Remordimientos

Una fresca brisa peinaba una hermosa pradera hasta perderse en el horizonte; la frontera con el cielo azul, cuál dominaba las alturas, moteado por mullidas nubes blancas que flotaban libres por su lienzo. La tranquilidad reinaba, solo el sonido del viento y de la hierba al bailar dominaban aquel lugar.

En medio de ese apacible sitio, acostado estaba Alfem, tratando de disfrutar lo que lo rodeaba, pero un sentimiento desconocido lo inquietaba, no importando que tanto tratara de controlar su respiración, concentrarse la calidez del sol en lo alto o solo escuchar su entorno, nada servía.

Se comenzó a mover de un lado al otro, tratando de hallar una postura que hiciera desaparecer aquella insidiosa ansiedad, pero su búsqueda fue en vano.

—¿Pero por qué me siento así? —suspiró mientras se abrazaba en medio de la hierba, cansado de la frustración—. Solo quiero sentir un poco de paz…

Pero no lo merezco.

Una voz lo hizo exaltarse. ¿De dónde venía? En cuanto la escuchó, se sentó de golpe, miró para todos lados, pero nada más comprobó como la hierba se movía con toda tranquilidad.

Estaba confundido. ¿Se estaba volviendo loco? Él lo pudo escuchar con tanta claridad, pero no había nadie ahí. Le costaba tanto relajarse, que parecía un castigo, era agobiante. ¿Qué había hecho para merecer esto? ¿Había… ocurrido algo?

—No debo ignorarlo.

—¡¿Quién está ahí?! —dijo levantándose por completo, girando y mirando para todos lados. Su respiración estaba agitada, y estaba tenso de pies a cabeza—. ¡Muéstrate!

He hecho algo terrible. ¿Por qué lo quiero olvidar?

El malestar era cada vez peor, esa voz era como un espectro que lo rodeaba, pero que no veía, y cada vez que giraba para buscarlo, su entorno se oscurecía.

—¡Basta! —gritó Alfem hostigado por aquella voz apagada y sin vida, que, al escucharla, le provocaba un dolor punzante en la cabeza que lo hacía retorcerse.

Su respiración era cada vez más agitada, sentimientos que quería evitar se acercaban más y más. Él solo quería olvidarse de eso, solo quería relajarse, tranquilizarse de todo lo ocurrido, solo quería un respiro.

No tengo el derecho de huir.

—Calla. ¡Calla! ¡No sé de qué hablas! ¡Déjame solo!

No soy inocente, lo sé.

—¡Largo!

Debo recordar, debo pagar.

—¡Te dije que te callara…

La voz que escucho claramente en su espalda, lo obligó a voltear, pero en ese mismo instante sintió de inmediato un dolor punzante en su torso.

Aquello que lo acosaba había tomado la forma de una sombra, una que se había abierto camino a sus entrañas enterrando sus garras debajo de sus costillas, y obligándolo a toser sangre.

La sorpresa lo dejó desorientado. ¿Qué era todo esto? ¿Qué era esto que lo abrazaba?

Pecho… su pecho dolía, dolía mucho, y cada que la sombra retorcía su mano dentro de él, podía ver como la sangre que fluía se esparcía por toda la pradera, tiñéndola de carmesí.

Eso estaba demasiado cerca para mirarlo bien, y en cuanto se dio cuenta de todo, trató de alejarse de él, pero fue inútil, ninguno de los dos se movía ni un centímetro.

Los decepcioné… Los decepcioné a todos… —sollozó la sombra, estremeciendo a su oyente— Volveré a perder todo, seré desechado otra vez… No quiero, no quiero, no quiero.

Alfem, mudo de espanto, no podía hacer nada más que temblar, lo podía sentir, él podía sentir como el miedo se arremolinaba en su estómago junto con aquellas garras insertadas en su ser.

Je… Pero ya no hay solución… Je… —dijo la sombra, dando pequeñas convulsiones.

Un gran sentido de alerta se despertó dentro de Alfem, debía huir, debía volver a tratar de zafarse de aquello. Ya no soportaba estar cerca de eso.

Ja, ja. ¡Ya no hay solución! Ja, ja —gritó la figura, mirándolo finalmente a los ojos.

Era su reflejo, un reflejo oscurecido, y lo miraba con una sonrisa y ojos rebosantes de locura, junto a lamentables e infinitas lágrimas de tormento.

Esto era una locura, Alfem forcejeaba como podía, pero aquello se aferraba más a él, provocándole aún más dolor. En medio de la lucha, pudo ver como llamas salían escupidas desde la herida, y sentía como un calor se esparcía por todo su interior que lo llenaba de pavor. El sentido de urgencia solo incrementaba.

¡No me quedará nada! ¡Lo perdí todo! ¡Ja, ja, ja!

Aquella voz era como aullidos que resonaban por toda su cabeza.

Al tiempo de retorcerse por el tormento de aquel eco incesante, veía como las llamas se esparcía por su sangre, tiñéndola de color ardiente que comenzaba a quemar la pradera, convirtiendo todo en un infierno infinito.

Ya no me queda nada, ya no hay nada, y todo… ¡y todo es tu culpa!

Aquellas palabras fueron su sentencia; las llamas que lo carcomían por dentro se volvieron más intensas, comenzaron a salir por sus ojos, por su boca, por las grietas de sus brazos, buscando alguna salida para encenderse aún más. Esto no tenía fin, un torbellino de fuego lo rodeó, todo lo consumía. Sus brazos y piernas comenzaron a deshacer en fuego, su propia sombra ardió desapareciendo entre flamas.

Fuera de todo control, sintió como su cuerpo se disolvía con las llamas, solo pudiendo exhalar un grito mudo que fue tragado por el tornado flamígero que se expandía como una explosión.

Al abrir los ojos, respiraba con grandes bocanadas de aire, como si este no fuera suficiente para satisfacer a sus pulmones, al igual que sentía como el sudor de su frente se deslizaba por toda su cara.

¿En dónde estaba? Aquel techo le resultaba familiar, y al mirar un poco a su alrededor lo supo.

Una vez más estaba en aquel lugar, donde permaneció por muchas lunas, hasta que por fin pudo vivir por su cuenta; la sala de emergencia para casos especiales. El lugar estaba levemente oscuro, solo iluminado por la luna que se filtraba por la ventana.

—Vaya, me alegro ver que despertaste —dijo una voz con un tono serio—. Parece que tuviste una pesadilla.

Alfem, un poco aturdido giró su cabeza, y pudo contemplar quien era la persona que le secaba la frente con una pequeña toalla.

—Señorita Froze…

Verla sentada al lado de su cama no le resultaba extraño, pero estar a solas, a la luz de la luna, hizo que floreciera un sentimiento extraño dentro de él, uno que debía ignorar.

Trató de sentarse, pero un dolor punzante recorrió todo su ser, haciéndolo estremecer y chillar. También pudo notar que su brazo derecho estaba totalmente inmovilizado con vendas.

—No te esfuerces, tienes una buena parte de tu cuerpo herido, no trates de hacer movimientos bruscos. Además, estamos solos, no seas tan formal.

—Está bien… Froze —dijo Alfem, acomodándose lentamente, mientras elevaba el ángulo de la camilla—, ¿cuánto tiempo dormí?

—Todo el día.

—Oh no… Wodahs me matará.

—No te matará, pero sí que no lo dejará pasar. Me dijo que, en cuanto te puedas levantar, debías tomar el turno de castigo, porque hiciste un gran alboroto al lastimar a un visitante.

—Demonios… ¿Él realmente es un ángel? Es un maldito sádico —bromeó Alfem con desgano.

Después de eso, todo se volvió silencioso.

Froze, solo estaba sentada a su lado, y Alfem, evitaba hacer contacto visual con ella, mirando para el lado contrario. Se sentía avergonzado, era obvio porque ella estaba ahí.

Este ambiente ambiguo no duró demasiado, ya que, con un suspiro pesado, Froze, inició la conversación.

—¿Me contarás lo que pasó? —dijo con un claro tono de cansancio.

Para Alfem le fue imposible no hacer una mueca de disgusto por recordar cómo llegó ahí. Reconocer con quien se topó, solo le dejaba un mal sabor de boca, uno muy desagradable, casi vomitivo.

—Tendrás que decirme —dijo tranquilamente—. Macarona me contó hasta cierto punto lo que ocurrió, y me puedo hacer una idea, pero, necesito escucharlo por tu propia boca Alfem, o… ¿quieres que interprete esto para que te vuelva a llamar Emalf?

Él giró para verla bruscamente, lleno de espanto y pena.

—Por favor… eso no… yo… —dijo Alfem con voz quebrada— Yo solo… solo no pude soportarlo —gruñó lleno de ira—. Ese bastardo… ese maldito mal nacido estaba sonriendo, feliz… teniendo una vida tan casual, paseándose tan tranquilamente como si fuera una persona normal, como si no hubiera hecho nada… eso… eso me vuelve loco… y ahora… y aun ahora solo quiero matarlo, destrozarlo, aplastarlo con mis propias manos… ¿Por qué? ¡¿Por qué me detuvieron?! ¡Yo…!

Froze, lo miró con una gran pena, y decepción, pero aun así en el fondo, ella entendía por qué él se comportaba de esta forma, aun así, no debía demostrarlo.

Alfem al verla solo pudo desviar levemente la mirada. Estaba molesto, pero, aun así, hizo su mayor esfuerzo para calmarse, ese no era el modo, y no debía escupir su enojo y frustración así con nadie, y en especial con ella.

—L-Lo siento… Yo no debí… ¡Ahg!

La rabia hacia sí mismo, por haberse dejado llevar, la vergüenza de haberle gritado, y la tristeza de no saber qué hacer con lo que sentía, no le permitían coordinar bien su rostro y pensamientos. Toda su cabeza era un caos.

—¡Aaah! ¡¿Qué debo hacer ahora?! ¡¿Qué hago con esto?! ¡Ya no sé qué debo hacer!

Froze lo miró y suspiró.

—Realmente me gustaría regañarte… pero yo… no estoy aquí para eso. Así que… ¿Mishi…? —dijo Froze de manera pensativa— Ese nombre lo mencionaste en algunas de nuestras charlas, y me habías dicho que…

—Que ese nombre le pertenecía a su feo y gordo gato —dijo interrumpiéndola con rencor y seña—. Era una maldita masa peluda que la seguía a todas partes… no tengo ninguna duda, ese sujeto… era ese repugnante gato.

—¿Supones que es un hombre bestia o animal mágico? —dijo aún más pensativa—. ¿Cómo estabas tan seguro que él era el dueño de la voz masculina? ¿Qué hubiera pasado si…

—¡Era él! ¡Nunca podría confundir a ese hijo de… Lo siento…. —suspiró profundamente— No puedo confundir su voz, es de todas la que mejor recuerdo…

—Entiendo… —dijo Froze subiendo su mirada al cielo, forzándose a recordar el tormento que él le había contado. Lo admiraba hasta cierto punto, era realmente sorprendente que hubiera recuperado parte de su cordura.

—Puede que el muy desgraciado jamás se hubiera plantado en frente mío, pero su voz, su insidiosa voz, jamás, pero jamás la podré olvidar… Puto cretino lamebotas…

La sangre se le subía a la cabeza al tan solo recordar un instante cuando hablaba junto con Yosafire.

—... La próxima vez que lo vea, yo…

—No harás nada —dijo una voz pesada que se manifestó desde la oscuridad.

En una de las esquinas oscuras de la habitación, una silueta emergió, y ese no era nada menos que el señor diablo de ese mundo, Kcalb.

A pesar de que él era conocido por ser un poco vago, extremadamente reservado y callado, la presencia actual que tenía era intimidante, como si aquel que dirigió la sangrienta guerra que estaba escrita en los libros de historia, hubiera hecho acto de presencia.

—M-Mi señor… —dijo Alfem cohibido por el impacto de verlo. El miedo y la vergüenza se mezclaban por igual.

—Pensé que… Pensé que ahora estaría junto con la señora Etihw, señor Kcalb —dijo Froze tratando de aparentar la calma que no tenía, con todas sus fuerzas. Nunca en su vida había sentido miedo al mirarlo.

Kcalb, se les quedó mirando en silencio, conteniendo la respiración, como si en cualquier momento algo malo fuera a suceder, en vez de eso, suspiró profundamente.

—Mocoso, me contengo para no golpearte.

Una cara de incredulidad se formó en los oyentes, sin saber si aún podían relajarse.

—¿En qué pensabas? —dijo Kcalb más relajado, pero aun enojado—. ¿No pudiste esperar hasta que anocheciera?

—Con todo respeto señor Kcalb… pero no creo que eso sea una buena sugerencia para él —reprochó Froze.

Kcalb solo pudo guardar silencio. No podía contestarle nada, ella, en cierto sentido, tenía razón, pero, aun así, jamás lo admitiría. Si estuviera junto con Eti, ella lo apoyaría, pero lo más seguro que entraría Wodahs y los reprendería por tratar de arruinar todo lo que él preparó

Hablando de Wodahs, su hermano menor era muy disciplinado, organizado y obediente, pero en verdadera disciplina, Froze lo superaba. Ella era la más apta para muchos trabajos que requerían de constancia y paciencia, por lo mismo se quedó a cargo del chico problema desde el inicio… y por ello, sí se trataba de él, ella definitivamente tendría la última palabra, y lo sabía, por eso gruñó en voz baja.

Todo eso lo ponía nervioso.

—Ejem, ejem… Debiste controlarte. ¿Sabes que te hubiera pasado si todo hubiera escalado? —dijo mirando a una pared, evitando la mirada inquisidora de Froze.

—Lo lamento mi señor, no quería arruinar el festival o desprestigiarlos, es solo que… sentí que era una oportunidad única que no podía dejar. Sí no fuera por el deseo de mi señora, siento que nunca me lo hubiera encontrado… Era como un regalo… tenía que aprovechar el momento… Tenía que matarlo…

—Te entiendo… —dijo Kcalb con tono reflexivo— pero ¿sabes cuantos ángeles y demonios… No, es más, ¿cuántas otras razas conflictivas, de otros lugares, se encuentran ahora en nuestro mundo?

Tanto como Froze y Alfem, sabían la respuesta. Froze era una supervisora de aduana, y Alfem al tener que organizar a su grupo, se le fue informado de cuánta gente asistiría aproximadamente, cosa que en su momento no le había tomado el peso.

—Son más de los que esperamos en primer lugar, y ya juntarlos es problemático. ¿Sabes cómo mantenemos el orden? Porque al ingresar se les advierte; deben seguir nuestras reglas o conocerán la ira de Etihw y mía. ¿Entiendes lo que hiciste?

—Mi señor… yo…

—Uno de nosotros rompió las reglas. ¿Sabes cómo eso se puede ver? —dijo Kcalb mirando fijamente a los ojos a su subordinado—. Como debilidad, y ellos, no perderán esa oportunidad para hacer lo que quieren. Todo esto se volvería un desastre, y todos sufriríamos las consecuencias. ¿Ahora comprendes?

Alfem quedó mudo, todo pensamiento de venganza quedo apaciguado por esas palabras, estuvo a punto de colocar a todos en peligro por su acción impulsiva.

No importaba que tanto lo quisiera hacer sufrir, ahora no era el momento; la imagen de su actual mundo estaba en juego, muchos ojos estaban observando.

Ya que, aunque lo hubiera raptado en medio de la noche, seguía siendo peligroso, si la desaparición salía a la luz, un ambiente de inseguridad se hubiera comenzado a esparcir por todo el festival, y ni pensar que pasaría si se sabe que el culpable fue un local.

Esto lo llenaba de remordimiento, pero algo de esto le sacaba una pequeña sonrisa involuntaria; "Uno de nosotros…", eso, sin saberlo, confortaba su alma.

—Lo lamento… no medí las consecuencias de mis actos —dijo Alfem con la cabeza agacha, intentó infructuosamente de hacer una reverencia, pero su posición y su dolor corporal se lo impidieron.

—Está bien, esta vez no ocurrió nada.

—¿No ocurrió nada? —preguntó Alfem confundido.

—Aunque… le pulverizaste el tobillo, no presento cargos ni quejas —dijo Froze ya completamente tranquila—. Después que fue sanado, solo se fue… y, de hecho, no me sorprende.

—Fue solo un pequeño daño colateral, además…

—¿Pasó algo más?

—Todos vieron lo que les pasaría sí infringían las reglas, así que, fuiste un buen ejemplo —dijo con malicia.

Froze lo miró con fiereza, con unas ganas de regañarlo. ¿Qué clase de mensaje ambiguo le estaba entregando? ¡Tenía que ser consciente de su posición e influencia! Él estaba dando discursos sobre comprender las consecuencias de nuestros actos, y ni el mismo las aplicaba en ese momento. Este hecho a Froze le enfureció, y un aura siniestra la rodeó.

La actitud de ella, hizo que Kcalb diera un paso atrás. Parece que la influencia de Wodahs afectó en su desarrollo, antes era mucho más dócil, o al menos eso era lo que el diablo pensaba, y eso lo aturdió.

Estaba comenzando a sudar, y al parecer su nerviosismo comenzó a ser visible, ya que aquel idiota en cama, estaba conteniendo su risa. Aunque lo trataba de esconder con todas sus fuerzas, saltaba demasiado y más de un quejido se le escapaba. Al parecer reírse lo lastimaba, en más de un sentido.

—¡Ejem! Lo importante es que no pasó nada malo —dijo desviando la mirada, y tratando de tomar una postura que, según, le hiciera recuperar su dignidad, cosa que no logró.

Todo aire siniestro que llegó a tener, se fue, volviendo a ser el de siempre; alguien que debería ser intimidante, pero que realmente no lo era. Esto, al fin relajó a los otros dos.

—Es bueno tenerlo de vuelta mi señor —dijo Alfem con una risita tímida, su señor no debería dar miedo, solo respeto.

—Tienes razón, definitivamente tienes razón —asintió Froze elegantemente.

—¿Q-Qué pasa con ustedes dos? No he ido a ningún lado —dijo Kcalb perdiendo completamente la postura solemne que intentó hacer.

—Se equivoca mi señor, usted acaba de volver —insistió Alfem con una risa aún más notoria en su rostro— ¿No es así, señorita Froze?

—Concuerdo completamente, el señor Kcalb acaba de volver.

La confusión de Kcalb era más y más grande, a tal grado que se comenzó a desesperar.

—¡Ustedes dos, deténganse! —gruñó mientras se le erizaba su pelo blanco.

—Está bien, mi señor, pero insisto, es un placer volver a verlo.

Una risa contenida de Froze era claramente audible, mientras el diablo se volvía rojo como un tomate y sus ojos se tornaron completamente negros, ella comenzaba a entender por qué Yosafire le jugaba tantas bromas, era un poco adictivo.

—¡Déjate de payasadas, y levántate! —dijo Kcalb furioso y cansado de ser el bufón—. Debemos ir donde Etihw para que ella misma te revise, y declare tu castigo.

La sonrisa que tenía Alfem se convirtió en preocupación rápidamente. No sabía que era peor, recibir su castigo o salir de la camilla. Su espalda dolía como si fuera apuñalada por mil cuchillas. Como buen demonio de la flama que era, sanaba rápido, pero eso no significaba que no sintiera dolor.

—Pero… ¿No puede venir ella para acá? —dijo Alfem atontado por el posible sufrimiento.

Una mirada de furia de Kcalb lo fulminó.

—Solo levántate, esto también es parte de tu castigo.

Kcalb, al ver que ese sujeto no se movía ni un poco, fue y le quitó la pequeña cobija que tenía encima. Estaba decidido en arrastrarlo si era necesario.

—¡Ah! ¡Ayuda! —exclamó el indefenso malherido.

Después de ser arrastrado a la puerta, Froze, que se quedó mirando en silencio, se levantó y los siguió.

No fue arrastrado por mucho tiempo, ya que, el diablo lo obligó a levantarse, y caminar hasta el salón gris donde esperaba Etihw.

En aquel lugar no solo estaba dios, sino también otra ángel que los esperaba.

—Muy bien, llegaron justo a tiempo.

Etihw, lo primero que hizo al recibirlos, fue examinar el cuerpo de Alfem, y sanarlo mientras le preguntaba por lo ocurrido.

—Bueno, eso bastará —dijo Ethiw orgullosa de por su trabajo.

—Gracias… Humm…

—¿Qué pasa con esa cara? Ya no te duele la espalda, ¿verdad?

—Sí, pero…

—Tu brazo, y hombro se quedarán así por un poco más de tiempo, y no solo eso, he hecho que toda tu regeneración sea igual de lenta que la de un humano. No es que te vayas a quedar así para siempre, pero debo asegurarme de que no busques los problemas mientras dure el festival. Ese será tu castigo, además del turno nocturno de que debes cumplir según la norma —dijo con una sonrisa.

—Fuiste demasiado blanda —se quejó el diablo con los brazos cruzados.

—Y tú, estás siendo muy duró —dijo Eti haciendo un puchero—. Normalmente, eres el más indulgente de los dos, y todo porque te jugaron una pequeña broma.

—¡Oye!

—Eso es todo chicos, ya pueden retirarse —dijo Etihw ignorando al diablo enojado.

Así que mientras los demás ya se giraban para retirarse, Alfem alzó la mano.

—Mi señora Etihw, tengo una pregunta. ¿Podría…

—Aaaaaaalf —interrumpió dios.

—¿S-Sí…?

—¿Qué te he dicho sobre usar ese honorífico? —dijo la dama gris sin muchas energías, emulando una cara triste— En serio, como me decías antes era mucho más adorable.

—¿C-Cómo dice?

Algo dentro de Alfem presentía que algo malo se aproximaba, y tragó la saliva por los nervios.

—Todavía recuerdo los primeros días de tu alta, y estabas tratando de encontrar algo para ayudarnos. Uno de esos días, me fuiste a buscar corriendo, sosteniendo un florero que ya se le debían cambiar las flores, y me dijiste; "Etin, Etin, señorita Etin, ¡las florecitas! ¡Las florecitas se comenzaron a poner tristes! ¡Se marchitan! Etin, las florecitas pueden morir, por favor, señorita Etin, sálvelas por favor" —narró con una voz un tanto infantil—. ¡Fue tan lindo! No me pude resistir en volver las flores eternamente bellas. Eras muy tierno, preferiría que me llamaras así. ¹

—¡Mi… Digo… Señorita Etihw! —dijo Alfem rojo como un tomate— ¡Yo no podría!

Él negaba efusivamente con la cabeza, y con la única mano buena que tenía. Llamar a su señora de esa forma solo fue posible cuando se comportaba como un niño por el trauma. Para su desgracia, eso fue una entre muchas otras cosas que hizo en ese tiempo, y aquellos recuerdos lo atacaban sin cesar.

—Sí… Supongo que es mucho pedir —dijo Etihw algo desanimada—. ¡Oh! Bueno. ¿Cuál era tu pregunta?

—Eh… ¡Verdad! Casi lo olvido. ¿Qué hace Macarona aquí? —dijo apuntándola con su dedo pulgar.

Macarona, que estaba junto a Froze, se estremeció al verse siendo el centro de atención.

—No importa cuánto lo piense, no tiene sentido que esté aquí. Ella debería estar descansando, mañana también será un día ajetreado… Era eso mi seño… señorita Etihw.

—Cuánta razón tienes —dijo Etihw agotada, junto con un suspiro. Recordar su conversación la agotaba—. Lo mismo le dije, pero no me escuchó… Así que ella está asignada a ayudarte con tu turno nocturno.

—¿Cómo? —dijo Alfem volteando rápidamente para ver a su amiga, no creía lo que oyó.

—Perdón… pero no podía quedarme tranquila sabiendo que te rompí el brazo —dijo Macarona con las manos juntas y la mirada agacha.

—Pero Maca, no es tu culpa…

Él se acercó muy preocupado, cuando estuvo a su lado, este le tomo del hombro y empezó a lagrimear, ella era demasiado buena persona.

—¡Te equivocas! —dijo Macarona apartando gentil, pero firmemente la mano de Alf—. Tú no lo sabías… pero antes de comenzar el festival, Froze me dio un resumen de tu informe clínico, y… ahí… salían algunas cosas de las cuales debía estar atenta, aprovechando que estaría más cerca de ti… ¡P-Por favor! No te enojes, no es que quisiera invadir tu privacidad, pero era importante… y Froze fue muy cuidadosa con la información que me pasó… La cosa es que…

—Maca…

Alfem, no supo cómo reaccionar, aunque, sintió algo de vergüenza al saber que su amiga allá visto un resumen de su historial, era lo que menos le importaba en ese mismo momento, verla así de afligida le oprimía el corazón.

—Es que ahí, entre otras cosas, se mencionaba el nombre de esa persona… pero en su momento no lo recordé, lo había olvidado por completo… Era mi responsabilidad cuidarte, y si tan solo hubiera reaccionado de alguna forma… pude haber evitado que te meterías en problemas, puede haber evitado lastimarte así —dijo mientras miraba el brazo inmovilizado de su amigo.

—Pero Maca, aun así, hiciste lo que pudiste… no es tu culpa que yo sea un imbécil.

—¡No te trates así, idiota! —dijo haciendo un puchero, y deteniendo su brazo en el aire que se dirigía para golpearlo—. Pude haber hecho algo antes, de que perdieras completamente la cordura… Por eso te acompañaré al turno de los marginados.

Al escuchar tal nombre, todos los oyentes quedaron con ojos como platos. "¿Turno de los marginados?", era lo que todos pensaban en ese momento.

—Espera, espera, espera. ¿De dónde sacaste ese nombre? —preguntó Alfem un poco pasmado por no haberlo escuchado antes.

—¿Ah? Turno de los marginados es como he escuchado que le llaman al turno de la noche, ya que casi nadie lo quiere, y como para cumplir cupos van los castigados, supongo que es un buen nombre.

—Sabiendo eso, ¡¿aún me quieres acompañar?! ¡Ahí solo van los chicos malos!

Maca se le quedó mirando fijamente, y de expresión seria.

—Nuestra primera tarea que se nos asignó fue asistir a El Gran Blanco, y después trasladar los contenedores a La degustación especial Ras Raw. Vamos tarde, así que es probable que nos toque uno de los últimos cargamentos. Para ser un turno de castigo lo tienes bastante liviano.

—El gran… y la… —dijo tenso, el tan solo imaginarse a ella ahí lo puso nervioso— ¡No! Maca, con mayor razón. ¡No! Es mi castigo, no vendrás, tú anda a dormir.

—Alf, el turno no será largo, y…

—¡No! ¡Me opongo! ¡Esto es una pésima idea! Ah… ¡De todos los sitios! Hasta a uno de esos prostíbulos raros no habría sido tanto problema… pero tenía que ser esos dos…

—Alf, también soy parte del equipo…

—¡Froze! ¡Dile algo!

Ella muy seria guardó silencio un momento, y tras pensarlo un poco se acercó a Alfem y a Macarona.

—Alfem, será mejor que te calmes.

—Pero…

—Macarona, ¿tu terapeuta sabe sobre esto?

—Bueno… es muy de noche, y debe estar durmiendo, así que…

—No le has dicho —sentenció Froze.

Alf, agachó los hombros y se llevó su mano a la cara, no podía creer lo que estaba haciendo, y lo peor es que comenzaba a entender por qué era tan terca.

—Lo haces por ella, ¿verdad? —dijo Alfem con certeza, mirándola fijamente tras levantarse los lentes un momento para apretarse en medio de los ojos—. Sí solo fuera por mí, no serías tan obstinada, en especial con el gran blanco de por medio.

—Espera, no miento, yo realmente estoy preocupada por ti, no menosprecies mis…

—No estoy diciendo eso…

—Bueno… yo…

Macarona, no sabía cómo defenderse de la acusación, y comenzaba a desesperar. Su respiración empezaba a perder el ritmo, una de sus manos se movía frenéticamente en su pelo, mientras que la otra no dejaba de rascar su pierna.

—¡Aaaah! ¡Qué me tiren al mar! —dijo Alfem furioso y fastidiado— ¡Está bien! ¡Acompáñame! ¡Maldición! ¡No soporto verte así! Además, tampoco quiero ir ahí solo…

—Sí, es por eso, yo puedo ir en lugar de Macarona, no dormir bien una noche, no me hará nada —dijo Froze de forma estoica.

—Froze, no te preocupes, estaré bien, ya debería superarlo…

—Alfem tiene razón, ninguno de los dos debería ir sin supervisión a un lugar así.

Los dos iban a protestar, pero la postura de Froze se era firme, e inamovible. Cualquier excusa que les había llegado a la cabeza, se les esfumó cuando la vieron.

—Froze, déjalos ir.

—Señora Etihw.

Etihw, al ver la discusión, se acercó con una cara sonriente y tranquila.

—Creo que este sería un buen momento para que ellos puedan ver cuanto han avanzado, y no estarán solos, yo les tendré un ojo encima.

Froze la miró sorprendida, nunca pensó que ella intervendría, aunque era algo normal, por alguna razón mimaba demasiado a Alfem, a pesar de que había venido de otro mundo. Bueno, hasta ella había comenzado a olvidar ese detalle con el tiempo.

—Si usted lo dice, que así se sea. Ustedes dos —dijo Froze para mirar a los otros dos que estaban pasmados por no saber cómo reaccionar a la intervención de Etihw—, por favor, cuídense.

—Eh… Ehh… Sí, eso haré, señorita Froze.

—Lo tendremos, muchas gracias.

—Bueno Maca, vamos, antes que se nos haga tarde, esos malditos ya deben tener un desastre.

—Espera, y cuida tu boca, no importa sus gustos, son visitas.

—Oh, no me vengas con esas tonterías. Avanza un poco, te alcanzo, debo decirle algo a mi señora.

—Tonto, está bien, no demores mucho —dijo mientras salía de la sala.

Alfem, se acercó rápidamente frente a Etihw, con una cara sonriente.

—Muchas gracias mi señora, por favor cuídenos. Haré lo posible para no decepcionarla.

—No te preocupes, sé que puedes hacerlo, y no solo tú.

—De nuevo gracias.

—Alf… por favor, cuídala.

—Eso haré, señorita Froze, es mi turno de brindarle una mano. Nos vemos mañana.

Muy animado, a pesar de tener un brazo inmovilizado salió de la habitación, para encontrarse con su amiga que lo esperaba en el pasillo.

—Eso fue rápido.

—Te lo dije —dijo sonriendo—. Por cierto, el Gran Blanco queda lejos, ¿me llevas?

—¡¿Ah?!

—¡Vamos! Tengo problemas al intentar volar.

—Pero aún tienes tus pies.

—No seas mala, hazlo por este pobre lisiado.

—Pero ¿no sería mucho mejor solo teletransportarnos ahí? Y así no tendría que cargarte.

—Ah… Es que así llegaríamos muy rápido, pensaba que podíamos quemar algo de tiempo viajando para allá.

—Qué perezoso eres… Me voy, te espero allá —dijo dándole la espalda, ya iban atrasados y él quería perder más tiempo.

—¡Espera! Además…

—Además, ¿qué?

—Creí que… nos daría tiempo para conversar, con todo esto, hace tiempo que no lo hacemos, al menos solos —dijo cabizbajo, rascándose tímidamente su hombro.

Ella solo lo miró en silencio, con el ceño fruncido.

—Por fa…

—¡Oh! No lo puedo creer, está bien, pero solo la mitad del camino.

—¡Hurra!

Así, ambos se encaminaron a su destino, dispuestos a luchar contra sus propios miedos, y tratar de volver armar aquello que se perdió alguna vez, pero nunca las cosas son tan simples. Aunque se trate de recrear el castillo de arena que se llevó el mar, nunca volverá, el nuevo castillo nunca será el que se fue, y así con otras cosas.


¹ Como dato curioso. En inglés, Alfem llama a Etihw my mistress, y como ella le incomoda lo cambia mrs. Etihw. En japonés me gustaría encontrar un honorífico tan viejo y tan anticuado, que sea incómodo, como el no kimi (の君) o heika (陛下 へいか), aunque me tinca más el primero.