All you have to do is stay a minute
Just take your time
The clock is ticking, so stay
All you have to do is wait a second
Your hands on mine
The clock is ticking, so stay
Stay - Zedd and Alessia Cara
Capítulo 7. Quédate
Lucy caminaba con Raikou al lado, hacia la cocina. Latis se había quedado atrás hablando con la señora Kuroda.
- Creo que empeoré las cosas – dijo en un susurro apenas audible- Nunca debí haberle mentido.
Raikou la miró con atención, como si estuviera descifrando un rompecabezas. Lucy suspiró, ordenando sus ideas para saber qué debía decir para enmendar la situación.
Latis apareció detrás de ella, siguiéndole el paso de cerca. Para su tranquilidad, el muchacho fue directo hasta el horno, para sacar el último trozo de filete que había reservado. El perro se despegó de la invitada al oler el delicioso aroma de la carne y se plantó al frente de su amo, gimiendo por lo bajo.
- Si, si, es para ti, cálmate –decía Latis, condescendiente, mientras cruzaba la cocina, buscando el plato del impaciente comensal– no tienes por qué llorar.
Se inclinó para alcanzar el recipiente, pero al tiempo que lo hacía, Raikou saltó para alcanzar la bandeja sobre la que descansaba la carne. Latis se irguió de nuevo, tratando que el pastor no llegara hasta su objetivo.
- ¡Paciencia Raikou! – le espetó con suavidad al perro, que se limitó a sentarse en sus cuartos traseros y gemir otra vez, a lo que Latis alzó los ojos y negó con la cabeza-
- ¿Puedo ayudarte? – preguntó Lucy, acercándose y tomando el plato en sus manos-
El muchacho se quedó observándola en silencio, y sin decirle una palabra, depositó con cuidado el bocado de carne en la superficie plástica. A Lucy le pareció que su gesto relajó el semblante de Latis, pero no estaba segura. Al menos era un comienzo.
Raikou gemía y daba pequeños brinquitos para constatar que aún la carne existía y no se había desparecido en el universo paralelo de las comidas no disfrutadas.
- No llores Raikou –dijo Lucy, con el plato en la mano, dejándolo en el suelo al alcance del perro- toma, es todo tuyo.
No necesitó mayor invitación. Raikou atacó el recipiente presto a desaparecer su contenido.
- Hoy está muy sentimental y manipulador –mencionó Latis, observando a Raikou, enajenado por la delicia que estaba consumiendo- Nunca llora tanto por un filete. Debe ser porque estás aquí.
Lucy volteó a ver a su interlocutor, que le regaló una mirada profunda, brillante, que le aceleró el pulso. Sintió la temperatura subiendo por sus mejillas, y apenada, desvió la mirada para concentrarse en Raikou, que ya había dado buena cuenta de lo que le habían servido.
Tenía 15 minutos. Su imaginación dibujó un reloj omnipresente que marcaba los segundos, uno tras otro presionándole con su compás a tomar acción. Presentía que era su última oportunidad para acercarse, para tener algo más que los conectara.
Lucy le miró por unos segundos para luego apartar sus ojos. ¿Ella se había quedado esos 15 minutos de más sólo por Raikou, o quizás…?
- Sé lo que piensas, pero… -comenzó ella-
Esperó sus palabras, congelado, preparado para lo peor. Lucy al igual que Zagato y su propia madre, finalmente lo había notado. Sabía lo mucho que le gustaba, sabía que la parafernalia de esa noche había sido una pantalla para acercarse a ella. Y ahora venía el PERO, el gran PERO.
- yo…lam…
No. Él no podía computar eso. El tic toc del reloj llenaba sus oídos, demandándole hacer algo. Se le acababa el tiempo. Las palabras se hicieron incomprensibles, y la anterior pausa hecha por la chica se alargó difuminándose en el espacio-tiempo, doblando, aprisionando y empujando lo que él conocía como realidad. Lucy movía sus pupilas para un lado y otro, Latis sabía que estaba diciendo algo, pero toda su atención sucumbía en el rostro, las pestañas…esos labios, que se movían, que debían ser tan suaves al tacto. Mientras tanto, el reloj invisible seguía marcando los segundos en su cabeza.
A pesar de saber que sus posibilidades eran cercanas a cero, continuaba hechizado, avanzando despacio hacia esa hermosa visión de fuego, la misma que le instigaba los pensamientos más tiernos y raudos a la vez, que le desestabilizaba, que hacía un nudo con sus neuronas, tal como ahora, dejándole sólo la electricidad, el impulso…
- ento lo del pastel
Paró en seco. La palabra le desconcertó, y de un golpe le conectó con el momento. La frase le tomó por sorpresa, y frenó sus instintos, que ahora parecían fuera de lugar. Muy fuera de lugar ante la inocencia del tono, y de la palabra que creía haber escuchado, en medio de lo que se asemejaba a un "lo siento". ¿Había algo más dulce que Lucy disculpándose acerca de un pastel?
Retrocedió la poca distancia que había avanzado hacia su rostro, distancia que ella parecía no haber notado.
- ¿Pastel? – repitió mecánicamente. Necesitaba estar seguro de lo que había escuchado.
¿Pastel? ¿Cuál pastel? ¿Se había perdido de algo?
- Si. Sé que estás enojado. Lo lamento, en serio. No quería terminar así la velada. Estuvo mal.
Recapituló con rapidez. ¿Pastel? El pastel, claro. El pastel de la panadería francesa que él había dejado de probar porque se le atragantaría de sólo pensar de dónde había salido.
- No estoy enojado – dijo con tiento, sin creérselo tampoco-
- ¿Seguro? – preguntó, con la mirada atenta en su expresión, examinándole con curiosidad- Estás empequeñeciendo los ojos –dijo ella con una sonrisa tímida, la cual apagó de inmediato- Este…sólo quería decirte que no debí salir corriendo a comprarlo. No quiero que tengas un mal recuerdo de esta noche.
- No debes disculparte por eso – aseguró, derrotado por esos ojos marrones titilantes, que le instaban a una respuesta-
Lucy sonrió con sinceridad pura. Era una sonrisa franca, que podía iluminar la casa entera. La duda aún le corroía por dentro, pero él no tenía la fuerza necesaria para oponerse a esa luz. Además, estaba aquella frase que ella se había arrepentido de decir. ¿Así que estaba empequeñeciendo los ojos? Pocos sabían leer sus expresiones, y le sorprendió que ella fuera una de esas personas. Aquello era imprevisto, pero enormemente grato. Se sintió contento y casi orgulloso de su mal genio.
- Parece que Raikou ya terminó su cena ¿no es así chico? – preguntó ella hacia el pastor, que encantado de que por fin le prestaran la atención necesaria, se acercó para ser mimado, lo cual consiguió sin problemas- Bueno, creo que debo irme. Gracias por todo, Latis
Lucy se alejó un paso, decidida a irse. El aroma de su cabello pasó a su lado, y un vacío que prometía oscuridad le golpeó el alma.
NO
Lucy notó su corazón latiendo rápido, a una velocidad que jamás pensó posible, al sentir la mano de Latis sobre la suya propia, deteniéndola, inmovilizándola con un suave pero firme contacto.
Lo supo. Al voltearse para enfrentar a ese personaje silencioso, que le miraba a través de un brillo violeta intenso, poderoso, electrizante; lo supo. Era algo que no había querido identificar, a lo que no le había puesto el nombre correcto.
Le gustaba. Latis le gustaba. Mucho. Y lo quería. Mucho. Quizás desde hace tiempo atrás, incluso antes de todo el horrendo episodio del incendio, el cual les había dejado cicatrices invisibles que ninguno había podido sanar. Lo quería desde esos lejanos atardeceres de la infancia en que su callado vecino le ayudaba a sacudirse la arena, que le daba la mano para levantarse, que le llevaba agua para lavar los raspones en las rodillas. Lo quería como el que le había salvado la vida, como el que le había abrazado en medio del infierno, uniéndose a su llanto y como el hombre que ahora le impedía moverse a gracias a esa mirada.
- Quédate –dijo él, sin soltarle. La solicitud no era un ruego, ni una orden. No lo sintió así. Era…¿una esperanza?
- Tenía 15 minutos, y mi madre… –replicó, hablando con la verdad, tratando de seguir las reglas, escondiendo su verdadero deseo. Lo que menos quería era irse, y menos si Latis seguía sosteniéndole la mano-
- 5 minutos. Quedan 5 minutos.
Asintió. No sabía si era cierto, pero ella podría darle 5, 10 minutos, un día si quisiera. El hecho que él tuviera tan claro el tiempo que les había sido concedido era extraño…y emocionante.
Con suavidad, Latis le soltó la mano. Raikou se acercó a Lucy, y la atmósfera pareció disminuir la tensión, una tensión que era miedo, que era expectación, nerviosismo. Que era incluso, felicidad.
Quería más. A pesar de su atrevido gesto, que había surtido efecto, Latis quería más. Por eso, se le ocurrió una idea. Se giró, y luego, sabiendo que era el lugar apropiado, se sentó en el suelo, apoyando su espalda contra la alacena. Raikou a fuerza de la costumbre, al ver a su amo en esa posición, se soltó de Lucy y fue a tumbarse sobre sus piernas.
- ¿Los Sábados vas a la escuela? –preguntó mientras acariciaba la cabeza de Raikou, que apoyaba su hocico y las patas delanteras en la pierna izquierda de su amo-
- No, normalmente no…-respondió ella, dejando en vilo las palabras, pendiente del perro, e intrigada por lo que acababa de hacer- ¿Siempre hace eso? ¿Se hace un ovillo en tus piernas?
- Cuando me siento así, es que le voy a cepillar. Pero esta noche está muy consentido para seguir alimentando manías – anunció tomando la cara del pastor entre sus manos, con tono jovial. Luego, hizo una pausa y se dirigió hacia su invitada - ¿Por qué no te sientas?
Lucy se rio, y caminó hacia ellos para deslizar su espalda por la alacena, sin el más mínimo cuidado por su vestido. Raikou se acomodó para que sus patas traseras tocaran las piernas de Lucy lo suficiente para sentirse acompañado.
Latis sonrió. Sus acciones no podían delatarle más. Atraer al perro para tener una excusa y así tenerla cerca. Y ella accedía. Su pulso tomó un viaje en caída libre al percibir el perfume suave y el roce de su cabello contra el hombro.
- ¿Y tú? – preguntó ella, retomando la conversación, al tiempo que pasaba sus manos sobre el pelo blanco y suave de Raikou- ¿Hoy fuiste a la universidad? ¡Oh!, No te había preguntado ¿Dónde estudias?
- En la Metropolitana –confirmó- Si, debo ir los Sábados. Tengo clases dos horas en la mañana.
- Humm, ya veo. –Lucy ladeó la cara, como si recordara algo de súbito- Me han dicho que la biblioteca es enorme. ¿Es verdad? ¿Se consiguen de toda clase de libros? ¿De música y filosofía también?
- ¿Necesitas alguno? – averiguó él-
- Un amigo está teniendo problemas encontrando unos. En nuestra escuela no están. Quizás podría ir a buscarlos en tu biblioteca.
Latis no había asimilado la felicidad que subía por sus arterias dando aire a sus pulmones, cuando el sonido de la cerradura de la puerta principal les interrumpió. Al poco tiempo, la alta figura de Zagato apareció en la puerta de la cocina, el cual se quedó observándoles con una sonrisa irónica a medio formar en los labios.
- Buenas noches a los dos –dijo alzando las cejas-
Lucy se irguió de inmediato, y arregló su vestido, sacudiéndose. Al ver que su plan comenzaba a aguarse, Latis consideró el fraticidio como una opción, la cual bullía junto con su enojo por la espina dorsal. ¿Era demasiado pedir? 5 minutos. Eran sólo 5 minutos.
- Buenas noches Zagato –respondió Lucy, sin haberse percatado de la intención escondida dentro del tono del hermano mayor-
Latis se levantó también, a pesar de los gruñidos de Raikou, a quien le molestaba todo aquel cambio de posturas cómodas.
- Gracias por la comida. El tiramisú estaba delicioso –mencionó Lucy-
- Latis no opina lo mismo. No le agradan mucho los postres– aseguró Zagato, dándole un vistazo a su hermano- Claro que últimamente se está aficionando a un dulce de color rojo, de empaque pequeño –dijo con todo el doble sentido del que fue capaz, a pesar de la mirada asesina de su familiar-
- ¿Qué dulce es ese? –preguntó ella, ajena al verdadero contenido de las palabras de Zagato-
- Uno que no lograba conseguir hace tiempo. –siguió Zagato, feliz de la inocencia de la chica, disfrutando cada minuto-
- Entonces si te gustan los dulces –replicó Lucy hacia Latis-
- Tiene gustos raros, porque yo lo encuentro hostigante. –continuó el recién llegado- Es de esos dulces empalagosos, que tienen demasiada energía.
- ¿Te refieres a las calorías?
- Oh sí, es puro fuego –afirmó mirando a su hermano-
- Lucy ya se iba –interrumpió Latis, hastiado de la conversación y el juego Zagato, dando la noche por terminada y perdida para su causa. Se arrepintió de su intervención brusca, pues Lucy oscureció su semblante- Te acompaño a la puerta –dijo tratando de suavizar el tono-
- Nos vemos, niñata –se despidió Zagato- Vuelve cuando quieras.
- Gracias –dijo Lucy, haciendo un asentimiento con la cabeza, pasando por alto la forma despectiva que había utilizado con ella-
Latis abrió la puerta y la chica caminó hasta la reja, dejando atrás la entrada y la casa de Raikou a la derecha.
- Esta noche estuvo muy bien –concluyó ella- Hasta Zagato fue amable conmigo–dijo rezumando orgullo-
Ya ajustaría cuentas con Zagato, idiota insolente. Pero eso no era lo que ahora le preocupaba.
- ¿Irás? ¿A la biblioteca de la universidad?
Era su último intento. Tenía que concretarlo o podía pasar días espiándole por la ventana.
- Creería que sí. El lunes podría, no tengo actividad en la tarde. Pero es posible que me pierda. Además no sé si debo presentar un carnet para ingresar. ¿Podré entrar sin problema? Tú debes tener clases, y no quiero darte problemas.
- ¿A las 3pm en la entrada de la Universidad? –propuso, sin traslucir sus emociones-
- ¿Me vas a acompañar? ¿No tienes clase?
- Tengo un espacio libre-mintió sin reparos, como quien no le da importancia al asunto, sabiendo que perdería su clase de Física III - ¿Sabes llegar?
- Universidad Metropolitana, ¿verdad? Sí, no hay problema
- En la entrada occidental. Al lado de las columnas de granito.
- ¡Bien! Nos vemos el Lunes –dijo sonriendo, y abriendo la reja para salir del antejardín de los Kuroda- Adiós
Latis le observó cruzar la calle y desaparecer tras abrir la puerta de su hogar.
- Adiós, Lucy
NOTAS DEL AUTOR
Me perdonarán el fangirleo con la canción al comienzo, ya que en Raikou nunca lo había hecho, pero creo que me moría si no ponía la música que estuve escuchando en repeat infinito mientras escribía este capítulo. Ya saben, las locuras...
¡Estoy más emocionada de lo que debiera con este fic! Muchas gracias a todos los que se han tomado un ratito para leer Raikou, para escribirme sus opiniones y marcarlo como favorito/follow.
LucyKailu: Zagato es un grato descubrimiento en Raikou. Nunca había escrito de él, y cada vez me gusta más. Latis...uff es Latis, el husbando numero uno, qué puedo decir, si no lo hago ver divino a mis ojos y a los ojos de los demás, no debería estar escribiendo fics jajajaa. Ya sé que conoces estos acontecimientos así que paciencia para el siguiente
Lita Wellington:Hola de nuevo! que bonito que me escribas! El beso no cuajó, pero caaasi. Pobre Latis, lo tengo en verano eterno. Gracias por tu comentario. XD quiero saber si te gustó este cap!
Gabyhdzv: Conociendo a Zagato, todo es posible, pero menos mal no lo hizo o al pobre Latis le daba un paro cardiaco. Gracias por escribirme! espero tus reacciones!
Alondra Luna: LOL boda. Me encanta que te encante jejeje. Un abrazo, gracias por escribirme. Espero tus comentarios de éste
Kali: Hay que dejar un suspenso jejeje. Gracias mil por leer. Muy pronto verás el siguiente capítulo. Espero me cuentes que tal éste capítulo
Lulu Hououji: estamos de acuerdo. Ese Raikou es un roba corazones :) Espero te agrade la personalidad de los hermanos, y que me cuentes qué te pareció éste capítulo
Pawiina: Gracias por tu favorito y tu follow. Me encantaría saber que piensas de la historia. Un abrazo desde Colombia. (también vi tu favorito en Es tan sólo tu imaginación! Gracias mil. Significa mucho)
A todos los lectores fantasma mil gracias! Raikou continuará muy pronto, ya que la mayoría del siguiente capítulo ya está escrito. Nos vemos en la biblioteca de la Universidad Metropolitana :P
