Noche de luna llena

La hora había llegado, estaba limpio y preparado. Alfem, el demonio encargado del aseo no tenía ni rastro de haber estado en los alcantarillados solo hace unos momentos, ya no olía como cuando les terminó de dar mantenimiento.

Pelo corto y peinado, en lo que su corte le permitía, vestido con una ordenada y planchada camisa blanca, entremetida en su pantalón gris oscuro, calzando zapatos negros bien lustrados que combinaban con sus guantes del mismo color. Al verlo cualquiera podría decir que se preparaba para ir al karaoke, y más encima con su jefe; eso era evidente, ¿verdad? (?)

—Ya es hora.

Tomó algunas de sus pertenencias, y se dispuso a salir.

Una luna gigante invadía el cielo, que aún conservaba un poco de la luz de día que se desvanecía, perdiendo en cada segundo su tono rojizo que pasaba lentamente a aquel negro azulado.

La gente en el jardín gris se encontraba muy activa, y esto era por las fechas especiales que se aproximaban. Muchas tiendas habían abierto por esto mismo, lo que incentivaba a los habitantes a seguir paseando por todo el lugar, aun cuando el sol se había escondido. Había de todo un poco, pero entre los negocios de entretenimiento se encontraba el cual Alfem se había puesto de acuerdo para "hacer una revisión de calidad" con su jefe, aunque antes debía ir al punto de reunión; la plaza central.

—Me pregunto si realmente vendrá… Sé que la señora le avisó, pero él…

Alfem miraba el cielo tranquilo, no lo culparía si decidía no venir, después de todo, él no era el tipo de persona que saliera mucho de casa, o salir a juntarse con conocidos o amigos, de hecho, se preguntaba si tenía más amigos.

En eso, una silueta oscura se comenzó a asomar desde un lugar con poca luz; entre toda su vestimenta negra, su cabellera blanca y sus escleróticas negras con iris blanco era lo que más resaltaba.

—¡OH! Me alegra que allá decidido venir, y no quedarse en casa, mi señor Kcalb —dijo Alfem haciendo una pequeña reverencia.

Kcalb, el diablo de este mundo, uno de los señores que gobernaba el Jardín Gris se presentó aparentando una gran serenidad, dando un aire de nobleza y seriedad, pero para su subordinado, era evidente lo tenso que se encontraba. No estaba ahí por su propia voluntad.

—Eti, prácticamente me echo… —dijo Kcalb quejándose con una clara cara de cansancio.

—Entonces, tendremos que aprovechar esta oportunidad que nos dio mi señora —dijo mientras cerraba los puños a la altura de su pecho, en son de ánimo.

El demonio lo abrazó rodeando un brazo en la nuca del diablo, incomodando evidentemente a este, no solo por la diferencia de estatura, que hacía que se encorvara un poco, sino también, por la falta de respeto al espacio personal que Alfem demostraba. Además que sabía que no solo lo hacía como un gesto amigable, era algo para evitar que huyera.

Él era su jefe, ¿por qué se dejaba pasar a llevar de esta manera? Tal vez era porque de alguna forma extraña, no le molestaba tanto, y posiblemente, también se había acostumbrado. No importando la razón, así mismo caminaron a su destino.

Karaoke BlancBlack, ese era el sitio que iban a "inspeccionar" antes de su abertura oficial el día de mañana.

El diablo al llegar y mirar ese cartel tan estridente y luminoso, no dijo nada, pero su cara demostraba su gran incomodidad. Sentía que estos tipos de "antros", les vendrían mejor a sujetos más enérgicos como Satanick, aunque sería correcto decir que ese pensamiento era un poco exagerado, ya que simplemente no le gustaba ser sociable.

—¿Qué ocurre mi señor?

—No sé si podré… —murmuró Kcalb sin energía.

—¡Oh vamos! ¡Estoy seguro de que le va a encantar! ¡No se arrepentirá!

El diablo solo guardó silencio, pero sus expresiones delataban la incredulidad ante tales palabras, estar de pie ahí ya le daba dolor de estómago.

—Bueno… ya llegamos, será mejor que entremos. ¿No lo cree mi señor? —dijo Alfem, abrazando a su jefe con más fuerza.

Después de prácticamente arrastrar y entrar al karaoke pidieron una sala, aperitivos y licores. La sala que les dieron no era muy espaciosa, pero tenía lo necesario; los sofás eran cómodos, la pantalla no era pequeña y la tableta en donde poner canciones era fácil de entender, además de los micrófonos.

—Escúcheme, mi señor, ahora que estamos aquí, a pesar de que de los dos soy el más emocionado, diría que es apropiado que usted utilice el karaoke por primera vez —dijo sosteniendo el micrófono en modo de ofrenda.

—… No creo que… —murmuró Kcalb.

Estar ahí ya era lo suficientemente incómodo como para ser el primero en tener que hacer el ridículo.

—Vamos mi señor Kcalb, no tiene que sentirse apenado, estamos solos, además cantar es perfecto para desahogarse —dijo Alfem mientras tomaba el control y comenzó a buscar en la lista de canciones, entonces encontró algo que le llamó la atención—. Miré, esta canción creo que le vendría bien.

El diablo negro, solo guardó silencio al ver que la canción elegida era una bastante lenta, melancólica y triste.

El demonio de lentes gruesos solo miraba con una risa optimista al Diablo negro, mientras que este le devolvía una mirada de desconfianza, pero la persistencia del joven demonio salió victoriosa con un…

—Escoge esa… —dijo Kcalb con una voz espesa, admitiendo su derrota.

—¡YES!

Felizmente enciende el karaoke para que corra la canción, y Kcalb comienza a cantar muy tímidamente.

Inesperadamente, la voz del diablo era hermosa y profunda, haciendo una armoniosa combinación con esa canción tan melancólica. Fue como si el mundo se detuviera en ese instante, llenando todo con una añoranza, melancolía y remordimiento.

Sin darse cuenta, las lágrimas comenzaron a caer, y ayudando con el coro Alf se le unió. Aun cuando no habían bebido nada, ya habían roto el hielo, esto salió mejor de lo que pensaban, y ¿quién pensaría que el diablo podía cantar mejor que los ángeles?

Así comenzó a transcurrir el tiempo, entre copa y copa, risas de Alf, enojos de Kcalb, llantos de ambos, parecían dos amigos de toda la vida. Pasó el tiempo en un pestañeo, sin darse cuenta ya era hora del cierre del local, tenían que desalojar el sitio, y volver a casa. Aunque esa no era la intención de ninguno de los dos.

La razón era muy simple, la luna… la luna estaba muy hermosa como para ignorarla, no admirar tal hermosa vista sería un pecado. Así que, saliendo de la aldea, un poco mareados, y taciturnos por todo lo que pasó, fueron a un lugar para contemplarla con más tranquilidad y seguir compartiendo.

El lugar elegido fue uno cerca de un risco, cerca de pasados uno de los bosques cercanos a la aldea, ahí se sentaron en el pasto, tranquilos, y callados, con una gran atmósfera de melancolía.

El silencio prolongado de los dos fue cortado con una voz que jugaba demasiado bien con el ambiente.

—Mi señor… tengo una duda… en mi lugar, ¿qué hubiera preferido…? —dijo Alfem.

Kcalb lo mira sutilmente levantando una ceja, la pregunta que rompió el silencio lo había sorprendido un poco, no entendía lo que quería decir en concreto, pero parecía algo serio y no era una de sus tonterías de siempre.

—Mantenerse estúpido y no recordar nada, o.… seguir siendo estúpido, pero ser consciente de que eres un pedazo de basura —dijo Alfem colocando su cabeza entre sus piernas, tratando de evitar contacto visual, ya que sus recuerdos no le entregaban ningún tipo de orgullo.

Esa pregunta es un tanto complicada, en especial si tienes cosas de las cual arrepentirte, además Kcalb jamás había estado en alguna situación parecida, pero si le dieran esa opción… No era algo que pudiera decidir enseguida.

—Cuando llegué aquí, no estaba muy consciente… Al ver ese cielo estrellado, pensé que solo era un sueño antes de morir, de hecho… aún me sigo preguntando por qué me salvaron esa noche, ¿por qué no me dejaron morir? Yo lo hubiera hecho. ¿Sabe?… Digo fui uno de los que atacó ese día, mis acciones lastimaron a mucha gente y todo eso… Era un seguidor de Ivlis. Supongo que eso aún se notaba, ¿verdad?

Ambos hicieron una pausa, ninguno realmente quería tocar este tema, es más, estando sobrios esto ni se hubiera mencionado, pero usando la "valentía" que te proporciona el alcohol, se dio el momento para resolver estas complicadas cuestiones.

Hablar cosas del pasado no era algo que a Kcalb le agradara mucho, normalmente hablar de algo que ya pasó solo traería problemas y antiguos conflictos que ya quedaron atrás, pero esto era distinto, esto no involucraba "eso" directamente, no era ese campo minado que está relacionado con ciertas personas. Ahora, si se le ha otorgado un instante para desahogarse, aunque sea un poco, siente que no estaría mal tomarlo.

—Yo… yo quería hacerlo —confesó un poco dubitativo, pero calmado, sin mucha expresión en su rostro, como si hace tiempo hubiera querido decirlo—. Realmente quería matarte cuando noté de donde eras, pero Etihw…

—Así que fue mi señora la que me salvó… je… —rio Alfem, al saber que tenía otra cosa más que le debía a la diosa.

El diablo volvió al silencio, pero al ver el rostro desanimado del joven demonio se sintió un tanto responsable por ello, por lo cual después de un leve suspiro dijo—: Al menos ahora estamos aquí, no te desanimes.

—Es que… me sigo preguntando por qué mi señora lo hizo…

Kcalb puso una mirada de disgusto, no sabía si decirle la verdad, pensaba que solo lo haría todo peor, pero mentir en esta situación no era una opción, lo descubriría y eso no sería mejor que lo otro.

—… No sé exactamente por qué lo hizo… pero al menos me convenció diciéndome que podrías tener alguna utilidad…

—¿Ser de utilidad?

—Si ese bastardo estaba planeando algo, tal vez lo sabrías, no queríamos que quisiera vengarse o algo así… —dijo molesto, con sus ojos completamente negros, y un aura asesina a su alrededor.

—Je-je… Conociendo lo cabeza hueca que es, él aún debe pensar en eso. Pero no se atrevería hacer algo, carece de la fuerza para hacerlo —dijo Alfem bebiendo un sorbo de la botella que aún tenía en su mano.

—Bueno… y una vez que te hubiéramos usado… podríamos deshacernos de ti…

Alfem lo miró en silencio, al escuchar esa última declaración, pero una pequeña sonrisa sincera se dibujó en su rostro.

—Eso es un poco… reconfortante —dijo mientras fijaba su vista en la luna—. Me alegra saber que no son tan ingenuos como parecen.

—Pero nunca pensamos que… ni siquiera podías razonar… —dijo Kcalb con disgusto al recordar ese sentimiento que tuvo en ese momento.

—Eso debió ser un poco desilusionante, ¿Cómo podrías torturar a alguien que no es consciente de nada?

—Tienes razón —asintió levemente—, eso no sería para nada gratificante.

Ambos asintieron sin remordimientos. No importaba que vivieran en una zona pacífica, esa parte sanguinaria de su naturaleza no era algo que se pudiera borrar.

—¿Quién diría que pasé tanto tiempo aquí? —dijo Alf estirando un poco los brazos— Bueno, no es mucho, pero lo suficiente para cambiar mi forma de ser. Ahora ni siquiera puedo decir que soy el mismo que llegó aquí esa vez.

—Por eso sigues con vida —dijo Kcalb rápidamente.

El chico de los lentes gruesos lo miró un poco inquieto.

—Al menos me podría decir que maduré un poco, ¿no cree?

—¡¿Cómo diablos voy a saber eso?! ¡Antes ni siquiera sabía que existías! ¡Solo! Solo sigue siendo quién eres ahora, así no tendré que matarte —dijo sin la menor pizca de humor, una verdadera advertencia.

Alfem se quedó un poco congelado, casi deja caer la pequeña botella que sostenía, con lo serio que fue hasta una persona lenta como él era capaz de entender el mensaje.

—Eso dio miedo mi señor… Al menos podría dudarlo un poco —dijo Alf con una sonrisa nerviosa.

Esta advertencia no estaba de más, ya que cualquiera que representara una amenaza debía ser tratado como tal. Al menos tenía como consuelo que su vida sería tomada por su actual amigo, lo cual no sonaba tan mal, pero igual le colocaba los pelos de punta.

Kcalb tras mirarlo un momento, debió su mirada hacia la luna.

—¿Pero sabes…? Aun así… decir esto… me hace sentir como un hipócrita.

Aquellas palabras eran conmovedoras a los oídos de Alfem, ya que sabía muy bien lo que significaban. Este mundo tenía historia, y esta no colocaba en una buena posición a su diablo; las cosas que hizo, posiblemente aun hoy, lo deben estar persiguiendo como las aves a la carroña. La carga que llevaba consigo solo podría equipararse a las vidas que arruinó o quitó, las cuales fueron demasiadas para ser contadas.

A pesar de eso, él seguía en pie, y su presente era calmo y estable, con un futuro que apuntaba a esa misma dirección, el tan solo verlo, llenaba de esperanza al destino de quien estaba a su lado en ese momento.

—Las cosas que has hecho… y las que yo he hecho… no deben ser muy distintas —dijo cerrando los ojos, recordando tiempos pasados.

Ese sentimiento de melancolía y remordimiento era algo que Alfem se le hizo familiar, como si lo hubiera visto al mirarse al espejo.

—… Supongo que ya entiendo por qué ella me mima tanto… —dijo Alfem con una sonrisa boba.

—¿Y eso? —confrontó el diablo un tanto a sonrojado, era obvio a que se refería solo que no lo quería admitir tan abiertamente.

—Solo fue un pensamiento hablado, mi señor —dijo rápidamente Alfem tratando de evitar tocar más el tema.

El diablo solo le clavó la mirada, como advirtiéndole que no lo volviera a mencionar, cosa que llenaba de sudor frío al joven demonio.

Así que después de eso, ambos, como un acuerdo que no hablaron, no volvieron hablar y solo se quedaron observando la luna por un tiempo más.

—Creo que ya es hora de volver —dijo Alfem— ya es tarde y los chicos buenos no se quedan despiertos hasta tan tarde.

—Tienes razón —contestó Kcalb, levantándose del piso, y sacudiéndose un poco la gabardina.

Estando ambos de pie, se encaminaron de regreso, pero sin darse cuenta de que alguien estaba escuchando toda su conversación.

Las personas que espiaban en secreto la salida de Alf y Kcalb, no estaban cerca de ellos, sino, lejos, en una habitación oscura, donde apenas entraba la luz de la luna. Si se pudiera describir un poco, en ella había una piedra blanca y dos siluetas que resaltaban entre las sombras.

—Eso fue todo. Fue una noche intensa, ¿No lo crees? —mencionó muy satisfecha una de las siluetas.

—Creo que tienes razón, pero ¿no crees que esa última escena fue demasiado melancólica? —se quejó la otra— Tampoco puedo usar lo que vi para molestarlo, si digo algo de como canta se enterará de que lo estábamos espiando.

—Creo que le pediré que vaya conmigo la próxima vez —dijo la otra recordando la voz que tenía Kcalb al cantar, quería escucharlo de nuevo, pero esta vez, sin estar escondida.

—¡Me invitarás! ¿Verdad Etihw? —rogó con voz juguetona.

—Él de seguro se negará si te invito, pero si él no sabe que vas, no podría negarse —dijo con una pequeña sonrisa—. Pero bueno, fue mucho por hoy, es momento que vayas a casa, mañana es el gran día.

—¡Tienes razón! —dijo exaltándose como si hubiera recordado algo importante— ¡YA VERÁS!, mi florería tendrá las flores más bonitas que pueda encontrar en todos los mundos.

—Estoy ansiosa por verlas —dijo Etihw mientas Yosafire salía por la ventana—. Ahora solo falta que él llegue.

Al quedarse sola en su habitación, salió de ella para ir a la habitación gris. No pudo simplemente hacerse la dormida y pasar totalmente desapercibida, dejar todo como si no hubiera hecho esta pequeña fechoría no habría sido divertido, además quería verlo antes de irse a dormir. Así que se preparó té y unos bocadillos, para dar ambiente a la situación, y esperar su llegada.

Mientras estaba sola, degustó un poco de las galletas que trajo y bebió unos sorbos de su té, hasta que, de un momento a otro, y sin anunciarse llegó quien tanto esperaba. Serio y sin saludar, se quedó mirando como ella comía sus aperitivos, sentada cómodamente en aquella mesa que flotaba.

—¿Qué tal estuvo tu noche? —preguntó la diosa mientras daba un sorbo a su bebida.

En silencio, el diablo la observaba sin responder a su pregunta, estaba pensando cómo reaccionar en este momento, aún se sentía mareado, pero estaba perfectamente lúcido, al parecer los consejos de como beber de Alfem funcionaron para conservar la consciencia, aunque sus mejillas se habían colorado por el alcohol.

—¿Mmm? ¿No me lo dirás? —replicó ella, ladeando sutilmente la cabeza.

—¿Por qué debería decirte? Después de todo, ya lo sabes. —afirmó con una pequeña mirada acusadora.

Ella se paralizó, la habían descubierto, pero ¿cómo? Ella escondió muy bien las piedras cuando fue a echar un vistazo al local en la tarde. ¿Cómo? ¿Cómo fue que lo supo…? ¡¿Cómo?! Estas intrigas eran fácilmente legibles en su expresión.

—Espera, ¡¿cómo supiste que yo…?!

—¿Por qué me sorprende que dios espié a la gente? —interrumpió Kcalb.

—¿Qué…?

Algo extraño estaba pasando aquí, normalmente ella era quien tenía el control de las conversaciones, después de todo, él era muy callado, y a pesar de que hacer monólogos era algo cansador, ya se había acostumbrado a ello. Esto la estaba tomando totalmente por sorpresa.

—Tú estabas más ansiosa que yo, era obvio que tendrías algo preparado, no me tomes por tonto.

Etihw se había quedado muda por la impresión, era como si se hubieran intercambiado sus papeles habituales.

—Es verdad que no sabía sí iba a ir, pero… ¡No tenías que amenazarme con quitarme mis dulces un mes entero! ¡Eso es vil! —dijo haciendo un puchero.

—Tenía que asegurarme que lo pasaras bien —dijo Etihw sacando pecho, y tratando de recuperar una compostura firme, aunque la sonrisa que tenía le faltaba seguridad.

Un silencio se formó cuando dijo eso, los ojos medio cerrados de Kcalb, demostraban toda su desaprobación ante tal arrogancia.

—Pero está bien, te lo agradezco —dijo cambiando su postura a una más laxa—. No me arrepiento de haber ido.

Etihw al escuchar eso sintió una calidez en su interior, se alegraba de que realmente pudo haberse relajado, y su cara reflejaba esa hermosa sensación.

—Pude ver que lo pasaste bien, nunca pensé que pudieras tomar más de un sorbo de alcohol. Con este antecedente, ¿no sería bueno compartir de nuevo algunas copas?

—No, solo fue por esta ocasión, nada más, teníamos que verificar la calidad del local, ¿recuerdas? —se excusó el diablo.

La decepción se notó en un pequeño puchero que no duró ni dos segundos, sabía que él era terco y si quería convencerlo tenía que ser en el acto, así que fue al tema que realmente quería tocar.

—¿Cuándo iremos al karaoke nosotros? —introdujo rápidamente el tema.

—… Nunca… no volveré hacer eso otra vez —respondió cortante y desviando la mirada, pero ella no se quedaría por vencida tan rápidamente.

—Oh vamos, cantas muy bien, quiero que me cantes. ¿Puedes cantar para mí? —dijo mientras baja de la silla para abrazar a Kcalb.

Un golpe directo.

—¡N-NO!

El sonrojo en la cara de Kcalb no se podía esconder, de cierta forma ella lo estaba convenciendo, pero su timidez le impidió ser sincero consigo mismo.

—Oh vamos, sé que quieres… —insistía un poco más coqueta Etihw, como si sus encantos femeninos pudieran debilitar la timidez de Kcalb.

—¡Me voy a dormir! —exclamó alejándola con sus manos, obligando a estas a no abrazarla como ella lo hacía. Tenía un impulso de huir, ya que no sabía cuánto tiempo podría conservar su autocontrol— Necesito descansar, con los turistas que vendrán mañana, no creo sobrevivir si no duermo lo suficiente.

—¡Espera! —exclamó volviéndolo abrazar con más fuerza.

—¿Qué? ¿Ahora qué pasa? No estoy de humor para más juegos —dijo con un puchero y todo colorado, ver a Eti tan cerca no era bueno para su salud.

—¿Por qué no pasas a mi habitación antes de ir a dormir? —le susurró muy cerca del oído, eso y otras cosas más que solo él podía oír.

Kcalb quedo quieto, y rojo a más no poder. Se distanció ligeramente cuando procesó lo que acababa de escuchar, aquellas sugerencias que salían de los labios de Etihw. La miró un poco alterado por unos segundos, no sabía si era el alcohol que estaba en su sangre, pero al ver el rostro de ella, pudo notar todos sus rasgos, sus ojos, sus labios, su hermosa piel. Él desvió su mirada y suspiró; su autocontrol ya no podía más, así que terminó diciendo muy tímidamente y casi como un susurro—: E-Esta b-bien.

Así terminó la noche para los protectores del mundo gris, mientras que, en otro lado, un solitario Alf intentaba dormir en su habitación, solo acompañado de remordimientos.