CAPITULO 6. LA CENA

El timbre resonó por la casa, insistente.

- ¡Llegaron! –dijo Kuroda Akemi, rebosante de energía, vestida con un hermoso y ceñido vestido azul oscuro que dejaba ver sus piernas justo arriba de las rodillas- ¿Estamos todos listos? Actuemos como si fuéramos una familia normal – bromeó, mirando a Zagato, quien le devolvió una sonrisa encantadora, casi igual a la que utilizaba con las mujeres en la universidad- ¡LATIS! ¡Baja! ¡Llegaron nuestros invitados!

Latis bajó las escaleras de inmediato, con aparente calma, pero en realidad su corazón estaba dando fuertes tumbos. Ansiaba verla, pero estaba aquella molestia que no se había ido desde su último encuentro. Dudaba acerca de cómo debía comportarse.

- Háganse los dos atrás- ordenó la madre- no quiero que los recibamos como si fuéramos a cantar villancicos.

La hermosa mujer respiró profundo, se acomodó por última vez el cabello y se pasó las manos por la cintura, arreglando un poco el vestido. Estaba lista. Con decisión, giró la perilla para recibir a los invitados.

La señora Shidou entró y saludó a su madre, luego el padre pasó con cordialidad, saludando a la dueña de casa y luego a ambos muchachos con un asentimiento.

A pesar de todos los pensamientos de la tarde, Latis no estaba preparado para la visión que acababa de ingresar a su casa. Se olvidó de esa punzante sensación que le había estado pinchando el estómago, que aún no identificaba con la palabra correcta. Se olvidó de la "cafetería francesa" y de la prisa de la chica para alejarse de él. Se olvidó de todo, porque lo que veía le deslumbraba de una forma que jamás habría imaginado.


Una vez saludó a la señora Kuroda, Lucy se acercó al hermano mayor. Desde pequeña, Zagato no era una persona que le gustara encontrarse seguido. Sabía que muchas niñas se sentían atraídas hacia él, incluso en ese entonces, por su semblante seguro, por ser siempre el líder indiscutible de cualquier grupo, y sobre todo por esa aura ambivalente de chico bueno-malo.

Muchas veces fue cruel con ella, sobre todo en el año previo al incendio, en que se acercaba para jugar con ellos. Siempre le gritaba, o le echaba diciendo que el futbol no era un deporte adecuado para una niñata como ella. Incluso cuando lograba que le incluyeran, gracias a la clara intervención de Latis, Zagato se lanzaba en ristre contra ella para que fuera eliminada, tumbándola al suelo sin clemencia. Sorprendida, recordó que incluso en esa época, Latis era quien le ayudaba a levantarse y a sacudirse la arena del cabello.

- Buenas noches , Zagato

- Señorita, Hace mucho tiempo no nos vemos. ¿Recuerda a mi hermano? –dijo señalando despectivamente a Latis, que permanecía callado a su derecha- por culpa de él me perdí una cita el día de hoy.

Lucy sonrió, un poco divertida, pero sin saber si reírse era apropiado. Levantó la mirada, para encontrarse con la de Latis, ya que quizás en su expresión podría encontrar la respuesta a ese acertijo social.

Sin embargo, su sonrisa se desvaneció con suavidad al verlo. Vestía una camisa oscura y un pantalón gris. Todo el conjunto hacía que sus ojos se vieran intensos, enmarcados en su cabello negro, brillante, que caía sobre su cara. No recordaba haberlo visto tan…¿Cuál sería la palabra? Se enredó en sus propios pensamientos y en esa ansiedad, en ese nerviosismo infinito que le recorría todo el cuerpo. Latis le miraba como si hacía unas pocas horas no se hubieran encontrado, con los ojos violetas luminosos, invitándola a hundirse en ellos. Quedó pasmada ante la intensidad de esa mirada, clavada en su puesto, sin escapatoria.


Una voz, lejana se filtró en la barrera invisible que Lucy, con el cabello de fuego cayendo por su espalda, y sus pequeños labios, listos para ser tomados, habían creado a su alrededor.

- Latis, cariño, indícale el camino a los Shidou hasta el comedor. –ordenó su madre, sacándolo por la fuerza del hechizo rojo que Lucy le había tendido, como una suave red que le envolvía los sentidos- Zagato, ayúdame en la cocina.

Latis logró sacudirse algo del impacto, y acompañó a los Shidou al comedor y a los puestos que debían ocupar. Cuando fue el turno de Lucy, tomó la silla y se la ofreció con un asentimiento.

Ella hizo un pequeño gorgorito de dicha, que anotó él como positivo, al tiempo que se sentaba. Al pasar, Latis quedó atontado con la fragancia dulce que despedía su cabello, pero evitó volver a quedar alelado en frente de los Shidou.

- Permiso- se excusó- veré que requiere mi madre en la cocina.


La señora Shidou seguía todos los movimientos de Latis como una leona al asecho. Sabía el efecto que el poco y casi desordenado arreglo de su hija había causado, pero aparte de saber que Latis respondía como cualquier muchacho ante la belleza de Lucy, eso no le decía si sus intenciones eran sanas o no. Le preocupaba que todo esto fuera un juego para hacer caer a su niña en una trampa en que el amor no tenía nada que ver. ¿Latis deseaba venganza? ¿Deseaba usar el arrepentimiento de Lucy para obtener una conquista fácil? ¿O por el contrario, sus deseos eran sinceros?

Pero ahora había otro problema. Antes había visto que Lucy estaba deseosa de hablar con Latis, seguramente buscando su perdón, pero esa noche había visto algo más, que le preocupaba.


En la cocina, Latis sacó del horno los filetes de carne y procedió a servirlos con diligencia. Zagato, al lado, revolvía la ensalada que debía servir en los pequeños recipientes que tenía sobre la barra.

- Quién lo diría –dijo en voz baja acercándose a Latis- la niñata llena de arena y morados en sus rodillas

- ¿Quién diría qué?

- Pues que tienes buen ojo hermanito. Puede que esta cena después de todo no sea tiempo perdido. – Zagato levantó las cejas en un gesto vicioso-

- Aléjate de ella –Latis sentía la piel hirviendo ante la insinuación de su hermano-

- No me malentiendas. Yo no juego en el kínder. Sabes que lo mío son las grandes ligas. Sólo digo que no me lo esperaba. Relájate.

- ¡Apúrense ustedes dos! – susurró con rabia su madre, mientras trasvasaba el té a una jarra-


La conversación fluía sin contratiempos. Latis se maravillaba con la desenvoltura con que un tema y otro eran planteados por su madre, para incluirlos a todos, a pesar que el mismo no participara siempre. La razón era simple: sentado al frente de Lucy, su atención se desviaba continuamente.

A pesar de eso, el encuentro anterior seguía presente en la memoria, amargando el momento, tanto que en ocasiones rehuía el contacto visual directo con Lucy, quien sonreía todo el tiempo, excepto cuando se encontraba con sus ojos.


Lucy había tenido altas expectativas de la cena. Incluso el gesto de acercarle la silla había sido perfecto, como de un cuento de hadas. Ver a Latis hablando con sus padres, interviniendo una que otra vez, pero de forma natural, le llenaba de gozo.

Pero no todo era perfecto. Algo le incomodaba. Latis parecía molesto con ella, y cada vez que buscaba su sonrisa tras alguna ocurrencia de la señora Kuroda, o de su propio padre, esquivaba su mirada. ¿Por qué?

- Deliciosa cena –elogió su padre- sus hijos son muy afortunados al tener una cocinera como usted

- Zagato es muy bueno cocinando también. El me ayudó con mucho de lo que hoy estamos disfrutando

- ¿Zagato? ¿De verdad? –la señora Shidou sonreía hacia el mayor de los Kuroda-

- Aprendí desde pequeño. Debía cocinar para que mi hermanito dejara de lloriquear.

- Eso no es cierto –interpeló el aludido- en gran medida mamá nos dejaba la comida ya hecha

- Pensé que ibas a decir que no lloriqueabas –Zagato se rio con ganas-

Latis cerró los ojos con una sonrisa en la cara, sabiendo que había caído fácilmente en la broma de su hermano y que no tenía cómo defenderse. Le gustaba verlo así, mostrando esa rara sonrisa. Ansió tener ese poder, el poder de hacer feliz a Latis.

Esta vez, al abrir los ojos, Latis se encontró con ella, y no pudo, o no quiso esquivarla. El gesto de alegría se desvaneció, pero permaneció otro, que recibió gustosa, sin saber su significado.

- Ahora, el postre – anunció la señora Kuroda-

- Nosotros hemos traído algo- dijo su madre- Lucy, ¿lo podrías servir? Lo he dejado en el recibidor.

- ¡Claro! – respondió de inmediato, saltando de la silla como un ringlete-

- Latis, ayuda a Lucy a ubicarse en la cocina, y de paso sirve un bocado del nuestro.

- Yo también puedo ayudar –mencionó la señora Shidou, haciendo el ademán de levantarse de la mesa-

- Deja a los chicos hacer algo el día de hoy –dijo la anfitriona, restándole importancia- ¿quieren una copa de vino?


Lucy le siguió hasta la cocina, con una caja grande en las manos.

- Tu casa es muy bonita – dijo ella, dejando la caja sobre la mesa auxiliar- y tu mamá es maravillosa.

- Gracias. Lo que dice tu padre es verdad. Tenemos suerte de tenerla.

Latis se dirigió a la alacena para sacar los platos. Lucy se acercó a él, y se paró justo al lado. El aroma suave de Lucy hizo que se le acelerara el pulso.

- ¿Dónde está el postre que dijo tu mamá?

- En el refrigerador

- Ya lo traigo –aseguró caminado hacia la otra esquina- ¿Quién lo hizo?

- Zagato –confesó con cierto desdén-

- Así que era cierto que es buen cocinero

- Primero tendrás que probarlo –Latis estaba dejando atrás su mal humor, al ver que ella sonreía-

- ¿Puedo probarlo aquí? ¡Se ve delicioso!

- No creo que nadie se dé cuenta –concedió, disfrutando de la propuesta de Lucy-

Lucy trajo la bandeja circular con el postre. Era el famoso tiramisú del que tanto se vanagloriaba Zagato, pero que el secretamente odiaba. Latis sacó un cuchillo del cajón y se lo entregó girando la hoja para dárselo por el mango.

Lucy cortó el poste para sacar una rebanada. Lo sirvió en un plato que Latis le acercó, solícito, junto con una cuchara. Ella partió un pedacito, y se lo llevó a la boca. Al probarlo, abrió los ojos, y una sonrisa de deleite cruzó su rostro. Saboreó la cuchara y tomó otro pedazo.

- ¡Está delicioso! ¡Increíble! ¿Zagato es capaz de hacer esto? ¡Nunca lo habría imaginado! –soltó mientras seguía partiendo pedacitos para llevarlos a sus labios con ansia-

- Uno de sus muchos talentos –respondió Latis con ironía, levantando los ojos hacia el techo-

- ¿Tú también sabes hacer postres?

- No…me llama mucho la atención. Quedé algo hastiado de los postres cuando crecíamos.

- ¿Hastiado? – Lucy giró su cabeza sin comprender semejante cosa inaudita- ¿no te gustan los dulces? ¡Eso no puede ser!

Lucy dejó el plato sobre la larga barra, y caminó hacia la mesa auxiliar

- Zagato no siempre cocinó de esa manera. Para llegar a ese punto, hizo muchas pruebas, y adivina quién tenía que comerse todos los fracasos para que nuestra madre no se diera cuenta que habíamos desperdiciado los ingredientes.

- ¿Te obligaba a comerte los postres? –Lucy rio, mientras soltaba las cintas y destapaba la caja -

- Ni siquiera Raikou se los comía, y si los echábamos a la basura, nos descubrirían seguro.

La chica regresó con un plato, donde había puesto una pequeña rebanada de pastel

- Toma – dijo ella, ofreciéndolo- tienes que probar éste.

- ¿Qué es?

- Sólo pruébalo. ¿si?

Lo recibió. Odiaba los dulces, pero no podía dejar a Lucy con el brazo extendido, menos cuando parecía que todo estaba saliendo tan bien. Si era un postre que le daba ella, se lo comería y aparentaría que le encantaba.

- ¿Y este postre, de dónde salió?

Lucy guardó silencio. Algo le había sorprendido. Esperó la respuesta, mientras hundía la cuchara en el esponjoso y suave ponqué.

- Lo…compré. – dijo al fin Lucy, pasando de largo para servir el resto-

Latis miró hacia la mesa auxiliar, y se fijó en la caja. El conocía ese logo. Era de la "cafetería francesa". Miró el plato como si se pudiera indigestar con él.

- ¿Lo compraste hoy? –preguntó, dejando el ponqué en la barra, intacto, sin probarlo-

Lucy se afanaba en servir el tiramisú, enmudecida de repente. Latis se animó a ayudarle. Quizás esa actividad apaciguara un poco esa sensación agria que sentía subiendo por el estómago.

- Si –respondió al fin, al tiempo que servía la tercera porción- lo compré hoy.

- ¿Alguien te lo recomendó? –Latis sentía que las palabras salían, pero no podía controlarlas de forma efectiva para que no le hicieran daño-

- El hijo del dueño estudia en mi escuela. –Lucy respondía de forma temerosa, como si no quisiera darle demasiada información- Me dejaron probar varios.

El hijo del dueño

Trató de pensar en sus visitas a la cafetería, pero no logró ubicar a la persona que ella mencionaba. Una imagen de Lucy, siendo mimada por un muchacho sin rostro, dándole bocados, limpiando sus labios, hizo que se le revolviera el estómago. No podía seguir haciendo esto.

- Ya veo

- No probaste el pastel…-señaló Lucy, mirando el plato servido- es de chocolate oscuro. En realidad no es tan dulce. Lo escogí pensando en…

- No tengo hambre –cortó sin querer saber en qué podría estar pensando Lucy en aquella cafetería a la que con tanta prisa había ido esa tarde-

El ruido de unos tacones les hizo concentrar su atención en la puerta

- Se estaban demorando mucho, así que supuse que requerían ayuda – mencionó la señora Shidou-

- Falta cortar algunos pedazos del nuestro –le indicó Lucy, alejándose de Latis como si le hubieran pillado haciendo algo malo-

- Bien, vamos a servir entonces.


Los postres estaban servidos en la mesa, y una botella de vino tinto adornaba el centro del comedor. La señora Kuroda levantó una copa para hacer un brindis

- Por las viejas amistades –dijo la madre de Latis- que sigamos contando por largo tiempo con ellas.

- ¡Salud! –respondieron los padres de Lucy, alzando sus copas-

Comieron sin recato de ambos postres. Latis revolvió su plato, haciendo que comía. Lucy le miraba de reojo con tristeza.

La velada terminó sin contratiempos. Los Shidou se dispusieron a salir. Estaban colocándose sus abrigos cuando alguien tocó la puerta.

- ¿Quién podrá ser a esta hora? –preguntó arrastrando la voz, mirando hacia Zagato, que tenía un semblante lívido-

- Yo abro- se ofreció el hijo mayor, con demasiada presteza, caminando a grandes zancadas-

Zagato abrió la puerta, pero cuando vio lo que estaba del otro lado, la cerró, quedándose él afuera.

- ¿Pasa algo malo? –la señora Shidou se estaba inquietando-

- Nada, nada –aseguró Akemi- Latis, nos hemos olvidado de Raikou, ¿por qué no lo traes para que salude y de paso le damos el filete que escondiste?

Latis sonrió por la perspicacia de su madre, asintió, y salió por la puerta principal, tratando que la conversación de afuera no se filtrara a la casa.

Lo que encontró allí no le sorprendió, pero era un contratiempo que no deberían tener esa noche. No enfrente de los Shidou.

Una muchacha muy atractiva, vestida con unos jeans apretados, una blusa diminuta y un largo gabán de cuero negro estaba enfrente a su hermano, con los brazos cruzados sobre su abundante pecho.

- ¿Por qué no contestas mis llamadas, Zagato?

- Alanis, baja la voz, por favor. No hagas un escándalo. ¿Qué haces en mi casa? Te he dicho que no es el lugar, y menos el momento. –decía su hermano, molesto-

- Dos semanas Zagato. ¡DOS SEMANAS! ¡Pero claro! Tú puedes llamarme cuando quieras, para salir, para divertirnos, pero sin compromisos, ¿no es así? ¿no es esa tu frase?

Latis no quería interceder en ese drama, así que llamó a Raikou, quien estaba escondido en su casa, mirando con algo de miedo hacia la mujer que gritaba a su otro amo.

- Ven Raikou. Lucy está dentro. ¿No te gustaría verla?

El pastor ladró contento, y salió de la perrera para seguir a Latis

- YA ME CANSÉ. ¿Oiste? –seguía la mujer-

Raikou se puso alerta ante la actitud de la mujer, y ladró para hacer notar su presencia

- Estás asustando al perro –le dijo Zagato-

- ¿Te refieres a ti? –replicó Alanis con astucia-

Latis no pudo evitarlo y se rio por lo bajo. Se aseguraría de recordar esas palabras por laaaargo tiempo.

- Arreglemos esto en otro lugar, ¿quieres? – Zagato tomó a Alanis por el brazo, y a pesar del evidente enojo de la mujer, esta se dejó conducir, pero sin olvidar su retahíla-

- ¡En buena hora quieres hablar conmigo! ¡Sólo el drama te sienta Zagato!

- Dile a mamá que volveré en un rato Latis

- Muy bien

Los vio alejarse. Raikou se sentó a su lado, observando la curiosa pareja, mientras desaparecían al final de la calle.

- Vamos adentro. –dijo Latis, agachándose y tomando la cara de Raikou entre sus manos- Tal vez tú eres el único que puede salvar esta noche.


Para Raikou las cosas eran muy simples. Lucy=cariño=galletas. Se lanzó hacia ella sin dilación, y levantó su cuerpo para poner las patas al nivel de los brazos de la muchacha.

- ¡Wow! –exclamó el señor Shidou- hace mucho que no lo veía. ¡Está enorme!

- ¡Qué lindo chico! ¿Quién es el chico más lindo?–decía Lucy, ya de rodillas, acariciando la cabeza blanca de Raikou, que batía la cola e iba de un lado a otro-

- Latis, dale su filete en la cocina –dijo la anfritiona- y limpia sus destrozos, ¿quieres cariño?

Asintió, y caminó hacia la cocina. El perro no se separó del lado de Lucy.

- Raikou, ¡vamos!

Latis no podía creerlo. Su Raikou estaba tan encantado con la invitada, que no le importaba las promesas de comida de podría obtener en la cocina. Ojalá las cosas fueran tan sencillas para el.

- ¿Y tu hijo mayor? –inquirió la señora Shidou-

- Recibió una visita de la universidad. –acertó a decir Latis, para que su madre no tuviera que contestar- Un trabajo pendiente. Muy importante.

Su madre intercambió una mirada de gratitud con él, comprendiendo a qué se refería.

- Bueno, espero que no tenga que trasnochar demasiado. Lo saludas de nuestra parte. Fue una velada encantadora. Muchas gracias Akemi –se despidió la señora Shidou- Lucy, deja al perro ir por su comida.

- Mamá, déjame acompañarlo un poco, ¿si? –rogó al tiempo que acariciaba la panza de Raikou, que ya estaba rendido a sus pies-

- Es tarde

- No te preocupes, yo me aseguro que no se demore. –se ofreció Kuroda Akemi- ¿Por qué no se adelantan?

- No quiero molestarla

- No es molestia, no se preocupe. Lucy estará en su casa en 15 minutos.

La señora Shidou no parecía muy convencida, hasta que su esposo decidió intervenir.

- Vamos, estoy cansado. Ha sido un día largo. Lucy, quince minutos, ¿estamos claros?

- ¡Gracias papá! –dijo Lucy, poniéndose de pie, a lo que Raikou también se puso alerta-

- Gracias por todo. Es usted una excelente anfitriona –cerró el hombre-

- Me halaga. Gracias a ustedes. Espero que vuelvan.

- Quince minutos Lucy –repitió la señora Shidou-

- ¡Si señora!

Los Shidou desaparecieron tras la puerta, su madre le miró con una pizca de picardía. No podía creerlo. No podía creer lo que había hecho.

- Estoy muerta –dijo hacia los dos muchachos, subiendo las escaleras- estaré arriba.

- Gracias señora Kuroda –mencionó Lucy- su invitación me alegró mucho.

- Esta es tu casa Lucy, siempre que quieras. Ahora ve a darle de comer a Raikou.

Lucy se adentró en la cocina, hablándole cariñosamente al perro, que no se alejaba de su lado.

- Tienes 15 minutos hijo. Sólo 15 minutos. ¿Entendido? Ve que se te acaba el tiempo.


NOTAS DEL AUTOR

y mira que la inspiración estaba ahi, encerradita un Sábado en la tarde XD

Les dejo un bonus de actualización (creo que nunca antes visto en el tiempo que llevo publicando), Muchas gracias a quienes leen Raikou y me hacen seguir escribiendo, siempre con los deseos que la historia los haga tan felices como a mi. Gabyhdz (y mira que se cumplió el pronto. Gracias, déjame saber qué piensas de este cap) LucyKailu (honrada me siento de estar siquiera en ese ranking, y mas porque digas eso. Claro que si, todos los recuerdos tienen un propósito que ya se verá poco a poco :P mil gracias por escribirme tu opinión. Sin tu apoyo Raikou no sería lo que es... y como ves, tu petición ha sido escuchada) maryamaya1976 (Gracias a ti por leer, por tu favorito y por escribirme. Quiero saber que piensas de este nuevo cap) PuecoPink (ahh que bueno leerte de nuevo, SI! es por eso la reticencia de la mamá de Lucy. Pero no podemos culpar al pobre Latis, estaba lidiando con mucha culpa en ese momento. Como dice Frany Fanny Tsuki Latis es un pan de Dios)

A los lectores fantasmas, un saludo, déjenme saber qué piensan de Raikou. Un abrazo. Nos leémos a la próxima