Druida

Él es el último en llegar al templo y lo nota en cuanto lo conoce. Sus hermanas son preciosas, como Nimueh ha dicho. Pero él, su nuevo hermano, es la persona más maravillosa que ha visto.

Es mayor, alto y se parecen un poco. Algo le atrae a él y no es ni sus ojos, ni su sonrisa, es algo más fuerte. Sabe que Freya y Sefa también lo sienten, esa admiración naciente en el pecho, un amor incondicional.

Ellos son estrellas alrededor de Merlín, que brilla como la luna llena.

No lo entiende hasta que se atreve a expresarlo a ellas, entiende que hay algo de destino y situación. Son las marcas que adornarían sus pieles de haberse quedado con sus familias. Es porque Merlín es a quien se suponía que debían amar y servir, más allá de ser joyas en una corona.

Pero él es gentil, humilde y los ama de vuelta, los protege como una deidad misericordiosa. Y saben que parecen cachorritos detrás de su madre.

Porque Merlín es guía, es magia.

Merlín es Emrys y, como druida, Daegal se ve inevitablemente a sus pies.