CAPITULO 5. ALGUIEN ESPECIAL

Eran las 5pm. Sólo quedaban dos horas para que los Shidou llegaran. Kuroda Akemi recitaba órdenes que debían ser cumplidas con precisión inmediata o se verían enfrentados a serias consecuencias.

Zagato estaba de un humor terrible debido a la instrucción de permanecer en casa la tarde del sábado en vez de estar divirtiéndose con alguna de sus conquistas. Por ello se descargaba en Latis, quien era el responsable de su desgracia, haciéndole tropezar, desordenando alguna cosa que acabara de terminar, y quejándose de lo lento que hacía cualquier encargo. Y así había estado toda-la-bendita-tarde.

A pesar de todo, poco y nada le importaba en ese momento a Latis que su hermano le hiciera la vida imposible. Lo único que sabía era que la casa debía estar impecable, la comida en el punto exacto y todo dispuesto en su lugar. No podía tolerar ni el más mínimo fallo. Debía dar una buena impresión. No. Debía dar una EXCELENTE impresión. En juego no sólo estaba él, sino el honor de su propia madre. Zagato podía hacer lo que se le diera la gana, siempre y cuando se comportara durante la estancia de los Shidou.

- ¿Alguno podría sacar la basura? – preguntó la madre desde la cocina-

- Voy –respondió Latis, pasando al lado de un Zagato malgeniado que trapeaba los pisos de mala gana-

Latis tomó las dos grandes bolsas y atravesó la casa hacia la salida. Al cruzar la puerta, vio a Raikou que meneaba la cola mirando hacia la calle.

- ¿Algo interesante? – dijo el muchacho hacia el pastor, que le volteó a ver por un momento y luego siguió concentrado mirando a través de la cerca-

Sin darle ninguna importancia, Latis abrió la reja y avanzó hacia los botes de basura de la estrecha calle anexa, dejando su amigo encerrado tras de sí.

Más cuando dobló la esquina, entendió el porqué de la excitación del perro.

Al frente de los botes estaba Lucy, vestida con camiseta y jeans, peleando con una enorme bolsa gris, que no quería introducirse en uno de los depósitos superiores. Unos gruñidos no muy femeninos se escuchaban mientras la chica peleaba con la bolsa, que parecía a punto de caerle encima.

Caminó hacia ella, apretando el paso, pensando en las raras oportunidades que daba la vida, aún en medio de latas y desperdicios.

Haciendo todo el ruido del que era capaz, se situó al lado de la pelirroja, y entregó sus bolsas a las fauces de las ávidos envases. Lucy le volteó a mirar, mientras sostenía con fuerza lo que parecía una tonelada de basura.

- Ho…hola – dijo ella con una mueca-

- ¿Necesitas ayuda?

- No es nada –replicó concentrándose en levantar la bolsa- ya lo tengo

- ¿Segura?

- Si claro

El optimismo de Lucy era algo que le encantaba, sin embargo, esta vez, la chica debía reconocer que no era cuestión de fuerza, sino de ángulo, lo que impedía que terminara con su labor.

Sin decirle nada, Latis empujó desde su metro ochenta la bolsa, para que cayera en el sitio correspondiente, sin que Lucy se diera cuenta.

- ¡Listo! –dijo ella, exultante por su reciente logro, inocente de la intervención del recién llegado- y mi madre decía que no podría cargar todo esto en un solo viaje.

¿Debería contestar a eso? La miró sin saber por dónde comenzar. Era el peor sitio posible para tener una conversación. Tal vez lo mejor era salir de allí, y hablar en la esquina. Si, en la esquina podría verlos Raikou, que ladraría o haría alguna carantoña y así tendría alguna disculpa. ¿o debería esperar hasta la noche? Latis comenzó a caminar sin darse cuenta, dejando atrás a Lucy, tratando de pensar en qué decir.


Lucy estaba muy nerviosa. No sabía qué decir. ¿Acaso había un peor lugar o una peor situación para encontrarse con Latis? ¿la próxima vez que pensara en ella la asociaría con la "chica de la basura"? Oh no… ¡eso era terrible! Lo vio alejarse, dejándola atrás. Suspiró, pensando en su mala suerte. De seguro estaba hastiado de encontrársela en todas partes, más sabiendo que en unas horas tenían que compartir una cena por obligación. Tal vez Latis había discutido con su madre por invitar a los Shidou a su hogar. Ella, la causante de la desdicha de Raikou se colaba en su casa por un compromiso social.

- ¿No vienes? – preguntó el, volteándose. A Lucy le pareció ver por un momento sorpresa en su expresión-

- Ehh…si.

Después de lo que pareció una eternidad, ambos llegaron a la esquina, silenciosos. Sin muchas esperanzas, intentó algo, sacando lo que tenía en el bolsillo de su pantalón.

- ¿Quieres limpiar tus manos? – preguntó extendiendo hasta él un sobre de pañitos-

Latis tomó el sobre y extrajo uno, devolviéndole con suavidad el paquete.

- Gracias

- No hay problema –dijo ella, pasando uno de los pañitos por sus manos, al igual que hacía su interlocutor- siempre cargo un par, sobre todo cuando debo…¡oh!- hizo una pausa, con los ojos fijos en el infinito, recordando- ¿Qué hora es?

- Son…-Latis miró su reloj- las 5:15

- Oh no, no. ¡Es muy tarde! –Lucy comenzó a apartarse, hacia la derecha-

- ¿No vas hacia tu casa? – notó el, viendo que avanzaba sin intenciones de cruzar la acera-

En la mañana, le habían encargado conseguir un presente para los Kuroda, en retorno por la invitación. Su madre le había recomendado comprar un pastel o alguna delicia de la panadería francesa que estaba a unas cuadras de distancia. Pero ella, enredada en la emoción de la cena de esa noche y en las tareas diarias, lo había dejado para lo último y luego, casi olvidado por completo.

- Tengo que comprar algo – confesó con urgencia-

- ¿Vas al supermercado?

- Algo…así. Voy a la cafetería francesa –respondió parca. No podía decirle que había olvidado el presente que debían llevar a la cena-

- Te acompaño

Dos palabras. Tan simples, tan maravillosas. ¡El sólo pensar en caminar con él, solos, en poder realmente tener una conversación decente...! Era la oportunidad para acercarse, para que por fin pudieran cerrar ese día nefasto, y sobre todo, necesitaba ese espacio, para que el dejara de odiarla.

Sin embargo, en aquel momento, comenzó a dudar que su objetivo fuera sólo el perdón. Había algo en Latis que le emocionaba sobre manera. Había algo en sus ojos, en la forma en que la miraba, en ese silencio que ya no parecía tan denso…

Pero Latis no podía acompañarla. ¿Cómo podía ir con ella, si la idea era llevar un presente a la cena?

¡Contéstale!

- Me gustaría, si…pero debo encontrarme con alguien –mintió, haciendo una mueca y arrastrando los pies-

Latis tardó en contestarle un largo segundo

- ¿Con alguien? – repitió frunciendo ligeramente su frente-

Por eso no le gustaba mentir, ¡era una terrible mentirosa!, así fueran mentiras blancas. ¡Ahora Latis creía que iba a incumplir la cena de esa noche! ¡Tenía que salir de ahí, o seguiría cometiendo errores espantosos!

- Es algo importante, ¡pero ten seguro que regresaré a tiempo para la cena! – dijo dando tres pasos hacia atrás- ¡Nos vemos esta noche! ¡Perdóname!

Lucy arrancó a correr, por alguna razón necesitaba correr y correr, a pesar que su mente le gritaba que estaba empeorando las cosas con esa actitud infantil…A pesar de querer quedarse, para saber por qué Latis se había ofrecido a acompañarla.


La puerta se cerró con un fuerte golpe

- Ya era hora que volvieras, hermanito – le espetó Zagato, apoyado en el trapeador, con una expresión hastiada-

Latis le lanzó una mirada furiosa y pasó derecho, ignorándolo. No estaba de genio para lidiar con quien le había hecho toda la tarde imposible.

- ¿Qué pasó Latis? ¿Decidiste que el futuro estaba en el reciclaje? – gritó Zagato, disfrutando de su enojo-

No se molestó en contestarle. Pasó derecho a la cocina a buscar a su madre.

La señora Kuroda estaba abstraída, mirando por la ventanilla del horno el estado de la carne que llevaba ya unos minutos cocinándose.

- ¿Falta algo? – preguntó el recién llegado en tono agrio-

Su madre se volteó despacio para verle la cara y levantó las cejas al encarar a su hijo menor.

- ¿A qué debemos esa expresión? –preguntó sonriendo, con un brillo curioso en los ojos-

Nada, absolutamente nada. La chica por la estamos todos encerrados un Sábado en la tarde arreglando la casa y cocinando, no desea que le ayude, ni que me acerque, y tiene a alguien muy importante esperándola en alguna cafetería, con el que deberá disculparse por no poder salir esta noche ya que sus padres le obligaron a ir a una cena con los vecinos de al frente.

Latis respiró hondo. Nunca antes había sentido semejante desazón, ni tantos deseos de golpear una pared.

- Zagato, con sus comentarios –dijo finalmente, sintiéndose como un crio echándole la culpa de sus desdichas al hermano mayor-

Su madre se quedó observándolo en silencio. Por fin, una sonrisa cómplice se dibujó en su rostro.

- Ven, quiero mostrarte algo- declaró mientras se quitaba los guantes de caucho que usaba para sacar las bandejas metálicas del horno-

- La carne…

- Todavía tomará su tiempo, vamos.

Latis la siguió hasta el segundo piso, a la habitación principal, como un perro regañado. Al entrar, la fragancia del jazmín le inundó los sentidos, y elevó recuerdos gratos en su memoria, recuerdos de infancia.

La vio buscando, revolviendo sus pertenencias dentro un cofre de madera lisa, que se encontraba en una esquina del sencillo tocador que ella utilizaba todas las mañanas para peinarse, diagonal a la enorme cama que ocupaba la mayoría del espacio.

- ¡Aquí esta! Siéntate aquí – dijo saltando sobre la cama como una jovencita de 15 años y palpando el colchón con varios toquecitos-

Obedeció. Se sentó al lado de su madre, que sonreía hacia un objeto redondo en sus manos.

- Voy a contarte algo, y espero que no te enfades conmigo, ¿bien? –inquirió buscando por una afirmación por parte del joven- Aquí voy. Cuando te tenía en mi barriga, tu padre y yo siempre pensamos que íbamos a tener una niña. No me hagas esa cara Latis. En esa época los servicios médicos no eran tan buenos como hoy en día, con tantos controles y cosas. Nos fiábamos más por la forma del estómago y ya sabes…por la manera en que te concebimos. Se supone que si el hombre se pone de pie y la muj…

- Mamá….

- Si, está bien, demasiados detalles. Bueno, el caso es que tu abuela en ese entonces, justo antes de que enfermara, me llamó un día para entregarme esto.

Le puso sobre sus manos una joya delicada. Era un collar dorado, con finos grabados alrededor de un espejo antiguo, que según la textura y su superficie, con seguridad había sido hecho a mano. Latis lo inspeccionó detenidamente. Sencillo pero hermoso.

- Tu abuela quería que se lo diera a nuestra hija cuando naciera. Pero luego, boom. Apareciste tú. Un hermoso bebe llorón.

- ¿Por qué me das esto?

- Porque al poco tiempo de esa charla, tu abuela murió, antes que llegaras a este mundo. Yo conservé el collar, pero sabía que no era mío. Ella quería que se lo diera a nuestra hija ¡o hijo!, en este caso. Después de mucho tiempo, después de que tu padre muriera, me puse a pensar en que esa hija bien podría venir desde alguno de ustedes dos. Este es el regalo de tu abuela, para ti. Espero que sepas lo importante que es, y espero que sepas dárselo a quien lo merezca. Alguien especial, alguien con quien quieras estar por siempre y obvio, ella debe querer lo mismo.-mencionó abriendo sin mesura sus inteligentes ojos violetas, para que quedara claro- Puede que hoy no sepas quién pueda ser digna de él, pero algún día estoy segura que lo sabrás.

La señora Kuroda se limpió los ojos. Eran unas minúsculas lágrimas traviesas que no deberían estar allí. Se levantó de la cama, y se dirigió hacia la puerta, dejando a Latis con el objeto, confundido, con sus sentimientos de rabia entremezclados con un destello de esperanza.

- Mamá, ¿Por qué ahora?

- Si algo me enseñó la muerte de tu padre, es que las cosas están para ser disfrutadas mientras haya alegría, y vida. – respondió ella, sin voltearlo a mirar-


La señora Shidou escuchó la puerta de su casa, y el paso apresurado de Lucy, que ingresaba como una jauría africana a la sala, corriendo, porque era tardísimo.

La observó desde la planta superior, asomada a la baranda que daba contra las escaleras que bajaban a las áreas comunes.

- ¡Siento haberme tardado tanto! –gritó sin compasión alguna, desde la cocina, para que toda la casa temblara con su voz-

- ¡Cámbiate! –gritó así mismo ella desde el segundo piso- ¿vivimos al frente y vamos a llegar tarde?

- ¡Voy voy!

El tornado Lucy pasó por su lado y se encerró en la habitación. Tenía sus dudas sobre esa cena, pero no podía negar que su hija estaba muy contenta con la ocasión.

Un recuerdo llegó sin ser invitado. Era Lucy, su pequeñita, que acababa de cumplir 8 años, en una camilla del hospital, con una mascarilla de oxígeno. Se transportó allá, a ese tenebroso día. Ese día que quería enterrar en su memoria, pero que renacía a veces de improviso, como un terco fénix.

Llegó tan pronto pudo, nunca en su vida había corrido tanto, con el corazón en la mano, temiendo lo peor pero rogando a los cielos para que su imaginación le estuviera jugando una mala pasada.

La enfermera le condujo a la habitación. Allí estaba, su bebé, en la camilla de la derecha, conectada a los aparatos, disminuida, con sus ojitos cerrados, como si durmiera. Sin reparar en las otras personas presentes en el cuarto, se abalanzó sobre Lucy, tocando sus manos, su cabecita, mirando el brazo inmovilizado que hacía que colgara como un títere descompuesto.

- ¿Estará bien? -Preguntó hacia la enfermera, con voz ronca, casi ahogada, con una enorme carga de culpabilidad sobre los hombros, por haberla dejado con esa niñera estúpida; sabiendo que si quedaba alguna secuela de todo esto, jamás podría perdonárselo-

- Está estable, pero necesita reponerse. El oxígeno le ayudará a sus pulmones. Su brazo izquierdo tuvo un traumatismo, creemos que soldará bien; también sufrió un esguince en un pie, pero nada de gravedad, aparte de unos arañazos y unas quemaduras leves en las puntas de los dedos. Debe agradecer que la sacaron de allí a tiempo.

- ¿Dónde está? Me dijeron que mi vecina…

- Justo a su derecha

Volteó, Kuroda Akemi estaba apoyada en la camilla de al lado, donde estaba su hijo menor. Le miraba como si le debiera una disculpa por lo que estaba pasando.

- Perdóneme Akemi, no la vi –dijo acercándose hacia ella, con lágrimas en los ojos y dejándose llevar por las emociones que había contenido hasta ver con sus propios ojos a su hija, abrazó con efusividad a la persona que había salvado la vida de lo que más quería en el mundo- Gracias. Oh…gracias, gracias

- Está bien– convino ella, recibiendo sin problemas el abrazo- pero yo no salvé a Lucy. Fue mi hijo, Latis.

- ¿Latis?- exclamó confundida y soltó el abrazo, para observar al niño que estaba tendido en la cama-

El niño estaba consiente. Sobre su rostro se veían varios arañazos, y sus mejillas estaban rojas, con cierto tizne que sólo dan la exposición inclemente a una temperatura muy alta. Tenía vendadas ambas manos, y la pierna derecha tenía una férula. Sin embargo, de todas sus heridas, había una en particular que le asustaba. Pero no era una herida física.

Eran sus ojos, de mirada perdida, como si su alma hubiera resultado dañada en el incendio. Un vacío insondable, profundo, que sería difícil de llenar.

- Gracias por salvar la vida de mi hija –mencionó con verdadero sentimiento, preocupada ahora por el niño, y por lo que su madre tendría que pasar para sacarlo de dondequiera que se encontraba ahora-

Latis le miró esta vez, directo, sin miedo. Sus ojos estaban brillantes por el llanto.

- Yo sólo quise ayudar a Raikou. Pero no pude sacarlo a tiempo – sollozó-

- Mi amor, Raikou está donde el doctor, debemos esperar – Akemi parecía haber repetido esa frase varias veces, pero sin el efecto deseado-

- Es mi culpa. No lo escogí a él. La escogí a ella. ¡a ella!

- Papá me presentó a Raikou. Y yo lo he decepcionado – las palabras salían a borbotones, llenas de ira, llenas de una oscuridad rampante- Papá ya no está y Raikou ya no está. ¡Y es mi culpa! ¡Yo abrí la reja!

- Amor, por favor, nada de esto es tu culpa. Tú y Raikou salvaron a Lucy. Por favor entiende que gracias a la intervención de los dos…

- ¡NO QUIERO ENTENDER NADA! – explotó Latis, con algo parecido a un aullido- ¡YO SOLO QUIERO A MI PERRO!¡NO ME IMPORTA NADA MÁS! ¡NO ME IMPORTA!

La señora Shidou levantó de casualidad la vista y lo que vio le terminó de partir el corazón. Su hija había despertado, y lloraba, mirando al niño, tras haber escuchado todo lo que él decía.

Latis completó el cuadro de ira tomando la cortina que separaba las camillas, adelantándola lo suficiente para bloquear cualquier mirada.

- Ya estoy lista mamá –dijo Lucy parándose al lado de ella, arreglada con un vestido de color pastel, su favorito para ocasiones especiales-

Suspiró. Allí estaba su hija, con la emoción a flor de piel, con la cabeza en las nubes de pensar en encontrarse con aquel muchacho que alguna vez se había arrepentido de salvarle la vida.

- Llama a tu padre entonces, tenemos una cena.


NOTAS DEL AUTOR

Hola de nuevo! He vuelto! jejeje

Muchas gracias a las personas que se han tomado un tiempito para leer "Raikou" Es un fic que ha superado mis expectativas iniciales. ¿Quién diría que disfrutaría tanto contando este AU? :P

Agradecimientos especiales a quienes han dejado sus reviews: Frany Fanny Tsuki (guau, muchas gracias! que bonito es leerte. No me llegaron las alertas de reviews al correo y hasta ahora me doy cuenta de ellas y estoy super feliz de leerlas! espero que sigas interesada en la historia y me sigas contando que te parece! bienvenida! y gracias adicionales por el favorito) LucyKailu (Si yo se, Eric a veces sale de no se donde a hacer de las suyas jaja. Ya quiero saber que piensas de este cap) Puercopink (no quiero salvarme de tus reviews! ay creo que todas soñamos con el true love de adolescentes ¿no? en mi caso soñaba con Lantis -ok, todavia-. Asio ver tu opinión por estos lares) Lita Wellington (Hola, perdón por tardar tanto, mi vida cambió un poco en febrero de formas extrañas, pero ya estoy aquí. Me alegra que lo del incendio haya surtido el efecto deseado. No dudes en seguir contandome que te parece)

Y no puedo olvidarme de los favoritos! Gracias por los favoritos, son combustible para el word jejeje Anakali, maryamaya1976, . También gracias a los lectores fantasmas y a los que dieron un follow.

Nos vemos en el siguiente cap