Vidente II
—Tienes un don pesado pero precioso —Murmuró Merlín, su rostro cubriendo un trozo del cielo sobre ellos, tan azul como sus ojos.
Acostada con la cabeza en su regazo, Morgana parecía ausente. La noche anterior había tenido la visión de Arthur marchando a la batalla, tal como Gorlois lo había hecho.
—Tanto como una maldición puede serlo. No quiero la visión, ni la magia, nunca las quise.
La joya vio las lágrimas que llenaron sus ojos y sus dedos se deslizaron por su cabello, apenas un toque, el fantasma de una mano familiar que hizo desbordar sus recuerdos. El toque de una joya, había dicho su padre una vez, es el más puro que encontrarás jamás.
—No reniegues de ti misma, Morgana, eres preciosa y especial. Tus dones te guiarán a tu destino cuando dejes de luchar contra ellos. No estás sola, nunca estarás sola —Dijo—. Estaré siempre estaré aquí.
Ella cerró los ojos dolorosamente y se dejó ser; por primera vez, no reprimió lo que gritaba en su interior.
La visión fue clara como agua de estanque, Arthur frente a una horda de guerreros oscuros, su espada brillante a la luz del sol poniente.
A su lado, estaba Merlín. El zafiro de sus ojos desvaneciéndose cuando la magia dorada inundaba todo su ser, escapando por sus manos extendidas. Él brillaba y la gloria se cernía sobre el ejército de capas rojas como la sangre derramada. Lo vio junto al trono y en el campo, su sola presencia haciendo florecer los brotes.
Morgana abrió los ojos de nuevo, Merlín parecía tan joven y ordinario como siempre. Pero allí, en sus ojos, en su amable sonrisa, descubrió la primavera, la luz.
—Todo estará bien —Le dijo.
Y ella le creyó.
Hasta el capítulo anterior terminó el bloque de la revelación como tal. Habrá más sobre ello, claro, pero quizá más adelante :3 ¡Gracias por los comentarios y los FF! ¡Los amo!
