CAPITULO 24. UNA NOCHE

Take me away

I wear my heart on my sleeve

Always let love take the lead

I may be a little naive, yeah

Drunk of love - Rihanna

Se encerró en el baño a sabiendas que elevaba las probabilidades que su madre saliera del cuarto y le diera un crudo ultimátum si seguía sin dejarla dormir.

Se echó agua en la cara con la esperanza de bajar las revoluciones lo más rápido posible. Empapado se quedó mirando el espejo que reflejaba la imagen de alguien que había perdido el control ante un estímulo casi imperceptible: La risa de la persona que amaba. Quería pensar que sólo era la respuesta ante la incertidumbre acumulada de las tres semanas anteriores, que se veía liberada con el conocimiento del amor mutuo.

Aún así, debía tener cuidado. No quería echar por la borda el avance que representaban las últimas horas. Toda esta situación era lo suficientemente arriesgada como para presionar más botones.

El recuerdo de aquel pequeño jadeo volvió a su mente y tuvo que volver a abrir el condenado grifo y esta vez se aseguró de que el agua le llegara a la cabeza.

Cuando salió del baño, le recorrió un escalofrío al ver a su madre, de pie en la puerta de su cuarto, con cara de acusación diplomática. Él había dejado la puerta cerrada, pero Akemi tenía la mano en el pestillo. A punto de abrirla.

Era un estúpido, ¡un estúpido! Su madre iba a entrar al cuarto y descubriría a Lucy gracias a su impulsividad. ¿o ya lo había hecho?

— ¿Qué te pasa esta noche? —preguntó Akemi— No me digas que vas a salir de nuevo con el carrito a la madrugada a recorrer las calles con el pobre de Raikou. Si tu no puedes dormir, al menos deja al perro en paz.

— No voy a ningún lado. Sólo estaba…—se quedó en blanco, no se le ocurría nada.

— ¿Tomando un baño a las 4 de la mañana? —suspiró y giró el pestillo de la habitación, abriéndola completamente. —¿Al menos sacaste una toalla para secarte el cabello?

— ¡Mamá! — le llamó tratando de detenerla

Estaba perdido. Su madre había entrado al cuarto, vería a Lucy y llamaría a los Shidou consternada. No iban a creer ni en un millón de años la excusa de las llaves y pensarían que él la había metido en su casa con otras intenciones, no muy angelicales. Iban a prohibirle a Lucy volver a verlo. Conociendo a la Sra Shidou aquello era una posibilidad real.

— Como pensé. Ni siquiera eso. —dijo ella saliendo de su cuarto, hablando con normalidad — saca una del baño. ¡Ah! Espera.

Akemi se devolvió a su cuarto. Estaba confundido. ¿No la había visto? Dio tres pasos en dirección de su habitación y se asomó por la abertura. Su cama estaba desocupada, con el tendido desarreglado pero no veía signos de Lucy.

El sonido de la puerta del cuarto de su madre le hizo enderezarse. Había regresado con un secador para el pelo.

— No puedes dormir así de empapado — le recriminó caminando hacia él—¿En serio, que te pasa? Me has ahuyentado el sueño. ¿Hay algún monstruo en tu habitación, que no quieres dormir allí?. — Akemi levantó sus cejas y sonrió.

Lantis no estaba seguro si le estaba jugando una emboscada, para que terminara confesando algo que ella ya sabía, así que evitó responder a ese comentario. Sin embargo, debía darle algo, y con sustancia para distraer su atención en caso de que no fuera así. Detestaba lo que iba a decir, era demasiado meloso, demasiado…expositivo, pero no tenía más remedio.

— Es…—tomó una bocanada de aire, se odió un poco, y continuó—. Ayer me enteré que era el cumpleaños de Lucy.

Akemi cambió su peso a la pierna derecha y balanceó el secador de pelo. Al principio no dijo nada y Lantis no estuvo seguro de que le hubiera entendido. Iba a agregar algo más, cuando ella habló.

— ¿Ella te lo dijo?

Eso era lo que detestaba de la situación. Su madre tenía muy buen ojo para esas cosas, y lo que venía a continuación iba a dolerle. Se recordó que ya no debería temer a esas palabras, porque Lucy le correspondía y todo había sido un malentendido. Pero de sólo recordar que Águila le estuvo acompañando en su día especial porque había sido invitado y él no…

— No. Fue casualidad. —dijo con aspereza.

Su madre negó con la cabeza. Suponía lo que iba a decir.

— Quizás si hubiera querido pasar su cumpleaños contigo, o al menos que le felicitaras, te lo hubiera dicho o lanzado una indirecta. A veces es doloroso Lantis, pero es importante ver cuándo es necesario soltar. — Se acercó portando una suave sonrisa y le entregó el secador —. En este momento, lo que más necesitas es dormir para tener la cabeza despejada y tomar buenas decisiones. Sécate el cabello y lo consultas con la almohada, ¿ok?

Asintió. Akemi dio media vuelta y con pasos suaves desandó el corredor e ingresó a su habitación. Lantis se quedó esperando unos minutos, en caso que fuera una treta, pero parecía que no se había dado cuenta. Respiró aliviado, sin saber cómo se habían salvado de milagro y regresó al cuarto, cerrando la puerta.

En efecto no veía ningún rastro de Lucy. ¿En el armario acaso? Dio algunas vueltas por su cuarto, temeroso de llamarle y que su madre estuviera del otro lado escuchando atenta a cualquier error. Volvió a la cama a revolver las cobijas hasta que cayó en cuenta de algo básico y se arrodilló para buscar debajo. Al verla acostada en el suelo, silenciosa, con el estómago descansando sobre el tablado, sonrió al pensar que su madre había tenido razón con lo del monstruo, con la diferencia que ansiaba el momento en que decidiera salir y le atacara.

Interesante. ¿Caperucita lanzándose sobre el lobo?

Alejó el pensamiento. No podía volver a salir a mojarse la cabeza.

Le hizo una seña para que saliera, pero Lucy estaba mirando a un punto vacuo. Tenía las palmas de las manos sobre el suelo y el mentón reposando sobre ellas. ¿Estaba asustada?

— No se dio cuenta, puedes salir —susurró.

Lucy volteó la cabeza hacia él sin decir nada. No alcanzaba a distinguir sus expresiones por la oscuridad y no le gustaba que estuviera ahí acostada aguantando frío a esa hora de la madrugada. ¿Por qué no salía?

— ...llo?

— No te escucho — dijo tratando de no alzar la voz más de lo necesario.

— …tu…ños.

Era inútil, no captaba ni una palabra. ¿Había causado esa reacción al besarla en el cuello? No entendía. ¿Había ido demasiado lejos muy rápido? ¿o era otra cosa?

Se acostó en el suelo para "verla mejor" esperando que la cercanía del lobo todavía fuera bienvenida.

— ¿Lucy?

Creyó notar una risita, pero no estaba seguro. Se acercó un poco hasta dejar su cabeza al borde de la cama.

— Estás goteando agua —dijo ella. Su tono denotaba curiosidad.

Esta vez le escuchó con claridad. Recordó todo lo que Lucy probablemente había escuchado de forma indirecta esa noche y se sintió incómodo por ello. No estaba en sus planes quedar en una evidencia tan absoluta. Le costaba que sus sentimientos se vieran expuestos en carteles luminosos, aún si se trataba de Lucy. No sabría qué hacer si ella decidía interrogarlo.

Al tiempo que pensaba todo eso, vio de reojo algo que se acercaba a su cara, su reflejo fue moverse un poco, y luego se dio cuenta que había sido la mano de ella, que ahora retiraba.

— ¿P-puedo ayudarte? — preguntó Lucy.

— ¿Ayudarme? — No entendía aquella pregunta.

— El secador…¿no deberías usarlo?. ¿Podría yo…? Si no te importa…o no, quizás no.

— ¿Quieres secarme el cabello? — Estaba sorprendido. No esperaba algo así. Era todo lo contrario a lo que se había imaginado.

— Te molesta

— No. No me molesta.

Iba a ser una prueba a su templanza, pero no le molestaba.

— Tengo una idea para lo de…entrar a mi casa. Te la puedo contar mientras tanto, para que no se escuchen nuestras voces.

Entonces era una estrategia. Se sintió decepcionado al saber que el estímulo para que ella iniciara contacto fuera eso, pero no debería quejarse. Esa era una noche inolvidable por muchas razones.

— Bien. ¿Te ayudo a salir de ahí?

— Si

Lucy extendió su mano, y Lantis le empujó deslizándole por el suelo hasta que quedaron a un palmo de distancia, ambos acostados sobre el suelo. El pulso se le aceleraba de nuevo y el frío en su cabeza no parecía suficiente para calmarlo.

— No te puedes ir —susurró ella — si sales de nuevo, será sospechoso.

— Lo sé —Quería decirle que en realidad no tenía el mínimo deseo de regresar a la sala, pero se contuvo.

Ella se quedó mirándolo un segundo. Quizás se había dado cuenta de algún brillo inusual en sus ojos, un relámpago que estaba a punto de desatarse, porque se levantó rápido a buscar el secador, que estaba reposando en la mesa del tv. Volvió con él, haciendo una seña con el cable. Para ese entonces, él ya estaba de pie, y le acompañó a conectarlo en una toma cercana. Ella le indicó que se sentara en la cama, y sin pensar mucho lo hizo. Caperucita tomaba el mando.

Sonrió amparado por la oscuridad. Debía dejar de imaginarse esas referencias.

— Espero que Zagato no se despierte — dijo Lucy encendiendo el secador al mínimo y acercándosele para hablarle.

Lantis respiró antes de contestar. Autocontrol.

— No creo que lo haga. — Era verdad, Zagato tenía un sueño pesado y sólo un terremoto lo sacaba de la cama una vez se dormía. Pero la frase la decía a modo de conjuro, porque no quería que les interrumpieran.

Lucy comenzó a secarle el cabello, lentamente. Hablaba cerca a su oreja, para que le escuchara el plan que había ideado. Pasaba sus dedos de manera delicada por la cabeza, apartando sus mechones. Sentía su busto rozándole la espalda, sus rodillas cercando su cadera…Trataba de concentrarse en el plan de Lucy, porque sería crucial en pocas horas. Pasó saliva.


Había intentado tocarle el cabello antes, cuando estaba bajo la cama, pero el había reaccionado y ella se acobardó. Ahora movía su cabello con timidez, disfrutando el momento, tratando de matizarlo con la conversación del plan que había armado, porque no quería admitir que algo tan tonto fuera tan emocionante.

Lantis estaba empapado. ¡¿Por qué se había mojado tanto?! La madre tenía razón, ¡no podía descansar de ese modo o se enfermaría! Aunque le alegraba en secreto, porque le daba esta oportunidad (lo cual le convertía en una descarada egoísta). Estaba tocando su cabello, entrelazando sus dedos en los mechones, nerviosa, pero encantada. ¡Esto era un sueño! No podía dejar que se diera cuenta de lo mucho que le estaba gustando o le tomaría por loquita. ¿Acaso empezaba a desarrollar un fetiche? DIOS. Menos mal estaba oscuro y a sus espaldas, porque sentía un calor incandescente arraigado en las mejillas, que no se debía a la cercanía con el secador.

Cuando escuchó la conversación de Lantis con su madre, escondida bajo la cama, había decidido varias cosas. Sabía que había estado muy cerca de que todos esos hermosos sentimientos que ahora se agolpaban en su pecho, se hubieran quedado enterrados en lo profundo de su alma, cercados por las dudas y la culpabilidad. Ahora que estaba segura de ellos, quería atesorarlos, y no estaba dispuesta a perderlos por nada del mundo.

Le había costado decidirse, y por eso se quedó reuniendo valentía bajo la cama, decidiendo de qué manera actuar. Por eso le había propuesto lo del secador, sin decirle que la razón verdadera era que moría por tocarle.

— ¿Funcionará? — preguntó él, ajeno a que sus dedos se estaban egolosinando entre el aire caliente y el tacto suave del cabello negro.

— ¿Crees que no? — Se acercó más. Que rico olía Lantis. ¿así olería siempre?

— Todo depende que no entren a tu cuarto, o se fijen en tus medias.

— Había olvidado mis medias… —hizo una pausa, al tiempo que volvía a su labor, viendo que dentro de poco no tendría más opción que apagar el secador — Quizás podrías prestarme unas.

— Te quedarán enormes.

— Humm…¿y algunas de tu mamá? Las devolveré.

— Quizás haya algunas en el cuarto de lavado.

— Espero que tengamos suerte — sin querer se recostó en él, terminando la oración con el aliento sobre su nuca. Lantis enderezó su espalda con un leve respingo. Seguro ya estaba aburrido y cansado.

Volvió a pasar sus dedos por la cabellera. Estaba seco. Frustrada y sin saber qué inventarse, apagó el secador y bajó de la cama para desconectar el aparato para luego dejarlo donde lo había encontrado, deslizándose sobre el suelo en el modo más ninja que pudo.

Se quedó de pie con las manos entrelazadas al lado de la mesita del tv. ¿Qué debía hacer ahora? Ya estaba cerca el amanecer y podía verlo sentado sobre la cama, mirando hacia el suelo y las manos sobre las rodillas. ¡Ella y su facultad para meter en líos a la gente! No habían dormido casi nada, y si Lantis estuvo en la pista corriendo hasta entrada la noche, debería tener mucho sueño. No creía que hubiera dormido bien en el sofá. Se sentía culpable por su descuido e impulsividad.

Quería decirle que tratara de dormir, pero tenía miedo de hablar sin el ruido del secador así que dio tres pasos ninja para quedar justo al frente de él. Se inclinó y le susurró al oído.

— Recuéstate.

Él levantó la cabeza y se quedó mirándola. Veía su ceño fruncido, sus gestos detenidos, interrogantes. ¿Había dicho algo malo? Quizás no le había entendido. ¿Dónde estaba su celular? Era más fácil hablar por mensajes. Se subió a la cama a buscarlo, rodeándole, porque con el susto que la Sra Akemi le descubriera no tuvo tiempo de llevárselo cuando se escondió. Gateó por el colchón, palpando las cobijas. Se estiró para alcanzar ese sitio debajo de la almohada, donde lo había visto por última vez, hasta que su mano por fin palpó la carcaza del aparato y lo sujetó para sacarlo. Triunfante, se volteó, con la intención de sentarse, pero estaba bloqueada por el cuerpo de Lantis, que sentado sobre la cama, había avanzado y colocado su brazo sobre el colchón, cercándole los movimientos. La cama estaba apoyada contra la pared, así que no tenía espacio para mucho más que quedarse quieta. Lantis fijaba sus ojos en ella de forma tan intensa que los colores le subieron a la cara de nuevo.

— ¿Quieres estar así por lo que queda de la madrugada? — susurró cerca a su oreja, erizándole la piel que su aliento caliente tocaba.

— ¿Juntos?

Lantis asintió mientras subía las piernas a la cama y organizaba las cobijas para que ambos quedaran bajo ellas. Lucy empezaba a ponerse muy nerviosa, pero no era miedo exactamente. ¿Qué era? Se acomodó, y dejó que el le tapara, que bajara la almohada a la altura de sus cabezas. Se sentía bien. Dejó el celular a un lado, olvidándose de él. Todo lo presenciaba con una sensación de inevitabilidad complaciente, como si estuviera al borde de un precipicio y que no le importara caer, porque sabía que realmente no se desplomaría.

Cuando terminó, Lantis se acostó de lado ella, sin dejar ni un espacio entre los dos, dado que el ancho de la cama no se los permitía. Lucy se sentía como un monolito de piedra, sabiendo que si hacía algún movimiento brusco, quizás echaría por la orilla de la cama al pobre Lantis y terminaría en el suelo.

A pesar de eso, no se cambiaba por nadie en el mundo. Quizás la situación no era la más ortodoxa, y cualquier persona desde la distancia podría juzgarla como equivocada, pero en su corazón no se sentía así.

— Lantis—dijo con un hilo de voz, inundada por la calidez que sentía iradiar de él — estoy feliz.

Él volteó a verle. Tenía una expresión extraña en el rostro, que no recordaba de antes. Se apoyó en el hombro derecho y colocó un codo sobre el colchón para descansar la cabeza sobre su puño. Aquel brillo inusual en los ojos de Lantis avivaba el violeta y le embrujaba, pero también tenía un tinte... ¿Qué era eso?

Debía reconocer que le asustaba un poco porque no sabía qué significaba. ¿Era bueno o malo? Pensó en lo que había dicho la Sra Kuroda, y en que Lantis debió sentirse mal durante todo ese tiempo. Si a ella le había dolido, quizás el también tenía esa herida en su corazón. Quería verlo sonreír, quería que el también fuera feliz.

Alargó su brazo y tocó su mejilla de forma sutil. Su mano tenía embebida esa timidez que no le dejaba cuando se acercaba a él. Aún no tenía conciencia plena de lo que le era permitido y faltaría algún tiempo para que sintiera más confianza.

— Lo siento pero…— susurró sin dejar de acariciarle— no puedo devolver el tiempo para pasar mi cumpleaños contigo. ¡P-pero quiero estar más tiempo juntos de ahora en adelante!. ¿Quisieras ser mi…? —dudó, ¿Era la forma correcta? Prefirió cambiarlo—. ¿Q-que salgamos?

Lantis parpadeó dos veces y cambió aquel violeta intenso, por una sonrisa dulce que irradió por todo su rostro. Esa sonrisa era la que estaba buscando en él desde que había vuelto hacía meses a su antigua casa. Una sonrisa dedicada, auténtica, llena de felicidad. Se la estaba regalando como si nada.

No previó lo que pasó después, pero en realidad sabía que era imposible que ocurriera de otra forma. Lantis descendió hacia ella, hacia su boca, hasta que se encontraron. El recuerdo del primer beso no hacía justicia a la pasión que percibía emanar de él. Aquel primer beso había sido maravilloso, y trataba de acomodarse a sus pensamientos revueltos, a su incredulidad; pero guardaba bajo la superficie muchas dudas, y hasta dolor. Este beso era distinto, desbordaba felicidad contenida, ansias profundas. Su boca era un refugio y una herramienta para expresar lo que tenía dentro. Se sentía caer con él, no por el. Caía con plena conciencia.

Lantis se acercó más, le rodeó con su cuerpo, y retiró las mantas que hasta hace pocos minutos había arreglado. Estorbaban. Se detuvo un segundo, ejerciendo la presión justa para no dejarla ir, y luego giró la cabeza para empujarle un poco más. Sintió su mano subiendo por su cuello. El vientre le cosquilleaba mientras percibía su aroma, su cabello rozándole la cara, sus dedos en la nuca. La cálidez se intensificaba, conquistándola despacio, a un ritmo constante; haciendo que abriera cada vez más los labios para darle paso, hasta que húmeda sensación envolviera el tiempo. El leve toque de su lengua hizo que se le revolviera pulso y plantó una tensión incierta en sus piernas. Lantis continuó, más allá, y ella respondió al movimiento de su cara. Se agarró de las sábanas. Sus rodillas se movieron de forma involuntaria, replegándose, en fricción, e hicieron contacto con el estómago de él. Ni se había dado cuenta que ahora estaba casi encima. Ante aquel contacto, Lantis retrocedió lentamente, robándole el aliento.

— ¿Que si quiero ser tuyo? — preguntó en voz baja, arrastrando la voz. Lantis volvió a verla de esa forma extraña y salvaje.

Lucy pasó saliva. Empezaba a entender qué significaba aquella mirada, pero por el momento no escuchaba más que su corazón, que parecía habersele multiplicado por el cuerpo: latía en las orejas, en la garganta, en el pecho y juraría que hasta en las muñecas. La pregunta le rodeaba como si fuera otra caricia.

Si. No quería compartirlo. ¿Aceptarlo era tan egoísta y extraño como sonaba? No tenía fuerza, ni forma de ocultarlo. Asintió.

— ¿Tu novio? — preguntó de nuevo, como si la anterior afirmación no fuera suficiente. Su mirada volvía a sus labios, al cuello, le recorría cada poro. Lucy inspiró una bocanada de aire para asegurarse que en el futuro cercano podría hablar.

Volvió a asentir, despacio. No sin sonrojarse de nuevo.

— Lo soy — susurró él, dándole una caricia con la mano derecha sobre la mejilla, que debía estar al rojo vivo.

Se quedó en silencio unos segundos, sin quitarle la vista de encima. Lucy aún procesaba lo que había sentido, lo que había escuchado, lo que seguía pasando. Sentía su corazón ensancharse al punto de explotar y aún no podía articular palabra.

— ¿Estás bien? — había genuina preocupación en su voz.

Lucy movió la cabeza de arriba a abajo. Si hablaba, quizás saliera un gritico o algún sonido ronco. No quería arruinarlo. Su pecho subía y bajaba agitado y no había dejado descansar la pobre sábana que se estaba arrugando gracias a su mano. Él se dio cuenta, suspiró y volvió a sonreír, pero esta vez su sonrisa tenía un tinte más oscuro que al comienzo. Acto seguido, se retiró de encima y se acostó a su lado. Inmediatamente, volvió a acomodar las cobijas, y ella tiró de las mismas para ayudar a organizarlas lo mejor que podía. Lantis parecía muy afanado por cubrirse, ¿tenía frío? ¿Cómo podía ser?, ¡si ella era una hoguera! Duraron largos minutos en silencio, ambos mirando al techo, sin moverse ni un centímetro.

La calma volvió poco a poco y después de un buen tiempo, Lucy quiso decirle algo que hacía rato estaba pensando.

— Lantis

— ¿humm? —su voz sonaba pastosa, amildonada. Estaba a punto de dormirse.

— ¿Te gustan los abrazos?

— Si —respondió arrastrando la palabra. Se notaba que la conciencia le estaba abandonando.

— No me dejaste abrazarte.

Lantis volteó su cabeza, con los ojos entrecerrados. El amanecer estaba por llegar. Afuera algunos pájaros empezaban a despertarse, y el sonido de sus voces zurcaba los árboles y hacía eco entre el cielo y el cemento.

— ¿Qué?

— En el hospital. ¿recuerdas?— pensaba en aquella acción inocente, que se repetía después de muchos años.

— Lo recuerdo. — su voz se agrió.

— Esa vez también me metí a tu cama.

Él se rio. Lucy le encantaba verlo así, aunque no entendiera porqué su comentario le daba tanta risa dado que sólo estaba diciendo la verdad. Bostezó. El calor de las cobijas, y la cercanía del cuerpo de Lantis le deslizaban al sueño. Cerraría los ojos sólo un momento.


No sabía cuanto tiempo había pasado cuando la vibración del celular, olvidado en la mesita del tv, le despertó. No había dormido casi nada, pero estaba eufórico. Miró a su lado y vio una visión pelirroja, salida de sus más indómitos sueños. ¡Es más, la visión tenía la pierna derecha sobre él! Ahora menos quería moverse. Lucy estaba profundamente dormida y se veía preciosa. Lo último que quería era despertarla, pero si querían que el plan saliera bien, no había muchas opciones.

Sonrió y tocó con suavidad su cabello. No se creía que estuviera viviendo eso.

— ¿Lucy? —susurró.

Masculló en sueños. La pierna se afianzó sobre su cuerpo, y si era posible, se arrimó aún más.

Pensó en al menos 5 cosas que deseaba hacer en ese mismo instante, y ninguna tenía relación con salir de la cama, PERO si la familia Shidou descubría que habían pasado la noche…

— ¿Lucy? Despierta.

— Ñmmño

— Lucy

Abrió los ojos, confundida. Tardó unos segundos en ubicarse, y asustada, retiró su pierna de un tirón.

— P-perdón

Estaba sonrojada. Empezaba a desarrollar un gusto secreto por verla así, y que el fuera la causa. Se levantó de la cama rápido, retirando el pensamiento de su mente. Si seguía por ese camino, se volvería tan vicioso como Zagato.

Fue a buscar un peine y se lo pasó a Lucy. Ella se soltó su trenza y se peinó con presteza. Lantis decidió ir a buscar un buzo nuevo a su armario, para ocupar su mente en otra cosa, porque lo que menos quería era seguir alimentando su impulsividad. Se quitó la camiseta, dándole la espalda. Cuando estuvo listo, volvió a verla, Lucy miraba al piso y le huía la mirada, pero ya estaba arreglada.

— ¿Estás lista? ¿Vamos por las medias?

Lucy se llevó las manos a las mejillas, dándose una palmadita como si quisiera espabilarse y asintió.

Bajaron la escalera cerciorándose de que las puertas de las habitaciones continuaran cerradas. Trataron de hacer el menor ruido posible hasta que llegaron al primer piso, donde Raikou les estaba esperando. La fortuna les sonreía, porque el perro les saludó batiendo la cola, pero no ladró.

Fueron hasta el cuarto de lavado y Lantis encontró las medias que estaba buscando. Eran de color azul oscuro, un color que probablemente Lucy no se ponía a menudo, pero tendrían que jugársela de ese modo. Lucy las guardó en el bolsillo del pantalón y se puso las suyas, mientras salían de la casa.

Raikou era parte del plan, así que Lantis le puso la correa en la sala. Se dieron una última mirada con Lucy, esperanzadora y cómplice, antes de salir. Pero justo antes de cerrar la puerta tras de sí, Lantis dio una mirada furtiva hacia las escaleras, donde Zagato le observaba con los brazos cruzados. Intercambiaron una mirada helada, y luego se retiró a su habitación sin decir nada.

Se quedó quieto en la puerta. Lucy volteó a mirarle para ver por qué no se movía, pero él le hizo señas que siguiera. No podían cambiar nada. Por ahora tenían que concentrarse en los Shidou.


Lucy cruzó la calle, mirando hacia las cortinas cerradas sobre la ventana del cuarto de sus padres. Eran casi las siete de la mañana, y esto sólo funcionaría si sus padres seguían la rutina de Domingo. Rogó porque así fuera.

Se paró en la puerta de su casa. Volvió a empujarla, a ver si de casualidad algo había cambiado desde la noche, pero seguía cerrada. Se quitó las medias sucias y se puso las de la señora Kuroda. Le quedaban un poco grandes, pero lo disimuló bajo el pantalón. Respiró profundo, le hizo una seña a Lantis para que viniera, a lo que él caminó con paso ligero, con Raikou a su lado.

Cuando estuvieron juntos, tocó la puerta. Tres golpes. Esperó. Dio otro golpe más duro con su propio cuerpo. Ambos se miraron. Hasta Raikou estaba mudo. En vilo.


— ¿Escuchaste algo? — dijo la Sra Shidou alzándose sobre el colchón, y moviendo el hombro de su marido con insistencia.

— ¿Hñmm?

— Me pareció oír un golpe

— Está muy tempñano — respondió su esposo, medio dormido.

Se quedaron en silencio. Un golpe, audible, hizo que ambos intercambiaran una mirada.

— ¿Qué es eso entonces? — preguntó ella, sentándose a la orilla de la cama.

— ¿Qué hora es?

— Las siete

— No puede ser Lucy, debe estar dormida.

El sonido de un ladrido, desde la calle, hizo que la señora Shidou buscara su levantadora.

— Suena como si fuera aquí — dijo él, más despierto, llevándose una mano sobre los ojos, para restregarlos.

— Justo aquí — repitió ella, acercándose a la ventana y corriendo la cortina.

Por supuesto. Podía verlo desde el segundo piso. Era ese Lantis con el perro, y parecía que estaba hablando con alguien.

Tuvo un mal presentimiento, y salió de la habitación. Una vez en la escalera, pudo escuchar el murmullo de sus voces con claridad. Caminó enfadada, bajando las escaleras de un tirón. Desde el segundo piso, su esposo, con paso anodino, todavía no entendía.

— ¿Qué pasa? — dijo él, todavía medio dormido.

La señora Shidou no se molestó en contestarle. Le daba mala espina todo ese secretismo. Y la hora, sobre todo la hora. Una vez en la sala se apresuró para llegar hasta la entrada. Su sorpresa se multiplicó al ver que la puerta estaba apenas trancada. ¡Lucy había cerrado la puerta! Seguro para que no se dieran cuenta que estaba hablando con él. ¿Qué había cambiado? ¿No era que no lo quería ver? ¿Qué le había dicho el Lantis ese para engatuzarla esta vez?


— ¿Estás seguro? —dijo Lucy, susurrando, esperando— no le va a gustar.

— Dijiste que es muy detallista ¿no?. Es la mejor opción. Prefiero esto.

— Ya viene


Abrió la puerta, deseando que su intuición fuera equivocada, pero no fue así. Allí estaba su hija, en brazos de aquel vecino que disparaba todas sus alertas maternas hasta el techo. Demasiado cerca estaban sus rostros. Al escucharla, ambos se separaron. Sus miradas culpables eran todo lo que necesitaba.

— ¿Lucy? —dijo mirando a su hija, que tenía la cara sonrosada. — ¿qué haces aquí afuera?

— Buenos días Señora Shidou — dijo el muchacho, tratando de salvar a Lucy de la respuesta.

— ¿Lucy? — insistió, ignorando a Lantis.

— Buenos días Mamá. Estaba…saludando a Raikou.

— Ya. ¿A las siete de la mañana?

— Salimos con Raikou a dar una vuelta corta por el vecindario —respondió Lantis

Lucy estaba nerviosa. Seguro Lantis le había escrito que se vieran a escondidas a esa hora, pensando que ellos iban a estar dormidos. Miró la vestimenta de su hija, la misma del día anterior, algo arrugada, y… ¿estaba en medias?

Raikou volvió a ladrar. Hasta el perro notaba el ambiente tenso. Lantis le haló por la correa.

— Lantis, es Domingo, y mi esposo y yo tratamos de dormir. Agradezco puedan mover el saludo para una hora más adecuada.

— Si señora. Disculpe.

— Lucy, entra a la casa.

— Pero…

— Tu padre y yo estamos agotados por lo de ayer, y hoy hay mucho que hacer. Ya tendrás tiempo para saludar a Raikou otro día.

Lucy entró a regañadientes a la casa. Le escuchó subir las escaleras con prisa, seguro dirigíendose a su cuarto.

— Hasta luego Lantis — dijo cerrando la puerta.

Suspiró. ¿Qué era todo eso? ¿Tanta prisa había tenido que ni zapatos se había puesto? Subió las escaleras, pensando en qué decirle a su hija. No era que estuviera haciendo algo terrible, pero aquella impulsividad que denotaba ponerse la ropa del día anterior y salir olvidando los zapatos…no estaba nada bien. Mucho poder tenía aquel chico sobre ella.

El cuarto de Lucy estaba cerrado. Seguro estaba enfadada por haberla descubierto. Abrió la puerta y la encontró en la cama, acostada y con las cobijas casi sobre la cabeza.

— Lucy, por mucho que te guste ese muchacho, debes saber cuándo decir no.

Su hija se movió en la cama, sin decir nada.

— Sabes que no me gusta nada que andes con él, pero así fuera otro, no puedes salir corriendo a verlo sólo porque él te lo pida. Más si te despierta un Domingo a las siete de la mañana, ¡si tu adoras dormir!. Si tanto quiere verte, que se espere. ¿Vino por lo de tu cumpleaños?

Silencio.

— Hoy tenemos mucho que hacer y organizar. Espero estés lista en una hora.

Salió del cuarto y fue a su habitación. Su esposo estaba acostado en la cama, pero despierto, esperándole.

— ¿Así que Lantis? —preguntó él.

— Si — respondió de mala gana.

— ¿Te sigue pareciendo tan terrible?

— Estuvo tres semanas deprimida. No lo quería ver. —dijo mientras se metía de nuevo entre las cobijas— Algo le hizo. Algo le tuvo que hacer…

— ¿Pero ya le perdonó entonces?

— Se estaban abrazando

— ¿¡CÓMO!? —esta vez se sentó en la cama, con los ojos como platos

— No me gusta. Le dijo que se vieran a esa hora esperando que nosotros estuviéramos dormidos.

— Bueno, es que tu has estado diciéndole que Lucy no está.

— Ella me dijo que no quería verlo. No es que fuera iniciativa mía.

— Pero estabas feliz de hacerlo ¿no?

— Sólo…un poco. —confesó ella

— No es que me agrade que Lucy empiece a salir con chicos, pero Lantis no parece tan malo. Además conocemos a su familia desde hace años.

— Ya te lo dije. No me fío.

— ¿Sólo por lo que escuchaste hace 7 años? ¿O hay algo más?

— El hermano…

— Zagato es otra persona. ¿Acaso yo soy igual que mis hermanos?

— N-no…— suspiró. Sabía que era una excusa muy vaga.

— Entre más te opongas, más cosas como estas veremos.

— ¿Lo crees?

— Si Lucy lo quiere…—hizo un gesto con la mano derecha, señalando lo obvio— ya sabes como es.

— Terca

— Como su madre — dijo el, abrazándole.

— Es que…aún es tan inocente. —protestó ella, acomodándose en los brazos de su esposo— Me da miedo que le hagan daño.

— Por eso hay que tenerlo cerca. Sabes lo que dicen: "Mantén cerca a tus amigos pero aún más a tus enemigos"

— Entonces ¿hasta tú reconoces que es un enemigo?

— Cualquiera que salga con mi niña va a ser un potencial enemigo.

— A la próxima sal tú para que te lleves el shock de verlos…así. A ver si te quedas tan calmado.

— ¿Qué tan cerca estaban?

— Demasiado


Lucy se quedó mirando al techo, en su cama. Se sentía como una piltrafa humana. No le había respondido nada a su madre porque no le salían las palabras de lo culpable que se sentía por haberla engañado. Era la primera vez que hacía algo de ese estilo y lo peor era que se había salido con la suya como si nada. Incluso su madre le había dado un consejo. ¡Un consejo! Ella había mentido y manipulado. ¿Y recibía un consejo? ¡¿Cómo era posible?!

El plan había sido muy simple: Dejar en evidencia una pequeña acción incorrecta para tapar otra más grande. Ella había ideado eso, tan perfecto, pero a la vez tan terrible, porque su éxito dependía de la confianza que sus padres le tenían, en su imagen de niña buena. A menos que sus padres hubieran entrado antes a su habitación, cuya cama estaba inmaculadamente hecha porque no había dormido en ella, el plan funcionaría sin mayores contratiempos.

Suspiró. ¿realmente había salido indemne? ¿o su madre sabía algo? ¿Cómo haría para pasar el día con ellos, mirarles a los ojos, sonreír mientras mentía una y otra vez? Era agobiante.

Si algún día se enteraban de esto, la decepción sería espantosa. Y ella no tendría cara para poderles decir lo contrario.

Su celular zumbó en el bolsillo de su pantalón. Lo sacó y observó la pantalla.

"¿Todo bien?" había escrito Lantis

Sonrió sin proponérselo. Todo su amor y respeto hacia sus padres se volvía un amasijo de sentimientos encontrados al incluir a Lantis en aquel juego. No quería que fuera así, pero ¿cómo conciliarlo?

"Si. Bien. ¿y tu?"

"Aún no he vuelto a casa"

"¿No tienes sueño?"

"En este momento, no"

"¿Donde estás?"

"A dos cuadras de la estación. Raikou no pudo caminar más"

Pensó en que le gustaría estar allá, al lado de Lantis, con Raikou sentado entre los dos. No tenía sentido extrañarle tanto, si acababa de estar con él. Habían pasado horas juntos, pero aún así…

"¿Mañana puedes salir?" —escribió Lantis

¿Una cita? Le estaba invitando a una cita. LANTIS le invitaba a una cita. Se revolvió en su cama. ¡UNA CITA! Pero… ¿un Lunes? no quería tensar más la cuerda con sus padres. No quería darles mas motivos de decepción. Era preferible dejar que las cosas se enfriaran un poco y no arriesgarse a que le castigaran, o a que pensaran mucho en cuan cercanos se estaban volviendo con su vecino.

"No se si pueda llegar tarde mañana a casa" —respondió ella, mordiéndose la ansiedad de contestar con un sí.

"Podría recogerte de salida de tu escuela"

"Pero tienes clases a esa hora"

"Si, pero no sería tan terrible"

"A Águila no le gustan los Lunes. Seguro no va a ir a la Universidad. ¿No están en esa clase juntos? No, no quiero que hagas eso. Mejor veámonos el Jueves"

Lantis no escribió de inmediato. Lucy sabía que era demasiado tiempo, pero quizás era lo mejor.

"El Jueves, ok" —respondió el

No escribió nada adicional. ¿Ese "Ok" sonaba cortante? Tenía la sensación de que no estaba muy conforme.

"Puedo pasar a darle galletas a Raikou…antes" — escribió temerosa. Era una invitación a que fueran furtivos, a verse a escondidas. De nuevo sentía su pulso acelerarse. ¿Qué estaba haciendo? ¿no se suponía que iba a disminuir sospechas?

"Te estaremos esperando" —respondió Lantis


NOTAS DEL AUTOR

Gracias por leer Raikou! Pensaba que iba a avanzar más en la trama pero eh...creo que necesitaba explayarme en esta noche. Se lo debo a mi yo adolescente que quería botar el tv por la ventan al ver que se habían confesado sus sentimientos y luego no PASO NADA. Ni un beso. Ni una agarradita de mano con propiedad. Ni siquiera en el anime es claro si volvieron o no a Céfiro. Por eso quería que esta vez tuvieran más tiempo y que dejarna claro no sólo que ambos se corresponden, sino que desean formar una relación.

Lin: Escribir de estos dos siempre es muy satisfactorio jajajaja. Me alegra que a ti también te haya emocionado tanto como a mi. Y si, literal durmieron juntos. No quería presionarlos más de lo que pudieran manejar en este momento.

Lita Wellington: Creeme que yo estaba escribiéndolo y también necesitaba de aquel baño frío. Mi corazón no puede con tanto deseo de fangirl para que estos dos por fin se extroviertan, después de tanto que han pasado. Amo que te imagines las voces del anime porque siento que estoy caracterizando bien a los personajes. Ojalá seguir de ese modo *cruza los dedos*

LucyKailu: Tus primeras palabras son lo mismo que suelo pensar cada vez que tengo que escribirles una escena picante a estos dos jajajajaj i feel you. Me imagino esa voz de Lantis, en latino o en Japonés, ¡no importa! y como que me da algo. Como puedes ver, Lucy llegó enterita a su casa gracias a que el lobo feroz no se la desayunó XD Espero te guste este capítulo!

¡Nos leemos en el siguiente!