CAPITULO 23. DESPERTANDO
Can you reciprocate? No, I don't want to have to leave
But half of you's not enough for me
Mutual – Shawn Mendez
¿Había perdido la razón? Quizás era así. Había corrido hacia la entrada, lo más sigilosa que había podido tan pronto había leído la palabra "mentira".
Abrió la puerta, lanzándose al vacío, aferrada de una línea de vida que no era más que una hilacha, y que se rompería con cualquier ventarrón. Se lo encontró de frente. Su cuerpo le bloqueaba el paso y el aroma a madera le embriagó, alzándose encima de cualquier otro estímulo de la noche.
¡Estaba loca!. Si sus padres se daban cuenta…
Nerviosa y rezando por templanza, se llevó un dedo a los labios en signo de silencio, suplicándole con la mirada que no dijera una palabra. Él asintió.
Lucy hizo el ademán de salir, y el se quitó del paso. Se deslizó por la entrada en medias porque había olvidado sus zapatos. Lantis hizo un ademán por detenerle, pero se alejó de inmediato de su contacto. No quería que le tocara. Entrecerró la puerta apenas para que, al regresar de su aventura, pudiera entrar sin que nadie lo notara.
Caminó rápido, tratando de evitar la ventana del cuarto de sus padres y se detuvo en la esquina de su calle. Lantis le seguió de cerca hasta que se escondieron de la vista directa de sus casas. La noche estaba demasiado silenciosa, y Lucy tuvo miedo de que, a pesar de todo, sus voces se escucharan en los ecos. Se arrepintió de su precipitada decisión. Quería devolverse. No sabía que hacía allí. Nisiquiera tenía claro que quería de él.
Tres semanas eran un hastío, un desierto, una tortura. La explosión de felicidad que sintió al verla aparecer en la puerta era inexplicable. Al momento en que le indicó que debía guardar silencio, recogió lo que había comprado como detalle por su cumpleaños para del suelo y lo guardó en su abrigo. Cuando bajó la vista se dio cuenta que Lucy no llevaba zapatos y por ello trató de tomarle del brazo para que no saliera de la entrada, pero ella se alejó de su contacto como si el fuera un leproso.
Le quedó claro que el que estuviera allí, no cambiaba nada aún.
Le siguió hasta la esquina, hasta que estuvieron lejos de posibles interrupciones. Lucy se plantó al frente, y le miró con suspicacia. Sus ojos marrones le acusaban de algún crimen que no entendía. Tenía que disipar las dudas, y no le quedaba más remedio que ir al grano, porque ésta sería la única oportunidad que le daría.
— ¿Por qué crees que tengo una relación con Primavera? — Lantis trató de mantener los estribos. Habló sin alzar la voz, despacio. No le gustaba nada que alguien hubiera inventado eso, y menos que terminara lastimando a Lucy en el proceso. Si esto era obra de Águila…
Se quedó callada unos segundos. En vez de responder su pregunta, formuló otra.
— ¿Qué son ustedes dos? —Lucy hablaba midiendo su reacción a cada palabra— ¿Qué intenciones tienes con ella?
— ¿Intenciones?
— Si. Necesito que me lo digas. Necesito que me digas la verdad. Quiero entender por qué…
Cortó su idea. Miró hacia un punto indeterminado y apretó las manos.
— Conocí a Primavera en el semestre pasado, que coincidimos en una clase. —empezó, tratando de ser lo más claro posible— Un día ví que dos hombres le estaban acorralando en una esquina del campus. Empezaron a burlarse por la forma en que hablaba y vestía, ella les respondía con su actitud desafiante, pero tenía miedo. Los hombres se envalentonaron y uno de ellos se paró detrás de su espalda, deteníendole el movimiento y sosteníendole los brazos, mientras el otro le halaba el cabello para quitarle unas estrellas que tenía como adornos. Seguro había un deseo de venganza, porque ella fue la única que había sacado buenas notas en el laboratorio anterior. Le estaban haciendo daño y ella empezó a gritar que se detuvieran y a llorar. Ninguno paró, y los sollozos parecían darles más ánimos. Tuve que intervenir. La situación estaba a punto de descontrolarse.
— ¿Qué hiciste?
— No mucho. Sólo detuve al que estaba sujetándola y le dije que era hora que se largara a comprar sus propios adornos para el cabello. En ese momento llegó Águila con Zaz y Geo porque estaban buscándome y los tipos desistieron.
— Que horrible experiencia. Pobre Primavera
— Si.
— ¿Y entonces?
— Eso es todo
— No entiendo.
— Esa es toda mi relación con Primavera
— Pero…¿Por qué nos interceptó cuando volvíamos aquel día a casa?
Lantis trató de recordar. Si, era verdad. Ese día Primavera le había gritado a Lucy. ¿De ese evento nacía toda la desconfianza o había algo adicional?
— Desde el día que le ayudé tiene cierta fijación conmigo. Trata de que hagamos grupo para los trabajos, o que le acompañe en los ratos libres. En dos oportunidades acepté, recién el incidente, porque nadie quería hacer equipo con ella y a pesar de su actitud, Primavera es una chica inteligente. Pero un día la escuché por casualidad cuando aseguraba que "Lantis es mío" cuando hablaba con sus compañeros de laboratorio. Eso era excederse, y se lo dije. Desde ahí, me mantengo al margen y a pesar de que he dejado claro varias veces que no me interesa esa clase de relación, ella sigue insistiendo. Creo que tanta soledad le terminó afectando. Afortunadamente no soporta a Águila, y eso ha ayudado a que se mantenga a distancia.
Veía que sus palabras estaban causando el efecto correcto. Lucy había dejado de apretar las manos, y su postura se había aflojado. Aún tenía el ceño fruncido y movía sus pupilas, sumida en sus pensamientos.
— ¿Entonces por qué…? ¿Por qué le invitaste a tu casa?
— ¿Invitarla? No he hecho tal cosa. Ella nos persiguió.
— No, no me refiero a ese día. — De nuevo tenía las manos apretadas — Me refiero a cuando hablamos en tu casa. Estaba lloviendo…
— Lo recuerdo
Por supuesto que lo recordaba.
— Yo salí de tu casa, pero luego Primavera llegó y…
Maldita sea. Entonces era eso. Había visto a Alanis y creyó que era Primavera. ¡Tres semanas de martirio por culpa de Zagato!
— Era Alanis la persona que viste. La mujer con la que está saliendo Zagato.
— ¿Alanis? ¿Pero por qué? —dijo ella con un dejo de…¿odio?
Debía aclarlo rápido. Sentía que Lucy estaba a punto de dejarlo hablando solo.
— Me confundió con Zagato, no me estaba buscando a mí.
Le veía dudar. No le creía. La estaba perdiendo.
— Alanis estaba borracha. —continuó— Me confundió con mi hermano, nada más. Se fue al poco tiempo después.
— Te dió un beso
¿Eso…eran celos?
— No. Nunca.
— Te abrazó
— Por error. La alejé.
— ¿Por qué entró a tu casa?
— Me sorprendió. Pensé que eras tú la que estaba en la puerta y habías olvidado algo.
Lucy le miraba de reojo, en completo silencio. Trataba de ir al punto en cada respuesta. Si se iba por las ramas, sería peor. ¿Pero en realidad estaba celosa? Se había fijado en cada detalle. Si eso era así, era muy importante. Tenía una oportunidad, siempre y cuando le creyera. ¿Cómo convencerla?
— Estoy aquí por ti. —soltó, jugándosela por el todo o nada.
Ella levantó su rostro, sorprendida. Aquella frase se había convertido en un código entre los dos, y él lo sabía.
— Estoy aquí esta noche, por la misma razón que te busqué en Shibuya. Estoy aquí porque te amo.
Lucy no podía creer lo que escuchaba. Estaba demasiado sorprendida para pronunciar palabra. Su estómago parecía el centro de una excursión de niñas de escuela elemental, todas gritonas, ansiosas, con ganas de corretear gatos, mariposas o lo que se les pasara por delante.
— ¿Me escuchaste?
Le había escuchado. Fuerte y claro. Pero danzaba entre la incredulidad y la felicidad. Logró mover su cabeza para asentir.
— ¿No me crees? —continuó.
Lantis dio un paso hacia adelante, acercándose a ella. Estaba a un palmo de distancia. De nuevo el olor a madera le embrujaba. Pasó saliva. Si llegaba a tocarla, perdería la voluntad de un tajo. Sintió el rubor serpenteándole las mejillas.
No podía dejarse llevar, tenía que estar segura de que Lantis no estaba jugando con ella. Que lo que había dicho Primavera era sólo una ENORME mentira. Una mentira que cuadraba con el tema de la apuesta, con lo que ella había visto. Estaba TAN confundida.
Pero Lantis había dicho que no tenía nada con Primavera. Y que le amaba. ¡LANTIS HABÍA DICHO QUE LE AMABA!
— Necesito saber si me crees. —dijo con esa voz grave, hipnotizante.
"No confíes en lo que dice Primavera" repitió la voz de Nova en su cabeza. Se revolvió en su puesto. Las medias contra el pavimento le devolvían el frío de la acera de la calle. Eso servía. Necesitaba pensar.
¿Esto realmente estaba ocurriendo? ¿Seguro que no se había ido a dormir luego de hablar con Nova?
— N-no sé. —se atrevió a decir.
— Dime que debo hacer para que me creas.
Era demasiado. Se sentía explotar en millones de chispas por dentro. Las niñas de la excursión dentro de su estómago decidieron entregarse a la histeria.
— Dijiste que necesitabas la verdad. Te la estoy dando.
Difícil resistirse ante eso. Levantó la cabeza y se encontró con los ojos violetas que tanto le gustaban. Lantis le miraba con una dulzura que jamás pensó despertar en él. Si antes su pulso estaba andando en un auto de fórmula 1, ahora empezaba a alcanzar la velocidad mach. Si, le creía. Quería creerle. Añoraba creerle.
— ¿Lucy?
Pasó saliva una vez más. Iba a mantener su compostura. Quería decir algo, pero ¿cómo era que se articulaban las palabras? Estaba malfuncionando. Le había acribillado el cerebro. Esta vez fue ella quien se acercó a él, y se hundió en su pecho, porque no se le ocurría de qué otra forma reaccionar. Su olor, su contacto. Era ambrosía. Él no tardó en corresponder con el abrazo. Se le escurrieron unas lágrimas, que eran producto de una emoción que estaba experimentando por primera vez. De alivio infinito. Quería quedarse enterrada entre sus brazos, y que se detuviera el tiempo.
El abrazo se sentía cálido. Perfecto. Quería disfrutarlo, que fuera eterno.
Sin embargo, aquella droga que recorría inclemente por sus venas seguía siendo un enigma. No tenía idea de cómo interpretarlo. Lucy no había dicho nada ante su declaración. ¿Qué significaba aquel abrazo, que le quemaba como un tizón ardiente? Las llamas del deseo le consumirían vivo si seguía así. ¿Realmente había entendido lo que estaba diciéndole? No quería separarse de ella, pero no podía torturarse más viviendo en la inconsistencia, en el gris.
— Lucy…
— Y yo a tí, Lantis. — respondió ella, afianzándose en sus brazos.
El Sr Shidou se revolvió en la cama. No acostumbraba a dormirse temprano, pero ese día había sido largo para ser fin de semana. Su esposa, a su lado, dormía placenteramente luego de estar segura de haber pasado con su hija un día memorable para su cumpleaños. Ambos se habían levantado muy temprano, antes que Lucy despertara, para prepararlo todo, y el cansancio se acumulaba, porque había trasnochado el día anterior debido a su demandante jefe.
Se acomodó de nuevo. La pesadez del día le impedía descansar y dio otra vuelta ante lo que su esposa se quejó en sueños. Sonrió. No se le escapaba nada ni dormida.
Estaba acomodando la almohada cuando creyó escuchar algo. ¿Desde la calle?
Se levantó de la cama, poseído por la curiosidad, sin encender la luz del cuarto.
El abrazo finalizó y Lucy se secó las incipientes lágrimas con el dorso de su mano.
— Debo volver. —dijo para su pesar
— Lo sé
Ninguno se movió. Veía en los ojos de Lantis el mismo deseo que ella sentía en las entrañas. El recuerdo del beso, del torbellino, le empujaba hacia él.
Tengo que volver, o me descubrirán.
No se movió. En cambio, se quedó mirando la boca de Lantis. Se dio cuenta lo que hacía, y que ahora tenía licencia para ello.
¡TENGO QUE VOLVER!
Sin decir palabra, devolvió sus pasos. Lantis le siguió. El chico que le amaba caminaba junto a ella.
No pienses. Mañana será otro día. Mañana. Volver, volver por ahora.
Hecha un manojo de nervios miró hacia la habitación de sus padres. ¡La cortina se estaba moviendo!
La mano de Lantis le tomó y se sintió impulsada hacia adelante. Entendió lo que estaba pasando y corrió con él hasta la puerta de su casa para quedar por fuera del campo de visión. Se aplanaron contra la fachada, tratando de no delatarse, tratando de no respirar.
El Sr Shidou dio un paneo por lado y lado de la calle desierta. No parecía haber nada. Quizás algunos borrachos pasando por la calle adyacente. Era una lástima, quería distraerse un rato. Volvió a la cama a ver si por fin llegaba el añorado sueño.
— ¿Se darían cuenta? —susurró Lucy, apenas con un hilo de voz.
— No parece. No escucho nada al interior.
Aferrados por la espalda a la pared de la fachada, tomados de la mano y con la respiración entrecortada, ambos se quedaron quietos, esperando. Finalmente, Lantis se decidió a acercarse a la puerta. Ella le siguió. Los pies ya le dolían por haber corrido en medias, y sentía que se le habían clavado piedrillas en la planta.
Lantis empujó con suavidad la puerta, pero esta no se movió. Lo intentó de nuevo. Un escalofrío recorrió la espalda de Lucy al ver que no se abría. No era posible. NO NO NO.
Ella misma quiso verificarlo. Se apretó contra la puerta. Cerrada. ¡CERRADA! ¡Pero si la había dejado entre-abierta! ¿Alguno de sus padres la había cerrado? ¿Había sido el viento? Estaba entrando en pánico. ¿Qué se suponía que debía hacer ahora, a medianoche, sin llaves, por fuera de su casa? ¿Cómo explicaría eso la mañana siguiente?
— ¿Tienes llaves? —preguntó él
— No
¿Era éste un castigo divino por enloquecerse y salir a escondidas a verse con Lantis? Si le contara esto a Nova duraría riéndose por tres días.
— Vamos —soltó él, como si fuera lo más normal del mundo.
— ¿A dónde?
— A mi casa
— P-pero. ¡No puedo! Me quedaré aquí.
— No puedes quedarte aquí toda la noche
— Quizás pueda escalar hasta el segundo piso.
— No creo que sea una buena idea.
— ¡Tampoco lo es ir a tu casa!
— No tenemos muchas opciones
— Pero tu mamá…
— Debe estar dormida
— Pero…¿dónde voy a dormir?
Intercambiaron una mirada culpable. Lucy se sonrojó, y Lantis fingió no verlo. La pregunta quedó en el aire.
Lantis deslizó las llaves en la cerrradura, tratando de hacer el menor ruido posible. No quería reconocerlo, y menos que ella se diera cuenta, pero no sabía lo que estaba haciendo, ni con qué objetivo. Aunque no había dicho mentiras: no veía más opciones que esta locura accesoria, que podía meterlos en mayores problemas.
Lucy avanzó algunos pasos en la sala, y se quitó las medias, que ya estaban negras de haber estado caminando con ellas. Las guardó en sus bolsillos y se quedó sin saber a dónde ir. Podía ver sus nervios flotando alrededor de su aura.
No habían pasado ni 20 segundos, cuando Raikou corrió a saludarlos desde la cocina y al ver a Lucy empezó a ladrar y saltar de felicidad.
— Shhhh ¡Raikou! —Lantis se arrodilló al lado del perro y le tomó la cara entre las manos mientras trataba que se callara. Iba a levantar la casa con sus ladridos.
Lantis presintió que tenían poco tiempo. Alzó el brazo para indicarle a Lucy que corriera hacia la cocina, y ella entendió al instante.
— ¿Lantis? — la voz de su madre se escuchó en el segundo piso y apareció en las escaleras envuelta en su bata justo cuando Lucy desaparecía en las sombras.
— Hola Mamá. —Lantis retuvo a Raikou justo a tiempo antes que siguiera a Lucy. Le estaba costando pelear con el perro emocionado para que no les delatara.
— Me tenías preocupada. Es muy tarde. ¿Todo bien? ¿Dónde estabas?
— En la Universidad. Te envié un mensaje diciendo que iba a demorarme un poco.
— Si lo ví. Pero eso fue como a las 10pm. No pensé que estuvieras fuera hasta estas horas. ¿Qué estuviste haciendo todo este tiempo?
Evaluó si debía decir la verdad. Lucy estaba escuchando la conversación y no quería revelar tantos detalles. Pero su madre le descubriría de inmediato si lo veía trastabillar entre palabras.
— Estuve corriendo, en la pista. — lo que era verdad— convencí al encargado que yo cerraba la reja. Luego tuve problemas porque la entrada de la Universidad estaba asegurada cuando intenté salir. —y eso era mentira. Rogó que no preguntara nada más.
— ¿En la pista? Hace tiempo que no corrías.
— Necesitaba aclarar la mente. —Raikou volvió a intentar correr a la cocina. Lantis le acarició la cabeza y le abrazó, atajándolo. El perro le miró confundido.
— Sé que crees que no me doy cuenta Lantis, pero si Lucy no quiere…
— Estoy cansado, mamá. ¿Podemos hablar de esto mañana? —le interrumpió antes que dijera algo que fuera demasiado obvio, aunque era probable que los dados estuvieran echados. Su propia vulnerabilidad era algo que no quería revelar de forma tan flagante.
— Muy bien. —concedió. Hizo una pausa y se quedó mirándole desde arriba— ¿Qué le pasa a Raikou?
— No sé. ¿Quizás quiere algo de comer? Voy a darle un bocadillo antes de dormir
— No te demores
— No lo haré
— Que descanses —dijo ella mientras daba la vuelta hacia su habitación.
— Lo mismo mamá.
Se sentía culpable. Ella estaba genuinamente precocupada y quería ofrecerle consejo. Pero en ese instante no podía hacer mucho. Si se daba cuenta que Lucy estaba allí, no creía que fuera a acolitarle aquella locura. Soltó a Raikou quien salió despedido a la cocina, y le siguió. Distinguió la figura de Lucy acurrucada en el suelo de la cocina, consintiendo al perro que se había tumbado sobre su espalda para que le acariciaran el estómago. Lucy se levantó al verlo entrar. Se le acercó un poco, apenas para que pudiera escucharla susurrar.
— Me quedaré aquí en la sala y esperaré a que amanezca. — propuso ella.
— No. Debes subir a mi cuarto.
— No, Lantis, imposible
— Si te quedas aquí y por casualidad baja Zagato o mi madre, estaremos en líos. Es más sencillo si ellos me encuentran en el sofá.
— ¿Pero cómo vas a justificar que no estés durmiendo en tu cama?
— Algo se me ocurrirá.
Si se paraba a pensarlo, era fácil. Podía aludir a su estado de ánimo. No era que estuviera muy feliz las semanas anteriores.
Entró al cuarto de Lantis y cerró la puerta tras de sí con el corazón martillándole en el pecho. Ya habían pasado tiempo allí, pero esto era diferente. ¿Cómo? Ni ella misma se lo explicaba.
Miró la cama, pulcramente tendida y se lo pensó dos veces. Iba a dormir en cama de Lantis. Sentía que se atragantaba con su imaginación.
Evaluó si debía quitarse el jean para dormir más cómoda. Pero luego pensó en el el escenario plausible en que la Sra Kuroda o Zagato entraran de improviso al cuarto buscando a Lantis, y en cambio le encontraran a ella en la cama, semi desnuda. Ni loca, Ni loca.
Retiró el tendido para acostarse con el nerviosismo a tope, esperando ser descubierta en cualquier momento. Se tapó con las cobijas, encantada con la comodidad con que le recibía el colchón. La cama olía a él. Estaba recostada en su almohada. Dios. Dios. ¿Y si alguien entraba? ¿Debía hacerse un rollito y quedarse entre las cobijas pretendiendo ser él? No iba a a engañar a nadie, era muy pequeña para que su cuerpo pasara por el de él a primera vista. La cama de Lantis, Lantis que le había dicho que le amaba hace apenas unos minutos, Lantis, ¿que había salido a correr porque le extrañaba? ¿Porque estaba triste? ¿Era eso verdad?. ¡Dios Dios! Dio varias vueltas en la cama, girando sobre sí misma. Y a propósito, ¿Cómo iba hacer para pretender que había pasado la noche en su casa? No podía dormir. La ansiedad se la estaba comiendo viva. Le iba a dar un paro cardíaco entre la emoción y el susto.
Estaba cansado, y aunque el sofá no era muy cómodo, cayó rápidamente en un sueño liviano. Estaba feliz. Muy feliz.
No supo cuánto tiempo pasó. Aún no sonaba la alarma que había puesto en su celular para las 6 de la mañana. Por eso no se dio cuenta de la presencia de su madre hasta que le sacudió con enojo.
— ¡Lantis! —estaba hecha una furia. —¿¡Qué haces aquí!?
— Me…me quedé dormido —respondió asustado, viendo que esta vez la faceta de madre comprensiva había desaparecido de Akemi.
— ¡Vete a tu cuarto!
— Quisiera…
— NADA de quisiera. Te vas a dormir a tu cuarto YA mismo. —espetó señalando las escaleras
— Pero…
— No eres un crío, Lantis por favor, ¿cómo es posible? ¡Estoy tratando de darte tu espacio, pero no más! Te vas a dormir a tu cama de una vez. Pescas un resfriado por estar aquí sumido en tus deliberaciones y tristezas, pero luego YO tendré que cuídate, así que TE VAS YA MISMO.
Se quedó quieto. Poco a poco se incorporó del sofá. Su madre no se iba y cruzó los brazos, esperando a que se levantara.
— No veo que te muevas. —dijo para atizarle — apúrate que tengo sueño.
Se despertó cuando la cerradura giró. Se tapó con las cobijas y se quedó muy quieta. Había puesto unos cojines debajo de sus pies para simular que era más larga. No sabía si respirar o no.
La puerta se volvió a cerrar. ¿Quizás se habían arrepentido al verla hecha un rollito? ¿Les había engañado? Atenta a cualquier sonido, escuchó el siseo de alguien moviéndose por la habitación y a continuación una mano se posó encima de las cobijas. Se congeló, esperando ser descubierta en cualquier segundo.
La mano se retiró, y escuchó un siseo sobre el suelo. ¿Podría ser…?
Abrió un huequito entre las cobijas, apenas para ver. La luz artificial de la calle se filtraba un poco entre las cortinas, pero era suficiente para ver a Lantis sentado en el suelo del cuarto, mirando alrededor, buscando algo.
— ¿Lantis? —susurró
Él volteó a mirarle y se llevó un dedo a los labios en símbolo de silencio. Ella terminó de destaparse la cabeza y puso un codo sobre el colchón, para incorporarse sobre la cama. Lantis tenía en la mano su celular y lo levantó para mostrárselo. Lucy entendió, y sacó el suyo que había puesto en silencio debajo de la almohada.
"Disculpa por entrar así. En unos minutos vuelvo a bajar"
"Está bien. Es tu cuarto. ¿Pasó algo?"
"Nada para preocuparse, pero mi madre me escoltó hasta aquí. Se enojó por verme durmiendo en el sofá"
Lucy se imaginó la escena y le dio risa. Quizás era más nerviosismo que otra cosa, pero igual no podía contenerse. Se tapó la boca para evitar emitir algún sonido. Lantis le miró, y sonrió también.
Dejó de reírse cuando él se levantó y se aproximó a la cama. Se arrodilló en el suelo a su lado, y llevó la mano derecha a su mejilla, que para ese momento ya estaba ardiendo. Se acercó con suavidad, sin quitarle la mirada de encima. Lucy temblaba un poco, y el lo notó. Se acercó a su oreja, y susurró sobre su cuello.
— Quiero besarte.
Un escalofrío le recorrió entera. Sentía su aliento sobre la piel. Una ansiedad nacida desde lo profundo de su columna le rebotaba por su cuerpo. Lantis se retiró apenas para volverle a mirar, y le acarició el cabello. Se quedó observándola por unos segundos que se estiraban a voluntad. Sabía que su respiración se había agitado y que estaba a punto de que su codo resbalara sobre el colchón, pero no se movió ni un ápice, ni le dió ninguna indicación para que no lo hiciera. Ella también lo deseaba.
Lantis volvió a inclinarse sobre ella y esta vez posó los labios en su cuello. No esperaba eso, y el corazón le dió un salto. Una delicada corriente eléctrica barrió con sus otros sentidos cuando sus labios le presionaron. Sentía su nariz delineándole la piel, su respiración cálida, la sensación húmeda cuando él abrió la boca. Lucy cerró los ojos, aterrada ante lo que estaba experimentando y su absoluta imposibilidad para controlarlo. Emitió un leve jadeo entrecortado, involuntario, y el codo finalmente falló, haciendo que su cabeza cayera sobre la almohada. Lantis se retiró de inmediato. Cuando abrió los ojos vio que estaba de pie y de espaldas, más cerca de la puerta que de ella.
Trataba de calmarse, pero escuchaba su pulso retumbar, marcando el ritmo de algún canto antiguo, más fuerte que ella misma. Sentía el calor hasta en la punta de las orejas.
Escuchó la cerradura abrirse y a Lantis salir al pasillo. Luego escuchó otra puerta, y el murmullo de un grifo abierto.
Agradeció que él saliera. Se llevó una mano al corazón y respiró hondo.
NOTAS DEL AUTOR
Me dió ansiedad y terminé escribiendo un poco más. El capítulo está cortito pero sustancioso jajajaa. Ojalá les guste.
Lamento sólo enfocarme en Lucy y Lantis (bueno, la verdad no lo lamento), pero no podía saltar hacia otros personajes hasta que no terminara los acontecimientos de esa noche. ¡Gracias por leer!
Lita Wellington: No podía creerlo cuando vi tu review! AHH me encanta que hayas entrado de una para leerlo. Si, la Sra Kuroda es maravillosa. Y Nova llegó para alegrarnos un poco el día (guiño guiño)
Lin: Yo no pude con la paciencia. Estaba enloquecida con las posibilidades desatadas así que bueno XD
LucyKailu: Tres semanas de sufrimiento, pero una noche de recompensa jajajaja. Pobre Águila, debe estar teniendo pesadillas ahorita. Aunque Zagato debe estar sudando frío en su cama también. Ya era justo que Nova hiciera algo bueno, en vez de darle besos prohibidos a Lantis XD.
Gracias por leer! Nos vemos en el siguiente y perdón por cualquier error.
