Siento tardar en subirlo. Sé que dije que lo iría subiendo más seguido, pero cada vez que iba a empezar se me iban las ganas y cuando no estaba con el ordenador se me ocurrían historias. Sí que fui obteniendo algo de inspiración para esta historia en un futuro, solo espero no se me olvide o sino tendré que añadirlo en alguna parte de los capítulos ya escritos.

Sin más les dejo que disfruten.


El reloj sobre la mesilla marcaba que ya era de mañana. A esas horas la gente empezaba a despertarse y prepararse para empezar el día, ya sea para ir a estudiar en caso de los más jóvenes o para trabajar. Algunas personas volvían también a sus casas después de una noche tranquila en aquella ciudad. No había ocurrido ningún incidente digno de mención en las horas nocturnas.

Un ruido empezó a escucharse del otro lado de la puerta.

Con algo de fastidio te incorporaste en la cama. Habías comentado el día anterior a tu familia que te habías lesionado en la clase de educación física y no estabas segura si ese día podrías ir a clases correctamente. Te habían dicho que hicieses como prefirieses, no era que fuesen estrictos en ese sentido, si querías faltar y tenías una buena excusa además de que no había nada importante entonces te permitían, claro teniendo en cuenta que solo fuese un día y tampoco era algo tan seguido.

Habías dicho decidirías según como te encontrases por la mañana, ¿pero por qué no aprovechar y tomarse el día libre? Seguramente ya todos estaban dando por sentado no asistirías.

Con algo de cuidado apoyaste el pie en el suelo por si acaso aún era que te dolía. No era como el día anterior por lo que caminar podrías.

— *Un poco más de reposo no vendría mal.*

Te levantaste y dirigiste a la puerta para abrirla y buscar con la mirada a alguno de tus hermanos. Notaste uno en el pasillo a punto de bajar las escaleras que se giró a verte al escuchar salías de la habitación.

— Te quedas, ¿verdad?

— Sí, pero tengo que pediros un favor.

— ¿Preguntar por la tarea?

Negaste. No era como si quisieras hacer algo de trabajo en casa. Sabías luego te regañarían por no preguntar a algún compañero, pero igual pasabas de ello.

— Tengo que hacer un trabajo en conjunto con el prefecto, ¿puedes preguntarle su número para por mandarle un mensaje?

— Ah... ¿Qué es eso?

— ¿El trabajo?

— No. "Prefecto". Qué significa.

Te quedaste observándole unos segundos.

Prefecto — dices en castellano.

No sé qué es — responde igual.

— ... Simplemente pregunta a Hibari Kyoya — dices suspirando.

— Para qué le voy a preguntar a él.

— Digo, que es a él a quien me refería.

— Ahhhh... Pues haberlo dicho de ese modo desde el principio, no sé por qué te complicas con palabras rebuscadas.

— *Por dónde es rebuscado...*

— Bien, vale, vuelve a tu cueva, ya le preguntamos.

Agradeciste antes de volver a tu habitación. Dormirías un rato más, ya luego te pondrías a jugar. Tenías el día entero sin problemas.

(*~-~*)

En la azotea de la escuela Namimori se encontraban unos estudiantes almorzando. Ya había pasado las primeras horas de clases y ahora tenían unos minutos de descanso donde poder hablar con libertad de lo que quisiesen. Habían escogido ese lugar que frecuentaban bastante a menudo debido al buen clima y por si acababa surgiendo algún problema y no acabar destruyendo parte de la propiedad de la escuela.

Mientras que hablaban como otras veces un castaño se encontraba en sus pensamientos recordando algo. Su autoproclamado mano derecha se dio percató rápido que parecía distraído debido a que no estaba uniéndose a la conversación y no comía el obento en sus manos, sino que se quedó mirándolo durante unos cuantos segundos.

— Juudaime, ¿le pasa algo?

El nombrado volvió en si cuando escuchó le llamaban y levantó la vista para ver a sus amigos que esperaban una respuesta.

— Ah, no, solo estaba pensando.

— ¿Está seguro? ¡Si hay algo que le moleste solo tiene que decírmelo! ¡Me haré cargo de cualquiera que se meta con usted!

— *Por qué estás dando por sentado es algo así...* Sí...

Agradecía que los otros estuvieran dispuestos a ayudarle, pero no se trataba de nada parecido por lo que intentó cambiar el tema. A los pocos minutos la puerta de la azotea se abrió dejando ver a alguien que conocían perfectamente.

Por más que el centro del grupo rezase mentalmente por que no se acercase el recién llegado, no funcionó. Fue donde se encontraban después de haber mirado por encima por los alrededores.

— ¿Habéis visto a una herbívora por aquí?

— ¿Una herbívora?

No era extraño que se dirigiese de esa forma a las personas, lo que les fue confuso era que buscase a una persona en concreto. Si era que se saltó alguna norma seguramente la hubiese alcanzado en el momento y si por muy imposible que pareciese hubiese logrado escapar no estaría siendo apodada de esa manera por lo que les era aún más dudoso.

— Hm. Más o menos de esta altura.

Puso la mano a la altura que aproximadamente creía que eras. Tampoco estaba tan seguro respecto a eso ya que no se fijó tanto en la diferencia que os llevabais.

— De cabello oscuro y herida en la pierna derecha — continuó con su explicación.

No es como si esperase gran cosas preguntándoles, pero por lo general de algún modo todo acababa pasando por ellos. Había una posibilidad que te hubiesen visto de casualidad y se hubiesen chocado o ayudado de alguna manera.

El más bajito de los tres que se encontraban sentados en el suelo hizo memoria, soltando un "ah", que llamó la atención del de ojos azul metálico.

— Herbívoro, la has visto.

Más que una pregunta sonaba a una respuesta. No había forma que con esa reacción no fuese así.

— No..

Iba a negarlo cuando Hibari sacó sus tonfas para amenazarle por si llegaba a mentir.

— ¡HIII! No la he visto, pero me pareció verla ayer — se apresura a aclarar mientras se tapa la cabeza con ambas manos para evitar ser golpeado.

Con la nueva respuesta volvió a guardar el arma que hacía unos segundos había sacado. Siendo como se comportaba el otro no se hubiese atrevido a inventar algo en esa situación así que debía ser verdad.

Si no sabían de tu paradero ese día entonces no les servía. Se retiró de la misma forma que había llegado.

— Juudaime, ¿está bien? — acude el otro a comprobar a pesar de presenciar no le había atacado —. Ese maldito...

Cómo era posible que se atreviese a amenazar así al más bajito e irse como si nada.

— No importa Gokudera-kun — intenta calmarle.

Con lo temperamental que era su amigo seguro era capaz de ir tras el otro a atacarle empezando una batalla que no ganaría.

Era mejor evitar problemas innecesarios y dejarlo marchar.

-~- Hibari pov-~-

Por la mañana no pude ver a la herbívora y cuando fui a ver en su clase no parecía encontrarse. Más le vale no haber faltado solo por lo de ayer.

Parece que Sawada reconoció la descripción, pero no tengo tiempo para estar preguntándole, tampoco voy a dedicarle más esfuerzo a buscarla.

Cuando iba a continuar mi camino y patrullar por si había alguien que no estuviese cumpliendo las normas escuché me llamaban.

— ¡Hibari Kyoya, espera!

Giré a comprobar quién era el que estaba creando un alboroto. Debe tener mucha confianza si se dirige a mí de esa manera.

Parecía que eran dos herbívoros, uno de ellos con el cabello rubio ¿Acaso era teñido? Si es así va en contra de las normas y podría morderle hasta la muerte por ello.

Hubiera sacado las tonfas en ese momento de no ser porque empezaron a hablar en otro idioma, entonces deben ser extranjeros.

Oye, te equivocas. Su nombre es Kyoya y el apellido es Hibari.

Estamos en Japón, primero va el apellido. Cuánto tiempo llevas y no te acostumbras.

Ahh... Cierto... Espera, ¿estuve dirigiéndome a la gente por sus nombres?..

¿Llaman a alguien para ignorarlo?

— Herbívoros...

— Verdad, verdad. (T/N) nos pidió que nos dijeras tu número para hablar de no sé qué trabajo.

No me suena ese nombre, pero siendo que se trata de algo así imagino que se refiere a la herbívora de ayer.

— ¿Dónde está?

Qué sentido tiene enviar a otros. Si quiere algo debería de ella misma pedirlo.

— No ha venido.

— Por qué.

— Creo que aún le dolía la pierna o algo así. Ayer se lesionó en una clase por lo que está reposando en casa. De cualquier forma, ¿nos das tu número sí o no? No quiero pasar mi descanso así.

¿Son cercanos a ella? Estoy seguro no son compañeros entonces cómo es qué saben de ello.

— ... No. Si lo quiere que venga a pedirlo ella.

— Bien, problema resuelto, vámonos..

— Te digo que está en casa, cómo te lo va a pedir.

— Iré a su casa.

El que hace unos momentos iba a retirarse me miró confuso por unos momentos.

— ¿Sabes dónde vivimos?

— ¿? ¿Vivís con la herbívora?

¿Era por eso que sabían tanto? Entonces lo mejor sería morderles hasta la muerte.

— Somos hermanos.

¿Realmente era así? Podía creérmelo del de mayor estatura, pero el que usa el uniforme no tiene nada parecido.

— Hm...

Me retiré de ahí mientras empezaban a hablar entre ellos de nuevo e igual se iban. Será mejor ir a verla, pero antes debo preguntar a Kusakabe dónde es que vive ya que él la llevó ayer.

-~- Fin Hibari pov-~-

No había necesidad de moverse de la cama, podías relajarte ahí un rato más hasta que te empezases a aburrir mientras continuarías ahí tumbada escuchando algo de música.

Saliste de tus pensamientos cuando te pareció escuchar un ruido a lo que te quitaste los cascos incorporándote. No ibas a poner un gran volumen, ya de por si usar cascos daña los oídos, y con ese nivel podías escuchar igual si hablaban o como hacía un momento si algo pasaba.

Comprobaste confundida a los lados por si era que alguna cosa se hubiese caído hasta que escuchaste otro ruido proveniente de la ventana por lo que giraste a ver comprobando que era Hibari que tocaba la ventana para que le abrieses.

Estabas desconcertada aunque tampoco tardaste tanto en reaccionar e ir rápido a abrir la ventana. Ya te plantearías aquella situación surrealista en otro momento.

— ¡Kyoya-san! — rápido abres la ventana.

— Ya era hora herbívora — dice entrando con facilidad.

Habían varias cosas que le hubieses contestado, pero era mejor guardar todo y hacer la pregunta común.

— Qué haces aquí.

— Veo que te encuentras mejor.

— ¿Eh?

Te quedaste un momento recordando que se supone aún estabas recuperándote y sin embargo habías saltado de la cama e ido con rapidez a abrir la ventana.

— Si estás tan bien por qué no has ido a clases.

— *¿Vino a interrogar?...* Me encontraba mal — desvías la mirada.

No se lo creía, obviamente estabas mintiendo y tampoco estabas intentando hacer un mínimo esfuerzo para fingir un poco.

Te cogió de la mano para intentar salir por la ventana a lo que reaccionaste.

— Espera Kyoya-san, qué haces.

— Vamos a clases.

¿Estaba loco? ¿Intentaba sacarte por la ventana así para llevarte directamente a la escuela? ¿Qué tan obsesionado podía estar?

— ¡Pero me tengo que cambiar!

Giró a observarte durante unos segundos. Ni se había percatado en el detalle que estabas aún con el pijama. Si hubieses sido otra persona no le hubiera importado en lo más mínimo, pero siendo eras mujer mejor dejarte cambiar y evitar un problema.

Volvió para ver por la ventana y así no verte directamente ya que no era correcto.

— Cámbiate rápido — dice sin verte y soltándote.

— Mejor me cambio en el baño...

— Como prefieras.

Igual no pensaba ver, pero era obvio no te sentirías cómoda cambiándote en la habitación si se encontraba ahí.

No tardaste tanto en acabar de cambiarte y regresar ya con el uniforme a la habitación donde dejaste a un lado lo que antes usabas. Claro habías maldecido y te quejaste mentalmente por tener que asistir.

— Ya está, yo voy por la puerta, tú sal por la ventana.

Si no había tenido problemas en subir hasta ahí y entrar entonces no le ibas a ofrecer la puerta, podrías, pero no.

Saliste diciendo a tu madre que se te había olvidado tenías algo importante en la última hora y que volvías en un rato. Ya afuera te encontraste al pelinegro.

— Vamos herbívora, ya he perdido mucho el tiempo.

Intentaste seguir su ritmo de correr cosa que te resultaba imposible por lo que te había visto mal durante el camino por ser tan lenta.

— S..se supone estoy todavía recuperándome del golpe de ayer, no me mires así.

— ...

Por suerte o desgracia llegasteis cuando estaba a punto de comenzar la última clase.

— Bueno, Kyoya-san, yo me voy a clase..

Te ibas a retirar cuando el otro te detuvo cogiéndote de la muñeca para evitar siguieras avanzando.

— ¿Kyoya-san?

Por un momento temiste fuese que te iba a morder hasta la muerte.

Aunque no lo notases por su rostro estoico dudó un momento. Era cierto te había lastimado sin ninguna buena razón el día anterior y había ido a llevarte a la escuela haciendo corrieses. No es que se sintiese mal, pero es posible que de verdad fueses débil y no lo había tenido en cuenta.

— ... Por lo de ayer... perdona — dice soltándote y mirando a otro lado.

— N..no, no hay problema — dices asombrada de que se estuviese disculpando —. *Espera, ¿no es esto una oportunidad?* Bueno, Kyoya-san... ¿puedo pedirte un favor?

Quizá estabas tentando un poco tu suerte, pero intentarías ver si era posible.

— Depende.

— La siguiente clase es muy aburrida y no tengo los deberes... Me trajiste para que asistiese, pero no traje mis cosas. Así que...

Dejaste la frase sin acabar. Era cierto no habías llevado contigo nada, porque se te pasó al intentar ir rápido y lo dejaste en casa.

— ...

— *Me da que no, ¿verdad?*

— Está bien — accede —. No hace falta que vallas, pero tendrás que estar conmigo.

— ¿Eh?

— No quiero que armes un alboroto.

— Ahh.. Ahhh, vale, vale. Mil gracias.

No esperabas que realmente accediese, te había sorprendido bastante. Mejor no cuestionar o hacer algo le hiciese cambiar de opinión. Le seguiste hasta el comité de disciplina donde te indicó podías usar el sofá para sentarte si querías.

— *Este chico es muy raro, me obliga a venir y luego me deja faltar. Por lo menos es bueno.* Oye Kyoya-san, ¿te llegó mi mensaje? — ves como asiente — ¿Y se lo diste a mis hermanos?

— No.

— Qué. Por qué.

Te observó durante unos segundos antes de anotar algo en un papel y acercarse a entregártelo, luego volvió a su sitio.

Comprobaste había puesto un número que imaginabas y esperabas fuese el suyo.

— Gracias Kyoya-kun.

— ¿"Kun"?

Habías cambiado el honorífico a uno más cercano de la nada por lo que le extrañó.

— Sí.

— ... Hm...

Había girado por lo que no pudiste ver su expresión ante el cambio aunque lo más probable es que si no decía nada te estaba permitiendo llamarle de esa forma.

Durante ese tiempo intentaste no hacer o decir algo le molestase o interrumpiese en caso de que tuviese algo que hacer. La mayor parte del tiempo fue que mantuviste en silencio, pero de vez en cuando decías alguna cosa que respondía tranquilamente. No te había sido tan incómodo como a otras personas les podría haber resultado.

Una vez se acabó las clases saliste dándole las gracias a Hibari por dejarte faltar a la última clase y por hablar contigo. Irías a buscar a tus hermanos para regresar con ellos si era posible.

Por los pasillos notaste a cierto castaño que al verte se puso algo nervioso y se acercó tímidamente.

— Esto... ¿Estás mejor?

Le miraste extrañada sin entender a qué se refería. No le conocías de nada.

— Ayer estabas en la azotea...

— ¡Ah! ¡No me digas tú me llevaste a la enfermería!

Se puso nervioso por tu reacción que no se esperaba, tampoco quería hacer un escándalo de ello, sin embargo ya sus amigos escucharon acercándose igual para ver qué pasaba.

— Qué ha pasado Juudaime.

— Tsuna, qué le has hecho.

— Na..nada.

— Ah, tranquilos, tranquilos, solo me sorprendí... Esto... ¿Me pueden dejar un momento hablar a solas con él? — señalas al más bajito.

— No me fío...

— Tranquilo Gokudera-kun, no es como si fuese a pasar algo — le convence.

— Cualquier cosa me llama Juudaime, estaremos esperando ahí, ¿de acuerdo?

Asintió para que los otros dos se alejaran un poco. La verdad él igual estaba algo nervioso por tener que hablar con una sempai a la que buscaba Hibari por la mañana. No sabía cómo podías ser.

— Cómo te llamas — preguntas.

— Sawada Tsunayoshi.

— Que largo.

— P..puedes decirme Tsuna.

— Ok. Tsuna-sama, ¿usted me llevó a la enfermería?

— *¿¡"Sama"!?* S..sí...

— Gracias, pero eres muy pequeño, ¿no te pesé?

— N..no, no fue problema. Por cierto, creo que Hibari-san te buscaba.

— Mmm... Sí, ya. Vino a mi casa para obligarme a venir — dijiste recordando lo sucedido.

Notaste la preocupación en su rostro. Quién no temería que el prefecto fuese para algo así. Siendo que era un kohai pensaste de pronto estaba más asustado del líder del comité de disciplina de lo que podría estarlo alguno de tu mismo grado. Le sonreíste para tranquilizarle.

— Descuida, de todas formas ya me encontraba bien y tampoco es como si me arrastrase... Por mera curiosidad... ¿Kyoya-kun no mencionó mi nombre?

— No, dijo una herbívora herida de cabello oscuro...

— Ah... Era de esperarse... — dices imaginándotelo.

— Sí...

— Bueno, entonces me presento. Soy (T/N), de tercer grado. De nuevo te agradezco por lo de ayer. No hay mucha gente que haría eso.

— A..ah, está bien, no fue nada.

— Bien — le sonríes —. Entonces me voy yendo, debo volver con mis hermanos para que no se preocupen. Si necesitas alguna vez algo como ayuda para estudiar dímelo, ¿de acuerdo?

Te despediste para retirarte e ir a buscar a los mencionados. Al momento de que te alejaste Gokudera y Yamamoto se acercaron a hablar con Tsuna para preguntarle al respecto.

— Quién era Juudaime.

— La chica a la que buscaba Hibari-san.

Ambos se sorprendieron un poco. No esperaban fueses a quien el demonio de Namimori buscase.

— ¿Cómo se llama? — pregunta Yamamoto curioso.

— Solo me dijo que era (T/N). Parece ser es una sempai.

— Ya veo... *(T/N)... Era bastante linda...* — ve por donde te fuiste.


A veces me pregunto en qué pensaba cuando escribía esta historia, habían cosas que no expliqué bien y ahora noto era muy ooc. Tanto que critico los típico y que de la nada se enamoren o avancen muy rápido cuando yo hacía lo mismo, que vergüenza.

Intenté cambiar algunas cosas para que no quedase tan mal como antes.

Hasta el próx. cap.

CIAO CIAO!