Disclaimer: Jotaká Rowling es dueña del Potterverse. Desgraciadamente yo (otra vez) no gano ni un céntimo escribiendo esto. Muy triste, sí.
Esta historia participa en el Buzón Navideño del Foro Alas negras, palabras negras.
...
¡Mile! :D :D Te confieso que cuando vi tu última sugerencia, de inmediato me vino esta idea a la mente. Pienso que aparte de Harry, Ginny fue la más afectada por Tom/Voldy... y habría necesitado su tiempo para sanar. Quería contarte esa historia. :) ¡Espero que lo disfrutes! ¡Felices fiestas!
Ginny había oído que el cadáver reposaba en una cámara, lejos de los cuerpos de aquellos que habían muerto luchando para acabar con él.
Parte de ella no creía que mereciera tal atención. La muerte de Fred todavía dolía —tal vez nunca dejara de doler—, así como la muerte de sus amigos y de otros tantos valientes que merecían un destino mejor. No, ella no habría procurado descanso para los restos de Lord Voldemort.
Lord Voldemort, cuyo nombre hacía temblar hasta al más valiente. Ella había temido, había odiado... hasta que lo conoció.
No al mago más tenebroso que hubiera existido, sino a Tom. Su amigo y confidente, quien la escuchaba y aconsejaba ahí en donde sus hermanos y hasta sus propios padres no, quien la hacía reír alegremente con sus bromas, y le contaba anécdotas interesantes sobre el castillo, cosas que ni siquiera Fred y George conocían.
Durante un año él fue su mundo entero.
Cuando intentaba reconciliar la idea de que ese Señor Oscuro y el primer amigo que había tenido jamás compartían— no, no compartían, sino, eran la misma alma, el mismo espíritu, Ginny quería echarse a llorar.
Durante un largo tiempo la rabia, la indignación y la dolorosa sensación de haber sido traicionada la invadieron.
La consumía la desesperanza.
Hasta que un día, mientras rebuscaba entre sus antiguas pertenencias, se encontró con el objeto más inesperado. Creía haberse librado de esa pluma hacía tanto... Pero ahí había permanecido, de escarlata y dorado, con su aroma dulce, tan hermosa como la primera vez que Ginny la había visto en la tienda y había suplicado a sus padres que se la compraran.
Entonces no había sido consciente de lo cara que habría de resultar. No solo por los galeones gastados, sino por haber derramado con esa misma pluma sus ríos de tinta en el diario de Tom, por haberle dado su alma.
Una idea se cruzó por su mente. Tomó un pergamino.
Querido Tom.
¿Recuerdas cuando me escribiste por primera vez? Era mi primera noche en Hogwarts. Tenía muchos nervios y tenía miedo de hablar con alguien... pero tú me ayudaste. En realidad, nadie me ayudó como tú. Con mis tareas, cómo responder ingeniosamente a los gemelos cuando se querían meter conmigo, cómo decirle a mamá que no sería apropiado usar las ropas que ya habían usado mis hermanos antes... incluso cómo reunir el valor suficiente para acercarme a Harry y entregarle ese poema de San Valentín... y en muchas cosas más. Te entregué mi alma entera... y seguiste teniendo parte de ella, pero... ¿no crees que también conservé parte de la tuya, Tom? Porque es verdad. Durante todos estos años he llevado conmigo a ese muchacho huérfano que hizo compañía, mostró bondad y alegró los días tristes de una niña tímida y solitaria... ¿Sabes? Por mucho tiempo me dejé consumir por el dolor que había causado Lord Voldemort. Mientras los demás sanaban, yo me hería más y más... Pero hoy dejaré de hacerlo... Pero no por él, sino por ti, Tom. Por ti, y por mí...
... y merezco ser feliz.
(Tú me lo dijiste alguna vez).
Gracias por haberme entregado tu amistad, Tom, de verdad.
Ginny Weasley.
Contempló la carta, sintiendo como si un gran peso se hubiera retirado de sus hombros ya. Se había imaginado mil veces gritando y peleando con Tom, preguntándole... por qué, ¡por qué!, cuando ella había confiado tanto en él...¡Le había entregado su corazón y su alma! Pero escribir aquella carta había aliviado sus dolores de una manera que no habría creído posible.
Cuando Tom la visitara en sueños aquella noche, se la entregaría... y entonces lo vería partir, dejaría atrás esa oscuridad...
... y permitiría que el brillo del sol secara sus lágrimas.
