Capítulo 8. El Campus
Eran las 3:10 pm cuando Lucy llegó a toda carrera, con el corazón en la mano, a la entrada de la Universidad Metropolitana. Sus mejillas sonrosadas daban cuenta de su afán por no llegar tarde, lo cual, a pesar de sus esfuerzos, no se había cumplido a cabalidad. ¡10 minutos de retraso! Presentía que Latis estaría muy puntual, esperándola, y ella no quería quedarle mal por ningún motivo. No después que su amistad se estuviera recomponiendo después de 7 años.
Fácilmente ubicó las enormes columnas de granito entre las que se erguía el escudo y lema de la institución. Oteó alrededor, deseando, rogando que Latis no se hubiera cansado de esperarla.
No lo veía por ningún lado. ¿Y si ya se hubiera ido? ¿Cómo avisarle que no lo había dejado plantado? No tenía su número para llamarle, para ubicarle ¡Era una tonta! ¡Debió pedírselo! ¡Ni que estuvieran en la edad media!
Pasó veloz, esquivando la masa de gente que entraba y salía ¿Era esa la entrada occidental? No podía darse el lujo de perderse. Sería mejor preguntar a alguien.
Se acercó a un grupo de estudiantes, que descansaban recostados sobre el prado recién cortado que se extendía ambos lados, enmarcando en verde el camino empedrado que conducía a los edificios de las facultades. No alcanzó a dar dos pasos cuando su impulso fue interrumpido por un suave toque sobre el hombro. Lucy se giró con una sonrisa, feliz, porque nadie más podía conocerle allí, y sería Latis quien…
- ¡Hola!, Lucy… ¿no es así? –dijo Águila, saludándole con tranquilidad-
- ¡Hola! Sí, ¡Me recuerdas! ¿cómo estás? ¿Has visto a Latis por aquí? ¿Estás con él? ¿Es ésta la entrada Occidental?
- Esas son muchas preguntas al tiempo –rio Águila con desenfado- ven, te invito algo de tomar. Estoy sediento. Hoy hace mucho calor.
- No puedo. Quedé de encontrarme con Latis –negó ella, manteniéndose en su puesto- a las tres. Pero llegué tarde. ¿Ésta es la entrada occidental?
- Si, ésta es la entrada occidental. ¿En serio quedaste de encontrarte con él? – Águila levantó sus cejas- Pero debería estar en clases. Si yo no lo estoy, debería estar él al menos –confesó riendo y llevándose una mano a la nuca, como si presintiera estar en graves problemas-
- ¿Entonces tienen clases a ésta hora?
- Quien sabe, quizás la habían cancelado. La verdad es que hace más de un mes que no vengo por acá un Lunes. –acotó con culpabilidad-
Lo sabía. Estaba metiendo a Latis en un problema por hacerle un favor. Sin embargo…
- Voy a esperarlo –decidió-
- Puedo llamarlo si quieres – propuso Águila- pero si no contesta, le esperaremos sentados en el prado, tomándonos una malteada. ¿Trato?
El profesor cerró la tapa del portátil a las 2:58pm, dando por finalizada la clase. No había contado con que precisamente ese día, la clase que siempre daban por terminada quince minutos antes del siguiente bloque, se extendiera tanto. Latis se levantó con presteza y se dirigió hacia la salida. Debía estar a las tres en punto en la entrada occidental y le esperaba una larga caminata a buen paso a través del campus. Tendría que correr si quería cumplir su cita.
- ¡LATIS! –gritó una vocecilla aguda desde la mitad del salón-
Le escuchó claramente, pero decidió ignorarle. No tenía tiempo para lidiar con ella, ni hoy ni el año entrante. Siguió caminando erguido, haciendo caso omiso al ruido de los pupitres apartándose para dar paso a la persona que se esmeraba en llamar su atención. Ya estaba en la puerta, y si no miraba hacia atrás, quizás lograría que se cansara de gritarle como era su costumbre, ya estuvieran en los pasillos, en la mitad de las canchas de futbol, o de un extremo a otro del salón.
Sin embargo, no había calculado un obstáculo adicional, que bloqueó su salida. Dos estudiantes miraban con interés una revista que les había facilitado otro que recién llegaba al salón.
- Permiso –dijo fastidiado-
Atrás, la vocecilla tomó más fuerza, y taladró sus tímpanos
- ¡LATISSSSSS! ¿ES QUE NO ME OYES?
No tenía escapatoria. La chica le alcanzó y le tomó del brazo, posesiva, colgándose como si de una liana se tratara.
- ¡Pareciera que no me escucharas! –le recriminó arrugando su nariz- ¿Llevas audífonos acaso?
Latis se limitó a mirarla con frialdad. ¿Es que no entendía? Cualquiera ya se hubiera cansado de perseguirle ante sus muestras de indiferencia. Pero Primavera no era así. Lo único que le reconocía era la persistencia, pero aparte de eso, su obsesiva e iracunda personalidad le molestaba.
El semestre anterior, Primavera había corrido el rumor que estaban saliendo, rumor que persistía en algunos sectores. No le importaba en lo más mínimo lo que los demás pensaran, pero el sólo hecho de que Primavera fuera capaz de inventar algo así, era preocupante.
"Ella es el mejor camino para que continúes tu soltería"
Esas eran las palabras premonitorias de Águila, que en ese entonces pasó por alto, restándoles importancia. Pero ahora que Primavera se interponía justamente cuando la relación con Lucy empezaba a descongelarse, sonaron proféticas, negras, llenas de puntiagudo desastre.
Sin miramientos, se soltó del posesivo abrazo, sintiendo que se sacudía una lapa de su cuerpo. Las quejas no se hicieron esperar. Latis observó que tenía el camino más o menos libre e inició su avance.
- Eres un grosero – dijo en un puchero, dando giros a su cabello ondulado con el dedo índice-
De nuevo el tiempo le estaba jugando una mala pasada. Debía irse ya. El grupo de tres hombres había decidido quedarse en el aula y se habían apartado del camino.
- Imagino que no te interesa saber acerca del turno en el laboratorio que pediste para el día Miércoles –dijo Primavera al ver que a Latis le importaba poco y nada el reclamo agudo que le había hecho-
- ¿Qué? – Latis se giró, a su pesar. ¿Cómo sabía que había pedido aquel turno?-
- Todos los espacios de la mañana serán cancelados. ¿Ves lo buena que soy? Te estoy avisando.
Si cancelaban su turno, no había posibilidad de terminar la práctica para el Jueves, el día de la entrega y por tanto, reprobaría el 20% de la nota final. No podía permitirse perder otra materia de línea o se atrasaría un semestre entero. Eran terribles noticias.
- Pero abrieron unos cupos para la tarde. Yo reservé uno. Podría hacerte un espacio en mi mesa. –propuso ella con coquetería-Puedo ayudarte, ¡ya tengo bastante adelantado! Puedes hacer grupo conmigo, y te juro que mi belleza te dará buena suerte, sobre todo en la sustentación. ¿No crees que sería maravilloso?
La chica no era mala compañía, y no negaba que era experta en hacer exposiciones. Generaba impacto en la audiencia, en eso nadie le ganaba. Pero su vanidad era insoportable. Además, el mero pensamiento de deberle un favor a Primavera, para que luego se lo recordara por el resto del año era inaudito. Ya había sufrido las consecuencias de ser amable con ella, y le había pagado con esa actitud obsesiva.
No. Debía resolver su problema solo. Lo peor era que debía hacerlo ahora mismo. Tenía que avisarle a Lucy, pero no tenía su teléfono. ¿Por qué no se lo había pedido? Era un estúpido.
Latis se retiró del salón, dejando a Primavera confundida, con la palabra en la boca, y sin respuesta alguna.
Caminó a grandes zancadas, sin perder un segundo. Debía atravesar dos edificios y subir 5 pisos en menos de dos minutos. Tal vez podía lograrlo, los laboratorios de ingeniería estaban de camino a la salida occidental.
En el bolsillo de su chaqueta, el celular en silencio alumbraba insistente, sin que su dueño se percatara del mismo.
Águila presionó el botón de colgar. No había obtenido respuesta.
- Malteada entonces –dijo contento, indicándole a Lucy que caminara con él, adentrándose en el campus- yo invito.
Lucy miraba de un lado a otro. ¿Era correcto irse? Latis podría aparecer en cualquier momento
- No te preocupes. No tardaremos mucho. Lo llamaremos de nuevo.-le tranquilizó él- vamos
La familiaridad de Águila con ella, a quien hace muy poco conocía, le tomó por sorpresa pero también le alegró. El amigo de Latis despedía un aura diferente, luminosa. El muchacho le ofrecía su brazo, para que Lucy le tomara de gancho. Lucy vio de nuevo esa sonrisa afectuosa, tranquila, que hacía perfecta combinación con sus ojos color almendra, los cuales traslucían una intención pura, absoluta. Toda su expresión proyectaba alegría. Era imposible negarse.
Aceptó. Al poco tiempo, ambos caminaban por el sendero empedrado, en medio de una brillante tarde de verano. La algarabía de los estudiantes, sus conversaciones, sus risas, eran un telón de fondo radiante, que le hacía sentir muy viva. Estaba disfrutando ese recorrido, con el suave viento acariciando sus mejillas, y la calidez que la voz de su compañero emanaba.
- Están estrenando sabores de temporada. ¡Hace más de una semana que están anunciándolos y se me hace agua la boca!
- Yo puedo pagarla –mencionó Lucy, volviendo al tema de la invitación-
- No voy a dejar que una chica tan bonita como tu compre su propia bebida sólo por acompañarme.
- Creo que eres tú el que me está acompañando a mí –convino con una sonrisa-
- Nos podemos acompañar juntos. –dijo mirando al frente- No te puedes negar. ¡Son siete sabores nuevos! ¡Estaba contando los días!
- Dices que no vienes los Lunes a la Universidad…–Lucy miró hacia arriba para constatar que Águila cerraba los ojos, riéndose-
- Eres muy inquisitiva. Me has pillado. Hoy he venido a la Universidad sólo por eso.
- ¿En serio? ¿Sólo por eso? ¿Tanto te gusta el helado?
- Me encanta. Planeo probar cada uno. Vas a ver lo buenos que son preparando malteadas acá.
- ¿Vas a comprar todos esos helados?
- Dije que los iba a probar, no a comprarlos –aclaró-
- ¡Pero no te van a dejar tomar tantas muestras gratis!
- Ya verás –dijo picándole un ojo-
Águila le miró de nuevo, pero esta vez se demoró más en apartar su vista. Por un segundo, él se quedó buscando en sus ojos algo indescifrable. Ella le sonrió, agradeciendo que se hubiera encontrado con él.
Pero a pesar de sentirse tan bien en su compañía, varios interrogantes hacían que no pudiera estar tranquila. ¿Dónde estaría Latis? ¿Se había arrepentido de llevarle a la biblioteca?
Latis se inscribió para el último espacio del día Miércoles. Una vez aseguró su nombre en la planilla, Latis se alistó para alcanzar la entrada occidental lo más pronto posible
Águila probó todos los sabores, sin falta, y gracias a que él estaba allí, ella también pudo hacerlo. Incluso repitió casi todos. Águila se veía feliz, con un ejército de cucharitas de plástico en los dedos, dando su concepto como experto catador de helados.
Lucy estaba anonadada con la facilidad que el muchacho podía dirigirse a las empleadas de la heladería, y de cómo estas accedían a sus peticiones sin protestar, con el mayor de los gustos. Era como si él tuviera siempre la palabra correcta para hacer que los demás se sintieran bien.
Al final, cada uno eligió el sabor de su malteada. Se disponían a irse para volver a los prados cercanos a la entrada occidental cuando una joven de precioso y ondulado cabello se plantó justo detrás de Águila, con las dos manos puestas en su cintura.
- No puedo creerlo. ¡Águila aquí un lunes!
El simple hecho de escuchar a la chica, cambió el ánimo de Águila, quien dejó de sonreír ipso facto
- Hola Primavera. ¿Se te ofrece algo? –preguntó Águila con seriedad intimidante-
- Nada, nada –dijo mirando de arriba abajo a Lucy, para luego volver su atención en el muchacho- ¿No tienes tú el mismo horario que Latis? Me contaron que hoy podría haber un examen sorpresa al principio de la clase de Física III. Sería una pena que reprobaras, de nuevo. – el tono irónico de Primavera y dejó traslucir un odio viejo, del que su interlocutor era muy consiente-
- Agradezco tu interés en mi bienestar. Igual que te dolió cancelarme las asignaturas inscritas al principio de semestre.
- Los repitentes son mala influencia para los que recién estamos viendo la materia por primera vez, como Latis y yo.
- ¿Por primera vez? –dijo Águila, sin subir la voz, alistando una sonrisa pequeña en sus labios- Pensé que no habías encontrado grupo de trabajo porque tus amigos estaban en otros semestres. ¿Algo pasó con ellos?
La chica se ruborizó, y quedó momentáneamente callada. Un silencio tenso descendió sobre ambos, donde la furia creciente de Primavera era palpable.
- ¡Águila! –llamó una de las chicas del mostrador- podemos adicionar caramelo o chocolate a las malteadas, o dulce de macadamia. ¿Te gustaría probarlos?
- ¡Claro! – respondió él con su sonrisa habitual, borrando todo rastro de la punzante conversación que había sostenido momentos antes- Lucy, préstame tu malteada, -y se acercó a su oído para hablarle con suavidad- verás que puedo ganarme media onza de chocolate en ella.
Lucy se rio, cerrando sus ojos, divertida por la actitud de Águila. Él se acercó con las malteadas al mostrador, pasando al lado de su previa interlocutora, quien le miraba con odio.
- ¿Estás bien? –preguntó Lucy hacia la chica, tratando de suavizar la escena que había presenciado-
Ella se acercó lo suficiente para quedar una al frente de la otra, y volvió a recorrerla de arriba abajo, ésta vez con más parsimonia.
- Claro que estoy bien. ¿Quién eres tú? –dijo sin recato- ¿Eres novia de ese odioso?
- ¿novia? No no no no –negó con energía, moviendo su cabeza y riéndose a la vez- para nada. Soy Lucy Shidou. Mucho gusto. – extendió su brazo para dar un saludo apropiado- Águila es un amigo de…un amigo.
- Un amigo de un amigo –repitió la chica, respondiendo al saludo, apretando su mano- Mi nombre es Primavera… ¿Eres amiga de Geo? Él está en un semestre más avanzado. No como ése tonto- señaló a Águila con un gesto despectivo-. ¿Cómo lo conoces?
- ¿Geo? No sé quién es. Yo soy amiga de Latis.
- ¿Latis? – la chica abrió sus enormes ojos castaños- ¿qué quiere Latis con alguien como tú?
- ¿Conoces a Latis?
- Por supuesto que sí, qué pregunta tonta- dijo con suficiencia- Latis es mío.
- ¿Tuyo? – un escalofrío sacudió su columna. De pronto hacía mucho frío para una hermosa tarde de verano- ¿Latis es…?
Águila volvió con las dos bebidas, agrandadas y rebosando crema chantilly. La hermosa muchacha le vio acercarse y levantó su cara con un gesto de hastío, apartándose de inmediato y volteando hacia el mostrador para solicitar su orden, sin siquiera despedirse.
- Aquí está tu malteada –ofreció Águila- le han puesto una extra dosis de chocolate, caramelo y un nuevo topping llamado dulce de leche. Vamos a tener mucha energía éste día –concluyó con una sonrisa- ¿Qué pasó?
- ¿Eh? –Lucy había recibido la malteada, y en un gesto autómata se había quedado mirando hacia el frente, sin decir una palabra-
- ¿Te dijo algo Primavera? No le hagas caso. –Águila de acercó a su oído y murmuró- Está loca
- Primavera –repitió, repasando el nombre, para no olvidarlo- No…no me dijo nada. Esto se ve bastante bien –dijo recobrando el tono normal de su conversación, volviendo hacia la debida, y dándole un sorbo- ¡Y sabe INCREIBLE!
- ¡Te lo dije! ¿Volvemos a la entrada occidental? Déjame llamarle de nuevo.
- Este…Águila, ¿podrías decirme dónde queda la biblioteca?
- ¿Biblioteca? –preguntó, extrañado-
- Si. Latis iba a acompañarme, pero creo que…
- Quizás Latis ya esté esperándote.-le interrumpió- Démosle el beneficio de la duda. Además, en la biblioteca no dejan entrar bebidas, así que por ahora, tendrás que permanecer conmigo. Espero no sea tan terrible.
Águila volvía a ofrecerle su brazo. Lucy aceptó de nuevo, cediendo ante su petición, pero las palabras de Primavera se habían adherido a sus pensamientos. La verdad sea dicha, si no fuera porque Águila estaba allí, no regresaría a la entrada occidental.
- No digas eso. –refutó Lucy- Eres muy buena compañía.
- ¡Señor Kuroda! –llamó una voz masculina desde una de las salas de laboratorio-
Ante el tono, Latis supo que tendría que detenerse. Era el profesor Takeda, con quien veía ciencias de computación II ese semestre. No por nada los estudiantes le habían colocado el apodo de "Guillotine" en honor al nombre francés de tan conocido artefacto. Ignorarlo sería decapitar sus calificaciones.
- ¿Me permite un momento, señor Kuroda?
- Disculpe, pero voy tarde a una clase –dijo, tratando de evadir el compromiso-
- No suelo hacer este tipo de excepciones con mis estudiantes, pero el trabajo anterior que su grupo entregó superó mis expectativas. Sin embargo, la simulación de la semana pasada presenta graves errores de concepto, que quisiera discutir con usted. Serán 5 minutos.
El celular vibró en su bolsillo. Quizás podía utilizar una excusa nueva para salir de esa situación.
- Deme un momento para contestar esta llamada –dijo sacando el celular-
- Lo espero en el salón. – asintió el profesor, dejándolo solo-
Latis tuvo la fugaz esperanza de poder eludir aquella entrevista y poder asistir a su cita en la entrada occidental al ver el nombre de Águila en la pantalla del teléfono.
- ¿estás en la universidad? –fue el saludo inmediato de Latis al contestar-
- De hecho si, y tienes que agradecerme …
- Ven ahora mismo al edificio de laboratorios para hablar con Takeda –le interrumpió-
- Si voy dejaría sola a una preciosa pelirroja que te está buscando hace rato
- ¿Lucy está contigo? – dijo aliviado-
- Hay que contestar el teléfono. – le recriminó con jovialidad- Para eso son. Para ubicar a la gente.
- Ponla en la línea
- Dudo que sea posible. Está ocupada tomándose una malteada.
- ¿Malteada?
- Le gustan, tanto como a mí. Ella es un grato descubrimiento, Latis. Hemos hablado mucho en tu ausencia.
- Ponla en la línea – repitió, amenazante-
- ¡No te enfades! Lo cierto es que está tomándose la malteada, mientras habla con algunos miembros del equipo de fútbol, por eso no puedo pasártela.
- ¿¡Qué hace ella hablando con el equipo de futbol!?
- Los vio jugando; parece que le gusta ese deporte. Decidió ir a mirar, y obviamente, una muchacha como ella atrae miradas. Tal pareciera que Zaz Torque ha encontrado a su media naranja por la forma en que la mira.
- Sácala de allá –ordenó fastidiado-
- ¿Ahora te fías de mí? –preguntó riendo-
- Ven y reemplázame con Takeda
- Eso tampoco es posible. Los lunes no estoy en la universidad.
- Águila…
- Tranquilo, te esperaremos en la biblioteca, yo la entretengo.
Latis no alcanzó responder. La llamada había sido terminada.
- Señor Kuroda –alzó la voz el profesor desde la sala contigua- si no viene, omitiré mis comentarios y podrá ver reflejados sus errores en la calificación.
Al menos Lucy no está sola, se dijo al tiempo que ingresaba al salón para reunirse con Takeda.
Pero lo cierto era que Águila estaba mostrando un interés inusual por Lucy, y eso podría ser peligroso.
NOTAS DEL AUTOR
¡Hola! ¡Dije que estaba cerca la actualización! Aún falta bastante por escribir, pero bueno, preferible actualización que más espera ¿no?
Gracias a quienes dejaron su comentario. Qué genial es recibirlos.
Lucy Kailu: No te dejé picada por mucho tiempo.. ¿o ahora te dejo más picada? jajajaja. Gracias por tu comentario. Hace mucho no actualizaba tan rápido de una historia, pero parece que Raikou quiere escribirse así. Si, Zagato es tremendo, pero pobrecito, no lo castiguemos con Luz que esas son ligas mayores XD
Lulu Hououji: Verdad que sí? Raikou es casamentero jajaja. El Zagato que ves en ésta historia se inspira en esas sonrisas irónicas que a veces sacaba en la serie, y en ese capítulo en que se ve el pasado de Céfiro y ve a Latis encima de un árbol y le dice "Otra vez holgazaneando?. Quiero pensar que sin tanto drama, ellos actuen como dos hermanos...osea odiándose y queriéndose jajajaa. Y después de todo, Latis es el menor...
Eternalmoon18: AHH Bienvenida por estos lados! Por fa cuéntame que te va pareciendo la historia. Gracias de nuevo por tus favoritos. Me hacen muy feliz.
A los lectores fantasma gracias. Háganme saber qué piensan. Un abrazo, nos leemos en otra oportunidad.
