CAPÍTULO 20. LLUVIA

PARTE I

You got me sippin' on something
I can't compare to nothing
I've ever known, I'm hoping
That after this fever I'll survive

I know I'm acting a bit crazy
Strung out, a little bit hazy
Hand over heart, I'm praying
That I'm gonna make it out alive

- The heart wants what it wants by Selena Gomez


Silenciosa como un ratoncito, Lucy caminaba al lado de Lantis guardando la distancia. No quería que él notara su nerviosismo y mucho menos su emoción. Lantis había dicho que nunca la había odiado, y ella estaba dispuesta a escuchar todo lo que él tuviera que decir. Le había tomado la palabra sin pensar en las consecuencias, dejándose llevar por su corazón a pesar que la lógica que le gritaba con desespero que tuviera cuidado.

"Quiero hablar contigo, sin interrupciones. ¿Estaría bien?"

Era lo que él había dicho, con su voz arrastrándose una octava por debajo del tono normal, absorbiendo su voluntad a través de aquellos ojos violetas. De sólo recordarlo se sentía caer por un precipicio de nubes tornasoladas.

Tan concentrada estaba en los bandazos que le daba el corazón, que las primeras gotas que cayeron sobre su cabeza pasaron desapercibidas. Sólo cuando varias se deslizaron por su frente y mejillas se dio cuenta que había comenzado a llover. Saltó del susto cuando un trueno resonó muy cerca, justo a sus espaldas.

— Apresurémonos —dijo Lantis alargando su mano hacia ella.

El microsegundo entre el momento en que extendió la mano y en el que sintió la piel de Lucy haciendo contacto con la suya le llenó de una ansiedad difícil de definir. La emoción bajaba por su espalda como un latigazo caliente a pesar del frío de la noche y recordó una vez más el contacto de los labios de Lucy sobre los suyos. Su boca se secó como si no hubiera bebido agua en tres días y deseó. Deseó…

La lluvia arreciaba y el frío se le coló en las costillas. Tratando de no pensar demasiado, caminó más rápido. Sus zancadas hicieron que Lucy diera una pequeña carrera así que volvió a acompasar sus pasos a los de ella.

Pero si seguían a ese ritmo, ambos llegarían empapados a su casa y quizás con un resfriado haciendo fila en los pulmones.

— ¿Estará Youko bien? — mencionó Lucy preocupada y dando un vistazo hacia atrás— Espero que Marina la haya puesto a resguardo.

Lantis no le respondió. No sabía qué decirle. Lucy llevaba una blusa de color rosa, apenas cubierta por un saco de hilo delgado que ya chorreaba agua a diestra y siniestra. Alejó su visión de la blusa pegándose a la piel de la chica y se arrepintió de no llevar ningún abrigo que pudiera ofrecer.

Se limitó a seguir adelante, alejando una pregunta que estaba haciéndose más y más fuerte en su mente.

¿Qué se suponía que debía hacer cuando llegaran, ¡!…?

Bordeando la esquina sólo les quedaba unos metros para avistar la cuadra, pero antes de ir más adelante Lucy paró en seco. El volteó a mirarle sin soltar su mano, seguro que la situación se había salido de control y ella declinaría su invitación.

— Espera un momento. —dijo ella adelantándose para echar un vistazo.

Lucy vio que su hogar tenía todas las luces apagadas. Revisó los alrededores para ver si por casualidad su madre había salido a comprar algo para la cena, pero la lluvia no le dejaba ver con claridad.

Suspiró, armándose de valor y le dio un asentimiento a Lantis, halando su mano para continuar. Ella fue la que avanzó primero, tiritando de miedo y con el pulso alborotado.


Esmeralda vio a Zagato caminar hacia ella como si a su alrededor el mundo se compusiera de pequeñas alimañas que existían bajo el propósito de inclinarse ante su belleza. Respiró hondo pero sentía sus piernas hechas de gelatina.

Zagato llegó al mostrador y esperó a que ella decidiera acercarse. La vitrina los separaba asemejando el límite impuesto a sus propios sentimientos.

— Esmeralda —dijo el haciendo una pequeña reverencia con su cabeza.

— Buenas noches Zagato.

— ¿Quieres continuar nuestra conversación?

Pasó saliva. En toda su vida no había sentido una atracción tan poderosa. Era como si tuviera por propósito hechizarla con sus maneras de caballero, con su calma contenida que desbordaba en el brillo de sus ojos, que se fijaban en los suyos queriendo devorarlos.

Temía arruinarlo de nuevo. No quería que eso pasara con él. Desde que le había visto, desde la primera vez que habían cruzado palabra, sabía que había una química innegable. ¿Su propia luz opacaría a ese hombre? ¿En poco tiempo le diría que se sentía amenazado y le abandonaría?

Siempre había sido así. Muchos le buscaban, ansiosos por hacer parte de su vida, pero al menor indicio que su ego comenzaba a destrozarse por cuenta de su personalidad o de su trabajo, le abandonaban.

— Debería preguntarte eso a ti. ¿Realmente quieres seguir con esto? —dijo ella sin traslucir sus dudas en su voz —puedo ver tus intenciones.

— Entonces he hecho un buen trabajo. —Zagato sonrió— Quiero saber todo de ti. Quiero verte crear, quiero ser partícipe del milagro que obras con esas manos.

Esmeralda deslizó sus manos hacia la espalda, tratando de ocultarlas. Tenía la sensación que si las dejaba a plena vista tomarían vida propia y terminarían acariciando la cara de ese hombre, ansiosas por complacerle.

Su voz le hipnotizaba. Estaba segura que les ocurría a todas las mujeres que se cruzaban en su camino. Zagato despertaba una atracción sin siquiera intentarlo. Algo muy similar a su propia influencia, pero a un nivel completamente diferente.

Zagato era…deseo.

Se sonrojó con sus pensamientos. ¿Acaso ese poder era la que los demás temían de ella? Si era así, haber encontrado a Zagato era la más grande ironía.

— No —mencionó tajante— no puedes saber todo de mí.

— ¿Por qué?

Zagato le miró como si ella le hubiera clavado una estaca en el corazón. Jamás pensó que ese hombre pudiera articular una expresión de ese tipo. A regañadientes se obligó a no perder la compostura.

— Porque descubrirás cosas de mí que no le gustarán a tu orgullo — sentenció ella.

Esmeralda ejercía sobre él un poder que ni en sus sueños más salvajes podría haber imaginado. Era la primera vez que el alejarse de una mujer lo sumía en la tristeza. Esmeralda era luz, y él quería bañarse en sus rayos a cualquier precio, así tuviera que pasar noches en vela por los efectos de la enorme cantidad de cafeína que estaba tomando. No importaba salir corriendo de la oficina, no importaba quedarse sin dinero para salir el fin de semana, no importaba dejar plantada a Alanis aunque con eso se negara noches de placer. Nada importaba, con tal de tener una oportunidad de verle, con tal de cruzar unas palabras, un saludo.

Había comenzado cuando vio sus bocetos. Cada trazo estaba impregnado de una pasión que él era incapaz de definir, lleno de una belleza sobrenatural. Necesitaba conocer esa pasión única. Una pasión que él quería tener el honor de sentir en su piel de primera mano.

La curiosidad dio paso a la admiración, y de allí…

¿Era eso lo que se sentía enamorarse?

— Poco me importa mi orgullo en este momento —declaró él con una sonrisa llena de cansancio.

— Te arrepentirás. Siempre ha ocurrido.

— Yo seré quien tome el riesgo.

— No puedo prometerte nada —dijo Esmeralda mirando hacia el suelo.

— No es necesario. Esmeralda, mírame.

Ella alzó la cabeza. Era tan preciosa que hería sus ojos, como si estuviera fijando la vista en un resplandeciente sol.

— ¿Quieres salir conmigo? ¿Ahora?

Esmeralda giró sus ojos sin darle una respuesta directa.

— Está lloviendo.

Zagato volteó hacia el ventanal. Los vidrios resistían el embate de un torrencial aguacero. Salir estaba fuera de toda lógica.

Tomó un largo suspiro, tratando de pensar en algo para evitar aplazar el momento.

— P-puedes acompañarme en la bodega—propuso Esmeralda con un leve sonrojo iluminando sus mejillas—tengo que terminar el inventario.

Miró hacia el fondo de la trastienda. La puerta estaba medio abierta, dejando ver un conjunto de cajas y una bombilla cetrina que iluminaba el pequeño espacio. Un sitio aislado, sin ventanas, con un solo acceso.

Sería un tonto si no aceptara.


Entraron a la casa y se deshicieron de sus zapatos. Ambos estaban tan empapados que parecía que hubieran salido de ducharse con la ropa puesta.

Raikou salió a recibirlos batiendo la cola con fuerza. Lantis le acarició agradeciendo la distracción para no detallar el estado de Lucy.

— Creo que voy a estropear tu casa si entro. —dijo ella con un hilo de voz a sus espaldas.

— Ya arreglaré el piso —respondió Lantis teniendo cuidado de no voltearse— sigue a la sala, traeré unas toallas.

— ¿Y la señora Kuroda?¿No se molestará?

— Hoy llegará tarde. Tiene una cena con unas amigas del instituto. Tendré tiempo para trapear si es necesario.

— ¿Es-estamos solos?

Si, estaban solos. Zagato no acostumbraba llegar temprano un sábado, y su madre llegaría pasadas las once. Lo sabía desde el momento en que lo había propuesto.

Se sentía despreciable, como si le hubiera tendido una trampa. Lo cual no era del todo cierto. Lo que quería era poder hablar, hablar con tranquilidad de una vez por todas. Aún así, era el culpable de arrastrarla sin haber mencionado todo el contexto.

— Con Raikou—dijo tratando de aminorar el impacto de un "si".

Lucy no dijo nada. Y no sería él quien seguiría por esos rumbos espinosos. Se preparó para una negativa definitiva.

— ¿Te molesta si me qq-quito los calce-ttiiines —dijo Lucy haciendo una pausa de unos segundos— y-y e-el sac..el saCO?

Estaba nerviosa, y no podía culparla. Lo importante era concentrarse en salir de esa situación sin que ella se sintiera amenazada. No quería que debido a sus impulsos la relación entre ellos empeorara.

— Esta es tu casa—dijo evitando el contacto visual y caminando hacia las escaleras.


Lucy quería, necesitaba quitarle los ojos de encima pero su mirada volvía irremediablemente a él. Sus pupilas parecían imantadas a esa camisa que se pegaba al torso, y a la piel visible debajo de ella. Optó por mirar al piso mientras se quitaba los zapatos, y al aparecer Raikou fue una bendición para distraer su mente. Sin embargo, cuando Lantis avanzó hacia la sala tuvo el infortunio de fijarse en sus brazos cuando estaba hablándole. Tanto fue su trastorno que las sílabas se le atascaron en la boca y casi se ahoga con su propio aliento al percibir una oleada de calor que se regodeó incendiando sus órganos internos, revoloteando por su estómago como un ave fénix. La frase terminó siendo tartamudeada de tal forma que era un milagro que Lantis le entendiera.

Bajó la mirada avergonzada al mil por ciento. ¿¡Qué estaba haciendo!? Se llevó la mano al cuello. Necesitaba secarse, sentía un sudor frío sobre su pecho que le ponía aún más nerviosa.

Lantis se internó en las habitaciones de la planta superior y ella se deshizo del saco y los calcetines, tratando de llamarse a sí misma al orden. Quizás no había sido una buena idea ir a su casa en esas condiciones.

Se deslizó por el piso tratando de borrar las grandes gotas que caían de su cabello. Raikou le siguió oliendo aquí y allá los sitios donde ella había parado a secar con la planta de sus pies el piso de madera.

Llegó a la sala. Se quedó mirando el sofá con cara de tragedia. Era de una tela gris que delataría de inmediato su presencia si se sentaba. Lo volvería un trapo mojado. No, no. Era mejor quedarse de pie.

Se abrazó a sí misma. Temblaba con respirar. Qué sensación horrible. ¿y así quería conversar con él? Debería cancelar todo.

La poca voluntad que tenía se diluyó al verle bajar las escaleras. Todavía tenía puesta toda la ropa mojada. Se estaba secando el cabello con una toalla mientras sostenía otra en su brazo izquierdo.

Lucy se olvidó de respirar.


¿En qué clase de castigo infernal estaba sumido? Lo primero que vio al bajar las escaleras fue la figura de Lucy claramente delineada por su ropa traslúcida. Trató de distraerse secando su cabello y alborotándolo a ver si enfriaba su cerebro, y de paso el resto de él.

— Toma —dijo ofreciéndole la toalla, tratando de no fijar la atención en el brasier de encajes que resaltaba como un anuncio de neón en grandes letras diciendo "MIRAME"

— Gra…gracias.

Lucy tomó la toalla y se dedicó a secar su cabello. Hubiera preferido que se la enrollara sobre el cuerpo para evitarse la tentación.

— Puedes sentarte

— Tal vez es mejor si no daño el sofá—declaró Lucy con vehemencia.

Lantis no contestó. Estaba contrariado, viendo cómo temblaban las piernas de Lucy envueltas en ese jean que rezumaba agua. Terminaría enfermándose si no se quitaba esa ropa mojada. Pero. ¡PERO!.

— Es mejor que te cambies—dijo ella, poniendo en voz alta sus propios pensamientos— podrías enfermarte.

— Eso va hacia ti también.

— ¿Y-yo? No, estaré bien, no te preocupes.

— Estás temblando

— ¿Ehh? N-no lo hago.

Durante todo el intercambio él evitó mirarla de frente, pero el último titubeo hizo que se fijara en sus mejillas encendidas. Si ya tenía signos de fiebre esto no iría nada bien.


El contacto de la mano de Lantis sobre su frente y sus mejillas hizo que el corazón le diera un vuelco que creyó mortal. Por fortuna sólo le dio un par de toques con delicadeza y la retiró de inmediato.

— La temperatura te ha subido. Parece que tienes fiebre.

No quería explicarle que la fiebre no tenía nada que ver con su sonrojo, así que sin fuerzas para contrariarlo, asintió.

— ¿Si lo hago, t-tu también te cambiarás? —dijo sin saber lo que quería escuchar.

— Por supuesto. Ven, acompáñame arriba.

— ¿Arriba? ¿por qué?

— Las habitaciones están arriba. Es mejor que tú elijas algo del armario de mi madre.

— Lo que escojas para mi está bien —replicó temblando no sólo por el frío— se enojará si se entera que estuve revisando sus cosas.

— Eso no es cierto, tú lo sabes.

Esa última frase fue pronunciada con tal dulzura que Lucy temió encontrarse con su expresión. Si esa bondad se traslucía en su rostro, si estaba sonriéndole con suavidad, si sus ojos le capturaban, no podría manejarlo y se olvidaría de Primavera, de la apuesta y de todas las dudas.

Asintió en silencio. Dio un último vistazo a Raikou quien se estiró con grandilocuencia en medio de la sala cuan largo era, mostrándole su estómago para que le acariciara.

— Mira eso —señaló Lucy con una gran sonrisa.

— Quiere ganarse tu cariño de nuevo. Hace días que no le visitas.

Raikou gimió aceptando el razonamiento de su amo. Varias espinas atacaron el corazón de Lucy y le dejaron medio muerta de culpabilidad. Olvidándose de su "fiebre" se acercó al pastor y le acarició provocando que el perro moviera frenéticamente su pata derecha, henchido de felicidad. Lucy soltó una carcajada.

— Yo también te he extrañado muuuucho—dijo tomando entre sus manos la carita blanca de Raikou. Este contestó tratando de lamerle la cara— nooooo nooooo ¡jajaja!

Quería quedarse haciéndole carantoñas, pero Lantis estaba esperándola. Le soltó jurando que volvería y más relajada siguió a su anfitrión subiendo las escaleras.

Una vez en el segundo piso siguieron por el corredor. La curiosidad le jugó una mala pasada y sin pensar mucho, las palabras salieron de sus labios.


— ¿Cuál es tu habitación?—preguntó Lucy como si no fuera la gran cosa.

Siguió caminando, deseando que su imaginación dejara de machacarle el cerebro. Pasó derecho ante la puerta y dando una señal con su cabeza, respondió.

— Es esa.

— Tu ventana está casi alineada con la mía. ¡Mira mira!

Lucy dio dos pasos dentro de su cuarto. Lantis lo pensó dos veces, tres veces antes de devolverse. Respiró. Maldita ropa húmeda.

Lucy sonreía y esperó que él retrocediera para señalarle la casa al otro lado de la calle, que se veía a través de la ventana.

— Ese es mi cuarto. ¿Lo ves?

— Si.

— Podría hacerte señales desde ahí. Creo que podrías verme.

Lantis se aclaró la garganta. La imaginación seguía haciendo de las suyas.

— Tal vez es mejor correr las cortinas

— ¿Cómo? —Lantis no estaba seguro a qué se refería. Ya tenía el pulso acelerado sin que ella dijera una cosa como esa.

— No quiero que nos vean

Ahora si estaba poniéndose muy nervioso. Sin querer le dio un vistazo rápido a la chica. Tenía la toalla como una capa sobre los hombros, pero se había soltado el cabello y le caía en bucles por la espalda.

— Si mi mamá se le ocurre dar un vistazo, no quiero pensar en lo que dirá. —siguió— ¿Puedes cerrarlas?

Siguió las órdenes sin cuestionarle. No podría referírse a que quería que pasarían en su cuarto lo que quedaba de la velada. No. Eso no era lo que Lucy estaba implicando. ¿o si? no. De ninguna manera.

— ¿Seguimos?—propuso con el objetivo de sacarla cuanto antes de allí antes que hiciera alguna estupidez.

— Ah ¡sí!

Salieron y doblando la esquina, Lantis abrió la puerta de la alcoba de su madre. El aroma de su perfume les dio la bienvenida.

— ¡Qué bonito! ¡Es grandísimo! ¡El cuarto de mis padres no es tan amplio!

— Mamá siempre quiso que el cuarto de baño tuviera una gran tina privada. Puedes usarla si quieres.

Pero qué demonios estoy diciendo —pensó.

— ¡Qué envidia me da! Un estilo muy americano, ¿verdad?

Lantis se acercó al closet que cubría toda la pared al frente de la cama y abrió las puertas.

— Escoge lo que desees. Te dejaré para que te cambies.

Sin decir más, se precipitó a la salida y cerró la puerta. Tomó aliento y se encaminó a su propia habitación.


La señora Kuroda era una persona que exhumaba elegancia. Su ropa era un reflejo de esa actitud. Lucy pasó los ganchos uno tras otro llenos de vestidos y faldas de diferentes estilos. Hasta las piyamas eran prendas delicadas de satín. ¿Qué haría? No había nada allí que no fuera tremendamente...sexy.

Se dirigió a los cajones de la derecha. Tenía que haber algo más cómodo que todo eso.

Encontró lo que buscaba unos cajones más abajo. Sin más procedió a quitarse la ropa húmeda. Fue hasta el baño y dejó colgada la blusa y el pantalón.

Pero había un problema. Su ropa interior también estaba empapada. Ya era el colmo de la confianza ponerse la ropa de la señora Kuroda, ni hablar de la ropa interior. Por otro lado, si la conservaba y se ponía lo demás encima, estaría incómoda y mojaría lo que había elegido.

Tendría que arreglárselas sin ella entonces. Se quitó el brasier y las bragas, colgándolas con el resto. Ahora el lio era…¿cómo ocultar que no llevaba nada por debajo?


NOTAS DEL AUTOR

Sobra decir que ansiaba escribir estos capítulos. (Si, ya está escrito el siguiente. En pocos días lo publicaré). Los dividí en dos porque esa noche se estaba tornando muy larga.

Perdonarán la cantidad de cambios de POV, pero es que quería que tuvieran las dos versiones de los protagonistas en esta situación. Creo que lo hace mucho más divertido.

¡Espero que lo disfruten! Me he reído mucho escribiéndolo.

Como siempre muchas gracia spor su apoyo. Mi pasatiempo favorito es leer reviews, ¡qué capacidad para alegrarme el día tienen!

Nikita Shinoda: jajajjaa fué super intencional dejarlo en ese punto. Ya sabrás por qué. Mi fangirl estaba gritando que me atreviera a algo así. Gracias por tus palabras! Por ahora no se entrometen Alcyone o Primavera, pero están calentando motores jejeje. Romance y besos..humm valen camisetas mojadas? :P

Magda: Kyaaa! Que bien que te gustara. Ya quiero saber que opinas de este! ¿Me paso con las influencias? jajaja Gracias, mil gracias como siempre por leer y por la pacienciaaa!

Lita Wellington: Trato de no salirme de los personajes en lo más posible, hasta intento trasladar las palabras que más utilizan, o sus expresiones para que cuando se lea se sienta que son ellos. No siempre lo logro, pero gracias por resaltarlo.! Siento decirte que aún Águila no aparece porque me ocupé en poner a este par en una situación para probar su fuerza de voluntad XD. Gracias por leer! Gracias por tu review!

Lin: Oh si, la tormenta está aquí buajajajaja. ¿En serio te parece que se mantienen? Ufff no sabes la tranquilidad que me da eso. Aunque estoy segura que a veces es imposible no darles un poco de la personalidad que deberían tener como "muchachos" normales. Zagato y Em...pues a ver que se les ocurre allá encerrados.

James Birdsong: I'm glad you liked it! Hope this one is an interesting chapter for you as well. Thanks for your review!