Desatar

La primera noche, que fue iluminada por una hermosa luna llena, llegó a su fin con la revelación de las primeras centellas del astro rey, indicando el nuevo amanecer. Los negocios nocturnos, que hace mucho habían cerrado sus puertas, que dan atrás para dejar libre a sus hermanos que abren sus cortinas en las aún oscuras mañanas.

Todos los madrugadores se veían muy animados, aunque en un comienzo, la reacción de los habitantes ante la idea de traer seres de otro mundo fue mixta. Esto comenzó a cambiar una vez que algunos comenzaron a alentar a los demás con ideas esperanzadoras, como ampliar sus horizontes al conocer gente nueva, encontrar su propósito en la vida, o conocer otras formas de libertad, la oposición se convirtió en un radiante optimismo.

Entre aquellos animados, y optimistas estaba la encargada de la tienda más colorida de todas, y la más vivaz de todo el pueblo. La chispa de vida que no solo se apreciaba en sus llamativos estantes y vitrinas, sino con los diversos y ricos olores, solo podía ser igualada por la personalidad radiante de aquella que salió de la puerta en ese mismo instante.

La campanilla sonó, mientras de aquella florería salía una jubilosa demonio de pelo verde, mientras tarareaba felizmente una pegajosa melodía. Ella estaba terminando de abrir aquel lugar, que le costó mucho poder establecer, porque después de un largo viaje a través de distintos lugares, pudo conseguir la sabiduría que tanto necesitaba para dirigir y organizar su sueño.

Ella era la misma que hace un día había saludado efusivamente a Froze. También era ella la que le gustaba jugarle bromas casuales a su diablo con la ayuda de su dios, y la líder del grupo de niñas que lucharon incansablemente para derrocar a Ivlis, ella era…

—¡Así es! ¡Esa soy yo! ¡Yosafire a su servicio! —dijo con mucho entusiasmo, girando en su propio eje. Estaba tan enérgica que iluminaba su entorno—. ¡Te doy la bienvenida! ¡Aquí encontrarás todo tipo de flores para regalar, para decorar o plantar! Estoy muy feliz de por fin tener mi propio negocio, después de terminar los estudios no sabía qué hacer, fue muy complicado, pero con la ayuda de mis amigas pude encontrar mi verdadera vocación, ¡criar y cuidar plantas es lo mejor! He aprendido mucho en todo este tiempo, al viajar por muchos sitios pude conocer distintas flores que no crecen aquí de forma natural, y aprender a cultivarlas aquí para que las puedas comprar. ¡Así que no seas tímido! Dime que es lo que deseas, ¡yo te ayudaré!

Yosafire dice todo eso al aire, sin nadie a su alrededor, sería bastante fácil señalar eso como un comportamiento poco adecuado. Es de buena fortuna que aun fuera muy temprano para que hubiese turistas caminando por su alrededor, y que nadie la tildara de loca.

—¡Oye! ¡No me ignores! —gritó, mirándonos con un puchero. Me gustaría decir que es una broma, pero no sé cómo lo hace—. Acaso… ¿No sabes qué flores quieres? Si ese es el problema, no tienes que preocuparte, ¡para eso estoy aquí! ¡Ven, acércate, y que nunca más tengas ese dilema! Solo déjame enseñarte el magnífico y ¡hermoso lenguaje de las flores!

Nada de lo que dice tiene ni el más mínimo sentido. Será que, la nula presencia de clientes en el primer día, haciéndola esperar afuera de su tienda a todo sol hasta que tuvo que cerrar, junto con casi no poder hablar con Froze o cualquier otra amiga, ¿le está pasando la cuenta? Dicen que la locura puede manifestarse de muchas formas.

—Con este lenguaje puedes regalar las flores correctas para la persona correcta —continuó con su charla sin perdernos de vista—. ¡Así que quédate atento y olvida la sosa historia principal! ¡Olvídate de ella y aprende sobre el lenguaje de las flores! Primero, la rosa; esta significa amor, pero dependiendo de su color y las combinaciones, ese significado puede cambiar; tomemos por ejemplo una rosa blanca que significa…

Continuó hablando sobre los distintos tipos de flores y sus significados. Estaba muy emocionada, tomaba una y otra flor mientras mencionaba lo que quiere decir al enviar y recibir una de estas…

—¡Espera un momento! ¡Te estás saltando toda mi explicación! —grita sin darse cuenta de que solo perderíamos el tiempo si se escribe todo lo que dijo—. ¡Oye! ¡¿Cómo puedes llamar a la hermosa lengua de las flores una pérdida de tiempo?! ¡Tú realmente eres un…!

… Ella solo siguió quejándose, aún no se da cuenta de que ya no es el personaje principal y no puede hacer lo que se le venga en gana…

—¡Eso ya lo sé! —exclamó haciendo un puchero—. ¡Ya no soy una niña! Es solo que… si Froze apareciera más en escena, como la protagonista que es, no me estaría quejando —dijo orgullosa, como si unas pequeñas estrellas estuvieran iluminando su rostro, ignorando el hecho que ese puesto le pertenece a otro y no a su amada—. ¡Froze sí es la protagonista! ¡Ella es la protagonista de mi corazón!

—Ejem —Una tos se escucha, cortando la curiosa escena, poniéndole fin a este diálogo sin sentido—. Perdone, señorita, ¿con quién habla?

Yosafire quedo pálida, más pálida de lo que ya es, quedando sus ojos como platos al notar al extraño que la miraba de forma incómoda. Era un turista, eso solo podía significar una sola cosa…

—Un cliente… —susurró Yosafire para sí misma.

La incomodidad del extraño se le notaba tanto en sus orejas como en su cola de características felinas. Yosafire trato de adivinar de qué mundo podría provenir, pero aun con la extravagante ropa del sujeto, los nervios no la dejaban pensar, pero nada importaba, debía actuar rápido, e incluso sí la vio en su peor momento, debía captarlo.

—¡Oh! Perdone usted, no sé preocupe, solo recordaba unas líneas para una obra que quiero hacer con unas amigas, no es nada raro… no es que estuviera hablando sola… ¿Desea algo? —dijo mientras recuperaba la compostura, y se acomodaba sus ropas.

—No, nada en especial —dijo el hombre gato mientras fingía una sonrisa, y comenzaba a admirar su alrededor con sus profundos ojos verdes—. Solo pasaba por aquí, y usted captó mi atención. Puedo observar que tiene una tienda muy acogedora.

—Muchas gracias, tiene un excelente ojo. Un gusto, me llamo Yosafire, cuidadora, vendedora y administradora de esta bella florería —dijo mientras resaltaba con sus manos los hermosos estantes, con un temple como si nunca hubiera sido atrapada en tan vergonzosa escena—. ¿Desea pasar? Puede que encuentre algo para esa persona especial.

—Oh… persona especial…

El turista se quedó pensativo por unos cortos segundos. Había salido para ver que tenía que ofrecer este mundo que tanto había escuchado hablar, así que aquella oferta no se interponía con su propósito, es más, si tenía suerte, tal vez le sería útil.

—Sí, me encantaría ver sus preciosas más de cerca —asintió levemente, haciendo que su melena roja se moviera sin despeinarse.

Yosafire abrió la puerta en un parpadeo, fue a tal velocidad que no se pudo notar sus movimientos. Solo se vio a Yosaf en la puerta con una pequeña reverencia, acompañada del sonido de una campanita, que era el último vestigio que demostraba que esa puerta estuvo cerrada.

El hombre quedo atónito, no sabía cómo reaccionar. No sabía sí sentir miedo por el comportamiento enajenado de la extraña vendedora, o asombrado por su velocidad. Aun así, sacudió un poco su cabeza, volvió a sonreír, y entro al lugar.

Al atravesar por el lumbral se sintió abrumado, aquella tienda… no, ese… invernadero ordenado como tienda lo recibió con un más colores y olores de los que se veían desde afuera. No solo eso, era más alto, más ancho, un hechizo de espacio; se preguntaba si los otros locales también lo utilizarían, pues parecía un excelente uso.

—Como puede ver, tengo para ofrecer una gran diversidad de plantas y flores —dijo hinchando el pecho—, por lo cual el ramo o arreglo floral solo se limitará por su imaginación y amor, ya que nunca es suficiente para esa persona tan apreciada. También, como puede ver, puede elegir una de todas las macetas, a algunas personas lo prefieren así.

—Si no estuviera aquí… realmente pensaría que estaría exagerando, o al menos, me imaginaría algo grande, pero más… ¿pequeño? —dijo mientras miraba a todas las direcciones, sin poder fijar la mirada en una cosa—. Lo que más me sorprende es el orden de este lugar, parece salvaje, pero sí uno lo observa con detenimiento, está todo clasificado.

—¡Oh! ¡Señor cliente, pudo notarlo! Realmente me siento honrada por sus palabras.

—Pues claro, este lugar es digno de elogios, me sorprende que… —En ese momento, sus ojos se toparon con un pequeño arbusto en medio de un mar de flores— Aunque supongo que sí estás sola, hay detalles los cuales pasaras por alto.

—¿A qué se refiere? —dijo mientras buscaba lo que él observaba, y entonces lo vio—. ¡¿Qué haces aquí pequeña?! Tú deberías estar atrás, no aquí. Aunque seas un arbusto floral como tus compañeras, tu momento aún no ha llegado.

—Supongo que hasta a los más dedicados se les pasa algo por alto.

—Je, je, je. Gracias, ahora tú, arriba —dijo mientras levantaba la maceta de tamaño medio sin problemas—. Debes creer y florecer fuerte como la Adelfa que eres.

Las orejas del gato se levantaron con presura.

—¿Cuál tipo de planta dijo que es?

—¿Ah? —expresó confundida Yosaf, mientras se giraba a su dirección—. Es una adelfa. ¿Le interesa? Un arbusto de otro mundo, la cual es muy linda y tiene usos medicinales.

—De hecho, la conozco… ¿Cuánto cuesta?

—¿Disculpe?

La cara de Yosafire quedo atónita, no solo por el hecho que sería su primera venta, sino también, porque su primera planta sería una que no debía estar en exposición.

—Que, ¿cuánto cuesta? De paso, ¿tendrá Dieffenbachia, Cicuta o Ricino?

—Eh… ¡Eh! ¡Sí! Sí, tengo todas ellas, ¿las quiere ver? —"Qué peculiar elección", pensó Yosaf con una mirada extrañada, pero no le dio muchas vueltas al asunto—. Por aquí, por favor.

—Gracias.

—Sabe, no tengo mucha Adelfa, y esta es joven, tal vez se demore en florecer, así que, ¿no quiere otra?

—No, joven es perfecta, a My lady le va a encantar.

—¿Lady? —rio juguetonamente Yosaf, con unos ojos cómplices de por medio— Qué manera más linda para llamar a tu novia.

—¡¿No-Novia?! —La picardía de la vendedora lo tomo por sorpresa, parece que juntarse tanto con Ethiw ha dado unos frutos un tanto extraños—. ¡¿My lady?! ¡¿Yo?! N-No… S-Se equivoca…

—Vaya, aunque por lo ruborizado que está el señor cliente, pareciera que lo quisiera. Juju.

El hombre gato, se paralizó, haciendo sonar sus tacones por la fuerte pisada que hizo al detenerse, para después suspirar, recordando que aquello es un sueño que jamás se hará realidad.

—Mi relación con My lady es más bien profesional. Ella es una bruja, y yo su familiar. A ella es a quien le debo todo, además es atrevida, inteligente, y determinada. Le ayudaré en todo en lo que pueda, incluso si mi vida está de por medio.

Su temple era solemne, tanto que cautivo a Yosafire que lo miró con ternura. Aunque de pronto cayó en algo.

—¿¡El familiar de una bruja?! Cuando fui a su país, aún era muy joven y me echaron a patadas, por lo cual no pude conocer a muchas. Tal vez la conozco de algún lugar, soy amiga de un par, ¡dime cómo se llama!

—Oh… No… No creo que… que la conozca —sonrió amablemente.

—¡Vamos, señor cliente! —exclamó Yosafire, acercándose con emoción, olvidado todo protocolo.

—¡Ya dije que no! —La alejo con brusquedad—. Discúlpeme, pero tengo prisa, y debo ver más lugares, como por ejemplo algún lugar para poder llevarle comida a My lady. Este es el primer local que visito, y me estoy dando cuenta que ya he pasado mucho tiempo aquí.

—Oh… No, usted perdóneme a mí. Me dejé llevar, pero si lo desea, le puedo sugerir un buen sitio para comida para llevar. No es un almuerzo, pero es un excelente postre o bocadillo.

—Por favor, me sacaría de un apuro.

—En cuanto salga de aquí y pase por el sector de alimentos, busque el puesto de Dialo. Sé que le va a encantar.

En otra parte del pueblo, un pequeño estornudo se hizo notar.

—Parece que no debo quedarme cocinando hasta la madrugada otra vez —dijo una voz estoica femenina, cuya dueña se limpiaba la nariz con un pañuelo.

—O tal vez alguien está hablando de ti y tus magníficas tartas, Dialo —dijo una mujer de pelo castaño, un ángel con el uniforme de los encargados del aseo.

—¿Eso crees, Macarona?

—Por supuesto. ¿No opinas lo mismo, Chelan?

— ~ —asintió una adorable chica de pelo rubio susurrando, su tenue voz parecía una campanita. Sus ojos reflejaban la sonrisa que tenía, ya que ella estaba convencida de que nadie podría cocinar mejor que Dialo.

El grupo de chicas tenía una amena conversación, mientras organizaban unas bandejas con cajas que contenían tartas cocinadas por Dialo, la demonio de pelo rojo y cuernos negros. Aunque, no lo hizo todo sola, su mejor amiga, Chelan, el querubín rubio, que flotaba junto a ellas, ayudó con esa tarea.

—Ves, Chelan piensa igual que yo, hasta Alf debería pensar lo mismo. ¿Cierto Alf…? ¿Alf?

El demonio guía de los encargados del aseo y ornato, Alfem, se le veía perdido en las nubes que se reflejaban en sus lentes. Estaba ahí, parado con la mirada en alto, mientras sostenía unas bandejas, perdido en sentimientos melancólicos mezclados con su realidad actual.

—¡Alfem! ¡Despierta hombre!

Los gritos de Macarona lo hicieron sobresaltarse, despertándolo de su trance.

—Alf, ¿estás bien? Hoy en la charla matutina te veías muy distraído.

Macarona era una ángel dulce y alegre, y también la miembro más fuerte del grupo de las cuatro niñas que lucharon para defender el jardín gris. Normalmente, la verías en la escuela, junto a sus alumnos en las clases de educación física, pero está vez decidió ayudar a su amigo y al grupo del aseo. Lamentaba no poder participar con los niños en las actividades planeadas para el festival, pero dejarle todo el trabajo de manejar a esos problemáticos designados a este trabajo, solo para Alfem, sería demasiado.

Ayer Alfem se veía bien, le preocupaba ver que estuviera tan disperso, esas cosas nunca eran una buena señal.

—Lo lamento Maca, solo me distraje un poco.

—Solo tiene sueño —interrumpió Dialo—, no ha dormido nada desde ayer.

—¡¿Eh?! ¡¿Cómo lo sabes?!

—Me gustaría decir que es algo fácil de deducir, pero… —pausó levemente mientras se estiraba al recoger una bandeja— hoy en la madrugada, cuando fui por unas cajas de manzanas, te vi arrastrando a alguien desde el karaoke.

—¿A-Arrastrabas a alguien en la madrugada? —exclamó Macarona con una cara blanca de horror—. Alf, se sinceró conmigo, ¿mataste a alguien? No puedes hacer ese tipo de cosas, en especial el primer día. Si tenías un problema con alguien pudiste pedir ayuda, espero que no hayas escondido el cuerpo y al menos lo hayas entregado… a tú ya sabes quienes.

—¡¿Y a ti que te pasa?! ¿Qué clase de imagen tienes de mí? ¡No es lo que te imaginas! —exclamó en su defensa, muy ofendido por la situación—. No he matado a nadie, al menos no por el momento. Ese infeliz debe estar vivo, tal vez en pésimo estado, pero vivo. Además, no es mi culpa, él es bastante grande para saber lo que hace.

—No creo que esa explicación sea suficiente —dijo Dialo con una mirada acusadora, apoyada por Chelan que afirmaba a su lado.

—¿Cómo es eso que aún DEBE estar con vida? —dijo Macarona, mirándolo fijamente, inclinando su torso hacia él. Su mirada acusadora lo hacía sudar.

—¡Ya! ¡Deténganse! ¡No es lo que piensan!

—¡Explícate señor! —exigió Macarona.

Un suspiro pesado fue exhalado por Alfem, cansado de ser acusado falsamente.

—Verán… ayer…

Alfem, les explicó cómo se encontró con Vendetto, quien era él, y como lo terminó arrastrando a su hospedaje a altas horas de la noche.

—En otras palabras, te fuiste de copas el primer día de un evento de gran magnitud, en donde tú cumples un papel de liderazgo. Eso no creo que haya sido muy responsable de tu parte— reprochó Dialo.

—Al menos nadie salió herido —dijo Macarona.

—¿No crees que decir eso es un poco negligente de tu parte? Tu misma has dicho que ha estado raro toda la mañana. No importa a quien haya visto, él debe responsabilizarse por sus acciones.

—¿ ━...?

Mientras Dialo los regañaba, Chelan se acercó a Alfem, y le posó su mano en la frente, dijo algo, pero no era fácilmente audible.

—¿Eh?

Alfem como Macarona, no sabían lo que pasaba.

—Preguntó sí Alfem se sentía bien —aclaró Dialo.

—¡ ╾…! —asintió dulcemente la querubín, con su casi inaudible voz.

—Entiendo tu preocupación, Chelan, si su conocido termino así, no sé cómo él está como sí nada.

—Lamento preocuparte Chelan, estoy bien, en serio, soy resistente al alcohol… Ah… qué problema, y ni siquiera quería ir, solo me he sentido peor desde que conversé con él… Como desearía que fuera por todo lo que tomé…

—Supongo que Froze te dijo que fueras —dijo Macarona con preocupación, y una cara angustiosa.

—Dijo que era una buena oportunidad para enfrentar mis… problemas… de forma no tan… invasiva. También me amenazó con su mirada cuando insinué en dejarlo plantado… Lo entiendo, de hecho, en su momento fue hasta un poco divertido… pero… —dijo mientras acariciaba su hombro, curvando un poco su cuerpo— mejor hubiera recibido cuál fuera el castigo que ella pensaba darme.

Un pequeño y tenso silencio se posó en ellos, hasta que Chelan lo abrazó.

Alfem se quedó pasmado, nunca… nunca había recibido este tipo de demostración de aprecio y preocupación.

¿Realmente estás bien? —susurró Chelan, lo suficientemente cerca para que él la escuchara.

Aunque el abrazo fue corto, ella aún conservaba una distancia cercana, y sus ojos demostraban su gran preocupación.

—¿Eh? Yo… Ah… —suspiró, un poco cansado de sentirse agobiado— ¡Estoy bien! ¡Mírame, estoy fresco como una lechuga! No como el idiota que dejé en el hostal. Ja, ja, ja.

—Eres un imbécil —dijo Macarona—. Al menos procura que no se repita, y… si no te sientes bien, me puedes llamar, no te lo guardes todo para ti solo, Froze no es la única que te puede ayudar.

—Sí… lo entiendo, perdón.

—No quiero una disculpa.

—Gracias, Maca… Gracias, Chelan y Dialo.

—No te preocupes, solo procura que las tartas no se golpeen mucho al moverte, debo entregarlas a los que pidieron colaciones en sus puestos —dijo Dialo.

—¿No dejarás mucho tiempo solo el puesto?

—No te preocupes, eso no es problema, además, por algo les pedí su ayuda, nos vamos a repartir por sectores, pero antes, pasaremos donde está Yosafire, tengo un favor que pedirle.

Al escuchar el nombre de Yosafire, Alfem sintió cómo una corriente eléctrica pasaba por toda su espalda. Era obvio que a ella le desagradaba su presencia.

—¿Por qué mejor no me das las direcciones de a quienes les tengo que entregar el pedido mientras ustedes van con ella? —dijo mientras caían gotas de sudor por toda su frente.

—¿Te generó una fobia? Ella es inofensiva —dijo Dialo.

—Sabes… creo que ahí tengo mucho material con el cual contradecirte, amiga —dijo con una sonrisa nerviosa, recordando antiguas batallas.

—¿Eh? ¿Me perdí de algo? —dijo confundida Dialo, junto con Chelan, no eran de las cuatro heroínas, así que se le hacía un poco difícil imaginarse a Yosafire en acción.

—¡Ah! ¡Olvídalo! Es solo que ella me fulmina con la mirada cada vez que me ve…

—¿No estás exagerando?

—¡Ella me odia! ¡Ni siquiera se molesta en ocultarlo! —gritó al no sentirse comprendido— Perdón, perdón, no debí gritar… Es solo que ella me debe seguir odiando por… lo que hice en el pasado.

—Mm… Ahora que lo dices —agregó Macarona—. Es verdad que ella te odiaba desde antes por eso, pero estoy convencida de que su conducta actual es por otra razón.

—He conversado un par de veces con ella sobre el tema, y estoy casi segura que son celos.

—Sí, debe ser porque Froze pasaba mucho tiempo contigo que te terminó odiando, de hecho, podría apostar que olvido casi todo lo del pasado, no… hasta te aseguro que te ve como personas distintas, debe seguir odiando al pervertido de lentes de sol, pero tú eres el que se roba el tiempo con su amada Froze.

—Eso no me tranquiliza para nada… En serio, puedo hacer mi parte por mi lado.

—No lo considero prudente, es demasiado temprano, el ir a donde Yosaf nos dará el tiempo perfecto para comenzar a repartir —dijo Dialo.

—Además, ella debe entender que Froze lo hacía era su trabajo, y no solo porque te quiera.

—Supongo que tienes razón… —dijo Alfem mientras sutilmente desviaba la vista con una expresión seria.

—Así que anímate, haré lo posible para que defenderte, al igual que las demás. ¿Cierto, chicas? —dijo Macarona sonriente mientras miraba a las demás.

Chelan asentía con felicidad, pero Dialo ya estaba considerando en darle las direcciones.

—Ah… Está bien, partamos.

El cielo tomaba su típico color azul con cada paso que daban, al igual que la iluminación mejoraba con el sol asomándose cada vez más por el horizonte, el ambiente apacible y tranquilo, comenzaba a mostrar los primeros movimientos y ruidos del festival. En ese ambiente, Alfem, tiritaba sin control.

—Vamos Alf, solo debes saludarla casualmente, así romperás el hielo.

—Maca… tú me quieres muerto, ¿verdad?

—Exageras.

—Tú eres su amiga, por eso nunca entenderás lo que es recibir el odio de esa mujer.

Al refunfuñar, hacía movimientos un tanto bruscos, y las bandejas apiladas que llevaba, se movían y se desencajaban un poco.

—Alfem, ten cuidado con las bandejas —gruñó Dialo.

—Perdón —dijo Alf mientras las acomodaba con la ayuda de sus brazos—. Maca, estoy seguro de que al tan solo hablarle me incinerará, y tú, ¿quieres que vaya a saludarla casualmente? Ya intenté acercarme una vez, y te aseguro que ya no quiero volver hacerlo.

—¿En serio? Mm… Creo que una vez me lo contaste, y recuerdo lo quemada que quedo tu ropa.

—¡Ves! —dijo alegre, moviéndose bruscamente en dirección a Macarona—. Además, no tengo que llevarme bien con ella, si ella me odia, déjala. Así que no me hagan hablar con ella, está bien como está.

—No, no está bien —interrumpió Dialo—. Concuerdo contigo con el hecho que no tienen por qué ser amigos, pero al menos deberían aclarar sus problemas. No está bien huir de todo Alfem.

Alfem quería decir algo, pero se detuvo, aunque él no quería enfrentar a Yosafire, tampoco le agradaba la situación, era solo que, entre otras cosas, no tenía la confianza para hacerlo.

—¡𝅘𝅥𝅘𝅥𝅯 𝅗𝅥 ━…! …━…

Chelan flotó hacia Alfem, le miró de forma enérgica. Él se sintió un poco frustrado al no poder escucharla con claridad, ya que podía sentir las emociones de ella de algún modo, era un sentimiento tan lindo que quería saber lo que significaba.

—Disculpa, pero no… —titubeó Alfem, él no quería hacerla sentir mal por no escucharla con claridad.

—Chelan… Eso es un poco vergonzoso para decirlo en voz alta.

—¡ !

Chelan, hizo un pequeño berrinche, que hizo que las bandejas que ella sostenía se tambalearan un poco.

—¿Por qué te alteras tanto? Ay, está bien, lo entiendo, aun así, trata de hacer que sea menos vergonzoso… Básicamente, lo que dijo fue que tienes la fuerza para superar las adversidades cuando lo quieres. Al menos eso dijo en pocas palabras.

El querubín asentía.

—No sabía que te habías acercado tanto a él solo por sanarlo unas veces —continuó Dialo, pero dirigiéndose a su amiga flotante, y dedicándole una pequeñísima sonrisa cómplice, provocando el sonrojo de la otra.

—¡Ves, Alf! ¡Incluso Chelan cree que puedes hacerlo!

—No es que quiera menos preciar lo que dice Chelan, pero…

—Alfem, de los presentes, soy quien menos te conoce, pero debo preguntarte una cosa —dijo Dialo.

—Dime.

—¿Le tienes miedo a Yosaf o a otra cosa?

Alfem se detuvo, ella tenía razón. No era algo que quería afrontar, y menos ahí, pero tenía razón, no era Yosafire, sino, lo que ella representaba, un eco del pasado.

—Aunque no quisiera, he escuchado parte de tu problema de parte de Macarona y Froze, y tengo el presentimiento que no es Yosaf lo que te atormenta.

Alfem trató de desviar su mirada, sin darse cuenta de que su miedo se reflejaba en sus ojos que se habían vuelto un poco visibles.

—Ah… —suspiró Dialo al pensar cuál serían sus palabras— Deberías perdonarte a ti mismo, o voy a creer que lo que dice Macarona es verdad.

—¿Qué dice Maca?

—Que eres un masoquista.

Se pudo sentir un vidrio quebrarse en algún lado, y una risita tonta fue hecha por Alfem. Nunca pensó que oyera eso de Dialo, tal vez esto se estaba saliendo de control.

Él era consciente de su tendencia a odiarse, pero tal vez Yosafire alimentaba su autocompasión, convirtiéndola en el pilar de su autodesprecio. Tal vez, solo talvez, sí necesitaba conversar las cosas con ella, pero…

—Pero… ¿Qué pasa si vuelvo a ser un idiota…?

Detuvo la marcha, necesitaba ordenar su mente.

No solo odiaba lo que le pasó, junto con el hecho de permitir que pasara, sino también, que, la culpa de herir su actual hogar le carcome silenciosamente. El mismo rompió sus defensas de manera cobarde, para que sus tropas ingresaran y crearan caos, puede que él solo siguiera órdenes, sin embargo, al menos debió pensar por sí mismo, ¿era realmente necesario todo eso? Él nunca se lo preguntó, cosa, que ahora le fastidia.

Nunca se cuestionó nada de su vida, solamente aceptó todo lo que le enseñaron al crecer, tan así, que, al ver este mundo distinto, no le provocó nada, no tenía en consideración a otros, exclusivamente por el hecho de "ser un demonio". ¿Qué define ser un demonio? ¿Realizar acciones fuera de toda moral sin culpa alguna? ¿Seguir órdenes del diablo solo porque es el líder? Él creía que lo sabía, pero después de lo vivido en el último tiempo ya no lo tiene claro, y su duda lo atemoriza.

—No… No quiero que, al dejarme llevar por la comodidad del perdón, vuelva a ser como el cabeza hueca de antes. Al menos, con su odio puedo mantener los pies en la tierra.

Las chicas lo miraban con ojos tristes, pero con pequeñas sonrisas en la comisura de sus labios. Se quedaron inmóviles por un momento, sin saber qué hacer, pero Macarona fue la primera en actuar.

—¡Vamos! ¡Relájate! —dijo Macarona mientras le daba una fuerte palmada en la espalda que lo hizo estremecerse—. ¿Qué tal sí te doy otra motivación? Sí vuelves a ser un cretino, te traeré de vuelta con un puñetazo —dijo mientras exponía uno de sus formados bíceps.

—Sinceramente, me cuesta verte como un enemigo potencial, pero si llegará a pasar, pensaría que es en contra de tu voluntad, y trataré de ayudarte en lo que más pueda.

—¡𝅘𝅥 ! —asintió con felicidad.

Alfem no sabía qué sentir, no obstante, en el fondo, sentía un alivio que le costaba entender, en su otro mundo, su estado actual se vería como debilidad, o una molestia, que por uno que otro motivo te quitarían del camino, nunca pudo darse el lujo de sentirse vulnerable porque "los demonios no son así"… vaya estupidez.

Esto le hizo notar que Froze tenía razón, abrirse con otros, realmente ayudaba. Estas chicas se hicieron querer, cada una lo conoció en un mal momento y, aun así, lo trataban de esta forma; a Maca la conoció porque participaban en la misma dinámica de grupo clínico, así que se pueden imaginar qué tipo de relación de confianza pueden tener; por su parte, Chelan, era quien le curaba las heridas que se provocaba al "jugar" con las gatas de su señor, así que siempre lo ve demacrado, y escuchaba todas sus quejas. Sobre Dialo, esto lo sorprendió en gran medida, es con quien menos ha hablado en solitario, pero es alguien que siempre tiene algo bueno que aconsejar… Realmente se hizo amigo de gente maravillosa.

—Yo… Muchas gracias, chicas —dijo Alfem conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir—. No saben cuánto valen para mí.

Una pequeña y tierna sonrisa se dibujó en su rostro, con unos lentes transparentes que revelaban unos ojos cerrados de felicidad, con pequeñas gotas que se asomaban por sus pestañas.

De alguna manera, se veía tierno, y a pesar de que todo lo que dijo las conmovió por igual, una de ellas sintió rechazo al pensar que lucía lindo, tanto que quiso golpearlo; sin embargo, otra, en medio de la emoción no pudo dejar de mirarlo.

—En serio, realmente no las merezco… —Se detuvo al notar que las chicas se veían un poco extrañas— ¿Chicas, están bien?

—¡Ah? No… No te preocupes, todo está bien —dijo Macarona.

—¡ !

—Será mejor que recuperemos el paso, a pesar de que tenemos tiempo, aún sigue siendo limitado —dijo Dialo

—Tienes razón, vamos.

Al retomar la marcha, no les tomo mucho tiempo divisar su destino. Una feliz y radiante Yosafire ordenaba unas cositas en unas cajas de madera afuera de su florería. Su alegría era tal, que se podía ver cómo su rostro irradiaba una luz cegadora.

—¡Yosafire! ¡Oye! ¡Ya llegamos! —gritó Macarona, acelerando un poco el paso, separándose ligeramente del grupo.

—¡Macarona! ¡Chicas, sí vinieron!

—¿Cómo estás Yosaf? Hoy te ves bien —dijo Dialo al terminar de llegar.

—¡Ja, ja, ja! —rio Yosafire con confianza—. Por supuesto que estoy feliz, es muy temprano por la mañana y ya hice mi primera gran venta.

—¡Qué estupendo! ¿Tan bien como ayer? Es una lástima que no pudimos vernos —dijo Macarona, con verdadera sinceridad y curiosidad.

—¿A-Ayer…?

Yosaf comenzó a sudar, recuerdos de ella rechazando la tarta de Dialo vinieron a su mente. No quería bajar la guardia, pero todo fue en vano.

—No hablemos del pasado, el hoy es lo importante. ¿Me trajeron unas tartas?

—Por supuesto, dos cajas son solo para ti, sé lo glotona que eres Yosaf —rio Dialo con un pequeño sesgo de malicia.

—Je, je. Es que no puedo controlarme, tus tartas son muy ricas.

En eso Yosaf, va hacia Macarona quien era a quien tenía más cerca, para tomar sus respectivas cajas, pero está la esquiva. Ella quedó atónita, sus tartas habían escapado, y se habían ubicado detrás de alguien, y ese era él…

—Yosafire, toma las cajas —dijo Macarona.

El ambiente cambió, la mirada fría de Yosafire se posaba el pobre infeliz que tenía en frente; era desagradable el solo mirarlo.

Macarona empujó un poco a ese pobre sujeto, forzándolo a acercarse a quien lo desprecia.

—Ho-Hola… —titubeó ese hombre, cada gota de sudor que lo bañaba representaba su nerviosismo en forma física.

Yosaf no respondió, estaba pensando cómo debía reaccionar ante tal traición, y al ver a las demás, solo al notar sus posturas, se notaba que no estaban de su lado, esto era un complot en su contra.

—Por favor… solo tómalas, las tartas no los he tocado, nada más los he cargado, nada más —dijo con su mejor sonrisa, y cara de buenos amigos que pudo con todos los músculos agarrotados que tenía.

—Aun así, están contaminados con tu presencia.

"¡Vamos, abúrrete de esto!", pensó Alfem, mientras que él sentía, estaba dando lo mejor de sí, y, aun así, era insuficiente para esta mujer. Además, ella, ni dudaba en inculpar a las inocentes tartas de Dialo, cosa que lo enojó un poco, olvidando levemente sus miedos.

—¡Oh! ¡C'mon! Sí fuera por eso, todos estarían contaminados. Las tartas no tienen la culpa. ¿Vas a dejar que el trabajo de Dialo se desperdicie?

¿Este cretino le había contestado? ¡¿Cómo se atrevió?! Aun así, aunque le costara admitirlo, tenía razón, Dialo y sus tartas no tenían la culpa o… ¿talvez sí? Ella fue que lo invitó… pero si las rechazaba, se volvería a perder ese delicioso manjar, esa textura que se derretía en la boca, una vez más…

—Yosaf, si no los quieres se los daré a otras personas —dijo Dialo.

—¡No, no, no, no! ¡Eso sí que no! ¡Son mías!

Sin dudarlo dos veces llegó y tomó de los brazos de Alfem dos cajas pesadas con tartas.

—Bueno, será mejor que las deje adentro, las comeré en cuanto pueda.

Alfem no sabía que sentir, ¿eso era una derrota o una victoria? Todo esto era muy complicado para él.

Se preguntaba si alguna vez se llevaría bien con la chica que se veía que acomodaba algo dentro, verla feliz con esa sonrisa, le hizo recordar que a su antiguo yo le gustaba. "¿Qué le viste en primer lugar?", pensó. En verdad era bonita, pero eso era todo, no tenía nada más. Lo enérgica que era, no era de su estilo, y, aun así, su estúpido yo, seguía tras ella, pensando en ella cada vez que podía, pero ella nunca mostró ni la más mínima pisca de interés… qué desagradable. Todo esto era una gran pérdida de tiempo.

La mezcla de sentimientos de decepción y cansancio se reflejaban en él.

—Alégrate, al menos no te imbuyó en fuego, Alf.

—Solo no lo hizo por su amor a sus tartas.

—Vamos, no digas eso…

—Él tiene razón —interrumpió Yosafire—, pero al menos debo valorar su función como burro de carga.

—Vamos Yosafire, él puede ser más que eso, ¿verdad Dialo?

—Eso es verdad, sé que es un hombre ocupado —dijo Dialo.

—Y sí es tan ocupado, ¿qué hace aquí estropeando el ambiente de mi florería?

—Bueno… por eso mismo le dije que solo le podía ayudar con la mitad que tienen las demás.

—Vaya, ¿entonces eres un flojo que le deja el trabajo duró a las mujeres? Desgraciado.

—¡Oye! ¿Y qué tiene que ver que sean mujeres?

—¡Mucho!

—¡Ahh! No tiene caso hablar contigo. No importa como lo digas, no iba a dejar a mis amigas solas cuando necesitaban ayuda.

—¡¿Tus amigas?!

La paciencia de ambos se veía cómo se agotaba, como si estuvieran en una barra de energía que disminuía su tamaño progresivamente.

—Ellas son mis amigas, no tuyas. Así que desaparece.

—Espera, espera, espera. ¡¿Quién mierda eres tú para decirme quienes son o no mis amigos?! Tú no eres la dueña de mi vida, ni la de ellas. Ellas son libres de elegir a quien quieran como amigo, y tú no puedes hacer nada ante eso.

Yosafire quedo sin palabras, impactada, ante todo, sin saber que era lo que le choqueaba más; ¿qué le hubiera gritado?, ¿qué la hubiera insultado?, ¿qué era amigo de sus amigas?, o tal vez, ¿el hecho que tenía razón?

—¡Chicas, digan algo!

—Bueno Yosaf, él tiene razón —dijo Dialo.

—Ah… No puede ser… —suspiró Yosafire, no pudiendo creer lo que había dicho.

Ella amaba la libertad, por eso, que sus amigas estuvieran limitadas a que personas conocer solo por ella, era una idea vomitiva, lo que dijo que lo más despreciable del mundo, más que ese sujeto, que ni era tan culpable de las cosas que ella misma lo acusaba.

—Está bien… —dijo Yosafire cabizbaja— lo siento…

—No debes disculpar con nosotras solo con nosotras, sino con él también.

Yosaf lo miró fijamente, sin expresión alguna por unos largos segundos, pero al reto relajo su semblante.

—Ya no puedo seguir con esto… Está bien. Dis… Discúlpame, no debí llegar a tanto.

—Yo… Yo…

Alfem, estaba atónito, Yosafire no solo no le había hablado de forma cortes, sino que también se había disculpado. Esto no era un engaño, ¿verdad?

—Pero no vuelvas a hablarme así, o envolveré en llamas.

—¿Ha-Hablar cómo…?

La duda de Alfem no duró ni un segundo, recién se hizo consciente de como se había estado dirigiendo a Yosafire, su nerviosismo volvió a él en un segundo. Había hablado como si se tratase de Vendetto, esto era muy, muy malo.

—¡L-Lo siento!

De inmediato, dejo las cajas que aún sostenía a Macarona, se sentó en seiza¹, e hizo un zarei² tan exagerado que choco su cabeza contra el piso, levantando un poco de polvo.

—¡No volverá a ocurrir! ¡Lo prometo, señorita Yosafire! —dijo mientras aún estaba en dogeza³.

—Vamos, arriba. Me sentí ofendida, pero yo también te ofendí a ti, así que párate.

—Vamos sujétate de mí —dijo Macarona.

—Muchas gracias, señorita Yosafire.

—De nada, y ¿qué pasa con eso de señorita? Solo dime Yosafire, tanta formalidad es incómoda.

—Bueno… ¿está bien? Realmente me cuesta que me dijeras eso con tanta facilidad.

—Ni que lo digas —suspiró Yosafire—. Aún te detesto por robarte de mi valioso tiempo junto con Froze, pero debo admitir que cada vez eres menos molesto, así que trataré de tolerarte.

—¿Eh? Así que sí era por eso.

—Te lo dije.

—Obvio que era por eso, ¿por qué otra cosa iba a ser? —dijo molesta Yosafire, con los brazos cruzados.

—Bueno… digo, tú odias al pervertido de lentes de sol.

—¿El pervertido qué? Espera un poco… oh… eso… Verdad que tú eras ese sujeto, aunque nunca entendí eso de Froze, llegó a un punto donde ella se aburrió de explicarme. Digo, ese pervertido era desagradable, tanto como una cucaracha que nunca moría, pero tú te comportas muy distinto, no me estás pidiendo que sea tu novia cada cinco minutos.

—Je, je, je… Perdón por eso.

—No te disculpes por eso, tú no eres él, es más, ¿cómo te llamas?

—¿Alfem?

—¡Ves! Tú te llamas Alfem, y él… bueno, él tenía otro nombre, así que sí, para mí, el pervertido de lentes de sol y al sujeto que tengo en frente son distintos, al menos así lo puedo entender mejor.

Yosafire, no tenía ni la más mínima idea de lo que significaban tus palabras. Si no fuera por los lentes opacos, ellas podrían ver como Alfem lucha con lágrimas que quieren salir.

—Todo está bien, ¡solo no me robes más tiempo con Froze! ¿Eh?

Él ya no aguanto más, sus lágrimas re arrestaban por sus mejillas realmente no pensó que fuera tan simple, ¿realmente ya podía llevarse bien con ella?

—Yo… Yo… Yo… Yo realmente pensé… que me odiabas porque era peligroso… o mi presencia era un riesgo para todos… porque podría traicionar a mi señora Etihw o a mi señor Kcalb…

Las lágrimas fluían con más rapidez con cada palabra, al igual que su voz se volvía más rasposa. No podría creer que su rechazo era por otra cosa, y que él… era otro.

—¿Tú, traicionar al viejo? Realmente nunca supuse que eso fuera a pasar. Ja, ja.

—¿Tú, eso crees? —dijo Alfem mientras se secaba sus lágrimas con el borde de sus largos guantes.

—Nunca había visto al viejo pasarla bien, realmente me sorprendió mucho.

—¿En serio? ¡Genial! ¡Me alegra entretener a mi…! Espera un segundo, ¿cuándo viste eso?

—Oh… ¡Bueno! —Yosafire se había olvidado completamente que todas las juntas de ellos eran a solas y en privado, de hecho, Etihw le había pedido que fue totalmente reservada cuando los espiaban, en eso vio la mercadería que un no termina de ordenar— ¡Oh! ¡Es cierto! Aún no término de esto, tendremos que dejar esta conversación para otro momento.

—E-Espera…

Yosafire ignorando todo, se dirige a revisar lo que le falta.

—Me alegra que todo haya salido bien —dijo Macarona.

— ━ —dijo Chelan, revoloteando en círculo.

—Esas son muchas cosas, pero veo pocas flores —dijo Dialo, el ver el gran cargamento que estaba preparando Yosafire para un carrito tan pequeño.

—Sí, es un pedido para autocultivo. Al principio no sabía muy bien lo que quería, pero al ver que en el vivero tenía más plantas y flores que le interesaban, se emocionó mucho.

—¡¿Qué?! ¿Le mostraste tu vivero? —dijo Macarona con carita de pena—. A mí nunca me has dejado entrar.

—Macarona, te quiero, pero la última vez que entraste a la florería, rompiste un centenar de macetas, casi mueren mis plantas cuando una vez te dije que las regaras cuando tenía que hacer un trámite, y casi rompes mis flores regaladas por Froze. Me duele, pero no puedo mostrarte el vivero.

—De hecho, yo también he entrado —dijo Dialo, mientras a su lado asentía Chelan.

Las lágrimas de tristeza de Macarona, fluyeron como ríos.

— ━… —dijo Chelan mirando a Yosafire.

—Pregunto cómo era.

—¿Cómo era quién?

—Tu cliente, supongo —dijo Dialo, mientras Chelan asentía con felicidad.

—Era un chico muy simpático, lo verán pronto. Tiene que venir a buscar su pedido, no pudo hacerlo de inmediato, ya que dijo que no tenía suficiente dinero para todo, solo había venido a observar, y así que se fue con su ama.

—¿Ama? ¿Es algún mayordomo, o algo así? —preguntó Dialo.

—Supongo, pero ¡también es el familiar de una bruja! —Yosafire se le iluminaron los ojos—. Siempre me emociono cuando hay brujas de por medio, son tan misteriosas.

Un pequeño gesto de asombro se produce en todos. Ninguno de ellos había conocido a un familiar y menos a una bruja, o eso creía uno de ellos.

—¡Él tenía unas adorables orejas de gato peludas y esponjosas! No saben cuánto me contuve para no atreverme a acariciarlas, no quería que el cliente se sintiera incómodo, y se fuera.

—¿Era un gato? —preguntó Dialo.

—No del todo, era como nosotros, solo que tenía orejas y cola… ¡Oh! También tenía unos fabulosos tacos muy altos.

—¿Vestía de verde, con el torso descubierto, y de pelo rojo?

—Sí, ¿cómo lo sabes, Macarona?

—Bueno, es que, allá viene.

Todos comenzaron a mirar a la dirección que apuntaba Macarona, y ahí se veía a alguien que se acercaba, y cuando notó que lo miraban comenzó a saludar dulcemente desde la distancia.

—¡Oh! ¡Eso fue rápido, señor Mishi! —gritó Yosafire, corriendo recibirle, aunque estaba un poco distanciado del edificio.

Algo cambió en el ambiente, el aire se hacía más denso…

—Muchas gracias por esperar, mi Lady quedo complacida cuando le conté de este lugar —dijo feliz el gato lleno de orgullo—. Así que traje el dinero para el pedido.

… Pero nadie noto ese sutil cambio…

—¡Fantástico! Ya tengo todo su pedido listo, desde la tierra y vitaminas, hasta las semillas y flores.

… Una ligera respiración que comenzaba a agitar es calmada, nadie debía notarlo, tuvo que recuperar su ritmo como diera lugar.

—Escuchar eso es una maravilla, no sabes cuánto tiempo nos has ahorrado Yosafire, tú deberías ser un ángel y no un demonio.

… Unos tranquilos pasos se producen, mientras unas cajas vuelven a los brazos de Macarona, esta, creando una expresión de extrañada…

—No te dejes llevar por esos estereotipos tontos, los demonios también podemos ser adorables.

… Los pasos se detienen, una respiración forzosamente calmada, y unos ojos dorados se preparan. Una bomba de odio estaba dispuesta a estallar.

—Lo sé, lo sé mejor de lo que crees, mis disculpas —dijo el gato—. ¿Esto es todo? ¿Cuánto es?

—Bueno, es…

—Yosafire, muévete.

Una voz hostil interrumpe a Yosafire, pero no entendía por qué, después de todo lo que hablaron, él le hablaría así.

—¿Eh? ¿Qué ocurre…?

Mientras ella se giraba, posicionándose exactamente donde debía estar, ella se sorprende, por a quien le quería pedir explicaciones, estaba a su lado, con su puño derecho descubierto. Toda la ropa cerca de su brazo estaba chamuscada.

Todo fue en un instante, sí Yosafire no se mueve, hubiera recibido el golpe, pero ella nunca fue el objetivo, sino, aquel felino que la acompañaba, que estaba recibiendo todo el golpe lentamente en la cara, que estaba lleno del instinto asesino de Alfem.

La mano impactó y una cortina de humo se creó y a Alfem se le veía aterrizando en el piso, parecía haber acertado, pero no del todo. El gato había sido mandado un poco a volar, aun así, no fue todo por su fuerza, con sus increíbles reflejos, pudo absorber un poco el golpe tirándose para atrás.

Todo estaba envuelvo el homo de tierra, el golpe había fallado, pero su onda expansiva aún dejaba estragos.

—¡¿Qué estás haciendo?!

Antes que Yosafire dijera algo más, un segundo golpe fue dirigido al felino con la nariz ensangrentada. Este logra esquivarla, generando nuevamente una cortina de tierra más grande que la anterior.

Un pequeño cráter estaba donde apenas ese gato esquivo el golpe girando, en donde estaba una mano incrustada, de quien lo miraba con unos ojos asesinos, llenos de resentimiento.

—¡¿Q-Qué te pasa estúpido?! ¡Pudiste haberme matado!

—Tienes razón… No puedo matarte tan fácilmente —dijo Alfem mientras levantaba su mano, y se ponía de pie de forma muy calmada.

El felino chilló al sentir que como su muerte bailaba en su columna vertebral, al mirar a los ojos de su atacante.

—¿Tú…? ¡Psicópata! ¡¿Qué te echo yo…?! Yo… Tú no deberías saber quién soy… —confesó Mishi, congelado al darse cuenta de la mirada llena de furia que lo atravesaba.

El gato trató de huir, pero aún estaba mareado, así que solo puedo arrastrarse unos centímetros hacia atrás

—Oh… —dijo Alfem mientras lo seguía lentamente— Entonces conoces tu pecado, ¿no es así, Mi-shi?

Una sonrisa siniestra se dibujaba en el oscurecido rostro de quien deseaba venganza.

—No… Tú no deberías reconocerme… Nunca me mostré… ¡AH!

Su propio grito agudo corto sus palabras, ya que fue aplastado su tobillo izquierdo. Se retorcía de dolor, sentía como si todos sus sentidos se nublaran un poco.

—Vamos, no te duermas, aún tienes que aguantar un poco… ¿Aunque… realmente…?

Mishi, que estaba en el suelo, no era el único que temblaba, aunque aquel que lo observaba con ojos fulminantes tenía unas razones muy distintas para que su cuerpo entero oscilara. Su rencor almacenado por años bajo su inconsciencia, florecía como una fuerza llameante, que estaba preparada para volver cenizas a su objetivo.

Cuando pensaba en las mil formas en que lo podía torturar, unas preguntas lo acecho rápidamente. ¿Valía la pena hacerlo sufrir? ¿Ella sufriría por eso? Es verdad que se prometió que si conocía al dueño de esa voz las pagaría, pero ya no se veía como una presa tentadora. Si lo mataba, ni siquiera se consideraría un asesinato, después de todo, eso no era una persona, era una mera herramienta usada para su tormento. Lo incineraría, lo haría arder en fuego, solo para demostrarle a ella como calcinaba uno de sus valiosos juguetes. Sí, ya no podía volver a fallar, lo escucharía gritar hasta su último suspiro.

¿Ella lo extrañaría? ¿Se entristecería? ¿Se sentiría herida? ¿Lloraría? Al ver cómo lo estropeó, ¿lo odiaría? Esas preguntas se formulaban mientras observaba a eso que lo miraba desde el piso; el pensar en las respuestas positivas hacía que una sonrisa llena de satisfacción se curvará en su boca, ¡pero ¿qué pasaba si no era así?! Oh, no, qué decepcionante sería… es una lástima, estaría mejor si lo descubría.

Su energía flamígera se juntaba en su brazo, rondando y girando en su extremidad, mientras esa sonrisa macabra que tenía, se volvía más grande.

Estaba tan cerca que no podía fallar. "Definitivamente no fallaré". Se gozaba al pensar en cómo lo atravesaría desde el pecho, para encenderlo desde adentro, quemando todos sus órganos, haciendo que el humo y sus llamas salieran por sus ojos, boca y cualquier otro agujero. Sería una antorcha maravillosa.

Sus garras se preparaban, debía hacerlo rápido para que sus malditos reflejos no lo volvieran a salvar, pero en el momento que lanza su golpe final, siente que un brazo lo sostiene.

—¡Detente, Alf! —gritó Macarona, aterrada.

En menos de un parpadeo, Alfem estaba en el suelo, sujetado por la llave de su amiga. Ella aprovechó que él estaba perdido en sus pensamientos para poder detenerlo, usando su propia fuerza en contra suya. No podía permitir que su amigo, que estaba fuera de control, hiciera una cosa atroz.

—¡Tienes que parar! ¡¿Para qué fue todo el tratamiento?!

Mientras tanto que Macarona forcejaba, las chicas trataban de resguardarse en la tienda, Chelan, preocupada, intentaba ver, pero por la cantidad de bandejas que tenía, le tapaba la vista, entonces Dialo la tuvo que entrar a la fuerza, y ver todo desde adentro.

—¡Alf! ¡Contrólate o harás algo de lo cual te podrías arrepentir!

—¿Arrepentirme? —susurró Emalf boca abajo— Yo… nunca… sentiría pena por… ¡Eso!

Consumido por la ira y el deseo, provocó una corriente de energía para alejar a aquella que le interponía ente su deseo, pero solo logró que ella, con el pelo ondeando, se aferrara más a él.

—¡Alfem, ni lo intentes, no te voy a soltar! —dijo Macarona con dificultad, luchando para no dejarse llevar por la corriente creada por su amigo— ¡No me pienso mover, hasta que te calmes!

—Solo… ¡Solo apártate de mí!

Una mayor fuerza salió con ese grito, una fuerza tal, que pareció a una explosión que levantó a quien lo sostenía, provocando unos feos crujidos. Macarona, al ser disparada y no soltar su agarre, entonces, dislocó completamente el brazo de su amigo, en más de una articulación. Al escuchar el crack, ella lo soltó instintivamente.

Por la onda expansiva, y el shock de haber herido de esa forma a su amigo, le impidió tener la concentración para caer correctamente. Al verla sus amigas en el piso, salieron de su refugio y acudieron a asistirla.

—¡Debes detenerte, Alf! —gritó Macarona con desesperación.

Dialo y Chelan la trataban de poner en pie, pero el mareo de la caída le impedía mantener el equilibrio correctamente.

—¡Eres mejor que esto! —gritó Macarona, mientras era asistida.

—Voy a detenerlo —dijo Yosafire.

—No, él puede hacerlo, solo…

—¿Es que estás loca?

Mientras eso sucedía, lentamente él se levantaba, con su brazo herido colgando de torso. Estaba determinado a que nadie se metiera en su camino, Emalf se posicionó para volver a atacar. Uno de sus brazos estaba fuera de combate, pero eso no sería problema, para eso tenía otro.

¿Debía sentir dolor? ¿Ese cosquilleo placentero que recorría su cuerpo originado en su hombro? Eso no era nada comparado a los recuerdos que le traía al mirar a eso que debía quemar.

Así que, volvió a remolinar su fuerza, incinerando sus gruesos guantes, y mangas, haciendo que sus cenizas bailaran alrededor de su brazo, dejando al descubierto unas escamas rojas que brillaban con el calor.

Cuando las nubes en el cielo, cubrieron al sol, aquel gato vio la imagen de la misma muerte, que lo miraba con ojos brillantes en busca de su alma.

Era su fin, un familiar, por sí solo, jamás vencería a un demonio, y mucho menos uno colérico y modificado como este. Él sabía el odio que le tenía. Podía sentir cómo la guadaña de la parca se posaba en su cuello, pero cuando esta iba a ser deslizada, una pequeña nube de polvo le cubrió la vista por un instante. Cuando pudo ver, un hombre cubierto de negro, con una gran gabardina que flameaba desde sus hombros, estaba arriba de su agresor.

—¡Viejo! —gritó Yosafire emocionada.

—Mmm… Mocoso… ¿Acaso nos quieres hacer ver mal? —dijo Kcalb, mientras aplastaba la cabeza de Alfem con su pie, con una mirada, que se podría decir que era de enfado—. Responde, muchacho.

—Mi… señor… yo…

Pudo reconocer esa voz, y con ellos recordó quien era. Toda fuerza se fue de su cuerpo, no pudo terminar su oración, se cerraron sus ojos y sus gafas volvieron a ser opacas otra vez.

—Niño estúpido, aprende a controlarte —dijo Kcalb al inconsciente demonio bajo sus pies—, no importa que tanto quieras tu venganza, este no es el momento ni lugar. Te prometo que, cuando ese momento llegue, yo mismo te ayudaré.

—¡Viejo! Nunca pensé que me alegraría tanto al verte.

—Yosafire… ¿Estás bien? —preguntó Kcalb con un semblante serio.

—Sí, estoy bien —respondió Yosafire un tanto patidifusa, la presencia que ahora emitía Kcalb no era algo a lo cual estaba acostumbrada.

—Me alegro, ahora ve a ver a tu cliente.

—¡Sí!

Yosafire fue de inmediato hacía Mishi, que estaba en el suelo con un tobillo pulverizado.

Kcalb, por su lado, levantó a Alfem y lo colocó sobre su hombro.

—Macarona —dijo Kcalb con autoridad, con su voz profunda.

—¡Sí, señor! —dijo Macarona enderezándose de inmediato.

—Comunícate con Froze y cuéntale lo ocurrido aquí. Llevaré al chico a la sala de urgencias, dile que la estaré estando ahí.

En un instante, Kcalb, el diablo negro, ya no estaba.

—Chicas, espérenme un momento, tengo que hacer una llamada.

Ella se alejó un poco para tener privacidad en su llamada.

—Supongo que la entrega se demorará más de lo esperado —dijo Dialo a una entristecida Chelan—. No te sientas mal, no sabías que estaba pasando, sí hubieras intervenido, no sabías lo que pasaría.

—𝅗𝅥 𝅘𝅥 ━…

—No seas dura contigo misma, aún te cuesta controlarlo, así que, por los nervios, él no sería el único afectado. Tomaste la decisión correcta, todo se solucionó.

Aun así, la carita de pena de Chelan no se iba.

—Uf… Vamos, tenemos que recoger las bandejas que dejamos en la tienda.

Su compañera asiente sin ganas, y entra al lugar. Dialo, en ver de seguirla de inmediato, ve el pequeño cráter quemado y suspira.

—Tonto.


¹ Seiza (正坐, sentarse correctamente): Forma de sentarse formalmente en el suelo en Japón. Se debe tener la espalda recta, y con los glúteos descansando en los talones.

² Zarei (座礼): Reverencia que hace estando sentado en seiza. Tiene distintos grados de inclinación, y entre más baja la cabeza, más respeto, siendo 5 cms del piso, el respeto máximo.

³ Dogeza (土下座): Forma extrema de zarei. La cabeza llega al suelo, y su duración es más larga. Su postura debe ser recta, sin levantar el trasero, o se verá como una disculpa grosera.