En el salón gris, un eco retumbó por toda la habitación tras la salida de un enérgico Alfem. Kcalb, Etihw y Froze, se quedan mirando la puerta recientemente cerrada con miradas de incredulidad. ¿Desde cuándo él estaba tan animado para ir a trabajar?
Tal era su energía, que aún se escuchaba detrás de la gran puerta.
—Al fin se fueron. Qué escandalosos —dijo Kcalb, con un ademán de desgano.
—No seas así, Kcalb. Solo están un poco nerviosos —contestó Etihw con una sonrisa.
—Si tú lo dices —refunfuñó.
Los presentes guardaron silencio, su reunión había acabado, únicamente tocaba ir a dormir, y debían hacerlo pronto, ya que, el día siguiente, también sería agitado.
—Ya es tiempo de que me retire —dijo Froze mirando a ambos señores—. Les encargo el bienestar de esos dos.
—Sí, no te preocupes —respondió Etihw—, además de mí, también habrá otros cuidándolos, ahora ve a descansar.
Froze hizo una pequeña reverencia, y se retiró del sitio, dejando solos a dios y al diablo en el salón.
—Al fin, solos —dijo Etihw acercándose a Kcalb.
El diablo solamente alejó su mirada de ella, ya que tenía una expresión un poco nerviosa, como si quisiera decir algo, pero que no pudiera hacerlo abiertamente. Esto era extraño, ella no era alguien que dudara demasiado en decir lo que pensaba, así que ese comportamiento era un poco… intrigante, para no decir preocupante.
Por un momento, Kcalb, influenciado por su cansancio, creyó que ella únicamente quería retenerlo para molestarlo, pero rápidamente descartó esa posibilidad; ella no se daría tantos rodeos para hacerlo.
Esos días fueron agotadores para él, toda esa gente, además del drama de hoy, lo dejaron muerto y lo peor, es que esto no está cerca de terminar. Quería reponer energías, pero no pudo dejarla sola.
—Sabes, estaba pensando… —dijo Eti, llevándose su dedo índice a la boca— ¿No piensas que tu llegada no fue un poco conveniente?
El hombre de negro guardó silencio.
De todo lo que podía decir o preguntar, ¿tenía que ser eso? Además, ella ya debe saber la respuesta, y exclusivamente le preguntó porque sabía que lo iba a incomodar.
—¿No fue un poco sospechoso llegar justo a tiempo? Es como sí hubieras estado ahí desde el principio.
OK, ella no iba a detenerse hasta hacerlo hablar, y sí quería hacerlo sentir incómodo, lo había logrado. Con esto, todo atisbo de consideración hacía ella se esfumó, así que, el diablo decidió huir antes de dar explicaciones.
—¡Oye! ¿Dónde vas?
Etihw, no iba a permitir que él huyera tan fácilmente; esto solo era el comienzo. Hubiera sido aburrido si se retiraba en ese momento, pero eso no era todo, debía de retenerlo por más tiempo, realmente ella debía contarle algo de suma importancia. Por lo que en ese instante decidió molestarlo de una forma un poco diferente… Su estrategia fue un tanto simple; flotó hacia él, y lo abrazó, aferrándose a su cuello.
—Nunca me contaste como te fue en tus días de pesca —dijo mientras lo abrazaba aún más, hundiendo su cabeza en su cuello, cerca de su oído.
La respiración de Etihw provocó que él sacudiera todo su cuerpo. Una electricidad viajó desde la coronilla hasta la palma de sus pies, y su aliento lo colocaba a un más nervioso; ella estaba demasiado cerca.
—Kcaaalb, responde~ —dijo mientras soplaba, ella sabía muy bien lo que hacía.
Él, comenzó a sudar descontroladamente, y toda su cara estaba roja como un tomate, estaba perdiendo esta batalla, y con el sueño que tenía, le dificultaba conservar su cordura.
—Kcalb, no me dejes hablando sola, sabes que no me gusta, o creeré que estabas pescando usando al chico como cebo.
Kcalb se alejó un poco y la miró enojado, aunque no estaba del todo equivocada, lo hacía sonar muy mal.
—Sabes… que no es del todo así…
—Pero ¿qué quiere que piense si no me dices nada?
El diablo volvió a guardar silencio, no obstante, esta vez con una postura derrotada, no lo dejaría en paz hasta que él hablara.
—Debes saberlo… ellos están aquí, y no conocer sus intenciones me… —titubeó Kcalb, no sabiendo dónde posar su mirada.
—¿Te pone nervioso?
El hombre, un poco más relajado, asiente lentamente con la cabeza.
—Deberías relajarte un poco, él no ha ingresado directamente —continuó Etihw.
—Querrás decir que aún no ha ingresado. Si no viene él, tal vez, ese odioso lo traerá.
—¿Hablas de Satanick?
—Ese cretino de seguro lo arrastrará a algún lado, y a uno no muy decente.
—¿Como los que están abiertos a esta hora?
—Sí…
No se sabe si era por el sueño, o porque sabía que estaban solos, Kcalb, que tenía a Etihw apegado a él, la abrazó y escondió su cara en su pecho. Se acomodó en ella como si fuera una almohada.
—¡¿K-Kcalb!?
La sorpresa de Etihw se notaba en sus coloradas mejillas, Kcalb no era así de proactivo. A pesar de que llevaban mucho tiempo juntos, aún le sorprendía que hiciera estas acciones estando sobrio.
El peliblanco solamente se quedó en silencio, mientras que su respiración chocaba contra el pecho de Etihw. Se quedó quieto, respirando profundamente, sin hacer nada más que abrazarla. A fin de cuentas, él únicamente buscaba un cobijo para resguardarse.
—Kcalb, ¿ocurre algo?
Él continuó callado.
Estar así era cómodo, muy cómodo, era tan cómodo como su cama, pero el calor de Eti, su olor, el sonido de su respiración y el latir de su corazón, que producían un ritmo relajante, era mucho más reconfortante. Era demasiado agradable, y hablar nada más le robaría el momento. Aun en ese estado, podía escuchar como ella se comenzaba a agitar, y eso lo sacó finalmente de su trance.
—No sé cómo… aceptaste ese lugar… —confesó entre sus brazos.
Eti, comenzó a acariciar su pelo.
Él, estaba preocupado por ella y eso la conmovía, después de todo, aunque fuera por cosas pequeñas, él siempre trataba de protegerla, y era algo que ella le encantaba de él.
—Me sorprendió más que me lo pidieras tú, ya que de los dos eres al que menos le gustan esas cosas, a diferencia de a mí… No es tan malo, alivia la ansiedad de algunos habitantes y turistas, así que está bien.
—Pero tú debes saber todo lo que pasa ahí…
Ahora ella podía ver con más claridad la fuente de la preocupación de Kcalb. No era, como ella pensaba, que se sintió mal por creer que la había forzado a aceptar ese "pequeño infierno", el cual, vino para quedarse, sino que lo que ella podía ver, y como eso pesaría en su mente. Al final de cuentas, su sobreprotección no había desaparecido, a pesar de que sabía que ella no era omnisciente.
La omnisciencia… No, la clarividencia de Etihw era bastante buena, de hecho ella se jactaba cada vez que podía, pero su compañero sabía que había cosas que estaban fuera de su alcance, ya que él mismo tenía sus propios secretos. A pesar de eso, no había razones para que ella no notara lo que en esos lugares pasaba, aún más, sí, ese lugar se preparó para eso.
La noche profunda o como se le conocía popularmente, el barrio rojo; era un sitio en constante vigilancia. Puede que en otros mundos, lo que ocurría ahí era común, pero en el Jardín Gris, era una nueva incursión. No era que ningún habitante en el sitio no hubiera experimentado algo similar a lo que ofrecen como servicios la noche profunda, no obstante, siempre fue algo… de puertas para adentro. Así que, como cuando un niño se vuelve loco la primera vez que come azúcar sin mayor supervisión, aquí se debía evitar que eso pasara.
Etihw, además, hacía su trabajo con un poco de morbo en su accionar. Ella no era tan inocente como Kcalb, ella si quería saber más de esos temas. Cuando fue aquella diosa severa y estricta, nunca se permitió conocer ese tipo de experiencias, las despreciaba, pero ahora era distinto. Como en todo en la vida, a pesar de que había cosas que encontraba fascinantes, hubo otras que solo le trajeron un pequeño mal sabor de boca, y otras que tuvo que vetar para siempre.
—¿Eti? —dijo Kcalb al notar el silencio de la habladora diosa.
—Estoy bien, nada más no sabía que estuvieras tan preocupado, me sorprendiste un poco.
El diablo la abrazó un poco más fuerte. En lo más profundo de él, no quería que ella lo viera débil y preocupado, aunque ya fuera inevitable. Aún era orgulloso, aunque eso ya no valiera nada estando a solas.
—Y Kcalb, no te preocupes si ellos actúan antes de lo planeado, no creo que hagan nada muy llamativo con esos gobernantes merodeando por la zona.
—Eso también me preocupa, me sorprende que algunos dioses hayan venido.
—No pienso que a estas alturas hagan algo.
—Pero ¿qué pasa si les parece divertido el caos? —dijo subiendo su mirada, clavándola en sus ojos.
—Mmm…
Esa posibilidad no era para nada descabellada.
Los gobernantes que paseaban, no eran exclusivamente reyes o reinas, príncipes o princesas, sino, dioses y diablos, que regían sus propios mundos, y algunos eran enemigos unos de los otros.
Los señores diablos tenían una relación cordial entre ellos, al menos se juntaban de vez en cuando a tomar el té. Es más, de una de estas reuniones surgió la idea inicial para este evento, así que no había nada de que preocuparse. Así que como es de esperar, tenían aliados por esta parte, así que tenían ese seguro.
En cambio, los dioses… ellos eran… más excéntricos y egoístas de lo que Etihw se llegó a imaginar. Lo bueno es que no llegaron muchos, y eso les vino como anillo al dedo, ya que, si hubieran acudido más, es muy posible que se produjera más de un problema. Entre ellos no hay mucha comunicación, o al menos eso supone Etihw, puesto que, de los que asistieron, solo conoce a un par, de los cuales, uno, por lo que ha visto de él, ella duda en entregar su confianza.
—Solo esperemos que eso no suceda, o que evitemos que se produzca algún accidente.
—Sí, a la más mínima acción hay que tomar cartas en el asunto… —dijo Kcalb, bostezando ampliamente.
—Será mejor que vayas a dormir —dijo Eti tomando su cara con ambas manos.
—Tienes razón… Me iré a descansar…
Él se separó de Eti y se dirigió a la puerta, pero se detuvo y la miró fijamente.
—¿Q-Qué ocurre? —dijo ella al sentirse observada sin razón.
Había una cosa más que a él le preocupaba, pero que no sabía cómo colocarlo en palabras sin sonar exagerado. Hoy él no la despertó como siempre, como todas las mañanas, de hecho, no lo hizo, ella ya estaba vestida y lista. Puede que esto nada más sea un detalle sin sentido, puede que solo se levantó temprano para variar, sin embargo, algo dentro de él le gritaba que estuviera atento a ella.
Al verla con su carita de duda, sintió que se veía tierna, entonces, le tomó tímidamente su mano, y le dio un pequeño beso en la mejilla.
—Tú también descansa. Si estás muy cansada, recuerda que Wodahs también les tendrá un ojo encima, nos vemos mañana.
Después de eso, el diablo desapareció del lugar, dejando a una toda sonrojada Etihw con una mano en la mejilla, con una sonrisa inconsciente.
—Me pregunto en qué estarán esos dos… ¡Espera un momento! —dijo exaltada—. ¡Se me volvió a olvidar decirle que…! Bueno, tendrá que ser más tarde, ahora se le veía muy cansado… Aunque…
Etihw recordó rápidamente el pequeño beso que le fue dado de despedida, y se volvió a ruborizar.
—Debería conversar más seguido con Kcalb cuando tiene sueño —dijo más decidida—. Bueno, ahora estos dos, ¿qué estarán haciendo?…
En el cielo nocturno, aparte de las estrellas y la gran luna, se pueden observar una silueta que navega por el firmamento. Son unas alas blancas, que surcan por ese mar de estrellas con una clara dificultad al aletear.
Macarona, se desplaza en dirección a un lejano edificio, mientras cada vez se distancia del gran castillo gris. Está cargando como si fuera una princesa a su amigo, que con sus brazos se agarra como puede a la camisa de ella.
—Así que ese es el famoso Gran Blanco. Pensé que sería más… blanco —dijo Macarona, algo confundida por lo que veía—. Digo, de aquí veo los pilares y las decoraciones negras.
—No se llama así por el color, sino por el objetivo. Si miras desde arriba el edificio podrás notar que simula un blanco que se utiliza en dardos o flechas.
—Vaya… no me lo hubiera imaginado.
—Bueno… para ser sincero, también pensé que era por el color, hasta que Grora me lo explicó.
—¿Grora? —preguntó ella con incredulidad.
—¿Eh? ¿Dije algo malo?
—No, solo me sorprendió que la tutearas con tanta felicidad, normalmente tiendes a ser más… ¿distante? Sí es que lo puedo decir así, que yo sepa tienes menos contacto con ella que con Wodahs. Además, que no la he visto mucho en el último tiempo.
—Ah, eso. Digamos que la conocí mejor hace poco, y ahora me resulta extraño decirle señorita Alela… a todo esto ¿Alela es su apellido o su nombre? Man, eso me confunde.
—¿¡Por qué me preguntas eso a mí?! ¿Además, donde te la topaste? Uno de mis colegas preguntó por ella para una entrevista en clases.
—¡Tú debes conocerla mejor! Llevas más tiempo aquí, digo, tú naciste aquí.
—¡Ah! ¡Olvida eso y responde mi pregunta! —gruñó rápidamente la ángel, tratando de no perder el equilibrio en su vuelo.
El movimiento fue un poco brusco, y Alfem perdió por un instante el agarre. En esa décima de segundo, se vio como caía al vacío, y colapsaba en el piso. Aquello, nunca pasó, ya que Macarona lo tenía sujeto con fuerza.
—¡Wow! ¡Está bien! ¡No quiero que me mates!
—¿Qué rayos te pasa? No te voy a soltar.
—¡Ya dije que hablaré! No tienes que usar psicología inversa —chilló Alfem, ignorando por completo la mirada perpleja de Macarona, que en ese momento, pensaba en lo dramático que era su amigo—. Verás… yo… ya he ido a ese edificio, y me la encontré ahí, de seguro con ella tendremos que conversar sobre el tema de la tarea que nos asignaran…
La mirada de Alfem se oscureció de repente, y guardó silencio.
—¿Alf? ¿Qué ocurre?
—No quiero que vayas…
—Alf, ya hemos hablado esto.
—Sí, pero es un lugar en verdad desagradabl…
Un repentino y punzante dolor comenzó a taladrar la cabeza de Alf. Esté, nubló todos sus pensamientos, que lo hicieron estremecer, y gritar.
Por impulso, se agarró la cabeza, enterrando sus garras en el lugar, dejando su pelo manchado en sangre.
—¡¿Alf?! ¡¿Qué te ocurre?!
Los movimientos Alfem se volvieron cada vez más erráticos, y Macarona le costaba mantener el ritmo. Si esto seguía, ambos caerían, ella debía actual rápido por el bien de los dos.
—¡Aguanta! —gritó Macarona dirigiéndose lo más rápido posible al piso para aterrizar de forma segura.
En cuanto sus grandes alas amortiguaron el aterrizaje, creando una nube de polvo, ella trató de recostarlo cerca de un árbol, pero en cuanto tocaron el piso, Alfem se soltó de sus brazos.
El dolor era insoportable, era como si desde el nacimiento de uno de sus cuernos comenzaran a quemar todos sus nervios, extendiendo el sufrimiento a todo su cuerpo.
Se retorcía, gritaba, sin embargo, nada funcionaba. Sus alaridos hacían eco en el bosque que los rodeaba, mientras Macarona buscaba, entre sus cosas, algo que pudiera aliviar la dolencia de su amigo.
"¡Quema, esto quema demasiado!" lamentó Alfem en los pocos pensamientos que podía formar, ya que ni su boca le respondía más allá de los chillidos de dolor. Sintió como se esparcía por cada fibra de su ser, para menguar al poco tiempo. Lo malo, que no solo sentía que la tortura cesaba, sino que lo hacía junto a sus fuerzas.
—¡Vamos, come esto! —dijo Macarona, mientras le daba de comer prosciutto¹ para que él recuperara sus fuerzas.
Alfem, un poco más cuerdo, comenzó a masticar lo que le había suministrado, y al comerlo, comenzó a sentirse un poco mejor, ya que sus fuerzas, aún no regresaban por completo.
—¿Alf, como te sientes?
—¡Ah…! Fatal, pero mejor —dijo mientras se sentaba con dificultad.
En eso, Macarona, al verlo de vuelta, lo abraza con fuerza.
—¡Maca! ¡Maca! ¡Mi espalda! ¡Me aplastas!
Ella de inmediato lo soltó, y comenzó a lagrimear.
—¡Lo siento! No debí preguntar más… Tal vez tú…
—Maca, no, definitivamente no fue tu culpa… no fue un ataque.
—¿Eh? ¿Pero entonces…?
—No lo sé, fue raro, pero de algo estoy seguro, no fuiste tú.
Fue extraño, más de lo normal. Fue un dolor tan agudo, que aún no puede colocarse de pie correctamente. A diferencia de otras situaciones similares, esto no fue algo mental, fue en un cien por ciento físico, que de alguna forma, le resultaba conocido.
—Sujétate de mi hombro —dijo Macarona, sosteniendo a su amigo.
—Gracias.
—Creo que deberíamos volver, no creo que cumplas turno nocturno en este estado.
—Supongo que tienes razón —dijo Alfem mientras afirmaba uno de sus pies que no dejaba de temblar.
—Ni Wodahs podría decirte algo, así que regresemos, te llevo.
"Ni Wodahs podría… Ni Wodahs… Wodahs". Esas palabras hicieron eco dentro de la cabeza de Alfem, paralizándolo, y tornando su cara de un color desagradable.
—No, no, no. Sabes, cambie de parecer. Ahora me siento de maravilla.
Él, se separó de su amiga, y comenzó a caminar con las articulaciones tiesas.
—No tienes de qué preocuparte, mira —dijo mientras dio un pisotón fuerte al piso, que hizo vibrar su cuerpo de abajo para arriba.
—Nos vamos de regreso —dijo tajante.
—¡Oye!
Macarona lo tomó del brazo, y lo jaloneó.
—¡Cálmate Maca! ¡En serio me siento mejor! ¿Se te olvida que mi regeneración es buena? Solo fue algo físico, en cuanto lleguemos al edificio estaré recuperado.
Macarona volteó con una mirada fiera, haciendo sudar a Alfem.
—Está bien, no te puedo obligar —suspiró frustrada—, pero más tarde no te quiero escuchar quejarte al respecto.
—Está bien, está bien, entiendo, no me quejaré.
—Entonces vamos, no queda mucho para llegar.
Un gran edificio cónico, con grandes pilares, parecido a un coliseo romano adornado con piedras blancas y negras, con motivos de rombos por doquier. Con todo, la decoración, más que una estructura romana, parecía una barroca.
Era un edificio enorme, que sorprendió a todos cuando apareció de la noche a la mañana en los bosques profundos, entre el bosque perdido y el encantado. A diferencia de lo que se cree, este edificio no lo creó Etihw, sino, los mogekos, habitantes que quisieron expandir su negocio. Aunque eso no es algo muy relevante.
—Es más grande de lo que imaginé, se veía más pequeño desde el cielo.
—Es gigantesco, no sé para qué necesitan tanto espacio, es un desperdicio.
—Deben tener una buena razón.
—Nah, es solo un complejo. Bueno, ¿entramos? —dijo Alf apuntando a la hermosa entrada adornada con una alfombra roja, con recepcionistas, con una iluminación que entregaba una atmósfera suntuosa.
Al ver como la gente que entraba, y como eran tratados con tanta cortesía, Macarona, vio su vestimenta y dudó.
—¿Por qué no vamos a la entrada de servicio?
—¿Eh? ¿Para qué? Ya estamos aquí, ir para allá únicamente será una pérdida de tiempo.
—Es que… bueno…
—¿Te pasa algo?
—N-No, no pasa nada.
—Si quieres irte, puedes hacerlo, de hecho, me dejaría mucho más tranquilo si lo haces.
—¡¿Qué?! ¡No! ¡Verás! ¡Ah!
Macarona, al no saber cómo expresarse, tensó su cuerpo e hizo un puchero.
—¡Olvídalo! Entremos —dijo un poco sonrojada de enojo, mientras caminaba a la entrada.
Alfem, no entendió lo que pasaba, ya que para él no existía el problema al entrar por ese lugar.
Una vez adentro, la cantidad de gente era abrumadora, aun cuando nada más estaban en la recepción.
—Con tanta gente, me estoy preguntando si llegaremos a encontrar a Grora —refunfuñó Alfem, que al parecer, se le había pegado un poco la actitud de su señor ante grandes multitudes.
—Pensé que no te molestaban los sitios concurridos.
—No es la gente, es el lugar… Vamos a preguntarle a alguien dónde la podemos encontrar.
Con toda la gente de ahí, era un poco difícil reconocer o buscar a alguien, así que trataron de pedir direcciones, pero antes siquiera pudieran hablar con informaciones, sintieron un aura amenazante que surgía desde su espalda.
—¿Qué hacen aquí, granujas? —dijo la presencia con voz tenebrosa, y amenazante.
Alfem y Macarona, saltaron del susto, girando al unísono, identificando a su "agresor".
—¡Yo~! ¿Qué tal, chicos? Me alegra que llegaran a tiempo —dijo Grora, de forma casual.
La cara relajada de aquella ángel de ojo parchado, era la antítesis de los rostros violetas de sorpresa de los otros dos.
—¡¿Eras tú?! —gritaron ambos.
—¿Qué les pasó? Se estaban demorando demasiado. Por un momento pensé que habían llegado más temprano, y se habían perdido o algo así.
—No nos demoramos tanto, volé lo más rápido que pude.
—¡Oh! El viejo truco de ganar tiempo viajando en vez de llegar directo —dijo Grora chocando un puño lateral con la palma de la otra mano, como si estuviera aterrizando su idea—. Eso me lo esperaba de cualquiera, pero no de ti, Macarona.
—¡Y-Yo! ¡Eso!
Macarona se puso tan nerviosa por esas simples palabras. Se sintió tímida tras la acusación, no podía defenderse, así que solo se quedó sonrojada frotando sus manos con nerviosismo.
—Macarona, eres tan linda como siempre —sonrió Grora—. Tú, tranquila, que ni es tan grave, llegaron y eso es lo importante.
—Sí, tienes razón, Maca es linda cuando se sonroja —agregó Alfem a la conversación—. Por cierto, será un placer volver a trabajar contigo.
—¡Vaya! Digo lo mismo, nunca pensé que encontraría alguien diligente, aun cuando apestara a alcohol —dijo Grora mientras realiza con Alfem un pequeño apretón de mano—. Al menos hoy no hueles tan mal.
"¿Tan mal? ¿Apesto?", pensó Alfem, e inconscientemente comenzó a olerse a sí mismo, tratando de hallar el núcleo de ese posible mal olor.
—Ja, ja, ja. No te lo tomes en serio, no hueles. Jajaja.
Unas miradas recelosas apuntaron a Grora con furia comprimida, ella solo estaba jugando con ellos, y no podían hacer nada. La frustración era grande.
—Okay, okay. Ya, me detengo.
La furia de los dos fue aplacada con rapidez, y suspiraron a la vez.
—Como sea. Grora, ¿qué es lo que debemos hacer? Es mi primera vez aquí, así que no sé ni que tareas me asignaran.
—Espera, mientras volaban, ¿Alfem no te dijo nada? Vaya, pero que responsable.
—¡Oye!
—Así es, no me contó nada.
—Bueno, no te preocupes, yo te explico.
Así, Alela Grora, la supervisora, tomo de la espalda a Macarona y le explicó con lujo de detalle las tareas que ahí se realizaban.
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