Capítulo 18
Abdicación
De vuelta en la recepción de la fiesta de compromiso las cosas parecían ir bien, Ino tenía la mejor de las sonrisas mientras atendía a los invitados, Naruto incluso se había acoplado bien al nuevo ambiente de la celebración. Era el centro de todas las miradas de las chicas solteras del salón que seguro soñaban con ser reinas, sin embargo, la sonrisa forzada en el rostro del rubio indicaba rechazo.
Sakura soltó una carcajada. —¿Qué es lo que te causa tanta gracia? —preguntó su marido, iba del brazo de él. Él le sonrió ligeramente al preguntar.
Regresó la vista a Naruto. —Parece que está en aprietos. —Soltó. —¿Así era tu círculo social antes de casarte conmigo? —Se refería a las mujeres rondando alrededor de su primo, con el hambre voraz de convertirse en royals.
Estaba tratando de indagar en su pasado. —¿Te refieres a las chicas? —Estaba jugando con ella. Obviamente él nunca se había dejado engatusar por la cazafortunas, en realidad, siempre tuvo cosas más importantes en las cuales enfocarse.
Sakura alzó una de sus cejas. —¿Y bien? —Esperaba su respuesta, eso era claro.
Sasuke dió un trago a su copa antes de darle una respuesta. —Ni siquiera tenía tiempo para asistir a esta clase de eventos. Además, siempre supe que sería el consejo quien decidiría por mi, así que no me molesté en perder el tiempo con otras mujeres. Tampoco me interesaban.
Escucharlo decir que no había coqueteado antes con otra mujer era justo lo que había querido escuchar de él, sin embargo, Sakura sintió algo de amargura cuando la frase "Decidiría por mí", refiriéndose al consejo, salió de sus labios. Momentos antes, cuando estaban solos, su marido le había pedido que dejarán el pasado atrás para mirar un futuro más resplandeciente como marido y mujer. Sin embargo, no podía sacar de su cabeza el hecho de que no se había casado con ella a voluntad propia y con frecuencia se preguntaba qué tipo de mujer habría elegido él si no hubiese un arreglo matrimonial político de por medio.
Sakura deseó tener también una copa a la cual darle un profundo trago para apartar los pensamientos de esa clase, pero no podía beber una sola gota de alcohol por el embarazo. Simplemente reprimió sus pensamientos.
—¿Puedo pedirte un baile, prima? —El rubio apareció de la nada, mirándola con ojos azules suplicando un "sálvame, por favor" con la mirada. Él se inclinó ante ella de acuerdo al protocolo europeo.
La pelirrosa meneó su cabeza de un lado a otro. —Su Alteza serenísima, me temo que aquí en Suna no solemos bailar en valtz en las celebraciones. —Le dedicó una sonrisa.
Naruto irguió su espalda hasta conseguir una postura más elegante y tomó la palma de su prima entre la suya para conducirla al otro extremo del salón. —Estoy seguro que nos honrarán con una sencilla pieza la próxima. —Comentó como si estuviera desdichado. Claramente todo era una excusa para escapar de las damas irritantes de la corte.
Llegaron hasta una parte que no estaba muy concurrida, podían tener cierto grado de intimidad allí para hablar sin que oídos curiosos los escucharán.
—¿Y bien? —Sakura levantó la ceja esperando que su primo le contara su historia. Sabía que si había venido era por una razón, habían crecido juntos y conocía cada detalle de su personalidad. —¿Por qué viniste hasta Suna?
Él se aferró al respaldo de una silla para conseguir estar de pie. —¿Es que acaso no tengo permitido extrañarte? —Inquirió. —Sabes, puedo sentirme algo ofendido.
Vamos. —Se situó a su lado. —Eres Naruto Uzumaki. No vendrías a mí a menos de que estés en un lío para el cual necesites un consejo.
Naruto tomó asiento en la silla y suspiró con pesadez, como si no supiera de qué forma empezar a soltar la noticia que le tenía a la pelirrosa. —Hace una semana hubo una reunión en el Parlamento. —Decidió empezar por allí, contando la situación desde el inicio. —Nuestra Tía tenía un anuncio que hacer ante todos.
Sakura se cruzó de brazos. ¿Un anuncio? ¿Qué era aquello que hacía que Tsunade reuniera a todos los políticos importantes de Konoha en una misma habitación?
La respuesta llegó tan pronto cómo Naruto continuó el relato. —Ella… —Tragó saliva. Tenía un nudo en el estómago. En ese momento Sakura comenzó a preocuparse realmente de qué fuera algo muy malo. —Está decidida a abdicar cuando finalice este año.
Sintió un gran alivio. Le dió una palmada a Naruto en la espalda. —¿Es eso? No sabes cómo me has asustado, por un momento creí que era algo grave, como que quizás estaba enferma o qué sé yo. Cómo sea, la abdicación no es algo tan malo. —Tsunade llevaba muchos años a la cabeza de Konoha, estaba comenzando a envejecer, y había sido solo cuestión de tiempo antes de que decidiera retirarse por fin para dejarle el Reino a una nueva generación.
Pero Naruto no asemejaba para nada pensar igual que ella, al contrario, él tenía una cara de horror y de desilusión mezclada con algo de tristeza en el reflejo azul de sus pupilas.
—Naruto… —Estaba a punto de preguntarle cuál era el problema.
La interrumpió. —No quiero ser Rey. —Dijo tajantemente. —Y no te atrevas a decirme que estoy confundido, o que tal vez "aún no me siento listo", porque ya todos en el Parlamento trataron de lavarme el cerebro para obligarme a tomar una responsabilidad que no deseo en lo absoluto. —Se veía desesperado. —No quiero ser Rey. Lo he pensado de mil maneras y siempre llego a la misma conclusión. Sé que es egoísta y sé que estoy equivocado pero…
Su corazón se encogió de verlo tan desesperado y sin saber que hacer, él era una de los vínculos más importantes en su vida. Se habían criado prácticamente juntos y ella no soportaba verlo así, sabía cómo era Naruto. Él probablemente en ese instante se debía estar sintiendo como un fracaso total, debido a que siempre había sido educado para ser el heredero de Tsunade, desde que nació nunca tuvo otra alternativa. Naruto también tenía expectativas de sí mismo, y seguro que se sentía fracasado por no poder cumplirlas.
Lo abrazó. —¿Ella lo sabe?
—Finge que no. En el fondo sé que si lo sabe, pero piensa que si no le da importancia al asunto, me rendiré y terminaré coronándose. —Le contó. —Sakura estoy seguro que esto no le conviene a nadie, ni siquiera a Konoha, por más que se esfuercen en creer lo contrario. Tú y yo lo sabemos, no tengo lo que se necesita para ser un monarca. Y, ¿Sabes algo? Tampoco quiero tenerlo. No estoy hecho para servir a un país y ser Rey de Konoha me implicaría abandonar muchas cosas que amo, y que no estoy dispuesto a abandonar. Lo último que quiero es que tú también me juzgues.
Debía de estar en una situación muy difícil, viera por dónde lo viera, Naruto parecía claro en cuanto a lo que no quería en su vida. —No te estoy juzgando… Yo, de hecho, alguna vez me sentí de una forma similar. —Confesó, abriéndole paso a un momento de su vida. —Fue cuando aún no conocía a mi marido y mamá me anunció de forma repentina el compromiso con el jeque del que solo había escuchado hablar antes en revistas. Yo no quería ser reina, en realidad, sigo sin saber cómo ser reina. Todos los días me lleno de frustración al pensar que no estoy haciendo nada para el país, que Sasuke lleva la carga de todo, y yo no sé cómo aligerarla… —Giró la cabeza para mirarlo. —Estoy orgullosa de tu valentía. —Y era cierto, con sinceridad creía cada palabra.
A Naruto casi se le humedecen los ojos. —Oye, ¿Te puedo preguntar algo? —Inquirió. Sakura le respondió que sí. —¿Eres feliz? —Hizo una pausa. —Debido a lo que me acabas de decir, acerca de que no conocías a Sasuke hasta que el momento en el que se comprometieron, me hizo darme cuenta que la Duquesa Mebuki te obligó no solo a ser reina sino también a ser una esposa, y ahora a ser una madre. —Se refería a su bebé. —Francamente estoy hasta el carajo de que nos utilicen como a unos títeres, solo buscando beneficiarse al manipular nuestras vidas. Controlando cada aspecto, hasta con quién debemos casarnos.
Miró a lo lejos a Sasuke. Estaba bebiendo champán mientras conversaba con algunos otros jeques de forma diplomática. —Soy feliz. —Respondió sin dudar. —Mi esposo es muy amable y cariñoso conmigo, a pesar de que está ocupado, siempre busca la forma de pasar tiempo conmigo. Además es muy atractivo y cada vez que se acerca a mí me siento como una niña pequeña que no puede controlar sus emociones. Y lloro de felicidad cada que imaginó un futuro feliz al lado de nuestros hijos, empezando con el que ya tengo en el vientre.
—Ya veo…
—Naruto, yo…
—Desarrollaste sentimientos por él. —Completó la oración en su lugar.
La fiesta continuaba frente a ellos. Ino estaba muy feliz con su nuevo prometido, Suigetsu no se separaba ni un momento de Karin e incluso Izumi se veía tranquila mientras conversaba con, el que suponía, era Shisui. Incluso Kaguya había hecho una breve aparición con una sonrisa triunfante en el rostro, la cual no le daba para nada una buena espina. Sasuke le había dicho que lo más probable era que la razón del regocijo de la última consorte de Fugaku sea debido a que Ino se iba a casar con un hombre que no era noble, por lo tanto, los hijos que ella tuviera con Sai no tendrían derecho de sucesión. Ella era simplemente repugnante, tanto aquella felicitación que le dió a Ino le daba asco, no podía creer la hipocresía brillando en su rostro.
Días más tarde de lo acontecido en el compromiso, Sasuke tuvo una reunión con su hombre de confianza: Jūgo, su personal de seguridad más confiable. Esperaba que le trajera toda la información que necesitaba escuchar para designar un culpable para el anterior incidente que atentó en contra de su esposa embarazada.
—¿Y bien? —Arqueó la ceja, endureciendo los ojos negros. Tan pronto cómo supiera quién fue, no dejaría que siguiera por ahí sin probar las consecuencias de atentar contra él. Un insulto a Sakura, era un insulto para él.
Del otro lado del escritorio le acercó un sobre amarillo. —Mandé a examinar todas las piezas de incienso que fueron puestas en la habitación de la Reina. —Explicó. —Una cantidad considerable de ellos contenían almizcle, confirmando nuestras sospechas de que alguien trató de provocarle un aborto intencionado.
Recordó algunos libros de historia. —Ese solía ser un método antiguo en el Harén para inducir el aborto de concubinas, ¿No?. Usualmente las esposas de alto rango no podían permitir que las esclavas o demás consortes del Rey dieran a luz un varón antes que ellas. —Era esa parte despiadada del pasado de su país que odiaba recordar. —No entiendo por qué Sakura pasaría por algo similar, yo no tengo ninguna otra esposa con la que tenga que competir. —Y tampoco tomaría ninguna nunca más. Solo sería ella. Se lo había prometido y no sería tan patán como para quebrar esa promesa.
—Eso fue exactamente lo que yo también pensé, mi señor. Comencé a buscar el origen de esos inciensos, pero todos fueron regalos de boda. Sabe que se le acostumbran regalar inciensos a la reina según la costumbre. Cualquier persona podría haber sido.
—¿Eso quiere decir que estamos igual que antes? —Lo miró duramente. —Sin nada.
—Aunque Kaguya sea nuestra principal sospechosa, no tenemos las pruebas necesarias para inculparla. —Sabía que Jugó tenía razón en cada palabra, solo lograría un escándalo si arrestaba a la viuda de su padre sin un argumento sólido para declararla culpable.
—Vigila de cerca cada movimiento de Kaguya. —Ordenó. —Voy a esperar hasta el momento en que revele un error que la delate. Entonces, pagará por haber intentado herir a la Reina.
Jūgo se puso inmediatamente de pie dispuesto a acatar la orden de su Rey lo más pronto posible. Se inclinó ante él antes de salir por la puerta.
Perdón por ausentarme bastante ya que he estado muy ocupada con la universidad. Aquí les traigo un pequeño capitulo con mucha dedicación, espero encontrar más tiempo en las próximas semanas para actualizar más seguido. Tengan excelente noche. 3
