CAPÍTULO 12. ENCUENTRO EN NARITA

Paris estaba pendiente de la puerta y cada vez que sonaba la campanita de la entrada saludaba a los recién llegados, escondiendo su verdadero interés por conocer quién entraba al negocio de la familia: la famosa "Panadería Francesa", que recibía a múltiples visitantes a esa hora de la tarde que bordeaba las sombras del crepúsculo. Mientras tanto, cumplía su deber en la caja, pasando los artículos por la registradora como un autómata, hablándole a los clientes con una sonrisa distraída.

En eso, percibió la sensación de estar siendo observado. Era como un picor sobre la piel que no podía sacudirse. Giró hacia las mesas, porque desde allí sentía que encontraría a quien estuviera concentrando tal grado de atención en él. Lo encontró al poco tiempo, pero no le agradó nada al descubrir de quién se trataba. Era un hombre alto, unos 3 años mayor que él que le miraba con disgusto. Paris no creía que fuera rabia u odio, pero sin duda no era un fan. Trató de recordar si en los días pasados había dado mal el cambio o si tal vez había empujado a alguien sin querer, pero no encontró nada en su memoria para justificar aquel desdén.

Bueno, gente extraña había en toda parte, así que siempre y cuando no pasara a mayores, lo dejaría tal y como estaba.

— ¿Los conoces?

Era la voz de su hermana mayor, que se elevaba sólo lo necesario para que le escuchara, de pie al lado de él y dando la espalda a las mesas de forma intencional.

— No, no tengo idea de quienes son.

— Pero el joven estaba mirándote a ti, ¿verdad?

— Tal parece ser. Espero se espabile y se ocupe de sus asuntos. Me pone los nervios de punta con esa actitud pasivo-agresiva.

— ¿Y… el otro? ¿Está —Esmeralda pasó saliva para continuar— está…mirando hacia acá?

Paris levantó los ojos un poco cuidando de no parecer tan obvio. Esmeralda estaba en lo cierto, el que acompañaba al hombre raro había volteado su silla un poco, para poder atisbar en la misma dirección. Sin embargo, no estaba concentrado en la caja como el otro, sino dando un paneo hacia el área de las camareras.

- No en realidad. Creo que está admirando a Mizuha. No podría culparlo. ¿Por qué?

- Eh…no, por nada —dijo con los ojos perdidos en el suelo.

El tintineo de una canastilla al posarse sobre el mostrador obligó a cortar la conversación de los hermanos.

— Buenas tardes – saludó una voz clara justo al frente de ellos.

La persona que estaba esperando había aparecido por arte de magia, sin que él estuviera preparado para la conversación clave que se suponía iban a tener ese día -de la cual sólo él era consiente, para ser sinceros-. ¿Por qué Esmeralda tenía que haberle distraído? NO….Era culpa de ese tipo que le miraba desde las mesas.

Hacía algunas semanas que la joven de cabello rubio había tomado el hábito de pasar los Martes por el local. Desde el primer día, Paris siguió sus pasos observándola desde el mostrador. Era una muchacha hermosa, sencilla pero de modales perfectos. Su ropa, su forma de hablar, cada movimiento que realizaba era cuidadoso, como si la eficiencia fuera una forma de vida que debía abrazar en cada momento.

No negaba que su cabello dorado, que se curvaba en bucles sin llegar a sus hombros, su figura estilizada y la piel de porcelana le atraía sobremanera, pero no era sólo su apariencia lo que le llamaba la atención.

— Buenas tardes señorita — dijo con camaradería mientras tomaba la canastilla de pan para proceder a empacarlos y a facturar su contenido— veo que hoy no lleva pan de melón.

— No llevaré en ésta ocasión —los ojos verdes refulgían, analizándole, tan suspicaz como las otras veces.

— Si desea puedo ayudarle a seleccionar los más frescos —mencionó con una sonrisa.

— Hoy no llevaré pan de melón —recalcó.

Paris disfrutaba de esas visitas esporádicas porque juraba que la chica cambiaba su actitud cuando hablaba con él. Había visto su comportamiento con otros clientes, completos desconocidos como él y sin embargo…

— ¿Desea probar nuestra nueva línea de muffins? — Paris sabía que la rubia tenía impaciencia por irse, pero disfrutaba de sus reacciones.

— Así está bien —aclaró la rubia, quien estaba siendo respetuosa como todas las veces, pero se notaba que comenzaba a enfadarse— Tengo prisa.

Sin embargo, a él nunca le mostraba una sonrisa, ya fuera porque se había dado cuenta de cierta vez que él desapareció todas las canastas metálicas cuando ella entró, sólo con el objetivo de poder ofrecerle una personalmente o bien porque se daba cuenta de los diversos intentos de coqueteo en las esporádicas conversaciones, lo cuales no eran halagadores a su vista.

Lo curioso era que a pesar de eso, la rubia seguía volviendo al local, así tratara de evitar cruzarse con él, o correspondiera a sus palabras con una expresión adusta. Podía verla de reojo buscándolo con la mirada, y cuando eso ocurría él le saludaba como si nada, provocando un ligero rubor en sus mejillas, que era toda una delicia.

— Está llevando pan de crema. Tenemos una promoción especial de pague 5 lleve 6 ¿Le gustaría incluir uno adicional?

— No vi ninguna promoción de ése estilo en las vitrinas.

— Es una promoción efectiva en caja —mintió él con naturalidad, feliz de seguir el juego—

— ¿y cuál es el criterio para ofrecerla? Al cliente anterior no escuché que se lo mencionara.

— Tiene usted razón —concedió— es sólo para clientes especiales.

— ¿No debería tener una membresía para eso? —la rubia le miraba con sospecha, afilando sus ojos verdes, listos para cortar la respuesta que le diera.

— Estoy trabajando en ello

Sabía que le desarmaría con eso y añadió a su comentario una sonrisa diciente que tomó a la chica por sorpresa. La rubia entendió el doble significado de la frase y trató de no enrojecer, de hacer como si no hubiera captado el mensaje oculto, pero aun así, a Paris le fascinó ver en la cara de su cliente preferida un leve color rojo emergiendo sin querer.

— Gracias pero son demasiados panes, me quedo con éstos —dijo evadiendo su mirada, buscando la billetera en el bolso.

— Siempre a la orden, estaré presto a ayudarle —remató.

Esta vez ella lo miró con furia, pero él rehuyó el contacto visual, o terminaría riendo, lo que sólo enfurecería más a la muchacha. Así era siempre, un choque de voluntades que no terminaba de avanzar o decantarse hacia ningún lado. Por eso, los planes del día de hoy eran cruciales, y si jugaba bien sus cartas, hoy conseguiría el nombre de la muchacha. Le había tomado por sorpresa, pero él dejaría de llamarse Paris si no supiera cómo improvisar.


Lucy envió el mensaje de texto a su madre, contándole lo que había ocurrido para que no se preocupara por su llegada tarde. Había sido una increíble casualidad encontrar a Águila en el Aeropuerto de Narita y ya que él se ofrecía a pagar aquella suma exorbitante por sacarla de la estación y después llevarle de vuelta, lo menos que podía hacer era acompañarle en sus diligencias.

Caminaron un largo trecho de sinuosos pasadizos, escoltados por la marea de gente que se apresuraba a llegar hasta las puertas de abordaje del terminal 1.

— ¿Por qué debías venir hasta el aeropuerto de Narita? —preguntó Lucy—

— ¿Aparte de querer encontrarme contigo?

— Es en serio —le dijo riendo.

— Hablo muy en serio. ¿Qué hiciste hoy? Estás cojeando—mencionó mirándole con detenimiento—

— Estoy bien, no es gran cosa. Participé en el festival deportivo de mi escuela, y me di un par de golpes, pero nada de qué preocuparse.

— Ven — Águila le ofreció su brazo — no quiero que te caigas.

— Estoy bien, no hay problema, puedo caminar sola.

— No aceptaré un "no" por respuesta. Si cierran la oficina de correos porque estoy aquí esperando a que tomes mi brazo, va a ser tu culpa.

Lucy le miró interrogante sin creer del todo que aquel ultimátum era la verdad, pero Águila tenía una expresión que dejaba pocas dudas. Rara vez se encontraba con alguien igual de terco que ella, así que aceptó su brazo con la sensación de estar volviéndose una verdadera molestia para él. No sólo le rescataba de quedarse encerrada en la estación sino que ahora debía "cargar" con ella por todo el aeropuerto. Valiente compañía había resultado ser.

Avanzaron unos metros en silencio, hasta que divisaron las escaleras eléctricas al fondo, al lado de la oficina de Keisei donde varios turistas y locales se alineaban para adquirir sus boletos para los trenes que los llevarían hasta Ueno o el Aeropuerto de Haneda. Era porbable que de regreso tuvieran que sumarse a esa multitud para comprar el viaje de vuelta.

Lucy trataba de seguir el paso para no retrasarlo, así que se concentró en que sus piernas ejercieran la labor a la que estaban destinadas, aún si eso significaba que le dolieran todas las articulaciones.

— ¿Te preocupa ir del brazo conmigo? — Águila formuló la pregunta como si estuviera hablando acerca del clima.

— ¿eh? ¿Por qué lo dices? —Lucy no entendía por qué lanzaba esa pregunta de un momento a otro. ¿Acaso él no había insistido?

— No me conoces hace mucho tiempo. ¿Debería llamar a Latis para que venga por ti?

La mención de su vecino hizo que recordara la noche anterior, aquella cercanía hipnotizante, los ojos violetas intensos, la caricia sobre su mejilla, el suave aroma de su ropa…

Pero el recuerdo se agrió con otro más real, más tangible que las telarañas mentales y los diversos significados que había formado alrededor de aquel instante. La voz aguda de Primavera sonó clara en su cabeza, y sintió su desprecio volviendo hacia ella, en medio de las brumas de una noche que deseaba olvidar; porque era una noche en donde ella misma se desconocía. No podía ser aquella persona que Primavera señalaba como la causante de su dolor.

"señorita Lucy-roba-novios-Shidou"

"Latis es MIO"

— No. Latis debe estar ocupado. Además… —confesó con voz segura— Sé que nos hemos visto sólo un par de veces, y no podría explicarlo, pero confío en ti. Me siento bien a tu lado.

— No deberías decirme eso — dijo Águila mirando al frente, pero con una pálida sonrisa adornando su rostro.

— ¿Cómo dices?

— Nada. Vamos, debemos subir al segundo piso.

Según le explicó mientras llegaban a la oficina postal de la Terminal 1, el padre de Águila enviaba desde Londres paquetes Aeropuerto—Aeropuerto los cuales llegaban con mayor rapidez que si los enviaba dirigidos a oficinas en Tokyo. Por eso, cada cierto tiempo, y según la temporada del año, debía hacer viajes hasta Narita con el objeto de recoger las encomiendas.

— ¿Te envía dinero?

— No, el dinero que me envía lo consigna en la cuenta de ahorros. Quiero que lo veas por ti misma, porque es probable que no me creas si te lo digo.

— Muy bien —concedió haciendo una pausa, intrigada por el contenido del paquete—No sabía que vivías solo. ¿Acaso no es aburrido?

— ¿Quieres ir a visitarme algún día? Te garantizo que no me aburriré si estoy contigo

— ¡Claro que quiero ir!

— ¿De verdad? —el muchacho sonrió de nuevo, observándole con atención— Recuerda que estaríamos solos.

— ¿Y qué pasa? ¿No estamos solos en este momento? ¿Cuál es la diferencia?

— Ninguna. —mencionó hablando despacio—Tienes razón. Qué tonto soy.

Lucy levantó la mirada y vio un brillo inusual en los ojos de Águila. Le había parecido ver una expresión de ese tipo justo antes de que le levantara para alcanzar los libros del estante en la biblioteca de la universidad. Parecía que encontraba algo muy divertido dentro de sus pensamientos, que moría por compartir con ella, pero se arrepentía en el último momento.

— No quiero molestarte. ¿Estás seguro que está bien que te acompañe? —dijo ella tratando de encontrar la razón por la cual le miraba de esa forma, guardándose sus comentarios—

— No podría ser más feliz. Una niña bonita me hace compañía en semejante lugar tan apartado. ¿Por qué lo dices?

— Es que…te veo pensativo

— Ya veo —respondió mirando al frente, aun sabiendo que Lucy no le quitaba los ojos de encima— Es un secreto que algún día te diré.

— No te preocupes —Lucy tomó su mano, alargando el brazo que ya se sostenía de Águila, hasta alcanzarle— soy muy curiosa, no hay necesidad que me digas nada.

Águila se detuvo, y se quedó por un momento mirando la mano de Lucy entrelazada con la de él, como si viviera un acontecimiento único, un momento singular.

— ¿Águila? ¿Estás bien?

— Deberías quedarte conmigo en vez de volver a tu casa, ¿qué opinas?—soltó de improviso, mientras iluminaba sus ojos— Prometo llevarte más tarde.

— Me gustaría…—Lucy alargó la última palabra, moviendo sus pupilas de un lado para otro.

— ¿Pero? Siento que viene un "pero" en esa frase

— Pero prometí a mi madre que llegaría temprano, íbamos a salir a hacer unas compras.

— Comprendo. —Águila reanudó su paso, sin soltar la mano de Lucy— Quizás puedo llevarte a un sitio de encuentro, ¿qué te parece?

— ¿Harías eso? —Lucy arrugó las cejas con incredulidad— No te he dicho dónde vamos a ir, y quizás tu casa esté al otro extremo de la ciudad.

— ¿No será más rápido si se ven ahí? Creo que no tienes dinero suficiente…

Lucy rio con pesar y puso dos dedos de su mano libre sobre la frente. ¡Ay! Lo estaba volviendo a poner en un aprieto. Águila era demasiado gentil.

— Déjamelo a mí —le dijo el muchacho guiñándole un ojo


Zagato paseó sus ojos recorriendo el mostrador de la panadería, por quinta vez consecutiva. Quería saber la historia detrás de los bocetos que había visto, los cuales le habían causado una profunda impresión. Poco tiempo había tenido para detallarlos, pero sabían que eran oro puro. El manejo de las perspectivas y de las sombras, a pesar de ser meros dibujos a lápiz, era impecable. Zagato conocía lo suficiente de historia del arte para saber que esos trazos se hundían en remembranzas a Van Gogh y a Cézanne. Incluso había levantado del suelo, en un instante que ahora alargaba en su memoria con gusto, un pequeño paisaje montañoso donde la influencia puntillista de Seurat quedaba plasmada con fuerza sobrenatural, haciendo que la hoja cobrara vida y casi escuchara el viento batiendo las hojas de los árboles que se mecían al compás del destino que la hermosa rubia, cuya piel de seda había rozado sus dedos, quisiera darles.

Esmeralda — repitió en su cabeza, mientras veía a la joven ayudar en algunas tareas a las meseras y estar pendiente que las canastas metálicas no se apilaran en la registradora— ¿Por qué pareces tan triste, siendo tú capaz de crear tanta belleza?

Tomó el último sorbo del café que había ordenado, y al ver que una de las meseras estaba quizás demasiado pendiente de su mesa, ya fuera por él o por Latis, sonrió con cansancio y levantó su brazo para ordenar otro. No se iría de allí hasta que tuviera la oportunidad de hablar con ella, y creía que lograría su objetivo, contando con los impulsos de su hermanito quien monitoreaba con atención al empleado que estudiaba en la misma escuela de Lucy, según había constatado gracias al uniforme con el que el chico ingresó al establecimiento.

— ¿Qué vas a hacer Latis?—mencionó irguiendo su espalda en la silla de madera— Ese chico está coqueteando con la rubia de anteojos, por si no lo has notado.

Latis no volteó a mirarle pero frunció el ceño, obviamente fastidiado por la pregunta.

— Lo sé —afirmó sin mayores comentarios—

— ¿Entonces cuál es el plan? ¿Fastidiarle la conquista? ¿Enfrentarle a la salida? ¿Infiltrarnos en la cocina y rociar el pan con sal? —Zagato se echó para atrás, disfrutando de las reacciones que causaba cada una de las propuestas que lanzaba—

— No seas infantil. Nada de sal.

— ¿Yo infantil? — dijo con sorna, volviendo su sonrisa una mueca y alzando una ceja— estás aquí jugando al detective. ¿Entonces el enano tiene algo con la niñata? No es tan difícil de imaginar si comparten el salón de clases, y además viven cerca. Puede ser.

Su hermanito no se guardó la mirada de displicencia ante la última frase, pero a pesar de la provocación, no agregó nada a la discusión, como Zagato suponía. A Latis le costaba reconocer que podría estar perdiendo, pues su sentido de competencia era tan alto como el suyo, y no estaba de buen humor para replicarle.

— Estás aquí, pendiente de conocer a tu enemigo, es una buena jugada, no lo niego. —concedió— ¿Y cuál es la relación del enano con la estudiante de artes, la que decías…cómo se llamaba?

— Esmeralda

— Esmeralda— repitió como si desde antes no se hubiera quedado grabado aquel nombre, como si no hubiera dirigido la conversación de forma específica hacia ella—Parecen cercanos. Si la conoces, podrías hablar con ella y obtener información acerca de lo que necesitas.

— No es que seamos amigos. Sólo conozco su trabajo, y su fama

— Eso podría ser suficiente para entablar una conversación. Incluso si me comentas algunos datos, podría hacerlo yo.

Ante el inusual ofrecimiento, Latis devolvió la taza de café que estaba llevándose a los labios hacia el plato de porcelana blanca que hacía juego, el cual aún sostenía el pequeño chocolate de cortesía envuelto en papel plateado característico de la panadería francesa.

— ¿Tú hablar con ella? — los ojos violetas de Latis buscaron la verdadera intención tras esas palabras en el rostro de Zagato.


Paris sabía que aún quedaba una oportunidad, era ínfima, pero no podía dejar de intentarlo o su trabajo de días anteriores se vendría al piso. Había leído la sinopsis de los libros que escondía debajo del mostrador y debía utilizarlos esa noche o tendría que devolverlos a Lucy el siguiente domingo sin alcanzar su objetivo, ya que era incierto que la muchacha volviera durante la semana. Era ahora o nunca.

— Ya mismo le empaco su…¡augh!...¡AUCHHH!

La bolsa con los panes que ya reposaban en el empaque de papel cayó al suelo, lo cual generó la primera exclamación de Paris, que al agacharse a recogerlos, se estrelló de forma consciente contra el estante de la caja registradora para hacer caer las facturas, papeles y los dos libros que había encargado a Lucy. Pero no todo podía salir a pedir de boca y el impulso fue exagerado, por lo que el segundo aullido se volvió completamente auténtico.

— ¡Oh cielos! ¿Está bien? —la muchacha se asomó por la derecha de la caja, preocupada por el desastre, así que el dolor amainó al ver la cara de acontecimiento y los ojos desorbitados, pendientes de él. Si un simple golpe en la cabeza lograba semejante expresión, valía la pena el chichón.

— Perfecto—respondió con una sonrisa de suficiencia, pero la verdad era que el mundo le daba vueltas y sentía un dolor palpitante en la coronilla. Hasta creía que un hilito de algo que podría ser sangre se deslizaba entre el cabello. Quizás había exagerado un poquito la pantomima—

— Se ha golpeado muy fuerte, dudo que esté "perfecto". —dijo ella negando con la cabeza— Es necesario que alguien le revise.

Los ojos de la rubia se desviaron a los libros y al desorden en el cual él era el epicentro, y guardó silencio, observándolos con meticulosidad alarmante. Uno de ellos había quedado abierto de par en par y el otro reposaba en el suelo al lado de los panes maltrechos.

Paris supo por la forma en que regresó a verle para luego desviar la mirada, que algo estaba mal y que era probable que la movida no se decantara de la forma en que había supuesto.

Esmeralda llegó en el segundo siguiente, y se arrodilló a su lado, palpándole la cabeza con suaves toques mientras daba orden a una de las meseras para disculparse en nombre del establecimiento con los clientes, y de forma particular hacia la chica de su interés, quien ahora se paraba rígida con cara de pocos amigos.


Tomaron el tren de vuelta después de recoger el paquete, cuyo contenido Águila había enseñado a una sorprendida Lucy justo antes de abordar el Access Express de la línea Keisei, que los dejaría en la estación Shinbashi donde podrían tomar el loop de la línea JR para llegar hasta Shibuya, donde Lucy se encontraría con su madre.

Se sentaron el uno al lado del otro en la fila de sillas paralela al sentido del tren, esperando a que los demás pasajeros terminaran de ingresar y acomodaran sus maletas y objetos personales. Conforme pasaban los minutos se hacía más complicado para Águila tener a Lucy tan cerca sin intentar hacer un avance al respecto. Si su mejor amigo no estuviera involucrado, las cosas serían mucho más sencillas, pero también sospechaba que entre Latis y Lucy había una historia complicada que por el momento no podía comprender, la cual hacía que la relación entre ellos fuera tensa, como caminar al filo de un abismo. Una muestra de ello era la expresión de la chica cuando él había mencionado el nombre de Latis.

— ¿Tu padre te envía cosas así de todos los sitios que visita? —preguntó Lucy con la caja que habían recogido en la oficina de correos sobre las piernas, llena de sellos de aduana que contenía panfletos de diversas atracciones, museos e incluso boletos de ingreso utilizados, todo clasificado en carpetas y cuidadosamente ordenado.

— Hicimos un trato hace un año, cuando decidí quedarme en Japón en vez de acompañarle en su traslado a Europa. Yo debo ir a todos los sitios que él haya visitado cuando sea el momento, y le deberé enviar el mismo tipo de recuerdo. —Águila se llevó una mano a la cabeza, considerando la deuda que ya tenía, riendo—creo que no me va alcanzar la vida, mi padre disfruta mucho viajar.

— ¿Por qué no te fuiste con tu familia?

Águila suspiró, y cerró los ojos por un momento, considerando la respuesta que debería dar a la sincera inquietud de Lucy. Esa había sido una decisión de la cual nunca se había arrepentido, y de la cual se sentía orgulloso, pero que quizás otros tendrían problemas para comprender.

— ¿Alguna vez tuviste un lugar muy querido, el cual no quisieras perder a pesar de tener recuerdos dolorosos. Un sitio único que no es sólo eso, sino que vive en las personas con las cuales compartiste momentos felices, el cual quieres preservar cueste lo que cueste?

Su razonamiento tomó por sorpresa a Lucy, quien perdió su mirada hacia el frente y le encerró en un recuerdo del cual sintió celos instantáneos. Su bello rostro esbozó una sonrisa nostálgica para luego mover su cabeza, afirmando con seguridad. ¿Acaso compartían el mismo sentimiento? ¿Cuál era ese lugar que Lucy deseaba cuidar? Águila pudo sentir su alma vibrando en la misma longitud de onda que el espíritu de Lucy, y el impulso de abrazarla y saciar con felicidad ese atisbo de tristeza que veía en su expresión se hizo palpable. Lo entendía, entendía el por qué Latis le molestaba tanto la sola idea de verla con otro hombre, y era porque Lucy tenía un corazón brillante, que atraía de la misma forma que las llamas buscaban el oxígeno.

No le has dicho que estás enamorado de ella, ¿verdad Latis? No le has dicho cuán importante es para ti— pensó mientras apreciaba su sonrisa, su boca, sus ojos marrones que eran como pequeños delatores de un alma clara, que eran fuego y eran calma; que eran el reflejo de una promesa que él comenzaba a hacerse.

— Lo entiendo —dijo Lucy irradiando seriedad, dándole a sus palabras el peso que requería lo que Águila acababa de confiarle— Y me alegra que te quedaras —subrayó más relajada— o nunca te habría conocido.

— ¡Jajajaajaja! — Águila no pudo aguantarse la risa, porque era claro que Lucy no pretendía ser tan encantadora con palabras que de ser pronunciadas por otra muchacha indicarían una intención completamente distinta, pero que aun así le atrapaban— ¿¡Qué voy a hacer contigo!?

— ¿Dije algo malo?

Lo siento amigo mío, lo intenté, en serio lo intenté, pero te lo advertí. Te dije que más valía que aprovecharas el tiempo, porque sinceramente yo no puedo…

— Nada malo, a mí también me alegra haberte conocido. ¿Puedo hacerte una pregunta?

Yo no quiero dejarla ir…no ahora.

— Dime, puedes preguntarme lo que quieras. ¡Hoy me has ayudado mucho!

— Me gustaría tener un recuerdo de éste día. ¿Está bien que nos saquemos una foto?

— ¿Una selfie? —Lucy sonrió emocionada— ¡Si! ¡Eso sería genial!


— Parece que el karma alcanzó a la competencia —dijo Zagato viendo el desorden que el joven objeto del monitoreo de Lantis había provocado al desaparecer detrás del mostrador en medio de un estrepitoso ruido.

Lantis se distrajo con la vibración del celular que llevaba en el bolsillo del pantalón, por lo que no se dio cuenta que Zagato se levantó de la mesa.

La razón por la cual se encontraba en ese sitio, todo lo que había hecho en ese insulso día pasó a un segundo plano al ver la imagen sobre la pantalla del celular. Una sensación que nunca antes había vivido, la cual sabía a rabia, a infinita impotencia y a una prisa que le consumía vivo, hizo que se levantara de inmediato de su silla. Una corriente eléctrica que había encendido todo su ego, todas sus ganas de reclamar lo que su corazón gritaba, hizo que se pusiera en marcha como si su vida entera dependiera de ello.

Garabateó un mensaje rápido en respuesta al que había visto como pie de foto, donde un sonriente Águila y una preciosa Lucy le saludaban como si realmente pudieran verlo a través del lente de la cámara.

"Le daré su primer beso en Shibuya" —rezaba el mensaje de Águila al lado de un emoticón que llevaba unas gafas de sol.


NOTAS DEL AUTOR

¡FELIZ AÑO! Siento no haber publicado antes, pero Diciembre llegó con muchísimo trabajo. A todos los que con mucha paciencia esperaron actualización, perdón y muchas gracias por seguír acompañándome en éste fangirleo intenso jajaja. A propósito doy gracias por la idea de la selfie a Shidouhikaru15 en Tumblr. Salió de una conversación acerca de qué haría o no Águila, y esta decidí incluirla aquí.

Aprovecho este espacio para avisos clasificados del 2018. Raikou seguirá actualizándose hasta que llegue su conclusión, y "Es tan sólo tu imaginación" cuyo aniversario de 5 años se cumplirá en Febrero verá su final en ese mes si todo sale bien. Tan pronto termine con "Es tan sólo tu imaginación" será el turno de "Éste es el apocalipsis" el cual se alternará con Raikou hasta el final. Por último, actualizaré el hilo rojo, el cual tuve que dejar en hiatus temporal hasta no terminar los fics más antiguos. Tengo otros proyectos en mente, pero serán one shots, por ahora no habrán más long fics hasta que no se den por terminados los que se encuentran en curso.

Gracias a los lectores fantasmas y a todos los que aún leen mis proyectos. En especial a quienes me dejan saber que les gusta a través de un favorito, un follow, y de los reviews.

LucyKailu: Pues llegué a cierto punto que me gustó para dejar la trifulca para el siguiente :P espero que Raikou te siga gustando y Águila también. Ya está todo el caldo listo para el estofado de celos jajajajaa. Gracia spor la realimentación, por las bandas sonoras, por todo! Sabes que Raikou no sería lo mismo sin tus palabras.

Lita Wellington: Ahh! gracias por tu review! me encanta que notaras las intenciones de Zagato! Y Águila por supuesto que es encantador, con esa personalidad como no serlo! además que el chico no está nada mal. Como digo, ya está el terreno preparado para el síncope de Lantis en el siguiente capítulo buajaja

Okamiaka: Zagato también es encantador, por donde lo veas, sus comentarios, su liderazgo, es el hermano mayor que sabe que tiene con qué jajaja. Me alegra que te gusten los toques de humor en el fic. Esa es la idea, que sea entretenido y emocionante de leer. Mil gracias por tu comentario. soy feliz leyéndolos.

AnaKali: Siento mucho el fic tan triste de semana de parejas, espero que éste reivindique en algo el sentimiento de "Pensando en voz alta". Afortunadamente Lantis no alcanzó a tomar alguna venganza con Ferio...porque le llegaron peores noticias :P. Y lo que dices acerca del pobre Lantis mirando de lejos...ay siii a mi también me dió mucho dolor verlo así, sobre todo habiendo intentado besarla. Dan ganas de abrazar al muchachito. Muchas gracias por tu review. Creéme que los leo y los releo y siempre me alegran el día

Kuu de Céfiro: Como puedes ver, Paris no es que lea libros jajaja sólo los quería para era su plan. ya en el siguiente cap verás por qué. Y si, mi pobre Lantis la tiene muy complicada, por todo lado llega algo, si no está pendiente de una cosa, por otro lado le explota algo. Ay porque lo quiero le aporreo :P. Águila tiene esas ambivalencias en su personalidad, de poner en peligro su amistad con Lantis si tiene un objetivo en mente. Pero al menos aquí le avisa...o se ufana de ello, quien sabe. Mil gracias por tu review, me encanta verlos, gracias por escribirme.

Guest: Hola! Me gustó tanto tu review que coloqué lo del detective en boca de Zagato jajaja. Me hiciste reir mucho. Si, a Zagato le llegó su tate quieto, vamos a ver cómo le va con Esmeralda. Siento haberme demorado tanto. Espero sigas dejándome tu opinión, gracias por tus palabritas.

Lin: AHHHH! Bienvenida por aquí! La personalidad e Zagato es algo que me pareció apropiado como hermano mayor que no se deja de nadie, que se forjó a punta de golpes y de tener que ser el sostén de su familia. Igual me gusta pensar en un Zagato así, y esas sonrisas del anime, esas palabras con que "incentivaba" a Ascot, a Caldina, o a Alanis me dejan ver que Zagato puede ser un poco cínico. También la escena de los hermanos en el jardín, de Zagato regañando a Lantis por perezoso, me inclina por esta personalidad. ajajajaja Morí con tu segundo review, la reacción acerca del beso no consumado. Es un honor tener tu admiración, mil gracias por tus palabras y por leer Raikou.

No leemos a la proxima. A los lectores fantasma, déjenme saber que piensan! Recibo tanto flores como ensalada y tomates jajaja Un abrazo.