Descubierto

Gwaine palmeó su hombro mientras seguía su mirada. Mordred saltó en su lugar, ganándose una sonrisa divertida de Merlín, quien estaba sentado con su hermana Freya bajo la sombra de un árbol.

—Cuidado chico, estás mirando demasiado. Si el rey se da cuenta, verás tu cabeza en una pica.

Mordred esbozo una sonrisa pequeña.

—¿Cómo podré verla si ya estaré muerto?

El caballero más viejo se rascó la barba y pareció pensarlo. Hacer guardia con él siempre era entretenido, pero Mordred no podía prestarle mucha atención con Merlín tan cerca.

—Eres listo, te lo reconozco. Pero sabes a lo que me refiero.

—¿A qué, exactamente?

La sonrisa de Gwaine bien podría ser catalogada como conocedora.

—La forma en que lo miras. Ah-ah. No puedes engañarme, yo inventé esa mirada —Mordred se mordió la lengua a la vez que Merlín le preguntaba en su cabeza sobre qué hablaba con Gwaine—. ¿Qué es lo que se traen?

Mordred no podía decirle que él y Merlín eran amigos, ni que hablaban en sus cabezas porque tenían magia o que sabía que Merlín era Emrys, el soberano de los druidas. Si bien la prohibición había sido levantada, no había garantía de ser bien visto. Merlín era una joya y él un caballero.

—Solo estoy haciendo mi trabajo.

—Claro, porque mirarse por largos ratos es tu trabajo. Algún día descubriré que es lo que haces tú, conectando miradas con el zafiro real.

Mordred solo pudo pensar. "Buena suerte con ello".


N/A: Ya extrañaba a Mordred =3