CAPITULO 16. DESHAZLO
Unkiss me, untouch me
Untake this heart
And I'm missing
Just one thing
A brand new star
Can't erase this, can't delete this
I don't need this, I can't handle it
I just feel it, that you're over us
If I wait here, if I see you
It won't matter, what's the point of this?
Unkiss me - Maroon 5
Lucy cojeaba, pero aun así, logró alcanzar la distancia suficiente para mezclarse con el tumulto de personas que asistían al pequeño festival. Tenía la cara roja todavía, la presión se le había subido a la cabeza, y sus sentimientos eran un amasijo el cual rogaba por algo de orden.
Consciente que no podía continuar sola hasta su casa si no descansaba otro rato, se sentó en una banca que sólo ocupaba una joven rubia en un extremo, cerca de un puesto de takoyakis. Sentía una tristeza desconocida que pugnaba por salir de su cuerpo.
Recordó los labios de Latis sobre los suyos, su contacto y la emoción avasalladora que había subido y bajado por su columna para luego rondar por su viente. Mentiría si dijera que no lo había deseado, que no quisiera volver a sentirlo, incluso con más intensidad, una y otra vez. ¿Pero qué había significado para él?
Estoy aquí por ti
Todo se reducía a esa frase, un misterio. ¿Era un juego, como había dicho su madre? ¿Latis jugaba con ella para darle celos a su novia, Primavera? ¿Estaba bien hacerla sentir todo aquello, porque aún no estaba saldada la deuda que había adquirido hacía 7 años?
Sus manos, apretadas sobre sus rodillas se tornaban de un blanco peligroso por la falta de circulación mientras le daba vueltas y vueltas a sus sentimientos, hambrientos por lógica. Era como una bola de hilo que corría por una habitación, enredándose en cuanta superficie encontrara. Un nudo por los dedos de Latis tocándole la espalda, subiendo y enredándose en su cabello, cincuenta nudos por las lágrimas de Primavera, cinco nudos adicionales por su conversación, cien nudos por el calor que emanaba su pecho contra el suyo, un millón de nudos por el beso, el beso, oh el beso…
— ¿Se encuentra bien? —preguntó una voz a su izquierda
Lucy levantó la cara. No quería ser grosera, pero tampoco quería que nadie la viera en ese estado. Debía que recomponerse.
— Estoy bien —dijo hacia la chica sentada a su lado, tratando de esconder el brillo incipiente de las lágrimas
— No hay problema si quiere desahogarse, pero debe tener cuidado de no hacerse daño —mencionó ofreciéndole un pañuelito de tela, bordado con hilo verde, el cual Lucy recibió con cuidado y asombro.
— Gracias.
— ¿Hay algo en lo que le pueda ayudar?
Lucy exhibió una sonrisa triste, mientras miraba el pañuelito en sus manos. Guardó silencio, sin saber qué decirle.
— Es…—comenzó, teniendo la certeza que podía contarle todo a esa chica de ojos verdes, pero no sabía cómo poner en palabras lo que le agobiaba, y se avergonzaba ante sus tontos problemas— sólo estoy cansada. Tuve un día muy largo.
— ¿Me acompañaría a comer algo en uno de esos puestos? Me aburro enormemente.
— Lo siento, no tengo dinero
— Ese no es problema, déjeme invitarla
— Pero…—Lucy no quería seguir aprovechándose de la generosidad de la muchacha.
— Soy yo la que le está pidiendo compañía ¿no es así?
Después de comprar una cajita de tres takoyakis para cada una, recubiertos con salsa y especias, volvieron a su asiento, que de milagro seguía desocupado. Lucy seguía cojeando y la chica le ayudó a sentarse sosteniendo su brazo izquierdo. Las conversaciones de las personas, sus risas y los ocasionales golpes al tablero de tiro al blanco se escuchaban de fondo. Era una noche clara que debería ser perfecta, pero distaba mucho de aquello. Lucy se quedó mirando las luces de colores de los puestos de comida, pensando en todo, y en nada.
— ¿Esa cojera tiene algo que ver con su día largo? —dijo la chica, interrumpiendo sus cavilaciones—
— Podría decirse —dijo Lucy suspirando— muchas gracias por todo lo que haces.
— No hay problema. — se sentó y le dio un mordisco discreto a una de las bolitas asadas, pero mientras lo masticaba, se quedó mirando a un punto fijo con recelo, delante suyo.
— ¿Ocurre algo? —Lucy miró en la misma dirección, y el corazón le dio un salto.
Cargando a Raikou, Latis caminaba a paso medio, en línea recta a varios metros de ellas, sorteando las multitudes y sin darse cuenta que estaba siendo observado. El perro apoyaba las patas delanteras en los hombros del humano, devorando el sitio con sus curiosos ojos y pataleándole de vez en cuando el pecho por la emoción.
Lucy quería correr hacia él, y quería esconderse. Quería que volteara y le notara, pero también quería que pasara de largo. Quería llamarle y guardar silencio ¿Era eso racional? ¿Qué estaba pasando con ella?
— No es nada —aclaró la chica—acabo de ver a un hombre que hace unas horas armó un escándalo en una cafetería, cargando un perro. —levantó sus cejas, añadiendo una nota de incredulidad a su discurso— La gente tiene muchas facetas, jamás pensé ver el lado gentil de ese sujeto.
— ¿¡cómo!? —Lucy se acercó de un salto hacia la chica, sin reparar en el susto que le estaba dando— ¿el que va cargando el pastor blanco? ¿qué cafetería?
— ¿Le conoce? —la rubia se apartó por instinto de su interlocutora, más porque le ponía nerviosa tener su cara tan cerca que por una aprensión real.
La pregunta le hizo tomar conciencia de su reacción, y se enderezó, tratando de formar una sonrisa que salía forzada y tiesa en su cara.
— Es…mi vecino —pensó en "amigo", "conocido", y en otras variantes que ni se atrevía a reconocer, pero era lo más cercano a la realidad que tenía por el momento— ehhh…¿dónde le viste haciendo un escándalo? ¿Seguro que era él?
— Estoy segura, su altura no puede ser confundida. Ocurrió en la panadería francesa. Saltó el recibidor y causó una gran conmoción. Hasta amenazó al encargado—dijo con el atisbo de una sonrisa.
— El encargado ¡¿te refieres a Paris?! Es el hijo del dueño.
— ¿Es un muchacho de ojos dorados, y cabello verde?
— ¡Lo conoces bien! ¡El mismo!
— ¿Eh? No no no—la chica se puso roja desde el cuello hasta la cabeza— no lo conozco, Sólo voy a tomarme un café de vez en cuando, y a leer.
— ¿Qué le dijo Latis a Paris?
— Latis es el del perro blanco, ¿si? —la chica esperó la confirmación silenciosa de Lucy y continuó— algo concerniente a unos libros.
Lucy no detalló el color escarlata furioso que emergía de las mejillas de la rubia al mencionar la palabra "libros", porque el reciente descubrimiento, la dejó fría. ¿Ella le había dicho a Latis para quién eran los libros? No lo recordaba. Pero lo había averiguado, de algún modo. ¿Por qué había hecho algo así? ¿Había ido a reclamarlos de vuelta?
La imagen de Latis irrumpiendo y amenazando a Paris por los libros no coincidía con el temperamento que ella creía conocer de él. Si le hubieran preguntado un día atrás, o tan sólo una hora antes de si eso era posible, lo habría negado y acusado de confusión al que le confiara esa anécdota. Pero luego vio con los ojos de la mente las lágrimas de Primavera, recalcándole su culpabilidad.
Tal vez ella no lo conocía realmente. ¿Había creado un espejismo alrededor de un recuerdo?
— Está pálida. ¿No quiere llamar a alguien para que venga por usted?
— ¿Dijo algo más? —preguntó obviando el comentario, con ansias de saber más del episodio— ¿Estás segura que su actitud era…agresiva?
— No sé si llamarlo agresivo. ¿contundente tal vez? Pero dejó a Pa…al encargado…
— Paris —le ayudó Lucy—
— Dejó a Paris fuera de base. Disculpe, ¿Esos libros a los que se referían, sabe de dónde los sacó Paris?
— ¡Claro! Yo se los presté
— ¿Es amiga de él?
— Estudiamos juntos. Los libros me los pidió expresamente hace unos días, me parece que quiere lucirse con alguien, pero no me dijo más. Quedó de contarme la historia completa la próxima vez que nos viéramos.
La chica soltó una risita nerviosa, y ahora si Lucy notó las mejillas sonrosadas que querían esconderse en el semblante calmado de su compañera. No estaba haciendo tanto frío como para que estuvieran de ese color. Extraño.
— Soy Lucy — dijo haciendo una pequeña reverencia y recuperando su auténtica sonrisa— creo que ya era hora que nos presentáramos.
— Anaís, un gusto conocerle. —hizo una pequeña pausa, dándole una mirada furtiva a los takoyakis se enfriaban en la cajita que sostenía en su mano derecha, olvidados en la conversación—Estaba pensando, si aquel era su vecino, podríamos llamarle para que le acompañe a casa. Si usted está de acuerdo
— ¡No! — Lucy replegó su tono de inmediato, había sido demasiado enfática— Puedo regresar sola.
Anaís se quedó mirándole un momento, y luego volvió la vista hacia la figura del "vecino", que se perdía en la distancia. Había algo allí que no estaba dicho, pero que flotaba en el silencio. Los ojos brillantes y ansiosos de Lucy al hablarle del episodio en la cafetería, le daban la impresión que había más en esa historia.
— Si quiere esperamos a mi hermana y le acompañamos a su casa
— ¡No quiero causarte problemas! ¡Has hecho mucho por mí!
— Creo que vivimos cerca, si conocemos la panadería, es porque la distancia no es tan acentuada. Además se está haciendo tarde y usted está cojeando Lucy.
— ¿Segura?
— Claro. Dudo que mi hermana se demore mucho, pero cometí el error de no traer conmigo ningún libro para pasar el rato, y como le dije, es aburrido estar aquí sola. —Anaís se volteó un poco, jugando con los palillos de madera con los que ensartaba los takoyakis— ¿Podría preguntarle qué libros son los que le prestó al encargado de la panadería?
Todavía se sentía arder por dentro cuando Lucy desapareció de su vista. El deseo le mareaba, pero la frustración se encargaba de mantenerlo en pie.
"Lo siento" había dicho, para luego alejarse, dejándolo con la piel encendida y confundido.
Buscó como un ciego el banquillo, tanteándolo con las manos. Raikou se acercó y se sentó cerca, colocando el hocico sobre su rodilla y mirándolo con esos grandes ojos negros que exhumaban ternura, sabiendo que su humano estaba triste.
— ¿Hice algo mal? —preguntó hacia Raikou, quien gimió una respuesta en la cual se solidarizaba con Latis de modo incondicional. El perro alzó su pata delantera y le dio varios toques en la pierna, como si quisiera darle palmaditas.
No fue tras ella, era evidente que no quería estar con él. Latis no tenía remedio para eso, y sabía que después de lo courrido no le quedarían muchas opciones. No podía obligarla a quererlo…pero era difícil dejar de pensar en su tacto, en sus labios, en su cuerpo amoldándose al suyo. ¿Qué había hecho mal?, ¡por todos los cielos!
— No entiendo. No entiendo.
Su amigo se limitó a quedarse quieto, presto para caricias si era necesario. Latis pasó sus manos sobre la cabeza peluda del pastor, pensativo, desconectado de la realidad, pero al final, Raikou logró que sonriera. Latis se levantó después de unos minutos. Era el tiempo suficiente para que no se cruzaran a la salida del parque, el tiempo suficiente para enfriar su ansiedad.
— Vamos —dijo al final, resignado y con la cabeza aun dándole vueltas.
Raikou caminó a su lado por unos metros, pero volvió a quedarse atrás, gimiendo. Latis suspiró y sin fuerzas para pelear contra la corriente, le alzó en brazos. Emprendieron el camino de regreso.
Jamás vio a Primavera.
El miércoles llegó con un aviso de nubosidad y un clima atípico para un día en que el verano debería haber tomado impulso. Hacia las siete de mañana, una llovizna fina comenzó a caer. En la primera planta, la señora Shidou alistó las sombrillas que se creían guardadas para el resto del mes.
Le preocupaba Lucy. La noche anterior había desaparecido un buen rato buscando a Raikou, para luego llegar en compañía de dos muchachas —hermanas con seguridad— las cuales jamás había visto. Unos minutos antes, el menor de los Kuroda había entrado a su casa, junto con el perro. Una situación muy extraña, que no le terminaba de gustar.
Lucy había llegado tan distraída, y con tal máscara de alegría falsa, que la señora Shidou se había olvidado de la razón que debía darle, pero al mirar en la mesa del recibidor la caja con sellos postales, no pudo obviarlo. Si se guardaba el secreto se sentiría culpable.
— Lucy, tu amigo Águila dijo que pasaría por la caja el día de hoy —mencionó mientras servía el desayuno.
— ¿Caja? —su hija se volteó intrigada, como si le estuviera hablando de algún misterio. Estaba sentada en el comedor, hundiendo el tenedor en los panqueques calientes. Esa mañana Lucy actuaba de un modo taciturno, como si no hubiera dormido muy bien. Ya completaba dos días de insomnio según sus cuentas.
— La caja que llevaban Águila y tú en el vagón del metro. ¿Asumo que la recogieron en Narita? Saliste despedida para hablar con la señora Kuroda, junto con Latis. Nosotros quedamos atrás. En ese momento, me la encargó para poder buscar a Raikou y dijo que si se hacía tarde, pasaría por ella el día de hoy. Dado que no regresó anoche, imagino que vendrá hoy por ella.
— ¿Dónde la dejaste?
— Está en el recibidor, sobre la mesita
Lucy dirigió su mirada hacia el sitio que le decía su madre, dándole un vistazo como si fuera a encontrarse con el chico en cuestión.
— Lucy…
— ¿Si mamá?
— ¿Estás bien?
— Si—Lucy tardó en hilar una excusa convincente— es sólo que estoy cansada, creo que me excedí en el festival ayer, y con todo lo que pasó…
— Debes cuidarte ¿Por qué no llegas temprano hoy y tomas una siesta? Yo le entregaré la caja a Águila si no te sientes bien.
— No, yo quiero hacerlo. Necesito hablar con él.
Paris parecía evitarle ese día, por más que Lucy le persiguiera para hablar con él. Quería contarle acerca de Anaís y que le confirmara lo que había pasado el día anterior, pero el muchacho estaba lejos de estar dispuesto a una conversación. Al terminar la tarde se despidió montando en su bicicleta, con su impermeable verde desafiando el clima, mientras le dirigía un grito lejano
— ¡MAÑANA TE TRAERÉ LOS LIBROS! ¡NO TE PREOCUPES LUCY!
Eso era lo que menos quería escuchar. No sabía cómo devolverle los libros a Latis, ni su abrigo, que aún guardaba en su habitación y cuya visión le había trasnochado.
Al borde del alero del edificio, sacó su sombrilla para regresar a casa, pero antes de abrila, el bolsillo de su abrigo vibró con furia. Sacó el celular, y el mensaje parpadeó en la pantalla. Era Águila, quien le invitaba una malteada en un local cercano a su hogar. No lo dudó ni un segundo, y respondió para coordinar el encuentro.
Águila sonrió al verla aparecer en la puerta, pero el gesto se desvaneció al ver las bolsas bajo sus ojos.
¿Qué había pasado anoche? ¿Había llegado Primavera justo a tiempo para arruinarle la cita que Latis se había atrevido a armar de un momento a otro?
Levantó la mano para guiarla hasta el asiento en que estaba. Ya lo averiguaría.
El local estaba en un lugar estratégico, más cerca de la estación del metro que de la casa de Lucy, algo escondido para que no estuviera en la ruta de regreso que tomaba Latis. Deseaba disminuir la probabilidad de encontrarse con su mejor amigo, pero también quería que ella se sintiera cómoda, lo suficiente para que no pudiera rehusar la invitación.
— Hola Lucy
— ¡Hola! —saludó sentándose la frente, en ese gran sillón acolchado— pensé que pasarías directamente por la casa. Mi mamá me contó acerca de la caja.
El muchacho recordó el plan que había dejado andando la noche anterior, cuando supuestamente habían hecho una tregua para encontrar a Raikou. Sin embargo la tregua no significaba que podía descuidarse. Debía dejar listo el siguiente encuentro. Latis lo tenía muy fácil viviendo al frente, él tenía que esforzarse más para conseguir la atención de la linda pelirroja.
— Es más divertido si conversamos antes y tomamos algo dulce, puedo recogerla de vuelta ¿no te parece?
— Si, por supuesto. ¿ya ordenaste algo?
— Muy pronto lo verás. Aquí tienen una de las copas más grandes de helado que he visto.
— ¿Pediste una para cada uno?
— No me atrevería a tanto, o iríamos directo al hospital —Águila rio. Su risa era contagiosa, cristalina, y Lucy rio con él, sintiéndose liberada del peso que le oprimía el pecho desde el día anterior.
La camarera se acercó con el pedido como si les leyera la mente. Era tal como Águila decía. Las 25 bolas de helado, coronado con crema chantilly, barquillos de chocolate y con fondo de frutas era una orgía de azúcar que deberían compartir.
— Su orden, señor —dijo la muchacha depositando en la mesa la enorme copa y poniendo a lado y lado las cucharas sobre una servilleta blanca— ¡Disfrútenlo!
— ¡Muchas gracias! —dijeron ambos al unísono, lo que provocó nuevas risas.
Águila estiró la cuchara, pero la mesa era muy ancha para que pudiera alcanzar la copa sin inconvenientes. Lucy le acercó la copa al ver que tenía problemas.
— Eso es fácil de solucionar, no podemos pasarnos la siguiente hora corriendo esta copa de un lado a otro. —dicho esto, Águila se levantó de su lado de la mesa, y se sentó junto a Lucy, quien se corrió sólo un poco para darle espacio— ¡ahora sí! ¿Está bien que me siente aquí?
— No hay problema —dijo Lucy con sinceridad. Le gustaba el aura que despedía Águila, y ella necesitaba sentirse feliz.
— Debí pensarlo antes, los dulces y las niñas bonitas son mis prioridades más altas —sin preludio alguno alzó la mano y acarició con delicadeza su mejilla, por debajo de las ojeras— ¿me vas a contar quién te está trasnochando de esa manera?
Lucy no rehusó su contacto. Águila era muy gentil, y había notado su preocupación, pero ¿podría contarle lo que le atormentaba?
— Águila, ¿Hace cuánto conoces a Latis? —preguntó.
Águila dejó de sonreír y se enderezó, hundiendo la cuchara sobre el helado de color verde que asomaba a la izquierda de la copa.
— Desde primer semestre —replicó aparentando desenfado, probando el sabor limón, agrio como el tema que Lucy había puesto sobre la mesa. No le gustaba en lo más mínimo que el nombre de Latis hubiera surgido luego de su comentario. Pero luego se lo pensó mejor y aprovechó para indagar un poco — ¿Y tú?
— Desde que tenía 8 años, puede que antes —Lucy atacó el borde de la copa, mezclando tres sabores de helado en una sola toma y llevándosela a la boca con deleite. — No recuerdo muy bien.
Águila sabía que le llevaba ventaja, pero no había previsto eso. Quizás era verdad aquello del primer beso. Pero, si era así, ¿Por qué se trataban de un modo tan distante?
— ¡8 añitos! Debiste ser una nena muy bonita. —Águila le dio unas palmaditas en la cabeza. Quería seguir estableciendo contacto, se volvía una necesidad imperiosa al tenerla tan cerca. — ¿siempre tuviste el cabello largo?
— No tanto. —se rio, sintiéndose pequeñita, mimada ante los golpecitos cariñosos del muchacho— A esa edad apenas me llegaba a los hombros.
— A ver —Águila se volvió a acercar, con los ojos color miel relampagueando y tomó su cabello atado en la larga trenza para llevarlo hacia adelante. Con los dedos índice y corazón aprisionó suavemente el mechón rojo a la altura de los hombros y con su otra mano le alargó el cabello alrededor de la cara, rozando con su piel las mejillas de Lucy —sí, también te ves hermosa. —aseguró serio, mirándole detenidamente.
Por vez primera desde que conocía a Águila, Lucy se sintió intimidada por sus ojos, y un vacío le recorrió el estómago. Su cara estaba muy cerca a la de ella, y ambas manos sobre su cabello. Se paralizó, y sintió el calor incendiándole los pómulos.
Un segundo después, el muchacho le soltó y giró como si nada hubiera pasado, y volvió a hundir la cuchara sobre la copa, esta vez con la crema chantilly como su objetivo. Sacó uno de los barquillos de chocolate y lo mordió con ganas, habiéndolo remojado sobre la crema antes. Lucy pasó saliva, parpadeó varias veces y siguió su ejemplo.
— ¿Te vas a acabar los barquillos? —le dijo levantando una ceja, interrogándole como si estuviera en una estación policial.
— Yo…no, es sólo…—Lucy aun no salía de su reciente asombro, y ahora parecía que Águila se había ofendido—
Águila se rio, relajado, y dedicó una tierna mirada a Lucy, quien sostenía en vilo el barquillo en la mano congelada en el acto.
— Lucy, estoy bromeando, no te preocupes.
— Me asustaste —Lucy bajó el barquillo, sin decidir qué hacer con él después del ridículo. Debió saber que estaba bromeando, pero su actitud anterior le había desconcentrado de tal forma que no procesaba bien las palabras.
— ¿De verdad te asusto? —preguntó, sin mirarla, concentrado en el helado, escogiendo un poco de cada sabor para llevárselo a la boca.
— No, digo que me tomaste desprevenida. No he dormido bien estos días y estoy un poco cansada…
— ¿Te asustarías si te digo que hoy vengas a mi casa? —Águila no le dejó terminar la frase y volvió a mirarla con esa intensidad de hace unos segundos.
— No —respondió extrañada— ya me habías dicho que un día me invitarías.
— ¿Qué debería hacer para que te asustes? —dijo desplegando una sonrisa traviesa, pero con sinceridad.
— ¿Estaría bien eso? —preguntó Lucy, pero luego al ver la sonrisa de él, pensó que seguía bromeando— ¡Águila! ¡No te burles de mí!
Él se quedó en silencio, con una porción de helado de chocolate en la cuchara. Tomó un poco, sin terminarlo, y balanceó el cubierto alrededor de su boca, indeciso.
Le gustaba el reto, quería que ella volviera a sonrojarse tal como lo había hecho. Quería sentir su respiración entrecortada cuando se acercara, cuando le mirara. Era posible, sólo debía tener paciencia.
— Prueba éste, no sé qué tiene, ¿Chocolate Rochelle tal vez? —le ofreció su cuchara.
Lucy tomó el helado sin darse cuenta de la mirada inquisitiva de Águila. Era un beso indirecto, pero no se había dado cuenta. La inocencia de la chica le abrumaba y le incitaba a empujar un poco más. Hasta el borde.
— Tienes razón. ¡Está riquísimo! Si lo combinas con el de pistacho, apuesto a que quedaría hecho un manjar.
— Lucy, te recuerdo que aún tienes una deuda conmigo, en Shibuya. No quiero ser insistente, pero…
— ¿El mirador? Iré contigo. Yo cumplo mis promesas —dijo muy seria.
— ¿Cenarías en mi casa después? —hizo una pausa, escogiendo un helado de color amarillo— Prueba éste, es de una fruta llamada "de la pasión". —dijo volviendo a extender su cuchara, Lucy tomó el helado sin darle importancia a las palabras, ni a cadencia con las que Águila las pronunciaba, intrigada por el sabor.
— ¿Es lejos de Shibuya? —dijo tan pronto saboreó el contenido de la cuchara— Mi mamá se preocuparía si llego tarde.
— No tanto, unos quince minutos en metro.
— Entonces creo que no hay problema
— ¿Ningún problema? —Águila sonrió de nuevo, y sus ojos brillaron— ¿Quieres llamar a alguien antes de irnos, para avisar dónde estarás? Bueno, después de que terminemos esta copa, claro.
— Le dejaré un mensaje a mamá
— ¿Te gustaría que le dijéramos a Latis que nos acompañe?, —tanteó con curiosidad, pero sin tener la mínima intención de dejar que eso sucediera en realidad— ustedes deben ser muy unidos, si se conocen hace tanto.
Lucy pasó saliva, el recuerdo de la noche anterior, su primer beso, aquel deseado beso, hizo que la presión en el estómago resurgiera como un ave fénix, volando en círculos de fuego por todo su cuerpo. Se odió por sentirse así, quería olvidarlo todo. Latis estaba fuera de límites...¿no?
Quería gritar. ¿Cómo haría para borrar la noche anterior de su cabeza? Se había mentido, pensando que podía existir algo entre los dos, porque creía que él sentía lo mismo, pero no tenía sentido construir sobre un terreno que se hundiría. Él no tenía que perdonarla si no quería, ¿cómo obligarlo a eso?, tampoco tenía que amarla si no quería, pero ese beso le había hablado de una manera diferente, directo a su cuerpo, confundiéndola. Deseó que existiera una manera de deshacerlo, de que el beso dejara de existir; que esa forma de tocarla, de rodearla completamente, de sumergirla, fuera sólo un sueño de adolescente, que lo que había sentido no fuera real y así no tuviera que debatirse por las ganas de volver a estar junto a él.
— No. No estaría bien. Y te equivocas.
— ¿Sobre qué? —Águila se adelantó un poco, sin ocultar su interés por la negativa que acaba de darle.
— Sobre ser buenos amigos. Mi familia se fue del vecindario, y hasta hace poco volvimos. No veía a Latis hacía siete años.
— ¿Ah no? Esa si es una sorpresa —dijo sin mentir. Por dentro, Águila se sentía al frente de un enorme tablero de apuestas, donde las posibilidades se barajaban a su favor.
— Creía conocerlo, pero tal vez no es así. —Lucy se quedó pensativa un momento, y recordó algo del día anterior que le había llamado la atención— Águila, ¿por qué discutían ayer con Latis?
— ¿Realmente quieres saber?
— Si —respondió esperando descubrir otra de las facetas de su vecino. Anaís le había contado algo inverosímil, quizás Águila le contaría algo adicional.
— Te lo diré en la cena.
— ¿Por qué no ahora?
— La cena es un mejor momento. —Águila le echó un vistazo a la copa, alzando una ceja— hemos hablado demasiado, el helado se va a derretir.
La tarde pasó volando. El mirador de Shibuya no le decepcionó. Nunca había subido al Magnet así que el grito de asombro cuando desembocaron en la terraza protegida por la enorme vidriera de parales metálicos, era más que genuino. Lucy estaba dichosa, era el lugar perfecto para dejar los pensamientos atrás, y a pesar que la fina lluvia no había amainado, la vista del atardecer se llevó sus preocupaciones, al menos por unas horas. Águila insistió en llevar la sombrilla y cada vez que ella quería ver un ángulo diferente, estuvo allí para protegerla, evitando que se mojara.
La tarde moría en tonos naranjas y las estrellas permanecerían escondidas detrás de las nubes que se habían asentado ese miércoles en Tokyo cuando bajaron del Magnet para tomar el tren hacia la residencia Vision.
El apartamento era el doble de lo que Lucy esperaba. Situado en una alta torre, elevado en el espectacular piso 24, la primera impresión era que habían llegado a otro tipo de mirador, pero éste era privado.
Lucy se quedó cerca a la puerta, aturdida por la vista de la ciudad y por el resplandor rojo de la torre de Tokyo, que se ergía al fondo.
— ¿Vives aquí? — dijo en un tono que parecía recriminatorio
— ¿No te gusta?
Se quitó los zapatos, obviando las pantuflas para invitados y se lanzó hacia los ventanales. Águila se rio al verla, con los ojos como platos y la boca suspendida en una gran "o". Una parte de sí se sintió culpable al emboscarla de esa manera. Era evidente que ella no tenía ni un mal pensamiento respecto a él, tema que le gustaba, pero también le incomodaba. El que no se "asustara" le daba la sensación que todavía caminaba por los terrenos de la amistad simple. Se preguntó si Lucy se desenvolvería con tanta tranquilidad si cambiaran de lugar con Latis, y fuera él quien le invitara a una cena en su casa, solos.
Alejó aquella intromisión de celos voluntariosos, y se acercó a ella por detrás.
— Prepararé la cena, si quieres puedes sentarte en el sillón —le dijo muy cerca a su oreja izquierda, con lo que Lucy dio un respingo.
Allí estaba, el color en sus mejillas, y los ojos que danzaban sin saber para dónde mirar, pero al final le desconcertó con una sonrisa tranquila.
— Yo puedo ayudarte
— No es necesario. Acomódate sin problemas.
Águila sabía de sobra que prepararía. Se dirigió a la cocina de tipo americano, que separaba el espacio que compartía con la sala a través de una enorme barra de granito. Lucy se sentó en el sillón frente al televisor, y se volteó con las rodillas sobre el cojín y las manos apoyadas en el espaldar.
— ¿Estás seguro que no quieres que te ayude? Tendremos la comida lista mucho más rápido
— Quiero ser un buen anfitrión, ¿me dejarás?
Lucy torció la boca con una mueca de disgusto. Se veía adorable...es más, se veía vulnerable. Varios pensamientos relacionados a lo que quería hacer despúes de la cena comenzaron a surgir en su cabeza, pero les dio un alto provisional.
— Águila…—comenzó después de unos minutos de silencio
— Dime
Tenía en sus manos el arroz que había preparado en la mañana, y le amoldaba dándole golpecitos para que quedara en forma de triángulo.
— ¿Me vas a contar por qué discutían ayer con Latis?
— Para hacer eso, requiero de mis dos manos, y las tengo ocupadas ahora. ¿Puedes esperar a que tenga lista la cena?
— No entiendo. ¿Qué tiene que ver eso?
— Compláceme por favor.
Lucy no le contestó, y se giró para sentarse adecuadamente sobre el sillón
— No importa tanto, después de todo. —dijo en medio de un susurro, volteando su cara hacia el ventanal.
Zagato no había aparecido esa tarde. Cuando Latis le envió un mensaje preguntándole si debían esperarle para cenar, contestó que había tomado tantas tazas de café que le era imposible comer algo más.
Volvió a echar un vistazo por la ventana. No había visto que Lucy regresara a casa.
Si lo viera su hermano le diría que había regresado a sus viejos hábitos de acosador idiota, pero no se atrevía a llamarla, ni a enviarle un mensaje. Lo que quería decirle debía decírselo en persona, y creía que era prudente darle un tiempo.
¿y qué exactamente debería decirle, si ella no lo quería como él lo hacía? ¿podía montarse en la farsa de ser su amigo?
En su mano tenía el medallón que su madre le había dado cuando prepararon la comida para los Shidou, que parecía haber ocurrido hacía años luz, siendo que sólo habían trascurrido unos días. Apretó la joya con rabia y volvió sus ojos violetas hacia la ventana, sin saber que a kilómetros de allí, Lucy miraba por otra ventana hacia las luces de la ciudad, pensando en él.
La comida se componía de onigiris rellenos de pollo en salsa, rollos de vegetales y curry. Era un banquete, que degustaron en medio de una charla ligera, sentados en el sillón, con la tele encendida, más para que hiciera ruido blanco que como centro de entretenimiento.
Una vez terminaron sus platos, Águila los apartó dejándolos sobre la mesa auxiliar. Durante la comida, Lucy había estado menos dispuesta a la conversación de lo normal, y a menudo desviaba su atención para mirar por la ventana.
— Gracias por hoy, la pasé muy bien Águila. En vez de parecer que te estaba pagando por la ayuda de ayer, parece que sigues ayudándome cuando lo necesito.
— ¿Quieres hablar de lo que te preocupa? —le dijo al verla atisbar por decimosexta vez hacia las luces de la torre de Tokyo.
— ¿Eh? —no esperaba esa pregunta tan directa, y sintiéndose culpable por arruinar la velada con sus tonterías, trató de sonreír. — ¿Por qué dices eso?
— No te conozco hace mucho, pero creo tener suficiente razón.
Lucy se puso rígida, y colocó sus manos sobre las rodillas, en forma de puños. Una posición muy similar a la que la noche anterior Anaís le había encontrado.
— Perdóname, me permitiste ser feliz hoy, y olvidar por un rato, pero soy muy débil para manejar esto.
— ¿Quieres contármelo?
— Es que…yo…no quiero ponerte en la mitad. Más siendo un amigo de Latis.
Águila lo presentía, pero la confirmación llegó como una hoja helada que acabó con el sentimiento que había acunado a lo largo del día. Quedó en silencio, decidiendo si quería escuchar lo que Lucy guardaba en su corazón.
No, no quiero escucharlo, es mejor que le diga ahora mismo por qué estábamos discutiendo ayer, es mejor que sepa que todo lo que hice hoy, que yo…
— Lucy, escucha…
— Ayer me di cuenta que Latis no era la persona que yo creía. —interrumpió ella de súbito— No quería creerlo, pero tal vez él no ha podido olvidar lo que ocurrió hace 7 años, al igual que yo. Tal vez me lo merezco, pero es, es…¡no está bien utilizar a quien odias!
— Espera, ¿qué?
¿Que Latis la ODIA? ¿Cómo es posible que llegue a esa conclusión? Es imposible.
— Y está Primavera, ¿cómo puedo volver a verle la cara?
— ¿Primavera apareció ayer? —Águila trató de no sonreír ante eso—
— No está bien, no puedo obligarlo, pero, ¿quién hace eso? No puedes ir así usando a las personas, sólo es posible si no les importas.
— Latis no es esa clase de persona, Lucy
Qué estoy haciendo
— Yo tampoco quería creerlo, pero…
— Latis no te odia, ¿por qué piensas eso?
Serás imbécil. Latis puede ser tu amigo y lo que quieras, pero déjala que crea que la odia, abrázala ahora, dile que jamás le harías sufrir, seca esas incipientes lágrimas, y luego...
— Él lo dijo, lo vi en sus ojos. Antes de irme del vecindario, lo recuerdo muy bien
— ¿Crees que te odia por algo que dijo hace 7 años? ¿Cuántos años tendría? Era un crío, Lucy ¿si te odiara, te dejaría acercarte a su preciado perro? Latis aleja a la mayoría de personas, pero a ti no.
¿Me siento culpable porque el episodio con Primavera tal vez terminó atormentándola? Es la única explicación que se me ocurre para este ataque de sinceridad. Pero debo parar, porque si le digo algo más, perderé antes de empezar.
— ¿Lo crees?
No quiso abrir su boca, asintió con la cabeza y cerró los ojos, para dejar de ver esos ojos suplicantes, llenos de esperanza. El plan que tenía había quedado suspendido.
— Te acompañaré a casa. Es tarde. —dijo tras un largo silencio.
Eran casi las nueve cuando llegaron a la casa de los Shidou. Águila caminaba abrazando a Lucy, con un brazo sobre su hombro. Se sentía bien.
Al estar al frente de la puerta, ella abrió dándole dos vueltas a la chapa y entró rápidamente para luego salir con la caja que había esperado todo el día a su dueño en el recibidor.
— Gracias —dijo él recibiéndola con ambas manos, haciendo una reverencia con la cabeza.
— Gracias a ti. Fue un día maravilloso.
— ¿Estaría bien si repetimos la experiencia?
— ¡Por supuesto! ¿A dónde te gustaría ir la próxima vez?
— Odaiba. He escuchado de un restaurante que tiene vistas sobre la bahía.
— Se oye demasiado fino para que pueda pagarlo —dijo sonriendo con tristeza.
— Lucy…
— ¿Si?
Águila se inclinó hacia ella, y susurró dos palabras al oído
— Me gustas
Lucy quedó anclada a su puesto. Él se apartó lentamente, y le dedicó una mirada provocadora, que dejaba claro que lo que acababa de decir, lo decía en serio.
Latis vió descender a Águila sobre Lucy y no soportó más la escena. Se apartó de la ventana, y subió a su cuarto, cerrando la puerta, conteniéndose para no darle un portazo.
NOTAS DEL AUTOR
Hola! Ehem, buenas noches. Siento que esta actualización tomara tanto tiempo! Como dije en mis notas de Es tan sólo tu imaginación, éste año ha sido ignominioso.
Pero ya dije que voy a terminar las historias, así que aquí ando.
Muchas gracias a todos los que siguen leyendo Raikou a pesar de la inconstancia. Y gracias especiales a quienes me empujan a actualizar con sus mensajes y comentarios.
Kuu de Céfiro: No digas eso del pobre Águila que ya la está pasando mal. Pero lo cierto es que es terrible el muchachito. Gracias por tu review. Ahh! que emoción que te guste la historia. espero me sigas acompañando! Un Abrazo
Maggy: Gracias por tu review! El beso es algo que costó escribir, que bueno que te haya gustado
Magda: Un placer suculento jajajajaa. Me haces el día con tus palabras. Ojalá te guste éste, aunque ya podías esperar que tuviera su nota triste después de lo que pasó. Como dirías tu, pobrecitos este par no encuentra todavía su felicidad. Gracias por tu review, un abrazo de oso.
LucyKailu: XD pobre Eagle, no hay justificación para esto, pero es que el siempre ha tenido un talante de manipulador/sacrificado. Es inevitable no aprovechar esas características. Hoy no hub tanto fluffy como la vez pasada, pero un avance es un avence...creo :P. Com siempre es un placer leer tus reviews. Un abrazote
Lita Wellington: No eres la única con esa imaginación (ñam) El primer beso valió la pena, pero dejó sus consecuencias. En el proximo visitaremos a otros personajes a ver en qué andan, a ver cómo le fue Ascot con su cita y su hermanita la loca. jajaja Gracias por tu review! Un abrazo
Lin: jejejejeje que bella! AGGH es genial saber que te emocionaste con el besote. Y aunque esos deseos oscuros no se llegan a materializar, hay cierta tensión que en cierto punto se estaba tornando pesada :P. Muchas gracias por estar pendiente! Un abrazoteee
Diana Potter: Te dije lo feliz que me haces con todos esos reviews? Si no, te lo digo de nuevo! GRAAAACIAS. Ojalá hayas seguido leyendo Raikou, y que esta actualización te guste. Me encanta que te encante! ( eso espero, que te encante jajaja, el optimismo ante todo) Un Abrazo
Ascella Star: Sis! Gracias por tus reviews! AHHH es muy genial leerte, gracias por darte el tiempo de pasar por estos lares. Es el fic mas fluffy de los fluffy dentro de mi haber, pero por alguna extraña razón se escribe con muchisima facilidad. Nube rosa es la descripción más acertada jajajaja. Un abrazote.
Malina16: A chapter isn't complete until i see your review. Girl, you made me laugh so much. Spring will be in our blacklist for a very long time after all this mess. OHH I'm so glad you like the kiss!, i melted a little while i was writting it. You know, that part of Eagle's personality is also my favorite. The chess player. And as always, you were right, our favorite couple didn't have any contact this chapter, but i guess it was logical, until they figure it out that they DO LOVE EACH OTHER. Thank you for your kind words. I really hope you can take the time to read this chapter. Sorry for the late update. Hugs!
Nos estamos leyendo!
