Disclaimer: George Martin es el dueño de todo este universo, yo no gano dinero publicando esta historia.

Esta historia participa en el Buzón Navideño 2021 del Foro Alas negras, palabras negras.

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¡Dani hermosa! :) Vi que te gustan las situaciones crack, y se me ocurrió que tal vez podría gustarte una con Dany y sus bebés. Algo gracioso. :) ¡Espero que lo disfrutes! ¡Felices fiestas!


Acostada en su cama, Dany tuvo que reconocer que ser la madre de dragones era mucho más difícil de lo que había imaginado. Había eclosionado los huevos de dragón y caminado entre el fuego sin que la quemara, cruzado el mar dothraki y liberado a cientos y miles de hombres de sus cadenas, por no decir que había recuperado el trono que le correspondía por derecho... ¡pero no conseguía que sus hijos le hicieran caso!

A excepción del dócil Viserion, sus dragones se habían vuelto, tal y como temía toda madre, completamente rebeldes.

—Solo es la adolescencia, Alteza —le había dicho Tyrion Lannister con un suspiro—. Veréis que en unos años se tornarán más sensatos y prestarán atención al buen consejo de su madre.

—Pero Viserion no es así —fue la respuesta de Dany mientras acariciaba a su dulce dragón en la oreja. Su hijito nunca le había hecho ni un solo berrinche.

—Ah, es cuestión de carácter... —dijo su Mano mientras se acariciaba la espesa barba. Esbozó una sonrisa—. Ah, ¡si os contara cómo hacía rabiar a mi señor padre... ! Estoy seguro de que vuestros hijos os parecerán ángeles bajados del mismísimo cielo, Alteza. No, es mejor que los dejéis ser.

Dany se mordió el labio. ¿Tal vez debería mostrarse más estricta? Algo de disciplina le vendría bien a Drogon, que fácilmente era el que más canas verdes le sacaba con su comportamiento díscolo.

Una vez, por ejemplo, Dany no había podido dormir, preocupada por el mayor de sus hijos. ¡Era más de medianoche y Drogon no aparecía en casa! Su corazón de madre sufría cuando imaginaba los peores escenarios en los que podría encontrarse su hijo. ¡Pobrecito, seguro estaba en aprietos! Solo cuando estuvo a punto de llamar a Jorah para que lo fuera a buscar, su dragón apareció. ¡Y había intentado entrar a escondidas!

—¿Se puede saber dónde te habías metido a tan altas horas de la noche? —había querido saber Dany, con las manos en las caderas.

«¡Ay, mamá, ya comienzas a fastidiar!», parecía haberle contestado Drogon con un gruñido.

En otra ocasión, había aparecido negro desde los cuernos hasta la punta de su cola. Dany, alarmada, había dejado el libro que sostenía y acudió para verlo mejor.

—¡No te he dado permiso para teñir tus escamas, Drogon! —le recordó—. ¡Te dije que esperaras unos años!

«¡Mamá, qué pesada que eres! ¡Esto no es una fase, soy yo!», gimoteó Drogon antes de volar hacia su habitación y cerrar la puerta con un movimiento de su cola.

O cuando no quería aprender sus lecciones.

—Tienes que estudiar, Drogon —le repetía Dany mientras ponía los libros frente a su hijo—. A ver, dime cómo se llamaban los dragones de Aegon, Rhaenys y Visenya.

«¡Yo qué sé! ¿A quién le importa? ¡Igual yo soy mejor que esos viejitos!», rugía Drogon con rebeldía.

Lo peor era cuando se escapaba para ir a las fiestas.

—¡Jovencito, te dije que no podías ir! —decía Dany siempre.

«¡Pero mamá! ¡Todo el mundo fue a la fiesta!», gimoteaba.

Rhaegal la tenía loca con sus travesuras, y solo los dioses sabían lo mucho que disfrutaba desatando el caos en la casa. Su pasatiempo favorito era meter cizaña.

«¡Uy, Drogon! Viserion te sacó la lengua y te hizo muecas... Yo que tú no me dejo... », parecía decir mientras sacudía su cabeza.

«Ay, es que Nymeria tenía que saber que Peludo estaba hablando mal de ella, mamá. No lo hice a propósito, ¡de verdad que no!», juraba mientras se enroscada plácidamente.

Ah, pero de los tres, Viserion era un completo ángel, como bien había tenido en decir su Mano. Nada le gustaba más en el mundo que acompañar a Dany mientras ella recibía a los señores y damas que acudían a verla.

—Me gustaría solicitar vuestro permiso para desposar a una de vuestras damas de compañía, Alteza —había dicho Lord Dayne esa vez, haciendo una respetuosa reverencia.

—¡Ah, Lady Sansa! —había adivinado Dany con una risita.

«¡Oh, sí! Mami, ellos dos están muy enamorados... », ronroneó Viserion, que era un romántico de corazón, desde su regazo.

Como era tan confiado, no tenía problema alguno en jugar con los miembros de su corte o con sus amigos. Recibía a Lady Arya con cariñosas sacudidas de sus alas, dejaba que la princesa Arianne lo alimentara con carne chamuscada, acompañaba a la pequeña Missandei cuando leía sus pergaminos, mordisqueaba amorosamente a Irri y Jiqui, y jugaba con las Serpientes de Arena, cuyas risas alegres eran música para los oídos de Dany.

No pudo evitar sonreír y apoyar la cabeza sobre sus almohadas. ¡Ah, ser madre de dragones... ! Aun con la rebeldía de Drogon y las travesuras de Rhaegal, tenía que admitir que no habría dejado de tenerlos por nada del mundo. Eso sí, ella siempre iba a tener a su querido y dulce Viserion para que le hiciera compañía, y no volviera grises sus cabellos antes de tiempo.