21. La primera lección

Realmente estábamos muy cansados, por lo que cuando finalmente despertamos, lo hicimos por el ruido que hizo la cerradura de la puerta al abrirse. Adormilado todavía, abrazando a Lucy y a Lynn, no entendí lo que estaba sucediendo al inicio, cuando de pronto encendieron la luz y vi a papá una vez más con nosotros acercándose con un extraño cojeo.

—¡Papi!

Las gemelas fueron las primeras en reaccionar dejando la cama para correr a abrazarlo, quizás tan fuerte que papá soltó un quejido. Confundida, Lisa se talló los ojos antes de buscar sus anteojos. Lamentablemente papá no venía sólo. Detrás de él entró el abuelo arrastrando un carrito de servicio como los de los hoteles. Fuese lo que pensaba decir, se lo guardó cuando sorprendido me miró.

—¡Qué fue lo que te advertí sobre compartir la cama con tus hermanas!

Salté asustado terminando de despertar a Lucy y a Lynn con mi acción. Ellas adormiladas miraron a su alrededor. En cuanto vi los cartones de leche y la gran bandeja de panecillos en el carrito, el hambre me invadió. Los ojos del abuelo parecían echar chispas por los ojos.

—¡Cúbrete, desvergonzado!

Había olvidado que sólo estaba en calzoncillos. Mi reacción inmediata fue arrebatarle la cobija a mis hermanas sintiéndome de pronto desnudo frente a un desconocido. El abuelo las vio a ellas en sus ropas de dormir y pareció aliviado, quizá se había imaginado que estarían también en interiores.

Las gemelas retrocedieron asustadas, pero no por los gritos del abuelo, sino de papá. Leni que también terminaba de despertarse, fue la siguiente en notarlo y reaccionar.

—¡Papá! ¿Qué te pasó en la cara?

Boquiabierta, Luan ahogó un gemido al ver uno de los ojos de papá hinchados y ya oscurecido, además de tener un labio roto.

—¡Tú le hiciste esto! —ladró Lynn enfurecida pasando su mirada de papá al abuelo.

Bajando de la cama y corriendo hacia el anciano, papá quejándose de dolor e incomodidad, a tiempo consiguió atraparla en el aire cuando Lynn dio el salto evitando que lo embistiera. El abuelo aunque sorprendido por el arrebato de mi hermana, más que asustado, lucía furioso. Esta vez sus reclamos fueron hacia papá.

—¿Esta es la clase de respeto que les has enseñado por sus mayores? —enseguida me señaló a mí mientras seguía sosteniendo con nerviosismo la cobija con la que me cubría— ¿Esos son los valores que les diste? —paseó la vista entre cada uno de nosotros—. No me extraña que actúen tan así de consentidos. ¡Quiero que todos guarden silencio y nadie diga ni una palabra si no les doy permiso para hacerlo! ¿Han entendido o tengo que seguir hablando lento si es que tienen problemas de aprendizaje?

Entonces comprendí el porqué del cambio de su hablar pausado cuando lo conocimos, al apresurado y furioso con que ahora lo hacía. Nos había creído muy imbéciles para entender las cosas, aunque no descartaba que seguía pensándolo.

Indignada, lentamente Lola tras salir de la cama se acercó hasta el abuelo bajo la mirada atenta y desconcertada de todos. Le puso mala cara y antes que el viejo le preguntara qué era lo que quería, sin que nadie anticipase lo que mi hermana tenía en la cabeza... ¡Lola comenzó a gritar lo más fuerte que podía de forma irritante y prolongada! Sorprendido, el abuelo visiblemente furioso le respondió a su atrevimiento.

¡La bofetada que le pegó había sido tan fuerte que no sólo la había callado, sino que la tiró contra el piso!

¡Solté la cobija dispuesto como Lynn a lanzarme contra el viejo para molerlo a golpes por haberse atrevido a alzarle la mano a mi hermana! Lucy intuyendo mi reacción, de inmediato se me lanzó abrazándome por la espalda para detenerme. Lynn con lágrimas en los ojos por la ira, trató de hacer que papá la soltara, pero este con todo y que le costaba trabajo someterla, la mantuvo sujeta. Luan y Lisa congelas en su sitio no supieron cómo reaccionar. Leni de inmediato fue al auxilio de Lola que se convulsionaba en llanto por el dolor.

—¡Lola!

Todo lo que describí sucedió en un instante. Tras gritar el nombre de su gemela, fue Lana al final la que se lanzó contra la pierna del abuelo mordiéndola como si se tratara de un perro. Furioso, él se la sacudió con una mueca de dolor para que lo soltara, cuando lo consiguió, sin ningún miramiento se inclinó y a ella también le pegó una bofetada tan fuerte que temí le hubiese roto el cuello. En ese momento por fin Luan salió de su parálisis yendo de inmediato con Lana para protegerla en caso que el abuelo quisiera volver a pegarle.

—¡Lynn, calma a tus hijas en este instante!

Papá no necesitó hacer nada, aquél grito bastó para amedrentarnos por completo. Esta vez todos quedamos congelados donde estábamos por el miedo, incluso boquiabierta Lynn se había quedado quieta, o quizá sólo se percató del modo en que estaba lastimando a papá sin querer.

El abuelo miró con saña a Lucy, quien sonrojada me soltó al comprender lo que al tipo no le estaba pareciendo que hacía. Entonces se dirigió a todos.

—¡No voy a volver a tolerar otra insolencia como esa mientras estén en esta casa! ¡Tenemos reglas y van a tener que respetarlas si no quieren tener problemas conmigo!

—¡Basta padre! —al comprobar que Lynn había perdido los bríos, papá la soltó para encararlo—. Desapruebo lo que hizo Lola y Lana. ¡Pero eso no te da ningún derecho a lastimar a mis niñas! ¡Vuelve a hacerles algo como eso y las tomaré a todas junto con Lincoln para irnos! ¡Entonces ni tú ni mi madre volverán a saber de nosotros!

El abuelo se hizo a un lado de la puerta señalándola con su mano, estaba abierta totalmente expuesta.

—¡Pues vete! ¿Crees que eso me va a quitar el sueño? Tu madre y yo estábamos bien antes de que llegaras y estoy seguro que seguiremos estándolo si decides largarte. ¡Vamos! ¡Márchate si no te parece lo que hago!

Yo si quería irme, estoy seguro que mis hermanas también. Internamente rogábamos porque papá nos ordenara vestirnos, volver a acomodar nuestras cosas en las maletas y que nos dijera que nos esperaba en el vestíbulo en menos de cinco minutos en lo que iba por vanzilla. Ya nos las arreglaríamos a nuestra manera con lo que ocurriera después, siempre lo hacíamos.

Lo miramos en espera que dijese algo. Leni se le acercó y lo tomó de la mano.

—Haremos lo que tú decidas, papá. Confiamos en ti.

Con su mirada, sé que papá entendió lo mismo que nosotros. Leni deseaba irse ya, pero esa decisión no nos correspondía. Entonces los ojos de papá se encontraron con los del suyo y… bajó la cabeza mostrándose más avergonzado que cualquiera de nosotros cuando le confesábamos alguna travesura que hubiésemos hecho.

—No… Perdón. No volverá a ocurrir. Ellos… sé que ahora se comportarán.

El abuelo gimió con fastidio.

—¿Y qué garantía me das de eso?

—Yo… sé que aprendieron y…

—No han aprendido nada y no lo harán hasta que sepan cómo es que las cosas se hacen en esta casa. Lynn, quítate el suéter.

Los ojos de papá se abrieron con horror.

—Papá, ellos no tienen que… no es necesario. Te prometo que ellos ya…

—¡Quítatelo, Lynn! No te lo estaba pidiendo. Obedece si eliges quedarte.

Una angustia me embargó al notar que papá estaba a casi nada de echarse a llorar.

—¡El suéter, Lynn! ¡Ahora!

No entendíamos lo que sucedía. Resignado, papá por encima de la cabeza lentamente se sacó el suéter. Todos con asombro contuvimos en nuestras gargantas el grito que amenazó con escapársenos ante el temor de las amenazas del abuelo. Lisa tuvo que cubrirse la boca para que sus gimoteos no se escaparan. Leni tomó a Lily y la pegó contra ella para ahogar el llanto en el que estalló desde que Lola le gritó al abuelo, además para evitar que viera a papá así.

Bajo el suéter, papá no llevaba nada. Su torso estaba cubierto de cardenales y moretones rojos, algunos morados y otros oscuros, del mismo modo que lo hacían sus brazos desde los hombros hasta poco antes de llegar a sus muñecas.

El resto de las chicas horrorizadas se cubrieron la boca. Las gemelas retrocedieron con Luan abrazándose y llorando entre sí.

Algo dentro de mí se rompía. Ya no sentía coraje contra el abuelo… por él sentí miedo, mucho, mucho miedo como jamás en mi vida había experimentado hasta ahora. Ninguno de mis temores infantiles podría compararse siquiera.

El abuelo miró a papá, pero nos habló a nosotros.

—Veinte golpes. Un golpe dado por cada año vivido en vergüenza y pecado. Estos son parte de los golpes que su padre recibió aceptando su error, por lo menos los que son visibles. No esperen mi amistad o mi cariño, por lo que pueden ahorrarse el intentar ganarse mi afecto. No soy capaz de sentir compasión ni mucho menos amor por lo que es insano. Sólo háganme enfadar y tienen mi promesa que lo que les haré, será casi tan terrible como lo que mi esposa ordenó que le hicieran a mi hijo.