CAPITULO 4. PESADILLAS
La señora Shidou se puso su pijama de dos piezas, y se metió entre las cobijas. Dio una vuelta, otra, acomodó el despertador de la mesa de noche, revisó las almohadas…
- ¿Qué te preocupa? – dijo su esposo lleno de condescendencia, puesto que se había cansado de verla revolotear de una lado para otro-
- Nuestra vecina, la señora Kuroda nos ha invitado a cenar éste Sábado – mencionó dubitativa- Ha dicho que quiere darnos una bienvenida apropiada.
- ¿Kuroda Akemi? Eso no suena mal - levantó las cejas, dándole a entender que no comprendía el por qué eso no la dejaba dormir-
- No estoy segura si…-se interrumpió, no sabía cómo formular sus pensamientos sin que sonara desquiciado-
- Si…-repitió, instándola a que continuara-
- Si Lucy debe relacionarse con su hijo, ese…Latis.
Esta vez el hombre se sentó en la cama. Aquella conversación estaba tomando tintes extraños.
- ¿Me puedes explicar por qué? Si bien no recuerdo, ese es el niño que salvó a Lucy de morir asfixiada. Nosotros somos los que deberíamos invitarlos a ellos, después de todo lo que pasó.
- Latis ya no es un niño. –aseguró con fuerza, sentándose a su vez en el lecho- Lucy tampoco. Además, ¡no puedo creer que no recuerdes!
- ¿Eh? ¿Qué debo recordar? ¿Aparte de todo el desastre de ese día? Tu madre en el hospital, mi hermano accidentado, ¿la niñera que dejó a Lucy sola?
Shidou Megumi suspiró. De sólo recordarlo le daban nauseas. Ese día la mala fortuna se había ensañado con toda la familia. Ese día casi lo perdieron todo. TODO. Incluida a su única hija.
- El perro entró a sacar a Lucy, -continuó el señor Shidou- el niño le ayudó, la señora Kuroda llegó y les llevó al hospital. Tú te encontraste con ellos y yo tuve que venir hasta acá para ver qué podíamos recuperar.
Megumi arrugó la frente. Era verdad, él no lo había visto.
- Si. Creo que jamás te lo dije. Pero ese niño, odiaba a Lucy. Temo que con los años ese deseo se manifieste en algún tipo de venganza. No me fio de sus intenciones.
- ¿Odiar a Lucy? ¡Qué dices! – dijo negando con su cabeza, sin poder creer lo que oía- Lo dudo mucho. Además ¡han pasado 7 años!
- Te estoy diciendo, yo misma lo vi. No quiero que Lucy resulte herida. Ha estado tratando de acercarse una y otra vez desde que volvimos, bueno, más bien "reconstruimos" esta casa, con la excusa de darle de comer al perro, pero lo que está buscando es reconciliarse con Latis. Ella también lo recuerda claramente, por eso, hay que tener cuidado. No pienso permitir que ese muchacho tome ventaja del arrepentimiento de nuestra hija. Sea lo que sea que quiera.
Raikou no salía. Por más que lo llamaba, no salía esa casa. Las llamas ya podían verse por las ventanas, y el humo era cada vez más denso. Intentó colarse por la misma abertura desde donde el perro había entrado, pero él era mucho más grande y menos hábil. No podría entrar a menos que derribase una parte de la madera. Trató de girar la perilla, más como parte de un reflejo que como una opción válida, pero al tocarla, su piel emitió un siseo y el dolor le subió desde las yemas de los dedos. Gritó. Unas lágrimas se escaparon, tanto de rabia por su ingenuidad, como por la quemadura.
Ante su grito, un ladrido se escuchó dentro.
- ¡RAIKOU!
Se agachó para poder otear por la abertura. Era una de esas puertas para mascotas, lo que había permitido que Raikou entrara quien sabe cómo, porque estaba hecha para un perro mucho más pequeño, y por cierto, no para un niño. Levantó la madera levadiza. El humo llenaba toda la instancia, pero alcanzaba a ver algo que se movía al fondo.
¿Una persona?…no…¡una niña!
Él la conocía. ¡Era Lucy Shidou! Varias veces la había visto llegar del colegio con su madre y jugar en el patio trasero. Incluso alguna vez les había seguido a sus prácticas de fútbol, pero cuando trató de unirse al grupo, Zagato la sacó con un grito del campo. No se aceptaban niñas. Era un juego rudo. No quería ver llantos ni tener problemas por haber aceptado a esa enana.
No había discutido, pero secretamente, le había parecido injusto que no la dejara jugar con ellos. Se veía pequeña, pero su expresión ante el rechazo de ese entonces no fue para nada dócil. Por mera curiosidad, él hubiera querido ver cómo se comportaba "esa enana" como le llamaba Zagato, porque después de todo, era la primera y última niña que alguna vez les había pedido integrarse.
Era por Lucy que Raikou había entrado a la casa. Raikou estaba tratando de conducirla hacia afuera. Lo pudo ver, al lado de Lucy, pero se movía poco. Y gemía. Raikou gemía.
Al borde de la desesperación, Latis se devolvió hasta la acera. Los adultos iban y venían, corrían gritando, lanzando órdenes, hablando por celular, pero nadie hacía caso. Estaban más preocupados porque al respaldo de la casa y a la derecha, el pasto había empezado a arder, por lo que estaba alcanzando otras propiedades. El humo salía negro y mordaz desde el techo, arrojando chispas sobre los tejados vecinos.
- ¡AYUDA! Por favor!
Latis corría detrás de las personas, pero no obtenía más que una mirada cargada de stress y uno que otro grito para que se quitara del camino
- ¡Una niña! Y Raikou! ¡Están dentro! ¡Ayúdeme!
Tras dos intentos infructuosos, decidió que allí no tenía oportunidad alguna. Exasperado, corrió de vuelta a su casa. Un auto tuvo que frenar en seco para no arrollarlo cuando pasaba la calle sin mirar a los lados. Latis no paró la carrera y se adentró en el antejardín con el corazón palpitando a prisa y las manos frías por el miedo. Rebuscó el teléfono, que gracias a su histeria, cayó de la base, accionando el tono de llamada. Latis lo recogió de un tirón y marcó a su madre.
Dos timbres y Zagato contestó
- Qué quieres Latis –dijo fastidiado, al otro lado de la línea-
- ¿MAMÁ? PASAME A MAMÁ ¡SE QUEMA! POR FAVOR NECESITO AYUDA
Su hermano no discutió. Quizás su voz quebrándose por el miedo y el llanto le convencieron que no debía jugar
- ¿Aló?¿Latis? ¿Cariño? – la voz de su madre salía a trompicones, asustada-
- ¡MAMÁ! – oírla hacía que todo pareciera irreal, que las cosas no estaba pasando, pero a través del ventanal de la sala aún podía ver el humo. Latis no sabía que hacer, pero necesitaba pedir ayuda de alguna forma. Necesitaba que alguien supiera.- La casa de los Shidou. De los vecinos. LA CASA SE QUEMA- dijo con un aullido.-
- ¿Estás bien? Latis ¡¿Dónde estás!?
- ¡Lucy Shidou está dentro! Raikou se escapó. RAIKOU ENTRÓ POR ELLA.
- Latis no intentes nada, espérame por favor. ¿Ya llamaron a los bomberos? ¿Hay otros adultos que saben?
- ¡Es Raikou! Está adentro. ¡Está adentro! No pude…
- Latis ¡ESCÚCHAME! ¡No entres a esa casa!
- ¡No puedo mamá! ¡Ven pronto por favor! La gente no me escucha. Están muy ocupados tratando que no se esparza el fuego.
- Latis ¡ALÉJATE DE ESA CASA! Sal de ahí por favor.
- ¡No podré cargar con los dos! ¡No podré cargarlos! ¡MAMÁ RAIKOU ESTÁ LLORANDO! ¡LO ESCUCHÉ! ¡Y yo no pude entrar! La puerta de madera…
- Estaré allí pronto, unos 15 minutos. NO ENTRES LATIS. ¡NO ENTRES! ¿¡Latis!?
Latis no escuchaba más. Se le había ocurrido una idea. Sin siquiera colgar, salió corriendo hacia la despensa.
Lo había visto en la televisión. En esa película en que un hombre se volvía loco e intentaba matar a su familia dentro de un hotel inmerso en las montañas. El hombre tenía un hacha, y con ella arremetía contra la puerta del baño –una puerta de madera- donde su esposa estaba escondida. En su casa no tenían hachas, pero había una pala. Era pequeña, con ella habían plantado el pasto el verano pasado. Al ir saliendo de la cocina, se fijó en el largo estante donde guardaban los cubiertos. Agarró el cuchillo más largo que vio. Ese también serviría de algo.
Se devolvió con su extraña mezcla de herramientas, corriendo. El sol seguía en lo alto, no eran más de las tres de la tarde, pero la densa humareda había oscurecido el aire. Las personas seguían tratando de contener las llamas, mientras lanzaban insultos ya que los bomberos estaban demorando demasiado en llegar. Se coló por el patio trasero, y llegó hasta la puerta. Miró hacia adentro. Estaban cerca. Raikou había podido avanzar llevando consigo a la niña, y gracias a la corriente de aire que escapaba por el agujero, el perro aún estaba vivo, pues gimió al sentir su presencia.
El corazón se le estrujó al escuchar el lastimero quejido del animal. Pero contribuyó a su decisión. Los sacaría de allí. Fuera como fuera.
Lo primero que hizo fué arrancar la madera de la abertura. Eso les ayudaría en algo. Aire era lo que necesitaban en ese momento. El humo que salió le hizo replegarse. Sentía la cara caliente, pero no aimainó su empeño. Comenzó a dar golpes a la puerta con el cuchillo. Tenía que abrirla, o agrandar el hueco que ya tenía.
No era sencillo. Nada sencillo. Él no tenía la fuerza necesaria, y la quemadura de hace poco hacía que no pudiera apretar el mango con todo el ímpetu requerido. Entendió que Jack Nicholson era un hombre desquiciado al poder abrir una puerta a punta de hacha. Tomó la pala, y logró astillar varios puntos, pero aún no hacía suficiente daño.
Miró la cerradura de nuevo. ¿Y si lograba hacerla saltar?
Raikou gemía dentro. Ya no había tiempo. Doliera o no doliera, tenía que abrir esa puerta.
Deslizó la hoja del cuchillo entre el canto de la cerradura. La movió de abajo para arriba. Nada. Nada. Lo dejó allí. Tomó de nuevo la pala, agarrándola con todas sus fuerzas y asestó un golpe en la cerradura. La puerta se estremeció. De nuevo lo intentó. De nuevo y de nuevo. ¡Maldición con esa puerta! ¡¿Por qué era tan difícil?!
Ya fuera por el calor, o porque su adrenalina se lo permitió, al décimo golpe, la puerta por fin cedió ante las arremetidas de Latis, que sudaba profusamente. No tanto porque había logrado saltar la cerradura, sino porque el marco de la puerta se desprendió. Latis le dio una poderosa patada, y la puerta por fin se abrió. El humo le recibió envolviéndolo, dejándolo ciego. Los ojos comenzaron a arderle. Se adentró en la casa y a menos de dos metros encontró a Raikou, quien le guiaba con el sonido de sus quejidos.
Se agachó, había algo menos de humo sobre el suelo que en la parte superior. Sabía que no podía cargar con los dos. Raikou estaba sentado al lado de la niña, y tenía un pedazo de su ropa en el hocico. El perro tenía una quemadura fea sobre su lomo, y una pata ensangrentada.
¿Podría arrastrarlos al mismo tiempo?
Tomó con una mano a la niña de su camiseta, y a Raikou del collar. El aullido de dolor del perro le persuadió de no empujarlo. Debería cargarlo o lo torturaría. Lucy estaba desmayada…y si no salía pronto, él también se desmayaría.
Debía decidir a quién sacaría primero. Su primer instinto era Raikou, pero…
Raikou había arriesgado su vida para salvar a la niña. Tenía que ser primero ella, o el sacrificio del perro sería para nada. Además, si Lucy moría, el jamás podría perdonárselo. ¿Cpomo le diría a los Shidou que prefirió sacar a su perro que a ella?
La tomó de los brazos y comenzó a arrastrarla por el piso. Tuvo que hacerlo agachado para no respirar el humo. Comenzó a toser de una forma horrible y la cabeza le empezó a dar vueltas. La mano quemada le dolía cada vez más, y múltiples astillas se le habían clavado en ambas palmas al tratar de abrir la puerta.
Logró salir con la niña. La llevó hasta el pasto para que no respirara más ese aire viciado. Respiró profusamente, pero no había dado dos pasos cuando un ruido estremeció toda la casa. Raikou aulló.
Todo pasó muy rápido de ahí en adelante. Latis entró en la casa, enloquecido, con la angustia de haber perdido a su mejor amigo, llamándolo sin que éste respondiera. El humo crecía como un enorme monstruo que se alimentaba del crepitar de la madera y el calor era visible, con grandes ondas que surcaba los espacios, tocándolos para reventarlos desde adentro. El piso se rompió bajo su peso, y Latis quedó engarzado en las tablas.
- ¡RAIKOU!¡RAIKOU!
Lloraba. Lloraba de rabia, de impotencia. Si se quedaba, podría morir calcinado.
- ¡RAIKOU!
Escuchó un gemido apagado, tenue. Eso le dio fuerzas. Salvaría a su perro.
Se impulsó para salir de la trampa en la que había caído. Se arañó las pantorrillas, y de ellas manó sangre. Sintió agujas y astillas que rasgaban su piel a pesar de los jeans.
Gateó, esquivando los restos de lo que se había convertido los muebles y la decoración de la casa y llegó hasta Raikou.
Le dieron ganas de gritar.
Una enorme sección del techo se había desprendido, y había caído encima del perro. Pero ahí veía su hocico, y sus orejas, debajo de todo ese cemento y madera rostizada
- Te sacaré de aquí. Te sacaré de aquí- repetía, mientras se las arreglaba para quitar todo ese material- Te sacaré de aquí, no te preocupes.
El perro seguía gimiendo, y trataba de levantarse
- Te sacaré de aquí Raikou. No llores. Aquí estoy. Aquí estoy.
Con toda la fuerza de la que fue capaz su cuerpo de 11 años, Latis levantó los trozos uno a uno, rompiéndose los dedos, haciendo sangrar sus manos, hasta que liberó a Raikou. Como pudo, lo alzó, tambaleante. El pastor blanco tenía apenas año y medio, pero era pesado y de contextura gruesa. Latis temía que el piso cediera de nuevo, y no estaba seguro que esta vez tuviera la energía necesaria para salir, llevando el peso de Raikou si eso ocurría. Clamó en su mente para que eso no ocurriera, y paso a paso, a tientas como un ciego, salieron de ese infierno.
Dejó a Raikou al lado de Lucy, pero estaba muy mal. El pastor gemía. De seguro tenía roto algún hueso. Lo veía desencajado, muy herido. Latis se sentó en el pasto y comenzó a llorar sin ningún recelo, abrazando a su perro. Raikou era suyo, ¡no se podía morir! él lo había elegido, él le había puesto el nombre, él le había enseñado trucos, era SU perro, no el perro de alguien que estuviera en el inframundo como para que fuera reclamado. Era SU Raikou, no era posible que se muriera allí. Raikou se le moría en los brazos. Podía verlo en su mirada, podía ver cómo la vida se le escapaba. El perro gemía, debía estar soportando mucho dolor, pero Latis ya no tenía fuerzas, ya no le respondían los brazos ni las piernas y lo único que podía hacer era llorar y gritar por ayuda.
- ¡AYUDA!¡AYUDA! ¡POR FAVOOOOR!
La niña estaba despertando. Seguro el grito había llegado a sus oídos. Pero a Latis eso no le importaba ahora. Raikou se le moría en los brazos. ¡Se le moría en los brazos!
- Calma – dijo Latis, acunando al pastor, mientras derramaba todas las lágrimas que hacía mucho tiempo no salían de sus ojos, enturbiándole la vista con polvo, sangre y cenizas- ya están por llegar. No te preocupes. Todo saldrá bien. Raikou. Mamá ya viene. Está cerca. Dijo que estaría acá en menos de 5 minutos
- ¿Mamá? – preguntó la niña, parpadeando-
Latis reparó en Lucy. Estaba teniendo un ataque de pánico. Lloraba y pedía a su mamá. Tampoco era justo. No lo era.
Se arrastró, para mover a la niña y darle sus piernas de almohada. Le abrazó con la mano derecha. Al otro lado, abrazó a Raikou con la mano izquierda, porque por nada del mundo quería dejarlo. Parecían tres sobrevivientes de guerra, llorando, gimiendo…
Latis despertó. Pesadillas de nuevo. Miró el reloj. Eran las 2am.
Hacía años no las tenía. Y ahora en menos de tres días había tenido dos sueños de ese estilo.
Siempre eran similares. Manifestaciones extrañas, variaciones de lo ocurrido en el incendio. Algunas veces, él no podía abrir la puerta, por lo que Lucy y Raikou morían calcinados. En otros, el moría, atrapado en el piso de madera, sin poder impulsarse para salir de allí. Otros sueños, más audaces, comenzaban bien, porque conseguía ayuda de los adultos, ellos sacaban a Lucy y a Raikou, pero debido a eso, todo el vecindario se incendiaba por no prestar atención a las llamas que se colaban por la parte de atrás de la casa.
O eran como éste último. Su mamá no llegaba nunca y Raikou se le moría en los brazos.
Necesitaba salir. Necesitaba tomar aire.
Bajó las escaleras, silencioso, tratando de no hacer ruidos. Entró a la cocina, y hurgó en la nevera. Los grandes recipientes con la comida que estaban preparando para la cena de mañana –de hoy, ya es hoy- ocupaban un buen espacio. Tuvo que sacar dos antes de encontrar el refresco que estaba buscando.
- ¿Qué haces cariño? –dijo una voz femenina, bostezando-
Era su madre. La había despertado. Zagato le iba a golpear en la mañana. Lo merecía, por desconsiderado.
- ¿Estás nervioso por la cena?
No quería decirle que tenía pesadillas de nuevo. Ella se preocuparía, no valía la pena. Además, ya no era un niño de 11 años.
- Tal vez –mintió-
- No te preocupes. Todo saldrá bien. Es una oportunidad para que puedas hablar con Lucy sin estar pendiente de lo que hace o no Raikou. Podrán tener otros temas de conversación.
Latis sonrió. Su madre, Akemi, era increíble. ¿No se le escapaba nada?
- Y una vez la señora Shidou te conozca, puede que tengas el camino libre. Créeme, es más fácil así. Te evitarás todo el drama. A mi parecer ya tienen suficiente, con todo…lo que pasó.
- Gracias – Latis no ocultaba su admiración. Kuroda Akemi los había criado sola, trabajaba, mantenía la casa y aún tenía ese sexto sentido para detectar cuando era necesitada por sus hijos-
- Sólo quiero que no termines como Zagato, con chicas locas por todos lados, haciéndole la vida imposible. Lucy Shidou no es de esa clase. Y te mueve el piso, ¿no es así?
Latis alzó las cejas. ¿Era tan evidente?
- Cariño, eres demasiado serio. Relájate un poco. Zagato y yo nos damos cuenta de eso porque te conocemos muy bien. Puede que tu amigo, ese que se la pasa durmiendo en todo lado, también se dé cuenta eventualmente, pero tranquilo, tu secreto está a salvo. Dudo que otros, o que incluso la misma Lucy sepa que estás enamorado de ella.
Hizo una pausa. Latis no sabía si debía alegrarse o no por el comentario.
- Ahora, vamos, a la cama. –continuó- Estas charlas madre-hijo de las madrugadas no se me dan bien. Y mañana, ¡digo! ¡Hoy! Tenemos mucho que hacer. Y no te salvas de la limpieza, ¿me oíste, grandulón perezoso?
NOTAS DEL AUTOR
Dado que incumplí con el el hilo rojo, les dejo Raikou un día antes para enmendarme.
Gracias por sus comentarios! Escríbanme todo lo que quieran, ¡bueno o malo! Los comentarios son lo que hacen que me anime a seguir escribiendo. Puercopink (me encanta que te encante! yo también estoy re-lejos de esa edad, pero recordar es vivir como dicen jajaja y mil gracias por el favorito) LucyKailu (Este no estuvo tan rosa, pero había que dejar claro el porqué Latis tenía pesadillas. Gracias por las flores :P Pensé que Zagato me iba a costar trabajo, pero ha salido bastante natural una vez que me he decidido por la clase de persona que quiero que sea)
Un gracias especial a quienes colocaron esta historia dentro de sus favoritos! Que bonito es recibir mail con esas noticias! Gabyhdzv, Lita Wellington, Prescea guerrera magica, Gatita kon -gracias también por tus favoritos en Candyman, Es tan solo tu imaginación y Love Somebody!-
A los lectores silenciosos, Gracias también por leer...Dejenme saber que existen, ¡onegai!
