Pensar que cuando los mogekos presentaron el proyecto, no era tan grande, al menos eso me contó el ángel jefe. No me imagino que cara habrá puesto cuando fue a inspeccionar la obra, y vio todo esto construido; fue más del doble de lo acordado, debió haber deseado matarlos. Jajaja.
Lo peor fue cuando les pidieron explicaciones, me dijo que si no fuera porque estaba Etihw, hubiera volado cabezas por las razones absurdas que dieron. Hubiera sido entretenido haber estado ahí, es una lástima, ya que él no me dio muchos detalles, a veces es insípido cuando relata algo.
Entre las cosas que si me contó fue, que Etihw les tuvo que colocar un alto algunas ideas… un tanto extravagantes que estaban proponiendo. Ellos aceptaron rápidamente, pero Etihw les advirtió, que si rompían ese acuerdo, la Gran Guerra sería un juego comparado a lo que les haría. Cuando me dijo eso el ángel jefe, se me puso la piel de gallina. prrrr.
Aun así, siendo que le quitaron muchas funciones, esta mole sigue siendo el centro de la noche profunda. No sé que le ven, es un asco para administrar, es muy grande esta porquería.
No saben cómo me hubiera encantado que solo se hubiera quedado en la sala de puestas con arena, eso seguiría siendo tedioso, pero ¿un hotel? ¿En serio? Ya es un lío procurar que no se maten por un altercado… Estúpidos peluches que no pueden quedarse quietos.
Lo peor de todo, son cuando usan las habitaciones para otras cosas que no son las comunes, como lo son dormir, descansar, y ustedes saben, entretenimiento sano. Es en serio, no es que sea de mente cerrada, pero es que ni piensan en que hay gente que limpiará sus porquerías, y ¡a esas bolas amarillas no les importa! Si no fuera por las restricciones, no creo que siquiera el lugar fuera viable de vigilar, y lo se terminaría clausurando.
Bueno, no están aquí para escuchar mis quejas, están aquí por habitaciones indecentes, baños asquerosos, y la maldita y dichosa arena, que ustedes tendrán que limpiar.
—Grora, espera un poco… ¿No era solo la arena y el traslado de restos? —preguntó Macarona un poco nerviosa.
—Jajaja. Claro que no —rio Grora, como si hubiera escuchado una buena broma—. Si solo fuera eso, no sería un buen castigo. Si les decimos todo lo que tienen que hacer, saldrían huyendo antes de siquiera llegar aquí.
—Mmm… Comprendo —dijo Macarona cerrando los ojos, meditando al respecto.
Macarona supone que tiene razón, aunque le molesta un poco la actitud de Grora, es como si lo estuviera disfrutando.
—De hecho, tomen.
Grora, saca unos papeles, un manojo de llaves y se las entrega a cada uno.
—¿Esta es la lista de tareas?, y además los mapas, supongo que es para no perdernos —dijo Alfem, levantando la ceja al verla.
—Créeme, igual lo terminarás haciendo.
—Dalo por hecho, te llamaré cuando pase —dijo Alfem, apuntándola con su mano con forma de pistola.
—Caray, son bastantes lugares… ¿Vamos a lograr hacer todo antes que amanezca? —preguntó Macarona, al ver todos los lugares marcados en el mapa.
—No te preocupes, aún les queda tiempo. Además, es una lista especial para el momento —dijo Grora tratando de relajar a Macarona.
—Tienes razón, es pequeñísima, la lista que me mostraste ayer era brutal.
—¿Eh? ¿Qué quieres decir con eso? Yo veo esto, y ya lo encuentro bastante. ¿Normalmente se les asignan más tareas?
—Así parece —dice Alfem de forma despreocupada—, pero tienes razón. ¿Cómo es que alcanzan a terminar todo lo que me mostraste ayer?
—Ja, ja. Tenemos nuestro secreto, ya lo van a notar.
Macarona la miró con los ojos entrecerrados. ¿Qué estaba ocultando? Esto era un poco sospechoso, pero un poco más de trabajo no la matará, a pesar de que si se demoran, no alcanzaría a hacer esa visita, pero al menos no habría dejado solo a su amigo.
—¡Entonces! ¡Manos a la obra! —dijo Macarona con firmeza, tenía que dar lo mejor de ella.
—Les mostraré el primer lugar, después solo sigan el mapa.
En menos de lo que esperaban, llegaron a uno de los pasillos donde estaban las habitaciones de hospedaje. Estaba en total silencio, y las puertas se repetían una tras otra hasta perderse en la curva del edificio.
Tras caminar y caminar, Grora se detuvo al frente de una habitación.
—¿Aquí es? —preguntó Macarona.
—Así es, y como ves estamos aquí —dijo Grora, apuntando con su dedo una parte del mapa que sostenía Macarona—. Así te guías y puedes llegar mejor a los otros puntos.
—Gracias, Grora.
Macarona estaba sonriendo, cuando de atrás se detiene un mareado Alfem, tratando de regular su respiración.
—Alf, ¿te ocurre algo?
—Creo que voy a vomitar si sigo viendo puertas aparecer por el horizonte —dijo Alfem apoyándose como pudo en una pared.
—Nah. Ya te acostumbrarás. Así deja de exagerar y mira tu primer objetivo.
La puerta era como todas las otras, diferenciándose de las demás por su número identificador. Normalmente, una puerta con esa madera y tallado llamaría la atención en cualquier lugar, pero al ver tantas de ese tipo en todo el camino hasta ahí, ya era un detalle imperceptible.
—Así que… ¿Este es? —dijo Alfem un poco decepcionado—. Por lo que me dijiste ayer, pensé ver algo más terrorífico, esto parece bastante normal.
—Eso lo dices porque está cerrada, pero ya verás porque nadie la ha querido siquiera tocar desde que los últimos inquilinos la dejaron. Hasta traté que el último grupo de marginados se encargara… pero fallé.
Macarona frunció el ceño, ni siquiera sabía qué pensar al respecto, y Alfem le dio un escalofrío que le recorrió toda la espalda.
—¿No puedo dejarla para al final? —dijo Alfem con una sonrisa pícara.
—Sé lo que intentas, pero no te funcionará. No puedes huir.
—Maldita sea…
—Vamos Alf, no te preocupes, podemos hacerlos si estamos juntos. No estás solo.
—Maca, tú aún estás a tiempo…
—No digas tonterías, si me voy no terminarás nunca.
—Con Macarona aquí, sé que no te escabullirás. Me tengo que ir, tengo que ver que lo demás esté en orden. ¡Nos vemos!
Antes que siquiera los otros dos pudieran despedirse, Grora, desapareció en un parpadeo.
—Y se fue. ¿Entonces, quien hace los honores?
—Supongo que tú, Alf.
Alf se prepara. Agita su mano para sacarse la tensión. Grora no le había dado muchos detalles, y eso lo colocaba más nervioso.
Al tomar la manija, se detuvo antes de girarla.
—Maca, tengo un mal presentimiento…
—¿Qué ocurre?
—Sabes, no creo que esto sea para tanto… Así que porque no mejor… —dijo Alfem, volteado sin despegarse de la manija, forzando una sonrisa.
—¡Alf, para con eso! —dijo un poco hastiada— Ven, te ayudo.
Macarona, posó su mano sobre la de él, y Alfem, apretó aún más aquella manija, pero, aun así, ambos se congelaron al disponerse abrir aquella puerta. Ninguno de los dos movió ni un músculo, solo quedándose mirando fijamente la manilla de la puerta, como si estuvieran esperando que esta se moviera sola.
Solo se quedaron quietos, ninguno de los dos sabía qué hacer, se habían congelado de la nada. Este comportamiento no tenía lógica alguna, solo debían ejercer una pequeña e insignificante fuerza, y la puerta se abriría, pero ahí estaban, sudando por todo el cuerpo, siendo aplastados por el silencio. Lo único que escuchaban, era el sonido de sus profundas y pausadas respiraciones.
"Esto es estúpido", pensó Alfem, pero tenía miedo, no sabía a qué exactamente, y eso le frustraba.
Buscando una ayuda silenciosa giró su mirada hacia su amiga, que tenía su vista pegada en sus manos en la manija, y que al notar de reojo a su amigo lo miró de vuelta.
Se miraron a los ojos mutuamente. Ambos tenían miedo, y ambos estaban confundidos.
Los ojos de Macarona estaban vidriosos, y las gafas de Alfem revelaban tenuemente sus nerviosos ojos. Tras estar así un par de segundos que parecieron minutos, respiraron profundamente, y giraron la manilla.
La puerta la comenzaron a abrir lentamente, pero en cuanto un poco de aire salió, salieron disparados instintivamente para atrás. La puerta que lentamente se abría, liberaba cada vez más un acentuado y repulsivo olor.
Alfem y Macarona se asomaron desde lo más lejos que el estrecho pasillo les permitió, tapándose como pudieron la nariz. El aire que salía de ese oscuro lumbral era denso, casi palpable.
No se podía ver nada a simple vista, solo un fondo negro era lo que se visualizaba tras la puerta semi abierta.
—¿Qué es lo que huele tan mal?
—No lo quiero saber…
—Pero debemos averiguarlo.
Con cautela comenzaron a ingresar a esa boca del lobo.
El corazón de ambos latía desenfrenadamente, el olor, al ser tan penetrante, no les dejaba pensar con claridad y distinguirlo. Para agregar a la situación, la pequeña luz arriba de ellos, comenzó a parpadear.
—Tch. Qué oportuno —dijo Alfem al sobresaltarse al notar el tintineo de las luces.
Macarona, había dado un paso para atrás sin darse cuenta, mirando las luces y el pasillo. Aunque era la que empujaba a Alfem, no pudo evitar quedarse un poco más atrás y vigilar sus espaldas. Todo era más tenso de lo que debería.
Alfem, entró lentamente a la oscura habitación, palpó con cuidado la pared, buscando el interruptor en medio de la oscuridad. Maca le seguía desde atrás, pero al encender la luz, ella pudo detener sus arcadas, y Alfem estaba tan impactado, que no pudo reaccionar a asistir a su amiga.
Lo que vieron eran los restos de un "espectáculo" atroz y violento, digno de la sala de juegos de esa mujer, pero un paso más asqueroso. Lo que más le llamó la atención a Alfem, fue como usaron el excremento de quien o quienes les pertenecían los restos de piel que se repartían por todo el sitio, para "redecorar" el papel tapiz.
—Hijos de puta —maldijo Alfem a los causantes del desastre en conjunto con sus compañeros, por dejarle este trabajo—. Maca. ¿Estás bien?
Ella estaba de cuclillas, dando la espalda a todo ese horror. El olor ya no importaba, necesitaba respirar correctamente. Nada de esto, le hacía bien, comenzó a sentirse mareada, con ganas de seguir vaciando su estómago.
—Yo… —dijo Macarona limpiándose la boca con su manga.
—Aún está abierta la oferta, no creo que se vaya a colocar mejor que esto.
Macarona lo miró a él y a ese restrojo de habitación, zigzagueando la mirada un par de veces.
Esta escena comenzó a abrir poco a poco recuerdos dormidos, sucesos que su mente había guardado por su propio bien, y que por toda la situación no entendía con claridad.
Una habitación oscura, y un sabor a tela en su boca. Unos brillantes y agudos ojos rosas, se asomaba en aquellas sombras, observándola fijamente. Ella trataba de respirar con normalidad, pero aquella sensación fría que le hacía arder las entrañas se deslizaba lentamente…
—¡Maca! ¡Reacciona!
Sin que ella se hubiera dado cuenta, Alfem estaba junto a ella agarrándola de su hombro.
—Esta es una pésima idea, nos vamos. Me voy contigo, después veo que hago. ¡Vamos!
Cuando este trató de levantar del piso a su amiga, esta misma lo detuvo.
—Vamos, Maca.
—Alf, no huiré… y tampoco te dejaré solo.
—Maca…
En ese preciso momento, Alfem solamente quería abrazarla. Podía sentir su incomodidad, podía imaginar su batalla interior y la fuerza que estaba usando en ella , y que, aun así, no diera su brazo a torcer para no dejarlo atrás, lo conmovió como nada en este mundo.
Ella tenía sus propias pesadillas, y desde el comienzo él sabía que lo que pasaba aquí adentro podría afectarla. Ella era alguien fuerte, pero esto era demasiado para alguien como ella, y él no se sentía merecedor de tal sacrificio… de hecho, no lo creía, él no solo podía ser la razón.
—Ella no merece que recorras el infierno por ella —dijo serio, con mucha pena y preocupación en su voz.
—No lo recorro… solo lo limpio —sonrió Macarona.
—Je… Entonces toma mi mano, y comencemos, que esto no se hará solo.
Macarona lo miró, y sonrió con fatiga. Le tomó de la mano, satisfecha al ver que al fin era bien recibida su asistencia.
—Pero sabes que no es únicamente por ella. Realmente quiero ayudarte.
—Sí, lo sé… y gracias… aunque… No pienso limpiar tu desastre —dijo Alfem, indicando donde se esparció su asco por el piso.
Macarona, al notar a lo que se refería, se puso roja, y lo golpeó molesta en su brazo herido.
—¡Au! ¡Au! ¡Au! —exclamó encogiéndose de dolor.
—¡Lo siento, no fue mi intención!
—Sí, sí. No te preocupes, ya estoy bien, ya estoy bien.
—¿Estás seguro?
—Sí, será mejor que traigas el equipo pesado, por mientras veré que se puede salvar y lo que no lo volveré cenizas. Mejor abro las ventanas, no sé cómo quitaremos el olor de este lugar.
—Está bien, vuelvo enseguida.
—Uf… Comencemos con esto.
Como dijo Alfem, él se encargó de clasificar los muebles y todo tipo de dependencias de la habitación. A pesar de que, quería salvar algunas, como lo supuso desde el principio, tuvo que deshacerse de casi todo.
Todo el trabajo fue lento, las manchas de la habitación no salían, y a pesar de que Macarona trajo todos los implementos necesarios, el avance era casi imperceptible. Esa situación se mantuvo así hasta que llegaron al punto donde terminaron desmantelando toda la habitación.
Esto ocurrió después de que intentaran por horas recuperar la antigua gloria de la alfombra roja, que, aparentemente, antes era de color gris claro. Esto lo descubrieron tras levantar uno de los muebles, y… se podría decir que esa fue la gota que rebalsó el vaso.
Aquella alfombra se hizo ascuas, el empapelado arrancado, y todo mueble, con la más mínima salpicadura, echo pedazos. Al menos, la ceniza y las astillas eran más fácil de limpiar.
Al terminar aquella tortuosa habitación, pensaron que ya debió haber amanecido, pero vaya su sorpresa al mirar sus relojes, aún era la madrugada. No habían visto la hora al llegar ni al comenzar a trabajar, así que no sabían cuánto tiempo había pasado, pero, aun así, esa no podría ser la hora.
Llamarón a Grora, sin embargo, eso no sirvió de mucho, ella solo les dijo que no se preocuparan, que aún les quedaba tiempo, cosa que no les tranquilizó para nada.
Con tal bienvenida, únicamente les hacía presagiar que su estancia sería desoladora y llena de espanto, pero para su sorpresa no fue así. Las demás habitaciones, e incluso los baños, estaban a un nivel… aceptable, estaban dentro de lo "normal", a pesar de que uno de los baños fue utilizado como carpa de circo, o algo parecido.
Sin darse cuenta, ya habían terminado todo, y únicamente les quedaba el más problemático de todos los quehaceres, la dichosa arena.
Gritos y aullidos se escucharon de un alborotado público al otro lado de las paredes.
Alfem y Macarona caminaron por un pasillo pobremente iluminado, cuando ya pueden divisar a Grosa que estaba con otro grupo. Grora al verlos, los saluda, y se despide de los otros.
Grosa se acerca con paso tranquilo, y sonríe al verlos.
—¡Chicos! No se tardaron nada en limpiar todo, los felicito. ¿Los puedo llamar para que hagan el aseo en mi casa? —dijo Grora imaginándose como estos reaccionarían.
Ambos receptores mostraron sus mejores caras reacias y cansadas.
Alfem, se llevó la mano a la cabeza, recordando algo que hubiera deseado nunca volver a rememorar.
—Por favor… No más… Esto fue peor que limpiar las alcantarillas después del concurso masivo de comida picante…
—¿Tuviste que…? Ah… Que horror… —dijo Macarona con asco e incertidumbre en su expresión.
Macarona, sabía bien que el cargo de conserje encargado del mantenimiento era solo una excusa para mantenerlo ocupado, a la vez que era como un castigo por sus crímenes pasados, ya que Etihw con su poder lo podía mantener todo… Era posible, que en ese momento, aún no les caía en gracia.
Grora, no supo cómo responder, y en definitiva no quería saber detalles al respecto.
—Bueno… Volviendo al tema. Les queda poco para terminar, será mejor que vayamos cerca de la puerta, no creo que falte mucho para que termine esta ronda —dijo apuntando a la pared, aludiendo al público enloquecido que gritaba— Vengan, los guío.
—Debe ser una locura lo que pasa allá —dijo Macarona mirando con cara asqueada, hacia la pared de donde venían los gritos.
—Esa es una afirmación a medias. En la mayoría de los casos son disputas personales de uno versus uno o de grupos pequeños, por lo que, cuando llega la hora de limpiar, no es la gran cosa.
—Entonces no es un trabajo difícil —dijo Macarona con un poco emocionada.
—Eh… No creo que sea así —dijo Alfem, desanimado, con los hombros caídos, y una expresión descolorida.
—Como dije, eso es en la mayoría de los casos… El problema son Las Funciones Especiales, esos siempre son todo un espectáculo. No son muchas por noche, pero… son las que se las dejamos a los castigados.
—Eso quiere decir que… —dijo Macarona juntando sus manos en su pecho con timidez.
—Sep, eso les toca ahora. Llegaron justo a tiempo… demasiado a tiempo…
—No me digas que es esa cosa que me mencionaste ayer…
—Sí… Si quieren, pueden hacer algo de tiempo, y mando otro grupo. No quiero ser responsable, sí es que es mucho para ustedes.
Alfem se quedó pensativo. Si Grora lo estaba diciendo, no debía ignorarlo, y según lo que le contó ayer entre bromas, la temática debería ser muy estimulante para sus mentes. Estaba seguro de que para él no sería tanto problema, estas cosas ya no eran un desencadenante como al comienzo, pero para Macarona, era otro tema.
—Creo que…
—Eso no sería correcto, sería injusto para ese grupo.
Macarona, había interrumpido a Alfem antes que este tomara la opción que Grora les estaba ofreciendo.
—Eh… Maca…
—No podría sentirme bien sabiendo que alguien más sufre por mi responsabilidad, aun cuando es algo desagradable. Es como si estuviéramos abusando de nuestra autoridad para darle el trabajo a los subordinados.
—Pero Maca, esto… y eso…
—Así que Grora, no temas. ¡Lograremos hacerlo! No tienes que sacrificar a alguien más.
Tomándose esto como un reto personal, Macarona miró fijamente a Alfem.
—¿No lo crees así, Alf? —dijo Macarona teniendo ojos grandes y brillantes.
—Pero… yo…
Alfem sentía que debía detenerla, estaba siendo extraña, y estúpidamente impulsiva, pero esos ojitos de cachorro que estaba colocando… Le dolía en el alma, él realmente quería tomar la oportunidad. ¿En serio se preocupaba más por extraños que por su amigo o ella misma?
"Qué me arrojen al mar", pensó Alfem girando la cabeza. No podía cuando se colocaba así.
—No puedo creer que vaya a decir esto —susurró Alfem —. Grora, olvídalo, haremos el trabajo…
—¿Estás seguro?
—Sí… —dijo sin ánimos.
En eso, se escucha, el furor del público, y un millar de aplausos.
El teléfono de Grora sonó, y ella contestó.
—¿Ya terminó? —pausó un momento—. Entiendo. No, no hay cambios. Ellos dijeron que lo harían —Vuelve a pausar, escuchando con la cabeza hacia arriba—. Pienso lo mismo. Nos dirigiremos a la puerta, así que mándame un mensaje cuando la gente se haya ido. Hablamos.
—¿Era panel de control? —preguntó Alfem.
—Sí, vamos, no debemos llegar tarde.
Acelerando el ritmo, llegaron rápidamente al entre bastidores, donde todos los demás estaban demasiado lejos y ocupados para tomarles atención. Los implementos de limpieza estaban a la mano, frente a una cortina de metal.
—Estos dos carros y contenedores los moverán a dentro y ahí procederán.
—Carajo, son dos de los gigantes, ¿cuánto tiempo nos tomará esto?
—Será un problema si no alcanzamos a terminar antes que comience el próximo evento.
En eso, cuando los dos miraron a Grora, esta los miraba preocupada, como si estuviera conteniendo decir algo.
—¿Qué te ocurre? No te ves bien.
—Es que se me había olvidado decirles un pequeño detalle con respecto a eso…
—¿Y qué es?
—¿Se acuerdan que el tiempo funciona raro aquí adentro?
Ambos, que la miraban atentos, asintieron con la cabeza.
—Bueno, en las habitaciones chicas nunca pasa nada, pero en espacios más grandes, donde transcurre mucha gente…
—Ajam.
—En ese tipo habitaciones… estas… tienden a cerrarse, a sellarse… a no abrirse hasta que se termina el trabajo…
—¿Qué? —preguntó Alfem, atónito, ante tal aclaración.
—Una vez que entren se quedaran encerrados, por eso el exceso de herramientas.
—¿Nos vamos… a quedar… encerrados…?
Las puertas se cerrarán y ya no abra salida. Las paredes se encogerán, el oxígeno le faltará, todos sus músculos se quedarán petrificados, como si estuviera amarrada… Amarrada y embozada, rodeada del olor a sangre.
Una presión gigante se acumulaba en la boca del estómago de Macarona, el pensamiento contante e invasor, consumía su aire y su vista. Volvería a esa pesadilla en carne vida, entre las garras de aquella que se movían en las tinieblas…
—¡Maca!
—¿Q-Qué?
Sin percatarse, Alfem estaba junto a ella. La estaba sosteniendo, y ella estaba de cuclillas, abrazando sus rodillas, toda sudada, como si hubiera corrido una maratón.
—¿¡Grora, aún puedes reunir a otro equipo?!
—Creo que sí, si los llamo ahora, podrían…
—¡Espera!
Macarona sostuvo la mano de Grora lo más rápido que pudo, como si su vida dependiera de ello. No le importo tropezarse al intentar pararse, y caer de rodillas en aquel piso húmedo.
—Yo puedo hacerlo, solo déjame recuperar el aliento y…
Su respiración seguía agitada. Parecía que se desplomaría en cualquier momento al soltar a la ángel de ojo parchado, que la miraba con gran lástima.
—Disculpa, pero si te colocaste así con la sola idea de… tú sabes… no salir cuando quieras… no creo que seas de mucha ayuda allá dentro.
—Grora, ¿me estás diciendo que seré un estorbo?
Macarona fijó su mirada perdida en Grora. La miraba sin pestañear, de forma penetrante, asiéndola sudar.
—Bueno… ¿Sí…?
—¡Estábien, estábien, estábien! ¡Vamos a calmarnos! —exclamó Alfem, al ver el rumbo de esta conversación—¿Maca, puedes levantarte?
—Eh… Sí —dijo Macarona sorprendida, y colocándose lentamente de pie.
—Grora. Ahm… bueno… —pausó Alfem. Estaba nervioso y buscaba en el techo lo que decirle para tranquilizar el ambiente y no provocar un conflicto. Debía ser algo inteligente, algo que pudiera resolver esto sin complicaciones, algo que no metiera ni a él ni a Maca en problemas— ¿Alela es tu nombre o apellido?
—¿Eh? ¿Por qué diantres me preguntas eso ahora…?
—¡Maldita sea! ¡Solo respóndeme! —gritó Alfem apurado, agitando las manos sobre su cabeza.
Esto desconcertó a Grora, que fue tomada por completa sorpresa.
—Espera. ¿Por qué no respiras? Estás gritan…
—¡Vamos! ¡No te compliques y dime! Alela, ¿nombre o apellido? —dijo Alfem, simulando con su mano como si estuviera mostrando un titular.
Grora, calló por un momento, "¿cuándo llegamos a esto?", pensó.
—Alela… Alela. ¡Obviamente, mi nombre es Alela! ¿Por qué siquiera tienes esa pregunta? [1]
—Es que no es tan obvio, no todos aquí usan apellidos, y como no sé si el orden siempre es el mismo, tenía la duda. No es tan raro, en otros mundos…
—¡Es que no tiene sentido! —interrumpió Grora—. ¿Conoces a alguien de aquí con el nombre y apellido inverti…?
—No, pero nunca se sabe —Interrumpió Alfem.
—¡Pero sí aquí no se utiliza ese formato! ¡Si me llamo, Alela Grora! ¡Alela! ¡Grora! ¡Alela será mi nombre y Grora mi apellido! Es obvio.
—Eh… yo tampoco lo sabía —agregó Macarona levantando la mano.
Grora, se quedó pasmada, sin fijar la vista. La consternación se podía vislumbrar al mirarla a su ojo, como un vacío eterno entre los anillos de su iris. La razón había abandonado por un instante su conciencia, hasta que llegó a una conclusión que pudo satisfacer su desencanto.
—Me quejaré más tarde con la escuela…
Macarona estaba muy avergonzada, jugaba con sus dedos, sin poder mirar a Alela a los ojos.
—Perdóname, Alf me lo había preguntado antes… Sé que no sería correcto excusarme con el hecho de que no interactuamos demasiado, es que… nunca me lo había cuestionado, y cuando Alf me lo consultó… bueno, no supe qué responder.
—Ah… No te puedo negar eso; aun así, esto es un dolor en el culo.
—Por cierto, ¿Alela?
—Solo llámame como encuentres cómodo.
—Gracias. ¡Verdad! ¡Se me había olvidado! —dijo Macarona, exaltándose un poco—. El profesor Lowrie, ha estado preguntando por ti estos días, si pudieras ir a verlo a la escuela esta semana, él te lo agradecería mucho.
—¿Eh? ¿Me está buscando? ¿Para qué es?
—No lo sé, me lo comentó cuando yo estaba en turno en la plaza, y él estaba paseando con su curso de jefatura.
—Iré en cuanto pueda, salir de aquí es difícil, pero lo recordaré, aunque deba ir a un lugar tan revoltoso como la escuela. Me sorprende la cantidad creciente de niños que hay ahora.
—Sí… Espero que la directora Grief me dé mi propia jefatura…
En esa cálida conversación, el teléfono que sostenía Alela comenzó a sonar.
—Debe ser hora de entrar —dijo Grora contestando el teléfono— ¿Está todo listo? Entiendo. Levanten la cortina.
La cortina metálica que estaba cerca de ellos, reveló un pasillo con un final iluminado. Era un espacio especial para sacar aquello que no debería estar en la arena, y que mancharía demasiado otros sectores, eso se notaba en los hilos y charcos rojos a lo largo del piso.
Macarona y Alfem, se quedaron viendo el túnel como si este fuera un destino más allá de su imaginación.
—Chicos, ya saben lo que viene ahora. Solo quiero que sepan, que ustedes solo se metieron en esto y no me culpen por cualquier cosa que pase.
—En… Entiendo, lo tengo entendido —dijo Alfem, despabilándose de su trance, y tomando el carro con los utensilios—. Maca, te dejo a ti los contenedores.
—¡Los tengo! ¡Estoy lista!
Alfem la mira, y afirma.
Ambos comienzan a caminar y adentrarse en el túnel, mientras Grora da la señal para cerrar la entrada, dándoles una pequeña mirada antes de salir del lugar.
Estrecho, húmedo y maloliente, era el pasillo por donde Alfem y Macarona circulaban para llegar a la arena.
Ese sitio por si solo era tétrico, de hecho no era muy largo, pero pareció eterno. Tanto Alfem como Macarona estaban tensos.
Macarona miraba de un lado al otro, fijando la vista en las manchas de la humedad.
—¿Por qué habrá tantas fugas de agua? ¿No se supone que deberíamos estar bajo las gradas?
—Tienes un buen sentido de la orientación.
—Sí… pero…
La respuesta seca de Alfem extrañó un poco a Macarona. El paso de su amigo era firme, y notablemente tenso, esto solo la llenaba de dudas.
Ella comenzó a mirar con más atención las líneas y manchas húmedas que se filtraban por las esquinas de las paredes y techo, pero mirar con atención cualquier cosa resultaba muy difícil, la escasa luz del estrecho pasillo lo volvía casi imposible.
Trató de concentrarse en el olor, no obstante, de inmediato se tapó la nariz. Aparentemente, se había acostumbrado, y volverlo a sentir no fue para nada agradable, lo peor de todo, fue que no puedo identificar nada en específico, más allá de una sensación asquerosa.
—Maca, atenta, ya estamos llegando.
Macarona, tras el llamado de su colega, se vio enseguida por un momento por una incandescente luz, habían cruzado el lumbral, y habían llegado al centro de la arena.
Una vez que su vista se acostumbró, lo primero que ella comenzó a mirar era cómo unos compañeros se veían al otro lado a través de un vidrio. Estaban lejos, pero, aun así, se podía ver lo concentrados que estaban en su trabajo, limpiando los asientos, recogiendo algunas cosas y depositándolas a unas bolsas que tenían en sus manos.
—¿Cómo mierda esos vidrios están tan limpios? Esto realmente es una vitrina macabra —dijo Alfem entre dientes, con reconocible asco.
La declaración de Alfem, hizo que ella bajara la vista, visualizando lo que el espectáculo había dejado. Pudo entender perfectamente la declaración de su amigo, ya que todo lo que no era el cristal, estaba teñido de rojo, pero en medio de esa observación, algo en el piso se robó su atención; era un cuerpo.
Había un cuerpo tendido en el suelo, inerte y tranquilo, como una muñeca abandonada, con los brazos y pies atados. Macarona sintió de repente una irresistible curiosidad, algo le atraía, debía mirar más de cerca, así que, caminó lentamente como si estuviera hechizada. Una vez estuvo cerca, con la ayuda de su pie, pudo revelar lo que anhelaba; era ella misma, con una expresión fría y apagada.
La mirada vacía de su propio cadáver, no dejaba de mirarla. Este le culpaba de todo, los daños que tenía, el dolor que sufrió, todo, y esto a Macarona solo la llenaba de pensamientos confusos y contradictorios.
Quiso huir de aquella horrenda visión que solo la arrastraría a la locura, refugiando sus ojos en otro lugar, por eso giró, pero para su desdicha, lo único que halló fue un infinito lago escarlata. En las aguas, por debajo de sus pies, emergió su rostro junto con su torso, y de este en vez de pies, un nudo carnoso se deshilachaba, encaminando su mirada por un camino lleno de manos, pies, y cabezas flotantes.
Aquello no podía ser real, pero ella ya había olvidado donde estaba, y solo se sintió perdida y desamparada. Quiso volver a huir, y gritar por ayuda, sin embargo, su voz se había atorado en su garganta, y fue aún peor cuando sus pies, por fin, le obedecieron. Una pila, como una montaña, se presentó frente suyo, como la representación de su futuro, siendo ella solo un montón de carne roída acumulada.
Cada herida que Macarona vio en aquel tumulto, le revelaba las mordidas que arrancaron los músculos de los huesos, cortando hasta la última fibra como cuerdas de violín. Una y otra vez, esto se repetía incansablemente, y hasta que la idea penetró hasta lo más profundo de su alma.
Quería librarse de esas visiones grotescas, que casi sentía en su propia piel, y cuando se dio cuenta de este hecho, sus manos, que instintivamente habían ido a su cara, comenzaron a deshacerse ante sus propios ojos, solo dejando los huesos.
Un grito sordo salió de una boca muy abierta, mientras pedazo a pedazo, trozo a trozo, los brazos de ella dejaban al descubierto su blanco núcleo, llenando a la su vez, de terror y desesperación.
—Macarona… —susurró desde lo profundo de la oscuridad que la rodeaba.
Ella trató de ignorar aquel llamado, pero su cuerpo tenso y tembloroso, no pudo evitar delatarla. Sus piernas perdieron fuerzas, y cayó de rodillas. Aun con su cuerpo rendido, trató de al menos mantener su mirada fija al frente, esperando que aquella presencia se esfumara de la misma forma en que llegó.
—Macarona… —repitió la voz, que una vez fue apagada y lejana, ahora se encontraba a su lado.
No debía, no debía mirar, o al menos eso se decía a sí misma, pero una mano pálida se deslizó por su hombro, y el contacto físico, le hizo imposible no voltear. A su lado vio a una criatura deforme, con ojos grandes y rosados, y una risa de luna macabra.
La pobre ángel se volvió a paralizar de miedo, no pudo hacer nada, y de su boca el único sonido que salía eran de sus dientes que chocaban incansablemente.
—¡Macarona, mírame! —gruñó aquella bestia con una voz distorsionada y gutural.
Aquel ser la quería obligar a girar más, la presión que sentía que ejercía sobre su hombro la quemaba. Macarona ya no podía más, ella…
[1] Una confusión creado por mi posible dislexia y mi pobre ingles. Okegom Wiki. n.d. "Alela Grora." Okegom Wiki. Accessed Junio 25, 2022. wiki/Alela_Grora.
