CAPÍTULO 15. TORBELLINO
I just wanna be part of your symphony, Will you hold me tight and not let go?
Like a love song on the radio, Will you hold me tight and not let go?
Symphony - Clean Bandit ft Zara Larsson
Oh, I want you close, and close ain't close enough, no
Close- Nick Jonas feat Tove Lo
Anaís regresó a casa cargando una bolsa de papel con las compras de la panadería francesa. Caminaba derecha, mirando al frente, pendiente de los pasos peatonales, pero su mente estaba en otro lado. El extraño que había irrumpido en el mostrador y amenazado al encargado había dicho algo peculiar, el cual era un descubrimiento interesante por sí mismo.
"Primero debería leer esos libros si lo que quiere es hablar con…"
No conocía el nombre del muchacho de ojos dorados que tan precipitadamente había interrumpido al extraño, aceptando a darle la información que el otro requería con tal que se callara.
La frase le había sorprendido tanto que ella, siempre atenta a la réplica, se había quedado callada para luego ser despachada con su pedido por otra de las empleadas que se situó en la caja para evitar la acumulación de clientes insatisfechos.
Podía suponer cómo terminaba la frase, o eso creía. Sin embargo, era una sorpresa. Nunca habría pensado que él estuviera realmente interesado en una conversación. Si lo único que hacía era molestarle cuando llegaba a comprar algo. Además le hacía trampas para que comprara cosas de más. Había pensado que era uno de esos malandrines que querían sacar provecho de las muchachas para que no se dieran cuenta en qué se gastaban el dinero sólo a cambio de una que otra sonrisa. Además el chico se la pasaba coqueteando con todas las empleadas, sería una tonta si no se hubiera fijado en las sonrisitas aquí y allá.
Pero lo de los libros…y precisamente esos libros, los mismos que había leído hacía tan poco, esos que llevaba cuando paraba a tomarse un delicioso cappuccino, arropada entre los murmullos de las conversaciones y el aroma tostado del café recién preparado, que combinaba tan bien en cualquier tarde después de la escuela.
Él los tenía, él los había conseguido y no eran libros comunes. ¿Sólo con el objetivo de poder hablar con ella?
Cruzó la calle, ya estaba a pocos pasos de su casa, y el sol apenas asomaba entre los arreboles del atardecer moribundo. El semáforo peatonal dio los últimos toques de la melodía que indicaba el tiempo en que era seguro utilizarlo cuando su zapato pisó la acera. Anaís se encontró al frente a su residencia, una casa esquinera que abarcaba al menos un cuarto del bloque. Torció la boca culpándose por no tener listas las llaves con anterioridad y se dispuso a buscarlas en su bolso, cambiando la bolsa al brazo izquierdo.
Un abrazo repentino llegó por la espalda, haciéndole dar un respingo. El largo cabello castaño de Kuu, una de las armas de conquista más poderosas de su hermana, le rodeó mientras la mano de largos dedos y manicure perfecto hurgaba en la bolsa por uno de los deliciosos bocados.
— Me has dado un susto — dijo Anaís sonriendo — pero aun así, no podré darte el eclair hasta que entremos.
— Eres mala Anaís, es una emergencia —replicó sin soltarla.
— No puedo imaginar qué clase de emergencia podrías tener.
— Una de tipo amoroso. Y tú eres la más indicada para ayudarme —mencionó sacando de la bolsa el estuche rectangular transparente que contenía el postre y soltando su abrazo para concentrarse en la apertura del premio.
— ¿Al final estuviste de acuerdo con ese servicio de citas?
— No es nada raro —respondió Kuu con tranquilidad— sólo quiero salir un rato y olvidarme de malas experiencias. Por eso no iré sola.
— Dudo que sea bueno llevar a tu hermana a un encuentro de ese tipo—Anaís aprovechó que Kuu le miró con disgusto y le quitó de las manos el eclair, que estaba a medio abrir— ¿Se puede saber quién es tu cita?
— Ya que me quitas mi bocadillo, te informo que no puedes negarte—mencionó Kuu con más calma de la que debiera—
— ¿Por qué lo dices? —Anaís arrugó la frente— ¡Kuu! No lo hiciste, ¿verdad?
— La creación de un perfil es algo muy sencillo. Y sólo yo tengo la contraseña. Me basta un click para que salgas a la red a buscar tu media naranja.
— Yo no quiero buscar ninguna media naranja —a su pesar, pensó en el encargado de la panadería Francesa, y su actitud luego que el otro le amenazara. Luego se imaginó su sonrisa socarrona y la forma en que pretendía no mirarla— puedes hacer lo que quieras con ese perfil.
— ¿Segura? ¿Incluso si le envío solicitud de amistad a varios de tu escuela?
— ¿De mi escuela? No creo que hayas hecho semejante investigación.
— Nunca podrás estar 100% segura Anaís. Ya te lo he dicho. Nunca al 100%. Dame mi eclair, ¿quieres?
— Nadie dijo que había un eclair para ti—le dijo levantando la cabeza, y colocando la llave en la cerradura para abrir la puerta de la casa—además no tengo tiempo, debería cambiarme para ir a tu cita.
Hacía unos quince minutos que descansaban en aquel banco. Latis había orientado la conversación hacia lo que Lucy había hecho ese día, por eso ella le había relatado toda la experiencia vivida en el festival deportivo en detalle, moviendo las manos y haciendo círculos en el aire, simulando a los participantes. Si hubiera tenido un papel a la mano, le hubiera dibujado la posición exacta de cada uno de sus compañeros. Latis parecía contento con su particular forma de contarle cada suceso, y le interrumpía en ocasiones, sobre todo para que le describiera minucias de las competencias. En especial cuando llegó el tema de las carreras de velocidad, quiso saber la distancia cronometrada y los tiempos de los ganadores.
— Son hábiles tus compañeros— concluyó luego de escucharle con atención.
— ¡Lo son! —dijo fijándose en la expresión ensoñadora de Latis al decir aquellas palabras— ¿Has participado en una carrera como esas?
— Si. En la escuela competí varias veces.
— ¿De verdad? ¡Oh! Debería ser así, eras muy rápido cuando jugabas fútbol.
— ¿Recuerdas eso? —preguntó curioso, adelantando un poco su cuerpo hacia ella, acercándose de tal manera que Lucy alcanzó a percibir esa fragancia a madera, a otoño, que ya asociaba con Latis. Pasó saliva para responder.
— Claro que lo recuerdo. Y en esas competencias, ¿qué tiempos hacías?
— 11.26, 11.45 la mayoría de las veces.
— Latis ¡Esos son excelentes tiempos! —dijo saltando en su puesto para enfrentarse a él— ¡Quisiera tener algo cercano a eso! ¿practicabas seguido? ¿Tenías un entrenador?
— Quería pertenecer al club de atletismo de la escuela — respondió con calma, fijando sus ojos hacia el frente, pero sin mirar algo en concreto—pero después del incendio no volví a presentar solicitud. Tomé algún tiempo para regresar, pero los dos últimos años antes de graduarme, resolví hacerlo.
— ¿Y continuaste después?
— El primer semestre traté de hacerlo, pero las prácticas se cruzaban con las clases.
— Es una lástima. ¿Piensas volver?
— Por ahora no.
— Yo no soy tan buena en las carreras de 100 metros. Me gustaría mejorar mi marca. Quizás podrías enseñarme. —se aventuró bajando el tono de la voz a casi un susurro.
— Cuando quieras —le dijo con seguridad, pero manteniendo la voz en el mismo volumen de la propuesta que le habían hecho.
Raikou se irguió atento cuando su amo habló en ese tono que a Lucy le hizo contener la respiración. El pastor parecía tan interesado en la conversación como ella misma. Dudó en responder, y pasó el tiempo suficiente para que Latis saliera en su auxilio.
— Lucy...—hizo una pausa, para voltearle a mirar— gracias.
— ¿Gracias? —se llevó un dedo hacia los labios, sin comprender por qué de un momento a otro le daba las gracias. Era ella quien había solicitado el entrenamiento.
— Por ayudarnos esta noche. Por encontrar a Raikou.
— ¡Ah! No hay de qué —dijo negando con su cabeza, exhibiendo una sonrisa, pero tamborileando los dedos sobre sus rodillas — te dije que quería hacer algo por Raikou…y por ti.
Al instante se arrepintió de lo que había dicho. Salía de la sartén para caer al fuego. ¡Cómo se le ocurría decir eso! Sonaba demasiado comprometedor para la situación y no quería desencadenar una controversia. Levantó la cabeza, temerosa de lo que podría encontrar en los ojos violetas de su acompañante; pero en vez de confusión o disgusto encontró un brillo cálido, que hacía juego con la noche. Un misterio titilante que no se traducía en palabras.
Raikou perdió el interés ante el silencio, protestando con un gemido y golpeando con la cabeza la pierna de su amo, que lo ignoró hasta que fue evidente y necesaria su atención. Lucy agradeció la interrupción, porque si seguía manteniendo aquel suspenso, los colores comenzarían a subirle a la cara.
— ¿Qué pasó? —dijo Latis agrio hacia el perro— ¿no que no podías caminar?
Raikou estuvo en desacuerdo. Ladró, levantándose de su puesto y dando tres pasos hacia los puestos de comida, invitándoles a seguirlo con un leve salto sobre las patas delanteras.
— Tal vez tiene hambre
— Seguramente— respondió Latis suspirando.
— El hambre gana sobre el cansancio —dijo Lucy terminando la frase con una risita.
— ¿Quieres comer algo? —propuso Latis posando toda su atención sobre ella.
— No tengo dinero —respondió arrugando la frente— No el suficiente, al menos.
— Yo te invito
— Pero…
La mano de Latis se deslizó hasta la de ella, que reposaba sobre la silla. Le tomó con suavidad, buscando cómo rodearle por completo, deslizando los dedos sobre su piel. Aquel roce activó esa sed que Lucy creía olvidada, y le jugó una mala pasada a su pulso cardiaco.
Eso no estaba bien, nada bien. No debería estar sintiendo todo eso sabiendo cómo eran las cosas, además sus posibilidades eran cercanas a nulas…
"Estoy aquí por ti"
Se moría por preguntarle, se moría por saber qué quería decir esa frase, pero era imposible que obtuviera una respuesta positiva y tenía tanto miedo de ver esos ojos violetas llenos de odio de nuevo que…
Un cambio en la posición de su mano, que era llevada hacia adelante le ordenó dejar sus cavilaciones. La causa era Latis, quien se había levantado sin soltarle y se plantó al frente de ella con el brazo extendido.
— ¿Vamos?
En ese punto era difícil que se negara, tenía hambre además. Ya vería la forma de ayudarle con la cuenta. Hizo el ademán de erguirse, pero una punzada de dolor pasó por su pantorrilla y le retorció el músculo como una media vieja.
— ¿Lucy? —dijo frunciendo el ceño, contrariado.
— Estoy bien —recalcó apretando los ojos, tratando de disimular el calambre y la tentación de llevar su mano hacia la pierna izquierda para masajearla, pero su brazo seguía deslizándose hacia abajo, llevándose consigo el de Latis.— es que...
— ¿Pasa algo? —preguntó liberando su mano con delicadeza al darse cuenta que estaba impidiéndole el movimiento.
Anaís y Kuu llegaron al punto de encuentro. La cita había sido convenida en un parque donde se celebraba un pequeño festival. Ambas subieron las escaleras empinadas que daban el acceso y cunado estuvieron en la cima, se quedaron recuperando el aliento.
— Tenemos que salir más Anaís —dijo Kuu con las manos en las rodillas.
— Es un mal de familia — concluyó mientras trataba de respirar— Kuu, no me has dicho quién es tu cita.
— Un muchacho alto, de muy buen porte. Tiene unos ojos verdes encantadores.
— ¿Y cómo es su nombre?—Anaís comenzó a caminar hacia los puestos de comida, y Kuu hizo lo mismo.
— Friendlybeast34
— ¿El qué? No me digas que no sabes su nombre real.
— Yo soy Queenoftheglory4ever —dijo con una sonrisa de suficiencia—
— ¿Cómo llegaste a ese nombre?
— ¿Querías tu ser la reina? —preguntó llevándose un dedo hacia los labios y mirando hacia el cielo—Te dejé princessofthewind14
— Tienes una fijación por los nombres compuestos
— Tal vez de tanto escuchar los intros de tus videojuegos. —Kuu abrió los ojos en reconocimiento cuando vio un puesto de takoyaki con un enorme pulpo sonriente— ¡es aquí!
— ¡Por qué hiciste una cosa así Primavera! — preguntó Ascot a su hermana mayor agarrándose de un poste eléctrico con un brazo, cansado de establecer que era mejor dejar plantada a su supuesta cita—
— ¡No puedes seguir por la vida de esta forma, escondido entre tus figuritas de acción y jugando Pokemon! —respondió ella, halándolo de la mano libre para que se soltara— ¡CAMINA ASCOT!
— ¡NO QUIERO IR! ¡TU CREASTE ESE PERFIL FALSO!
— ¡No es FALSO! ¡Tiene tu foto!—Primavera estaba pasándola mal para mover a su hermanito, quien a pesar de tener 16 años aparentaba unos 19 por su altura y contextura física.
— ¿QUÉ TE IMPORTA A TI SI TENGO O NO CITAS?
Primavera dejó de hacer fuerza y se quedó callada. Pero no le soltó ni un poco.
— ¿Hermana? —Ascot se sorprendió de verla tan seria, pero tampoco se alejó un centímetro del poste de luz.
— No quiero que estés solo. Si sigues así...
Ascot se liberó del poste, y Primavera agachó la cabeza avergonzada. Ayer había llegado a casa muy tarde, para luego encerrarse en su cuarto y poner música pop melancólica. Había llorado durante al menos una hora, porque luego salió con los ojos hinchados a ponerse unas bolsitas de hielo sobre los ojos.
— Si estás mucho tiempo solo, después no sabrás cómo hablarle a las personas o si las estás molestando. —dijo casi para sí misma, para luego terminar de exponer su punto de vista con un susurro—Quizás malinterpretes sus acciones.
— ¿Qué pasó ayer Primavera? ¿Es por el chico ese que te salvó de los que se burlaban de ti el semestre pasado?
— ¡No cambies el tema Ascot! —Primavera volvió a sujetarlo con fuerza, por lo que Ascot volvió a buscar el soporte del poste— ¡SUELTA!
— ¡YA TE DIJE QUE NO QUIERO IR!
Ascot dejó de forcejear al ver un extraño que en vez de pasar de largo, se quedó observándolos divertido. No le agradaba la forma en que miraba a su hermana, quien aún no se daba cuenta de que la persona a sus espaldas.
— Buenas noches, ¿se le ofrece algo? — dijo Ascot corrigiendo su actitud a la de un adulto responsable y colocándose al lado de Primavera, que trastabilló hacia atrás por la fuerza que estaba haciendo, pero su hermano le ayudó a estabilizarse de inmediato.
— Buenas noches —saludó una voz conocida para Primavera, que le hizo voltear y cambiar su expresión para ponerse a la defensiva. Se paró derecha y Ascot sintió que estaba aliviada de tenerlo a su lado.
— Ya no son tan buenas —dijo ella al ver al desconocido— ¿Se te perdió algo, Águila?
— No, pero quizás la que ha perdido algo seas tú. O de pronto estés a tiempo de recuperarlo.
— ¿De qué estás hablando?
— ¿No te interesa que Latis esté allí arriba, melancólico porque tuvo un mal día?
Su hermana cambió el peso de su cuerpo a la otra pierna, y se llevó una mano a la cintura para luego devolverla a su puesto. Conocía los signos de nerviosismo de Primavera y el hombre con el que hablaba no le daba confianza, así que era mejor seguir su camino. Tipos como ese le habían hecho la vida imposible a su hermana en el primer semestre de la universidad, burlándose de su manera de caminar, de su tono de voz, de su ropa colorida, porque no encajaba con el estándar de la facultad. Llegó al punto que sus supuestos compañeros le dejaron sola en todas las asignaturas, en todos los proyectos, aislándola por completo. Primavera llegaba a casa con una sonrisa triste que se transformaba en llanto, hasta que ocurrió el incidente en que conoció al tal Latis. Un incidente que podría haber terminado muy mal si nadie hubiera intervenido.
— Llegaremos tarde —dijo Ascot, empujando a Primavera para que no tuviera que responder, ya que de todas maneras, la noticia le había dejado muda.
Lucy depositó la mano sobre el muslo y lo presionó como si con eso pudiera llegar mágicamente a la pantorrilla. Después de hablar del festival deportivo y de los premios que había ganado, quedar disminuida como una principiante por un tonto calambre era algo que quería ocultar a toda costa. Sólo tenía que esperar un momento a que pasara…¿pero qué debía decirle ahora? No se le ocurría nada para justificar… ¡cielos! ¡cómo dolía!
La presión que necesitaba ejercer por arte de magia llegó a la pantorrilla, pero la explicación era mucho más simple. A sus pies, con una rodilla en el piso, Latis tenía la mano derecha sobre su pierna, y parecía concentrado en la posición anormal del músculo, que se había recogido a simple vista.
Con la pena y el calor subiendo por la cara, medio se olvidó del dolor.
— Esto va a doler —le advirtió Latis— Pero es probable que suelte más rápido. ¿Bien?
Asintió. Sí, eso iba a doler, así que apretó los puños mientras él comenzaba a soltar el nudo. Se olvidó de la pena y del contacto después de unos largos minutos hasta que comenzó a sentir alivio.
— ¿Te sientes mejor? —preguntó él
— Gracias —respondió con una sonrisa triste
— Estira la pierna, apóyala en mi
— No es necesario, en serio, ya has hecho mucho —Lucy movió las manos con energía sin dejar de negar con la cabeza, sin embargo él no vio tal gesto, ya que estaba concentrado en que hiciera lo que indicaba—
— Estira la pierna —repitió con tranquilidad—
— Pero te voy a ensuciar con el zapato
— Tienes que estirarte o no servirá de nada. —enfatizó sus palabras dándole una rápida mirada—
— Tal vez si me levanto o camino un poco…no es tan grave, de verdad.—propuso torciendo la boca, tratando de minimizar el episodio—
— Bien, entonces ven.
Latis le tomó de ambas manos y le alzó con facilidad. De nuevo estaban muy cerca, tal como había ocurrido la noche anterior, y aquella atmósfera indescifrable volvió a descender sobre los dos. Él adelantó los brazos para tomarle cerca a los codos, y ella de forma inconsciente sin saber muy bien qué objetivo cumplía el ritual, hizo lo mismo, lo que les acercó aún más.
— Apóyate. ¿Te duele todavía? — Latis le miraba ahora directamente. Sus ojos hablaban, diciéndole lo preocupado que estaba, pero también creía interpretar un placer secreto, una emoción plena.
— No soy tan delicada —se rio queriendo demostrarle que estaba muy bien, pero su tobillo izquierdo le recordó la cojera del aeropuerto, y la gran cantidad de esfuerzo que había tenido en las competencias, así que se tambaleó un poco.
Latis sonrió ante su pequeño discurso de suficiencia, pero no dijo nada.
Primavera caminaba al lado de Ascot, engullendo cada detalle con los ojos, buscando a Latis con la esperanza de confirmar lo que había mencionado el idiota de Águila. Su hermano todavía ponía una cara de tristeza y aburrimiento extremo por tener que cumplir con la famosa cita, pero tarde o temprano tendría que tragársela. Pobre Ascot, pero era mejor que su contacto con el sexo opuesto comenzara con algo así y no de la forma en que ella tuvo que vivirlo.
La escuela de señoritas no le había preparado para interactuar con hombres, sobre todo los atractivos. Latis entraba en esa categoría, y no sabía acercarse a él o comportarse a su alrededor. Lo que más deseaba era volver realidad su sueño, y se propuso cumplirlo a cualquier costo. Por esa razón hizo lo que se suponía que debería hacer: volverse su mano derecha, no dejarlo nunca para que pensara en ella como un ser incondicional, y sobre todo, hacerle saber al mundo lo que sentía por él. Sólo así Lantis se fijaría en ella. Les demostraría a todos los que se burlaron de ella que si era capaz de tener amigos, de tener un novio.
Su teoría era infalible ¿no era así? ¿Entonces por qué le había descubierto tratando de besar a la niña esa?
— El puesto de Takoyaki está a la derecha —informó Ascot— ¿estás segura que esto es una buena idea?
— Es una maravillosa idea, ¿acaso no proviene de mí? —Primavera se llevó la mano derecha al pecho señalando lo obvio— Estaré vigilándote de cerca.
— ¡¿No me vas a acompañar?! ¿¡Y qué voy a…!? ¡cómo! Pero…
— ¡Suelta Ascot! —ordenó viendo que su hermano ya estaba impidiendo que se fuera sujetando su blusa.
— ¿Pero de qué voy a hablar?
— Eres tan atractivo como yo, bueno, casi. No vas a necesitar hablar tanto, ¡ahora vete!
Un calambre como ese era normal que ocurriera. Si cualquiera hubiera hecho la mitad de las actividades que le había comentado Lucy ese día, estaría en cama. Lo increíble era que ella parecía sentirse mal por eso, cuando debía sentirse orgullosa. El mismo se sentía orgulloso por estar al lado de una persona tan extraordinaria, capaz de obviar el cansancio para buscar una mascota que no le pertenecía.
— Párate en punta de pies, varias veces.
— No me había pasado esto, lo siento —respondió Lucy siguiendo las indicaciones y alzándose hacia él—
Lucy se acercaba hacia su rostro, haciendo el ejercicio tomada de sus brazos, y le hablaba con cierto nerviosismo. Aquel sube y baja le ponía aún más ansioso que el masaje en la pantorrilla, y su pensamiento se nublaba hacia la acción, hacia atraerla más y probar sus labios, pero la frase dicha en Shibuya enfriaba sus intenciones. Por eso, el estiramiento resultaba una tortura.
— Raikou está confundido, va y viene de una lado para otro —dijo Lucy buscando al pastor, que se había cansado de estar lejos de ellos y había regresado para dar algunas vueltas, rodeándolos hasta que acabó sentado a menos de un metro, al frente de los dos y se quedó observándolos con las orejas levantadas, siguiendo sus movimientos con la cabeza.
Latis volteó a ver su mascota, y no le gustó lo que vio. Iba a darle una orden cuando los acontecimientos hablaron por sí mismos.
Raikou se ablanzó hacia Lucy con las patas delanteras levantadas, queriendo participar en el "juego" que su amo y su proveedora de galletas favorita habían organizado sin haberlo invitado. Lucy no estaba preparada para recibir la fuerza de aquel enorme perro juguetón, menos tratando de recuperarse de un calambre, por lo que el impulso, la sorpresa y la fuerza de la gravedad hicieron el resto.
Le abrazó antes que terminara en el suelo, y ella se agarró de el tras trastabillar. En medio de una rapsodia de movimientos culpables, envueltos en la melodía inconstante de la casualidad, que se nutría de un placer culposo; Latis rodeó el cuerpo de Lucy con sus brazos y se quedó en aquella posición por un segundo largo, un segundo que ningún reloj podría contabilizar, un segundo tan perfecto e inconmensurable que la relatividad sentiría envidia de él. Se quedó viviendo ese segundo, poseyéndolo como una canción de amor que sonara una y otra vez en su cabeza. Sentía el calor que bullía por su piel, el suave contacto de las manos de Lucy sobre su pecho, la brisa nocturna agitando el cabello rojo que se entrelazaba sobre sus dedos, y el aroma dulce de su cuello, tan cerca a su boca, tan accesible…
Hasta que las patas de Raikou decidieron golpearle a él. Latis volteó a mirarle sin saber si agradecerle, reírse, o sentirse ofendido por interrumpirle.
— Cálmate, revoltoso —le dijo sin querer soltar a Lucy, quien tampoco hacía ningún intento por liberarse.
El perro ladró, la idea era seguir jugando, así que volvió a acercarse a Lucy. Raikou tenía mucha más fuerza en sus patas traseras, por lo que mantuvo su posición vertical para acercarse a la humana que su amo tanto quería.
Envuelta en sus brazos, Lucy se rio ante la insistencia del pastor, que no la dejaba en paz, dando pequeños brincos y tratando de alcanzarle la cara con la lengua. Al reír le sentía vibrar pegada a su pecho y le desconcentraba no saber si se veía tierna o…
— ¡Me has dado un buen susto Raikou! —decía Lucy tratando de apartar su cara, subiendo los hombros protegiendo su cuello, encantada…hasta que se dio cuenta que él la estaba mirando.
¿Podría resistir a esta tentación?
— Quieto Raikou. Siéntate —le ordenó sintiendo que su voz se hacía más grave. Cambiaba porque con aquel contacto se desconectaba de la realidad. Estaba abrazándola, y Lucy no se había movido, no había intentado irse.
— Latis…yo…—comenzó Lucy dejando salir su nombre en un susurro, sin apartar su mirada.
Su nombre saliendo de esos labios le desarmaba. Sonaba tan dulce, tan provocativo. Podría saborear cada sílaba…
La verdad era que no quería resistirse; estaban tan cerca que el poco espacio entre los dos era doloroso. La necesitaba. No eran sólo ansias, no era un capricho; era que si no le tocaba, la sangre se congelaría en sus venas, y se rompería por dentro. Su mano derecha tomó conciencia propia y subió por la espalda de Lucy, buscando entrelazarse con el cabello del color del fuego, clamando supervivencia porque de lo contrario se volvería de piedra. Disfrutó con la sensación de hundir los dedos en la seda roja, mientras le atraía hacia él, mientras aquella necesidad de tenerla, de tocarla, le dejaba la mente en blanco. Con la otra mano le apretó la cintura, rodeándole posesivo, disfrutando el hecho de no sentir rechazo, de que el cuerpo de ella se amoldaba para que el siguiera acercándose.
En los ojos de Lucy brillaba la chispa de la expectativa. Varias veces las pupilas marrones saltaron de sus ojos a sus labios, lo que terminó de desencadenar su deseo. Las palabras y todas las interpretaciones quedaban nubladas en la distancia, no importaban nada. Lo único que quería estaba allí, el suave presente que inundaba sus poros con el maravilloso ahora, un ahora que no podía esperar más porque siete años eran un desierto y ella era agua cristalina, pura, con la cual saciaría su sed.
Llegó a su boca primero con tiento, con el aliento entrecortado. Lucy sabía tan dulce como lo había imaginado, y el olor de su cuerpo le provocó una vibración que le recorrió de arriba abajo. Ella emitió un pequeño sonido ¿sorpresa? ¿deseo? El sentir su respiración acaramelada le lanzó a lo desconocido, y de pronto necesitó todo. Volvió a descender sobre ella, uniendo sus labios con pasión oculta, marcando el ritmo con delicadeza, hasta que ella comenzó a subir las manos, deslizándolas sobre su pecho, alcanzando su cuello y deteniéndose allí, torturándole con aquel contacto directo sobre su piel. Una hoguera descendió entonces, incandescente como un cometa chocando contra la atmósfera y sus labios comenzaron a abrirse paso para explorar ese manjar que tanto tiempo había pensado inalcanzable. Sus sentidos embotados no escuchaban ni sentían nada más allá de Lucy, de sus mejillas, de su boca, del calor desesperante que bombeaba la caldera de sus latidos, desbocados en el baile del anhelo.
Poco a poco ambos decidieron dejar de girar en el torbellino. Tenía demasiada fuerza para mantenerlo por más tiempo sin que tomara otro rumbo, el cual no era prudente tomar por el momento. Los sonidos de la noche volvieron a sus oídos, el suelo regresó debajo de sus pies, y Latis abrió los ojos, tratando de recordar dónde se encontraba. Su abrazo se disipó con suavidad, y eclipsó sin desaparecer para dejarla libre. Latis necesitaba confirmar que ella sentía lo mismo, que el mecanismo de su corazón estaba funcionando gracias a la magia de su contacto.
Lucy le miraba con las mejillas sonrosadas, al tiempo que bajaba las manos para separarse. Podía ver su sorpresa, como si no pudiera creer lo que había sucedido. Pero luego, aquella felicidad contenida fue cortada de un solo tajo cuando ella fijó la mirada más allá de sus hombros, hacia las luces del festival.
Primavera había visto todo mientras ocurría. Vio el primer avance de Latis y luego el desenfreno que no dejaba dudas acerca de los sentimientos del que consideraba el salvador de su alma.
Decir que se le rompía el corazón era quedarse corta, porque a pesar de todo, ella había creído que tenía una oportunidad. Tenía el convencimiento que Latis tenía una personalidad que alejaba a la gente, opuesto al de ella pero que desencadenaba el mismo resultado. Primavera soñó con el día en que ambos podrían ayudarse el uno al otro y que encontrarían el punto medio para encontrarse. Ella, siempre pendiente de lo que él necesitara, de que no estuviera solo porque conocía de primera mano que la soledad era destructiva, siempre pensó que era alguien diferente del montón.
El sueño se había hecho realidad y el corazón de Lucy latía desbocado, ansioso por repetirlo, por permanecer en sus brazos. Pero luego había alzado la vista, y entre las sombras oscuras de su propia culpabilidad, de su propias dudas, estaba Primavera; con lágrimas escurriendo por su rostro, y la tristeza rampante, envolviéndola, exprimiendo cada gota de su ser.
Había ocurrido. Ella había hecho eso.
Primavera se dio la vuelta y corrió hacia las luces. Lucy se apartó de Latis de forma inmediata, tratando de negar lo que sentía, tratando de borrar de su cabeza, de su cuerpo entero la sensación de estar completa.
— ¿Lucy? —Latis le miraba confundido, sin saber a qué se debía su reacción.
— Lo siento —dijo conteniendo las lágrimas, para luego caminar lo más rápido posible, lejos, muy lejos de él.
NOTAS DEL AUTOR
Aquí estoy de nuevo, tratando de cumplir al menos una cita cuasi mensual. Estuve algún tiempo pensando en cómo llegar a este primer beso "oficial", espero les guste XD
Muchas gracias a todos por leer Raikou, el fic mas fluffy de los fluffy jajaja un poco contrario al contenido acostumbrado, pero bueno. Gracias por aguantar tanto tiempo sin actualización, ojalá y sigan conmigo hasta el final.
Como es usual, agradezco a las personas que me dejan su realimentación. No saben lo importante que es, lo valioso e inigualable que es leerlos. Gracias especiales a quienes me dejan sus favoritos y follows, son lo más lindo del planeta junto con los reviews...y claro, gracias a los lectores fantasmas...si se animan a dejarme al menos un conti please, pues no está mal jejeje.
LucyKailu: XD claro que puedes amar a los dos! Cada uno tiene su encanto. Ah! lo de las mascotas que se parecen a su dueño jajaja es que el pobre Raikou no puede negar su apellido. Acerca de Eagle, pues ya ves que no le cuesta demasiado interferir, y ahora sólo le basta hacer la movida adecuada para lograr su propósito. Por otro lado, me parece increíble que tu estés rogando por Clef en esta historia, pero ya veremos si es posible. Por ahora, te presento a Ascot, un lindo chico de ojos verdes que le gusta jugar pokemon. :P Gracias por tu review, especialmente en ese día, "ya tu sabes". Un abrazote. Me cuentas si paso la prueba del fluff con este cap. No fue muy sencillo que digamos, la costumbre es decapitar gente jajajaja.
Lin: Mil gracias por tu apoyo y por todo el entusiasmo! Ay, será que este capítulo te cogió sentada? Bueno, no se si lo logro, hay mejores que yo en describir estas cosas, pero se trata, se trata XD. Eagle es adorable...y oportunista, así que ya veremos que hace con semejante embrollo. De nuevo gracias y nos estamso leyendo.
Maggy: Hola! que bonito verte por estos lares. Muchas gracias por leer y por tu review. ¿Y ahora, te dejo menos picada? Bueno, la verdad no me rinde tanto como a ti, pero espero que la espera se vea un poquitin recompensada. Cuidate.
Malina16: LOL, everytime i read your reviews you put a smile on my face. Well, answering to your question, yes there are happy fluffs...until something happens, xD sorry. Are you reading minds? i had an objective with all the activities Hikaru did this day, as you could see, and you almost predicted it. idk if the end of the chapter makes you suffer again (i'm sure i'm a little heart broken also) but i only can ask for you keep reading and make me know your opinion. BECAUSE I LOVE TO READ IT, EVERY TIME. LOL. I'm really gratefull for your time and it's an honor for me that you say i'm one of your favorites writers. Hugs.
Kuu de Céfiro: Mil gracias por tu review! Es un gusto también leer otro de tus reviews. Qué bueno que te haya gustado el papel de Marina, y claro que las tres van a coincidir en amistad o este fic deja de llamarse Raikou :P
Lita Wellington: Ay hola! yo hasta ahora vuelvo por este lado, pero prometo que leo tu capítulo que me hace falta también! COmo siempre digo, me encanta que te encante, me haces my feliz. Raikou es un pobre perrito enamorado que no pudo resistirse a estarse quieto. Raikou sigue cumpliendo su papel de Mokona casamentera como puedes verlo aquí, sólo les faltaba un pequeño empujón :P. Gracias por escribirme, gracias por leer!
Muero por saber qué piensan de este cap! Un abrazo! Prefiero subir esto hoy antes de sentirme muy pecadora por andar alborotando el avispero en semana santa. Se cuidan!
