CAPÍTULO 22. MISERICORDIA

Please have mercy on me

Take it easy on my heart

Even though you don't mean to hurt me

You keep tearing me apart

Would you please have mercy, mercy on my heart?

Mercy - Shawn Mendez

SABADO (TRES SEMANAS DESPUÉS)

Sentado en el sofá de la sala, con un libro de historietas en el regazo que pretendía leer, Lantis miró su celular por tercera vez en una hora. Sus mensajes habían sido entregados, pero no respondidos.

Igual que su intento por hablar con ella en el campus, cuando su grupo de amigos le alejó con vehemencia.

Igual que la noche del Martes, un día después del episodio de la biblioteca, cuando tocó el timbre de su casa y la señora Shidou le confirmó que Lucy no estaba en casa a pesar de ver luz en su cuarto.

Igual que la mañana del Jueves (tratando de volver a sus andanzas estúpidas de ver a que hora salía para la escuela), y le llamó por su nombre, sin que ella volteara a verlo siquiera.

Igual que el Domingo siguiente, cuando tocaron la puerta y al abrir sólo encontró una caja con su abrigo, impoluto y minuciosamente planchado, sin ninguna nota o signos de que Lucy lo había dejado allí mas que Raikou comiendo una galleta.

Igual que las dos llamadas que realizó la semana pasada, que timbraron tres veces y luego fueron directo a buzón de mensajes.

Era claro que lo había dicho en la universidad lo estaba cumpliendo con una voluntad férrea. No quería verlo. Borraría su existencia de un tajo.

Suspiró.

Buscó la foto en la galería del teléfono. Se quedó mirando a esa Lucy sonriente, posando al lado de Raikou, detenida en un instante de felicidad. Una foto invaluable para él, puesto que ese día se habían dado aquel beso que le había encendido las ganas de tenerla, de abrazarla, de hacerla feliz…para que todo se derrumbara unos días más tarde.

Su orgullo no le dejaba gritar desde la acera de enfrente, para que ella escuchara desde su habitación o interceptarla camino a casa, emboscarla. Tan sólo imaginárselo le daban nauseas. No quería. Era posible que si tomaba alguna de esas opciones, viendo que había agotado las "tradicionales", las cosas empeorarían. Quizás si hacía eso, a los ojos de Lucy se convertiría en el creepy que decía Zagato.

Sus opciones se agotaban y quizás esta vez significaba que su suerte estaba echada, pero necesitaba saber qué había sucitado aquella decisión de alejarlo de manera tan absoluta.

Hasta un mensaje podría darle paz. Así después ella decidiera que su "relación" (si podía llamarse de ese modo) debería terminar allí. No entendía nada, por más vueltas que le había dado lo único que se le ocurría era que Águila hubiera realizado una movida antes que él, pero aún así nada tenía sentido porque era dolor, y ¿tristeza? ¿decepción? ¿odio? lo que había visto en los ojos de Lucy.

¿¡Cómo DIABLOS había pasado eso!?

Le dio otro vistazo a la foto. ¿Qué había h…

*CLANNNCCCCCCCCCCCCCcccccccccc*

El sonido proveniente de la cocina le sobresaltó. Presionó el botón de inicio del celular para ocultar la imagen y se levantó para ver que había pasado. Se encontró con Zagato recogiendo una sartén del piso y un despliegue de harina tirada por el suelo.

— ¿Qué haces?

Zagato le miró por encima y guardó silencio. Se limitó a buscar una escoba al fondo de la cocina. Lantis se quedó mirándolo. Algo le pasaba.

La voz de su madre llegó por la espalda, asomándose por la puerta. Llevaba la ropa deportiva que usaba cuando limpiaba la casa y el cabello negro arremolinado sobre la cabeza

— No duró ni una hora limpia la cocina—suspiró, llevándose una mano a la frente— Toda mi mañana perdida.

— Lo siento — dijo Zagato sin inmutarse, y barriendo con los ojos al suelo.

Akemi Kuroda punzó las costillas de Lantis con un dedo, señaló con los ojos a Zagato y arrugó el entrecejo. Si. Ella también sabía que algo andaba mal. Para ese momento Zagato ya debería haberle echado la culpa a Lantis de su pereza por no ayudar en las tareas de la casa, o habría sacado alguna excusa a relucir.

— ¿Ibas a hacer algún postre? — preguntó ella, acercándose para ayudarle a recoger el desastre. Lantis siguió su ejemplo, y se adelantó antes que su madre le atizara para que se moviera.

— Era para la cena. Pero se echó todo a perder — mencionó con acritud. Aquella última frase tenía un tono distinto, que pareciera no tener relación con el presente.

— Ya veo. Si quieres Lantis puede ir a comprar más ingredientes…

— No. Está bien. Lo haré otro día.

Hacía un buen tiempo que Zagato no preparaba un postre. La última vez había sido para la cena donde invitaron a los Shidou, y eso no había sido por voluntad propia. Su semblante oscuro, su comportamiento y el hecho que quisiera cocinar delataban que le ocurría algo lo suficientemente importante para desbalancearlo, lo cual no sucedía a menudo. Era raro.

Lantis fue por el recogedor. Mientras lo hacía se quedó pensando si debería enviar otro mensaje a Lucy o si debería esperar. ¿Cuánto tiempo debería dejar pasar si fuera así? Sacó de su bolsillo el celular, volvió a mirar las notificaciones. Nada.

La harina también se había esparcido por la estufa y por el mesón. Con los pensamientos en otro lado, retiró los fogones y pasó un trapo por toda la superficie. Mientras lo hacía, su celular vibró en el bolsillo y de inmediato lo revisó. Una notificación de su aplicación de lectura. Reprimió su decepción y siguió su labor.

Quince minutos después, terminaron de limpiar. Zagato se retiró a la sala, y pensaba seguirlo cuando se dio cuenta que su madre lo miraba de reojo.

— ¿Qué les parece si salimos un rato? — propuso ella— podemos ir a cine. ¿Estarán dando algo bueno esos días? Lantis, ¿alguna película de superhéroes que te interese?

— Quisiera leer un rato — respondió. No tenía ganas de salir. Prefería quedarse embutido en sus pensamientos por otro rato.

— ¿Zagato? — intentó Akemi— ¿no te gustaría cambiar un rato de actividad?

— Tengo que adelantar unos planos para el trabajo.

Akemi se quedó en silencio por un momento. Ambos presintieron el estallido antes que llegara.

— ¿Así que no quieren salir conmigo? — repuso exasperada— del trabajo a casa todos los días, pero cuando quiero salir por algo de diversión ustedes están muy ocupados.

Zagato y Lantis intercambiaron una mirada. La vieja táctica de remorderles la conciencia aún funcionaba a la perfección. Sabían que era una treta, y que ella no lo decía tan en serio como quería hacerles creer, pero nunca podrían estar seguros.

— ¡Bien! ¡Entonces encerrada todo el día!

Se golpeó las manos con los muslos para quitarse la harina y subió las escaleras hacia su habitación. Lantis y Zagato se quedaron en la sala, sin saber que hacer.

— Es una treta — dijo Zagato— seguro que lo es.

— Pero hace un buen tiempo no la veía así. Quizás sí quiere cambiar de ambiente.

— ¿Estás seguro?

— No. Puede ser que esté preocupada. —Lantis hizo una pausa, recordando que su madre le había dedicado una mirada extraña.

— Sabrá que andas deprimido

— Para nada — mintió — Tu eres el que tiene un comportamiento extraño.

— ¿Lucy decidió que no quiere a una sabandija en su vida? —dijo con sorna.

No respondió. Quizás no lo necesitaba porque al ver su reacción, Zagato arrugó el entrecejo. La furia subía incontrolable hasta la garganta. Sabía que sus ojos se habían vuelto dos témpanos de hielo. Bullía por dentro.

— Perdón. — Zagato desvió la mirada.

Ambos quedaron en silencio unos segundos, hasta que al final, Lantis se sintió apto para hablar.

— Tal vez sí deberíamos salir un rato. — dijo tratando que su voz sonara normal— Voy por Mamá.

Subió las escaleras con pasos de plomo y tocó la puerta de la habitación de su madre, que al abrirla ya se encontraba cambiada y emperifollada, lista para salir, portando una gran sonrisa de satisfacción.

— ¿Nos vamos?


Se decidieron por el centro comercial en Odaiba. La cercanía a la costa y las ráfagas potentes de viento apaciguó las tormentas en sus corazones. Los tres sonreían y el sol radiante de la tarde les subió el ánimo. No recordaba la última vez que habían salido como familia a hacer algo que no tuviera que ver con algún deber, con el estudio o con el trabajo. Se sentía como un minero escapando desde las profundidades de una oscuridad a la que día a día se había acostumbrado.

Lantis fue el designado para hacer la compra de las boletas para el cine. No había ninguna película que fuera especialmente interesante para ellos, pero se decidieron por un thriller de suspenso, ante su repetida insistencia. De sólo pensar ver una linda pareja coqueteándose en pantalla grande le daban ganas de devolverse a dormir a la casa, así que esperaba que el thriller le distrajera de sus pensamientos. Pero siguiendo la espantosa suerte que había tenido las últimas semanas, no le sorprendería que en medio de los gritos y los asesinatos hubiera alguna sub-trama de amor trágico.

Ya fuera de la fila, y con Zagato y su Madre presidiendo el grupo, se distrajo en frente a una tienda de regalos. Tenían en exhibición los últimos videojuegos y una figura de colección que le interesaba. Quería entrar a preguntar el valor, pero al levantarse y mirar al interior del local a través del vidrio, perdió todo el interés, y la sangre huyó de su cara.

Al fondo, una figura menuda reía mientras levantaba las manos en señal de "no". Pero su actitud no era tajante, ni evasiva. Estaba disfrutando el momento. El hombre que estaba a su lado se inclinó y tomó su mano izquierda con delicadeza y amarró a su muñeca una cinta que terminaba en una bomba de helio multicolor que tenía un gran letrero de "Feliz cumpleaños". A su derecha, una de sus amigas le colocó una corona de papel con rimbombantes festones que se entremezclaron con su cabellera pelirroja.

Quería irse, pero no podía dejar de mirarlos. En medio de las risas y el ambiente festivo del grupo, Lucy, Águila, Páris y las dos amigas de Lucy parecían todo lo contrario a él. Ellos, el epítome de la felicidad. Y el, ¿qué era?

Un extraño.

Un extraño que nisiquiera sabía la fecha de cumpleaños de la persona que amaba. Un tipo más que al cruzártelo en la calle debías esquivar, deberías evitar. El vecino raro, que te observa a la distancia, con transparentes barreras en medio y al que no se le permite entrar a ese mundo luminoso.

Los miró por última vez. Águila y Lucy parecían muy cómodos el uno con el otro. Lucy se veía…feliz.


Cuando terminó la película, Lantis se disculpó con Zagato y con su mamá. No volvería a casa con ellos, pero les alcanzaría más tarde. Ella le miró con aquellos ojos llenos de preocupación, y el le tomó la mano y sonrió apenas un poco, asegurándole que todo estaba bien y que no haría ninguna locura.

Se paseó por el centro comercial hasta que encontró lo que estaba buscando. Luego, salió y se encaminó hacia la estación de metro.

Cruzó el campus de la Universidad hacia las canchas. A su izquierda vio a Zaz, uno de los conocidos de Águila, que aún estaba jugando un partido con su equipo. Siguió adelante, con las sombras del atardecer muriendo y dando paso lento a la oscuridad.

La pista de la Universidad estaba sola y la reja abierta, invitándole a entrar. Las luces estaban encendidas y lo estarían al menos por unas dos horas más, hasta que cerraran el complejo.

Lantis dejó sobre el prado en el centro de la pista su abrigo, y protegido entre la tela, la bolsa que contenía lo que había comprado en el centro. Quedó con su camiseta y el jean. La noche estaba fresca. No necesitaba nada más que sus buenos tenis.

Se paró en la línea de meta. Lo desandaría esta vez. Correría hasta el inicio y borraría con ello su rabia, sus preguntas y la sensación de haber perdido el rumbo.

En su cabeza escuchó el sonido de largada, y Lantis corrió. La noche que empezaba a regocijarse en las esquinas de las gradas le recibió gustosa mientras él desafiaba el viento.


Lucy caminaba con Águila de la estación de metro hasta su casa. Se habían despedido del grupo en ese punto, pero Águila había insitido en acompañarla, porque ya estaba entrada la noche. Había pasado un día maravilloso, uno de sus mejores cumpleaños sin duda. Su amistad con Marina y Anaís crecía y estaba segura de que se fortalecería con el tiempo. No recordaba haber estado tan relajada y contenta hacía días.

Aunque lo mejor estaba por llegar: Tenía una excursión escolar en dos semanas, ¡que duraría tres días! En su anterior escuela jamás había tenido la fortuna de algo así. ¡Estaba muy emocionada! Era la oportunidad perfecta para dejar de ver esa casa de al frente, que seguía mortificándole cada vez que levantaba la vista.

El cambio le venía bien. Necesitaba eso, para poder ocultar lo que realmente pasaba por su cabeza. Aún se sentía herida, pero no quería que nadie supiera lo profundo y arraigado que estaba aquel dolor.

— ¿Qué tal iniciaron tus 16? — preguntó Águila, sacándola de sus pensamientos.

Se tardó en responder. Su mente había viajado a los mensajes que había visto en su celular el día anterior y que no quería responder.

— ¡Muy bien! ¡Nos divertimos mucho! Me sorprendí mucho de aparecieras en mi casa precisamente hoy. Espero no te haya molestado que te haya incluido en el grupo.

— Claro que no. Además, habíamos quedado de ir a Odaiba la próxima vez que saliéramos, ¿no es así? Los planes de Marina venían a la perfección.

— Estoy feliz que hayas podido conocerlos mejor. —Lucy dijo esas palabras con un entusiasmo apagado, casi melancólico.

— ¿Estás bien Lucy?

— ¡Claro que sí! —mintió— es…tengo una excursión en unos días y estaba pensando si necesitaba comprar algunas cosas.

— Te puedo acompañar.

— ¿De verdad? ¡SI! Me gustaría. ¿Estás seguro?

— Claro. ¿Qué vas a comprar?

— Eh…¿ropa? ¿Una mochila nueva? Quizás…¡Ah! Un traje de baño. El que tengo debe quedarme muy pequeño. Hace mucho no voy a nadar.

Vió una expresión extraña en el rostro de Águila, que no supo identificar.

— ¿Te molesta? —siguió— puedo pedirle a Marina o a Anaís que me acompañen.

— No me lo perdería por nada. —dijo él, con una sonrisa enigmática y arrastrando la voz— ¿vas a desfilarme con el vestido de baño? ¿Quieres que te de mi concepto de cuál te queda mejor? Estaría encantadísimo.

Lucy se sonrojó al imaginarse el escenario. No había pensado en eso. Al verla, Águila estalló en risa.

— Q-quizás no es buena idea — Lucy quería que se la tragara la tierra. Lo había dicho sin ninguna intención. Ahora entendía lo que Marina le solía decir. Debía tener más cuidado.

— No quiero que te contengas Lucy, ¿Prefieres de dos piezas? — Águila seguía riendo.

¿Cómo se salía de aquel aprieto? Sentía el calor pulsante en las mejillas. EL HORROR. No sabía que decir.

— Águila, y-yo…

— No te preocupes Lucy, lo sé, lo sé. —mencionó tratando de ahogar su risa— Me dejé llevar. Es…que aún es muy pronto.

— ¿Muy pronto para qué?

Águila se puso serio. Paró de caminar y se puso adelante, bloqueándole el paso.

— Quiero ser tu amigo, lo sabes, ¿verdad?

— Si. Lo sé.

Lucy sentía que Águila había cambiado su tono de voz. Su actitud le ponía un poco nerviosa. Recordó lo que había dicho Primavera, acerca que Águila había sido el único que no había estado deacuerdo con la farsa que habían montado. ¿Podía confiar en él? Después de lo que había pasado no estaba segura de nada.

— Pero aún es pronto para que no desee verte de otra manera. — Águila se puso una mano en la nuca y sonrió con tristeza— Sé que es problema mio y no deberías preocuparte por eso, me disculpo por molestarte.

Dudó si era sano seguir de esa forma. Águila era amigo de Lantis y aún no podía hacer las paces con lo sucedido. Pero la verdad era que tampoco quería cortar su lazo con él.

— Está bien. —asintió ella— hablé sin pensar. Yo también me disculpo.

— ¿Entonces puedo ir de compras contigo?

Lucy asintió y reanudó el paso. Ya estaba cerca a su casa. Águila le dejó seguir y caminó a su lado.

— ¿Al final hablaste con Lantis? — soltó Águila como si nada.

Su nombre era suficiente para desbalancearla, pero tomó aire y evitó que las emociones se reflejaran en su semblante.

— No lo vi necesario. —dijo cortante.

— ¿Ah no? Ya veo.

Ya estaban en su cuadra. Cada vez que llegaba le costaba no dar un vistazo furtivo. Pero era mejor así. Era mejor.

— ¿Vino a saludarte de cumpleaños?

— Muchas gracias por este día, la pasé muy bien. — Lucy no quería seguir hablando de Lantis, y menos quedarse conversando con Águila al frente de su casa. Debía ser rápida. — Te avisaré cuando vaya de compras.

— Perfecto

— Que tengas buena noche.

— Lucy, ¿me dejarías…?

La puerta de su hogar se abrió, interrumpiendo a Águila, y Lucy agradeció a los cielos por venir a su rescate. Su madre dio un vistazo y saludó a Águila con una inclinación de cabeza.

— Buenas noches.

— Buenas noches, Sra Shidou —respondió Águila.

— Disculpen la interrupción, pero creí escucharte Lucy. Tienes una llamada telefónica.

— ¡Oh! ¿En serio? —Lucy avanzó hacia la puerta abierta— ¿Quién es?

— Prefiero que la tomes y lo averigues. ¡Apresúrate!

— ¡Voy! — Se giró y se despidió con una inclinación de Águila— Gracias de nuevo. ¡Nos vemos otro día!

Su madre cerró la puerta después de despedirse y le entregó el teléfono inalámbrico. Se quitó los zapatos con presteza y se puso el teléfono en la oreja, emocionada. ¿Quién podría ser?

— ¿Aló?

Al otro lado de la línea escuchó una voz conocida, que hacía mucho tiempo no escuchaba

— ¿Andabas de fiesta o qué hacías a estas horas por fuera? ¿Te estás sacudiendo las vibras de niña buena por fin?

Lucy lanzó un gritico de felicidad y subió corriendo las escaleras, para encerrarse en su cuarto

— ¡AHHH! ¡Te acordaste!

— Pero cómo pretendes que no me acuerde, ¿Estás loca? ¿Después de tantos años viviendo juntas?

— Me alegra escucharte — Lucy soltó un suspiro involuntario, melancólico.

— ¿Y ahora que te pasa? ¿No estás feliz allá en la ciudad?

— Estoy bien.

— Ay mi querida Lucy, no me puedes engañar. Te conozco como la palma de mi mano. Trata de engañar a tus nuevos amiguitos de Tokyo, que me imagino ya tienes muchos. ¿no? Traicionándome.

— Nadie te está traicionando —Lucy alzó los ojos y se rió— Te digo la verdad. Pero…¿No me vas a dar el saludo de cumpleaños?

— Eso puede esperar. ¿A quién hay que matar?

— No digas esas cosas

— Es Lantis, ¿no es así? Te lo dije desde que me contaste de tu disparatada idea de volver. "Cerrar ciclos" Si, como no. No soy estúpida.

Podía ser sincera con ella. Después de todo, su prima había convivido con ella en casa de Momo por muchos años, dado que su padre, el tío de Lucy, le había dejado al cuidado de la abuela y luego de su propia madre, en los años que Momo estaba convaleciente. Habían asistido a la escuela pública de las afueras de Tokyo, habían sido confidentes. Era cierto que la conocía como nadie.

Lucy se armó de valor y terminó contándole todo. Absolutamente todo. No se guardó ni el beso, ni la tarde que habían pasado juntos, ni los sentimientos que venía acumulando desde que Primavera le había interceptado en la Universidad. Terminó llorando lo más silenciosamente posible mientras se agarraba al teléfono.

— Lucy, deja de llorar. Ninguno de ellos merece tus lágrimas.

— Nova…

— Oye, ¿Acaso Primavera es amiga de Águila?

Se quedó pensándolo. La única vez que los vió interactuando, aquella vez en el local de malteadas de la Universidad, no lo parecía. De hecho, parecían odiarse.

— No. No lo son. — Lucy recordó el episodio, calmándose un poco— Águila me dijo que no le hiciera caso.

— ¿Te dijo algo más?

— No recuerdo, pero Águila no le gustaba su presencia.

— ¿Y entonces por qué Águila estaría en aquel grupo de los que estaban escuchando las aventuras que Lantis tenía contigo? ¿Se reconciliaron con Primavera?

— No lo sé. No creo — Lo que decía Nova tenía sentido. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, y se concentró en la conversación.

— Hummm. Me parece extraño que ella le haya mencionado. Igual no voy a defender al maldito de Lantis, porque lo viste con tus propios ojos. Muy idiota de su parte recibir a Primavera una vez te hubieras ido. ¡Más que fue su idea que fueran a su casa! Era fácil que los hubieras descubierto y así no podría seguir jugando. Le falta cerebro. Un imbécil en toda regla. ¿y ahora, que piensas hacer?

— No lo sé. No lo sé.

— Jajajajaaja me gustaría estar allá para jugar con él un rato, tal como lo hizo contigo.

— Ni se te ocurra, por favor.

— Me pregunto si podría distinguirnos si me pongo tu ropa, y me trenzo el cabello. Un cuarto con la luz apropiada y apuesto que le engaño. ¿Recuerdas que a veces las maestras en la escuela nos confundían si nos veían a lo lejos? Podría teñirme del mismo tono rojizo tuyo. ¡¿TE IMAGINAS?! Debería ir y darle una tarde inolvidable. Calentarlo un poco.

— Nova, por favor. Prométeme que no lo harás.

— Vamosss, sería sólo un poco de diversión. Ojo por ojo.

— PROMÉTELO, NOVA —La voz de Lucy era inflexible, y poseía una orden explícita — No te volveré a hablar si haces algo así. No te lo perdonaría.

— Estás demasiado enamorada de ese Lantis. Lo defiendes como si en realidad te quisiera.

— PROMÉTELO

— Está bien, está bien. Lo prometo. No haré nada. Pero prométeme una cosa tú.

— Júralo por Momo, y haré lo que me dices.

Nova lanzó un chasquido al otro lado de la línea. Lucy sabía que cuando nacía una idea en la cabeza de Nova, no era fácil hacerla desistir. Más cuando eso implicaba alguna diversión para ella. Pero Momo era sagrada.

— Ok, ok, maldita sea. Lo juro por Momo. Pero era una buena idea.

— Bien. ¿Y ahora, cual es tu condición?

— Averigua si Primavera es realmente novia de Lantis.

Se quedó fría. ¿Qué estaba diciendo?

— ¿Cómo dices?

— Ay Lucy, siempre tan tiernita. Crees que los demás actúan sin malicia, como tú.

— ¿Por qué crees que Primavera no sea novia de Lantis? —Lucy no entendía—¿Por qué ella diría que es suyo sino fuera así?

— Es posible que el imbécil de Lantis esté jugando con ambas, como dice tu mamá según aprendió del hermano mayor. Pero si Lantis es de ese comportamiento, ¿crees que se comprometería tanto con una chica, como para hacerla su "novia" oficial? No lo creo.

— ¿Cómo estás segura de eso? —El corazón empezó a latirle más rápido, mientras escuchaba con atención lo que Nova decía.

— La vez que se encontraron con ella, cuando volvían de la Universidad, el te eligió a ti para seguir su camino, ¿no es así?

— Si…

— Para qué Primavera haría un escándalo en plena calle, ¿si sabía que él estaba jugando? ¿Y por qué Lantis no trató de darle explicaciones? No confíes en lo que dice Primavera. Todo lo que hace es muy extraño. ¿Si Águila y Primavera no son amigos, cómo es que ella lo incluyó como "el bueno" en el tema de la apuesta? Dado que ella tenga algo con Lantis, creería que está en la misma situación que tú.

Después de otro rato conversando, Lucy colgó el teléfono. Nova podría ser el terror encarnado cuando se decidía a serlo, pero también leía a la gente más fácilmente que ella. Tenía instinto para adivinar las intenciones escondidas de las personas, sobre todo si guardaban algo negativo.

Se quedó recordando a Águila en la Universidad, su expresión al encontrarse a Primavera en el local de malteadas. Era verdad. Ellos no parecían congeniar, ni mucho menos pasar tiempo juntos. ¿Y esa vez que Lantis y ella caminaban juntos? No podía recordar con claridad la expresión de Lantis.

"Muy idiota de su parte recibir a Primavera una vez te hubieras ido" Eso había dicho Nova.

¿Era Primavera la persona que vió…?

Alejó la duda. No quería ilusionarse. Era peligroso.

Su celular vibró encima de la mesita. Le miró con recelo, temiendo haber invocado algún demonio. Aún así, se levantó del suelo y lo tomó con su mano derecha. Un mensaje.

Desbloqueó el teléfono, con el pulso alborotado. Se le enfriaron los dedos y su estómago dio un vuelco.

Lantis.


Eran las once de la noche y por primera vez en tres semanas Lantis tenía la cabeza fría y despejada. No importaba si ella no salía. Tampoco era que guardara una esperanza después de verla esa tarde en Odaiba. Tecleó el mensaje estando al frente de su ventana y esperó. La luz de su cuarto estaba encendida.

En el camino a casa había estado pensando en lo feliz que se veía Lucy. Alguna vez, estando juntos, ¿le había visto así? No podía recordarlo. Quizás sólo aquella tarde en que jugaron futbol en la consola, pero no estaba seguro.

Le dolía lo que planeaba hacer, y cambiaba de opinión una y otra vez, porque no se sentía bien, no se sentía lo correcto. Quería ver su sonrisa, quería que ella fuera feliz, pero ¿eso significaba que debería hacerse a un lado?

Una última vez. Esa noche. Un último intento. ¿Y luego…? ¿Podría hacerlo? ¿Podría voluntariamente dejar las cosas como estaban? De sólo pensar que eso significaba que estaba dando vía libre para que ella estuviera con otro, con Águila, o con el que fuera, se sentía enfermo, como si le estuvieran devorando por dentro.

El mensaje que había enviado era simple "Dejé algo en la puerta de tu casa. Feliz cumpleaños."

Esperó un poco más. Volvió a mirar hacia la ventana. ¿Una sombra?


La curiosidad fue mas fuerte que su sentido común, y Lucy apartó la cortina. Se encontró directamente con esos ojos violetas que eran una perdición, su perdición. Se quedó plantada en el suelo y una mano descansando sobre la tela de la cortina. No podía dejar de mirarle.

El dijo su nombre. No podía escuchar su voz, pero sabía que era su nombre.

Quiso cerrar la cortina y apartarse del vidrio, pero no lo hizo. Tomó una bocanada de aire porque por un momento se sintió ahogada, como si hubiera dejado voluntariamente de respirar. Vio cómo Lantis tomaba de nuevo su celular y tecleaba. El celular vibró en su mano izquierda y sintió el pulso en la garganta, aún más ruidoso que el aparato. Miró la pantalla.

"Quiero hablar contigo"

No estaba lista. Primero tenía que hacer lo que le había dicho Nova. Era importante. ¿o podía…?

Volvió a tomar aire. Su corazón no estaba colaborando con la causa, pero tenía claro que debía ser directa. Apretó los dientes mientras respondía. Borró varias veces lo que escribía hasta que su mente dio con la respuesta apropiada.


Lantis no quería perder contacto visual con Lucy más de lo necesario, pero cuando vio lo que ella había respondido se quedó mirando la pantalla por un largo segundo, confundido.

"¿Qué clase de relación tienes con Primavera?"

Volvió su mirada hacia Lucy, negando categóricamente con la cabeza una y otra vez. ¿Por qué le preguntaba eso? ¿Qué le habían dicho, y quién lo había hecho? Sintió unas ganas asesinas de ir a la casa de Águila a levantarlo a golpes a medianoche. Se apresuró a contestar.


Lucy tuvo miedo de mirar la pantalla. Lantis podría mentirle a la cara, eso era posible siguiendo la línea de lo que Primavera le había dicho, pero…en el fondo ella nunca había pensado en Lantis como una mala persona, a pesar de lo que otros le dijeran. Por eso le dolía tanto haberse sentido engañada. Por eso había evitado hablar con el, o verlo, porque si todo era cierto, ya no podía confiar nisiquiera en su intuición.

"Ninguna. Primavera y yo no tenemos NINGUNA relación"

Allí estaba de nuevo, su pulso enloquecido. Calma, calma. Volvió sus ojos hacia Lantis. Le veía contrariado. ¿Podía creerle? El siguiente mensaje llegó al instante

"¿Quién te dijo esa mentira?"


No hubo respuesta y Lucy se retiró de la ventana. La ansiedad le estaba comiendo las entrañas. Esperó un poco y envió otro mensaje. Leído. Sin respuesta.

Se acercó al portón de la casa. Ya no le importaba nada, aún si la Sra Shidou le echaba a patadas antes de poder hablar con ella. No alcanzó a tocar el timbre o a golpear la superficie, porque Lucy abrió la puerta y se encontró con él.


Al volver a casa, Zagato subió a su cuarto y se sumergió en el computador. Se apresuró a revisar su correo, porque la respuesta del banco ya debería haber llegado.

La comunicación estaba esperándole en la bandeja de entrada. Tenía un título genérico en el asunto y dio clic de inmediato para revisar el contenido.

Quedó lívido. No podía ser.


NOTAS DEL AUTOR

No saben lo lindo que se siente que aún lleguen reviews a Raikou! No puedo expresarles de manera adecuada mi agradecimiento! Estoy muy muy contenta, no saben cuanto!

El cliffhanger que dejé hasta a mi me enloquece. Creo que continuaré escribiendo pronto.

Lin: Espero que éste capítulo te emocione mucho y quite algo d ela amargura del anterior. Yo misma estoy que me agarro para saber qué se dirán en éste punto, y qué tanto podrán avanzar. No me centré mucho en Em y Zagato, pero en el próximo estará segurísimo. Zagato tiene varias preocupaciones que no van a ser fáciles de manejar. Estoy tan feliz que te guste! Me rio demasiado cuando veo tus reviews llenos de exclamaciones jajaja.

Anya Pendragón: Mil gracias por tu review! Que felicidad volver a verte por aquí!. Qué bueno que te guste también la pareja de Em y Zagato, ellos también se merecían un reboot jajaja y una historia donde pudieran encontrarse. Águila es un estratega que busca su beneficio, pero a veces su cariño por la gente le detiene de lo que realmente quisiera hacer. Muchas gracias por tus deseos, espero que estos dos años te hayan tratado bien.

Lita Wellington: AYY HOLAA. Que emoción leerte! Oye, tienes mucha razón. Con Águila Lucye es bien tiernita, pero con Lantis se le vuela la imaginación jajaja creo que es porque es claro de quién está enamorada, que no percibe en los otros esos avances. Te acordaste de la interrupción de Guruclef! jajaja como odié que pasara eso y ahora me pongo a pensar que yo les hice la misma a los pobrecitos. La risa de Lantis, Dios, con esa voz que tiene. Me da alguito jajaj (fangirl activado). Que bueno que te gustó el giro! Lo tenía en remojo desde hacía varios caps. Primavera en Inverno! JAJAJAJJA creo que lo voy a usar, me fascina la analogía JAJAJAJA. Mil gracias por tus reviews. Espero que también sea un mejor año para ti, y que salgamos de esta pesadilla pronto.

LucyKailu: Attention para Zagato y Esme...en el próximo (carita malévola juajuajua). En efecto la imagen de Esme con su genio para sea línea es la que evoqué, así que adoro que lo hayas visto entre líneas. Gracias por tus notas, me encantaron! Y si, Primavera hija de su madre jajajajajaja