Disclaimer: Otra vez, George es el padre de todos estos personajes. No gano nada publicando.
Esta historia participa en el Buzón Navideño del Foro Alas negras, palabras negras.
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¡Hola, Gaia! Casi le meto drama con Cersei, pero la verdad, siempre Dany era la que acababa sufriendo más :( No quise que acabara mal, así que me fui con Jon y Dany y algo bonito. También le metí algo de Dany/Drogo, porque a pesar de todo George sí hace que Dany lo recuerde con cariño.
Aclaro que si el Jonerys ocurre en los libros, por ejemplo si vemos que se casan, creo que Jon acabaría siendo príncipe consorte, y Dany sí seguiría siendo la reina. :)
Dany había amado a su sol y estrellas. Había amado su cabello negro como la noche, el dulce aceite que lo perfumaba y lo suave como la seda que se sentía entre sus dedos. Había amado sus ojos almendrados y ahogarse en su gentil noche sin estrellas. Lo había amado, y de su amor habían hecho al pequeño Rhaego, gloria y orgullo de sus padres.
Hasta que los crueles dioses se lo arrebataron.
O una cruel maegi.
Pero Drogo se mantenía vivo, era la fiereza y la agresividad de Drogon; era la vida, el fuego y la pasión de su gran dragón negro, el Balerion vuelto en vida. Dany lo había honrado otorgando su nombre a su hijo, y seguiría haciéndolo hasta el final.
A pesar de todo, su corazón ansiaba encontrar de nuevo el amor. Sabía que ningún hombre podría jamás compararse con Drogo, su sol y estrellas, y más de alguna vez se preguntó si Drogo no debiera ser su último también.
Amaba a su fiel oso, mas el amor era el que sentiría una reina por su caballero más leal, como aquel que sentía por su Barristan el bravo... no el amor que una mujer siente por un hombre.
A Daario creyó amarlo así, también.
Dany pronto se dio cuenta de que no era amor. No realmente. Era deseo, un deseo loco y apasionado que la hacía sentir como una niña de quince años.
(Eres una niña de quince años, le recuerda, constante, una voz muy parecida a la suya).
(Pero tal vez nunca has sido niña, dice otra voz, no, una khaleesi y una reina, una madre de dragones nunca ha sido una niña. Sin importar si existiera una casa con su puerta roja y su limonero).
La consumía, la poseía. La enloquecía su diente de oro y su zalamería, su lengua dulce... pero después ¿acaso se sentía segura y protegida en sus brazos, como con Drogo?
No, se dijo Dany. A pesar del tiempo, nunca había dejado de sentir que Daario ocultaba algo, que ella no sería más que una conquista entre sus tantas otras.
No, ningún hombre superaría jamás a Drogo.
Hasta que apareció él.
Jon.
Dany había oído de los breves Reyes en el Norte, coronados uno en cada región desde la muerte del Joven Lobo. El lobo de la noche, Arya Stark, de las tierras de los ríos; el pajarito, el lobo alado del Valle; el indomable y salvaje lobezno de Skagos; el príncipe de Invernalia, Brandon Stark... y el último, el Rey en el Norte, Jon Stark, con su lobo blanco como un fantasma.
Un lacustre le había revelado su identidad. Hijo de Rhaegar y Lyanna, lo juraba. Había guardado un secreto que creyeran había muerto junto con Lord Eddard Stark.
—Lord Stark me crió entre sus hijos, Alteza —había dicho Jon esa vez—, y siempre será un padre para mí... Mas quien creía que había sido mi tía, es en realidad mi madre. Lady Lyanna Stark...
—Sois hijo de Rhaegar —dijo Dany, maravillada.
Había oído hablar de Lady Lyanna y su hermano a Lord Barristan. ¡Y ahí estaba él! Dany casi se echó a llorar... ¿Por cuánto tiempo había creído ser la última de los Targaryen, durante cuánto tiempo había creído estar sola en el mundo?
¡Y tenía a la sangre del hermano al que había llegado a admirar tanto frente a sí! Su propia sangre... Ya no iba a estar sola.
Pronto se convirtió en un aliado importante para el reino, y para Dany el amigo más valioso. Era reconfortante no saberse sola, nunca más, y tener alguien en quien confiar y por quien sentir afecto.
Tal vez no comenzara con el crudo amor de Drogo, ni la sacudiera inmediatamente con la cruel pasión de Daario... pero era más fuerte, más verdadero... y bienvenido, después de lo que Dany había vivido.
Atrás quedaba el haber creído que su sol y estrellas sería el primer y último hombre en su corazón. Dany vibraba con el amor descubierto, y Jon vibraba también.
Era un sueño de primavera. El Frío quedó atrás.
—La Reina Daenerys —anunciaron—, y el Príncipe Consorte, Jon.
Era el aroma dulce de la flor azul creciendo en el muro.
