COMPLICIDAD
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Sakura había cruzado el umbral de la habitación a tan solo minutos de haber estado desnuda junto a su cuerpo, dejándolo absolutamente solo en un cuarto similar a tantos otros visitados durante su paso junto a Orochimaru; Su organismo comenzó a resentir el frio cuando la adrenalina hubo descendido drásticamente. Caminó tambaleante hacia su camisa mientras comenzaba a recuperar la objetividad en sus rebasados pensamientos.
Pese a su fracaso, algo en su interior le impedía considerar el arrepentimiento como una opción válida. Podía razonar las aristas en su vida de las cuales podía prescindir sin problemas, pero una vez saboreado el dulzor en la muchacha, la sed comenzaba a oscilar en una necesidad insaciable de la cual no anhelaba olvido.
Vestido a duras penas, recorrió rápidamente el pacillo hacia la habitación donde permanecía Naruto, suponía que la chica se había dirigido allí. Sin embargo, la postal observada violentó su pecho en un sentimiento difícil de comprender, un sentimiento hacia su amigo que ya había experimentado en el pasado.
El sabor amargo de la desventaja.
Podía enumerar fácilmente las razones que diferenciaban su condición de la normalidad en la que se encontraban el resto de los hombres a su alrededor. Un trago amargo de su propia condición. Las palabras ahogadas en su garganta se disolvieron en pensamientos mientras cerraba la puerta tras su espalda para caminar hacia la cama desocupada en la otra esquina de la habitación. Se sentó allí con la mirada fija en la escena culpable de su confrontación interna.
Sakura acurrucada contra el desnudo torso del rubio, escondía su rostro entre las mantas completamente alejada de lo recientemente ocurrido. Posiblemente aún semidesnuda y tibia ante su reciente contacto, parecía absolutamente reconfortada.; Los pensamientos en su cabeza efervescían ante los recuerdos de la chica desnuda bajo su cuerpo. El suave movimiento de sus caderas inexpertas y el aroma de sus sexos meciéndose al compás de sus respiraciones en un frenético instante más corto de lo esperado, se mezclaba con los sentidos alborotados al recordar la sensación de su intimidad inmiscuyéndose en el angosto camino dentro de la muchacha, totalmente cedido a la pelirosa; Un escalofríos recorrió su cuerpo ante aquella evocación. Aquella constante remembranza que alteraba el palpitar en su corazón no encontraba similitud con ningún estremecimiento vivido hasta el momento. Desconocido en sí mismo y únicamente incitado por lo innato en sus capacidades, no podía apartar de su mente el sabor de la piel bajo su lengua. El seductor dulzor de los pechos expuestos y helados, completamente erectos dejándose devorar por sus instintos menos decentes; Cuestionarse duramente ante aquellas circunstancias acarreaba las posibles consecuencias a su descuido. Pero no podía luchar contra sus actos, pese a su culpa, deseaba a Sakura tanto como había deseado pocas cosas en su vida, y su cuerpo respondía ante aquel estímulo más bruscamente de lo esperado endureciendo su sexualidad conforme las ideas ondeaban en sus pensamientos alterando toda razón en sus acciones. Ni el frio a su alrededor lograba mermar el ardor en su garganta. Menos aún cuando una furia secreta comenzaba a tomar control en su mente. Su ego herido y su propia inexperiencia le impedían dilucidar la real magnitud de su error. Consideró que probablemente no logró las expectativas puestas sobre sus hombros. Un duro golpe en su dignidad que no pensaba pasar por alto, sobre todo si en el resultado de su incapacidad había lastimado a la chica.
Cuando podía asegurar tan solo había transcurrido media hora desde su encuentro, comenzó a estrellarse contra la misma pared una y otra vez; con el orgullo quebrado y los músculos contraídos, exhaló pesadamente maldiciendo su inoperancia. Ambicionando ser él quien brindara calor a la muchacha, deseando poder estrecharla nuevamente contra su cuerpo aunque aquello significara una alternativa improbable, no después de lo ocurrido. El rubio en su posición jamás hubiese actuado tan ingratamente frente a la chica, podía asegurar aquello con total libertad. Una vez más recordó un antiguo pensamiento instaurado en sus concepciones.
Sakura merecía un hombre mejor incluso si aquello únicamente se tratara de un encuentro fortuito.
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- Debemos hablar – musitó finalmente luego de exhalar todo el aire en sus pulmones.
La mirada confusa se posó sobre el costal con indumentarias ubicado a los pies de la cama.
- Has conseguido ropa – Expresó la chica tras un suspiro.
El pelinegro chasqueó la lengua ante aquella desviación. Los detalles innecesarios sobre su búsqueda en cada rincón de la prisión eran sin duda de lo que menos ansiaba tomar hilo.
La muchacha cubrió su desnudez con una manta sobre sus hombros y se irguió para rebuscar entre las prendas; la forma monumental en la que ignoró a Sasuke, simplemente terminó por colmar la paciente en el Uchiha. Quien había permanecido día tras día ahogado en la demanda de aquel encuentro, abrumado duramente por redimir la punzada clavada en su pecho.
En dos zancadas recorrió el espacio que los dividía y en un instante de estupor tomó a la chica del brazo para observarla frenéticamente a los ojos.
- Lo siento – expresó de un vez tragando la incomodidad atragantada en su garganta.
La mirada de la chica no pudo más que demostrar compasión en su corazón, aun pese al enredo de pensamientos atacando los recuerdos de su encuentro.
- Estoy bien –soltó serena girando su cuerpo para acomodarse al caos expuesto.
Su voz se ahogó ante aquellas palabras. Afrontar al Uchiha con la luz del día iluminando sus cuerpos, los ubicaba en una posición muy diferente a lo esperado. Era Sasuke después de todo. El mismo hombre de hace un año en la frontera de Konoha, el mismo que la había intentado asesinar en condiciones anárquicas, el mismo que la había dejado tendida en una banca antes de su partida y el mismo a quién había permanecido esperando durante largo tiempo. Sin embargo, el remordimiento atacó un espacio en su percepción ¿Acaso ella había cambiado drásticamente? Si bien era un hecho, se asombró respecto a las repercusiones de aquel cambio sobre sus ideales.
La oscuridad había barrido con todo lo inocente en su persona, y podía asegurar que el pelinegro estaba reparando a través de sus secretos.
- Sasuke… no es necesario hablar de lo ocurrido- agregó tras un largo suspiro.
Las palabras soltadas desmoronaron las barreras que los dividían, la consolidación de sus propios miedos se desvanecía ante el nerviosismo latente.
Las cosas escapaban de su control.
- Necesito revisar a Naruto – expresó la muchacha observando el agarre sobre su brazo- no es normal que aún permanezca inconsciente, su energía natural no parece restablecerse.
Sasuke, pasmado ante la realidad al fin golpeando su rostro, soltó el agarre para tomar distancia entre sus cuerpos. Había meditado aquello durante los últimos dos días. Macerando en sus pensamientos las múltiples formas en que acabaría con toda arista de lo ocurrido. Sin embargo, tras observar a la muchacha desenvolverse bajo los rayos de luz, su corazón comenzó a desbordarse en latidos frenéticos. El cabello rosa parecía brillar más de lo recordado en sus vagas ideas, y los orbes antes opacos por el frio y la oscuridad, resaltaban resplandecientes demostrando un atisbo diferente en su mirada. La espina clavada hirió nuevamente su orgullo al imaginar otros hombres absorbiendo aquella nueva luminosidad. Enceguecido en la posibilidad de ser el responsable de aquel nuevo fuego madurando dentro del cuerpo de su compañera, notó el instante en que su ego adolorido se alimentó de aquella posibilidad mediante el sabor agridulce dejado por sus nítidos recuerdos.
La imagen exacta de la muchacha desnuda frente a sus ojos pareció nublar su mirada causando estragos en sus pensamientos.
- Regresaré a la guarida – soltó rápidamente incapaz de reprimir el hilo delirante en su cordura.
Sakura impávida, elevó su mirada para observarlo impaciente.
- Esa roca es peligrosa, no sabemos qué relación tiene con nuestra misión. – espetó.
- No la podemos dejar allí – expresó dirigiendo su atención hacia la puerta- cuando antes acabemos con esto…
- iré contigo – interrumpió la chica introduciendo sus manos en el bolso mientras rebuscaba vestimentas apropiadas.
- No – soltó Sasuke inmediatamente.
- Claro que sí, necesitarás apoyo si hay ninjas del sonido – expuso tenaz tomando entre sus manos un body negro con un largo cierre en su parte frontal y una blusa lila de mangas largas similar a las utilizadas por los shinobis de aquel lugar- dame un segundo… - expresó apresurada.
La mirada asombrada en el pelinegro logró ser claramente advertida por la chica.
- No hay tiempo para ser exigente – susurró desviando la mirada ante el bochorno en sus mejillas. Fue necesario un respiro a sus ideas para controlar el calor en su rostro.
Era demasiado pronto para pretender normalidad, no cuando sus extremidades continuaban ardiendo ante la sola idea de lo ocurrido. No podía conciliar ideas claras de ello, su mente jugaba mediante alucinaciones iluminadas por la luna. Se preguntó cuánto sería realidad en sus pensamientos.
El muchacho giró sobre sus talones para desaparecer rumbo al pacillo. Recién allí pudo liberar su respiración ante la revolución interna en sus hormonas; decidió que de ninguna forma podía pasar más tiempo del debido junto a Sakura, no cuando las sensaciones de su intimidad entrando dentro de ella se hicieran participe de sus acciones desatando oleadas inesperadas hacia su vientre.
Golpeó la pared con su puño antes de caminar fulminante hacia la salida. No la esperaría.
Retirar la nieve acumulada en la entrada de la prisión significó una liberación a su arrebato. Fue el viento y la nieve golpeando su rostro lo que distrajo su atención hacia el nuevo contexto a su alrededor. El sol resplandecía sobre su cabeza iluminando todo lo visible, sin embargo, la nevada no cesaba, y el frío tenue, continuaba siendo un enemigo difícil. Los árboles se encontraban secos ante la inclemencia de la oscuridad, toda la vida antes frondosa había permanecido demasiado tiempo dormida, tanto que la llegada del sol no era capaz de revivir lo marchitado.
No alcanzó a recorrer diez pasos cuando el caminar tras su espalda sorprendió su aislamiento.
- No vendrás – soltó observando a la muchacha cubierta por un abrigo negro más grande de lo adecuado para su cuerpo.
- ¡no puedes ir solo! - exclamó la muchacha alzando la voz ante la ventolera que los rodeaba- no lo entiendes, esa roca…
El muchacho apretó los dientes ante la frustración en aquella interacción. Sakura nuevamente era testaruda y desafiante, arriesgando su bienestar sin importar las consecuencias. Recordó la última vez que aquella sensación se había apoderado de sus acciones, solo el peso en su consciencia logró tranquilizar su arrebato.
- No has comido en tres días – decretó acortando la distancia entre ambos para evitar alzar la voz entre el soplido del aire a su alrededor.
- Comeré luego – refutó insultada.
El bufido por parte del pelinegro logró desarmar las restricciones en sus pensamientos.
- No pretendas que soy Hinata ni mucho menos la kunoichi que imaginas, hace muchos años asimilé mis capacidades – exclamó la muchacha empuñando sus manos en los costados de su cuerpo.
Lo realmente frustrante en su relación era sin duda el continuo enfado latente por resurgir.
El silencio en Sasuke destrozó las ideas en la chica, claro que lo ocurrido no había sido una alucinación, ellos habían estado juntos y aquello no había salido según las ideas previas en su mente.
- ¿!Te preocupas por mí bienestar?! – agregó con el ceño fruncido- ¿Ahora?
El chico cerró los ojos conforme escuchaba aquellas palabras, la contracción en su pecho se acentúo desbaratando su pedantería. Bajó la cabeza en rendición, las cosas no eran como Sakura las planteaba, y expresar aquello ante la luz reflectante significaba una exposición profunda a sus decisiones.
- Te hubieses desmayado– susurró lo suficientemente fuerte.
El rostro de la muchacha se tornó carmín al comprender a qué se refería su compañero.
- claro que no - respondió ofendida.
Sasuke levantó su vista para fijarla en los aturdidos ojos de la chica. No necesitó refutar aquello para dar a entender la claridad en sus pensamientos.
- ¿Tienes recuerdos claros? – cuestionó el muchacho logrando un respingo en Sakura.
La muchacha calló avergonzada intentando rememorar todos los detalles, sin embargo únicamente logró descifrar imágenes borrosas y el dolor en su intimidad.
- Yo si quería… – agregó intentando controlar el nerviosismo en su mandíbula.
El pelinegro asintió suavemente. Él había fracasado al notar aquella debilidad demasiado tarde, cuando en la expresión de su excitación había cometido el error de no detenerse.
- De cualquier forma no ocurrirá nuevamente –decretó toscamente desviando la mirada.
Sakura cerró los ojos ante la comprensión de aquellas palabras. Los dos no habían estado preparados para aquello, sin embargo aún podía sentir la electricidad fluyendo entre sus miradas. Se indignó con ella misma al no poseer recuerdos adecuados de su primera vez. La euforia del momento había nublado la real condición en que se encontraba.
- Para ti tampoco debe haber salido según lo que tenías en mente ¿verdad? – se atrevió a cuestionar entristecida.
Un resoplo por parte del muchacho logró captar nuevamente su atención. Abrió los ojos para toparse con la confusión en el rostro del pelinegro.
- ¿lo que tenía en mente? – Cuestionó sorprendido- ¿crees que lo esperaba? Te intento mantener alejada de mis asuntos– la frustración en su mirada parecía traspasar las fronteras en sus palabras- he luchado por conservar nuestros lazos en un límite tras el cual no salgas lastimada.
- Descuida, nuestros lazos continúan en el límite adecuado –refutó irónica- con haberte detenido nos hubieses ahorrado este momento.
Sasuke bufó entre dientes un halo blanquecino producto del frio a su alrededor.
- No soy quien esperas– escupió sincero- ni pretendo serlo. Ya lo has notado una vez más.
El silencio entre ambos suspendió en el aire las exhalaciones intermitentes.
- Yo decido eso – soltó Sakura bruscamente.
El sobresalto en Sasuke reflejó el aturdimiento en su mirada. Bastaron largos segundos para digerir lo oído. La luz de la mañana iluminando el espacio a su alrededor parecía trasparentar el recorrido de sus ideas. En la oscuridad, ciertamente era más sencillo ocultar el calor sobre sus rostros.
El relajo en sus palpitaciones calmó el enfado entre ambos.
- Debes ocultar tu chakra – decretó Sasuke zanjando el tema antes de girarse para abrir camino entre de la nieve.
La chica dudó unos segundos antes de acatar la sugerencia. En su cabeza aún rondaba el enfado tras lo sucedido, sin embargo, ciertamente podía asegurar que ninguno de los dos había actuado de forma adecuada durante sus últimos encuentros. De cualquier forma, el Uchiha se encontraba tan distraído como ella misma.
Una turbación en el andar del muchacho despertó un recuerdo adormecido.
- Tus heridas – soltó la chica tomando lugar junto al pelinegro.
- No es nada - musitó arisco.
- Tenías una costilla fracturada – expresó la muchacha rápidamente- lo sentí…
Sus miradas se desviaron ante aquellas últimas palabras. Se instauró en sus mentes el recuerdo exacto de las manos de Sakura recorriendo el abdomen desnudo.
El silencio se hizo presente de una forma diferente. Sus gargantas tragaron la saliva acumulada con absoluta consciencia del flujo en sus pensamientos.
La pelirosa detuvo su caminar jalando suavemente la capa del muchacho. Se observaron fijamente bajo el nuevo palpitar en sus latidos. Y en un instante de absoluta complicidad, Sakura introdujo sus manos a través del abrigo de Sasuke para tantear el sitio exacto de la lesión.
Su íntimo contacto cerró su cercanía mientras el chakra curativo arrasaba con todo rastro de aquellos golpes.
- ¿mejor? –cuestionó suavemente a lo que el chico asintió perdido en la inofensiva mirada de su compañera. Los ojos abiertos en expectación enmarcaban un rostro atacado por el carmín del frio y el nerviosismo. Seguidos por labios naturalmente rosados y quebradizos, demasiado cerca de su cuerpo, demasiado hermosa.
Cerró los ojos tras un suspiro de rendición. El calor cedido hacia su cuerpo lograba derretir todo el hielo en su inseguridad; inconscientemente se inclinó para atrapar con su boca los temblorosos labios de la muchacha.
La necesitaba.
La retribución en aquel beso lo tentó a introducir su mano bajo la capa de Sakura a medida que los dedos de la muchacha se deslizaban titubeantes sobre su torso.
- Lo siento – expresó en un susurro franco, con la voz entre cortada y su boca rozando las mejillas heladas.
La textura descubierta en las vestimentas elegidas eran sin duda estímulos enceguecedores. Imaginar a la chica vestida con aquella camisa lila era sin duda una imagen provocadora como nunca antes lo había considerado. Aquella prenda similar a la utilizada por Karin parecía demasiado holgada en la pelirosa, cubriendo el menudo cuerpo hasta los desnudos muslos bajo los pantaloncillos del body ninja.
La permanente complicidad en sus miradas trajo consigo el deseo colado desde su interior.
- Regresemos a la prisión – susurró la chica sin desunir el choque entre sus lenguas.
Sasuke lo suficientemente consciente de sus acciones dudó un segundo en responder. Sin embargo, no podía obviar las pulsaciones en su cuerpo, similar a lo sentido en una herida abierta, requería urgentemente ser curado.
- Pídelo otra vez – soltó el muchacho tras separar unos centímetros su unión.
Lo que pretendió ser una petición que acabaría con sus propios temores, resultó taladrar como un mandato altanero. Desatando una leve sonrisa en la muchacha.
- No me desmayaré esta vez – respondió haciendo uso de su valentía mientras sus mejillas acaloradas parecían trasparentar el flujo desbordado de la sangre corriendo por sus venas.
- ¿Lo quieres? – cuestionó Sasuke producto de las repercusiones engendradas por los miedos meditados durante las últimas largas horas de incertidumbre.
Sakura subió sus manos hasta el cuello del muchacho antes de atraerlo bruscamente contra su boca mezclando sus respiraciones en sedientos roces delirantes; en menos de lo que pudo considerar, se encontraban retrocediendo hacia la prisión mediante zancadas a través de la nieve. Tuvieron que luchar con su equilibrio para no caer sobre los veinte centímetros blanquecinos cubriendo el terreno.
Se adentraron nuevamente en la prisión mientras el muchacho cerraba la puerta tras de sí. El nerviosismo de la chica era formidablemente mayor a lo recordado durante su último encuentro. Consideró que probablemente aquella vez su cuerpo se encontraba en cierto grado de hipotermia superior al imaginado. Inmediatamente la lástima se apoderó del espacio tras sus ojos al imaginar a Sasuke intentando descifrar cómo actuar frente a su impotencia.
El azabache la observó de reojo antes de dirigir sus pasos hacia uno de los calabozos en el primer piso.
Deshizo el candado sobre la reja y la abrió para que ella pudiera ingresar en la habitación; los muros de concreto poseían una rendija de vidrio hacia el exterior, colando la luz en casi todos los rincones de la celda. Su atención se paralizó en una cama de fierro tras la cual había firmes cadenas clavadas en la pared; Se giró para afrontar a su acompañante notando como sus manos temblaban ante la congoja en su coraje. En un intento por mejorar su situación se deshizo de su capa para exponer lo inocentemente revelador en sus nuevas vestimentas.
Sasuke de pie junto a la reja, admiró a la muchacha con total descuido. Delimitando el espacio expuesto por aquellas prendas, recayendo duramente en la extensión de los muslos desnudos y las largas medias extendidas sobre las rodillas; tragó saliva al recordar lo ocurrido, sintiendo nuevamente la culpa en su virilidad y el fiasco absoluto en sus acciones. Su mirada indefinida pareció expresar exactamente el contenido en sus miedos ya que inesperadamente la chica caminó hacia él para desatar la capa ligada a su cuello.
Introducirse en aquellas paredes con plena iluminación, era sin duda una rotunda diferencia respecto al anterior encuentro forzosamente clandestino; su mano tocó el vientre de la muchacha subiendo suavemente por el cierre hasta ubicar el broche en el centro del pecho descubierto. La seguridad necesaria se instauró en su cuerpo cuando notó un jadeo complacido ante el contacto de sus yemas con la nívea piel tras el gancho.
Observó cuidadosamente a la chica antes de bajar lentamente el broche sin separar la unión entre sus miradas. La expresión en Sakura cautivó su atención enloqueciendo su hombría. Deseó nuevamente sentir a la muchacha bajo su cuerpo, pero esta vez teniendo la seguridad de la completa lucidez en la pelirosa; suspiró profundamente cuando el cierre se detuvo en el ombligo revelando a su escrutinio los pechos desnudos.
Sakura desvió su vista y cerró los ojos ante su exposición, rotundamente avergonzada cuestionó sus pechos pequeños considerándolos carentes de atractivo. Sin embargo, el pelinegro acercó su mano a la chica para atraer nuevamente su boca contra la suya, pegando sus cuerpos lo suficiente como para sentir los botones erectos rozar su piel a través de la tela de su prenda superior.
Tomó el cuello de su saco para tirar de él desnudando su anatomía. La venda sobre sus costillas permanecía como un vestigio del dolor vivido producto de la fractura en sus huesos. Sakura desanudó el vendaje sin separar su bocas, perdidos en el placer adictivo de sus lenguas tras cada roce, explorando sus cavidades sin frenos en sus deseos, succionando sus sabores en chupetones azarosos posicionados en toda la piel descubierta ante sus ojos; la mano del Uchiha descendió por los hombros de la muchacha llevando consigo la camisa lila, exponiendo por completo a su escrutinio la cintura sobre marcada ante la inanición de los últimos días. Consideró en aquel instante que sus recuerdos de la oscuridad no eran ni similares a lo observado a plena luz del día. La piel blanquecina parecía traslucir enrojecida bajo el contacto de su agarre, demasiado delicada para sus dedos ásperos y gruesos.
De un momento a otro su boca descendió por el cuello de la chica perdiéndose en el espacio sobre sus clavículas mientras su mano desesperada recorría toda la extensión incitado por las ligeras palmas sobre sus pectorales, las cuales más tímidas que en su último encuentro, se encontraban quietas apretando la piel bajo sus yemas.
El instante en el cual el cierre descendió completamente logrando que el body cayera entre sus piernas, provocó la tensión absoluta en los pantalones del Uchiha, la chica no traía ropa interior y únicamente había quedado con aquellas largas medias ubicadas sobre sus rodillas; imaginó que Sakura no debía imaginar lo completamente atractiva que se veía exhibida a su disposición.
Los jadeos en su garganta se desprendían inconscientes producto de la exposición del miembro duro entre sus cuerpos chocando contra su vientre con cada movimiento instintivo. La excitación nubló su visión cada vez que sus sexos colisionaban en un vaivén inocente pero certero.
Ayudó al muchacho rápidamente a quedar simil en condiciones, despojándolo de todo armamento traído consigo bajo las prendas. Atenta al sonido metálico de los kunai al caer sobre el concreto bajo sus pies le sorprendió gratamente lo que sus ojos veían. El muchacho bajo la luz del sol parecía incluso más atractivo de lo recordado en la visión del chico en sus controles hospitalarios.
Sakura retrocedió ante la inclemencia del roce cayendo de espaldas sobre el colchón, la visión de los pechos de la muchacha rebotando ante el golpe lo incitó a apresurar su cometido. Había permanecido dos días ahogando los recuerdos de lo vivido, secando sus fantasias y despertando sudoroso ante sueños lunáticos con la pelirosa. Jamás en su existencia le había ocurrido aquello. No cuando siempre existieron otros asuntos más importantes. No cuando la autocomplacencia parecía un asunto innecesario para liberar su tensión. Pero desde entonces, después de su primer encuentro, cada segundo en solitario se había convertido en una constante lucha entre sus sentimientos abnegados en preocupación y la feroz culpa que lo invadía.
Se abrió camino entre los muslos y en un acto de complacencia, observó los ojos de la chica crisparse ante el roce de sus intimidades, nublada ante el placer y completamente sonrojada producto del calor proveniente desde su vientre, se inclinó cuidadoso al percatarse del nerviosismo en su compañera, consciente de su nueva situación diferente a la entrega desbordada de su último encuentro.
No se podía perdonar haberla lastimado, no podía y no lo haría hasta revertir su equivocación; juntó sus labios para reconfortar a la chica antes de posicionar su miembro en la húmeda hendidura de la muchacha. Solo cuando Sakura elevó sus caderas fue consciente del suave ingreso en la cavidad. Su respiración entre cortada se atoró en jadeos mezclados con los tenues quejidos de la muchacha al sentir la gruesa extensión perforando nuevamente su intimidad.
Embestidas lentas y sosegadas transformaban el recuerdo del dolor en la certera validación de sus fantasías. Demasiado misterioso en su propia oscuridad resaltaba en rasgos definidos y sonidos profundos provenientes desde la inconsciencia. Las hebras azabaches caían sobre su rostro incitando ser acariciadas con devoción.
Tras roces extasiados la chica decidió tomar el control montándose decidida sobre él. Con una mano apoyada en la gruesa cadena en la pared y la otra sobre el pecho del muchacho, dirigió sus embestidas conforme encontraba un ritmo adecuado a sus movimientos. Los saltos inexplorados desataron lo reprimido en su interior para desbordar en jadeos entrecortados. Su mano absolutamente aprisionada en el metal intensificaba sus movimientos profundizando las embestidas, reconociendo en el rostro del pelinegro la absoluta satisfacción ante sus expectativas. La contracción surgida en su vientre se explayó por todo su cuerpo obligándola a sujetar con ambas manos las cadenas en la pared para no caer completamente rendida sobre los extensos pectorales. Fueron aquellos espasmos inesperados los que desataron la conmoción inminente en el muchacho, atado temeroso a la cintura de la chica, se aferró a ella elevando su cuerpo mientras de un momento a otro se dejaba ir cedido a sus instintos. Notando tras el relajo en su respiración como la chica había soltado el agarre sobre su torso para caer completamente deshecha sobre su pecho.
Extasiados ante lo vivido tardaron varios minutos en tranquilizar sus respiraciones sofocadas ante el calor expelido por sus poros.
Cuando el silencio se instauró entre ambos recién notaron el crujido en la rendija de la pared. El pico del halcón golpeó el tragaluz fuertemente logrando una trizadura en el vidrio.
La separación entre sus cuerpos sudorosos fue sorpresiva, evitando toda relajación en sus músculos contraídos.
Sasuke recuperó la respiración aclarando su garganta antes de recomponerse de pie frente a la muchacha. Ubicó sus pantalones en su lugar aun noqueado ante lo ocurrido. Considerando que si en el pasado había quedado trastornado por lo vivido, ahora difícilmente podría continuar su vida en solitario sin caer en la tentación de aquellos recuerdos con más frecuencia de lo saludable.
- Ya regreso - soltó suavemente.
Caminó hacia la salida mientras la pelirosa se vestía trabajosamente producto de la pesadez en sus extremidades.
Sakura aun perdida en su orgasmo, consideró que posiblemente nunca antes había logrado remecer su cuerpo de una forma tan imperante; con aquellos pensamientos en mente observó el rostro de preocupación en el pelinegro al ingresar nuevamente en la habitación.
- Nos solicitan en Konoha – soltó extendiendo el pequeño pergamino a la aún semi desnuda muchacha tumbada sobre la cama.
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Holaaa
Feliz navidad!
Gracias por el hermoso regalo al continuar leyendo esta historia de sobresaltos! estos chicos no tienen respiro.
Y GRACIAS POR TODOS SUS COMENTARIOS!
No olviden dejar mensajitos
Abrazoooos!
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