CAPÍTULO 13. SHIBUYA

Some people want it all
But I don't want nothing at all
If it ain't you, baby
If I ain't got you, baby

If I ain't got you -Alicia Keys

Aún faltaba al menos una hora para llegar a la estación de Shimbashi, donde tomarían el loop para llegar a Shibuya, así que Águila tenía bastante tiempo.

La foto que tomó al principio del recorrido la envió justo después que Lucy se durmió apoyada en su hombro. Su rostro tan cerca, el calor de su cuerpo, el olor dulce de su cabello. Todo se convertía en tentaciones que debería añadir en su haber de ese día tan particular.

Sin embargo, después de enviar aquella bomba advirtiéndole a su amigo que su apuesta estaba sobre la mesa, no esperó una respuesta tan inmediata, y menos por mensaje de texto. Creía que Latis iba a llamarle 50 veces (llamadas que no contestaría, por supuesto) para decirle de qué se podía morir, pero no fue así. Su celular permaneció en silencio completo, excepto por aquel mensaje.

Lo releyó una y otra vez. ¿Qué quería Latis decir con eso?


Shibuya

Esa palabra era lo único que tenía, pero Shibuya era enorme y estaba plagado de gente. No encontraría a Lucy ni con toda la suerte del mundo, a menos que tuviera una pista. Por eso se dirigió directo hacia el mostrador de la panadería, dejando atrás todo el recato o la estrategia que podía armar. Sin decir una palabra ubicó la puerta de media altura e ingresó al área de los empleados, ante la mirada asombrada de las meseras, que se habían quedado petrificadas y sin saber qué hacer porque los dos hermanos, Esmeralda y Paris, quienes tenían el puesto de administradores esa tarde estaban ocupados con otro desastre en la registradora.

Zagato le llamó, seguramente para detenerlo. Escuchó su voz a lo lejos, como un eco sobrenatural salido de una evocación de la niñez, pero desechó responderle o colocarle un ápice de atención.

Llegó hasta donde estaba el "amigo" de Lucy, quien se incorporaba del suelo acompañado de Esmeralda. Con los susurros de desaprobación y el pequeño escándalo ambos estaban sobre alerta del intruso, y las miradas de estupor no se hicieron esperar. Latis se detuvo a dos pasos de distancia y observó los ejemplares que con dedicación habían buscado el día anterior en la biblioteca y que con tanto cuidado Lucy había llevado consigo en el tren, ahora despatarrados en el suelo.

— Me debe un favor —dijo Latis con acritud hacia el "amigo" de Lucy, señalando los libros.

— Disculpe, pero no debería estar aquí. Le ruego que se retire de ésta área —interrumpió Esmeralda con cortesía pero con voz firme.

— ¡Latis! — la voz de Zagato había subido de volumen, y le retaba a consecuencias justo al frente, en el área de los clientes—

— Me debe un favor —repitió con terquedad, dirigiendo su mirada helada hacia el muchacho, quien le devolvía la expresión sin asomo de miedo— Esos libros están a mi nombre.

El "amigo" pareció entender a qué se refería, pero aún si estaba sorprendido por el giro que había dado la noche, no lo dejó traslucir en su actitud. En cambio, se solidarizó con su hermana dando un paso al frente listo para echarlo.

— Retírese de ésta área —ordenó inclemente—

— No lo haré.

— Llamaré a la policía si no se retira de inmediato —dijo una cuarta voz, que se ubicaba al lado de Zagato. Era la rubia de anteojos, quien miraba a Latis de arriba abajo—

— No será necesario, deben disculpar a mi hermano —Zagato se dirigió hacia Esmeralda, quien le miraba con cautela— Hoy no es él mismo.

— Será mejor que se vaya de una vez — dijo el "amigo" señalando la salida— tanto aquí como del local, y tome una larga siesta a ver si se le aclaran las ideas y deja de entrometerse en los asuntos de los demás.

— No creo que sea necesario —respondió Latis con calma— pero quizás la cliente que lo defiende pueda estar interesada en la forma en que trata de hablar con ella.


Lucy se despertó al sentir vibrar su teléfono. Era el colmo, ¡otra vez dormida!. Se incorporó notando que se había recostado en el hombro de Águila y por eso había estado tan cómoda todo el trayecto.

Buscó en el bolsillo delantero de su bolso escolar por su celular, que se iluminaba silencioso mostrando una llamada entrante. No podía contestar en el tren, así que devolvió la llamada con un mensaje.

— ¿Quién es? —preguntó su compañero.

— Un amigo de la escuela, solemos vernos los Martes y quizás por eso me llama. Aunque creo haberle dicho que hoy no podía pasar por allá. —respondió mientras tecleaba— ¿Ya casi llegamos a Shimbashi? Debo avisarle a mamá cuando esté cerca.

— Es la próxima estación, llegaremos en unos 5 minutos —Águila hizo una pausa antes de continuar— Lucy, sé que no me concierne, pero ayer después que me retiré de la biblioteca, ¿Latis te acompañó a casa?

No esperaba que Águila le preguntara eso, pero era lógico, él era un muy buen amigo de Latis. La alusión al evento le incomodaba, pero debía responderle.

— Si, volvimos juntos. —mencionó pasando de largo los detalles, afirmando con la cabeza viendo cómo Águila le intrigaba parte de lo que había dicho. Lucy se distrajo con un nuevo mensaje de Paris, al cual comenzó a replicar antes que su compañero siguiera la conversación—

— ¿Volvieron juntos? ¿Qué tan lejos queda la casa de Latis de la tuya?

— ¡Oh! ¡Es justo en frente! —contestó con una sonrisa auténtica, al tiempo que seguía tecleando en el aparato— Perdona si no te miro, ya casi termino de contestarle.


Latis corrió el último trecho a la estación de Tokyo metro donde abordaría un tren de la línea Ginza que le llevaría a la estación de Shibuya. Los recuerdos de un momento similar hace 7 años le inundaron la memoria mientras bajaba las escaleras de la estación subterránea. En el recuerdo, vívido pero gris, estaba él esperando a una niña de cabellos de fuego y mirada dulce, que se le escapaba sin remedio.

Era el tercer día que pasaban en el hospital. Raikou enfrentaría esa tarde la segunda cirugía y aún estaba entredicho si volvería a caminar. El veterinario debería reconstruir una parte de su cadera en el procedimiento, y estaban administrándole medicamentos contra el dolor por lo que Latis no había podido ver al joven can desde el incendio.

Sin embargo, el ánimo del niño había estado mejorando con las noticias que traían su madre y Zagato, a lo que Latis se había dado cuenta que su comportamiento con la niña Shidou había sido repudiable. Aquel mismo día en que le gritó para que saliera de su cama, repasó los acontecimientos con calma y descubrió que lo que menos quería era causar más daño. Estaba descargando su propia culpa en la niña y sin duda Raikou se pondría furioso con él si sabía que la persona por la cual había arriesgado su única vida perruna estaba sufriendo por su egoísmo.

Raikou lo había dado todo por la niña Shidou. ¿Quién era él para restarle heroísmo a su más querido amigo?

Además la niña Shidou era alguien imposible de odiar. Él la conocía y le admiraba en secreto por enfrentarse día a día con Zagato para que le incluyeran en el equipo de futbol que los hermanos Kuroda habían armado con otros niños. Su hermano jamás le dejó jugar más de 5 minutos porque siempre hacía algo para sacarla del campo de juego, pero la niña siempre se levantaba y volvía a insistir sin enojarse. Cada vez que eso ocurría, Latis no podía evitar sonreír sabiendo cuánto molestaba aquella voluntad inquebrantable a Zagato, el líder al que nadie osaba contradecir.

Por eso la mañana siguiente decidió que haría lo posible por enmendar lo que había hecho. Estaban solos en la habitación y lo seguirían estando hasta las diez ya que la mamá de Lucy llegaría más tarde según había oído en una conversación el día anterior. Por su lado, Kuroda Akemi no podía permitirse estar largos periodos fuera de su trabajo, por lo que sólo aparecería al final de la tarde.

Latis corrió la cortina que separaba sus espacios e intentó entablar una conversación

Hola. ¿Estás despierta?

La niña Shidou se volteó en su cama y le miró atenta con sus ojitos marrones. Sin duda recordaba el horrendo grito del día anterior.

Hola

¿Dormiste bien? —preguntó acomodando su almohada para poder hablar desde su posición con comodidad.

Si. ¿Y tú? ¿Volviste a tener pesadillas?

¿Pesadillas? —Latis se asombró por la perspicacia de la niña— Más o menos. ¿Tienes pesadillas también?

Sólo la primera noche, pero en medio del sueño escuché tu voz y la pesadilla se diluyó.

¿Mi voz?

Dijiste "no te preocupes" lo recuerdo bien. Justo después de sacarme de la casa, el día del incendio. En el sueño lo volviste a decir.

¿Eso dije?

Tú me sacaste de la pesadilla. Por eso quería sacarte de tu pesadilla ayer, pero creo que no lo hice bien.

Latis tragó saliva, que le supo fangosa. ¿Por eso ella se había metido en su cama? ¿Estaba teniendo pesadillas y ella trataba de calmarlo? De súbito recordó que en el sueño las llamas que le rodeaban habían desaparecido y que había sentido una calidez tierna, como el de una caricia que le ayudaba a emerger de las brumas oscuras de la inconciencia. ¿Había sido ella?

Lucy —dijo él, mirándole como si fuera la primera vez. Su cabello rojo caía revuelto sobre la almohada, pero en ese momento le pareció una de las cosas más bonitas que había visto en su vida— ¿está bien que te diga por tu nombre?

¡Claro que si!

Te gusta el fútbol, ¿cierto?

¡ME ENCANTA! ¿Algún día jugaremos juntos? Te he visto jugar y eres muy rápido. Apuesto que puedo competir contigo.

Jugaremos juntos, pero no invitemos a Zagato.

Ambos rieron con ganas, tanto que Lucy terminó tosiendo. Al verla secarse unas lágrimas de alegría Latis sintió en su pecho una emoción extraña que comenzó a rebullir, a presionarle como si el oxígeno le faltara y temió que se estuviera enfermando de algo nuevo, así como había ocurrrido con el problema del ligamento de su rodilla que pasó desapercibido por los médicos en el comienzo.

Sin embargo la sensación junto con la risa pasó, pero Lucy seguía tosiendo sin parar. Su rostro se estaba volviendo rojizo por el esfuerzo.

¿estás bien? —preguntó él al escuchar que la tos se hacía más ronca

Si…(tos) estoy (tos) bien(tos) perdón (tos)

¿Tienes frío?

A esta hora (tos) siempre (tos) pasa (tos)

Sin pensar en lo que hacía, Latis bajó de su cama con la cobija en la mano. La rodilla le dolía como nunca, y cojeaba, pero no importaba. Se dirigió hasta la cama contigua escuchando el sonido seco del ataque de tos que no cejaba y le cubrió no sin esfuerzo. Los brazos estaban entumecidos y los dedos le ardían por las quemaduras.

¡No!(tos) te dará (tos) frío(tos)

Lo hago porque es algo que hubiera querido Raikou —mencionó sin querer, aunque le pareció que al final su intención sonó como si él estuviera obligado a hacerlo y no porque le naciera del corazón.

Con el ruido, una de las enfermeras entró para revisarlos, y mandó a Latis directo a la cama junto con su cobija. Era el comienzo de tres días de fiebre para Lucy, y esa conversación fue todo lo que pudo hacer para enmendar su error.

Le vio pasar por todas las etapas, pero el día más terrible fue el que se la llevaron a cuidados intensivos. Ese día pensó que una parte de sí se desprendía de su ser al verla suspendida en los brazos de los médicos, increíblemente delgada, atormentada y sudorosa. La cara de la señora Shidou le decía que no era algo para tomarse a la ligera. El fantasma de la muerte podía aparecer de un momento a otro, él más que nadie sabía que la parca no hacía distinciones con nadie: ni padres ni perros ni niñas de corazón gentil y sonrisa delicada.

Pero Lucy volvió en la noche del sexto día, vestida en una bata blanca, como un frágil ángel que había recuperado sus alas invisibles. Nadie notó la sonrisa de Latis mientras le instalaban al otro lado de la habitación, donde le correspondía estar, de donde nunca debió irse.

Esa noche la pasó en vela, esperando a ver si ella despertaba. Al día siguiente le darían de alta y quería hablar con ella a como diera lugar pues sabía que Lucy debería permanecer en el hospital un poco más.

La señora Shidou salió de la habitación y Latis escuchó la conversación con las enfermeras. La madre se ausentaría por unos momentos pues bajaría a la cafetería a comer algo para seguir alerta. La luz de la luna se filtraba por la ventana y Latis corrió la cortina para apreciar la carita de la niña que dormía plácidamente.

En un impulso egoísta se levantó de la cama y se acercó sigiloso, sin saber si quería despertarla o por el contrario, dejarla dormir. Lo único que tenía claro era que quería verla más de cerca. De nuevo la presión del pecho le atacó cuando estuvo a un palmo de la niña y su corazón latió con fuerza, como si estuviera a punto de entrar a un campo de fútbol a punto de jugarse la final del campeonato. Su mano tocó la frente de Lucy, para revisar su temperatura y pasó por sus mejillas en suaves toques como hacía su propia madre cuando él estaba enfermo.

Lucy se removió ante el contacto y antes que él pudiera retirarse, ella rozó su mano con la de él. El contacto fue breve, pero le dejó paralizado. Lo siguiente que hizo jamás pudo explicarlo y nunca se lo confió a nadie; sólo nació del momento, de su propia culpabilidad, por querer tragarse las palabras que había dicho, por haberse arrepentido de salvarle. El beso que le dio en la comisura de los labios fue un beso que nació de un sentimiento puro, y que era inefable como la luz de la luna que parecía celebrar la travesura de ese niño roto que trataba de unir su alma.

El mensaje que había enviado a Águila no era exacto, pero él no tenía por qué saberlo. Lo importante era que le comprara tiempo y conociendo la curiosidad innata de su amigo, sería suficiente para frenarlo, al menos mientras él llegaba para que la amenaza no se cumpliera.

El tren hacia Shibuya pasó justo a la hora que indicaban las pantallas y Latis subió al vagón deseando teletransportarse. Sólo esperaba que el "amigo de la panadería", de quien ahora conocía el nombre, cumpliera su promesa y siguiera enviándole información acerca del paradero de Lucy. El peligro de perder a Lucy nunca estuvo cercano a Paris, ahora lo entendía. Él era el único culpable de lo que estaba ocurriendo puesto que otra vez eran sus acciones las que lo alejaban a esa persona que más quería.

A pesar de haber conseguido a fuerza el contacto de ella, no se decidía a llamarle, pero lo usaría como último salvavidas. Por ahora, lo más importante era sacarla de las garras de Águila.


"El primer beso se lo di yo. Y tú no le darás ninguno" —era el mensaje de Latis que hacía que le diera vueltas la cabeza, y que no podía negar, había conseguido intrigarle, tanto para indagar acerca de la cercanía que Lucy tenía en realidad con su amigo.

— La próxima parada es Shibuya —dijo Lucy mirando el tablero electrónico que cambiaba del hiragana simple para los niños de colegio, luego japonés normal compuesto por kanjis, al inglés y coreano para los extranjeros que tomaran el servicio— Quiero agradecerte por todo lo que hiciste hoy. Te pagaré los dos trayectos, lo prometo.

— No hay necesidad de eso

— ¡Pero son más de 2.500 yenes!

— Podrías pagarme de otra forma, si estás de acuerdo.

— ¿y qué forma es esa?

Águila se acercó a su rostro con cautela pero de tal forma que fuera inútil evadirlo. Por un instante Lucy no supo leer sus intenciones hasta que el cálido aliento del muchacho le susurró al oído cómo sería el pago de su deuda.


"Llegarán por la línea del loop de JR, y planean encontrarse con la señora Shidou en la estatua de Hachiko"

Ese era el último mensaje de Paris. Desconocía si correría con suficiente suerte para encontrarles antes, porque la suerte le era esquiva con todo lo relacionado con Lucy Shidou, pero no se rendiría.

Se bajó del tren y comenzó a caminar lo más rápido posible entre la multitud para encontrar la salida que le conectaría con la estación JR de Shibuya.


Debido a la gran cantidad de personas cambiando de trenes a su destino, a Lucy y Águila les fue imposible mantenerse justo al lado del otro. Ambos trataban de no separarse, pero en las escaleras eléctricas llenas de salary man y elegantes mujeres con sastres de variados colores, debían ser pacientes.

— Ya casi llegamos, ¿tu mamá viene en camino? —indagó Águila cuando pudieron volver a reunirse en uno de los descansos de las múltiples plataformas. Aún les quedaba subir dos niveles.

— Llegará en unos 20 minutos a la estación. Se retrasó saliendo de casa, parece que la señora Kuroda quería preguntarle algo.

Es el tiempo preciso —pensó proyectando el momento y lugar que había escogido para atraerla hacia sí, para dar el paso definitivo.

— ¿A dónde vamos a ir? —preguntó Lucy, curiosa.

— Vamos a un edificio de enfrente a la estación, desde allí se ven todas las luces y el paso con claridad. —le volteó a mirar con suspicacia— No me digas que no vas a pagar tu deuda.

— ¡No me estoy arrepintiendo!—dijo con una sonrisa.

Mas al llegar al punto neurálgico de división de la estación, justo al emerger de las escaleras, al lado del gran ventanal que dejaba presenciar desde una altura apropiada el mar de personas que cruzaban a diario el famoso paso de Shibuya, Lucy vio una persona que jamás soñó encontrarse en ese lugar. Una persona a la que había evitado deliberadamente. Pero allí estaba, esperándolos paciente a que terminaran su ascenso.

— ¿Latis? —Su voz salía como un susurro, pero fue suficiente para alertar a Águila, quien no se había fijado en la figura que les esperaba al frente.


Habían pasado casi 24 horas desde su último encuentro, pero cada minuto se antojaba un pequeño martirio que Latis no deseaba volver a vivir. Al verla aparecer desde los pisos inferiores de la estación sonriente y despreocupada para luego cambiar su expresión al notar que él estaba allí cortándoles el camino, quiso darle un golpe a Águila por atreverse a tanto. Por atreverse siquiera a pensar en que Lucy podía ser suya.

— No me sorprende verte aquí —dijo Águila avanzando hasta quedar a poca distancia de él— me sorprende el cómo. —aclaró riéndose como si la foto y la amenaza jamás hubieran existido, y fueran los mejores amigos del mundo y sus alrededores.

— Hola Lucy —saludó Latis girando hacia ella ignorando el discurso de Águila, que le molestaba a niveles inimaginables.

— Latis, ¿Por qué estás…? —preguntó Lucy.

— Latis perdió una apuesta, por eso está aquí —les interrumpió Águila, incluyéndose en la conversación.

Latis miró a Águila arrugando la frente y luego volvió sus ojos sobre Lucy. No era cierto, no quería creerlo, no era posible. En su cabeza comenzó a calcular las posibilidades que la hubiera besado. Pero no había pasado tantas dificultades para flaquear ante una insinuación tan débil como esa.

— Tus asuntos ya terminaron —dijo hacia Águila, quien parecía analizar cada reacción.

— Dudo que eso sea verdad. No me iré a ningún lado

¿Entonces así sería? Latis dio un paso al frente, serio y dispuesto a cerrar el asunto; ahí mismo si era necesario.


Lucy los observó sin creerlo. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué Latis se veía tan furioso? ¿y por qué Águila le hablaba desafiante? Parecía que estuvieran a punto de pelearse, pero ¿no se suponía que eran amigos?

Toda la situación comenzó a marearle. Las personas que pensaba conocer se transformaban en otras, que hablaban en clave, como si quisieran esconderle sus verdaderas intenciones. No le gustaba la actitud que veía, ni su parte en ella como una simple expectadora.

— ¿Por qué están hablando de esa forma? —Lucy alzó la voz, dejando atrás su comportamiento dulce, mirándoles como si no les conociera— ¿De qué apuesta están hablando?

Ambos voltearon a mirarle, el odio había desaparecido de la cara de Latis y Águila le miraba sorprendido.

— Lo siento Águila, pero no podremos ir a ese mirador. Debo encontrarme con mi madre. Gracias por tu ayuda — dijo sin inflexiones.

— Lucy…—comenzó Águila—

— Cumpliré mi promesa, pero no hoy. No así…—se giró hacia su vecino, era más complicado enfrentarle, pero no había otra opción— Latis, te devolveré tu abrigo. Y…y yo misma iré a entregar los libros a la biblioteca el próximo Lunes. —soltó dándole una mirada cargada de tristeza—

¿Se estaba despidiendo de Latis? Si, quizás lo hacía. Quería arreglar las cosas entre los dos; con esa idea había regresado a su antiguo hogar, pero no había previsto que aquel deseo también escondía un sentimiento más grande nacido hacia 7 años. Era posible que no pudiera obtener ambas, pero ya no podía postergar las cosas por más tiempo. Por eso, había decidido que…

— ¡Estoy aquí por ti!—exclamó Latis—

— ¡No quiero que me odies! —dijo Lucy con el corazón saliéndose del pecho—


El celular de ambos vibró al mismo tiempo que terminaron la frase, continuando el sincronismo inaudito que estaban viviendo. Sin creerlo, y procesando lo que habían escuchado, ambos buscaron en sus bolsillos y las malas noticias fueron dadas con segundos de diferencia.

— Latis cariño, necesito que vuelvas a casa — dijo la voz de Akemi Kuroda al otro lado de la línea.

— ¿Qué ocurre? —el tono de voz de su madre no le gustaba, pero no podía evitar dar unos vistazos hacia Lucy, quien se acercaba el celular a su oreja y le devolvía la mirada.

— Es Raikou.


NOTAS DEL AUTOR

Creo que yo también quería saber qué pasaba y por eso de nuevo estoy por aquí jeje.

Muchas gracias a todos los que leen y en especial a quienes me reagalan un pedacito de su tiempo dejándome su realimentación. No saben lo feliz que me hace leer sus mensajes.

Lucy Kailu: Y ese era el mensaje :P Como ves en este capítulo sólo trato de ellos tres. Llegué a la conclusión que no quería que Lucy se quedara como si nada viéndolos pelear. Tu deseo se cumplió, porque Águila quien sigue siendo encantador, pero no logró darle el besote. Gracias mil por tu review y espero que te haya gustado el cap.

Malina16: HI! Oh it's so good to see you around here. I'm glad you like the suspense, i tend to do that... lol. I'm looking forward for your opinions about the behavior of Lantis . In this chapter we miss Zagato with his honest commentaries, but he will be here the next one. Thank you so much for you review.

Lin: Latis sacó el caballo a disposición y si voló. jejejeje pero lamento decirte que a Águila no se le cumplió el deseo. Quizás tenga tiempo en la cita que debe cumplir Lucy jejeje. Muchísimas gracias por tu review y por leer Raikou

AnaKali: SI, en definitiva nos gusta poner a sufrir al divino de Lantis, creo que es la medida del amor que se le tiene jejejeje. Y Águila es demasiado simpático, pero si que es cruel a veces con su amiguito. Quiero creer que las cosas que comentabas con tus amigas acerca de mi eran buenas (inserta risa nerviosa) y me encanta saber que el fic te guste tanto. Espero que esta capítulo te agrade y me cuentes tus reacciones, muchas gracias por tu review!

Lita Wellington: jajajajaja espero que el asesinato se siga posponiendo porque aunque ya dimos un paso adelante, esto aún no se ha solucionado. Y si, Lucy es tan ciega con eso de la conquista! Pobrecita no se da cuenta! y tanto a Esmeralda, Zagato, Fuu y Ferio, los visitaremos en el prox episodio ya que en este no los pudimos ver por andar pendientes de estos tres. Muchas gracias por tu review y me encantan que sean así!

A los lectores fantasma gracias también, ya saben que me hace muy feliz saber qué piensan.

Un abrazo, nos estamos leyendo.