Disclaimer: El señor George Martin es el dueño de todos estos personajes y su mundo. Yo no gano nada escribiendo. Tristemente.
Esta historia participa en el Buzón Navideño del Foro Alas negras, palabras negras.
...
Hola, Trici. Me causa mucha gracia imaginar a Brandon (que acá tendrá unos catorce años) metiéndose con y provocando a Lyanna (de unos diez años, más o menos), porque creo que ellos dos tienen personalidades muy parecidas... y a Ned y Benjen, más dóciles, de TeamLyanna, por supuesto.
¡Espero que te guste! ¡Felices fiestas! :D
Benjen tenía ojeras y el pelo más revuelto que nunca, pero le tendió un bastidor que sujetaba un lienzo blanco.
—¿De dónde has sacado eso, Ben? —preguntó Lyanna, curiosa.
—Lo hice yo —dijo su hermano mientras bostezaba—. No dormí toda la noche, pero me quedó decente. Es que leí que los caballeros siempre reciben una prenda, y como yo quiero que ganes, te la bordé. —Se mordió el labio—. Ay, está feo, ¿verdad? —Se miró los dedos asaltados por las puntadas bajo la luz de la vela.
—¡Ay, Ben! —Lyanna casi se echó a llorar. En lugar de eso, le rodeó el cuello con sus delgados brazos y le llenó el rostro de besos—. ¡Gracias, gracias, gracias! —repetía la niña entre las risas de ambos—. ¡La llevaré con honor!
—Pequeño traidor —oyeron decir a Brandon.
Lyanna se puso delante de su hermano.
—No te metas con él, Brandon.
—Ay, no seas tonta, Lya. No me voy a meter con él —dijo Brandon mientras hundía sus dientes blancos en una manzana crujiente—. Pero es un traidor. Creía que iba a estar de mi lado, pero es un crío y deja que cosas sin importancia nublen su juicio... Los veo después, ¡cuando los haga comer tierra a todos ustedes!
Esas «cosas sin importancia» se referían, claro, a cuando asustó a Ben en más de una ocasión con los cuentos oscuros de la Vieja Tata, y cuando se escondió bajó su cama para sorprenderlo. Lyanna no lamentaba verlo irse, hasta que...
—¡Brandon! —Se mordió el labio—. ¿Y padre? —Si Lord Stark se enteraba, le iba a prohibir enfrentarse.
—Lo arreglé anoche —contestó él—. Padre bebió mucho vino junto a nuestro buen amigo Robert, y los mozos me han prometido no decir nada si yo les dejo tomar toda la cerveza que quieran de la cocina.
—Ah... —La niña jugó con sus dedos. Su hermano no era tan estúpido como parecía siempre, pero jamás se lo diría en voz alta—. Gracias.
—No me vas a convencer con esa mirada. Te voy a ganar de todas formas —juró Brandon antes de salir.
Regresó a los establos con la vestimenta para montar. No se sorprendió cuando encontró a Brandon aguardando, ni a Ned, Benjen, o algunos de los chicos de las cocinas. Lyanna esbozó una sonrisa en dirección a Benjen mientras se palpaba la prenda que se había atado alrededor de su delgado brazo, e hizo lo mismo con Ned y sus amigos... hasta que se cruzó con los ojos burlones de Brandon.
Le sacó la lengua y le hizo muecas.
—¿Lista para comer tierra, hermanita? —quiso saber Brandon. Se había montado a su caballo y balanceaba suavemente el cuerpo mientras avanzaba hacia ella.
—No lo sé... —Lyanna introdujo un pie pequeño en el estribo y en un segundo estuvo sobre el caballo. Dejó caer las piernas, delgadas también, a ambos lados, rectas, metiendo la punta del pie en los estribos—. Buen chico —le dijo a su amigo. Entonces miró a Brandon—. ¿Tú estás listo para comer tierra, Brandon?
Él contuvo una risita burlona que solo logró irritarla.
—Lya... —Ned apoyó una mano sobre su rodilla. Parecía bastante angustiado.
—Hasta la Torre de la Biblioteca —dijo Brandon.
Lyanna asintió. Miro a Ned. Puso su mano sobre la suya.
—Va a terminar pronto, Ned. Te lo prometo. —Esbozó una sonrisa dulce.
Él se alejó, sin apartar la mirada. Lo oyó suspirar antes de pronunciar.
—Uno. Dos... ¡Tres!
Salieron disparados entre aplausos y gritos de ánimo. El viento se le metía entre los cabellos y acariciaba su rostro con dedos gélidos. Se descubrió riendo, alegre, olvidando todo por unos instantes, y disfrutando de aquella sensación tan deliciosa... No advirtió la ceja arqueada de su hermano, ni la extrañeza en su expresión, cuando ella fue la primera en llegar. Todavía reía, sin aliento, cuando frenó suavemente a unos pies de las escaleras que serpenteaban alrededor de la torre, con su menudo cuerpo hacia atrás y los pies hacia adelante.
Ned la ayudó a bajar. Benjen había corrido y la abrazó. Le revolvieron el enmarañado cabello castaño y le palmearon suavemente los hombros.
—¡Lya, lo hiciste!
Ella se separó con una sonrisita tímida, aunque por ello su rostro no lucía menos radiante. Dio las gracias, y se acercó a su caballo.
—Lo has hecho muy bien —susurró con voz amorosa mientras acariciaba el cuello de su mejor amigo.
Brandon, que se había apeado, palmeó a su caballo y le dedicó unas palabras de ánimo. Entonces se acercó. Cruzó los brazos.
Ella lo quedó mirando.
—Lo siento, Lya... —Pateó una piedra pequeña—. No debí ofenderte anoche...
—Ay, Brandon ¡sí que eres un tonto! —Su hermano, aunque era el mayor y el próximo heredero, solía portarse como un crío a veces. Él levantó la vista, y ella sonrió, dulce. Le tendió una mano—. Pero te perdono.
Él la tomó.
—... ¡Aunque si me vuelves a decir que seré una solterona, te haré pagar! —amenazó Lyanna.
—¡Uf, qué hermanita tan ruda! —Brandon se rió—. Está bien. Ahora vas a ver que voy a espantar a todos tus pretendientes. Marca mis palabras, Ned.
—¡Oye! —se quejó Lyanna con indignación. ¡Incluso Ned había sonreído!
—Si no los espantas tú con ese carácter... —añadió Brandon.
Ella lo golpeó en el hombro.
—¡No si yo me escapo antes! —lo desafió. Se oyeron risas a su alrededor... y ella le dio un beso en la mejilla—. Eres un tonto... pero te quiero.
