CAPITULO 11. A KILÓMETROS DE DISTANCIA

Lucy se despertó temprano la mañana siguiente. El reloj con forma de vaca que reposaba sobre la mesa de noche no necesitó repicar más de una vez para ser silenciado, ya que de todas maneras poco había logrado dormir. Era un martes terrible para estar a media marcha, ya que comenzaba el festival deportivo, en el que había jurado participar en el mayor número de pruebas posible. Se comenzó a vestir como un autómata, mirando de reojo la ventana hacia la casa de los Kuroda.

Al ver esa casa, la sensación inexplicable en los labios que le había acompañado durante toda la noche se intensificó. Era un ardor leve, un cosquilleo dulce que le hacía rememorar la cercanía de Latis, su cabello negro rozándole la frente, el olor a otoño rodeándola, el suave aliento entrecortado, ansioso, expectante, deseoso…

Sacudió la cabeza para alejar esos recuerdos que sólo la confundían más y más. ¡Ella no había pedido eso, ni siquiera se lo había llegado a imaginar! En sus planes no estaba ese episodio que ahora sólo le generaba una emoción contradictoria. ¿Por qué Latis se había acercado de esa forma? ¿Latis le quería? ¿Le quería de la misma forma en que ella lo quería a él? ¿Cómo había sucedido eso?

Aún no había decidido cuándo debía devolver el abrigo, ese que reposaba encima de la silla de la mesa de estudio, ese abrigo enorme que no le pertenecía. Ese abrigo que se había llevado a casa la noche anterior olvidando que lo tenía puesto, y ese mismo abrigo que le acusaba de meterse en cosas que no entendía desde su parca y relajada posición, escurriendo las mangas hacia el piso.

Debería devolverlo ahora mismo, pero sería descortés no entregarlo al menos lavado. Pensará que soy una ladrona de abrigos por llevármelo. Seguro por eso quería detenerme, ¿cómo no me di cuenta que lo llevaba puesto?

Un grito desde la planta baja hizo que diera un respingo nervioso, como si le hubieran pillado diciendo en voz alta sus pensamientos.

- ¡Lucy! –gritó la señora Shidou desde el primer piso- ¡El desayuno!

- ¡Ya voy!

Terminó de vestirse a prisas, acomodándose la falda y las medias. Justo iba saliendo de su cuarto cuando se fijó en los dos ejemplares que habían sacado de biblioteca el día anterior. Los miró renuente, como si fueran algún bicho informe que pudieran saltar y atacarla en cualquier momento. Consideró dejarlos y volver en la tarde por ellos, pero decidió que no tenía ganas de andar en la calle ese día, así que los tomó con cuidado para empacarlos en su mochila. Al ver que no podía cerrarla, refunfuñó sabiendo que tendría que sacar las cosas para acomodarlas una por una, cosa que empezó a hacer con prisa sabiendo que ya debería estar enfriándose el desayuno.

Su mano chocó con una bolsa resellable, llena de galletas para perro. Al verla, suspiró vencida, con el recuerdo de su vecino una vez más rondando su mente.


Latis tenía clases en la tarde, por lo que se suponía que pasaría gran parte de la mañana durmiendo hasta mínimo las 9am. Pero ese martes, para sorpresa de su madre y de su hermano, ya andaba dando vueltas muy a las 6am. La señora Kuroda intercambió una mirada de extrañeza con Zagato al servir el desayuno, y ambos evitaron realizar comentarios en presencia del menor de la casa.

Para Zagato no había ninguna duda: su hermanito estaba siendo acosado por los fantasmas del día anterior, y se había despertado a esa hora únicamente para ver a su vecina salir de la casa, en un evidente retroceso hacia el idiota acosador de un mes atrás.

La señora Kuroda se despidió dándoles sonoros besos en la mejilla, sosteniendo una enorme bolsa donde había acomodado una bandeja con las galletas que se había desvelado haciendo el día anterior, proceso del cual Latis fue un participante mudo y gruñón, pero eficiente.

Una vez su madre salió de la casa, Zagato vio cómo Latis se acercaba a la ventana para presenciar el cotidiano evento de las 7:30am, en el cual la puerta de la casa de al frente se abría y una pequeña pero animosa figura aparecía en el canto. Sin embargo, esa mañana la chica se demoró mucho en cruzar la calle, tanto así que Zagato casi estuvo seguro que la niñata iba a romper la tradición.

Lucy se acercó a la casa, más sigilosa que de costumbre. En el diccionario de Raikou no estaba la definición de "discreto" por lo que ladró con evidente felicidad y salió lo más rápido que sus patas y las cirugías de hacía cinco años le permitían hasta la cerca para obtener su premio. La niñata se arrodilló y le dio las galletas, acariciando la blanca cabeza peluda, pero siempre mirando hacia la casa, con reticencia.

- ¿No vas a salir? –preguntó hacia su hermano-

Latis siguió observando de lejos la escena, y no contestó. Era evidente que estaba evaluando si debía hacerlo o por el contrario, dejarla mimar a Raikou sin interferir.

La niñata no le dio mayor oportunidad de reaccionar, ya que en menos de dos segundos se alejó, dejando a Raikou y a su hermanito decepcionados.

- Voy a lavar los platos –dijo Latis retirándose de la ventana, intensamente serio, a lo que Zagato con prudencia, no replicó-


Lucy puso toda su energía y frustración en el festival deportivo, el cual utilizó como catalizador para dejar la mente en blanco y olvidar la noche anterior, lo cual funcionó a la perfección. Se divirtió como hacía mucho no lo hacía, y ganó en tres de las cuatro pruebas en las que se había inscrito.

El día era perfecto, el sol brillaba en su cenit y ella estaba dichosa; con las piernas vueltas mantequilla y un moretón en las rodillas, pero feliz. Hasta le había dado a su amigo los libros sin que ningún pensamiento extraño acosara su mente, y tras ver la sonrisa y la juguetona complicidad del muchacho, supo que todo había valido la pena si ella podía brindar felicidad. Rechazó la usual invitación a la panadería de todos los Martes, ya que durante el desayuno había prometido a su mamá que llegaría temprano para salir de compras con ella, lo cual le parecía una excelente idea en acorde a su humor de la mañana, melancolía que se había evaporado con el esfuerzo físico, como si no tuviera importancia.

Todo iba muy bien hasta que las pocas horas de sueño combinadas con los kilómetros que había corrido ese día se juntaron para hacerle caer en un profundo sueño abordo del tren que la llevaría a casa.


Zagato ejercía arquitectura hacía un año, pero no tenía un empleo estable. Trabajaba por proyectos, algunas veces de manera directa con empresas medianas y otras veces a través de un tercero, sobre todo cuando de grandes corporaciones se trataba. La mayoría de sus compañeros de facultad habían conseguido puestos en otras ciudades, y era posible que si él aplicaba conseguiría trabajo con facilidad, pero aquello no le llamaba la atención.

Él, graduado de tesis laureada, ganador indiscutible del año pasado en el concurso a mejor diseño organizado por varias Universidades, no quería trabajar en una oficina con un horario fijo, ni vestirse como un robot oscuro o "salary-man" como la sociedad los llamaba. Convertirse en una máquina de traje y corbata que marcaba tarjeta de 8am a 6pm (si tenía suerte) no estaba en sus planes, a pesar que eso fuera "deplorable" o "una lástima" para los vecinos y amigos allegados de su madre.

Hoy tenía una pequeña exposición en Odaiba cerca al edificio de Fuji TV, en la empresa donde estaba desarrollando un interesante proyecto de diseño de unas salas de exhibición de vehículos, que ya se prolongaba por tres meses. Por eso llevaba uno de sus mejores trajes, el cual había ingresado a su guardarropa hacía unos días gracias al primer adelanto del pago. Impecable, con talante arrogante y lleno de elegancia irrumpió en el vestíbulo donde le anunciarían la sala de reuniones a la cual debería dirigirse.

En el ascensor notó la mirada de una delicada mujer, que pasaba sus ojos de vez en cuando por su rostro, tratando de no parecer interesada. Esa había sido la constante desde pequeño con las mujeres, una constante con la cual había aprendido a lidiar con el paso de los años, pero que al comienzo había catalogado como molesto.

Zagato era un niño estudioso, de personalidad más sosegada que la de su hermano menor. Mientras Latis disfrutaba de competiciones de velocidad, ya fuera en videojuegos o en la pista de atletismo, él prefería quedarse leyendo en casa, aunque eso no restaba su gusto por actividades que implicaban cierto grado de trabajo en equipo y estrategia, como jugar fútbol.

Pero las cosas cambiaron al morir su padre cuando Zagato tenía 14 años, dejando a su madre en una situación de vulnerabilidad espantosa, pues Kuroda Akemi había perdido su trabajo hacía dos años, y se había dedicado al hogar por sugerencia de su esposo, confiando en que podría mantener esa familia de cuatro personas y un cachorrito blanco de nombre Raikou, que había sido el regalo de cumpleaños número 10 de Latis.

La pasaron muy mal ese primer año, tratando de ajustarse a la nueva situación, extrañando a cada minuto a su difunto y amoroso padre. Zagato tuvo que olvidarse de las nimiedades de lo que quedaba de su infancia y volverse el hombre de la casa. Aprendió a cocinar, a estar pendiente de los pagos, de la comida; pero a pesar de eso, sus calificaciones nunca desmejoraron, en parte por su increíble inteligencia y en parte porque sabía que él no podía ser causante de más preocupaciones para su ya dolida madre. Latis también contribuía de forma activa, nunca descuidó sus estudios y hasta consiguió ser el ayudante del jardinero del barrio y ser el primero en línea que hacía encargos a los vecinos para conseguirse unos yenes extra.

Pero justo cuando estaban aprendiendo a sobrellevarlo, sucedió el famoso incendio de la casa de los Shidou, cuyo saldo fue un hermano traumatizado y una mascota con varias cirugías.

Latis duró casi dos años con pesadillas, a lo que se sumó el sentimiento de culpa por haber tratado mal la niñata de los Shidou justo después del incidente, situación que no pudo enmendar ya que esa familia se había mudado después del incendio. Su hermanito de sólo 11 años pasó una temporada retraído y silencioso. Hasta dejó de salir a jugar, de participar en actividades escolares y dejó la competencia en pista. Prefería quedarse en casa cuidando de Raikou, lo que empezó a volverse motivo de cuchicheos entre los niños de la escuela, más con el invento que había ideado y bautizado como "Raikou-movil" para poder sacar al pobre can a pasear. Zagato no dejaría que unos imbéciles pubertos se burlaran de su hermano mientras él estuviera de guardia, lo que le generó fama de rudeza y lo convirtió en el rey de los comentarios irónicos.

Toda esa cascada de adultez cambió su personalidad desde el callado joven que adoraba los libros hasta volverse un líder nato blindado con una máscara de fortaleza. Su lenguaje cambió, su mirada cambió, su actitud con la vida cambió. No podía darse el lujo de proyectar debilidad porque él era el apoyo de su madre.

Así fue como Zagato ingresó al concejo estudiantil, en una elección que podría haberlo llevado a la presidencia, pero que el declinó. Tras bambalinas el verdadero presidente le consultaba todas las decisiones, pero él prefería mantenerse en las sombras para no añadir mayor responsabilidad a sus haberes. Sin embargo esa aura de poder no se escaparía del foco de su ya incipiente club de admiradoras.

- Buenos días Señor Kuroda – saludó el rígido asistente del departamento de adquisiciones al verlo salir del ascensor-

- Buenos días, ¿la sala está lista?

- Claro que si, sígame por favor.

Zagato pasó al lado de una división de vidrio que separaba las áreas de trabajo de los empleados. Al verlo, Alanis levantó la mirada desde su computador y sonrió de forma sugestiva.

Alanis…

Alanis no era muy diferente a las "muchachas locas" –apodo que les había dado su madre- que le siguieron durante la carrera, pero al menos con Alanis se sentía a gusto, aparte de ser una mujer despampanante. A él le daba lo mismo ser el centro de atención o no en la universidad, pero nuevamente su deseo de competencia, de ser el mejor jugó en su contra en el aspecto sentimental.

Durante el primer semestre se volvió una situación desesperante ver los avances de sus compañeras, porque no podía estar tranquilo bajo la sombra de un árbol sin que llegaran a hablarle de algún tema, y sus amigos comenzaron a guardarle rencor a pesar de su anunciado desinterés por iniciar una relación romántica. La prioridad eran sus calificaciones, ya que si conseguía media beca podría aliviar la situación económica de su casa. Además comenzaba a amar la arquitectura como jamás pensó amar una ocupación.

- Estamos esperando al vicepresidente, por favor tome asiento. –le indicó el asistente- ¿Desea algo de tomar?

- Agua por favor, será una larga charla

Por fin se hartó de la persecución, y decidió que lo dejarían en paz si al menos intentaba salir con alguna de las mujeres. Así lo hizo. Escogió a una tierna joven de cabello rubio con la que compartía dos clases. El problema fue que pronto se aburrió de la charla insulsa y de ese deseo de complacencia enfermizo. Nunca cruzaron un beso en los 20 eternos días en que intentó tener una relación.

- Aquí tiene –dijo el asistente, colocando sobre la mesa el vaso con agua-

- Gracias

- Nos acompañará nuestra diseñadora de interiores en la charla, la señorita Alanis. Creo que ya ha tenido la oportunidad de trabajar con ella

- Así es –asintió Zagato con una sonrisa-

Después de ese fracaso, se enfocó en sus estudios. Sólo fue hasta tercer semestre en que los rumores decidieron por él.

La profesora de historia del arte era la envidia de todo el campus, con sus pechos abundantes, su piel de porcelana y unas piernas que parecían no tener fin, todos los estudiantes añoraban ser escogidos para un proyecto vacacional que lideraría la hermosa maestra. Zagato por supuesto se inscribió, jamás decía no a un reto, y salió elegido entre los 10 mejores. Lo curioso era que él, junto con una compañera, eran de los pocos elegidos que apenas estaban cursando la materia ese semestre.

Las habladurías no se hicieron esperar a pesar de las absurdas mentiras que se pronunciaban como charla de pasillos

"Zagato entre los elegidos…se podrán imaginar lo que hizo para conseguirlo"

"Se cree el mejor de nosotros"

"Es un maldito, una rata arrogante"

"La profesora lo tenía como objetivo, y él no podía rehusarse"

"es sexy, pero lo que hace es ilusionarte, no te metas con él"

¿Entonces así era cómo escogían jugar la partida? No importaba, no importaba en lo más mínimo. El había probado ser muy hábil en ese ajedrez llamado vida.

- Buenos días, Zagato –dijo ella, ingresando a la sala, meciéndose provocativamente sobre unos tacones de 7 centímetros-

- Buenos días Alanis –devolvió el saludo, absorbiendo toda esa sensualidad con la mirada-

Alanis era su segunda "novia" oficial, excluyendo las acosadoras que aprendió a alejar mediante su ingenio y una sonrisa burlona (para algunas encantadora). Lo cierto era que se había vuelto agnóstico para el amor, y definitivamente ácido debido al favoritismo irracional, pero con Alanis era diferente. Era difícil distinguir si iba más allá del gusto, de la reacción química que sentía al estar junto a ella, pero dos meses era muy poco para saberlo. Lo malo era que Alanis, tal como cualquiera de esas mujeres que antaño le perseguían, era celosa, posesiva, irascible y no confiaba en su palabra. Zagato seguía generando admiración y envidia y Alanis estaba convencida que le engañaba, a pesar de no ser así. El hablar con otras mujeres, y menos cuando era necesario para el proyecto no lo convertía en un "maldito" de forma automática.

Aunque no podía negar que había sonreído más de la cuenta una que otra vez. Era difícil no rendirse ante la causa y el efecto.

- El vicepresidente ya está aquí –anunció el asistente-

- Bien, comencemos –dijo Zagato-


Lucy se despertó de un salto, miró hacia derecha e izquierda, tratando de ubicarse. Por la ventana del tren observó que la tarde llegaba a su fin.

Oh Oh

¿Dónde estaba? ¿Se había pasado de estación? ¿Qué hora era?

Miró en dirección a las puertas, para fijarse en los anuncios de la siguiente estación, y en la hora.

¡¿LAS SEIS DE LA TARDE!? ¿HABIA DORMIDO DURANTE UNA HORA?

La siguiente estación aún estaba lejos. Santo cielo, ¿acababa de pasar la estación de Shimosa-Manzaki? ¿IBA HACIA EL AEROPUERTO DE NARITA?

¡No podía ir al aeropuerto! ¡No tenía suficiente dinero en su tarjeta Suica o en efectivo para poder hacer un trasbordo allí! ¡Ni siquiera podría salir de la estación!

El tren llegó a Narita. Era la última estación del recorrido y el vagón atestado con viajeros y maletas quedó vacío. Lucy bajó a la plataforma con un sentimiento de desconsuelo total. Su madre iba a tener que ir por ella y rescatarle, pues nada podía hacer allí. Cuando avanzara hacia las talanqueras de salida y pasara su tarjeta por el lector, le pediría un ajuste de tarifa y ella no llevaba lo suficiente para poder pagarlo, quedando encerrada en la plataforma. Para completar, de ese muelle no saldrían trenes de vuelta, tenía que pasar al frente para devolverse, y eso implicaba salir de la estación, cosa que no podía hacer sin dinero.

Sacó su celular y comenzó a teclear un mensaje de auxilio. Odiaba tener que incomodar a su mamá de esa forma, pero no tenía alternativa. Antes de presionar el botón de "send" una voz familiar le distrajo.

- ¿Lucy? ¡No puede ser! Sigo topándome contigo. ¿Qué haces en Narita?

- ¿Águila?


Eran las 5pm del martes y Latis se disponía a averiguar quién era el famoso "amigo" de Lucy a como diera lugar. Esa la decisión que había tomado la noche anterior antes de que todo se fuera al taste, y a pesar de los acontecimientos, no cejaría en aquel intento. Tenía que saber a quién se enfrentaba.

Se paró en la puerta de la "panadería francesa" y empujó la puerta de vaivén. No disimuló su sorpresa al ver a Zagato eligiendo unos panes con una canastilla en colgando del brazo.

- ¿¡Hermanito!, vienes a abastecer nuestra despensa?

- Hola Zagato, -dijo decepcionado- volviste temprano

- La reunión se extendió, pero no tanto. La mayoría del tiempo lo gasté en los trasbordos desde Odaiba –acotó mientras escogía entre el pan de melón y un eclair de chocolate, para al final tomar los dos con una sonrisa- ¿qué vas a llevar tu?

- Voy a tomar algo aquí –dijo con aparente desinterés, observando a su alrededor-

- ¿Cómo? Repite eso

- He dicho que tomaré algo aquí antes de ir a casa. Adelántate.

- ¿te vas a encontrar con la niñata? –preguntó torciendo la boca-

- No le digas así. Pero no, no voy a encontrarme con ella

- Empezaba a sentirme orgulloso -Zagato hizo una pausa, teniendo un momento de realización- ¿Entonces es con la acosadora?

- Tampoco. Sólo vengo a tomarme un café y pensar un poco. Quisiera estar solo, si no te importa.

- Hummm. Muy bien

Zagato se dirigió hacia la caja, y Latis se sentó en una de las mesas que daba directo contra los mostradores a esperar a ser atendido. Una joven mesera se acercó a tomar su orden, y estaba por decirle que sólo quería un café cuando escuchó la voz de su hermano, disculpándose.

Latis volteó para ver qué había pasado y encontró a Zagato arrodillado en el suelo, recogiendo unos papeles junto a una chica de larga cabellera dorada, que se le hacía familiar. Al detallar más su contextura menuda y su rostro le reconoció. Era Esmeralda, el prodigio de la facultad de artes.

Su hermano terminó de recoger lo que había en el piso, y se lo entregó a Esmeralda, no sin antes dar un vistazo rápido a lo que estaba pintado en esas hojas. Latis le vio hacer un comentario que la muchacha no replicó. Esmeralda se despidió con prisa y pasó hacia el mostrador, ingresando en la zona de empleados.

Al poco tiempo Zagato se sentó en la misma mesa, con una bolsa de papel llena de los panes que ya había pagado.

- ¿Qué pasó allá, el perfecto Zagato se tropezó?- dijo Latis, sin desaprovechar la oportunidad-

- Los dibujos eran increíbles. Nunca había visto unos iguales. –mencionó pasando de largo el comentario de Latis-

- Es la genio de la facultad de artes de la universidad, si alguien puede pintar, es ella

- ¿la conoces? –preguntó con interés renovado-

- Se llama Esmeralda. No sabía que trabajaba aquí

- ¿Sabes? Creo que yo también me tomaré un café

- ¿Qué parte de lo que dije antes no entendiste?

- No quiero dejar a mi hermano solo

- Vete

Un joven de ojos almendra y cabello desordenado vestido con el uniforme de la escuela de Lucy se acercó al mostrador y levantó la bohardilla de separación, ingresando hacia el fondo del local. Latis olvidó la conversación y las palabras de Zagato para fijar su mirada oscura en el muchacho, que saludó a los dependientes con desenvoltura.

- De acosador a malandrín. – dijo Zagato dándose cuenta de lo que ocurría- ¿Piensas golpearlo a la salida?

Latis levantó los ojos ante las burlas de su hermano, pero lo cierto era que la sola visión del sujeto le revolvía las entrañas.

Al poco tiempo el susodicho salió vestido con el uniforme de la panadería y reemplazó a la joven que estaba atendiendo en la caja. Entre el ruido afiló el oído para escuchar el saludo que le profirió la cajera, y así obtener su nombre.

- Buenas tardes, joven Paris


Águila sabía que podía perder un amigo si seguía por ese camino, pero hacía mucho que nadie despertaba en él las emociones que Lucy le producía. Disfrutaba de su compañía, y en especial de su sencillez y buen corazón. Latis tenía todas las razones para enamorarse de ella.

Había pensado dejar las cosas como estaban después del altercado con Latis en la biblioteca de la universidad, pero el destino había querido reunirlos allí, a kilómetros de distancia, justo para convertirse en el caballero de brillante armadura que salvaba a la damisela de las dificultades. Por eso se prestó para acompañarla de vuelta. Lucy estaba rendida e incluso tenía moretones en sus piernas, así que no sería correcto desampararla. Incluso le sirvió de bastón humano, pues la hermosa pelirroja comenzaba a cojear. Latis debería estar de acuerdo con eso…¿o no?

Pero cuando sintió la cercanía de su cuerpo sentados lado a lado en el tren, Águila comenzó a pensar algunas cosas con las que seguramente Latis le odiaría por siempre.


NOTAS DEL AUTOR

Saludos y mil gracias a todos por continuar leyendo Raikou! Sus mensajes me hacen MUY FELIZ (mayúsculas sostenidas)

Como siempre quiero dedicar este espacio a quienes donaron un poco de su tiempo para dejarme un review y/o un favorito o follow.

Lucykailu: Mil gracias por tu ayuda, por la publicidad, ¡por todo! Yo también me moría porque se besaran, ¡lo juro! pero luego se me malacostumbran XD Ah Zagato! No es tan terrible, aunque cualquiera cae en tentaciones ante tanto dulce servido en bandeja. Un abrazote! Ya sabes que Raikou no se escribiría sin tu constante realimentación

AnaKali: Lo siento lo siento! ¡Yo también me mordí los labios con esa escena! jejeje Y con Primavera el sentimiento es mutuo GRR!...ah! y tenías razón! el pobre chico de la panadería es Ferio! jajaja vamos a ver cómo le va con Lantis malhumorado. Mil gracias por tus comentarios! Espero seguir contando con tu opinión!

Lita Wellington: jajajajajaa no pude dejar de reirme por tu comentario! SIII bendita entrometida! Y tienes toda la razón respecto a Ferio, pobre, no quiero andar en sus zapatos XD. Muchas gracias por seguir leyendo Raikou y dejando tu realimentación! (voy a preparar una hoguera por quí para cierta muchachita...)

Guest: Gracias mil por tu review y bienvenid por aquí! AHH! Lantis Fogoso es lo mejor del mundo (ÑAM) ¡pobrecito que no sabe lo que se está cocinando a kilómetros de distancia!

Malina16. Thank you so much for your kind words! and thanks for sharing your thoughts ! BOTH Bros are VERY addictive. :)

Guest: De nada por la bienvenida! me encantó que sigas escribiendome! . Lucy es muy crédula y tiende a pensar que las personas no tienen otras intenciones y por eso las palabras de Primavera hicieron tanta mella. y Latis no quiere forzar las cosas..pero si supiera lo que está pasando en Narita, ya había salido correindo XD. Gracias por tus palabras