Nota: Aquí está el final de la historia. ¡Disfrutad! Y por supuesto...¡Feliz Año Nuevo para todos!

Capítulo 2

Puedo contar con los dedos de una mano las veces que he sido realmente feliz (y me sobrarían dedos), y con la otra, las veces en la que la felicidad se ha reído en mi cara y me ha escupido después (y aquí me faltarían dedos, y hasta manos).

No consigo recordar el momento en que todo se torció, o si desde que nací ya eran así las cosas. Pero en mi casa siempre ha habido gritos, golpes, lloros, súplicas y perdones. Conseguí librarme de todo hasta los siete años, cuando mi madre estaba embarazada de Sean, porque fue entonces cuando me convertí en el objetivo. Y fue así hasta los catorce, cuando me enviaron al internado.

Cuando volví dos años después, mi cuerpo se había desarrollado y era un adolescente grande y fuerte, y ya no se atrevía a meterse conmigo. Volví con la cabeza más amueblada, consciente de que provocarle o meterme en problemas, como había hecho en el pasado, sólo sería peor para mi madre y mi hermano.

Me refugié en los estudios, era mi manera de evadirme y olvidarme de todo lo que pasaba en casa. Había decidido que quería estudiar derecho igual que mi padre. Él estaba orgulloso, creyendo que quería seguir sus pasos, pero lo que quería en realidad era encerrar a la gente como él.

También me sirvió mucho conocer a Haley. Estaré eternamente agradecido a la fuerza del Universo que hizo que pasara frente al auditorio donde se hacían las pruebas para "Los Piratas de Penzance" Me quedé embobado mirándola durante unos minutos, mientras leía el texto y reía con sus amigas. Y después de pensarlo durante un segundo, entré y me apunté a la obra.

No se me daba bien cantar ni actuar, pero al menos estaba cerca de ella. Y tuve que quedarme porque no había apenas gente para actuar. Antes del estreno, me pidió una cita. Yo era tan cobarde que fui incapaz de hacerlo antes.

Nos hicimos inseparables desde entonces, y se convirtió en mi vía de escape, en todos los sentidos. Nos enamoramos hasta las trancas e hicimos planes. Yo le hablé de los míos y ella de los suyos, y luego, planeamos los nuestros juntos.

Debo reconocer que Haley me siguió allá adónde fui, pero que nunca abandonó sus sueños. Siempre consiguió trabajo de lo que había estudiado, pero lo abandonó por voluntad propia al nacer Jack. Y eso, creo que fue otra razón de su rencor hacia mi, aunque nunca llegó a reconocerlo.

Creo que mi llegada a la UAC fue el principio del fin de mi matrimonio. Era mi sueño desde que entré en el FBI, y Haley lo sabía, pero creo que tanto a ella como a mí nos vino demasiado grande.

Al principio todo fue bien, pero después de lo de Boston, las cosas empezaron a torcerse. La baja de Gideon, Strauss sobre mí presionando, Haley por fin embarazada de Jack…creo que fue un cúmulo de cosas que empezaron a ir cuesta abajo.

Intentaba ser el mejor agente y jefe en el trabajo, y el mejor padre y marido en casa, pero tengo la impresión de que para ella nada era suficiente. Yo la amaba, casi igual que desde el principio, pero pienso que ella empezó a desilusionarse y a querer otra cosa.

Después del divorcio, me volqué completamente en el trabajo. Echaba de menos a mi mujer y a mi hijo, pero Haley ya había tomado su decisión y yo ya no podía hacer nada. Intentaba pasar tiempo con Jack, pero cada vez que tenía que anular la cita o simplemente irme antes por una llamada de trabajo, notaba la decepción en la cara de Haley.

A pesar de todo, conseguimos llegar a un consenso y una pequeña rutina respecto a nuestro hijo siempre y cuando mi trabajo así lo permitiera. Hasta Foyet. Después del ataque de Elle y de Sarah, la amiga de Gideon, todos creímos que no volverían a atacarnos personalmente a nosotros, pero era evidente que nos equivocamos.

Todavía hoy me siento culpable de la muerte de Haley. Llevábamos dos años divorciados, pero la seguía queriendo. Al igual que cuando nos separamos. Y pensé que nunca lo superaría, que no volvería a ser feliz, pero me equivocaba.

Está claro que no buscaba enamorarme, no entraba en mis planes, sólo quería dejar pasar el tiempo, como había hecho toda mi vida. Me centré de nuevo en el trabajo, en ser el mejor, en dar lo mejor de mí, mientras criaba a mi hijo intentando que superara la muerte de su madre.

Cuando Morgan me contó el problema de Strauss con el alcohol, supe que tenía que hacer algo por ella. Sabía que la mujer no estaba bien desde hacía tiempo, aunque no esperaba que fuera a poner en peligro una investigación.

Hacía tiempo que Strauss se había divorciado también, y eso parecía haberla "ablandado" un poco. Aunque también parecía que algo la atormentaba. Con un poco de investigación, descubrí que su ex marido se había quedado con la custodia de los niños, y eso me enfureció. Aunque era fría y distante en el trabajo, no me cabía ninguna duda que era una buena madre. Supongo que fue entonces cuando encontró consuelo en el alcohol.

Cuando salió de rehabilitación, me comprometí secretamente a vigilarla, a asegurarme de que estuviera bien. Estaba distinta, aunque supongo que una experiencia como esa te cambia la vida quieras o no.

Había pasado más de un año desde que Strauss había salido de rehabilitación, y era bastante tarde cuando el equipo y yo llegábamos de un caso. Pero al irme a casa, vi luz en su despacho, así que pasé por allí. Inmediatamente pensé que todo había comenzado de nuevo cuando lo primero que vi fue una botella de alcohol en su mesa. Pero luego me fijé en su cara, y supe que algo le había sucedido. Lloraba, y estaba como ausente. La botella estaba intacta. Me acerqué despacio, sin querer asustarla, y al ver que no reaccionaba, la cogí suavemente por el codo y la llevé hacia el sofá.

Era tarde, así que lo mejor era pasar la noche allí. Debía estar agotada, porque enseguida se quedó dormida. Ni siquiera estoy seguro de que se diera cuenta de que era yo. Me deshice de la botella y volví a mi oficina.

Por la mañana, preparé dos tazas de café bien cargado y volví a su despacho. La observé dormir durante unos minutos, y no pude evitar pensar en lo que debería estar sufriendo para casi arruinarlo todo.

Al cabo de unos minutos, Strauss empezó a despertar. Se sonrojó al mirarme y darse cuenta de lo que había pasado y desvió la mirada. Le pasé el café, y después de asegurarle que sólo estaría bien que hablara si se encontrara bien, me lo contó.

Mientras hablaba y me contaba cómo se sentía, me di cuenta de lo sola que estaba. La habían separado de sus hijos, y aunque habíamos conseguido que encaminara su vida llevándola a rehabilitación, eso la había cambiado irremediablemente. Y todo junto, era una situación que en ocasiones la superaba.

Le hice prometer que cuando sintiera la necesidad de beber, aunque fuera solamente mojar los labios en una copa, me llamara, a cualquier hora y en cualquier momento. No quería que volviera a caer en la tentación de nuevo.

Lo hizo durante unos meses, y mientras tanto, yo empecé a sentir la necesidad también de saber cómo estaba cuando estaba lejos. Así que, cada vez que el caso me lo permitía, hablábamos un rato cada noche.

Y fue así, como irremediablemente y sin darme apenas cuenta, me fui enamorando poco a poco de ella. Cuando no podíamos hablar, echaba de menos escuchar su voz, o ver la tímida sonrisa que me dedicaba solamente a mí cuando nos cruzábamos en el bullpen. Me gustaba verla cada día, aunque fueran unos pocos minutos, así que intentaba inventar alguna excusa para poder verla.

No tenía valor para hacer nada, para dar un paso adelante en nuestra relación, así que creía que con eso era suficiente para mí. Pero de repente Erin se apartó, dejó de contestar mis llamadas y estaba muy fría cuando nos veíamos. Así que necesitaba respuestas.

Fui a verla a su casa una noche, y después de mucho insistir (cuando quiero soy extremadamente pesado), me confesó que se había enamorado de mí. En ese momento pensé que tendríamos una oportunidad, pero Erin empezó a protestar diciendo que debía olvidar lo que habíamos construido hasta ahora y volver a ser solamente jefa y empleado. Y en un impulso, la besé. Porque no quería escuchar lo que estaba diciendo, y porque quería sentir por fin sus labios sobre los míos. Y sentí cómo en ese beso todo mi amor se extendía por mi pecho, y a ella le pasaba lo mismo.

Estar con Erin significaba tocar el cielo constantemente, flotar mientras pasaba la vida a su lado. Nadie sabía que estábamos juntos, y eso lo hacía también más interesante. Era algo que era sólo nuestro, y que nos hacía estar metidos en una burbuja.

Siempre me imaginé que envejeceríamos juntos, que después de lo de Haley nunca más volvería a enamorarme, pero con Erin todo era felicidad. Nadie lo diría unos años antes, pero éramos realmente felices. Y ojalá pudiera seguir siendo así, pero él destino nos tenía preparada una sorpresa…


La ciudad ha amanecido cubierta de nieve, y he visto cómo los ojos de Erin se han iluminado al verla. Es su cumpleaños, así que me ha convencido para ir a patinar al parque. Soy un poco torpe y no se me da bien, pero haría cualquier cosa por ella, así que he aceptado.

Vamos hablando y riendo, cogidos de la mano, hasta que sentimos gritos delante de nosotros. Un chico con una pistola amenaza a un hombre, así que voy a intentar calmarlo y quitársela. Erin tira de mi mano, y me suplica con la mirada que no me acerque. Le doy un apretón para tranquilizarla, aunque noto en su mirada inquietud. Debí haberle hecho caso.

Hablo con el chico, que está bajo el efecto de las drogas, y me voy acercando muy despacio. Alguien ha llamado a la policía, se oyen las sirenas. El chico se pone nervioso, y dispara.

Tardo apenas un par de segundos en darme cuenta que Erin está en el suelo, cubierta de sangre, y corro hacia ella. Siento como va perdiendo las fuerzas, e intento que mantenga los ojos abiertos. Siento la conmoción a nuestro alrededor, la ambulancia a lo lejos, pero estoy centrado en que Erin mantenga los ojos abiertos y no se vaya. Agarro fuertemente su mano, siento como las lágrimas caen por mi rostro, y le suplico que no se vaya. No puedo vivir sin ella, lo sé. Pero lo siento, siento cómo poco a poco su vida se escapa, y la mía con la suya.

Fin