CAPITULO 14. ESTOY AQUI POR TI
I didn't know that I was starving 'til I tasted you
Don't need no butterflies when you give me the whole damn zoo
By the way, right away you do things to my body
I didn't know that I was starving 'til I tasted you
- "Starving" Grey feat Zedd
Es confuso cómo funcionan los recuerdos en la mente humana. Los eventos que más nos impresionan son los que quedan rodando en el carrete de la película de nuestra vida, y para bien o para mal, dentro de esos se repasan con frecuencia los más agridulces, los más tristes o aquellos de los que nos arrepentimos.
El recuerdo más fuerte de la niñez que tenía Lucy con respecto a Latis no era aquel de esa charla ligera para luego cubrirle con la cobija. Era el frío indecible, el grito, el odio con que le había echado de su cama el día anterior y las palabras hirientes. Por eso, cuando escuchó aquel "Estoy aquí por ti" sonó extraño e imposible.
Pero Latis había dicho eso, y cada palabra resonaba en su cabeza como si quisiera atrapar el tono con que había sido pronunciada, para poderla reproducir como una grabación infinita en su memoria. Toda la noche había debatido si la intención de Latis el día anterior había sido darle un beso, y si esa acción era un reflejo sincero de sus sentimientos o si por el contrario había leído mal las señales.
Era inexperta en todo lo que tenía que ver con esos nuevos sentimientos; por eso y por mil razones adicionales necesitaba saber más. Pero entonces habían sonado los teléfonos al mismo tiempo, y el hilo conductor de aquellas palabras había sido cortado para dar paso a noticias que de una forma u otra les afectaban a los dos.
— Hola mamá —saludó Lucy a través del teléfono con el pulso aun retumbando en sus orejas—
— Hola Lucy. ¿Ya estás en Hachiko?
— Aun no, pero estoy dentro de la estación
— Lucy, voy a contarte algo, pero debes calmarte, ¿está bien?
— ¿Qué pasa? —Lucy oteó hacia el frente y vio cómo Latis negaba con el cabeza, ensimismado en la conversación que tenía por teléfono.
— Raikou está perdido. La señora Kuroda me preguntó si lo había visto, justo saliendo de casa.
— ¿¡QUÉ!? —dijo alzando la voz, contradiciendo el mandato de guardar la calma de su madre—¡Pero no puede ser! ¡Raikou no puede caminar largas distancias!
— La reja estaba abierta. Quizás tuvo tiempo.
Levantó sus ojos buscando a Latis, se le veía preocupado. Sus pupilas iban de un lado hacia otro, escuchando por el auricular.
— Ya estoy llegando Lucy, pero…
— Mamá —le interrumpió— debo ayudar a buscar a Raikou
— Suponía que dirías eso —suspiró con cansancio— pero la paciencia de tu amigo debe tener un límite, así que espérame y volveremos juntas. La señora Kuroda está llamando a sus hijos y pronto deben estar en casa.
— Latis está conmigo, podemos volver juntos.
La señora Shidou enmudeció un instante, pero respondió al comentario con voz grave.
— Supongo que así será —hizo una pausa leve— dime exactamente donde estás, ya estoy en la estación.
Latis presionó el botón rojo en la pantalla del teléfono, sabiendo que tendría que posponer cualquier intento por ahondar en esa inaudita frase que había escuchado hace un momento.
"¡No quiero que me odies!"
¿Odiarla? No entendía.
Toda la expresión con la que había casi gritado esas palabras era de congoja, de arrepentimiento, como si necesitara que la perdonara por algo. ¿Por qué había dicho algo como eso? ¿Odiarla por qué? Había intentado darle un beso ¿No era claro entonces que el sentimiento era el opuesto?
También le preocupaba que Lucy hubiera captado la frase que tanto le había costado decir. ¿Lo había escuchado? ¿Entendería a qué se refería?
Pero ahora le atañía algo más urgente por lo que debía regresar a casa de inmediato. Justo cuando creía que su suerte con respecto a Lucy Shidou comenzaba a cambiar, pasaba algo como esto, que no le dejaba otra alternativa.
— ¿Qué ocurre? —Águila miraba al uno y al otro, esperando aclaración. Se dirigió a Latis, con genuina preocupación—¿Está todo bien?
Latis se encontró con la expresión de su mejor amigo, que le interrogaba expectante y negó con la cabeza.
Águila.
Hacía menos de un minuto le instaba a un enfrentamiento y ahora parecía que su amistad estaba primero exceptuando cualquier tema relacionado con Lucy Shidou, por lo que la discusión quedaba suspendida hasta nueva orden. No sabía si aquello era una excepcional inteligencia emocional o una forma deliberada de bajar la tensión ante un conflicto en el cual ninguno de los dos deseaba ahondar por el momento.
Vio que Lucy colgaba el teléfono y se unía a la conversación. La chica torcía la boca en un gesto de frustración que le recordaba las veces que salía golpeada del campo de fútbol.
— Raikou está perdido. —dijo con seriedad abrumadora, no sólo porque estaba contrariado por el suceso, sino porque no olvidaba las acciones previas de Águila, a pesar de esa cara amable que ahora proyectaba—Debo regresar.
— Yo regresaré contigo —declaró Lucy, con la frente en alto— Te ayudaré a buscarlo.
El corazón se le iluminó de tal manera al escuchar esas palabras, que tuvo que frenar sus procesos mentales antes de continuar. Si Raikou no estuviera perdido, Latis estaría muy feliz, e incluso hubiera esbozado una de esas raras sonrisas que sólo su familia veía con regularidad
— Yo también iré —se unió Águila, manteniendo su actitud tranquila— Entre más seamos, mejor cubriremos el radio de búsqueda.
Evaluó si era una nueva treta para no separarse de Lucy, pero a diferencia de las veces anteriores, Águila no sonreía. Su ofrecimiento era genuino.
Maldito Águila. Todo era difícil con él.
El regreso fue la experiencia más incómoda que hasta el momento recordaba de su vida. Era hora pico, por lo que los cuatro subieron al vagón con una cantidad inaudita de personas, que ordenadamente se ubicaron en el tren muy juntos unos de otros. Si, eran cuatro porque la madre de Lucy había llegado al poco tiempo para ofrecerles una mirada respetuosa pero distante, especialmente a él, pero dándole a Águila un tratamiento prudencial desde que la señora Shidou supo que eran compañeros de la universidad. En el fondo le alegró que la mujer no cayera bajo la magia que Águila imprimía a todas las personas.
En el vagón la señora Shidou trató de refugiar a Lucy lo más lejos posible de ellos, pero ya que no había mucho espacio para moverse, fracasó en su intento. Quedaron casi tocándose, con menos de un milímetro de separación, uno al lado del otro, pero mirando del lado contrario. Águila se las ingenió para quedar del lado contrario, casi en la misma posición, así que Lucy quedó en la mitad de los dos. Pero lo más extraño era que la señora Shidou quedaba en frente de Lucy, y monitoreaba la actitud de la curiosa compañía de viaje.
Su mano izquierda estaba rozando el brazo derecho de Lucy, y deseó sujetarle la mano con tanta vehemencia que sus dedos comenzaron a buscarle sin el consentimiento de su cerebro.
Tenía a Latis muy cerca, y en el estómago de Lucy ya no volaban mariposas sino un zoológico completo, que hacía trizas su pulso. Sintió que algo había cambiado en el momento que vio a Latis en la estación, esperándolos con aquella cara de pocos amigos.
"Estoy aquí por ti"
Todo su cuerpo tenía una sed difícil de saciar, una sed de cercanía que nunca había sentido antes y que resecaba su corazón. Era como si caminara en un desierto con el sol en su cenit, y Latis fuera el oasis que le esperaba, que le instaba a seguir, pero que al tiempo podía ser un espejismo que desaparecería cuando ella se acercara lo suficiente. Movió su cabeza de un lado a otro, tratando de desechar la idea, pero la deshidratación era absurda. No sabía que estaba así de sedienta hasta ese día. Sedienta de…
"Estoy aquí por ti"
Le pareció sentir un leve toque, algo que rozaba su mano derecha, y olvidando a su madre, miró hacia Latis, quien se ubicaba a ese lado, con el corazón latiendo fuerte en su pecho. El tren se acercaba a la siguiente estación, pero Lucy estaba tan perdida en su ensoñación que la parada le tomó por sorpresa y se desplazó a la izquierda, justo para que Águila le recibiera en un abrazo que duró poco, pero que le hizo olvidar el desierto. Qué curioso.
Por fin llegaron a casa. El episodio del tren no había ayudado en nada después de ver que Águila había recibido en sus brazos a Lucy, tema que seguiría pintado en la expresión de satisfacción de su amigo por largo rato, para su desgracia.
— ¡Latis! — dijo Kuroda Akemi saliendo a su encuentro tan pronto le vio, cruzando la reja del antejardín con pasos apresurados pero elegantes, haciendo sonar el tacón de sus zapatos en la acera—
Se adelantó para conversar con ella, pero Lucy corrió hacia ellos al mismo tiempo, dejando a Águila y a la señora Shidou atrás, como si fuera parte de la familia.
— ¿Alguna noticia?
— No aún hijo. Di varias vueltas caminando por el norte, pero regresé por si quizás Raikou también lo hubiera hecho. Zagato está buscándole calles abajo, acabo de hablar con él.
— ¿Raikou alguna vez ha salido solo? —intervino Lucy de pronto—
Latis se fijó en la expresión de complacencia de su madre al verlos juntos, quien luego sonrió hacia la chica mientras sus ojos iban de aquí para allá, dándole una aprobación sin palabras.
— No, nunca. No sé cómo pudo pasar esto. —dijo Akemi con voz trémula— Tal vez dejé el pestillo mal cerrado cuando salí a comprar los víveres. Quería descargarme de los envases de galletas que llevé esta mañana…¡oh no!, me siento tan culpable. Raikou estaba aquí hace menos de dos horas.
— Lo encontraremos mamá. No puede estar lejos. Iré hacia el sur. Ten el celular a la mano.
— Yo iré hacia el oriente — dijo Lucy— Latis, no tengo tu número…—indicó mirándole de reojo, con el celular en la mano— quizás…
Él sacó su celular, y con un simple toque intercambiaron números.
— Yo iré hacia el occidente —dijo Águila incluyéndose en la conversación al llegar— te llamaré si veo algo— aseguró hacia Latis—
— Lucy, ¿quieres que vaya contigo? —insistió la señora Shidou que ahora escuchaba atenta la conversación, al acercarse al grupo siguiendo a Águila—
— No mamá, no hay problema. Creo que correré varios tramos.
— Descansa un rato aquí —dijo Latis hacia su madre, que se llevaba una mano cerrada en un puño hacia los labios, en gesto de preocupación— quizás regrese o lo veas cerca.
— Suerte — les deseó ella al verlos partir en direcciones contrarias—
Zagato volvió a pasar al frente de la panadería Francesa buscando a Raikou. Echó un vistazo rápido hacia adentro, y sin querer, se encontró con los ojos de Esmeralda al otro lado del vidrio, dando una ronda por los estantes.
Por primera vez en su vida, Zagato no supo cómo reaccionar y quedó atrapado. Esmeralda había soportado la intromisión de Latis hacía poco, y asombrada ante el chantaje que sufría su hermano menor, guardó silencio mientras Paris de mala gana aceptaba enviar algunos mensajes a su amiga del colegio. Pero acto seguido al cumplimiento de dicho trato, les había instado a que se retiraran de inmediato del establecimiento, con voz firme y los ojos fijos en Zagato, suceso que desencadenó el cotilleo de todas las meseras, por lo que Zagato concluyó que era una actitud que Esmeralda no solía tomar.
Y allí estaban ahora, los dos aferrados a los ojos del otro.
Ella fue quien soltó el lastre, dando la vuelta para adentrarse en el local. Su rechazo fue algo que Zagato no estaba acostumbrado a presenciar. En su tiempo de vida, las mujeres eran quienes se acercaban a él, y quienes permanecían a su lado aunque el prefiriera la soledad.
Primero el arte, único y sobrecogedor y ahora aquel gesto. Esmeralda era un misterio que necesitaba develar.
Esa noche no debía entretenerse, por lo que Zagato decidió que una vez encontraran a Raikou, se volvería cliente asiduo de la panadería francesa.
Esmeralda trató de no ruborizarse al quedar enfrentada al hermano del muchacho que había causado el alboroto en la tarde. Era muy atractivo para ser real, y el timbre de voz que había escuchado durante el intercambio de palabras no hacía sino acentuar la gravedad con la que fácilmente cualquier chica caería rendida entre sus ojos violetas para no regresar con la mente sana.
Pero a pesar de todo eso, Esmeralda no quería tratar con él, por más que deseara replicar al interés que ese hombre parecía demostrar por ella. No parecía lo correcto después que su hermano fuera acorralado de esa forma. Además era probable que se espantara como todos los demás con quien había intentado una relación. Los hombres solían sentirse amenazados por su talento y por su aguda forma de convencer a los demás para trabajar en conjunto. Nadie quiere sentirse eclipsado por una luz demasiado fuerte, una luz que competía con el rol que una mujer debería tener según las experiencias que varios ex-novios le habían hecho conocer.
Pero…
Se volteó porque no pudo aguantar más el calor que subía por sus mejillas, y en secreto deseó que se volvieran a encontrar.
Mientras Latis caminaba en dirección sur, mirando a lado y lado, la preocupación le carcomía las entrañas. Su mente estaba enfocada en encontrar a su perro y entre más tiempo pasaba la tarea comenzaba a punzarle con agresividad. La perspectiva de no volver a ver a Raikou acuñaba un viejo dolor, y el niño interno de 11 años despertó del letargo de la madurez para desesperarle. Tenía que encontrarlo a como diera lugar.
Lucy corría por las calles, y preguntaba a los transeúntes si habían visto un pastor blanco, algo cojo, deambulando por allí. Comenzaba a preocuparse, pues nadie daba razón del perro, ni tampoco recibía mensajes de Águila o Latis acerca de si ya habían encontrado al can.
La noche era plena, y las luces de los establecimientos luchaban con la oscuridad que avanzaba por su dominio. Si se hacía más tarde, las probabilidades seguirían disminuyendo. No podía imaginarse la casa de los Kuroda sin Raikou saludándole por las mañanas, ansioso por cariño y galletas. Lucy sonrió con tristeza. Eso era inconcebible, el ángel de cuatro patas no podía irse de esa forma.
Siguió su camino, y le llamó la atención un gran siberiano gris que estaba acostado haciendo guardia en la entrada de un local veterinario. Tenía un collar azul con pequeños apliques rosados que se veía costoso. Supuso que sería una hembra por el color de las piedras.
El animal se acercó a ella, y tocó su cabeza con la mano de Lucy, instándole a acariciarlo.
— Hola —saludó Lucy. El siberiano era enorme, casi le llegaba a la mitad del muslo, y a pesar que ella no era un buen referente de altura, no dejaba de ser grande para cualquiera— ¿No habrás visto a un amigo mío por aquí?
La puerta del local se abrió, y una chica de largo cabello azul y hermoso porte salió apresurada, pero se calmó al ver al perro justo allí siendo acariciado por Lucy.
— ¡Me diste tremendo susto Youko! —dijo hacia la mascota, que le miró sin inmutarse y prefirió seguir siendo mimada por la extraña— pero ya veo que no te importa —mencionó torciendo la boca y cruzando los brazos—
— Hola, perdona por distraer a tu perro — se disculpó Lucy, sin abandonar al animal, que meneaba la cola contento—
— No es mía, estoy cuidándola por unos días, pero hoy me ha dado dos grandes sustos. Gracias a ella, resulté con un perro enfermo siguiéndome. —la chica puso los ojos en blanco—
— ¿un perro enfermo? — la chispa de la esperanza se encendió en el corazón de Lucy— ¿un pastor blanco?
— ¿Es un perro del barrio o algo así? Si, un pastor blanco medio cojo. De un momento a otro resultó detrás de nosotras. Youko se ganó un admirador…
— ¿DÓNDE ESTÁ? —le interrumpió Lucy— ¿Sabes dónde está?
— Claro que lo sé. Lo traje aquí porque parecía haberse atorado con algo que comió y estaba…¡HEY!
Lucy no esperó a que la chica completara su historia para ingresar corriendo al local.
Águila recibió un mensaje de Lucy. En el tren de vuelta del aeropuerto habían intercambiado números, por lo que el sonido le hizo detenerse y mirarlo con una sonrisa. Era un sticker de un perrito sonriente seguido de "¡Lo encontré!" y más abajo una descripción con la ubicación.
Consideró si la finalización del impase reiniciaba el juego…
Si, lo hacía.
Latis recibió el mensaje de Lucy y el alma le volvió al cuerpo. Se quedó quieto, disfrutando de lo que veían sus ojos, para no perderse ningún detalle. Era una carita sonrojada feliz y justo abajo una foto de Lucy abrazando a Raikou que descansaba en una camilla metálica, saludando a la cámara. ¿Quién le habría sacado la foto?
Una foto de Lucy y Raikou. En su celular. Una foto para él. No podía creerlo. Se la había enviado, sin pedírselo, sin nada a cambio. Latis no podía estar más feliz. Pero luego recordó sus palabras.
¡No quiero que me odies!
¿Por qué odiarla? No entendía nada. ¿Por qué justo ahora decía eso? Lo único diferente era que había intentado hacer un avance que no había funcionado el día anterior, interrumpidos por Primavera y luego por Alanis. Un beso que debió consumarse para estar sobre terreno más firme.
Leyó el resto del mensaje, que era una descripción de la ubicación de la veterinaria, y trató de interpretarla de la manera correcta. Sin duda Lucy no era la mejor dando direcciones, pero creía que había captado donde se encontraban. Se volteó, puesto que debería regresar, pero antes cambió de pantalla para enviarle un mensaje a su madre y a Zagato dándoles un parte de tranquilidad. Al terminar una idea llegó a él y le pasó encima como una aplanadora.
A menos que no ella no quisiera corresponder a ese beso…
¿No quería que la odiara por rechazarle? ¿Se había sentido salvada cuando les interrumpieron? ¿Primavera había aparecido para salvar a una Lucy abrumada y demasiado sorprendida para retroceder? NO. Esa no era la sensación que había percibido. No era esa la atmósfera que había leído. En ese momento, sintió que ambos se deslizaban hacia un placer que anhelaban, un deseo que nacía primitivo y visceral. ¿o eran las ganas de tenerla que le hacían imaginar su consentimiento?
Reanudó la marcha, cada vez más rápido. No podía seguir así, imaginándose los mil escenarios, o no volvería a conciliar el sueño. Tenía que estar seguro, necesitaba saber a qué se refería Lucy con esas palabras.
De súbito recordó un factor muy importante que andaba suelto esa noche. Una pausa que habían instaurado tácitamente con Águila y que ahora se cortaba.
Corrió.
— ¿y cuánto tiempo estará Youko contigo, Marina? —preguntó Lucy sentada junto a la chica en la sala de espera con los dos perros a sus pies, que jugaban acostados sobre sus espaldas, se giraban sobre sí mismos y se mordían amistosamente la cara—
— Sólo dos semanas, mientras mi prima vuelve de Norteamérica. Pero es una lata, creo que me odia.
— ¡No es cierto! —Lucy rio negando con la cabeza—
— Nunca me hace caso y me mira de reojo —confesó Marina alzando una ceja— creo que trama morderme o saltarme encima.
— Eres una persona muy amable, Marina — le halagó sonriendo— eso no va a pasar.
— ¡Pero qué dices! —la muchacha se sonrojó un poco— no me conoces nada.
— ¡Claro que si! — dijo Lucy con una sonrisa— viste que Raikou estaba en problemas y aunque no le conocías, lo trajiste al veterinario para que no se atragantara con ese plástico. Estoy segura que se lo quitaste de la boca, ¿cierto? Dices que no te gustan los perros pero no puedes evitar preocuparte por ellos.
— Eso no viene al caso —Marina quiso parecer que todo el tema era superfluo, y se aclaró la garganta— Lucy, me dices que Raikou no es tuyo, ¿entonces de quién es?
La puerta de la entrada se abrió, y Latis apareció abarcando todo el umbral. Se le veía sin aire, así que tardó un poco en hablar.
— ¡Hola Latis! —saludó Lucy levantándose de su asiento, de buen genio. Raikou también dejó a Youko en paz y se acercó a su amo, cojeando más de la cuenta, pero se abalanzó con sus patas delanteras sobre Latis, en muestra fiel de cariño auténtico— Justo estábamos hablando del dueño de Raikou.
— Raikou — Latis sonrió al verlo, y se agachó para acariciarlo—¿Cómo terminaste aquí?
— El amor —dijo Marina girando su cabeza, y haciendo un gesto dramático con la mano derecha—
Lucy no podía dejar de verlo, le encantaba ver sonreír a Latis. Raikou estaba feliz de ver a su humano, y aquel humano tenía una expresión de alivio que era inefable. Era como encontrar una gema oculta en medio del mar, que brillaba sin la necesidad del sol o de los reflejos del agua. La sed volvió, y deseó tener la confianza suficiente para acercarse. Pero Lucy no olvidaba aquel fantasma, ese elefante invisible que se interponía entre los dos, el cual tenía ahora más envergadura que antes, sumándole la posible relación de Primavera con su vecino.
— ¿El amor? —repitió Latis hacia Marina, dando un vistazo al otro can que se había quedado sentado atento a lo que ocurría en la puerta, sin dejar de mimar a Raikou, que disfrutaba de esa atención—
— ¡Oh! —Lucy cayó en cuenta que no les había presentado— Latis, ella es Marina, la salvadora de Raikou
— ¡No me presentes de esa manera! —Marina se levantó— Mucho gusto Latis. ¿Lucy es siempre así de exagerada? —recalcó colocando una mano en la cintura—
— Pero si no exagero…
— Mucho gusto. ¿Tu trajiste a Raikou hasta acá?
— ¡Si lo hizo! Ella…
— Si, pero es que no dejaba de seguirnos —aclaró Marina interrumpiendo a Lucy— por eso digo que el amor condujo a tu perro hasta aquí. No sé en qué momento vio a Youko, pero no dejó de caminar detrás de nosotras, sino hasta que se tragó ese plástico lleno de pastel de carne.
Latis puso las manos a los lados de la cara de Raikou para que le mirara de frente. Al verlo actuar tan cariñosamente con Raikou, a Lucy le daba tumbos el corazón. No se dio cuenta que Marina observaba con atención sus reacciones.
— ¿Youko, eh? —le interrogaba Latis— ¿no caminas dos cuadras por ti mismo pero andas más de 30 siguiendo a Youko?
— Debo irme. Tengo que llevar a esa bestia a casa —anunció Marina señalando con displicencia a Youko, que le dio la espalda tan pronto supo que se refería a ella— ¿lo ven? ¡Me odia!
— Creo que si le dijeras por su nombre quizás… —empezó Lucy—
— Menos mal son sólo dos semanas o me volvería loca. —Marina se acercó a Youko con la correa en la mano— ¡Ven! ¡Déjate poner esto! No puedes salir a la calle así.
Youko gruñó y caminó para situarse al lado de Lucy. La siberiana era enorme, y batió la cola dándole fuertes latigazos en el muslo.
— Pórtate bien Youko. —se despidió Lucy—
— Ya que tanto te quiere, ¿podrías ponerle la correa? —dijo Marina pasándosela—
— Claro, no hay problema. Oye Marina, ¿y si vienes a visitar a Raikou para que juegue con Youko? ¿Te importaría? Ellos congenian muy bien.
— Podría tener un descanso en el paseo diario, eso si, y evitar que me lleve arrastrada por varias cuadras — dijo hacia Youko con las manos cerradas en puños, mientras la siberiana levantaba la cabeza observándole sin una pizca de empatía— me gusta la idea. ¿Intercambiamos números? Oh! Olvidé que el dueño eras tú, Latis. ¿O ustedes dos tienen una custodia compartida de Raikou? —dijo con malicia levantando una ceja—
— No no no no —aseguró vehemente Lucy moviendo rápidamente la cabeza de un lado a otro— tienes razón, estoy hablando como si Raikou fuera mío. Perdona Latis.
— El ofrecimiento de Lucy sigue en pie —dijo Latis hacia Marina— Ella tiene mi completa confianza.
Lucy no podía creer esas palabras. Parpadeó una y otra vez para asegurarse que no estaba viviendo en medio de un sueño.
— Ah perfecto, entonces si podemos intercambiar números. Lucy, tu celular
— ¿Eh? —Lucy no había escuchado la frase anterior—
— Tu celular —repitió Marina con una sonrisa—
— ¡Ah si! Perdona.
Después de las despedidas de rigor, Lucy y Latis salieron de la veterinaria. Latis le había dado dinero a Marina para reponer lo que había gastado, pero ella no había aceptado. La chica se había ido hacía unos 5 minutos, rezongando porque Youko le halaba con fuerza la correa, sin duda a propósito.
Los tres emprendieron el camino a casa. Raikou caminaba entre los dos con dificultad, por lo que menos de una cuadra después, se sentó en la acera negándose a continuar.
— Raikou —le instó Latis con voz contundente— ¡levántate!
El perro el miró con los ojitos y la carita descompuesta, gimiendo por lo bajo
— Perro consentido —suspiró vencido.
— Creo que quiere que le cargues —mencionó Lucy riéndose— la persecución de Youko fue demasiado para él.
— Raikou es pesado, tendremos que hacer varias paradas.
— No hay problema. Además yo puedo ayudarte, soy bastante fuerte.
Latis le miró, regalándole otra sonrisa que le dejó anclada al piso, pasando la poca saliva que quedaba en su boca.
— ¿Quieres ir a ese parque? —dijo él, señalando un iluminado y pintoresco sitio, que estaba lleno de puestos de comida y lámparas colgantes.—quizás si Raikou descansa un rato pueda emprender el viaje de nuevo.
— Si quiero —concedió, cambiando su tono de voz por uno menos entusiasta, más ensoñador.
Latis alzó a Raikou, que puso las patas delanteras sobre sus hombros y ladró contento al verse tan cerca de su humano. El perro parecía un niño pequeño feliz de ser cargado y recibir atención. El pastor le dio varios lengüetazos en la mejilla en señal de agradecimiento, y Latis tuvo que apartarse para que no le llenara la cara entera de saliva. Lucy reía encantada de ver la expresión de Latis contrastando con la felicidad del perro.
— Quieto Raikou. Ya, calma, calma—decía Latis al tiempo que cruzaban la calle por el paso peatonal hacia el pequeño festival.
— Vas a tener que lavarte la cara si sigue dándote esos besos— acotó Lucy con una gran sonrisa. — creo que está feliz de salir y de estar a tu lado. Tuvo una gran aventura hoy.
Desde que Marina había mencionado que Raikou había hecho todo eso por "amor", Latis no podía dejar de pensar en que las mascotas se parecen a sus dueños, pero no iba a decirlo en voz alta.
Entraron al parque subiendo un tramo de escaleras empinado, donde Raikou se asustó un poco. Se notaba que toda la experiencia era nueva para él y pataleó en los brazos de Latis. Lucy al verlo, trató de sostenerle las patas traseras para calmarle, pero terminó tocando el pecho de Latis en el proceso.
Sintió el contacto tibio, que duró pocos segundos, ya que ella se dio cuenta y de inmediato retrocedió esbozando un "Perdón". El simplemente negó con la cabeza, ansioso porque algo así pasara de nuevo.
Se sentaron en un banco, a unos metros de los puestos de comida que ofrecían takoyaki, gyosas de cerdo y manzanas caramelizadas y Latis liberó a Raikou, quien se acostó a sus pies, mirándolo todo, despierto y tragándose el mundo con los ojos.
Todo era perfecto, la noche era fresca, las luces titilaban encerradas en las lámparas multicolores, como hadas que prestaban su presencia para conjurar sueños. Las personas pasaban en grupos, hablando de sus trabajos, riendo. Un aroma suave impregnaba el aire, que se volvía un conducto de evocaciones cósmicas, de un sentir cálido, de la maquinaria de la vida cuyos engranajes sostenían las palabras que ahora tenía que decir.
Los siguió de lejos, sin estar seguro de querer intervenir. Había llegado justo en el instante en que se despedían de la muchacha de largo cabello azul, y ambos parecían haberse olvidado de él. Les vio entrar al parque, pero más importante que eso, vio una conexión que respondía a algo oculto, algo que él estaba dispuesto a averiguar. El juego seguía, y hasta que no tocaran la campana final, Águila no se retiraría.
Escuchó una algarabía cercana, y volteó hacia la acera de enfrente para constatar que el destino podía seguir conspirando a su favor.
NOTAS DEL AUTOR
Capítulo 14 para un 14 de Febrero. jejeje
Feliz san valentín. Aunque en mi país no celebramos esta fecha (pues somos los rebeldes y lo festejamos en Septiembre) sé que el resto del mundo si lo hace, así que quería dejarles una actualización para éste día.
Muchas gracias a todas las personas que leen Raikou, muchas gracias a los que me esperan pacientemente cada mes, a los que comentan, a los que me hacen feliz con su realimentación. Hoy más que nunca les doy gracias, porque de ese combustible se nutre Raikou.
Lita Wellington: jajaja y yo tuve que taparme la boca para no gritar de emoción cuando leí que casi habías gritado :P No te preocupes, Raikou está bien, y anda cumpliendo su papel Mokonesco de casamentero. Gracias por tu review! Gracias por leer. Gracias por seguir aquí.
Lucy Kailu: Dado que Águila casi no aparece aquí, espero regaños XD. Creo que yo también adoro esas frases, y se volvieron parte del imaginario de esta historia jejeje. Aún tenemos que ver cómo salió librado el pobre Paris después de ver descubierta su treta para conquistar a Anaís. Y no te preocupes, Raikou sigue ahi, oportuno :P Muchas gracias por leer, por tu review, y por todo, en serio, todo. Gracias por seguir aquí.
Kuu de Céfiro: La pospuso, pero no tanto? jajaja quien sabe. Anaís aún no conoce mucho a Paris, y ya sabes cómo es ella de desconfiada ante la gente que le parece que está haciendo trampa. Gracias por leer, por entusiasmarte, por tu comentario! Gracias por seguir aquí.
Lin: jajja los gif son muy útiles y hacen falta. Eso debería considerarlo fanfiction. Que emoción que hayas amado a chibi Lantis, dan ganas de estrujarlo a besos...No, Anaís y Lucy aún no se conocen en el fic, pero sin duda lo harán. Gracias por leer, por estar tan pendiente, por todo! Gracias por seguir aquí.
malina16: omg you discoverd my source of inpiration :P yes, i was thinking in that episode when i wrote "Shibuya" thanks for notice it! And about Hikaru being a cute but strong girl, yes. I saw the hole situation, like i was watching tv in my mind, and i decided, hey, this is kind of wrong, Hikaru would not like that, and i decided to built over that feeling. Thanks you so much for being here, for writting me your thoughts, they're very valuable for me.
AnaKali:Raikou está bien :P sólo que el amor le hizo perder la cabeza por un rato jajaja. Sobre cómo podía saber Águila que era el primer beso de Hikaru...tienes razón, el no lo sabe, pero creo que Águila juega de esa manera, suponinedo algo a ver qué estalla. Además Hikaru fue demasiado "tierna" con el en cada coqueteo, en cada avance que hacía, así que creo que supone que ella no ha tenido mucha experiencia que digamos. Me haces volar de felicidad sabiendo que al escuchar cierta canción, piensas en la gracias, que honor. Muchas gracias por tu review, por leer, por estar aqui.
Maggy: No me odies jajaja. Gracias por leer Raikou, es emocionante ver que lo leíste de una sóla sentada y que quedaste pendiente de lo que iba a pasar. Aquí la actualización prometida. Y claro que la voy a terminar, es una promesa. Toda historia tendrá su final. Gracias por toda tu energía, por seguir la historia.
Guest: Hola! Gracias por estar aquí y por tu review! No suelo actualizar tan seguido, pero aquí estoy. Ojalá me cuentes que tal te pareció la historia.
MariaMagdalena: No me bastan las palabras para agradecerte por toda la publicidad que le haces a mis trabajos. Muchas gracias! Es un honor para mi. Me demoré un poco y ya es 15 (creo) pero aquí estoy, lo prometido es deuda. Gracias por leer Raikou, por leer todas las historias, por tus palabras. Gracias por estar aquí.
Nos vemos! Yo también estoy preguntándome hasta dónde llegará Águila...jejeje. Se cuidan, un abrazo!
