Capítulo 19.2

Tu nombre


—¿Estás completamente seguro? —Jūgo, frente a él, asintió diligentemente. —No olvides que de quién estamos hablando es la esposa de mi padre. —La imagen de Kaguya, quien nunca le había terminado de agradar, apareció en su mente.

Sasuke esperaba que todas las conjeturas y sospechas que se había hecho las últimas semanas contra ella, no fueran más que un simple malentendido, quería que su fiel sirviente le dijera que su madrastra era solamente fría y distante debido a la naturaleza de su carácter reacio. Estaba un poco negado a escuchar que era una traidora en potencia con la mirada fija en el trono sin importar las consecuencias, quizás porque le importaba un poco el honor de su padre muerto, no lo sabía.

Jūgo asintió sin siquiera parpadear o dudar un segundo —Mi señor, sé que la verdad no siempre es lo que queremos escuchar. —Hizo una pausa. —Pero es sin duda un hecho. Y la verdad no puede cambiar.

Pensó en cuánto tiempo tenía conociendolo, la familia de Jūgo había estado al servicio de la familia real desde varias generaciones atrás, no solo eran jefe y empleado, su vínculo se extendía hasta la amistad. Nunca le había dado un solo motivo para dudar de su lealtad, incluso cuando eran compañeros de juegos en la infancia, Jūgo siempre ocultaba una que otra travesura del príncipe—Confío en ti. —Lo cierto era que no había forma de no hacerlo, tenía que quitarse la venda de los ojos y conocer a la verdadera Kaguya. —Quiero escuchar los detalles.

Tomó asiento detrás del escritorio de su despacho, irguiendo la espalda mientras cruzaba los brazos frente a él.

El moreno comenzó a hablar cuando notó a Sasuke listo para escucharle cada palabra, carraspeando un poco su garganta—Ha reunido un total de cincuenta nobles que están a favor de su cometido. —Explicó seriamente. —Tal como parece, ella está yendo en serio. También tiene el apoyo de quince miembros del consejo.

Él pelinegro sintió su sangre hervir, de pronto no pudo ocultar más la indignación que inundó sus ojos negros. —¿Estás diciéndome que los integrantes de mi propia corte están aliándose en mi contra? —Parecía irónico que aquellas personas que controlaban su vida "buscando el bien de la monarquía", fueran las mismas que en un segundo amenazan su espalda con el filo de una daga.

—Aún no logré descubrir con exactitud la identidad de cada uno, mientras tanto, debería tomar precauciones para usted y su familia, Majestad. —Su jefe de seguridad lucía bastante preocupado, ese total de quince traidores representaban cerca de la mitad de la totalidad de El Consejo. —Me atrevo a pensar que ella no sólo busca arremeter en su contra.

Eso era un hecho. —¿Y qué es lo que busca exactamente? —Su tono de voz se elevó un poco, ya ni siquiera buscaba contener la furia. —¿Matarme? —Claramente era una posibilidad.

Jūgo no podía afirmar con exactitud si en los planes de Kaguya figuraba o no un posible atentado a la vida del monarca, pero de lo que sí podía estar seguro, era de que ella trataba de contradecir a la monarquía —La abolición de la Ley Sálica. —Encontró sus ojos con los de Sasuke, hablaba en serio. —Eso es lo que busca.

Sasuke formuló en su rostro una gran mueca de enojo. —¿Qué? — Dijo. Parecía que la viuda se había enloquecido. —Ella ni siquiera puede pensar en aspirar al trono. ¡No es una Uchiha! —Arremetió, estaba comenzando a sentirse un poco desesperado. —Aunque cumpla su objetivo de abolir las leyes sálicas en la sucesión de Sunagakure, hay otras que no permiten que alguien externo al Clan Uchiha sea Rey. —Y era totalmente cierto, cuando los Clanes decidieron formar el Reino de Sunagakure, firmaron una alianza en la que solo se permitía que los descendientes que los Uchiha fueran monarcas.

—Ella no. —Estaba de acuerdo en eso, pero a Jūgo le pareció que se olvidaba de un pequeño detalle, mejor dicho, dos. —Sus hijas, ambas, son Uchiha, y son la estirpe de tu padre tanto como tú e Ino lo son. —Le recordó. Izamami e Izanagi, las princesas más jóvenes del Clan, eran el arma principal de su madre.

—Si existen más herederos en este Clan, es una amenaza para sus hijas, ¿No? —Una serie de imágenes llegaron a su memoria. El cuerpo de Sakura inconsciente aquella vez que, por poco, tiene un aborto por intoxicación de almizcle en el incienso. —Ella trató de asesinar a mi hija que aún no ha nacido. —Sus dedos se apretaron en un puño. —¿Cómo Alá puede permitir tanta inhumanidad?

—Lo más probable es que ella lo haya tramado. —Las piezas del rompecabezas encajaban a la perfección. —Kaguya seguro no sabe cuánto tiempo tardará en abolir la Ley, y si Sakura da a luz a un varón antes de eso, el niño será príncipe heredero desde el nacimiento, porque no es el hijo de una simple consorte o concubina, es el hijo de la Reina. Nuestra Ley sálica no solo favorece el ascenso al trono del primogénito varón, sino que también jerarquiza a los príncipes y princesas. Con esto, me refiero a que, no importa si tomas más esposas o concubinas y tienes hijos con ellas, aquellos hijos tuyos que sean nacidos de Sakura siempre serán privilegiados por la sucesión.

—¿Y si da a luz a una niña? —Nada estaba más alejado de la verdad, ella cargaba en el vientre a una princesa suya que nacería en unos meses.

—No será tan problemático pero seguirá siendo un obstáculo para Kaguya. —Jūgo tomó un respiro antes de proseguir. —Toda apuesta conlleva un riesgo. Para Kaguya su mayor riesgo es que la abolición de la Ley Sálica resulte contraproducente y provocar que, si la Reina tiene una niña, tu hija sea princesa heredera. Al abolir esa Ley se permitirá que las mujeres también tengan el derecho de ser herederas al trono de Suna. Ya que ella no tiene hijos varones, está tratando de coronar a Izumi o Izanagi y, volverse Reina Madre o Regente.

No debería haberla subestimado todo este tiempo, ella era inteligente, y se notaba que se había esmerado en planear muy bien cada detalle. Quizás ella siempre había tenido la mira en el trono, y su padre había sido tan ingenuo que nunca se había dado cuenta de ello. Icluso él era un tonto por no deducirlo con anticipación.

—En resumidas cuentas. —Sintió una fuerte opresión en el pecho. —Ya sea niño o niña, no importa, ella no quiere que Sakura llegue al final del embarazo.

Jūgo asintió. Era justamente eso.

Cambió de dirección repentino—¿E Ino? Cuando se permita que las mujeres puedan acceder a la línea sucesoria, ella también tendrá el derecho de ser heredera ¿No? —Comenzaba a preocuparse cada vez en aumento, no solo ponía en riesgo a su esposa, también a su hermana. —¿Kaguya intentará lastimarla a ella también?

—Tengo la sospecha de que fue ella misma quién provocó el escándalo de la princesa. —Ahora que lo mencionaba, recordaba la versión que la rubia le había contado, ella estaba segura que alguien la había seguido. —Conoces la tradición musulmana, cuándo una hija se casa, abandona el apellido de su padre y toma el de su marido. Sin el apellido del Clan Uchiha, Ino no puede acceder a la línea sucesoria. Kaguya provocó todo desde el principio, destruyó la reputación y el orgullo de la princesa para orillarla a contraer matrimonio.

—Y encima, se aseguró de que su futuro marido no fuera aristócrata o alguien con influencia diplomática, así los hijos que ella llegue a tener con su esposo, Sai, tampoco serán un obstáculo. Lo ha planeado todo tan bien.


Cuando las estrellas iluminan el cielo

La esposa espera emocionada a su Rey

Sus tobilleras tintinean al mismo ritmo

Marcando sus latidos acelerados

El bermellón rojo arde relucientemente

Contrastando sus cabellos hechos pétalos

Lo espera a él, igual que el viento espera a la primavera.


Ino se giró para colocar un ornamento dorado en los sedosos cabellos rosados envueltos en un moño alto. Estaba disfrutando cada segundo de la tarea, creía que las procesiones nupciales eran solo antiguas costumbres que únicamente vería a través del relato de algún viejo libro de historia, a fin de cuentas, había cierto tipo de costumbres en Suna que le agradaban muchísimo.

—Me siento dentro de "Las mil y una noches". —Bromeó con una risita juguetona que le avivaba los pómulos de las mejillas. —¿Lo he dicho ya?

La rubia quería asegurarse que supiera lo mucho que le agradaba estar viviendo de carne y hueso algo que parecía sacado de la tinta y el papel de un cuento viejo.

—Mil veces. —Respondió la pelirosa, luego observó su reflejo en el espejo del tocador frente a ella.

Antes, había utilizado varios atuendos muy hermosos para las festividades, pero ninguno llegaba a la altura del vestido que tenía puesto. Ni siquiera el pomposo vestido de novia con corte occidental que uso en Konoha para su mediática boda. Este vestido iba más haya de la expectativas de cualquier persona, si tuviera que resumirlo en una sola palabra, la más adecuada sería "asombroso". Ino la ayudó a ponerse de pie una vez que terminó de colocar los accesorios y el maquillaje, a pesar de lo hermoso que era el atuendo, pesaba bastante debido a las incrustaciones de joyas en la tela roja. Se ceñía bien a su cintura y apretaba un poco a esa altura por el bulto de su vientre, pero luego la tela se aflojaba un poco al nivel de la cadera por el vuelo de la falda, que terminaba cayendo con sutileza hasta los tobillos.

—Llevas puesto el collar de la Reina Mikoto. —Observó la joya en forma de serpiente alrededor de su cuello. —Eres tan hermosa como ella, sin duda.

Sakura suspiró. —¿Cómo era ella? —La pregunta que había estado rondando en su cabeza vió la oportunidad de salir. —Me refiero a su forma de ser.

Ino sonrió. —Era amable, carismática y generosa. Cuando era más niña yo soñaba en ser como ella, era el tipo de mujer que siempre dejaba un aura muy agradable a dónde quiera que iba. Nunca me trató mal. Cuando mi madre murió ella me protegió en el Harén hasta que ella también falleció. Sin su apoyo quedé desprotegida durante toda mi época adolescente. Las demás esposas de mi padre no eran tan amables como ella, todas estaban enfocadas en casar a sus hijas y me veían como una amenaza para sus prometidos.

—¿Y qué pasó después?

—Me volví lo más insignificante posible para poder pasar desapercibida. —Comenzó a reírse. —Así es como terminé siendo una solterona. —Bromeó.

Sakura no podía creerlo. —¿Solterona? ¡Pero si estás cercana a mi edad! Aún somos jóvenes, me niego a verme como una vieja a tus ojos.

—Mis hermanas se casaron a los dieciséis. —Confesó. —Apuesto a qué más de una vez fuí tema de conversación en el consejo por ser "una princesa que evade su responsabilidad y desperdicia su edad fértil", quizás por eso mi padre estaba tan apurado en casarme en sus últimos días de vida. .

—Sasuke piensa que tú padre quería casarte porque le preocupaba dejarte sola después de su muerte. —Sus ojos esmeralda chocaron con el azul de los suyos. —Y yo creo que tu padre quería que formarás la familia que él no pudo darte, y por eso el apuro.

Sus mejillas se sonrojaron. Hace unas semanas la idea de siquiera casarse con Sai, parecía tan lejana, pero ahora era un hecho que iba a ocurrir tarde o temprano. Miró el vientre abultado de Sakura y, al igual que un espejismo, pensó en cómo se vería ella misma llevando al bebé de Sai creciendo en su cuerpo. ¿Sería ese matrimonio tan real, al punto de llegar a formar una verdadera familia juntos.


—Su Majestad, El Rey Sasuke Uchiha. —Los guardias anunciaron su llegada en la entrada de la alcoba de la Reina. Se sentía extraño, él pensaba que este tipo de cosas no serían del agrado de su esposa, y terminó equivocado.

Cuando abrieron las puertas avanzó hasta que un sonido sordo anunció tras de él que los habían dejado solos. Observó su habitación, anteriormente había estado muchas veces con ella ahí, incluso durmieron juntos en su cama luego de la muerte de Fugaku, esa vez que él se puso ebrio. Sin embargo, el lugar estaba diferente. Había velas aromáticas por todos lados, también varias cortinas de muselina roja fueron colocadas en puntos estratégicos del panorama para dar ese aire más acogedor.

Sakura estaba sentada en medio de la cama, tenía las piernas recogidas en sus brazos y un velo de la misma tonalidad roja cubriendola, había bordados en hilo de oro y la tela se transparentaba un poco, podía alcanzar a visualizar un poco linea de su clavícula.

Por debajo del velo sus ojos se alzaron ante los de él, encontrándose con una mirada llena de intensidad. —Mi señor. —Su voz lo hizo estremecer. —Por fin ha llegado.

Se acercó a ella atraído cómo un imán. —¿Por qué has hecho esto? —Todo le resultaba tan misterioso.

—Bueno, me has estado evitando desde que nos enteramos sobre nuestra hija. —Ella desvió la mirada. —Quería tener una oportunidad para acercarme a ti sin que huyas de mí.

Él acarició su mejilla por encima del velo, su roce despertó una sensación eléctrica en cada centímetro de su cuerpo. —No estaba huyendo de tí. —Levantó con ambas manos aquel pedazo de tela para poder encontrarse cara a cara con ella. —Solo necesitaba tiempo para ordenar mis ideas.

—¿Te he decepcionado? —El semblante de su cara se veía algo herido, internamente Sasuke se odio por haber provocado una inseguridad en su esposa sin querer. —¿Esperabas un niño?

Se acercó a ella y la abrazó. —Ese no es el problema. —Susurró contra ella. Apretó su cintura contra él, la pelirrosa recargó su mandíbula en el borde superior de su hombro. —Perdón si te dí motivos para malinterpretar mi reacción del otro día.

—¿Qué iba a pensar si no? —Le dijo. —Te fuiste tan pronto como dijeron que era una niña, naturalmente me preocupaba que estuvieras decepcionado. —Su instinto maternal la hizo abrazar su vientre y cubrir a su pequeña hija en sus brazos.

Se despegaron cuando ella se enrolló un poco más en el bulto.

—Sakura… —El pelinegro insistió en también colocar una mano donde estaba la bebé. —Se dice que un Rey no debe mostrar su debilidad ante nadie, de esa forma he crecido. Me crié viendo cómo mi padre tenía una hija tras otra, sin estar presente del todo en sus vidas. —Dijo —Él cometió con ellas muchos errores como padre, y yo, como hermano seguí también esos errores. Incluso guardando resentimiento a ellas.

Ella lo obligó a mirarla. —Mi tía dice que un Rey sabio debe saber reconocer cuando necesita ayuda. Al final del día, eres tan humano como todos los demás y eso significa que tienes sentimientos que no debes reprimir.

—Mi única debilidad son ustedes. —Con la yema del dedo acarició la superficie de tela que la cubría. —Estoy aterrado. Me da miedo no poder ser el padre que ella necesita, o el esposo que tu deseas. Sobretodo, tengo miedo de no poder protegerlas de la hostilidad y codicia que rodea a la corona de mi pueblo. Estoy acostumbrado a que siempre haya gente tratando de dañarme a mí, pero nunca me podré acostumbrar a que intenten dañarlas a ustedes por mi culpa. Si algo le pasa a alguna de las dos, no estoy dispuesto a perdonarme ni a tener clemencia conmigo mismo.

Sus ojos comenzaron a tornarse cristalinos conforme una capa húmeda de lágrimas se dejaba observar poco a poco. La única vez que lo había visto llorar fue durante la muerte de su padre, casi siempre lucía recio y duro porque tenía un papel que aparentar como Rey.

—Yo…—Tomó sus mejillas y le sonrió. —Yo no voy a dejar que nadie me lastime a mí o a mi hija. —Juró. —Nuestra familia también es mi debilidad, pero más que nada, es mi fuerza. Yo estaré a tu lado, juntos vamos a explotar nuestra mejor faceta para poder ser los padres que necesita.

Las lágrimas siguieron cayendo, Sakura lo sostenía fuertemente y él se aferraba a ella. —Será la primera princesa nacida de una Reina en cinco generaciones. Las últimas cinco Reinas sólo han sido madres de varones. —Llevaba todo el día pensando en eso, ahora por fin podía contárselo a su esposa. — Lo más probable es que Sarada reciba un título noble cuando nazca, aparte de ser nombrada princesa del Clan.

—¿Sarada? —Preguntó de repente.

—El primer regalo que le otorgaré a nuestra hija es este. Su significado Diosa del Conocimiento. —Sakura lo repitió varias veces para saber que tanto le gustaba, a Sasuke le pareció que sonaba más hermoso cada vez que lo pronunciaba. —Espero que Sarada sea una chica llena de bondad, pero también quiero que sea inteligente para que sepa valerse por sí misma en este lugar que se asemeja a una cueva de lobos.

Alá mediante. —Respondió la pelirrosa, aceptando ese gesto de ternura.

Se inclinó hasta quedar al mismo nivel que su hinchado bulto, dió un beso en este y comenzó a rezar —Alá es el más grande, Alá es el más grande. Soy testigo de que no hay otro Dios más que Alá. Soy testigo de que no hay otro Dios más que Alá. Tu nombre es Sarada.

"Tu nombre es Sarada"

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