Princesa

Las princesas arribaron cada una en distintos días, una selección de flores de gran belleza, adornadas en joyas y coronas, con padres que dieron a Arthur una mirada orgullosa por lo próspero de su reino.

Arthur era un rey y necesitaba una reina a su lado en el trono.

La princesa Sophia de Tír-Mór fue la primera y, en cuanto pisó el castillo, se sintió la dueña y señora. Segura de sí misma como muy pocas, con su cabello de espigas de trigo y labios rosados como pétalos de rosa. Las joyas se inclinaron ante ella con humildad, dándoles la bienvenida a su casa, recibiendo a cambio una mirada odiosa.

Para Sophia, una chica tan hermosa como un hada, las joyas representaron competencia no deseada. Su padre, Aulfric, alabó su carisma y habilidades, diciéndole a Arthur que sería la esposa perfecta, organizando paseos por el bosque y el pueblo bajo.

Ella fue traicionera, egoísta y astuta, tratando a las joyas y Morgana con la punta del pie. Alzó el rostro cuando Guinevere le ofreció sentarse a su lado en la cena e hizo tropezar a Sefa, que de por sí siempre se sentía torpe. Criticó la vestimenta de Isolde y humilló a Freya cuando la joya le pidió que fuera más amable con sus hermanas.

Merlín tocó fondo cuando casi golpeó a Vivian.

Por ello, cuando Sophia entró hecha un mar de lágrimas a las cámaras de Gaius —dónde él, Freya, Sefa y Daegal pasaban el tiempo—, pidiendo un tónico para la caída del cabello, él solo puso su mejor expresión de asombro.

Nadie dijo ni una palabra cuando pasó sus últimos días con la cabeza cubierta por un velo, ni por las veces que la copa de vino se volcó sobre ella.

Cuando se fue, Arthur se desinfló en un suspiro.

—Qué chica más horrible —Dijo.

Todos estuvieron de acuerdo.


N/A: ¡Hola! Pues Arthur está buscando esposa xD jaja (no me maten). ¿Creen que alguna ganará su corazón? Está claro que Sophia no.