Hoy era la apertura de un evento sin precedentes, que había prometido ser el paraíso perfecto que a nadie dejaría afuera en un mundo donde, el diablo y dios colaboraban juntos, ofrecía ser una utopía hecha realidad. Sería un ambiente sin conflicto y en paz donde podías sentirte libre…
"Tonterías", o eso pensaba Vendetto, el hijo mayor de Ivlis.
¿Un lugar sin conflictos? Eso era algo absurdo, no importaba cuanto lo meditará, siempre que existan personas distintas van a ver roces, más aún si son de naturalezas opuestas, esto debía ser solo una fachada falsa, no era algo que pudiese creer fácilmente. Aunque también tenía el testimonio de Ver, que su actual pareja es una ángel, aun así, le costaba asumir que este sitio verdaderamente funcionaba.
De todas formas, si realmente este sitio era así o no, no era de su incumbencia, lo único que importaba era que, estos tipos no eran unos santos, y eso lo pudieron notar una vez que ingresaron al Jardín Gris.
La idea inicial que tenía el trío, era promocionarse en distintos mundos aprovechando la gran diversidad de invitados que tendría el evento, pero al ver algo en el folleto cambió levemente esa idea. Lo que les llamó tanto la atención fue una sección de lugares que, prácticamente podían clasificarse fácilmente como un barrio rojo, no, era mucho peor que eso. La existencia de algo como La degustación especial Ras Raw o El gran Blanco, decía demasiado, era verdad que tenía una restricción horaria muy marcada, pero que dios hubiera aceptado algo así, su moral no debería ser tan pura, entonces Ver vio una oportunidad para capturar un pez gordo.
Así que, por eso, en vez de estar disfrutando de la comida gratis, eventos musicales, o hacer alguna otra cosa divertida… ¡Estaban aquí! ¡Caminando por un pasillo soso y aburrido! Todo era tan monocromáticamente repetitivo… Él ya se había aburrido de tratar de distraerse con las decoraciones, que lo poco que le ofrecían eran ¡una cantidad de rombos absurda! Además de estar siguiendo a una ángel que solo los miraba y hablaba con desprecio, a la cual tuvo que humillarse para poder siquiera seguir aquí. ¡Esto estaba de la puta madre!
Si tan solo no estuvieran cortos de dinero y trabajo, venir aquí no hubiera sido tan urgente, y mucho menos venir a hablar con un dios y un diablo. Todo esto era realmente estresante, tenía de muy mal humor a Vendetto, en especial aquella última sorpresa; "¿Qué hacía Emalf aquí?", nada tenía sentido, según la información que recopilaron, este mundo tenía malas relaciones con su viejo, no había razón para que él estuviera ahí, excepto que los hubiera traicionado; "Nah, eso es estúpido", que ese sujeto hiciera algo así estaba totalmente fuera de discusión.
Emalf podría ser un cobarde, y un perezoso, pero no era un traidor, aquellas heridas debían ser la causa, eso estaba más que claro, pero ni siquiera se podía imaginar cómo fueron propiciadas. Dar vueltas al asunto solo le terminaba dando dolor de cabeza.
En eso, cuando Vendetto estaba sumergido en sus pensamientos, Froze habló.
—Demonio rubio, dime algo: ¿Eres amigo de Alfem? —dijo con voz serena, escondiendo su preocupación.
—¡Agh! Si no recuerdas, tengo nombre. ¿Acaso olvidaste cuando Ver nos presentó? —respondió exaltado.
—Disculpa, estaba demasiado molesta, y no les tomé atención —dijo sin la menor vacilación—. Entonces. ¿Cómo te llamabas?
—No lo puedo creer… —murmuró enojado— Maldita sea, llámame Vendetto.
—Muy bien, Vendetto. ¿Podrías contestarme mi pregunta anterior? —preguntó sin inmutarse.
Vendetto chasqueó la lengua, dando un vistazo a Ver como a Laurentia, entendió que ellas solo ignorarían todo lo que estaba pasando, y eso lo hizo enojar aún más. De Laurentia era de esperar, ella era así, pero un caso muy distinto era el de esa maldita de Ver, con lo codiciosa que era, no perdería esta valiosa oportunidad, por eso haría vista gorda a toda esta humillación, y si algo llegara a pasar, le haría responsable de todo. Así que simplemente se tragó su orgullo, y se dispuso a contestarle a aquel ángel.
—Te refieres a Emalf. ¿Verdad? Sí, lo fui alguna vez —contestó Vendetto de forma cortante, hastiado de todo este asunto—. ¿Hay algún problema con eso?
Ella respiró profundamente, haciendo una pausa, debía calmar sus nervios, no podía dejarse llevar por tal irritante sujeto.
—Solo quería pedirte una cosa —dijo Froze, recuperando su usual serenidad.
—¿Eh? ¿Y qué quieres?
—Podrías… ¿Podrías conversar con él en cuanto puedas?
Su voz apagada hizo un gran contraste con la cara de malestar del demonio con el cual conversaba.
—¿Conversar? ¡Oh, man! Claro que lo haré, te lo puedo dar firmado si quieres. Quiero respuestas. ¡¿Sabes?!, yo… —dijo un tanto irritado, por tal estúpida pregunta, pero no pudo evitar ablandar su tono tras pensar en aquello— Yo… no puedo verlo así y quedarme tranquilo…
—Eso… me tranquiliza un poco —dijo claramente aliviada.
—Y ¿por qué te preocupa tanto? ¿Acaso te gusta? —dijo eso sin pensar, de forma inocente, y sin malas intenciones, inconsciente de que eso sería la gota que rebalsaría el vaso.
En cuanto terminó la oración, los pies de la ángel se detuvieron en seco; se formó un silencio sepulcral, solo se escuchaban sus respiraciones, junto a la casi auditiva destrucción de las esperanzas de Ver para tener un nuevo contrato; en ese vacío pasillo, cerca de unas escaleras. Entonces, de un momento a otro, una molesta Froze se voltea, y se planta en frente del demonio con el rostro más serio que jamás haya tenido.
—Diré esto de la manera más clara posible —dijo con voz firme—. Mi relación con Alfem es netamente profesional, él es mi paciente, yo soy quien está a cargo de su estado de salud, tanto física como mental.
Vendetto no lo sabía, pero había pisado una mina, aunque en sí, no era su culpa. ¿Cómo iba a saber que de las pocas discusiones que ella había tenido con su pareja fue por este tema?; "Le das mucha atención", "¿por qué tienes que ir tan tarde?", "Me abandonas por esa sabandija", "De seguro lo haces porque él te gusta", "¿Por qué tienes que ser tú?"; esas y muchas otras cosas más se le vinieron a la mente, por lo tanto, fue inevitable aquella reacción.
—¡Soy su MÉDICO a cargo! ¡No vuelvas a repetir algo como eso nunca más! Además, ten en cuenta que solo te estoy pidiendo ayuda porque él lo necesita. ¿Te puedes imaginar el daño psicológico que le hicieron los tuyos? ¡¿Tienes la más mínima idea de lo que vivió?! El hecho que sean antiguos conocidos suyos, ya es un tema delicado, pero al no estar involucrado con el incidente, podría ser beneficioso compartir contigo. Él, lamentablemente, debe vivir con ese gran peso que tiene, y tú, podrías ser el primer paso para que pueda tener una vida normal.
—P-perdona yo…
—¡Y, por último, y solo para dejarlo en claro! ¡Para mí me es inaudito que digas esa clase de cosas! Porque yo ya tengo una hermosa, carismática, alegre… y… encanta…dora… nov… —dijo mientras sus palabras se apagaban y un rojo brillante dominaba su rostro, al tiempo en que se volvía consciente de las palabras que estaba exhortando.
El silencio que creo fue tan grande como la confusión de los oyentes, que una vez que pudieron entender lo que había pasado, trataron, en lo que se les era posible, en recuperar la compostura.
—Bueno, ya estamos cerca —dijo volteándose rápidamente y recobrando la distancia— ya pasando estas escaleras, llegaremos al frente de la habitación donde ellos se encuentran.
Lo que había dicho aquella ángel le comenzó a rondar por la cabeza… No sería tan raro que de vez en cuando se tenga a alguien de confianza para atender las dolencias, algo así como un médico de cabecera para los mortales, pero por lo que dijo ella, era algo más que eso. ¿Él necesitaba una asistencia constante? ¿En qué estado estaba su amigo? Aparte de las cicatrices no se veía tan mal, aunque también ella había hablado de su salud mental… Bueno, también eso significaba que lo tenían vigilado, nada de esto podía ser simple bonachonería.
Una vez subieron unas escalas, vieron una gran puerta gris oscura. En cuanto llegaron, Froze les indicó que esperasen un poco afuera, que ella les avisaría cuando pudieran entrar. La espera no fue para nada larga, no pasó mucho tiempo para que se les permitiera entrar.
Cuando entraron, ellos pensaron que verían una especie de habitación muy solemne con grandes tronos, sentadas en ellas unas personas totalmente sublimes e imponentes. Eran el dios y el diablo de ese mundo, no había ningún lugar donde los gobernantes no fueran reverenciados y venerados; tanto como reyes o señores, con los que habían hecho contratos, tenían un aura de majestuosidad a su alrededor, esperaban lo mismo de este lugar, pero vaya decepción que tuvieron.
En vez de dos hermosos tronos en una majestuosa sala, lo que vieron en su lugar fue una mesa repleta con los restos de un desayuno muy contundente y dos simples sillas; sí, las mesas y sillas estaban flotando en el aire, pero era lo único que podría indicar algo de poder, el hecho de que aun tuvieran los restos de su abundante comida, le quitaba toda la seriedad al lugar. Se notaba que habían venido en un mal momento, sin embargo, al parecer los anfitriones no querían dejarlos mucho tiempo esperando afuera, aun así, al menos podrían haber escondido todo ese desorden, no les hubiera costado nada mantener una imagen pública decente. "Esperen un momento… ¿Eso era un pastel de chocolate?", pensó Vendetto.
Quienes los recibieron eran un hombre y mujer sentados en las sillas de aquella mesa. La mujer era de pelo corto y negro, y a pesar de tener una apariencia un tanto infantil, se podía sentir un inmenso poder viniendo de ella. En el otro extremo, estaba un hombre de pelo blanco, vestido con un traje negro, cubierto con una gabardina con el cuello peludo, el cual puso una mirada de muy pocos amigos cuando vio las manos escamosas y rojas de Vendetto. En ese momento, pensó que fue muy mala idea el no ocultarlas tras haber escuchado lo que hizo su padre. Aunque esa sala no les hacía justicia, claramente ella era dios y él era el diablo.
—Bienvenidos visitantes, me presento soy Etihw y este hombre a mi lado es Kcalb —dijo la mujer de forma calmada y solemne, mostrando toda lo majestuosa que esa mesa le quitó con su primera impresión—. Perdónennos por recibirlos en estas condiciones, pero no creíamos que tendríamos visitas tan temprano; díganme, ¿en qué podemos ayudarlos?
Tenían que pensar muy bien sus palabras, aunque de buenas a primeras parecían descuidados y despreocupados, sus instintos les gritaban que eran peligrosos; cosa que era de esperarse, estaban hablando con los seres más poderosos de este mundo, una sola cosa que a ellos no les agradara y podrían exterminarlos fácilmente. Con eso en mente, Ver fue la portavoz del trío.
—Mucho gusto, señora Etihw —Ver luchaba para que su voz no se quebrara del miedo, sentía que no podría cometer ningún error, sus vidas y nuevas posibilidades de conseguir dinero dependían de ello—. Me presento, mi nombre es Ver Million, estos dos son mis compañeros; Laurentia y Vendetto; nosotros somos mercenarios y hemos venido aquí a ofrecer nuestros servicios.
La impresión en el rostro de ellos dos era evidente, la razón de porque mercenarios vendrían aquí para ofrecer sus servicios no era muy clara a simple vista; ¿acaso este lugar daba la sensación de inseguridad? Sí era así, Etihw estaría en problemas con Kcalb, le daría una excusa para poder molestarla; tendría que reforzar más la seguridad si ese fuera el caso, pero tenía que escuchar más para darse una mejor idea de lo que estaba pasando.
—Nunca me esperé una propuesta de este estilo —dijo sin perder la calma—. Como verán, nuestro mundo está en paz y no tenemos problemas de conflictos o al menos en el corto periodo de tiempo, así que no veo cómo podríamos solicitar sus servicios.
—Verá… nosotros…
Ver titubeo un poco, no quería decir nada que pudiera herir cualquier tipo de sentimiento, pero su compañero al verla la interrumpió.
—Verá, para nosotros no es ningún secreto que ustedes sufrieron un ataque de un cretino hace un tiempo —dijo Vendetto algo irritado, para después mirar fijamente a Kcalb—, y para dejarles en claro una cosa, en especial a ese diablo que no ha dejado de mirarme las manos desde que entramos, no tenemos ninguna relación con ese tipo, ni con ningún otro demonio de otro mundo. Como pueden observar, los tres pertenecemos a distintos lugares, pero somos profesionales, nada se interpondrá entre nosotros y nuestro contrato, eso se los puedo asegurar. Además, por lo que veo compartimos el malestar ante ese cabeza hueca; si quiere, denme la orden y con gusto les traeré su cabeza en bandeja de plata.
Estaba nervioso, no sabía si lo que dijo los podría hacer enojar; había sido brusco e impulsivo, pero ya no podía hacer mucho, lo hecho, hecho estaba y no había vuelta atrás.
Ver, solo lo quería estrangular en el acto.
—Así como ven, no queremos tener malentendidos con ustedes —habló Laurentia calmada, demostrando toda la serenidad que sus compañeros habían perdido—. Además, nunca esta demás recibir ayuda externa de vez en cuando, para no arriesgar en cosas pequeñas a su querida gente.
Aunque Laurentia conservó la compostura, la tensión podía cortarse con un cuchillo, no se podía saber si ella escondía sus emociones o no tenía nada en la cabeza. Un silencio se creó mientras las deidades pensaban en su respuesta. Lo único que esperaban era que sus cabezas no rodaran.
—Etihw, ellos tienen un punto —dijo por fin el diablo sin despegar la vista de ellos—. ¿No lo crees?
—Tienes razón —dijo ella mientras asentía con la cabeza—, ellos nos podrían ayudar para eso.
Lo que habían dicho, aunque ambiguo, dejó a Ver y Vendetto estupefactos, pero de alguna manera los calmó; nunca esperaron una respuesta afirmativa. Es cierto, fueron a allá con ese propósito, sin embargo, nunca esperaron que respondieran positivamente, en especial después de esa respuesta tan irrespetuosa de ese demonio de la flama.
—Verán, pensamos que su oferta nos viene como anillo al dedo en estos momentos. Desde hace tiempo algo nos molesta, pero… no podemos hablar de eso aún, todavía falta algunas cosas para que nosotros podamos actuar —continúo hablando la dama de gris—, así que, ¿les podría facilitar un medio para que pudiéramos comunicarnos con ustedes en el futuro cercano? Digamos que no considero que los teléfonos funcionen entre distintos mundos si es que salen de aquí.
—S-Sí, por supuesto, nos encantaría señora Etihw —pronunció Ver, aun sin creer lo que estaba pasando.
Cada uno recibió una pequeña piedra blanca en forma de collar, era algo que Etihw había creado ahí mismo, delante de sus propios ojos.
—Con esto los podré contactar en cualquier lugar que se encuentren, por favor cuídenlos —dijo ella al terminar de entregarles los objetos—. Perdónenos si no les entregamos mucha información sobre cómo serán los términos de nuestro contrato en estos momentos.
—No se preocupe, nos encargaremos, no importa qué tipo de trabajo sea —aseguró Ver.
—Eso es muy reconfortante de escuchar —dijo sonriendo—. ¿Alguna otra cosa en que los pudiéramos ayudar?
—No, eso era todo, su excelencia —dijo Ver mientras su mirada vacilaba entre el collar y los gobernantes.
—Oh, solo dime Etihw —dijo con una risa avergonzada—. Bueno, si no tienen otro negocio con nosotros, pueden retirarse.
—Muchas gracias por todo, nos vamos.
Al decir esas palabras salieron de la sala, al fin pudieron respirar tranquilos y unas exhalaciones de dos de ellos eran hasta visibles.
—No puedo creer que saliéramos vivos de ahí adentro, aunque no era fácil de notar, pero esos tipos eran temibles —comentó Ver estando solo los tres.
—Parece que si todos tienen algo de lo cual no quieren ensuciarse las manos —dijo Vendetto, confiado con una sonrisa, junto a unas gotas de sudor—. Supongo que está bien, gracias a eso podremos tener un trabajo después de todo este tiempo.
—Para mí, fueron unos sujetos muy agradables —dijo Laurentia muy tranquila, mientras sus amigos la miraban estupefactos.
—Bueno, será mejor que vayamos a ver que tiene este lugar para ofrecer —dijo Ver apuntando a la salida—. No podemos venir a este lugar y no conocerlo un poco.
Concordando sus otros compañeros con ella, la siguieron hasta la salida y abandonaron el Castillo BlancBlack. Mientras en el Salón Gris, unos inquietos Etihw y Kcalb terminaban de hablar con Froze.
—Muchas gracias, Froze por tu reporte, ahora, puedes retirarte —con esas palabras de Etihw, Froze asintió y se fue.
—Eso sí que fue incómodo —se quejó el diablo.
—Bueno, bueno, por lo menos ahora puedes aprovechar de terminar de comer lo que queda del pastel —decía la diosa apuntándolo con un pedazo de torta en una cuchara.
—No…
La cara de seriedad del peliblanco era notable.
—¿No qué? No quieres el pastel, entonces me lo comeré yo sola.
—¡NI SE TE OCURRA! —contestó furioso, como osaba a decir que no le dejaría pastel; "¿ella quería otra guerra?", era lo que pensaba— ¡Por supuesto que no es eso! Es solo que yo…
—¿Tú qué? —instigó de forma juguetona Etihw.
—Iré a pescar —afirmó Kcalb de manera cortante, mientras se levantaba de la mesa.
—¿Pescar? ¿Ahora? ¿En este momento? ¿En esta circunstancia en la que estamos? —reprendió a Kcalb.
—Por eso mismo iré a pescar; quiero saber si ese pez agarra el anzuelo —insinuó el diablo mientras caminaba a la salida.
—Así que estás preocupado por ese niño, ¿verdad? —insinuó ella—. No tienes que comportarte así conmigo cuando se trata de él.
Kcalb escondió su mirada, no quería demostrar que ella tenía algo de razón.
—Bueno, me iré; ¡Y NO TE COMAS TODO EL PASTEL!
—Cuídate, no te lastimes la espalda —dijo mientras movía la mano en son de despedida.
El diablo no respondió a ese último comentario, y se fue con una cara de disgusto. Mientras ella lo miraba con una sonrisa pícara, con su mano levantada y oscilante, despidiéndose; le encantaba hacerlo enojar. En eso cada uno fue hacer su trabajo.
Mientras tanto el festival seguía su curso, diversos tipos de actividades se podían apreciar con un pequeño paseo, parecía como si todos los residentes estuvieran haciendo algo, mientras que los que paseaban eran netamente turistas, aunque había más de un puesto o tienda dirigida por algún ser extraño.
Según el folleto, había horarios, no solo para algunas actividades programadas, sino para los distintos tipos de negocios; más allá de los servicios básicos que estaban abiertos siempre. Los clasificados como aptos para todo público estarían disponible desde la mañana hasta la noche, una vez se oscureciera se podían abrir los lugares con un público objetivo más adulto, así que cuando el sol comenzaba a bajar unos letreros luminosos se encendían mientras otros cerraban. Pero había un tercer horario, uno aún más restringido, más aún no era algo que Vendetto debiera preocuparse, porque lo que había encontrado estaba solo restringido para el horario nocturno normal.
—Ese maldito realmente no ha cambiado —refunfuñó de mal humor—, espero que estés aquí desgraciado.
En frente del Karaoke BlancBlack se encontraba Vendetto, que después de haber disfrutado pasear por el sitio, una vez que el cielo se comenzó a teñir de rojo, no pudo evitar fijarse en un llamativo letrero. Al verlo, se acordó de lo que había pasado en la mañana, así que despidiéndose de sus colegas decidió ir.
Que ese idiota le sugiriera un lugar de encuentro sin decirlo textualmente, y haberlo encontrado de igual forma le daba una buena señal, lo tranquilizaba un poco, aunque se viera y comportara totalmente diferente, es difícil cambiar por completo a alguien, y esto lo demostraba. El verlo trabajando en algo tan banal como barrer la mugre de otros era algo que jamás pensó que vería en él, sí, él era un perro que le movía la cola a su amo como una mascota, pero algo así no pensó verlo ni en mil años.
Entre más miraba ese sitio, en donde debería estar quien le respondería sus dudas, lo colocaba nervioso, y hacía una tormenta en su cabeza. Él no hubiera hecho lo que Vendetto hizo, por eso debía ir y abrir esa puerta, aun cuando el temor de encontrarse con alguien totalmente diferente lo asustaba, y todo fuera una locura, tenía que ir, en cierta forma sentía que se lo debía.
Al entrar lo primero que vio fue a dos demonios, uno parecía ser el recepcionista, estaba en el mesón y el otro era un sujeto bien vestido, con una camisa blanca, unos pantalones grises bien cuidados, con guantes y zapatos negros. Ambos conversaban, al verlos se paralizó un poco "y este, ¿qué hace vestido así?", se preguntaba para sus adentros.
En cuanto se cerró la puerta detrás de él, los otros notaron su presencia; aquel al que buscaba levantó la mano saludándolo, mientras que el recepcionista simplemente inclinó levemente la cabeza como cortesía.
—Llegaste antes de lo que pensé —dijo Alfem dirigiéndose a Vendetto—, ya me estaba haciendo la idea de tener que esperarte aquí hasta media noche.
—Sí que tienes tiempo libre, ¿eh? Aún no se ha oscurecido y hasta ya estás vestido —contestó con una sonrisa sínica en su rostro—, y yo creyendo que te habías convertido en un maldito responsable.
—Bueno, ¿acaso no le puedo dar algo de tiempo a un viejo compañero? —respondió caminando hacia él, quedando frente a frente— A uno que ni se molestó en mostrar siquiera señales de vida, ¿no lo crees maldito infeliz?
—Parece que la lengua de cierta perra se ha agudizado, ¿no es así, bitch?
Ambos tenían caras de confiados, en caso de que hubiera empezado una pelea, cada uno estaría seguro de su éxito, cosa que no era buena, durante el hostil intercambio de miradas, quien estaba en el mesón tosió de forma poco simulada, para llamar la atención de los dos sujetos.
—Estimados clientes —interrumpió el demonio del mesón— pueden ocupar la última sala de karaoke, de vez en cuando la mesera les llevará cosas para que puedan comer. Aunque el señor Alfem está al tanto, debo reiterar que las peleas en este sitio están prohibidas, si quieren arreglar una antigua riña supongo que hay un evento fuera del pueblo para eso.
—¡Oh! Perdón amigo —se disculpó Alfem despreocupadamente—, iremos a la sala de inmediato, no te causaremos más problemas. Por cierto: ¿Llevaste las papas y las bebidas?
—La sala está totalmente preparada como pidió —dijo el recepcionista, mientras Alf le asintió con la cabeza.
Con una señal de la mano Alfem le indicó a Vendetto donde debían ir, así que sin mucha prisa caminaron hasta el sitio, era una habitación pequeña, pero apta para divertirse cantando con amigos.
—Así que dime Alfem: ¿Qué clase de nombre es ese? —inició el rubio la conversación.
—¿Me molestarás a mí por eso? Dime tú, ¿Vendetto? ¿Es para conmemorar tu mala cara o algo así? —insinuó devolviéndole la misma mala intención de burlarse de su nombre— Al menos el mío tiene algo que ver con primero, no como el tuyo, pero este nuevo nombre te viene mejor. Jeje.
—Definitivamente, te has vuelto más contestador que antes, ¿Qué pasó con ese chico que solo asentía cada vez que lo molestaba?
—Está muerto y enterrado —respondió Alfem, de forma fría y cortante, sin la menor intención de querer seguir con esa conversación.
—Vamos colega, aún te veo respirando.
Vendetto tenía razón, no importa que tanto no quisiera recordar, él era Emalf, el débil que fue derrotado por unas niñas al invadir este mundo, no una, sino, varias veces; el idiota, que fue engañado y sometido a un gran dolor, para ayudar a recuperar la fuerza de su antiguo señor, por los caprichos de una chiquilla; el cobarde, el que era incapaz de enfrentar a aquello que le causó tal dolor, y terminar con la tortura de vivir cada día con los recuerdos de aquellos que; aunque temía; le era imposible odiar, o eso era lo que creía. No importa donde corriera, le era imposible huir, y que esta persona estuviera hablando con él ahora mismo era la prueba.
—¿Qué has hecho todo este tiempo? —dijo sin ninguna pizca de esconder que quería cambiar el tema.
—Fuck dammit man, no tienes ninguna intención de hablar. ¿Eh? —replicó un poco fastidiado— Ahhhh… —gritaba en voz baja mientras se agarraba su cabeza y despeinaba su cabello— Cómo dijo Ver esta mañana, trabajo como mercenario, por lo cual he visto muchos lugares desde que me fui.
—¿Ver? ¿Era una de las demonios que estaban junto a ti? Parecía muy educada y simpática, más que tú —rio burlándose de su compañero—, despreciable, mal agradecido, una llamada no te hubiera matado.
—¡Oye! Si hubiera llamado, no habrías parado de insistir en que volviera, eso sería muy molesto —replicó en respuesta—. Pero sí, aunque no me guste admitirlo, Ver tiene mejor carácter que yo. Hasta es amiga de una Bruja.
—Amiga de una bruja, eso sí es raro.
—Sí, la bruja de un mar, la conocí cuando tuvimos que ir a invadir su reino por un trabajo —dijo mientras sonreía.
—¡¿Atacaste el hogar de su amiga?! —exclamó de forma exagerada— Vamos amigo, sé que somos demonios despreciables, pero ¿no crees que eso es pasarse?
—¡Atacamos! Ver también es parte del equipo. Trabajo es trabajo después de todo, tenemos nuestros principios como profesionales, no importa si son familia o amigos, un contrato debe cumplirse —desvió un poco la mirada—. Además, está de más decir que ella nos pateó el trasero.
—¡Vaya! ¡Debe ser muy poderosa! —dijo impresionado por el hecho que una bruja pudiera con tres demonios, ese hecho lo dejó asombrado.
—Ella y sus familiares —aclaró—, no tuvimos oportunidad, pero claro, no íbamos a demostrarlo, cuando perdimos, solo dijimos que la misión era ganar tiempo, uno nunca debe mostrar debilidad. ¹
—Jajaja no te puedo culpar, yo hice lo mismo —rio recordando cuando invadió este mundo— también me hice el cool cuando me hicieron papilla, ja, ja, ja.
—Aunque al final le terminamos ayudando —continúo la historia—, cuando nuestro contratista ordenó la retirada, todo ese mar se volvió rojo y un montón de horribles criaturas aparecieron, eran cientos, miles; tuvimos que eliminarlas, al final tuvimos un montón de diversión.
—¡Eso suena muy entretenido! —dijo Alfem muy emocionado, solo imaginar eso lo llenaba de energía—. También me alegro de que las cosas terminaran bien para Ver y su amiga.
—Si… todo al final terminó bien… —dijo haciendo una pausa, respiró profundo y exhaló— ¿Por lo menos me contarás por qué usas esos ridículos lentes? Ni siquiera puedo ver tus ojos. ¿Qué pasa con ellos?
—¡OYE! No son ridículos. ¡Retráctate! —exigió exaltado— Es un regalo de mi señora Etihw, ella misma los creó, así que retráctate.
—Como si el hecho que esos feos lentes fueron creados por un dios, vaya a convencerme de que no son horribles —dijo Vendetto sin la menor intención de cambiar de parecer, agitando su mano—. Sé que no te gusta mostrar tus ojos, pero te veías mejor con los lentes de sol. ¿Tienes problemas a la vista?
La cara de Alfem se volvió seria, no pudo evitar cortar el contacto visual, el tema de esos lentes no era algo que Vendetto se pudiera imaginar.
—No… no tengo problemas a la vista… pero me ayuda a ver las cosas de otra manera.
—Eso es muy confuso —lo miró extrañado— si no te explicas bien, no te entenderé.
—Sabes, nadie sabe cómo terminé llegando aquí —dijo con desánimo, viendo sus manos que estaban apoyadas en sus piernas—. Me contaron que solo me encontraron inconsciente, muriéndome en el jardín que hay en una colina no muy lejos de aquí.
—¿Y eso que tiene que ver? —respondió mientras se llevaba una papa a la boca, sin entender la corriente de esta conversación.
—Dicen que cuando desperté, no dejaba de gritar y de moverme erráticamente en la cama donde me dejaron… Tuvieron que hacerme dormir a la fuerza muchas veces… Realmente no tengo recuerdos de mis primeros días aquí…
Vendetto terminó tragando aquella papa, y comenzó a guardar silencio, se dio cuenta de que todo esto no era tan simple, y que necesitaba escuchar con atención lo que Emalf le contaba.
—Decían que era un caos tratar de cuidarme… —dijo mirando hacia arriba, sumergiéndose más en sus recuerdos— No me puedo imaginar todo el trabajo que debió ser… Una vez que comencé a estar consciente, pude percatarme de una muy cansada señorita Froze, aun así, ella era muy amable conmigo. Realmente me ha cuidado mucho, aun cuando me daban esos ataques.
—¿Ataques? —susurró mientras lo miraba fijamente, y acomodaba su postura.
—Cuando ya podía hablar… trataron de saber por qué estaba ahí. Si no recuerdo mal, estaban ahí mi señora Etihw, mi señor Kcalb, el ángel jefe, y la señorita Froze; ellos sabían quién era, hasta sabían mi nombre, pero en el momento en que lo mencionaron… —dijo y su mirada se oscureció— Todo se volvió negro, no podía oírlo, les pregunté varias veces que habían dicho, pero cada vez que lo repetían… no podía oír nada… Jaja, ahora que lo pienso, realmente debí haberlos artado; 'Te pregunté: ¿Qué planeas al llegar aquí, hijo de puta?', me terminó gritando mi señor, ja, ja, y él había sido el más callado en esa ocasión, o ¿había sido Wodahs…? Bueno, eso no es importante. La cosa es que… solo que… no sé qué tan exasperante debe ser alguien que queda como tonto cuando escucha su propio nombre… ¿No lo crees…? Imagínate cuando comenzaron a describir cosas de mí, fue una locura. ¡Sentía que mi mente iba a estallar! Y ahora que lo pienso… creo que hubo un tiempo en que ni podía ver lentes oscuros…
Hubo una pausa, y solo la respiración de ambos se escuchaba en la pequeña habitación del karaoke. El ambiente estaba tan tenso, que las mínimas acciones de beber y volver el vaso a la mesa, que hizo Alf, hicieron eco en el lugar.
—Como te puedes imaginar… no me creyeron, en un principio pensaban que los estaba pasando por tontos, por eso, y ahora sí, mi señor Kcalb perdió la paciencia, me agarró del cuello de la ramera que tenía puesta y me comenzó a gritar; '¿A qué viniste aquí?', '¿planearon enviarte en este estado para que bajáramos la guardia?', y cosas así, no lo recuerdo exactamente… Lo que sí sé, es que entre tanto me repitió y me insistió con que quería saber la razón del por qué estaba ahí, que… aparentemente… mi mente se rompió… —dijo mientras se acomodaba, e hizo una mueca con su boca, levantando las cejas— Dicen que comencé a gritar como un loco… supongo que ahí ya puedo empezar…
Alfem, volvió a beber un trago.
—Espera, me estás diciendo que… —murmuró Vendetto mientras este se llevó su mano a la boca, esto le era difícil de digerir.
—Yo rechazaba todo lo relacionado con mi venida a este lugar, junto con el hecho de quien era, y aún más con el tema de dónde venía. Según me explicaron, mi mente suprimió todo lo relacionado con mi identidad, ya que fue la forma más rápida que encontró mi cabeza para suprimir el trauma, o algo así. Supongo que si no sabía quién era, tampoco sabría lo que me pasó —dijo acomodándose, y guardando un segundo de silencio, llevándose una de sus manos a su mentón—. De ahí viene el nombre Alfem, al parecer no podía quedarme como un don nadie, y terminé dándome un nombre.
—Aguarda un momento… —dijo levantando las manos mostrando la palma en signo pare— ¿Esto que tiene que ver con los lentes?
Vendetto estaba desconcertado, a este punto quería un respiro.
—Mucho, verás… —tomó uno de sus guantes y se lo sacó dejando al descubierto su mano— ¿Cómo ves mi mano?
Mirándolo con incredulidad en su mirada, zigzagueante entre el rostro de Emalf y su mano.
—¿Roja? Y… ¿Llena de cicatrices? —dijo Vendetto dudando por la pregunta, pero absorto por las heridas que mostraba.
—Así es, la vez recubierta con nuestra piel escamosa, pero no la veo así, yo la veo como una mano diferente, como una mano normal —diciendo esto se volvió a colocar el guante.
—¿Esos lamentables lentes te cambian como ves tus manos? —dijo Vendetto, pensando para sus adentros que lo que le estaba diciendo era ridículo.
—¡Te he dicho que dejes de insultarlos! —reprochó— Bueno, eso y todo indicio que mostrara que era un demonio de llama junto con algunas cicatrices —dijo mientras le indicaba sus orejas rasgadas, donde antiguamente tenía aros—. Verás, una vez que… me rompí… cada vez que veía mis manos… me arrancaba las escamas de los brazos. La señorita Froze, me dijo, que tal vez era una especie de intento de borrar todo signo de pertenencia relacionado con mi origen. ¿Te puedes imaginar que mi yo, en ese tiempo, se había inventado, que era creación de mi señora? Así que debió suponer que como no era un demonio de la flama, eso no era su piel. Muy loco. ¿No…?
Vendetto se quedó congelado, con una papa a medio viaje.
—De todas formas, eso no es todo… —suspiró y volvió a beber— Una vez casi me arranco los ojos al verme en un espejo. Por eso mi señora Etihw me hizo estos lentes, para evitar que me hiciera daño, aunque ahora los sigo usando por costumbre.
Vendetto, se comió su papa, bebió un trago de la bebida que no había tocado, y se relajó. Alf, por su lado, volvió o llenar su vaso.
—Realmente estás hecho un desastre. ¿Cuánto tiempo estuviste así?
—Déjame pensar… dos años… o ¿fueron tres…? —dijo, tratando de contar con los dedos— Si pienso… pronto sería mi aniversario… mmm… ¡Qué más da! La cosa es que no fue mucho.
—¡¿Cómo mierda pudiste vivir así por tanto tiempo?!
—Supongo que fue porque todos eran muy buenos conmigo. Por lo que me cuentan y también por lo que me acuerdo, era como un niño inocente en el cuerpo de un adulto. Supongo que mucha gente se apiadó de mí por eso, pocas veces alguien me trató mal, pero ahora que lo pienso… No recuerdo muy bien cuando me comencé a estabilizar… Digo, recuerdo el susto que me dio el darme cuenta de quien era… Supongo que la mentira no aguanto más(?), bueno, eso no importa. Aún me acuerdo lo paranoico que estaba cuando recordé que era Emalf, pensé que me matarían… Pero lo peor fue cuando… terminé recordando lo que sucedió… Eso fue… Pero lo bueno, es que no me echaron. No quería que me echaran por lo que hice en la invasión, eso había sido algo muy malo, pero… ¿sabes? Aquí… Aquí aun cuando me comportaba como un idiota… me… me sentí querido… Me sentía… reconfortado…
La voz de Alf se había quebrado por un segundo, y de inmediato se secó una pequeña lágrima que se asomaba por uno de sus ojos. Tenía que calmarse, eso ya había pasado, así que, le volvió a dar un trago a su licor.
—¿Con esa actitud te haces llamar un demonio? —dijo recriminando su actitud como si fuese vergonzosa— Eres deplorable, parece que vivir aquí te ha hecho mal, espero que no sea contagioso.
—¡¿Te estoy contando algo superdelicado y eso es lo único que se te ocurre decir?!
—¿Qué? ¿Esperabas un abrazo de consuelo o algo así?
—No lo puedo creer… Ah… Y no te preocupes, que ni de coña, un desgraciado como tú, va a cambiar solo por estar un tiempo aquí… Maldito descerebrado… Sabía que no debía venir…
—Oh, vamos broh, no te coloques así.
—¿Tomaste en consideración que prácticamente volví a nacer aquí! ¡Pedazo de estúpido! —dijo Alfem rojo de enojo, pero se llevó ambas manos a la cara, respiró profundamente, y exhaló lentamente— Solo piensa que, como me comporté como un niño bobo por tanto tiempo, me quedaron secuelas o algo así… tal vez de este modo lo puedas entender mejor… imbécil.
Con Alfem más calmado, sirviéndose licor, Vendetto vuelve a atacar las papas con confianza, realmente, la presión que sentía fue tal que su mente solo hizo corto circuito, así que comenzó a actuar por instinto.
—Pero hay algo que no entiendo. ¿Qué te pasó? —preguntó Vendetto— Conociéndote, tú no te perderías de esta forma, ni, aunque te torturaran —dijo con seguridad.
—Verás… Al parecer no hay cosa que el tiempo no pueda romper, sí sé es lo suficientemente constante. Escuché que, hasta unas gotas de agua, pueden llegar a perforar una roca.
—Ahhhhh… —gritaba agarrándose la cabeza y despeinándose— ¡No lo entiendo! Por un infierno; ¡¿qué fue lo que te pasó?!
Alfem lo miró, y se terminó de beber todo su trago de un sorbo, dejando de forma pesada el vaso en la mesa.
—Esa será una historia larga… ¿Pedimos más cosas para comer?
Alfem apuntó a la puerta y se levantó acercándose a ella.
—¿Quieres algo en específico o solo el combo especial? Yo invito —continuó Alf.
—… Sí tú invitas… Pide más tragos, con una botella no me basta y más papas y esta cosa del menú —dijo alegremente por la comida gratis, pero por dentro nervioso por todo lo que se venía.
—Quédate aquí, le avisaré a la camarera. Prepara unas canciones para matar el tiempo antes que llegue el pedido. Me quiero relajar antes de esto, será largo.
En eso salió de la sala y cerró la puerta, mientras Vendetto miraba un teléfono que estaba en una pared de la sala.
¹ Esto fue escrito antes de la llegada de Wadanohara and the Great Blue Sea -Reboot- (大海原と大海原 -Reboot-), así que aquí me refiero a la experiencia de juego en su primera versión, donde personalmente lo percibo como un juego fácil. En este momento agradezco que esto sea un Fanfic de Wadanohara.
