisa con sus ojos azules todavía algo rojos por el llanto. No sabía qué haría si ella no estuviese allí para apoyarla, a pesar de que no había pasado mucho tiempo con Sakura, ya no se sentía sola como antes, cuando no tenía una sola amiga en dónde apoyarse.
Sentada frente a la imagen reflejada en el gigante espejo frente a ella, volvió a tomar el peine para cepillar las cortinas de cabello sedoso, acomodandolo en un recogido perfecto. Aún guardaba algo de juventud en sus ojos y de vitalidad en su piel, sin embargo, el tiempo estaba pasando y se veía reflejado cada vez más en las líneas de su piel. Envejecía cada segundo que pasaba, y como si fuera un recordatorio muy cruel, estos le recordaban lo efímera que la vida era. No tendría más tiempo si no se apuraba…
—Mi señora… —Volteó despectivamente hacia la criada inclinada ante ella al escuchar su voz.
—¿Hiciste lo que te pedí? —preguntó sin más.
La otra afirmó. —Lo hice, mi señora.
Kaguya se levantó de su asiento con autoridad y caminó hasta la mesa de centro en su habitación. Allí estaba su bolso personal, el cual tomó para sacar un cheque en blanco en el que comenzó a escribir una cantidad razonable para pagar por el favor que la criada acababa de hacerle.
Se lo entregó cuando terminó. —Toma. Y recuerda que si estás en buenos términos conmigo puedes obtener recompensas aún mejores. —Sonrió. —Vete.
La otra obedeció.
Cuándo se quedó sola de vuelta en la habitación, regresó frente al espejo para pulir su maquillaje con mucha dedicación. No estaba dispuesta a regresar a su posición de antes luego de haberse esforzado demasiado para conseguir todo lo que tenía.
Recordó las palabras de sus padres la primera vez que los vió.
—Eres muy bella, cuando crezcas nos servirás mucho. —La señora Otsutsuki le había parecido una salvadora. —De ahora en adelante puedes llamarme madre.
Recordaba dentro de su inocencia ser muy feliz por haber sido adoptada dentro de una familia adinerada. Después de las penurias que había vivido en el orfanato, disfrutar de los mejores banquetes y ropas lujosas la hacía sentirse la más afortunada de todo el mundo. Además, aquellos aristócratas que le llamaban hija parecían tenerle mucho cariño, y lo había creído así hasta que…
—Padre, madre. ¿Por qué debo tomar tantas clases? Música, etiqueta, danza, idiomas. Estoy harta, quiero descansar. —Chilló. Era apenas una adolescente en aquel momento.
—Tú… harás lo que tus tutores digan. —Aquella fue la primera vez que escucho palabras duras de la boca de su madre. —No hagas nada que me defraude, Kaguya.
—Mamá… —Susurró. Llevaba meses quejándose de lo mismo.
—Basta. Ser la esposa del Rey conlleva que te esfuerces al máximo y que seas perfecta en todo los sentidos posibles. —Tomó su rostro entre sus manos. —Y tú eres muy hermosa, no me equivoqué cuando te elegí, así que no me decepciones.
A sus cortos quince años poco entendía sobre lo que el matrimonio significaba, aún así su madre ya la trataba como una futura esposa. Fue en ese momento que comprendió que nunca la había adoptado por cariño o por la intención de brindarle amor maternal, la había aceptado en su noble familia con un propósito en mente. El costo que tenía que pagar por ser adoptada en una familia de aristócratas era convertirse en la esposa de Fugaku Uchiha y ser la futura Reina de Sunagakure…
—No podemos dejar que los Otsutsuki desaparezcan. Alá no nos pudo bendecir con hijos, pero te puso en nuestro camino porque eres tú la que le va a regresar el honor a nuestra familia. —Le dijo. —Cuando tengas la edad suficiente vas a casarte con él, vas a poner en tu cabeza la corona, y a sentar el apellido de nuestra familia en el trono de Sunagakure.
Pero para su mala suerte Fugaku era varios años mayor que ella, y tan pronto cómo cumplió la edad casadera desposó a Mikoto, una joven que calificaron como llena de elegancia y muy refinada, que a ojos de todos podría ser "La reina perfecta". Corrieron los rumores de que la joven Mikoto había cautivado al príncipe heredero, y que luego de recibir la aprobación del consejo y del mismísimo rey Madara Uchiha -padre de Fugaku y abuelo de Sasuke- este le había pedido matrimonio inmediatamente. La noche de la boda de Fugaku y Mikoto no pudo hacer nada más que llorar hasta el amanecer, lloraba porque se le estaba yendo la oportunidad de hacer sentir orgullosa a su madre…
—Llorando no vas a lograr nuestro objetivo. ¿Y qué si ella se ha casado antes con él? Serás la siguiente esposa que tome. Te lo prometo.
Tan pronto cómo cumplió la mayoría de edad sus padres extendieron la petición de matrimonio dentro del Harén del Rey. Siendo la familia Otsutsuki una pieza importante en siglos pasados para el ascenso del Clan Uchiha al trono de Sunagakure, era imposible que pudieran rechazarla. El consejo acordó el matrimonio de ella y Fugaku tan pronto cómo concluyeron que "Era necesario para continuar la amistad que ambas familias forjaron desde cientos de años atrás, y estaban de acuerdo en aceptar a Kaguya Otsutsuki dentro del Harén"
Segunda consorte. Para su desgracia no la última…
Los años pasaban y la tensión aumentaba en el Harén. Su esposo continuaba tomando más esposas, se casó con varias mujeres y princesas importantes de países pequeños para asegurar una alianza política con sus familias, llegando a reunir un total de seis esposas. No obstante a eso, Mikoto también había dado a luz dos varones mientras ella no había logrado quedar embarazada en todos sus años como segunda consorte. Eso le ganó el favor de Madara Uchiha a Mikoto, quién antes de morir la eligió a ella como futura reina de su hijo. Después nacieron otras princesas… y finalmente la última en nacer fue Ino. Odiaba a las demás consortes de Fugaku, ellas al menos habían dado a luz hijas mientras que ella ni siquiera podía tener un solo embarazo. Pero a Mikoto… a ella la odiaba, con seguridad, mucho más que a las otras. Sentía unos celos enormes cada vez que se cruzaban miradas porque ella no solo era la Reina, también era la jefa del Harén y la madre de dos príncipes varones.
Gracias a Alá, tuvo una oportunidad luego de años de ser la esposa despreciada. Aquella de quienes todos señalaban a sus espaldas y criticaban por "no ser apta para ser madre" o porque "solo era esposa de nombre".
—La reina murió. Tienes la oportunidad frente a tus ojos, y es la de aprovechar que Fugaku está devastado por la muerte de Mikoto para capturar su atención. Es un hombre que está en una situación emocionalmente vulnerable. No importa cuántos otros hijos o esposas tenga, si juegas bien tus cartas, serás la próxima reina. Sé más inteligente que todos ellos.
Y su madre tuvo razón con aquel consejo. Fugaku era un hombre muy débil, jamás supo decirle "no" al sagrado Consejo de Suna, permitiendo incluso que lo casarán cinco veces más a expensas de los sentimientos de su primera esposa, quién se había visto muy afectada por esos matrimonios. Podía ver en sus ojos que a Mikoto la había querido como no había podido querer a todas las demás, y gracias a ese afecto se sentía culpable por el fallecimiento de ella y su hijo mayor, aunque ante todos los demás diera la impresión de ser "un rey fuerte y frío" en realidad era débil y manipulable. Itachi ya no estaba. Y Sasuke, que se encontraba estudiando en el extranjero, se enfadó de sobremanera con Fugaku durante varios años y solo podía culparlo de la muerte de su madre y hermano.
Para fortuna de ella Itachi no había dejado herederos, solo una pobre viuda devastada. Y la posición de Sasuke frente a su padre era de enemistad. Fue su momento ideal para colarse en la alcoba del Rey y embarazarse. Y así sucedió. Más de veinte años después de haberse casado dió a luz por primera vez, acallando los rumores sobre infertilidad.
Imaginó que todo iría bien a partir de ese momento. Otra vez se equivocó.
—¿Dos niñas? ¿Diste a luz a dos niñas? —Chilló su vieja madre. —Estoy a nada de morir, ya eres una mujer madura y casi no tienes juventud. Por fin te embarazaste y… ¿Fueron dos niñas? ¿No hay ningún varón? —Izanami e Izanagi estaban en sus brazos, recién nacidas y parecían tan pequeñas e indefensas que solo contuvo sus lágrimas para no despertarlas de su dulce sueño. —No quiero volver a verte nunca más. No debe faltar mucho para mi muerte y quiero pasar mis últimos días en paz. Al final sí me equivoqué al elegirte.
"Al final sí me equivoqué al elegirte" Esa frase se le clavó en el corazón como una estaca. Iba a demostrarse a sí misma que no era cierto, que podía hacer sentir orgullosa a los padres que le brindaron un hogar cuando no lo tenía.
—¿Tu embarazo fue de alto riesgo no? Por tu edad, deberías dejar de pensar en tener más hijos. Alá nos bendijo ya con dos gemelas, no nos hacen falta más niños en esta familia Kaguya. Además, soy viejo. La mayoría de mis hijas se han casado ya, y Sasuke pronto regresará para asumir su papel de príncipe y heredero. Ellos son quienes se encargarán de darle más hijos al Clan. —¿Por qué Fugaku no lo entendía? Ella prefería morir antes de decepcionar la generosidad de los Otsutsuki.
"No te vas a rendir Kaguya, no te puedes rendir"
En el Palacio, Sasuke regresó y comenzó a prepararse los próximos años para ser Rey. Todas las hijas de Fugaku, menos Ino, se casaron con jeques importantes y se fueron a vivir con sus respectivas madres a sus nuevos hogares. Solo quedaba ella en el Harén, por lo que asumió el papel de Jefa de este, al menos así lo hizo hasta que Sasuke se casó y ese título pasó a ser de su esposa.
A la que también odiaba. Le recordaba demasiado a Mikoto.
Ella no era un privilegiada como Sakura, quien sin tener hijos, había sido coronada reina a los pocos meses de su matrimonio. La alianza política con Konoha era demasiado importante para la situación actual de Sunagakure que no podían rebajar a la sobrina favorita de la mismísima Reina Tsunade a ser una simple consorte o concubina. Sakura había tenido el título asegurado sin poner esfuerzo en él, o competir con otras esposas para obtenerlo. Ahora mismo ella era su mayor obstáculo al igual que Sasuke. Si permitía que su hijo naciera, y este resultaba ser un varón, sería imposible evitar fuera un jeque heredero a Rey desde el nacimiento.
Ino por su parte, había sido lo suficientemente tonta como para darle los motivos suficientes para dejarla fuera del juego. Esa ilusa niña… que bueno que había convencido a Fugaku, antes de morir, de no casarla con el primo de Sakura, como lo tenía pensado. Si Ino llegara a convertirse en monarca de Konoha, sería el mayor dolor de cabeza. Pero no había más de que estar preocupada, la joven princesa rubia luego del error que había cometido debido a su imprudencia, no podría conseguir un buen matrimonio aristócrata nunca. Ser la esposa de un simple médico sin ninguna influencia le quedaba mucho mejor que ser Reina de Konoha, así los hijos que ella llegara a tener con ese don nadie no serían nunca ninguna amenaza para ella.
Ahora solo tenía que mover muy bien sus piezas en el juego para dejar fuera a Sakura y a Sasuke…
—¿Tu cabello es de verdad? —Sakura sonrió a la voz infantil que le preguntaba aquello. —¡Es como el de un hada! ¿Eres un hada?
—Es real, pero no soy una hada. —Le respondió con mucha dulzura. —Me llamo Sakura.
Corriendo en el pasillo se acercó otra niña hasta ella. Eran idénticas. —¿Encontraste al hada hermana? —Le preguntó a la otra.
La niña desanimada le respondió que no. —Creo que no es un hada. Debemos disculparnos con ella por confundirla.
Ambas infantes le dijeron un "Lo siento" casi en coro. Eran muy adorables, vestían ropa a juego de color rosa y un moño similar.
—Soy Izanami. —Se presentó. —Soy mayor que Izanagi por una hora, eso me convierte en la hermana mayor ¿Puedes creerlo?
—¡Cállate! No es cierto, somos gemelas. Cuando nacen gemelos no hay hermano mayor o menor. —Replicó con las mejillas en puchero. —Somos iguales.
Sakura se rió. Había escuchado de ellas pero nunca las había visto de cerca, las últimas hermanas de Ino y Sasuke. Le recordaban a su marido, tenían el cabello negro y los ojos castaños y no se podía negar la influencia de los genes Uchiha en su sangre.
—No deberían pelearse, ambas son hermanas y lo mejor es quererse la una a la otra. —Les dijo.
—Mamá nos dice siempre que no nos acerquemos a ti. —Izanami, quién tenía el cabello ligeramente más corto que Izanagi, fue la primera en responder. —Pero como pensamos que eran un hada, queríamos pedirte un deseo. Lastima que no seas una…
Izanagi abrazó a Izanami. —Disculpa, es que estamos muy tristes. Hace meses que nuestro padre ya no quería jugar con nosotras, se cansaba mucho y lo extrañamos. Luego nuestra institutriz nos dijo que se ha ido "al cielo" con Alá. Nuestra intención era pedirte que bajaras a papá del cielo.
—Si ¡Ya no nos enojaremos con él por no tener tiempo para nosotras! Acabamos de cumplir nueve años, somos grandes y ya entendemos que es un Rey, y no puede venir a jugar todos los días con nosotras.
Se le encogió el corazón
—Yo… —¿Cuáles eran las mejores palabras para explicarles a unas niñas sobre la muerte? —Lo siento, no soy un hada.
—Lo sabía. Nos mintieron, Izanagi. —Le dijo a la otra.
—Pero… Los padres no pueden bajar del cielo una vez que suben. Porque… porque Alá lo ha mandado a llamar y tiene una nueva misión que cumplir arriba con él. Ustedes cómo sus hijas deben de guardar el recuerdo de su padre en el corazón con mucho cariño ¿Entienden? Si recuerdan a papá cada vez que se sientan solas, ya no lo extrañaran en absoluto. —Sonrió.
—Gracias… —Una de ellas se dió la vuelta para regresar al jardín.
—Nos escapamos de la institutriz. —Le contó —Deben de estar buscándonos. ¿Podemos volver otro día? Creo que nos caes bien.
—Claro. Podemos jugar cada vez que quieran. —Sonrió. Las niñas se fueron finalmente.
Cuando Ino y Karin regresaron con la merienda les contó sobre su encuentro con las princesas más jóvenes del Cristal. La rubia se sorprendió mucho.
—Kaguya es muy estricta respecto a su educación. No es común verlas muy seguido por aquí. —Fue todo lo que dijo.
Se quedó con un sabor de boca algo amargo, eran sólo niñas que no podían acabar de comprender lo que sucedía a su alrededor. De alguna manera sintió muchísima empatía hacía ellas, también deseaba volver a encontrarlas pronto.
—¿Cómo podemos asegurar que ese médico no está tratando de engatusar a la princesa para escalar de posición social? —Dijo uno de los ancianos del consejo. —Ella recibirá una herencia cuando se case ¿No? Quizás está detrás de su dinero.
Llevaban tres horas discutiendo lo mismo. El dolor de cabeza de Sasuke no había disminuido nada en todo ese lapso de tiempo.
—¿Qué otra opción tenemos? —Preguntó.
—Mandarla a estudiar al extranjero en lo que el escándalo se calma. —Sugirió uno de ellos. —Cuando regrese podremos arreglar su matrimonio con alguien de confianza.
Eso sonaba muy cruel. ¿Esconder a Ino mientras se callaban las habladurías de la gente? No era una opción muy buena. Sería como desterrar a su propia familia.
—Aún así los rumores no desaparecerían. ¡Cuando vuelva del extranjero podrían resurgir!—Exclamó otro. —La reputación de la princesa está manchada, lo único que puede arreglarlo será casarla con ese médico aunque no sea de nuestro agrado. Si ella le entregó su castidad es inminente un matrimonio, o al menos, eso es lo que está escrito en nuestro sagrado Corán.
—Se están adelantando demasiado. No hemos escuchado la versión de la princesa… —Dijo Sasuke. Estaba a punto de explotar contra ellos.
—Ella es joven y fácilmente manipulable, su opinión no es prudente ni objetiva. Además, este es un asunto el cual debemos solucionar nosotros no ella. Es una tradición de antaño que el consejo se encargué de los matrimonios en la familia Real. Y nuestro difunto Rey Fugaku también tenía como última voluntad que la princesa se casara pronto.
—Abriremos una votación. —Sentenció el más viejo de ellos. —Los que opinan que debe casarse, y los que opinan que debe ir al extranjero. —¿Está de acuerdo, su majestad?
Entrecerró los ojos negros. Se sentía mal de no pedir la opinión de Ino, pero tampoco estaba en posición de discutir más con el consejo a estas alturas. No quería causar más tensiones entre los líderes políticos y religiosos de Sunagakure.
—Está bien. —Dijo sin más.
