CAPÍTULO 3. VUELVE A LAS CINCO

El día pasaba lento. Muy lento. El reloj de la pared marcaba los segundos como un anciano subiendo por las escaleras.

Latis se levantó de la silla de rodachines del estudio ubicado en el primer piso y fue hacia la cocina. Después de abrir la nevera para repasar el contenido, decidiendo que en realidad no tenía hambre, se fijó en la torre de platos que desbordaba el fregadero. Se arremangó la camisa y comenzó a lavar.

Tan concentrado estaba que no escuchó a Zagato ingresar a la cocina

- ¿El mundo se va a acabar? ¿A qué debemos este irracional arrebato de responsabilidad?

- Los platos no se lavan solos

- Los duendes de la casa son los que usualmente los lavan. ¡Ah no! – dijo llevándose una mano a la frente con cansancio- Eso es lo que tú crees, porque siempre los encuentras limpios.

- ¿No puedo lavar los platos entonces?

- Algo escondes ¿Ordenaste comida y borras la evidencia?

- Eso suena a algo que tu harías -aseguró con media sonrisa en el rostro-

- Seguro te levantaste hace menos de quince minutos, para que te encontrara haciendo algo útil. ¿Estuviste todo el día encerrado?

- No tenía clase hoy. Cancelaron los laboratorios por renovaciones.

- Debió doler. –aseguró Zagato con toda la ironía posible- Pobre hermanito, leyendo comics todo el día

- Hay que aprovechar el tiempo libre. – dijo Latis, torciendo una pequeña sonrisa en su boca-

- Ya veré como trasnochas en menos de una semana gracias a que aprovechaste el tiempo libre –predijo en tono burlón-

Zagato caminó por la cocina, y tropezó con el carro de rodachines de Raikou.

- ¿Qué hace esto aquí? Yo mismo lo guardé esta mañana antes de salir.

Latis siguió lavando los platos, como si no hubiera escuchado

- Latis. No vas a salir de nuevo a media noche. – le amenazó, serio, con tono autoritario de hermano mayor- Mamá no se durmió hasta que regresaste. Eres un inconsciente.

- No lo haré. Lo de anoche fue algo de una sola vez.

- ¿Pesadillas?

Latis asintió. Zagato no dijo nada. En cambio, empujó el carro

- Entonces lo guardaré –propuso, abriendo la despensa y arrastrando el artefacto-

- ¡No! Déjalo ahí. – Latis alzó la voz un poco, pero lo suficiente para que su interlocutor lo mirara con sospecha-

Su hermano se acercó, dejando el carro donde estaba. Le observó con una ceja levantada

- Algo planeas. –aseguró tajante- Puede que…

En eso, sonó el timbre.


El día pasaba lento. Muy lento.

Lucy había llegado tarde al colegio. Debido a eso, estuvo sentada al lado de la oficina de la coordinadora de disciplina por media hora, esperando a que la atendieran para luego despacharla con una advertencia seguida de una nota en su hoja de vida.

Las clases pasaron sin pena ni gloria. Muchas veces buscó el reloj de pared del salón, esperando a que las manecillas se apresuraran, que el timbre sonara, que la profesora dijera "nos vemos mañana", y que la jornada escolar terminara.

Cuando por fin fueron las cuatro de la tarde, salió despedida del salón de clases. Sus compañeros se quedaron viéndola asombrados e intercambiaron miradas de sorpresa.

Después de doce estaciones de metro, llegó a su casa y subió corriendo las escaleras, dando un grito por saludo a los presentes. El reloj de vaca marcaba las 4:50pm. Se cambió el uniforme en un suspiro, y bajó corriendo como una estampida de Ñus.


Latis se enjuagó la espuma del detergente de las manos, las secó rápidamente con una toalla y salió a abrir la puerta al tiempo que se acomodaba las mangas de la camisa. No lo parecía, pero estaba muy ansioso. Zagato siguió sus movimientos con recelo.

Respiró profundamente al tomar la perilla. La giró sin prisas. No quería que ella pensara que había estado contando los minutos para volver a verla.

Abrió. La luz del atardecer iluminó la entrada. La figura recortada en resplandores naranjas permanecía quieta. El corazón de Latis se aceleró al imaginar a Lucy irradiando luz con su sonrisa, mientras los brillantes ojos marrones se movían de un lado a otro, esperando por un saludo.

Un ruido le distrajo. Por el rabillo del ojo, vio a Zagato asomándose desde la cocina.

Juro que si dices UNA palabra Zagato, así sea el más minúsculo sonido…

Sin embargo, algo iba mal. Esa sombra que tenía al frente era excesiva, no correspondía con…

- Hola Buen…-saludó Águila, con una sonrisa-

- ¿Qué haces aquí? – preguntó Latis con disgusto, borrando de inmediato la imagen que había creado en su mente-

Águila era su amigo más cercano. Se conocían hacía dos años, desde que habían coincidido en clase de física en primer semestre. Águila había perdido esa clase atrás por inasistencia. Sin embargo, si no hubiera sido por las faltas, su promedio hubiera sido el más alto del curso.

Pronto Latis descubrió la razón tras las inasistencias: Águila detestaba madrugar, (durante las mañanas podía quedarse dormido de pie) por eso, tener clases cada tercer día a primera hora, planteaba un grave problema. Llegaron a un acuerdo: Latis firmaría asistencia por él los días en que "se le presentara un inconveniente" -término suavizado que significaba que se había quedado dormido en casa- y Águila conseguiría preguntas de los exámenes de semestres anteriores, además de hacer los trabajos teóricos. El trato había funcionado a la perfección. Ambos aprobaron la asignatura sin inconvenientes.

Desde allí, habían construido una buena amistad. Resultó que Águila no sólo había perdido Física el semestre anterior, sino que se sumaban otras tres materias que no había inscrito, porque sólo había disponibilidad para asistir en las mañanas. Águila acomodó las materias faltantes para coincidir con el horario de Latis, para continuar con el trato, y hacer los trabajos en conjunto. Ambos eran personas inteligentes, por lo que ninguno era una carga para el otro.

Excepto hoy. La presencia de Águila no podía ser más inoportuna.

- El olvidadizo soy yo. ¿No es así? – preguntó Águila buscando en su memoria si lo que decía era verdad- Habíamos quedado de adelantar el trabajo de Cálculo IV

- Estoy ocupado. Vete.

- Hoy te estás gastando un genio del demonio

- No tengo tiempo. –dijo con impaciencia, cerrando la puerta- Mañana hablamos.

Raikou, quien no se había movido de su sitio con la visita de Águila, se levantó de improviso y caminó cojeando hacia la entrada. Con la carrera de la mañana había tenido por ese día. Latis lo observó salir de su casa de madera, sabiendo lo que significaba.

- ¡Buenas tardes Raikou! – saludó con alegría la voz que Latis había esperado escuchar toda la tarde-

El perro bateaba el trasero de un lado a otro al tiempo que Lucy le acariciaba a través de la reja.

Águila se había fijado en la visitante como un pájaro que avista a su presa. Volteó a mirar a Latis con media sonrisa en el rostro. Pero lo peor fue que ahí no se detuvo.

- Buenas tardes – Águila retrocedió con paso relajado hasta encontrarse con Lucy- Disculpa si no te reconozco. ¿Eres amiga de Latis?

- Yo…

Lucy buscó al aludido con sus ojos. Al parecer no estaba segura si podía afirmar una amistad con él. A Latis le dolió aquel gesto más de lo que había planeado. Caminó hasta ellos, y se ubicó al lado de Raikou, diagonal a su invitada, ya que Águila se encontraba justo en frente.

El perro supo interpretar la evidente actitud territorial y olisqueó al impertinente. Acto seguido, buscó confirmación de Latis, queriendo asegurar una autorización para alejarlo, ladrar o quizás morderle. Sin embargo, su amo no estaba prestando atención, por lo que su mente se desvió a la muchacha que seguía haciéndole carantoñas.

- Está aquí para llevar a Raikou a caminar –contestó Latis, eludiendo con deliberación la pregunta-

- Es muy cómodo de tu parte contratar a una niña tan linda para que pasee a tu mascota – mencionó sin tapujos, dirigiéndose a Lucy, quien paseaba sus ojos de un lado para otro-

- ¡No no no! Él no me ha contratado. – negó con energía- Estoy aquí porque nos conocemos con Raikou hace mucho tiempo…

- ¿Hace mucho tiempo? ¿Qué tanto?

- ¿No te ibas ya? – preguntó Latis tajante-

- No puedo irme, tenemos un trabajo de Cálculo IV por hacer. Pero creo que puedo acompañar a esta chica a pasear a tu mascota, porque sería inapropiado dejarla sola, ¿verdad?

Al parecer su furia fue notoria, ya que Raikou gruñó de inmediato. Águila sonrió con nerviosismo hacia el perro.

- Tiene el mismo genio de su amo –aseguró-

- Latis, si tienes cosas pendientes por hacer…puedo volver otro día. No quiero ser inoportuna.

- El trabajo no es tan urgente – dijo Latis, tratando de contenerse- Ya, Raikou ya- se dirigió al perro sin ánimo alguno de apaciguarlo-

El tono en la orden contradictoria de su amo le decía que había hecho bien. Raikou en vez de calmarse, siguió gruñendo, y ladró un par de veces con fuerza para que Águila se retirara unos centímetros.

- Qué extraño – mencionó Lucy- Raikou es muy dulce. ¿Qué le pasará hoy?

- No lo sé. Quizás sienta un olor distinto. – dijo Latis mirando hacia Águila, en tono neutral-

Raikou no se contuvo más. Sentía que su amo estaba furioso con esa persona. Su misión hacer feliz a su amo. Por eso, siguió ladrando sin detenerse. Incluso avanzó amenazante hacia Águila quien abrió sin mesura los ojos, estupefacto. Latis tuvo que agacharse para abrazar al perro, para que no emprendiera ninguna otra acción. Quería a Águila lejos de allí, pero su odio no daba para que en un descuido Raikou le mordiera.

- Después de todo creo que no es mala idea que me vaya. – afirmó Águila, abriendo la reja, para colocar distancia entre él y pastor blanco-

- Raikou…¿Está bien? – preguntó Lucy hacia Latis, quien seguía sosteniéndolo-

- Está bien – aseguró- Algo le habrá disgustado.

- Hoy no está muy amistoso con la gente – Águila ya se había alejado bastante. Seguía sonriendo, pero se notaban sus nervios-

- Tienes razón. – concedió Lucy- Quizás no sea bueno sacarlo el día de hoy. Podría asustar a la gente.

Latis abrió los ojos, sopesando lo que acaba de pasar. Sin querer, intercambió una mirada con Águila, quien alzó los hombros en un gesto silencioso que decía "no fue mi culpa, yo sólo estaba bromeando"

¡Pero claro que era su culpa!


Raikou no se calmaba, quizás ella podía hacer algo. Sin pensar mucho, Lucy abrió la reja y se arrodilló al lado del perro. Acarició su flanco izquierdo y comenzó a hablarle.

- Raikou. Todo está bien. No hay problema – dijo con suavidad-

El enorme pastor siguió ladrando. Lucy respiró profundo. Tenía que calmarse ella misma si quería calmar al perro.

- Tranquilo. Mira, traje tus favoritas – dijo sacando de su bolsillo una bolsa resellable-

Raikou volteó. Miró las galletas, miró a Lucy.

- Ella viene preparada. ¡Muy bien! – convino el compañero de Latis, quien seguía del otro lado, a una distancia prudencial-

A la intervención de Águila, Raikou recordó el por qué había estado ladrando.

- Tal vez hoy no quiera visitas – aventuró Lucy, un poco derrotada-

- No te está ladrando a ti – dijo Latis-

Lucy miró en la dirección a la voz. Estaba justo al lado. No se había dado cuenta lo cerca que estaban. Latis tenía un tono tranquilo, muy distinto al que le había escuchado con su amigo. De nuevo sintió las mariposas revoloteando furiosas, encantadas de recorrer todo su organismo. Sus ojos se encontraron, y por un segundo, no vio nada más. Los ojos de Latis brillaban ¿Era acaso por la luz del atardecer? Sentía que allí había algo cálido, que le llamaba a gritos. Dentro de sus pupilas había un universo entero, y millones de palabras que nunca habían sido pronunciadas.

Lucy escuchó el ladrido de Raikou, pero esta vez, era un ladrido amistoso. Se separó a regañadientes de la mirada de Latis, para constatar lo que había oído. El perro estaba con la lengua afuera, tranquilo, con su mejor cara de ponqué.

- Se ha calmado – Latis sonrió levemente-

Para Lucy esa sonrisa no pasó desapercibida.

- Vuelve a ser el mismo pedacito de nube – afirmó Lucy-

- Bueno, yo no diría…- comenzó el amigo de Latis-

Raikou comenzó a gruñir por lo bajo. El muchacho levantó las cejas con incredulidad y se alejó otros dos pasos

- Dudo que hoy sea un buen día para estudiar o pasear perros. Gusto en conocerte…

- Lucy

- Es un bonito nombre. Soy Águila.

Más gruñidos. Que seguían incrementando volumen.

- Estamos viéndonos. ¡Adiós! – Águila sonrió con beneplácito hacia su amigo- Recuerda que son 20 problemas de ecuaciones diferenciales. No me vayas a abandonar ¿eh?

Lucy vio a Latis fruncir el ceño mientras Águila se despedía. Al desaparecer de su vista, Raikou se soltó del abrazo de Latis y se acercó a la cerca para constatar que el intruso seguía su camino.

- Siento haber interrumpido – dijo Lucy, irguiéndose del suelo- Tenías planes de estudiar con tu amigo. No sé si aún quieras que pasee a Raikou. Hoy está algo irritable.

Latis también se había levantado. Le miraba con una expresión extraña sin decir nada. ¿Había dicho algo malo?


No era posible ¡Ahora se estaba retractando! ¿Y cómo había llegado a la inaudita conclusión que ella debía sacar a Raikou sola?

Estaba a punto de hablar, cuando otra interrupción, esta vez más contundente, le hizo perder la esperanza de que Lucy saliera con él esa tarde.

- ¿¡LUCY!? Lucy, ¿Qué haces?

La voz femenina venía del otro lado de la calle. La madre de Lucy estaba de pie sobre el antejardín, mirando hacia la pareja. Era una mujer de mediana edad, menuda, de cabello rojo menos intenso que el de su hija.

Lucy dio un respingo al escuchar su nombre. Se volteó con una sonrisa trágica para responder en voz alta, dando dos pasos al frente.

- ¡Hola Mamá!…Ehhh..Estaba saludando a Raikou – mintió, nerviosa-

- ¿Ya terminaste tus deberes? Recuerda que hoy debes preparar la comida. –la señora Shidou miraba de forma alternada a Latis y a su hija, al parecer, acababa de ver a Águila irse, pues de vez en cuando repasaba el camino que había tomado el muchacho-

- S…si señora. Ya voy, dame un momento.

Lucy tenía una disculpa formándose en sus ojos. Se acercó hacia el pastor blanco, que encantado seguía moviendo la cola de un lado para otro, y dobló la rodilla para quedar al mismo nivel que el perro. Acarició el blanco cuello con cariño. Raikou estaba en el séptimo cielo. Se le veía la sonrisa, llena de satisfacción...

¿Estaba celoso de un perro?

- Perdóname. Debo irme. Había olvidado que hoy tenía a cargo la comida. –dijo hablándole más a Raikou que a su vecino. Luego, se levantó y encaró a Latis - ¿Podemos vernos…otro día?

Unos pasos enérgicos, y una voz que Latis conocía bien le hicieron levantar la mirada. Todos habían decidido aparecer de golpe esa tarde.

La madre de Latis se paró al frente de la acera, fuera de la cerca, y sonrió hacia los dos jóvenes.

- Buenas tardes. Hola hijo. –dijo la elegante mujer de largo cabello negro, quien cargaba unas bolsas llenas de víveres- Hola Lucy, ha pasado mucho tiempo. Qué bonito verte por acá. No nos visitas muy a menudo.

Al notar que su vecina estaba pendiente de los acontecimientos, la saludó con un movimiento de cabeza y una sonrisa diplomática.

- Buenas tardes, señora Shidou.

La madre de Lucy correspondió el saludo con un asentimiento.

- ¿A qué debemos que nos visites Lucy? – preguntó sin rodeos, dándole una mirada significativa a su hijo-

- Ya me iba, perdón…-aseguró la chica, iniciando su camino para salir del antejardín-

- Ven Lucy, acompáñame, me gustaría hablar con tu madre. – mencionó con naturalidad- Latis…cariño, toma esto y llévalo adentro. – dijo entregándole las bolsas a su hijo por encima de la cerca- Hay varias cosas que organizar. No vayas a dejarme todo encima de la mesa y ya.

Latis la miró con instinto asesino, por el regaño por adelantado que le había dado en frente de Lucy, pero su madre le picó un ojo, desarmándolo. No tuvo más remedio que hacer lo que le pedía. Las vio alejarse, para reunirse con la señora Shidou mientras su madre dirigía la conversación.

Al entrar a la casa, con las bolsas, se guardó el impulso de dejarlas sobre la mesa (tal cual le habían advertido que no hiciera) para espiar por la ventana y fue directamente hacia la cocina, envuelto por un aura negra.

- Eso no salió para nada bien – dijo Zagato con una sonrisa sarcástica, siguiéndolo desde la sala, presto a ayudar en la tarea y por supuesto, presto a comentar lo que acaba de ver-

- Cállate

- Primero tu amigo, y luego su madre. Hoy no es tu día hermanito.

- Cállate

La espera fue interminable. Por fin, la puerta de la entrada se escuchó, y el sonido de los tacones fue reemplazado por el suave deslizar de las sandalias rosadas que adoraba la señora de la casa; quizás lo único rosado de todo su closet, el cual estaba invadido por prendas de colores más oscuros.

Los hermanos esperaron en la cocina. Latis trató de no traslucir su ansiedad. Siguió ordenando los víveres y colocándolos en la gaveta.

- ¡Qué día! –se quejó la mujer, sin darle importancia a su hijo menor, que la siguió con sus ojos violetas por toda la habitación-

- Latis se muere por saber qué le dijiste a las Shidou.- inquirió Zagato con sorna-

- Zagato... – le recriminó el aludido, arrastrando cada sílaba-

- ¿Yo? Nada. Sólo les he invitado a cenar, acá en la casa. Será el fin de semana. Cuento con ustedes para que me ayuden. ¿no? Especialmente tu Latis, que eres el más interesado.

Latis quedó blanco, con una lata de conservas en la mano. Su madre se rio suavemente al ver su reacción. La risa de la mujer era una cascada sonora; cada tono caía como una gota de agua, refrescante y sedosa.

- Cariño. - dijo acercándose a él, y reclamando la lata de sus manos para colocarla en el estante- Todo saldrá bien. La señora Shidou te estaba evaluando como una amenaza para su pequeña. No quiero que te vea como si fueras un delincuente. Estoy tratando de ayudar. Sólo quiero que no tengas problemas en el futuro.

- ¿En el futuro? –manifestó él, sorprendido-

- Latis, amor -suspiró armándose de paciencia- Todos en esta casa sabemos que te gusta esa niña desde que tienes once años. No seas tonto.


NOTAS DEL AUTOR

Saludos! Me adelanté un día, porque creo que no voy a poder publicar el día de mañana

¡Espero estén disfrutando de la historia! ¡recuerden que me encanta saber qué piensan!

Muchas gracias a Lucy Kailu por su favorito y su review! (por el momento ya sé cual es el AU que más te va a gustar ;P me dices si va llenando tus espectativas. Y sí, a mi también me gustan así) y a Kuu de Céfiro también por el favorito y el review! (Me alegra mucho que te hayas divertido en la semana! De verdad espero te siga gustando la historia) y por su puesto, para hikaruinchains91. Como siempre, espero convertir ese follow en favorito o review algún dia. Y obvio, gracias a todos los lectores silenciosos.

Me he basado en un headcanon para desenvolver las personalidades de Latis y Zagato para Raikou, y se basa en el episodio donde vemos a Zagato caminando por los jardines de Céfiro para encontrar a Latis descansando sobre las ramas de un árbol. Creo que sin tanto drama, Latis debió ser una persona relajada, e incluso algo irresponsable. Se le ve muy tranquilo e incluso su expresión es muy distinta (si! sonrie!), según Zagato está "holgazaneando". En cambio, Zagato, como hermano mayor, debió ser muy cumplido en sus deberes, tanto que alcanzó el título de máximo sacerdote. Ayudándome en el headcanon de mi amiga Antoinette-verónica, Zagato pudo ser una persona estudiosa, que como todo hermano aprovecha para hacerle imposible la vida al "siguiente en la cadena alimenticia" si le brinda la oportunidad, pero que a menudo se ve tentado a descarrilarse por su condición de tener que ser el "bueno".

Bueno, basta ya de cháchara. Raikou continuará el 18 de Enero. Sé que está lejos, pero ya saben, toca escribir Imaginación y Apocalipsis.

Un abrazo! Felices fiestas! Nos vemos en el 2017