19. Un cuarto gris

Así como mis hermanas, tras que papá y el abuelo se marcharan, escuchando como este cerró con llave nuestra puerta, durante un largo minuto nadie dijo o hizo nada a causa del desconcierto que nos produjo.

—¿Qué rayos fue todo eso? —Lynn preguntó cortando el silencio.

Leni soltó el aire que había estado reteniendo desde que nos dejaron solos, llamando la atención de Lily que a pesar de estar tan perdida como nosotros, parecía incómoda entre sus brazos. Nunca antes habíamos deseado tanto que Luan dijese algo gracioso para romper mejor la tensión, pero ella todavía no parecía salir de su enmudecimiento.

—¿Realmente ese tipo era nuestro abuelo? —se cuestionó Lana también—. No me gusta. Todo el tiempo tenía cara como si estuviera oliendo popó.

Aunque Lola arrugó su expresión ante lo dicho por su gemela, no le recriminó nada, pues parecía compartir con ella una opinión semejante.

—*Suspiro*. Me recuerda a ciertos vampiros muy ancianos a los que Edwin hizo frente en sus primeras aventuras. Eran del escaso tipo que encuentro desagradables.

Lisa se quitó los lentes para tallarse los ojos. Lo que me llamó la atención de ella fue escucharla sorberse la nariz.

—¿Lisa? ¿Te encuentras bien?

Ella asintió sin decir nada. Cuando dejó de frotárselos, los noté un poco irritados y húmedos. Lynn se dirigió a ella sin darse cuenta de esto.

—Muy bien, cerebrito. Traduce. ¿Entendiste algo de lo que dijo el abuelo?

Sin decir nada, Lisa negó con un gesto para nuestro desconcierto, pues generalmente ella lo sabía todo, pero lo que no, por lo general se mostraba ansiosa en exponer una hipótesis, sin embargo ni eso nos dio.

—Lisa —le insistió Luan preocupándose por su actitud—. ¿De verdad no tienes algo que pueda ayudarnos?

Nuestra hermanita comenzaba a mostrarse tensa, tanto que Leni aun cargando a Lily fue en su auxilio.

—¡Ya déjenla! Todos estamos cansados por lo que nos costó llegar hasta aquí. Lo mejor será que saquemos lo que necesitamos para cambiarnos de ropa y descansar hasta que papá termine de hablar con el abuelo y con él vaya a ver a su mamá.

Eran pocas las ocasiones en que Leni tomaba voz de mando, pero cuando lo hacía, solía hacerlo bastante bien, por lo que dejamos a Lisa en paz y mis hermanas se apresuraron a abrir sus maletas para sacar un cambio ligero de ropa.

Suspirando por tener una vez más que terminar en un armario de blancos, tomé mi maleta y me dirigí hacia una de las dos puertas olvidándome de cuál era la que mencionó el abuelo, equivocándome a la primera que traté con la de la derecha, pues lo que encontré al abrirla fue un retrete, un lavamanos y una tina sólo un poco más amplia que la de nuestra vieja casa.

Leni que le ayudaba a Lily a cambiarse, me miró de espaldas y me preguntó recobrando su buen ánimo.

—¿Qué tal tu nueva habitación, Linky?

—Te diré cuando la vea. Este es el baño.

En el momento en que pensaba quizás despejarme dándome una ducha, Lynn de un empujón me tiró al suelo para hacerme a un lado y entrar ella primero.

—¡Justo lo que necesitaba desde ayer en la noche! —una vez que cerró la puerta azotándola, exclamó—. ¿Esperen? ¡Esto no tiene ningún agujero en el suelo!

Arrugando la nariz, renuncié a la idea de bañarme tan pronto. Era seguro que durante un largo tiempo nadie querría entrar a ese baño después que mi hermana terminara de hacer lo suyo. ¿Por qué rayos se aguantó tanto en lugar de hacerlo a campo abierto como lo hicimos nosotros?

Prefiriendo dejar de pensar en ello, esta vez sí entré a lo que se suponía sería mi habitación. Al verla todo lo que esperé fue que se tratara de algo temporal hasta que los abuelos se decidieran a darnos una habitación para cada uno.

En efecto se trataba de un cuarto de blancos gris y sin tapizar, pero a diferencia del baño o la habitación, este era apenas la mitad de lo que fue mi viejo cuarto. Un tercio era ocupado por una sencilla cama individual pegada a la pared de la izquierda, otro tercio era donde estaba de pie con mi maleta con la puerta detrás de mí, el otro lo ocupaba una escalera al frente donde arrinconaron la cama, a la que supongo le faltaba una pata y se sostenía de ese extremo faltante con el primer escalón oculto debajo de la misma. El interruptor de luz al lado de la puerta encendía una lámpara de pared entre la cama y la escalera.

Antes de sacar mis cosas, curioso subí por la estrecha escalera sin pasamanos de su lado derecho, apoyándome contra la pared a mi izquierda. Arriba había una puerta, una puerta cerrada con llave que fui incapaz de abrir. Bien, quizá más tarde le pediría a Leni que intentara abrirla con un pasador. Lo mejor sería que me quitara la ropa y me pusiera cómodo quedando en calzoncillos como de costumbre.

El colchón de esa cama resultó ser mucho más rígido que las de la habitación principal. Molesto, igual me recosté sacando mi celular para enviarle un mensaje a Lori y a Luna avisándoles que ya estábamos aquí, aunque seguramente mis hermanas ya las habrían puesto al tanto. Tal vez también conversara con Clyde o Ronnie Anne. El recuerdo del beso que ella me dio me levantó los ánimos.

Suspiré esperando que el abuelo o papá nos diera más tarde la clave de internet, por ahora utilizaría los datos que me quedaban para enviarle el mensaje y… esto era extraño. Un mensaje de error me apareció advirtiéndome que no había ningún puerto para hacer el enlace. ¿Es que el internet de la mansión la bloqueaba? Aun con el celular busqué las señales de internet disponibles esperando que una fuese abierta, pero… nada. No marcaba señal de ningún tipo en la mansión o sus alrededores. ¿Esto es en serio? Se supone que los abuelos son ricos, ¿qué rico por más viejo que sea es tan anticuado hoy en día como para no tener internet? Fastidiado, decidí marcarle a Lori, pero todo lo que obtuve fue una grabación advirtiéndome que estaba fuera de cualquier cobertura.

Conteniendo la frustración que estaba sintiendo, decidí sencillamente tratar de dormir. La cama era dura, pero era un cambio agradable en comparación a haber tenido que dormir sentado en vanzilla.

Sin tocar a la puerta, Lynn entró ya llevando su larga blusa de dormir.

—Hey, Linc. Ya estamos cansadas y pensamos dormir un poco por habernos desvelado hablando anoche. ¿No quieres acompañarnos?

—¿Qué? ¿No escuchaste al abuelo? No pareció gustarle la idea que me quedara con ustedes.

—No veo al abuelo por aquí, sólo estamos nosotras —su mirada se dirigió hacia las escaleras—. ¿A dónde lleva eso?

—Ni idea. La puerta está cerrada con llave.

Al igual que yo, pareció intrigada, pero pronto regresó su atención hacia mí.

—Si cambias de opinión, puedes salir y quedarte conmigo y con Lucy.

Se marchó y tras darle un vistazo a mi celular, decidí tomarle la palabra y salir de ese sitio antes que me diera claustrofobia. Al tratar de bajar de la cama, por accidente me pegué con los escalones al lado de mis pies. Sí, sin duda estaría mejor con mis hermanas.